Lara

#25M: Información confirmada

Alcalde de Palavecino y Rescate Barquisimeto confirman muerte de joven Manuel Sosa en Lara, herido de bala en el cuello esta tarde. Es la víctima 58 en 55 días de protesta || Barquisimeto y Cabudare viven jueves de terror: desde la 6:00 AM, GNB y paramilitares tomaron la ciudad, entraron a urbanizaciones, dispararon contra edificios y robaron a peatones. Colegio Montesori fue atacado a bombas con alumnos adentro. Tanqueta de la GNB derribó portones de conjunto residencial Los Cardones y abrió fuego contra los apartamentos y los carros. Encapuchados armados ingresaron también a varias urbanizaciones. Primeras cifras hablan de 1 muerto, 7 heridos –uno de bala–, 12 detenidos y por los menos 20 urbanismos afectados. || Cifras del Foro Penal: Van 2.815 detenidos en protestas, de ellos 1.240 (44%) continúan todavía en prisión || Según el mismo Foro Penal , 341 civiles han sido juzgados en tribunales militares. De ellos, 178 (52%) continúan detenidos || Entre los juzgados por tribunales militares se encuentran los 5 estudiantes detenidos en La Boyera el pasado 22 de mayo, a quienes se acusó de ultraje al centinela y destrucción de bienes de la FANB, delitos por los que serán enviados a la cárcel de Ramo Verde || Henry Ramos Allup denunció lista negra del INAC: aerolíneas habrían recibido orden de no venderles pasajes a Freddy Guevara, Gaby Arellano, Henry Ramos Allup, Henrique Capriles Radonski, María Corina Machado, Luis Florido, Ismael García, David Smolansky y José Manuel Olivares || Alcaldes se rebelan y no acatarán sentencia del TSJ: defenderán la protesta pacífica y no reprimirán a los vecinos, así ello los lleve a la cárcel || Ministerio Público privó de libertad a 10 funcionarios de la PNB por tratos crueles a jóvenes detenidos en Aragua ||“Por la presunta comisión de delitos previstos y sancionados en el Código Penal”, Fiscal Provisorio (38) Pleno solicita a VTV con carácter de urgencia (“en un lapso no mayor a 48 horas”) grabación de programa Zurda Konducta del 26 de agosto de 2016. El programa se defiende diciendo que el Ministerio Público ahora pertenece al partido Voluntad Popular.

METRASWEB(2)

Cuál es el verdadero propósito de las metras y otras preguntas más

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon *

Si hace veinte años ponías una metra sobre la mesa, todos la hubiesen identificado como un juguete para niños, y, de haber infantes alrededor, lo más seguro es que se hubiesen peleado por apropiarse de ella. Hoy en día colocas una metra sobre la mesa, y la mayoría va a identificarla como un arma mortal, una con la cual la Guardia Nacional juega al sadismo mientras la incrusta en pieles y órganos de jóvenes opositores. Así nos han cambiado la vida, así nos han alterado la realidad, a tal punto que ya no tenemos forma de saber qué es un juguete o qué es un arma, y viceversa.

Para demostrar nuestra teoría, apliquemos este ejemplo a la inversa: si hace veinte años hubiésemos puesto un revólver sobre la mesa, todos los presentes lo hubiesen identificado como un arma mortal; si hoy en día colocamos un revólver sobre la mesa, muchos niños, según su contexto social, lo verán como un juguete; uno, claro está, con un peso y un poder proporcionalmente más grandes que el de cualquier juguete convencional, pero al fin y al cabo, un instrumento para divertirse, para jugar a ser delincuentes, saqueadores o hasta asesinos.

Hace más de un año, una maestra en un liceo público de Caracas les pidió a sus alumnos de diez años que hicieran un dibujo de cómo se veían de grandes, y una de las estudiantes se dibujó a ella misma bien alta, sosteniendo una pistola en la mano que era disparada contra un compañero muerto, y encima la leyenda “Malandra”. Así como hoy día a muchos nos cuesta definir cuál es el uso de una metra y el de una pistola, los niños tampoco comprenden si en el futuro lo más beneficioso para ellos es ser malandros o policías; o, yendo un poco más lejos, no saben si los malos son los que llevan uniforme o los que los combaten en sus barrios.

Vista toda esta distorsión es difícil catalogar, en un país como Venezuela, ¿qué debe hacerse y qué no?, ¿qué cosas debemos apoyar y cuáles no?, ¿a quienes tenemos que alentar y a quienes definitivamente no? La revolución no fracasó, o al menos no del todo, ya que de hecho sí logró revolucionar al país, logró transformarlo por completo, pasamos de ser hombres y mujeres que pensaban en viajes, carros, y apartamentos, a ser individuos que sueñan con leche, carnes y, si es posible, un par de zapatos nuevos. Ya los niños no sueñan con Disney: sueñan con no ser reprimidos; y ya los Guardias Nacionales no sueñan con proteger a su país y defender a la Constitución, sino con arrasar con las riquezas y quebrantar, o, si es menester, asesinar a todo aquel que se atreva a decir: “¡Esperen, esto no está bien!”.

Las revoluciones no pasan en vano. Nuestra forma de pensar, de comunicarnos, de hacer mercado, de cuidar el agua, lavar los interiores, rendir el arroz, y hacerles mantenimiento a los autos, es señal de lo mucho que Chávez revolucionó el país; el simple hecho de que confundamos a una metra con un arma letal, ya de por sí habla mucho de lo trastocada que está nuestra sociedad. Hagan el ejercicio en casa, vean una metra, obsérvenla, intenten jugar con ella, traten de encontrarle el lado mortal, y será difícil de ver; luego salgan a la calle, arrímense en una manifestación, y verán a aquellos que juraron protegerlos, disparando los juguetes de sus hijos a mansalva contra los hijos de otros, y, quizás, hasta contra los suyos propios; luego abran el twitter, y verán cómo cientos de ciudadanos tienen esas pequeñas metras introducidas en sus huesos, en sus pómulos, en sus ojos; entonces comprenderán que una sociedad que utiliza los juguetes de los niños como armas mortales es definitivamente una sociedad que ha caído en las mieles de la revolución; sadismo tal no puede ser explicado de otra manera.

Si sales a la calle y decides mirar más allá de tus narices, te podrás percatar de que hacen falta 58 venezolanos que en teoría deberían estar en algún rincón del país, pero han muerto; algunos por balas, otros por perdigones, bombas, incluso “metras”. Y si extiendes un poco tu memoria y haces un ejercicio de conciencia, podrás recordar a los 43 asesinados del 2014; la matemática pura y simple te obligará a sumar esas dos cifras, y, ¡woala!, es un número redondo, felicidades, hemos alcanzado los tres dígitos, son ya ciento un muertos en manifestaciones contra el gobierno. ¡Ups!, ¡disculpen!, perdonen el eufemismo, no son ciento un muertos: son ciento un ¡asesinatos!

Si estás viviendo bajo un régimen que te ha hecho confundir las metras con armas, entonces no tengas dudas: vives en dictadura, vives en opresión. En eso caso, lo mejor que puedes hacer es salir a reclamar tu libertad; de lo contrario llegará el momento en que todas las metras serán convertidas en balas, y ya no tendrás forma de saber si se usan para jugar o para amedrentar, porque probablemente habrás muerto.

