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Dylan mandará un discurso para la ceremonia del Nobel

Está muy ocupado, ya se sabe, y no podrá ir a Estocolmo. Sin embargo, generoso como él solo, educado y cortés como el que más, Bob Dylan, el flamante Nobel de Literatura, ese hombre en quien Homero y Safo no sólo convergen sino que hasta palidecen, se ha dignado, ha tenido la generosidad, de escribir un discurso (no una canción, un discurso) que será leído el próximo sábado 10 de diciembre tras el siempre majestuoso banquete  que se ofrecerá en Estocolmo. “El laureado de Literatura del año, Bob Dylan, no participará en la semana Nobel pero entregó un discurso que será leído durante el banquete”, informó en un comunicado la Fundación Nobel. En representación de Dylan estará Patti Smith, rockera y poetisa estadounidense, admiradora convicta, confesa y rendida del Nobel, quien interpretará durante la ceremonia ‘A hard rain’s a gonna fall’, uno de los temas insignia de la primera etapa de Dylan, que ha sido versionado más de 30 veces, y que el propio autor calificó en su momento como una canción desesperada. Sin embargo, no bastarán ni el discurso ni la interpretación Smith: si Dylan quiere cobrar los 8 millones de coronas suecas (un millón de Euros, aproximadamente) que vienen con el premio, tendrá que pronunciar una conferencia en los seis meses posteriores a la entrega. En la primavera del próximo año, Dylan tiene pautado actuar en Estocolmo y es en esa fecha (al menos en ello confía la Academia) que el cantante cumpla con el requisito.

RESEÑA: La puerta de Alcalá y otras cacerías – Leonardo Padura

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

¿Cómo era la vida cotidiana de los cubanos de finales de los ochenta y principios de los noventa? ¿Cómo es en general la vida de aquellos que nacen y crecen en una dictadura comunista? Quien quiera encontrar una respuesta a estas preguntas no se puede perder este extraordinario libro de cuentos de Leonardo Padura

Diez son los relatos que conforman el libro. Todos protagonizados por cubanos, bien sea en Cuba, Mozambique, España o Italia. No son cubanos del exilio. Son cubanos de la dictadura. Gente que no pudo salir, a la que pilló el castrismo o sencillamente nació en él, y se adaptó (o resignó) a su realidad y siguió viviendo. Que quizás es lo que más sorprende del libro: que la gente, contrario a lo que uno se imagina, sigue viviendo. Se sigue enamorando, desencantando, riendo, sufriendo, envejeciendo. La vida no se acaba ni se paraliza en una dictadura comunista, a pesar de todo lo que se deteriora.

¿Qué tipo de vida viven? He allí el quid del asunto. Si bien la precariedad de medios es notable, lo que suele unir a todos los personajes es una especie de desencanto existencial, vital. Son seres, en su mayoría, frustrados: en sus aspiraciones, en sus sueños, en sus metas. Casi ninguno está conforme con la vida que lleva, pero tampoco pueden hacer mucho para cambiarla, aunque en el fondo en casi todos subyace la esperanza de un porvenir mejor.

Con respecto a la escritura, hay que decir que es probablemente el libro de cuentos que casi cualquier escritor firmaría. Su calidad es indiscutible. Y es, quizás, la mejor respuesta para quién se pregunte, luego del boom que ha habido con ‘El hombre que amaba a los perros’ y ‘Herejes’, ¿quién es Leonardo Padura? Bueno, Leonardo Padura es ese que se venía formando con relatos como éstos y que, no ha sido casualidad sino la consecuencia lógica de un talento trabajado, ha terminado escribiendo dos grandes novelas, cuya génesis el lector podrá encontrar en este más que recomendable libro.

La puerta de Alcalá y otras cacerías

Autor: Leonardo Padura

Páginas: 201

Año: 1998

Calificación: 8/10

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Cuando salí de Cuba – Luis Aguilé

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

De las muchas canciones compuestas por el exilio cubano, esta es, seguramente, la más simbólica y clásica de todas. Un tema que trascendió hasta convertirse en un himno; la canción con la que muchos cubanos se despidieron de este mundo, el réquiem con el que no pocos de ellos, bandera sobre el ataúd, bajaron a la tumba.

