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RESEÑA: Vida de un escritor – Gay Talesse

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La ‘Vida de un escritor’, de Gay Talesse, es de todo menos eso. Quien busque encontrar allí los intríngulis y las costuras del trabajo de ese extraordinario periodista, los secretos detrás de sus fantásticos reportajes, los entretelones de aquel resfriado de Frank Sinatra, del viaje de Alí a La Habana, o de cómo escribió ese perfil del perdedor Floyd Patterson, quien busque encontrar algo de eso, que busque mejor en ‘Retratos y encuentros’, la antología de reportajes suyos que también editó Aguilar, porque en ‘Memorias de un escritor’ no hallará absolutamente nada.

¿Qué hallará entonces? A un Gay Talesse bloqueado, que para salir de un compromiso con su editor, que ya le había pagado por adelantado unas memorias, juntó retazo de reportajes fallidos, nunca publicados, les dio una cierta estructura, agregó párrafos con comentarios suyos, y de la nada sacó un libro de 650 páginas que si el lector termina es por disciplina literaria y más nada. El libro es un gran pasticho, prácticamente sin sentido alguno, en el que hay de todo un poco y termina por no haber nada, cuyo resultado final es bastante decepcionante.

El problema comienza desde el título (“Vida de un escritor”), que promete, que hace al lector esperar, algo que no es. Y sigue luego en la contraportada: “El tono de ‘VDUE’ es como si Homero lo invitara a uno a tomarse un Martini en un cómodo bar y luego te dijera: ‘Déjame que te cuente sobre mi vida, pero primero empecemos con Aquiles’”. Una mentira del Washington Post Book World, digna de entrar en la categoría de pecados mortales que sólo puede perdonar el Papa o el Obispo, porque de homérica solo tiene la extensión, y de la vida de Talesse apenas y unos retazos echados casi con gotero.

“Escribir es como conducir un camión por la noche sin luches, perderse en medio de la carretera y pasar una década en una zanja” dice Talese en la contraportada del libro. Y tendrían que agregarle “este libro” y cambiar el tiempo verbal: “escribir este libro fue como conducir…”, y allí, sí, le podríamos dar la razón. Porque efectivamente el libro parece escrito por alguien perdido, que no sabe qué hace ni adónde va, y que pasa no décadas sino siglos en unas zanjas temáticas en las que se hunde por páginas y páginas y de las que no sale sino tras unas cuantas disquisiciones.

Una manifestación negra en Alabama que es reprimida violentamente, un edificio neoyorkino y los más de diez restaurantes que albergó y quebraron, Lorena Bobbit, la mujer que le cortó el pene al marido, y Liu Ying, la futbolista china que falló un penal en la Copa Mundia de Fútbol Femenino son los protagonistas de las largas historias que se desarrollan en el libro, que van mezcladas con los recuerdos de la infancia de Talesse, algunos retazos de su paso por ‘The New York Times’, la historia de su boda, el reencuentro (de pasada) con sus familiares italianos, etc, etc, etc.

¿Qué tiene de bueno el libro? Algunas breves reflexiones de Talese sobre el periodismo, lo importante que es escuchar para ser buen entrevistador, una que otra anécdota y poco más. Eso es todo.