*Emmanuel Rincón es escritor tachirente, autor de ‘Wolf‘, ‘La trivialidad del mal‘, entre otros libros.

luisa

#24M: Información confirmada

Desmintió a Villegas, Cabello, Últimas Noticias y Zurda Conducta mientras confirmaba la tesis que planteaban, leídos uno tras otro, dos titulares de Revista Ojo. “Yo quiero leer lo que dice este instrumento (bomba lacrimógena): «Se prohíbe disparar directamente a la persona». O sea que esto es letal […] Sabemos de dónde salió este objeto […] disparado por la Guardia Nacional”. La Fiscal General dijo, palabras más, palabras menos, lo que escribió (tituló) este medio el 27 (“A Juan Pernalete le dispararon de frente”) y el 28 (“A Juan Pablo lo mató un GNB”) de abril. Ambos contenidos pueden leerlos en la web.
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Augusto Sergio Puga Velásquez (22 años) falleció tras ser herido de bala en la cabeza durante una protesta en Ciudad Bolívar. Manifestantes culpan tanto a la GNB como a la PNB. En Maracaibo, Adrián José Duque Bravo (24 años) perdió la vida tras acudir a una manifestación en las Torres del Saladillo. Cuenta Panorama que Duque ingresó sin signos vitales al Hospital Chiquinquirá “tras presuntamente ser impactado por una bala en el intercostal izquierdo”. Además, “médicos hallaron trozos de metra en el abdomen de la víctima”. Testigos apuntan, de nuevo, a la GNB. Van 57 muertos en 54 días de protesta.
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La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia admitió demandas contra ocho alcaldes opositores y acordó amparos cautelares. Se les acusa de presunta infracción por los derechos al libre tránsito y a la seguridad personal a: Gerardo Blyde (Baruta), Ramón Muchacho (Chacao), David Smolansky (El Hatillo), Josy Fernández (Los Salias), José Luis Rodríguez (Carrizal) por Miranda y Carlos García (Libertador), Juan José Peña (Alberto Adriani) y Omar Lares (Campo Elías), por Mérida.

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El ministro de Educación, Elías Jaua, anunció este miércoles que el Gobierno sancionará a 16 colegios privados alrededor del país (Caracas, Miranda, Aragua y Zulia) por fomentar la violencia e izar la bandera nacional al revés.

ONUWEB

¿Va a intervenir la ONU en Venezuela?

Por: Edwins Borges | @edwinsborges

La situación de Venezuela fue llevada a una reunión informal del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por solicitud de la Representante Permanente de los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), embajadora Nikki Haley. Para muchos, una victoria  de la oposición Venezolana; para otros, un acto mas de injerencia por parte de EE.UU. Ante esto pueden surgir interrogantes tales como ¿qué hace realmente el Consejo de Seguridad? ¿Puede significar una intervención militar en el futuro? ¿Es un acto de injerencia por parte de EE.UU.?

Analicemos el caso desde el documento fundacional, la Carta de las Naciones Unidas.

En primer lugar, veamos las funciones y poderes del Consejo de Seguridad, según lo establecido en los artículos 24, 25 y 26  del Capitulo V de la Carta de las Naciones Unidas:

Artículo 24

1 A fin de asegurar acción rápida y eficaz por parte de las Naciones Unidas, sus Miembros confieren al Consejo de Seguridad la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales, y reconocen que el Consejo de Seguridad actúa a nombre de ellos al desempeñar las funciones que le impone aquella responsabilidad.

2 En el desempeño de estas funciones, el Consejo de Seguridad procederá de acuerdo con los Propósitos y Principios de las Naciones Unidas. Los poderes otorgados al Consejo de Seguridad para el desempeño de dichas funciones quedan definidos en los Capítulos VI, VII, VIII y XII.

3 El Consejo de Seguridad presentará a la Asamblea General para su consideración informes anuales y, cuando fuere necesario, informes especiales.

Artículo 25

Los Miembros de las Naciones Unidas convienen en aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad de acuerdo con esta Carta.

Artículo 26

A fin de pel establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos, el Consejo de Seguridad tendrá a su cargo, con la ayuda del Comité de Estado Mayor a que se refiere e1 Artículo 47, la elaboración de planes que se someterán a los Miembros de las Naciones Unidas para el establecimiento de un sistema de regulación de los armamentos.

Tomando como base estos artículos, la función del Consejo de seguridad es mantener la paz y la seguridad internacional. Dentro de la ONU, es el único órgano cuyas resoluciones tienen carácter vinculante. Es decir, que deben ser cumplidas por sus Estados miembros. Dichas acciones pueden ir desde embargos económicos hasta movimientos militares, que dependerán de cómo sea escalado el tema y de la dificultad de la solución del conflicto. Siendo así, no es descabellado que la situación de Venezuela haya llegado hasta allí.

El gobierno venezolano, a través de su representante permanente en la organización, Rafael Ramírez, y tambien por declaraciones de la Canciller Delcy Rodriguez, ha establecido como un acto injerencista la solicitud de EE.UU. de llevar la situación a la agenda del Consejo. Veamos en los artículos 33 al 38 del capitulo VI referentes al arreglo pacífico de las controversias, si estas afirmaciones son correctas.

Artículo 33

1 Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.

2 El Consejo de Seguridad, si lo estimare necesario, instará a las partes a que arreglen sus controversias por dichos medios.

Artículo 34

El Consejo de Seguridad podrá investigar toda controversia, o toda situación susceptible de conducir a fricción internacional o dar origen a una controversia, a fin de determinar si la prolongación de tal controversia o situación puede poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Artículo 35

1Todo Miembro de las Naciones Unidas podrá llevar cualquiera controversia, o cualquiera situación de la naturaleza expresada en el Artículo 34, a la atención del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General.

2 Un Estado que no es Miembro de las Naciones Unidas podrá llevar a la atención del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General toda controversia en que sea parte, si acepta de antemano, en lo relativo a la controversia, las obligaciones de arreglo pacífico establecidas en esta Carta.

3 El procedimiento que siga la Asamblea General con respecto a asuntos que le sean presentados de acuerdo con este Artículo quedará sujeto a las disposiciones de los Artículos 11 y 12.

Artículo 36

1 El Consejo de Seguridad podrá, en cualquier estado en que se encuentre una controversia de la naturaleza de que trata el Artículo 33 o una situación de indole semejante, recomendar los procedimientos o métodos de ajuste que sean apropiados.

2 El Consejo de Seguridad deberá tomar en consideración todo procedimiento que las partes hayan adoptado para el arreglo de la controversia.

3 Al hacer recomendaciones de acuerdo con este Artículo, el Consejo de Seguridad deberá tomar tambien en consideración que las controversias de orden jurídico, por regla general, deben ser sometidas por las partes a la Corte Internacional de Justicia, de conformidad con las disposiciones del Estatuto de la Corte.

Artículo 37

1Si las partes en una controversia de la naturaleza definida en el Artículo 33 no lograren arreglarla por los medios indicados en dicho Artículo, la someterán al Consejo de Seguridad.

2 Si el Consejo de Seguridad estimare que la continuación de la controversia es realmente susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, el Consejo decidirá si ha de proceder de conformidad con el Artículo 36 o si ha de recomendar los términos de arreglo que considere apropiados.

Artículo 38

Sin perjuicio de lo dispuesto en los Artículos 33 a 37, el Consejo de Seguridad podrá, si así lo solicitan todas las partes en una controversia, hacerles recomendaciones a efecto de que se llegue a un arreglo pacífico.

La situación venezolana, pese a que no ha llegado a un conflicto bélico, ha ido aumentando en cuanto a tensión, producto de las acciones de ambos actores (gobierno y oposición). En este contexto, las declaraciones de los representantes diplomáticos venezolanos, de considerar una injerencia por parte de EE.UU.  la discusión carecen de sentido. La razón de mi afirmación recae en el hecho de que el Consejo de Seguridad puede investigar cualquier controversia, y de que cualquier Estado miembro de la ONU puede llevar cualquier controversia al Consejo, para prevenir que aumente la tensión y, por consiguiente, la gravedad del conflicto. No es defendible que un gobierno denuncie una supuesta injerencia cuando la propia Carta de las Naciones Unidas, que ha sido firmada y ratificada,  establece en sus artículos cómo debe escalarse la situación. Esto se establece en el capítulo VII referente a la Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión, en sus artículos 39, 40, 41 y 42.