Curiosamente, no fue compuesto precisamente por un cubano sino por un argentino: Luís Aguilé, quien, en aquellos gloriosos sesentas, era todo un rompecorazones, estrella de la radio y de las tarimas, y ante quien Latinoamérica toda, pero especialmente La Habana, se rendían. Allá, precisamente, ganó algún disco de oro, varios premios y muchos dólares. $16.000 verdes tenía cuando la revolución implantó un control de cambios e impidió que se pudiera sacar nada en monera extranjera. Apenas comenzaba, por los que guardó esperanza de poder hacer algo. Contactó con un connacional suyo, Ernesto ‘Che’ Guevara, quien le prometió hacer lo que pudiera: desbloquearle $1.500 y quedarse él (o la revolución) con los restantes $14.500. Como algo es mejor que nada, el argentino tomó el dinero y se marchó de La Habana para no volver nunca más.

De esa experiencia, pero sobre todo (y esto vino a saberse años después) de una cubana que lo había embelesado, a quien evidentemente no volvió a ver, nació este tema, que, cosas del destino, perdió todo su sentido romántico para convertirse en un canto de destierro, en una añoranza por la tierra de la que se salió para no volver, y que hicieron suyos no solo el exilio sino cantantes cubanos de la talla de Celia Cruz, cuya versión con trompeta, más melancólica y cubana, y puede que más sentida, es la que usaremos a efecto de este texto.

Nunca podré morir
Mi corazón no lo tengo aquí
Allá me está esperando
Me está aguardando que vuelva aquí

La primera línea sirve para explicar por qué se volvió una especie de réquiem, un canto de entierro: “Nunca podré morir”. Esto es una afirmación de eternidad, si se quiere de consuelo. Aunque lo que sigue es realmente triste: no morirá, al menos no del todo, porque está incompleto, porque no tiene su corazón consigo, sino lejos, esperando y aguardando. Hay la idea de un reencuentro, de un volver.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

He allí el coro, todo un lamento. Vida y amor dejados allá. El corazón enterrado. Poca explicación necesita. Poca lectura da. Es la experiencia del destierro, de lo que significa dejar el sitio de uno, lo que en él se queda. En la versión de Aguilé no varía, pero en la de Celia, el inventario sentimental aumenta en el penúltimo coro: “Cuando salí de cuba dejé mi madre, dejé mi amor”. Mete allí su historia personal: la de una hija que un día partió y dejó a una madre que más nunca volvió a ver.

Late y sigue latiendo
porque la tierra vida le da,
pero llegará un día
en que mi mano te alcanzará.

Luego de la tristeza de la primera estrofa y el coro, surge esta segundo cuyo mensaje es netamente de esperanza: “llegará un día en que mi mano te alcanzará”. Todos los desterrados, desde aquel salmista que recordaba los canales de Jerusalén hasta este cubano que sueña con La Habana, aguardan siempre ese día del reencuentro. De volver.

Una triste tormenta
te está azotando sin descansar
pero el sol de tus hijos
pronto la calma te hará alcanzar.

Otra estrofa de esperanza, y un modo muy simbólico de metaforizar la revolución: “una triste tormenta que azota sin descansar”. El matiz que da el adjetivo triste es interesante. No es sólo la fuerza devastadora de la tormenta, lo incesante de su embestida, es la tristeza que trae, y más que eso, lo que duele ver que algo así caiga sobre un país. “El sol de tus hijos” es la esperanza. Ese sol que “pronto” traerá la calma. El tiempo demostró que no, que pronto no fue y que Aguilé fue demasiado optimista. No obstante, fue capaz de dejar para el recuerdo un tema inmortal en el que condensó la nostalgia de tantos.

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Los obispos quieren elecciones ya