Vida de un escritor

Autor: Gay Talese

Fecha: 2006

Páginas: 650

Valoración: 5/10

Heinz-Dieterich

Dieterich: Estamos en las puertas de una dictadura militar

#Análisis: Fue, hasta 2007, uno de los asesores e ideólogos de la revolución bolivariana. Alemán de nacimiento y sociólogo de profesión, Heinz Dieterich trabajó cerca de Hugo Chávez y le dio bases teóricas al “socialismo del siglo XXI”. De allí que sus análisis tengan cierto prestigio. Y lo que dice en el último es interesante. En su opinión, “la constitución del ‘Comando Nacional Antigolpe’ y el nombramiento de Tareck El Aissami como su coordinador y nuevo Vicepresidente Ejecutivo colocan a Venezuela en la antesala de la dictadura militar abierta. Es el último dispositivo disponible de un Estado y modelo en agonía, previo a la instalación de un régimen militar abierto. Significa la amenaza con la fuerza brutal”. Para Dieterich un cambio de rumbo en la situación del país sólo puede provenir de 3 fuentes, a saber: “a) una mayor intervención de Washington; b) un levantamiento popular y/o de clase media; c) un cambio en la correlación de fuerzas dentro del aparato militar”. ¿Y la oposición, y la Asamblea? A ninguna le arrienda la ganancia: “la camarilla en el poder no entregará el Estado bajo ninguna de las modalidades institucionales que la oposición promueve en sus simulaciones y ‘reality shows’ parlamentarios. El diálogo con la Internacional Socialista y el Vaticano, por ejemplo, es un foro mediático y nada más. La modificación real del status quo sólo vendrá por uno de los tres escenarios mencionados anteriormente. Lo demás son memes propagandísticos y deseos filantrópicos que desconocen la realidad darwinista de las sociedades de clase y el papel de la violencia en ella”. En su cierre, Dieterich deja en el aire una pregunta: “El nombramiento de El Aissami y la formación del Comando Antigolpe representan la política madurista de siempre: improvisaciones tácticas, carentes de estrategia y perspectiva. Mientras tanto, el país sufre las consecuencias de este circo político, en el cual entretienen los gladiadores y payasos de dos camarillas de la clase dominante. A diferencia del circo romano, el pueblo está ausente. ¿Hasta cuándo?

Velas

Una exposición para reflexionar

Por: Antonieta Abreu

Fausto Amundarain, artista plástico caraqueño, es un hombre afortunado. Con 23 años, ya sabe lo que es tener una exposición individual propia. Se encuentra montada desde noviembre pasado en la galería Walter Cerquone Pojects, ubicada en La Castellana. Gracias a Emile Massieu y Marli Heredia, conocidos por el proyecto de gestión cultural llamado “Pigmento Criollo”, se produjo y conceptualizó la exposición en los espacios de la galería. Este equipo se ha encargado de que Caracas conozca los trabajos artísticos de talentos jóvenes y emergentes, además de realizar alianzas con distintos equipos de la movida caraqueña para la intervención artística en eventos, empresas, agencias, etc.

“Fausto es un maniático del papel”. Así comienza a contar Emile la historia de este artista que comenzó elaborando los llamados “PaperToys”, caricaturas hechas de cartulina y pintadas a mano como personas de juguete, que ofreció a distintos personajes del medio y hasta a políticos, y que luego fue mutando con la exploración de papeles hasta aplicar nuevas técnicas como serigrafía, desgaste, tratamiento, envejecimiento y recolección del papel.

Anonimato en Cubos

Es la primera obra de la galería. Contiene 2225 mini cubos de papel con diferentes estampados que caracterizan la vida de Fausto y lo identifican. Su elaboración implica un proceso largo que arranca con la recolección de los papeles, que puede durar de 3 a 4 años, tras los cuales los cubos son doblados durante un mes por el propio artista. Fausto fragmenta cada una de sus piezas y las convierte en formatos de puro tratamiento y envejecimiento del papel. En ellas existen detalladamente muchas figuras de protestas, crisis venezolana, sangre. Es un ensamblaje que habla mucho de la identidad de cada quien, una especie de critica a la cultura de masas, en la que vivimos anónimos entre cantidad de personas, sin una identidad definida.

Portraits of none

Es la segunda obra de la galería. En ella, el artista parte a una crítica del arte cinético y un llamado de atención sobre lo que  actualmente en Venezuela cuesta que emerja un talento reconocido. Es por esto que la galería está abierta a realizar colaboraciones con las universidades.

Desgaste en velas

La  última de las obras consiste en una instalación de velas en forma de cubo (al igual que sus demás obras), que al consumirse se reciclan. Esta muestra es de libre interpretación pero busca recordar lo efímero de la vida,  que todas las identidades al final se degradan y que todos tenemos una luz por dentro.