Artículo 39

El Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá que medidas serán tomadas de conformidad con los Artículos 41 y 42 para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.

Artículo 40

A fin de evitar que la situación se agrave, el Consejo de Seguridad, antes de hacer las recomendaciones o decidir las medidas de que trata el Artículo 39, podrá instar a las partes interesadas a que cumplan con las medidas provisionales que juzgue necesarias o aconsejables. Dichas medidas provisionales no perjudicarán los derechos, las reclamaciones o la posición de las partes interesadas. El Consejo de Seguridad tomará debida nota del incumplimiento de dichas medidas provisionales.

Artículo 41

El Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, y podrá instar a los Miembros de las Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de relaciones diplomáticas.

Artículo 42

Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas. “

En este sentido, podemos observar que el conflicto al ser llevado al Consejo de Seguridad no constituye un acto de injerencia y al ser un país miembro se esta en la obligación de acatar las decisiones que surjan del mismo.

Dentro del Consejo, el gobierno Venezolano cuenta con 2 aliados: Bolivia y Uruguay. Este último tiene la presidencia del Consejo que se rota mensualmente. Ambos representantes de los países nombrados establecieron que el conflicto venezolano debía resolverse en los organismos regionales, de acuerdo a lo establecido en el ártico 52 de la Carta que citamos:

Artículo 52

1 Ninguna disposición de esta Carta se opone a la existencia de acuerdos u organismos regionales cuyo fin sea entender en los asuntos relativos al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y susceptibles de acción regional, siempre que dichos acuerdos u organismos, y sus actividades, sean compatibles con los Propósitos y Principios de las Naciones Unidas.

2 Los Miembros de las Naciones Unidas que sean partes en dichos acuerdos o que constituyan dichos organismos, harán todos los esfuerzos posibles para lograr el arreglo pacífico de las controversias de carácter local por medio de tales acuerdos u organismos regionales antes de someterlas al Consejo de Seguridad.

3 El Consejo de Seguridad promoverá el desarrollo del arreglo pacífico de las controversias de carácter local por medio de dichos acuerdos u organismos regionales, procediendo, bien a iniciativa de los Estados interesados, bien a instancia del Consejo de Seguridad.

4 Este Artículo no afecta en manera a1guna la aplicación de los Artículos 34 y 35.

Sin embargo, no podemos dejar pasar el articulo 54 , que establece:

Se deberá mantener en todo tiempo al Consejo de Seguridad plenamente informado de las actividades emprendidas o proyectadas de conformidad con acuerdos regionales o por organismos regionales con el propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales.

En conclusión, tomando en cuenta la denuncia del Gobierno venezolano de la Carta Democrática (Organización de Estados Americanos) y el deseo del mismo de que solo sea tratado el tema en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y  en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), en la cual tiene aliados que viciarían el resultado,  es natural que el tema haya llegado al Consejo de Seguridad.

De continuar la tensión, e incrementar su nivel de violencia, no debe sorprendernos que en un futuro cercano vuelva a tocarse el tema en el Consejo. De ser así, el Gobierno venezolano cuenta con dos aliados que vetarían cualquier resolución que sea contundente contra Venezuela, aunque podríamos esperar un cambio en la política internacional, si las acciones del gobierno continúan en vía al establecimiento de un Estado que no respete la Ley.

TRAIDORESWEB

Los nuevos traidores a la patria

Al gobierno de las listas le empieza a preocupar lo extensa que se está haciendo una: la de los nuevos traidores a la patria. Esta vez no son imperialistas, burgueses u oligarcas: son chavistas. No hay Luis Tascón que los agrupe, sino Constituyente que los sindicalice. Hubo quienes se unieron antes, casi en el papel de fundadores, como los tutores Héctor Navarro (“Para nosotros es catastrófico lo que está ocurriendo”) y Jorge Giordani (“Esta es una sociedad que está colapsada por el modelo rentista”), par de profesores que fijaron posición tras la paliza del 6D. El plot twist más impactante, sin embargo, ocurrió el 31 de marzo de este año, cuando Luisa Ortega Díaz, edición de bolsillo en mano, habló de “ruptura del orden constitucional”. Fiscal General desde hace una década y protagonista en el encarcelamiento de Leopoldo López, Ortega levantó la Carta Magna como bandera, se ajustó los anteojos y fue aplaudida en el balance de gestión del Ministerio Público, instante en el que respondió con beso y sonrisa. Tras su pronunciamiento, Miguel Rodríguez Torres —el exministro de Interior, Justicia y Paz que culpó a la oposición hace tres años de intentar incendiar el país—, salió a la palestra: “La posición valiente que asumió la Fiscal seguramente será atacada, pero tiene que hacernos reflexionar”. Ahora, tras las Oly Millán y Ana Elisa Osorio, una nueva exministra de Chávez, Maripili Hernández (“Sin referéndum, es absolutamente falso que la Constituyente es un camino para la paz”), continúa alargando una lista que tiene nombres como Clíver Alcalá (Mayor General retirado que participó en el 4F) y Gustavo Márquez (exministro de Comercio).

tibisay_lucena

#23M: Información confirmada

Tibisay Lucena apareció de nuevo y anunció unas elecciones que parecían haber desaparecido del mapa político: alcaldes y gobernadores serán escogidos el 10 de diciembre. Una votación lejana, atípica e intrascendente, si se toma en cuenta que esos comicios pudiesen estar enmarcados dentro de una nueva Constitución, cuya elección, dijo, se hará en julio.

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Los magistrados Danilo Antonio Mojica Monsalvo (Sala de Casación Social) y Marisela Godoy (Sala de Casación Civil) rechazaron la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) propuesta por Nicolás Maduro. El primero argumentó que la medida no es la solución a la crisis –y que, de hacerse, el referéndum consultivo es menester, por ser ‘el mecanismo de democracia directa por antonomasia’–, mientras que la segunda apeló a una célebre frase del expresidente Chávez (“No se puede cambiar ni una coma, ni una letra, de la Constitución sin consultar al pueblo”) para apoyar el planteamiento de su colega.
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Presidente Maduro presentó bases comiciales para la ANC. El primer mandatario expuso que se elegirán 540 corredactores de manera sectorial y territorial. “Ellos quieren decidir qué sector vota, cuándo lo hace y por quién”, dijo Julio Borges al respecto.
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La Asamblea Nacional (AN) pidió desconocer la Constituyente. Aseguraron, no obstante, que solicitarán al Consejo Nacional Electoral (CNE) la realización de un referéndum consultivo. Freddy Guevara aseveró que, incluso, los comicios pudiesen realizarse sin la supervisión del ente electoral y ser puestos en marcha por la Asamblea. De no tener respuesta, el siguiente paso será la desobediencia civil.
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Oposición marchará nuevamente en defensa del voto. Lo hará desde el este y el oeste de la ciudad hasta el CNE. Los puntos de concentración serán Parque Cristal (Chacao), Bello Monte (Baruta) y Centro Comercial La Villa (Libertador). Al amanecer, correrá el día 54 de protesta.

50DIASWEB

50 días después

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

I

50 días después, la oposición tiene por fin un sistema de audio decente. Para ser oligárquica, elitista, millonaria, acaudalada y opulenta, y para y estar financiada por el gran capital internacional, como siempre denuncia el gobierno, se había mostrado, durante estos casi dos meses de protesta, bastante modesta, cuando no pobre. Bastaba solo ver las tarimas que usaba (apenas plataformas elevadas en el mejor de los casos, cuando no techos de camionetas en el más común de ellos), las cornetas que tenía (pocas y con un sonido peor que el de cualquier parlante de colegio) y la cara alelada de los manifestantes que apenas a dos cuadras de distancia ya no escuchaban nada de lo que decían sus dirigentes, para darse cuenta de que algo no cuadraba en la suntuosa versión oficial.