La desconexión entre Roma y Venezuela parece ser total. Mientras El Vaticano, con el Papa y su enviado especial van por un lado, los obispos venezolanos parecen ir por otro. Sorpresivamente han sido las voces del episcopado venezolano, con el Cardenal Jorge Urosa y el Arzobispo Diego Padrón a la cabeza, las que con más dureza han criticado los resultados de la Mesa de Diálogo. Y ante la perspectiva de la próxima reunión, los Obispos han pedido una cosa: elecciones. “Uno echa de menos que en el último comunicado de la anterior reunión, no se haya referido nada al tema electoral, y eso es algo que está muy pendiente porque hay una crisis política muy grave y esto necesita una resolución”, dijo Urosa en días pasados. Igual se ha manifestado el Obispo Emérito de Los Teques, Ovidio Pérez Morales: “No más distracciones, soporíferos shows o dilaciones: El 6D debe fijarse fecha para el Referéndum Revocatorio 2016 o para una consulta electoral equivalente. Que el pueblo diga qué quiere (…) Basta de andar por las ramas y con paños calientes (…) que el diálogo decida la fecha del revocatorio”, escribió en su cuenta de twitter. Padrón, por su parte, expresó el descontento de la iglesia venezolana por cómo se están llevando las cosas: “La Conferencia Episcopal no está contenta con el desarrollo del proceso de diálogo como tampoco creo que lo esté la Santa Sede, porque diría que más de 80% de los venezolanos no están de acuerdo”, dijo. Con respecto a la situación actual, Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal, pronosticó que la crisis podría derivar pronto en un colapso total: “Por el contacto con la gente nos percatamos de que hay miedo porque no se sabe si llegaremos a la Navidad con cierta tranquilidad. La crisis que vivimos va a producir un colapso en el país, en un momento podemos encontrarnos paralizados y será cuando el gobierno deba asumir su responsabilidad en los cambios radicales que se requieren (…) El gobierno atribuye todo a una guerra económica que no ha sido capaz de derrotar. El momento es tan tenso y riesgoso que no puede lograrse nada mediante el desencuentro. El gobierno debe oír el clamor del pueblo y entenderse con la oposición”

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“El bravo pueblo te dará una lección”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“Tú de pana que eres bien pasado, chamo”, me suelta Carlitos por saludo. Me lo encuentro de frente en la Plaza Los Palos Grandes y ni modo. “Ahora echándole la culpa al himno porque perdiste con tu dialoguito y Maduro se va a quedar para siempre. Igualito que cuando te daba esas pelas jugando Play. Siempre con una excusa para todo”. “Pues para no leerme nunca estás muy enterado de lo que escribo”, le respondo. Se ríe. “No te emociones que este artículo tampoco lo terminé”. “Y eso que era corto”, acoto irónico. “Pero con unas cosas en latín y sin traducción. ¿A quién se le ocurre, pana?”. Por respuesta alzo los hombros. “Sí, a ti. Pero chamo, ayúdate un poquito. Meter vainas en latín a estas alturas”. “¿No queda pavo?”. “Queda gallísimo. Cero pavo. Con eso no levantas ni un culo”. “Evidentemente no a ninguna de las brutas con las que tu andas”. “Que son las que a ti más te gustan”. Finjo demencia y busco cambiar de tema. “¿Pero por qué será que en este léxico avícola nuestro los pavos tienen mejor fama que los gallos si son unos pájaros gordos que ni vuelan y además…”. “Eh, eh, eh –me interrumpe–. No vayas a empezar con tu analizadera de palabras y con tu cosa. Los pavos son pavos, los gallos son gallos, y tú –me señala con el índice–un hablador de paja que nos metió en este peo”. “¿Yo?”, pregunto alelado. “Sí, tú. El de vamos a calmarnos, vamos a sentarnos, dialoguemos”. “¿Pero tú de pana crees que yo soy el culpable de eso?”. “Ah, no, voy a ser yo, que soy un pobre ingeniero y estaba en contra”. “Ah, no, entonces voy a ser yo, que soy un pobre periodista”. “Pero estabas a favor y lo escribiste”. “Ajá, ¿y?”. “Que convenciste a un montón de gente”. “jajajaja ojalá tuviera yo ese poder”. “Ríete, sí”. “Es que tiene cero sentido, bro. Yo escribo unos articulitos que leen veinte personas si acaso, y me vas a decir tú que convencí a medio país”. “Eso lo compartió mucha gente”. “Qué mucha gente nada”. “A cada rato aparecía en FB”. “Eso es porque eres amigo de mis papás, que se la pasan compartiendo todo”. “No man”. “Igual eso no importa. A ver. Yo no tengo ningún tipo de remordimiento. Apoyé el diálogo porque era la opción más sensata y la más viable de todas”. “Marico, viable nada. Se sabía que no iba a funcionar”. “Tanto como saberlo, no”. “Tanto como saberlo sí, yo te lo dije”. “Lo dijiste por despecho. Porque querías peo y no lo hubo”. “No, bro. Lo dije porque era evidente: que una dictadura se siente y le dé todo a una oposición pacíficamente en una mesa, esa no existe”.  “Claro, pero a ver. Yo en el fondo a lo que le apostaba era a que el gobierno quedara en evidencia, que no respondiera nada de lo acordado, y entonces El Vaticano le diera la bendición a tu tan ansiada rebelión y con él tuviéramos apoyo de toda la comunidad internacional”. “Y yo te dije, vuelvo y me repito, que eso no iba a pasar, que El Vaticano no se iba a meter en eso”. “Todavía puede hacerlo. El 6 hay reunión”. “Y entonces plantearán una reunión para enero. Y luego otra para marzo y así hasta 2018. No va a haber punto de quiebre. Y si la oposición se para de la mesa va a ser sola y sin los curas”. “Yo de pana espero que no”. “Anótelo, como todo lo que le he dicho, mi hermano. Es de lógica”. “Entonces nos jodimos”. “Entonces nos jodieron. Porque si hubieran dejado ir la marcha a Miraflores otro gallo cantaría”. “El otro gallo que cantaría es que el ‘yo te lo dije’ no lo dirías tú sino yo. Porque esa marcha no iba a tumbarlo”. “¿Cómo lo sabes?”. “De la misma manera que tú sabías lo del diálogo: por lógica simple”. “Con esa lógica simple tuya te pelaste de lleno”. “Pero es que pueblo no tumba gobierno, chamo. Había que buscar por otro lado”. “Pueblo no, pero bravo pueblo sí. Y el himno lo dice clarito: bravo pueblo. No las jevitas cagadas de la MUD”. “Bien bueno. Le salió otro defensor al himno”. “Defensor no. Pero allí dice bravo pueblo”. “Igual es otra mentira, bro: el bravo pueblo no existe. No ha existido nunca”. “Lo que no existe son dirigentes con bolas”. “Los dirigentes son reflejo de la gente. Si los dirigentes son eunucos es porque la gente es así y los quiere así. Punto”. “No todos somos así”. “Entonces manifiéstense, hagan algo”. “En eso estamos. Pero mientras los medios estén llenos de gente como tú con sus ‘vamos a calmarnos’”. “Hubieras estudiado periodismo, entonces”. “Ya bastante hambre pasé de pequeño como para seguir en eso”. “Bueno, lástima”. “Sí, lástima”. Cedo: “De todos modos estamos en el mismo barco, bro: igual de jodidos y con las mismas ganas de querer salir de esto. Estoy convencido, casi seguro, de que sin militares u otra fuerza, a base de pura gente, no van a lograr nada. Pero bien pess”.”Prepárate, porque el bravo pueblo te dará una lección, Abdalita”. “Ver para creer”.