La exposición de Fausto seguirá vigente hasta finales de este mes y la invitación está abierta para todo aquel que aprecie el arte o tenga curiosidad por él.

SANGREWEB

Sangre en la panadería

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Estoy terminando de comer en la sala cuando una detonación interrumpe el desayuno. Le presto poca atención y sigo en lo mío. Pero por poco tiempo. El rumor de un alboroto comienza a invadirlo todo. Viene de la calle. Son gritos, son voces, son exclamaciones, es un barullo. Me asomo a la ventana pero no tengo los lentes y no veo nada claro. Mientras los busco comienzo a distinguir, de ese alboroto que ya se ha apropiado de la avenida y del  apartamento, un “¡auxilio!”, luego un “¡le dispararon, le dispararon!” y finalmente un “¡agárrenlos!”. Al asomarme, veo a dos hombres que caminan rápido y volteando. Los persigue un coro de maldiciones, imprecaciones y gritos. También un grupito de gente. Una vecina grita en el pasillo del piso que fue en la panadería. Cuando abro la puerta ya ella ha bajado. En veinte segundos me visto y en treinta estoy abajo. En la puerta, el vigilante y dos vecinos lo ven todo. Les pregunto qué pasó y dicen que no saben, que parece que algo sucedió en la panadería. “Le dispararon al portugués, a Álvaro”, dice alguien que baja corriendo. Después de tantos años viviendo allá, al dueño lo conocemos por su nombre. Si le dieron o no, o dónde le dispararon, es un misterio. “Hay sangre, allá arriba”, nos dice la conserje, que viene de allí, confirmando así que el disparo dio en alguien. Ella no sabe si fue o no en el dueño, lo que sabe es que se iban a robar la camioneta de un diplomático.

“Los atraparon a los dos. Allá abajo los tienen”, dice el indigente de nuestra cuadra, que viene subiendo. Bajo hasta la esquina, donde una multitud tiene sometidos los delincuentes. Están los empleados del supermercado, de la panadería, los bachaqueros, los malvivientes del metro y los transeúntes. A los criminales los tienen rodeados en el suelo. Los insultan y les pegan. Les dan patadas. Ellos están en posición fetal, cubriéndose la cabeza. Sorpresivamente, no son muchachitos. Más bien cincuentones de cara común. Clemencia, piden. “¿Acaso la tuviste tú cuando le metiste el tiro al señor de la panadería, mamagüevo?”, responde un hombre antes de descargarle un puntapié. “¿Piensas tú en eso cuando matas gente, asesino?”, le dice otro como prólogo de un golpe. Pena capital piden casi todos. Pero Polisucre agua la fiesta. Dos agentes llegan, se abren espacio, desarman a los delincuentes y los esposan. Los que están alrededor aprovechan para darles los últimos golpes. No se quieren parar y los agentes los cargan. En la patrulla los montan, más bien echan, como sacos de basura. “No los vayan a soltar”, les advierten a los policías. “Acaban de dispararle a un hombre allá arriba”, les informan. Ellos cierran las puertas y se los llevan. La gente lo lamenta. “Los van a soltar ahorita”, dicen todos. Alguien, presumiblemente abogado, comienza a explicar todo el proceso: que denuncia, que cargos, que testigos, que expediente, que Ministerio Público, que fiscales, que tal y que cual. “Por eso había que matarlos, porque van a salir libres ahorita”, escucho de alguien.