Para el día 50 de protestas, fecha redonda, la tarima no es impresionante pero al menos es digna de ese nombre. El audio sí es más elogiable y se extiende en por lo menos cuatro camionetas a lo largo de la autopista Francisco Fajardo, lo que al menos garantiza que una mayor parte de la gente entenderá y escuchará lo que les digan sus líderes pasada la 1 de la tarde (casi tres horas después de la convocatoria), ya que la demora entre la hora pautada y el inicio de los eventos es algo que se ha acentuado con los días y ya todos aceptan y toman como normal.

La escena que más se repite durante el recorrido es la de manifestantes dándoles provisiones a los encapuchados. Tras 50 días de protesta, por más que Reverol y compañía se empeñen en llamarles terroristas, ellos no causan ni miedo ni repudio en la gente, sino todo lo contrario: por donde pasan son aplaudidos, mimados y proveídos. En medio de la autopista, un hombre y su esposa les dan cuatro lentes de natación a unos de ellos. Y antes de que el ministro levante la ceja y vea allí la existencia de una red clandestina de provisión de municiones, la mujer da la explicación: “Esos los encontramos en un closet. De cuando mis hijos hacían natación”. No son los únicos: más adelantes otros manifestantes les dan comida, agua e incluso cascos. Lo que necesiten.

“Si ellos son terroristas, ¿qué éramos entonces nosotros?”, se pregunta con ironía un hombre entrado en años. Lo dice con conocimiento de causa: participó en la guerrilla de los sesenta. “Si quieren hablar de guerra que hablen. Pero esto no es una guerra, en todo caso es una guerra asimétrica: ellos están desarmados, los otros no”. ¿Y las piedras, las molotov, los cohetones, las bombas de pintura, qué son? El hombre se ríe. La pregunta le hace gracia. “Con una tanqueta en frente eso no es nada. Es que mira. Armas tuvimos nosotros, que nos las mandaban de Cuba y de la Unión Soviética. A nosotros sí nos armaron. Y teníamos montadas redes en los barrios, con los malandros. Guillermo García Ponce fue el que ideó todo eso. A mí no me van a venir con cuentos. Estos muchachos lo que están es dejando la vida”.

II

María Corina Machado comienza a hablar a las 2:04 PM. La han precedido una serie de oradores más bien discretos: el grueso de los dirigentes se encuentra en otros estados. Va vestida como siempre: suéter blanco manga larga y el cabello recogido con una cola. Habla, también, como siempre: con fuerza y convicción. Firmeza será invariablemente una buena para describirla. Grita y se le hinchan las venas del cuello. “En estos cincuenta días hemos derrotado a la dictadura”, arranca, y la gente se emociona. ¿Ve María Corina cosas que otros no? La interrogante es inevitable al ver la seguridad con la que habla y lo rotundo de lo que afirma: “Estamos en vísperas del fin de la dictadura. Se acerca la hora definitiva”. En el discurso asoma una propuesta nueva: la firma de un gran acuerdo político, un pacto republicano de todos los sectores, que traerá prosperidad al país. Usa imágenes esperanzadoras: campos produciendo, supermercados repletos de comidas y aeropuertos llenos de exiliados que vuelven. La gente cae rendida. “Dios los bendiga, ha llegado la hora de la libertad”. Amén, le responden.

A ella le sigue, para cerrar el acto, Henrique Capriles. Cuando se asoma a la tarima, lo recibe una multitud de aplausos. Pero Lilian se le pone al lado y la atención de la gente se divide. Unos gritan el nombre de ella y otros el de él. Hábilmente, Henrique le levanta la mano a Lilian. La imagen dura segundos. Inmediatamente, ella le agarra la mano al que tiene al lado, sin importar quién es, y se la sube. Al rato, ya no es Capriles levantándole la mano a Lilian sino todos levantándose las manos unos a otros. Entonces Henrique, que tras cincuenta días de protesta no se ve precisamente fuerte ni saludable, comienza a hablar con una voz que es cada vez más ronca y débil. Pero el hombre deja la vida en la alocución. Agarra el micrófono con la izquierda y la derecha la mueve como un látigo cuando quiere hacer énfasis. A veces, se sacude todo él.

Aunque sigue estructurando sus discursos de la misma manera lógica y coherente de las entrevistas (el esqueleto de la alocución son los 5 puntos que pide la oposición), en esta oportunidad Capriles está en otra frecuencia, y ello será notable cuando empiece a adjetivar e insultar a Maduro. “El más grande coño’e madre está en Miraflores”, dice, y la gente lo celebra a rabiar. A partir de allí comienza con una andanada de expresiones fuertes: bandido, vagabundo, vas pa’fuera, incluida la ya dicha mentada de madre, que repetirá varias veces más y que la gente coreará al son que él, bajando el micrófono y levantando repetidamente la derecha, cual cura pidiendo que canten en misa, les indique.

Cuando el discurso se le alarga y la gente le pide marcha, él los complace. “Claro que vamos a marchar. Y el primero que va a hacerlo soy yo. Allá adelante. De primero. Peso 70 kilos pero le echo bolas”. La gente no para de celebrarlo. La versión brava de Henrique gusta. Tiene palabras para Leopoldo (líder fundamental, lo llama) y para los muchachos de la resistencia. “Les dije que era cuestión de tiempo para que nos encontráramos. Y aquí estamos. En la calle”. Entonces se acuerda del Revocatorio y allí sí levanta el dedo y dice, en ese examen de conciencia público que ya suele ser común en él, que nada de esto hubiera pasado si se hubiera permitido esa salida que él propuso. Pero ni modo, se la quitaron y a la calle van.

El acto lo cierra el ya conocido violinista de las marchas, con la interpretación del himno. Si de adjetivar se trata, habrá que decir que sublime. En medio de la multitud, el himno suena inmenso. Una indigente, mujer madura de cabellos amarillos que viste unos pocos andrajos rotos y sucios que dejan sus hombros descubiertos, se detiene al escuchar las notas del violín y se pone la mano derecha en el pecho. Reminiscencia quizás de la niñez y de su educación, canta el himno con fuerza. Cuando viene la parte de aquel pobre en su choza que libertad pidió, ella alza el puño. Tal vez se siente identificada. En “Gritemos con brío: ¡muera la opresión!”, que es el clímax del canto, lo que todos entonan con fuerza, ella se emociona, vuelve a levantar el puño y lo sacude. La interpretación acaba sin la última estrofa, pero ella, mano en el pecho, la sigue cantando sola. Se sabe el himno completo. Al terminarlo, alza las dos manos y como si lanzara estrellas desde ellas, las abre y cierra, para seguir su camino errante.

III

Alcanzar a Miguel Pizarro, Rafael Guzmán y a José Manuel Olivares, que caminan juntos e intentan llegar a la cabecera de la marcha, es una tarea que requiere condiciones de maratonista. Los tres diputados van a paso rápido y no se detienen. Stalin González, que en algún momento iba con ellos, se queda atrás. Por más que el jefe de la fracción parlamentaria de la oposición intenta alcanzar a sus compañeros, se le hace imposible. Stalin trota, acelera el paso, suda a mares y al rato desiste. Mientras tanto, Pizarro, Guzmán y Olivares son saludados, elogiados y aclamados por donde quiera que pasan, casi igual que los encapuchados.