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El negocio del siglo lo hacen los rojos con el paralelo

Dólar Today, dijo ayer Diosdado, es la responsable del empobrecimiento de la gente. De la gente de clase media, se entiende. Porque ayer, manipulador nato, hizo esa distinción: que DolarToday estaba empobreciendo a la gente de clase media; entre la cual, por cierto, no se incluyó. Como para dejar claro que él está en otra liga, y no precisamente AAA. “¿Sabe usted quién dirige Dólar Today? La oposición venezolana. No somos nosotros. Es la oposición que tiene una guerra contra este país”, fueron parte de sus palabras, más bien excusas, para lavarse las manos y justificar la crisis. Pero no es la oposición venezolana, sino el gobierno nacional, del que él forma parte, quien tiene el monopolio de los dólares preferenciales (a BsF 10), que es el negocio del siglo. El ejemplo lo dio anoche el abogado Andrés Guevara en su cuenta de twitter y sirve para ejemplificar de modo impecable lo rentable que es nuestra miseria para los rojitos que tienen acceso al dólar a 10BsF: con apenas vender $2.500 en el mercado paralelo consiguen bolívares suficientes para sacar $1 millón del preferencial. Así de fácil. Resulta, incluso, más rentable que el narcotráfico, porque además no tiene prácticamente ningún riesgo en un país sin instituciones y en el que la corrupción campea. “Cuanto más se incremente la brecha entre tasa Dipro (10 Bs.) y paralelo, más se enriquecerán los que tienen monopolio de divisas preferenciales”, explicó Guevara. Y quienes lo tienen, quienes se enriquecen, quienes se benefician, son, repetimos, los rojos-rojitos.