Subo a la panadería entre un grupo de empleados, obreros y de gente. Cada quien tiene su historia y algo de lo que enorgullecerse. Uno cuenta cómo le agarró la franela. Otro, cómo le metió el pie. El de más allá se enorgullece de las patadas que les metió con sus botas de trabajo. El de más acá saca un destornillador, dice ‘miren lo que yo tenía’, y se lamenta (y con él los otros) de haber llegado tarde. El que tenía un alicate lo muestra en público y dice que él sí pudo pegarles con eso. Entre todos hay un cierto grado de satisfacción: porque, hazañas más, hazañas menos, realidad más, realidad menos, fue la gente la que impidió que se escaparan, la que a pesar de que estaban armados corrió detrás de ellos, los detuvo, sometió y casi envió al otro mundo antes de que el dedo etéreo de la justicia los librara.

Arriba, en la panadería, que estaba cerrada por remodelación, todo se aclara: no, no era el dueño, sino un amigo suyo, “un flaquito que viene todos los días”. Sí, la camioneta tenía placa diplomática, porque él trabaja para la Embajada de Francia. Llegaron en una moto y lo sometieron. El problema es que la camioneta no prendía. No les prendía. Por más que lo intentaron. Entonces, en una de esas, lo lanzaron de ella y le dispararon. El tiro fue a quemarropa y en un costado. Por eso, dicen, no se escuchó tan duro. Los delincuentes se guardaron la pistola y empezaron a bajar por la avenida caminando. Queriendo parecer gente común. Pero los habían visto. Alguien gritó, y después de ese alguien todos. El herido se paró porque no se había dado cuenta de que lo estaba. La sangre que chorreaba fue lo que lo confirmó. Se lo llevaron en su camioneta a una clínica. En el estacionamiento de la panadería quedó un charco de ella. Esa panadería por la que paso todos los días. Panadería que cuando ganó Chávez y empezó la revolución abría hasta las 11 de la noche. Panadería que cuando el líder murió cerraba ya a las 9 PM. Que en diciembre, tiempos de Maduro, comenzó a cerrar a las 8:30. Y en la que ahora le disparan a quemarropa a la gente a las 9 de la mañana. Para quien tenga dudas, esa es la historia de la revolución.

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Así destruye el gobierno a la prensa independiente

Ayer, en esta misma sección, les mostramos las vomitivas portadas de ‘Últimas Noticias’. Portadas a cambio de las cuáles este tabloide tiene todo el papel que necesita para sacar ediciones voluminosas y económicas. De hecho, si es el diario comercial más barato del país (80 BsF) no es precisamente porque tenga vocación popular sino por todos los contactos (y beneficios) revolucionarios de los que goza. No pasa así con los demás periódicos, y menos con los independientes. Y para muestra, un botón: el de @elimpulso, el diario más antiguo del país. Por ser independiente, el gobierno lo tiene asfixiado. No lo cierra, pero hace todo lo posible para que quiebre. Tal como informamos en nuestro mensaje de año nuevo, El Impulso arrancó enero en digital, sin poder circular en la calle, porque quedó sin papel. Hace unos días, la Corporación Maneiro, el monopolio gubernamental que vende papel periódico, por fin le envió boninas. Hoy, El Impulso ha vuelto a circular con una edición reducida de 16 páginas a 500 bolívares. Han prometido hacerlo “con más impulso”. Gran alegría, claro que sí. Pero esta historia no necesariamente tiene final feliz: el papel les alcanza para tres semanas. ¿Y luego de ellas? ¿Les volverán a llegar bobinas? ¿Se las darán cuando estén a horas de dejar de circular nuevamente? ¿O después de que dejen de circular? “¿Cómo se gerencia un periódico en esas condiciones?”, le preguntamos, tiempo ha, a su editor Carlos Carmona. “Es terrible. La incomodidad de los trabajadores es enorme. Muchos se me han ido buscando nuevos horizontes por no tener un futuro garantizado o razonablemente tranquilo, viven en una permanente duda o angustia. Adicionalmente, no puedo cerrar ningún tipo de trato o preventa a largo plazo porque yo mismo tengo la duda de si me venderán papel o no, tengo que hacer mini preventas semestrales porque no me puedo comprometer a ofrecer algo que no sé si voy a poder cumplir”. Así es como actúa la censura moderna.