Cuando la salida de Chacao está próxima, los tres diputados se montan en las defensas de la autopista y comienzan a indicarle a la gente la ruta a tomar: calle Galarraga, avenida Francisco de Miranda, Chacaito y avenida Libertador. Es una ruta teórica, que en la práctica llega hasta Chacaito, como en efecto sucede. Una vez allí, y sin que medie palabra alguna, la PNB comienza a disparar bombas lacrimógenas. 50 días después, ya no hay espacio para el disimulo. El ataque es inclemente: las bombas comienzan a llover del cielo en todos los sentidos y direcciones, cayendo en cualquier parte. Inmediatamente, Chacaito se cubre de ese humo blanco, químico y picante. Los jóvenes retroceden entonces y comienzan a hacer uso de la que es su nueva arma: los cohetones. En algún momento, hacen estallar lo que parecería una munición digna de Madeira un 31 de diciembre. El estruendo es estremecedor y todo Chacaito se remece. Tras 50 días de protesta, esa es la única novedad. De resto, y por las próximas dos horas, todo seguirá la dinámica natural y violenta del enfrentamiento clásico.

IV

Cerca de las 5:20 PM, un montón de manifestantes pasa corriendo gritando ‘moto’. Es la palabra maldita, la que asusta a todos. Significa que ya la PNB (o la GNB, según sea el caso) se ha hartado de enfrentamiento y va a pasar barriendo lo que queda. Suele suceder siempre al final de la tarde. Si causa tanto miedo, es porque allí es cuando se llevan detenidas a las personas. Por eso corren tanto los que pasan a mi lado. En apenas cuestión de segundos veo a dos muchachos cayéndose, siendo pisados y haciendo caer a otros, un teléfono amarillo salta de algún bolsillo y también es pisoteado, los escudos van cayendo (siendo arrojados más bien) y hasta un zapato queda suelto. Yo camino lo más rápido que puedo hacia un edificio con la reja abierta. Con chaleco, máscara y casco correr no es opción. No debería haber tampoco necesidad de ello siendo prensa, pero tras 50 días de protesta ya se sabe que los cuerpos de seguridad no respetan.

En la entrada del edificio hay un embudo de gente. La reja y el pasillo son estrechos y no pocos quieren guarecerse allí. En medio del apretujamiento para entrar, siento que alguien está agarrando mi teléfono. El primer pensamiento, como lo llevo en la mano, es que se trata de alguien que por error, producto de la situación, se agarró de mí. Pero la presión sigue y es cada vez más fuerte. Ya no me cabe duda de que hay alguien queriendo quitarme el teléfono de la mano. Tengo gente a los lados, adelante y atrás. Todos empujan. Sigo agarrando duro el teléfono y me lo siguen jalando. Cuando volteo veo que es el brazo uniformado de un oficial de la PNB. Hay un montón de ellos en la puerta del edificio, detrás de nosotros. A mí me tratan de quitar el teléfono, pero a los otros muchachos los quieren sacar del edificio. Cada quien está librando su batalla. Mi primera reacción es de asombro. Lo había visto en los videos, lo había leído en reportajes, pero está pasando: un oficial de la PNB me está intentando robar el teléfono. “¿Estás loco, pana? ¿No ves que soy prensa?”, le grito. (“¿Estás loco? ¿No ves que eres policía?”, debió ser en realidad la frase). Pero él sigue jalándolo. Yo lo tengo mejor agarrado que él. Y no hay caso. Entre empujón y jalones me lo logro quedar. La pantalla está astillada, pero lo tengo. Inmediatamente responde con dos golpes en la cara. Es la represalia por no dejarme robar. Tengo máscara, casco y los golpes vienen de atrás. Imposible saber si fueron con los pies, con los puños o con qué. El primero le vuela los filtros a la máscara y la mueve, el segundo me da en la cara. Todo sucede demasiado rápido como para procesarlo. Hay detonaciones, hay gritos, sigue habiendo empujones, desesperación. Yo continúo repitiendo que soy prensa, por si acaso. Estoy ya en el borde de la reja y logro entrar al edificio. El pasillo es angosto y oscuro, y sigo de largo. Al voltear, veo que alguien está intentando cerrar la reja. No sé si lo logra. Yo voy escaleras arriba.

Al subir por los pisos, sólo se escucha una cosa: las puertas de los apartamentos cerrándose. Los vecinos están aterrados y no quieren dejar a nadie entrar. En el último piso, donde la escalera ya no da para más, se agrupa todo el mundo. La imagen de la endeble y vieja reja negra está en la mente de todos. Es la única protección que hay a esa hora y de dos patadas se abre. Las escaleras son oscuras y no tienen luz de ningún tipo, apenas unos agujeros que dan a la calle de atrás y por los que se cuelan sonidos de detonaciones, gritos, llantos, cacerolas. Por cada uno de ellos envejecemos un año todos. No es lo mismo escucharlos estando en la calle y sabiendo lo que pasa, que escucharlos allí sin tener idea de qué pueden ser. La incertidumbre y la desinformación elevan el miedo a la enésima potencia.

“Pilas que la PNB está parada en la puerta”, advierte un encapuchado que viene subiendo: es un muchacho flaco que logró, metiéndoseles entre las piernas, escapárseles a los policías y entrar en el edificio. “Si no, me hubieran llevado”. Que nadie se asome, que todos hablemos bajito, que hagamos el menor ruido posible. Son precauciones que parecen inútiles tomando en cuenta que nos vieron entrar y saben que estamos allí. El silencio hace que el ruido de la calle suene más dramático aún. Comienzan a gestarse planes de contingencia en caso de que suba la PNB: llamar al ascensor, meterse dentro de él y marcar el ‘stop’ en un entrepiso; subir a la azotea; buscar los maleteros; abrazarse a la baranda de la reja y dar patadas hasta más no poder. Cada uno se revela más improbable que el otro: el ascensor está dañado, nadie sabe por dónde se sube a la azotea, el edificio no tiene ni sótanos ni maleteros, y con lanzar una lacrimógena en el pasillo ya nos asfixiarían a todos y no podríamos agarrarnos de reja ninguna. La realidad es una: estamos a merced de lo que los funcionarios que están abajo quieran hacer.

El grupo de los que estamos en el edificio es variopinto, y está compuesto, en su mayoría, por encapuchados y manifestantes adultos. Hay otro periodista, que perdió el reloj (o se lo robaron) en el forcejeo, y dos funcionarios de Protección Civil. Son ellos los que atienden a un herido que tienen arriba con un perdigonazo disparado a quemarropa: la herida, un agujero prominente en el omoplato, no sangra y está cubierta de negro. “Hay que eliminar todo ese tejido contaminado por la pólvora”, explica el paramédico, “y eso no podemos hacerlo aquí”. Hay que sacarlo. El muchacho entra en pánico. Prefiere morirse allí antes que salir a la calle y que la PNB se lo lleve. La situación no es tan apremiante tampoco. Pero los paramédicos no dan garantía de nada: al salir, con o sin heridos, puede pasar cualquier cosa. Tendrán que pasar varios minutos, largos y tensos, hasta que todo afuera se quede en silencio, un vecino baje a inspeccionar la zona y nos de la luz verde para sacar al herido e irnos nosotros. 50 días después, todavía seguimos en dictadura.

OTRAS HISTORIAS DE PROTESTA

#5A: Tiros, gases y coraje en la autopista

#7A: Resistencia (e impotencia) en la autopista

#8A: Empanadas de pabellón para la guerra

#10A: La resistencia continúa

#19A: Un ataque criminal

#20A: Historia de una post-marcha.

#22A: La conquista del oeste

#24A: Plantón a la violencia

#26A: “A Juan Pernalete le dispararon de frente”

#27A: “Si el pueblo no tiene paz, que la dictadura no tenga paz”

29A: 12 horas con la esperanza de Venezuela

#01M: El derrumbe de dos mitos

#03M: “Los venezolanos no somos este odio” 

#18M: Agua, perdigones y miedo.