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Así se va la gloria del mundo, Fidel

Al final, a eso quedó reducido el que sus viudas mediáticas han llorado estos días como el último revolucionario, la última leyenda, el mito de mitos. El ganador de todas las batallas, y sobreviviente, según fabulan sus adeptos, de 650 magnicidios, no es sino una cajita de cenizas cubierta por una bandera y transportada por un descapotable que parece más un carrito de juguete de niño gringo que un vehículo militar serio. El rebelde que un día desembarcó del Gramma para internarse en la Sierra Maestra y bajar triunfante un primero de enero a Santiago de Cuba a declarar la revolución, es hoy una cajita llevada por cinco soldaditos sin valor cuyos méritos (no hay que ser muy perspicaces) bien se puede resumir en docilidad, obediencia y mansedumbre. El hombre que fusilaba sin clemencia, expropiaba a su antojo y mandaba a su arbitrio terminó reducido a eso. “El Caballo”, ese que se adueñó no tanto de una isla como del destino de casi 10 millones de personas, que separó familias y destruyó afectos; el responsable de tantas despedidas sin rencuentro, el que hundió en las miseria a la mayoría de sus connacionales, les dio alimento de primera a los tiburones del mar caribe, y le regaló a La Florida, esa península abandonada en la que los gringos apenas y vacacionaban en invierno, una inmigración trabajadora y próspera; ese hombre, decimos, que parecía, que se creía, inmortal, ya no es más que un mal recuerdo. “Sic transit gloria mundi” (así se va la gloria del mundo) decían los clásicos latinos. Y nosotros, al ver esta foto, no podemos sino refrendarlo con alivio.

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¿Pueblo tumba gobierno?

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Uno de los mitos fundacionales de esta cosa rara llamada venezolanidad, de la que uno ya no sabe si sentirse orgulloso o avergonzado, dice que fuimos arrullados desde el vientre materno con el himno nacional. Así suele comenzar siempre la explicación de nuestras virtudes colectivas: que nuestras gloriosas madres (el matriarcado siempre presente) nos dormían cantando el himno y por eso somos (…inserte aquí ese rasgo positivo). Es de un reduccionismo atroz, claro, pero dado que las explicaciones complejas, los análisis sesudos o la lógica cartesiana ya está demostrado que no funcionan para interpretarnos ni entendernos, puede, no sé, que esto sí. Por lo menos para mí, que le aposté con todo a la salida de Maduro este año, ver que llega diciembre y no solo no se ha ido sino que no se irá por lo menos hasta 2018 y eso con suerte; a mí, digo, esa es la última explicación que me queda: que todo es culpa del himno. Y no son pataleos de mal perdedor (yo, que crecí escuchando a Franco, ‘claro que sé perder, no será la primera vez’), sino la única explicación racional (sí, racional) que encuentro: en esa desgracia compuesta por Vicente Salias y musicalizada por Juan José Landaeta está la culpa de todo.

¿Por qué?

Porque canta y cuenta una mentira más grande que la catedral de Tucupita (esa improbable joya neoclásica que nadie sabe cómo fue erigida allí): que al grito libertario del pobre el gobierno tiembla (y tiembla de pavor), y que el pueblo es capaz de lanzar, de librarse, del yugo que lo oprime.

‘Bullshit’, que dirían los gringos. ‘Eso son puras mentiras’, que cantarían Los Amigos. Y como contra facta non valent argumenta recuerdo lo que aprendí en historia: Medina salió por un golpe adeco-militar; Gallegos, por un golpe militar; Pérez Jiménez, por una conjura cívico militar; CAP, que sobrevivió al Caracazo (pueblo alzado) y a dos intentonas militares, lo sacó un conciliábulo político vía TSJ; y a Chávez, tras masacrar una marcha en la tarde, lo sacaron unos militares que le pidieron la renuncia en la noche. ¿Alguno de esos yugos el pueblo lo lanzó? No. Ninguno. En el mejor de los casos, y para hacer la cosa más épica, para meterle epopeya ciudadana (esa que tanto nos gusta), colaboró. Y colaboró como las abuelas en las parrillas: con un quesillito o una torta (que lo mismo se les quedan y tampoco pasa nada, igual hay parrilla); es decir, con algo prescindible.

He tenido que vivir casi tres décadas para entenderlo. Me pasé todo el chavismo y parte del madurismo jurando que con marchas, paros guarimbas y rebeliones lo sacaríamos. Me pasé todo el chavismo y lo que va de madurismo buscando culpables, traidores, esquiroles, blandengues, malos estrategas y responsables de que no pudiéramos, siendo pueblo y mayoría, sacarlos. Pero es que yo, como los constituyentes que redactaron el 333 y el 350, fui arrullado con esa mentirosa canción. Ya no más. Hasta aquí llegó la falsedad. Se acabó el cuentico de hadas democrático. La tontería de que la soberanía reside en el pueblo. Después de ver cómo con el 80% de la población pidiendo su salida el dictador va a terminar este año, desgobernar el siguiente y cuidado si no el de arriba también, después de este golpe (solo equiparable al descubrimiento del Niño Jesús, y ni siquiera) ya lo tengo aprendido e incluso lamento ser tan conservador y poco dado a los tatuajes para no grabarlo con tinta en la piel (quedará en la mente, qué remedio): pueblo no tumba gobierno. Y narco-dictadura menos. Hace falta más. Mucho más. Otra cosa. De eso que no tenemos. Y allí, conste en texto ya que no en acta, está la gran y dura lección de este triste año, el XVII de la Revolución.

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Vienen días duros

Una catástrofe económica de una magnitud nunca vista está a punto de cernirse sobre Venezuela en lo inmediato. Algo que no vivieron ni nuestros bisabuelos durante las locuras de Castro (Cipriano), y solo equiparable, quizás, a los tiempos duros de las guerras federales y de independencia. Si lo de este año pareció malo, preparémonos: días vendrán en los que la miseria de 2016 nos parecerá incluso añorable. Lo que viene es aún más fuerte y de consecuencias imprevisibles. No se trata, como dice Maduro y replica ‘Últimas Noticias’ en grandes titulares, de una guerra contra el bolívar o de un intento de pulverización de la moneda, sino la consecuencia lógica de unas políticas económicas desastrosas mantenidas en el tiempo. Ya los mercados se dieron cuenta de que no habrá cambio político alguno, y de que Maduro seguirá al frente, imprimiendo billetes sin sustento, aumentando salarios sin productividad que lo respalde, quemando las reservas y sin tomar ninguna decisión económica importante y útil. Y por todo ello el dólar paralelo (por el que se rige toda nuestra economía, gracias a los controles del goberno) explotó. ¿Y qué es lo que viene? Ruina: quebrarán algunas empresas, las pocas que sobrevivan lo harán a media marcha, ninguna producirá a tope, desaparecerán productos de los anaqueles, se quedarán algunos pocos, en su mayoría estarán a precios impagables que además irán aumentando con frecuencia semanal, cuando no diaria, habrá más desempleo, la necesidad traerá consigo un aumento de los delitos y de su crueldad, la industria delictiva se afianzará, la gente seguirá enflaqueciendo y enfermando, los medicamentos evidentemente no aparecerán y seremos cada vez más semejantes a los pueblos paupérrimos de Cuba, Haití o el África Subsahariana. Vienen días duros y están a la vuelta de la esquina.

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Louise May Alcott, autora de ‘Mujercitas’

Tal día como hoy en 1832 nació en Pennsylvania Louise May Alcott, una interesante escritora norteamericana que dejó para la posteridad uno de los libros juveniles más famosos: ‘Mujercitas’. A pesar de lo poco atractivo del título, que se debate entre la naftalina y lo cursi, se trata realmente de una de las más entrañables novelas de la Guerra Civil Norteamericana, en la que se cuenta la historia de cuatro niñas que se convierten en mujeres mientras dura este conflicto bélico. La novela tiene ribetes autobiográficos, ya que la propia Alcott vivió la guerra civil e incluso participó en ella como enfermera voluntaria. Escrita por encargo y en un tiempo record de diez semanas (Alcott pasaba más de 10 horas al día redactando), tuvo un éxito inmediato que se ha alargado hasta nuestro tiempo, contando con innumerables reediciones y adaptaciones al cine, al teatro y a la televisión. La novela tuvo una continuación llamada ‘Aquellas mujercitas’, que se suele editar ya como parte de un mismo volumen. ¿Qué tuvo para haberse convertido en clásico? Primero, el magnífico trazado de los personajes protagónico, las cuatro hermanas cuyas historias, para quien ha leído el libro, terminan siendo inolvidables; y en segundo lugar el contexto, que está muy bien recreado, y hace que el lector se meta tanto en la historia como en la época. En fin, un clásico ameno, que si bien no cambia vidas, por lo menos entretiene de la mejor manera.