#20M: Relato de una agresión.

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Relato de una agresión

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

‘#20M – 5:20 PM: Oficiales de la PNB, en moto, dispersan a manifestantes de la Francisco de Miranda’. Ese era el twitt que debía aparecer en el timeline de @RevistaOjo a esa hora. Nunca salió porque entre la redacción y la publicación, un oficial de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) forcejeó conmigo para robarme el teléfono y al no conseguir quitármelo me golpeó dos veces en la cara, dañando así la máscara anti-gas que llevaba puesta y dejándome para el recuerdo un muy garciamarquiano ojo morado y un celular con la pantalla destrozada. Todo ello, a pesar de (o quizás gracias a) que iba debidamente identificado como periodista: tanto en el carnet, como en el casco, como en el chaleco antibalas, en letras notablemente grandes y con mayúscula sostenida, estaba, inconfundible, la palabra PRENSA. Nada de ello bastó. Tampoco, que a viva voz le gritara varias veces que era periodista. No hubo caso.

Era el día número 50 de protesta, contado a partir del momento en el que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) disolvió a la Asamblea Nacional (AN). Desde ese 30 de marzo, mi vida, como la de tantos otros venezolanos, cambió. La decisión en ‘Revista OJO’ fue comprometernos (más): parar el contenido cultural y comenzar a contar lo que pasaba en la calle; narrar, en la medida de nuestras posibilidades, la protesta. Fue así como me tocó dejar de lado los análisis de canciones, las reseñas literarias y las entrevistas a artistas, para pasar a la crónica de protesta. La vida plácida de periodista cultural que semanalmente leía una novela, hacía entrevistas en cafés y asistía a inauguraciones, lanzamientos y ensayos, quedó en el pasado. Fue sustituida por la del reportero cuya única certeza es la hora en la que sale a la calle, no recuerda ya lo que es almorzar comida casera, se alimenta de todo lo que un kiosco puede proveer, conoce todos los sitios en los que hay baño público, vive en una insolación constante, y nunca sabe cuándo termina su jornada.

Las primeras protestas las cubrí apenas con la credencial de prensa, un paño con bicarbonato, el teléfono y una libreta. Para hacer crónica no hacía falta más. La represión, que ya la había, era lenta y moderada. Tenía sus propios códigos, se manejaba a su ritmo, y siempre existía un lugar donde estar seguro. Esa frontera, que separaba la seguridad del riesgo, estaba delimitada. Sin embargo, en algún momento se perdió y no ha vuelto a aparecer. ¿Cuándo? Es difícil precisar la fecha, pero no el instante: al comenzar las emboscadas. A partir de allí se acabaron las garantías e ir a una protesta significó estar expuesto, se estuviese donde se estuviese, a que en el momento y en el lugar menos esperado comenzaran a caer bombas, disparar perdigones y aparecer motorizados. Hasta ese momento funcionó el bicarbonato.

El dichoso pañito fue sustituido por un chaleco antibalas, una máscara anti-gas y un casco, cada uno más pesado e incómodo que el otro. Vestir el nuevo uniforme de trabajo se convirtió en un proceso por pasos y salir con él de la casa una odisea. He tenido que aprender a administrar y a usar cada uno de los bolsillos que tengo, a vivir con un casco colgando al lado, a moverme con un abultado bolso en la espalda, a chequear que siempre esté cerrado, a pararme, sentarme, cruzar las defensas de la autopista y montarme en cuanto muro haya con todo ese peso encima, a ponerme la máscara, la gorra y el casco en menos de un minuto, a entrevistar y hacerme entender con la máscara puesta, a pensar preguntas con sentido mientras veo para el cielo que no vaya a caer una bomba cerca, a tomar fotos con una mano, a twittear en segundos, y a caminar de espaldas y viendo al frente. Habilidades que da la calle.

En ella, durante la represión, he oído el zumbido violento de las bombas muy cerca, las he visto cruzar a escasos centímetros de mi persona, me han caído en los pies repetidas veces (una de ellas ya me rompió una máscara) y he sido testigo de cómo han herido a más de uno. Ya conozco sus nombres, presentaciones (monofásica, bifásica, trifásica) y efectos, conozco hasta la nausea su olor y las he visto incluso rojas. He estado en situaciones apremiantes, en las que bombas, perdigones, piedras y chorros de agua se juntan en el mismo momento. Son las implicaciones lógicas de un trabajo que exige estar presente en el lugar de los hechos. Gajes del oficio, que llaman. Sin embargo, las agresiones directas y premeditadas por parte de funcionarios no lo son.

Una bomba en el aire no reconoce credencial, una piedra y un perdigón puede que tampoco, pero un funcionario que dispara de frente sí. Y uno que roba y golpea también. Durante estos casi dos meses de protesta han sido varios los casos de periodistas agredidos aposta cubriendo manifestaciones. Uno de los más evidentes (desgraciadamente no el único) fue el de Reinaldo Riobueno, fotógrafo de Unión Radio, quien escuchó claramente cómo desde la tanqueta el jefe de la Guardia Nacional giró la instrucción de que le dispararan (“…al de suéter blanco”) directamente la bomba que apenas segundos después le fracturó tibia y peroné el pasado 03 de mayo. O también, el caso que motiva estas líneas.

Sucedió el pasado 20 de mayo, en el momento final de la represión, ése en el que la Policía Nacional (o la Guardia, según el caso), luego de infinidad de bombas disparadas, sale con las motos a barrer lo que queda. Después de un durísimo enfrentamiento de aproximadamente dos horas en la Avenida Francisco de Miranda, con algunas escaramuzas en El Rosal, la PNB había retrocedido hasta Chacaito, donde se encaraba con algunos manifestantes. Entonces, a eso de las 5:20 PM, decidieron aplicar la operación arrase. Mientras redactaba el twitt en el que informaba de ella, me dirigía a un edificio que tenía la reja abierta y en el que varios manifestantes se estaban refugiando. Lo estrecho de la reja hizo que se formara un embudo para entrar. Es en medio de ese apretujamiento que alguien me empieza a tratar de quitar el teléfono de la mano. Quien lo hace jala con fuerza. Me lo quiere robar. Al voltear, me encuentro con que es un oficial de la PNB. La primera impresión es tremenda. “¿Estás loco, pana? ¿No ves que soy prensa?”, le digo, por si no había visto las letras en el casco y en el chaleco. Pero el oficial sigue intentanto quitarme el teléfono. Es alucinante. El hombre persiste. Con fuerza. Sin empacho. Los otros PNB intentan sacar a los manifestantes del edificio para llevárselos presos. Hay detonaciones y gritos. Es una confusión enorme. Yo no suelto el teléfono y de un jalón logro quedármelo. Dos golpes en la cabeza son su respuesta. El primero parte los filtros de la máscara y la mueve, el otro llega al ojo. En ese momento logro entrar al edificio y sigo de largo escaleras arriba. En el último piso, saco el teléfono: pantalla destrozada y twitt sin publicar. La cobertura había terminado…pero sólo de momento.

OTRAS CRÓNICAS DE PROTESTA

#5A: Tiros, gases y coraje en la autopista

#7A: Resistencia (e impotencia) en la autopista

#8A: Empanadas de pabellón para la guerra

#10A: La resistencia continúa

#19A: Un ataque criminal

#20A: Historia de una post-marcha.

#22A: La conquista del oeste

#24A: Plantón a la violencia

#26A: “A Juan Pernalete le dispararon de frente”

#27A: “Si el pueblo no tiene paz, que la dictadura no tenga paz”

29A: 12 horas con la esperanza de Venezuela

#01M: El derrumbe de dos mitos

#03M: “Los venezolanos no somos este odio” 

#19M: Agua, perdigones y miedo.

AGUAWEB

Agua, perdigones y miedo

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

I

“Causa, a esa ballena la afinaron hoy”, le dice un encapuchado a otro pasadas las 3 de la tarde en una acera de Altamira Sur. Uno está sentado y el otro acostado, y como es normal tras una jornada de protesta, comparten sus historias (más bien tragedias) de represión. “Yo pensé que me le iba a poder enfrentar. Y nojoda. Me llevó. Parecía una barajita”, continúa. “Sí, vale. Esa bicha estaba disparando duro. Primera vez que nos la lanzan tan de frente”, le responde. Un tercero se acerca. “Papi, ¿estás bien?”, le pregunta al que está acostado. (‘Papi’ es el nuevo vocativo masculino caraqueño). “Sí. Pero sendo perdigonazo me metieron en la pierna”, le explica y le señala el lugar del impacto. “Sí, papi. Yo vi cuando te estaban sacando en la moto. Luego de eso guerreé preocupado. ¿Seguro que estás bien?”. “Tranquilo, no fue nada”, le responde. Pero cuando trata de sentarse y cierra los ojos, muestra los dientes y se queja, queda claro que en realidad cuando dijo ‘no’ era ‘sí’, y cuando dijo ‘nada’ era ‘bastante’. “Mosca, pues, papi. Eso no me gusta. ¿Te funcionó la máscara?”. “Calidad”, le responde. “Pendiente con eso, pues”. Le da la mano y se va.

La conversación, en principio una de tantas, tiene dos de los elementos claves que explican cómo la Guardia Nacional rompió este jueves el récord de desalojo de autopista. Son registros oficiales de la libreta de este cronista que a las 2:08 PM fue disparada la primera bomba en la Francisco Fajardo, y que a las 3:15 PM ésta ya se encontraba prácticamente sola. Es decir, que lo hizo, segundos más, segundos menos, en una hora siete minutos.

¿Cómo?

Con agua y perdigones.

A diferencia de otras oportunidades, esta vez hubo más ballenas (9) que tanquetas (5). Y a diferencia, también, de otras oportunidades, la ballena no perdió mucho tiempo levantando en el cielo esa fotogénica columna de agua blanca que con un criterio más estético que funcional solía alzar en el horizonte para deleite de fotógrafos y lejanos espectadores. En esta ocasión fue de lleno y de frente contra los manifestantes (y los periodistas), que efectivamente, con o sin escudo, se desplazaban como barajitas.

Esta vez, también, la PNB echó una ‘ayudaíta’ desde el elevado de Las Mercedes, donde disparó perdigones. Allí puede que se haya decidido la suerte de la manifestación: si ya la primera línea de protesta, en la que se pelea de frente, es un maremágnum en el que van volando bombas a gran velocidad y en cualquier dirección, en el que hay que caminar hacia atrás, sin dar la espalda nunca, viendo siempre de frente y con el oído aguzado para detectar el sonido de esa otra bomba que viene de lado y no se ve, cuando a eso se le suma un segundo frente lateral desde el que disparan perdigones, entonces se pasa del riesgo de ser herido a la certeza de serlo en breve de continuar allí y no queda otra sino retroceder.

En ese tramo el retroceso fue rápido. Luego retomó su ritmo natural en los puentes del CCCT para volver a agarrar velocidad en La Carlota, desde donde dispararon gas y perdigones nuevamente. Ya para ese momento, era mucha la gente que había salido por Chacao (en donde los emboscarían, porque ayer la GNB estuvo en todas partes) y el resto de los manifestantes terminó de subir a las 3:15 por Altamira, donde sin saberlo, dos víctimas de los hechos, en una conversación casual, darían con la clave de lo sucedido.

Sin embargo, tanto en la vida, como en la salsa, la clave, aun siendo lo principal, no lo es todo: necesita de otros instrumentos. Y este texto quedaría incompleto si se limitara sólo a contar el #18M como el día en el que una estrategia de represión más violenta logró desalojar en tiempo récord la autopista (que sí y principalmente) y dejara por fuera el hecho significativo de que la separación entre primer y segundo frente (los encapuchados y el resto de la marcha) fue mucho más grande que en otras oportunidades. Metros de asfalto vacío cuya medida exacta era precisamente la del miedo.

Ello fue manifiesto al llegar a la autopista: muchísima gente se quedó a la altura del Distribuidor Ciempiés y no pasó de allí. No se veía ni siquiera el piquete de la GNB, pero la gente no caminaba. La confusión hizo pensar a los que llegaban tarde que se debía a que unas motos apostadas adelante eran de los colectivos (ese temor eterno) y por eso la gente no seguía. En realidad, eran las que auxilian a los heridos. Habría que caminar un trecho largo para encontrarse con la primera línea y el piquete, que en ese momento comenzaban a hacer contacto visual.

Aquel “cuando volteamos y vemos a toda esa gente allí aguantando, eso nos da fuerza” del que suelen hablar los encapuchados, ayer se hizo difícil para los de vista corta: la gente, tras casi 50 muertos y 17 mil heridos, estaba muy atrás. Prudente, juiciosa, cauta y ponderadamente atrás.

II

Piedras, vidrios, excremento, cilindros de metal plateado, otros de plástico rojo, cartuchos de bombas, hojas y ramas, manchas de pintura, asfalto estallado, restos de pólvora. Eso es parte de lo que queda en el suelo cuando se retira un piquete de la Guardia Nacional. Ayer, en Altamira Sur, sucedió tras una hora del clásico enfrentamiento vespertino post-marcha que suele tener lugar en la zona, que estuvo marcado por una pregunta: “¿Dónde están los escuderos?”. Como letanía, la interrogante se repitió constantemente. Empezó como llamado (“¡Escuderos, escuderos!”), mutó a petición (“¡Por favor, los escuderos que bajen!”) y terminó en reproche (“Si no van a bajar denle los escudos y las máscaras a otros”). La respuesta, por más que sonaron los postes y se gritó en el megáfono, fue lenta y hasta se diría que discreta; sin embargo, resultó suficiente para hacer retroceder al piquete (que había sido reforzado por una tanqueta) a las 5 de la tarde.

Atravesando ese montón de acaba-suelas, un grupo (re)tomó el Distribuidor Altamira. Esta vez no en metros sino en minutos, largos y lentos, se pudo medir el miedo: la gente, por más llamados, se tomó su tiempo para bajar de la plaza. Sólo pisó la autopista un grupo de, como mucho, 50 encapuchados, quienes, escudos, piedras y bombas molotov en mano, se enfrentaron largo rato a los Guardias en La Carlota. Desde arriba, los manifestantes los veían, apoyaban, celebraban. Entre un grupo de mototaxista, todo pasaba por el matiz del béisbol. “Ese tiene mejor brazo que el Guti”, exclamaba uno cuando veía lo lejos que llegaba una piedra uno de los encapuchados. “¿Viste esa atrapada? ¿La viste compa?”, se emocionaba otro cuando un muchacho atajaba en el aire una lacrimógena y la devolvía de una. “Ese debería ser el center field de Leones”, sentenciaba el de más allá. Por más estético y lúdico, no dejaba de ser trágico: el talento venezolano en lugar de jugar partidos de exhibición contra otro oponente, se juega la vida en una autopista luchando contra una dictadura.

OTRAS CRÓNICAS DE PROTESTA

#5A: Tiros, gases y coraje en la autopista

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29A: 12 horas con la esperanza de Venezuela

#01M: El derrumbe de dos mitos

#03M: “Los venezolanos no somos este odio” 

Tribunal

¿Puede un civil ser juzgado por un tribunal militar?

Por: Edwins Borges  | @EdwinsBorges

Ante la delicada situación que se ha presentado debido al uso de tribunales militares para juzgar civiles en los últimos días, es necesario un análisis desde el punto de vista objetivo de los Derechos Humanos, a partir cuenta 3 documentos legales: el Código Orgánico de Justicia Militar, la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En el Código Orgánico de Justicia Militar, se establecen los siguientes artículos relacionados civiles.

Artículo 123. La jurisdicción penal militar comprende:

  1. El territorio y aguas territoriales venezolanos; los buques y aeronaves de las Fuerzas Armadas Nacionales; y el territorio extranjero ocupado por fuerzas nacionales;
  2. Las infracciones militares cometidas por militares o civiles, conjunta o separadamente;
  3. Los delitos comunes cometidos por militares en unidades, cuarteles, guarniciones, institutos educativos, establecimientos militares o en instalaciones de entes descentralizados de las Fuerzas Armadas, en funciones militares, en actos de servicio, en comisiones o con ocasión de ellas.
  4. Los delitos conexos, cuando el delito militar tenga asignada igual o mayor pena que el delito común, sin perjuicio de lo establecido en el ordinal anterior.

Artículo 124. Están en todo tiempo sometidos a la jurisdicción militar:

  1. Los oficiales, especialistas, individuos de tropa o de marinería, sea cual fuere su jerarquía, y la situación en que se encuentren.
  2. Los alumnos de las escuelas militares y navales de la República, por infracciones no previstas ni castigadas en los reglamentos de dichas escuelas y penados por el presente Código y demás leyes y reglamentos militares.
  3. Los que forman parte de las Fuerzas Armadas con asimilación militar.
  4. Los reos militares que cumplen condenas en establecimientos sujetos a la autoridad militar.
  5. Los empleados y operarios sin asimilación militar que presten sus servicios en los establecimientos o dependencias militares, por cualquier delito o falta cometidos dentro de ellos.

Artículo 128. En los caso a que se refiere el ordinal 3º del artículo 123, si el delito común ha sido cometido por militares y por civiles, como autores principales o cómplices, todos los complicados serán sometidos a la jurisdicción militar.

Artículo 201. Ningún venezolano o extranjero, civil o militar, podrá ser detenido por las autoridades judiciales militares, sin que preceda información sumaria de haberse cometido un delito que merezca pena corporal, y orden escrita dada por el Juez competente.

De acuerdo con los artículos anteriores, efectivamente está establecido legalmente que aquellos civiles que incurran en delitos militares deben ser juzgados en un tribunal militar. Sin embargo, hay que aclarar, en primer lugar, que este código entró en vigencia en 1998, antes del proceso constituyente que tuvo como resultado nuestra actual carta magna, la cual estableció un cambio radical en el Estado venezolano, debido a que estipula que los ciudadanos deben ser juzgados por su juez natural, y además le da jerarquía constitucional a los pactos, tratados o convenciones de Derechos Humanos:

Artículo 23. Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno, en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más favorables a las establecidas por esta Constitución y la ley de la República, y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público.

Artículo 25. Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores.

Artículo 29. El Estado estará obligado a investigar y sancionar legalmente los delitos contra los derechos humanos cometidos por sus autoridades.

Las acciones para sancionar los delitos de lesa humanidad, violaciones graves a los derechos humanos y los crímenes de guerra son imprescriptibles. Las violaciones de derechos humanos y los delitos de lesa humanidad serán investigados y juzgados por los tribunales ordinarios. Dichos delitos quedan excluidos de los beneficios que puedan conllevar su impunidad, incluidos el indulto y la amnistía

Artículo 49. El debido proceso se aplicará a todas las actuaciones judiciales y administrativas y, en consecuencia:

  1. La defensa y la asistencia jurídica son derechos inviolables en todo estado y grado de la investigación y del proceso. Toda persona tiene derecho a ser notificada de los cargos por los cuales se le investiga, de acceder a las pruebas y de disponer del tiempo y de los medios adecuados para ejercer su defensa. Serán nulas las pruebas obtenidas mediante violación del debido proceso. Toda persona declarada culpable tiene derecho a recurrir del fallo, con las excepciones establecidas en esta Constitución y la ley.
  2. Toda persona se presume inocente mientras no se pruebe lo contrario.
  3. Toda persona tiene derecho a ser oída en cualquier clase de proceso, con las debidas garantías y dentro del plazo razonable determinado legalmente, por un tribunal competente, independiente e imparcial establecido con anterioridad. Quien no hable castellano o no pueda comunicarse de manera verbal, tiene derecho a un intérprete.
  4. Toda persona tiene derecho a ser juzgada por sus jueces naturales en las jurisdicciones ordinarias, o especiales, con las garantías establecidas en esta Constitución y en la ley. Ninguna persona podrá ser sometida a juicio sin conocer la identidad de quien la juzga, ni podrá ser procesada por tribunales de excepción o por comisiones creadas para tal efecto.
  5. Ninguna persona podrá ser obligada a confesarse culpable o declarar contra sí misma, su cónyuge, concubino o concubina, o pariente dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad.

 La confesión solamente será válida si fuere hecha sin coacción de ninguna naturaleza.

  1. Ninguna persona podrá ser sancionada por actos u omisiones que no fueren previstos como delitos, faltas o infracciones en leyes preexistentes.
  2. Ninguna persona podrá ser sometida a juicio por los mismos hechos en virtud de los cuales hubiese sido juzgada anteriormente.
  3. Toda persona podrá solicitar del Estado el restablecimiento o reparación de la situación jurídica lesionada por error judicial, retardo u omisión injustificados. Queda a salvo el derecho del o de la particular de exigir la responsabilidad personal del magistrado o magistrada, juez o jueza y del Estado, y de actuar contra éstos o éstas.

Artículo 261. La jurisdicción penal militar es parte integrante del Poder Judicial, y sus jueces o juezas serán seleccionados por concurso. Su ámbito de competencia, organización y modalidades de funcionamiento, se regirán por el sistema acusatorio y de acuerdo con lo previsto en el Código Orgánico de Justicia Militar. La comisión de delitos comunes, violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, serán juzgados por los tribunales ordinarios. La competencia de los tribunales militares se limita a delitos de naturaleza militar.

La ley regulará lo relativo a las jurisdicciones especiales y a la competencia, organización y funcionamiento de los tribunales en cuanto no esté previsto en esta Constitución.

Adicionalmente, están los artículos 7 y 8 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 7. Son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación. 

Artículo 8. Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Luego de observar las diferencias que hay entre el Código Orgánico de Justicia Militar y la Constitución, es necesario establecer que los tratados, pactos y convenios prevalecen en el orden interno, por tanto, si estos benefician a los ciudadanos, son los que deben ser aplicados por las autoridades judiciales y del Poder Público. La acción del juicio de jurisdicción militar no beneficia a un civil debido a que no es su juez natural. Por tanto, aquí observamos violación del artículo 23 de la Constitución, por el hecho de que no se le aplica la norma que es más favorable  para el civil. Queda por parte del Estado mantener esta violación o apegarse a los artículos 25 y 29 de la constitución y declarar estos actos nulos y realizar las sanciones que deba.

La Constitución, como carta magna, está por encima de cualquier Ley o Código Orgánico dentro del marco jurídico. Por lo tanto, el articulo 49 en su numeral 4  deja sin efecto que cualquier civil sea juzgado en tribunal militar, cosa que también representa una violación a los artículos 7 y 8 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La paz no solo es la ausencia de conflicto, la paz es la presencia de justicia. Y es justicia lo que necesitamos los venezolanos hoy.

*Edwins Borges es Licenciado en Estudios Internacionales