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Continúa la profanación de tumbas

El último capítulo de esta saga de horror que se está viviendo en los cementerios venezolanos lo escribió el 05 de enero el diario ‘La Región’ de Los Teques al informar que sesenta tumbas del Cementerio Municipal de esa localidad habían sido profanadas. “El cadáver decapitado, con una gallina muerta colocada cuidadosamente sobre el pecho, y el ataúd flotando en un charco de agua, fue la dantesca escena con la que se encontró Isabel Vargas cuando llegó la tarde del 31 de diciembre a llevarle flores a su abuela, muerta hace 6 años”. Así arranca el reportaje del diario, que reúne, entre otros, el testimonio de Migdalia Pérez otra de las víctimas: “Al llegar estaba abierta la tumba de mi nieto (de 4 años). Los desalmados dejaron solo su ropita y la gorra que tenía. No saber qué hicieron con sus huesitos me causa angustia”. Y no se trata, desgraciadamente, de casos aislados. Al día siguiente, en Barquisimeto, el diario ‘El Impulso’ informó que durante los días de fiesta había habido nuevas profanaciones en el Cementerio Municipal de Lara, donde en julio ya habían sido abiertas las tumbas del Hogar de Niños Impedidos. Y lo mismo ha venido sucediendo en los camposantos del oriente y del occidente del país, y de la propia Caracas, donde el 40% de las tumbas del Cementerio del Sur están profanadas. Se trata de un fenómeno macabro que ha tenido su auge en los últimos años gracias a la llamada palería, un primitivo culto africano cada vez más popular, cuyos rituales requieren el uso de huesos de muertos, y que ha generado un mercado rentable. “Pagan mínimo 50 mil por cada cabeza, lo que ha desencadenado una mafia lucrativa” explican en ‘La Región’. Ésta y el fémur son las partes más buscadas. “El cráneo porque es con lo que piensa y el fémur para que el muerto camine con uno”, le explicó a Univisión un palero.

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Las últimas mentiras de Últimas Noticias

Son tres joyitas publicadas apenas en la primera semana del año por eso que alguna vez fue un periódico popular y hoy no pasa de ser un órgano de propaganda (panfleto) del PSUV. Pero son, también, tres lecciones magistrales de manipulación y estupidez. Por eso las recopilamos. “Aplauden liberación de 7 opositores”, titularon el 04 de enero, para referirse a la liberación de Manuel Rosales, Leocenis García, Skarlin Duarte, Nixon Leal, Yeimi Varela, Ángel Contreras y Gerardo Carrero, presos políticos del gobierno que gracias a la magia de ‘Últimas Noticias’ quedaron rebajados a la categoría de simples “opositores”, lo que sin embargo no le resta gravedad, ya que de todos modos sugiere (por eso dijimos lo de la estupidez) que el gobierno de Maduro apresa opositores. El 06 de enero, día siguiente del inicio del nuevo período legislativo, la noticia de apertura no fue la instalación de la AN, ni el discurso de su nuevo presidente, Julio Borges, sino unas vitriólicas declaraciones del recién nombrado vicepresidente, Tarek El Aissami: “AN amenaza la paz del pueblo”: un juicio de valor lapidario al que el periódico le dio todo el respaldo de un titular gigante. “El salario mínimo se puso buchón”, escribieron para celebrar el anuncio hecho por Maduro el día anterior. Lo que no dijeron (es más, lo que llevan tiempo sin decir) es que más buchones se han puesto la inflación y la cesta básica por ejemplo; que buchona (de cadáveres) también está la morgue, y buchonas (de dólares) hay varias cuentas corrientes de funcionarios corruptos, alguno de los cuales, seguramente, fue el que compró toda la Cadena Capriles, que fuera la propietaria de ese periódico.

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‘The Washington Post’ muestra la cara sórdida de la noche caraqueña

La gráfica es del fotógrafo venezolano Alejandro Cegarra y pertenece a un duro trabajo publicado ayer en la página web de ‘The Washington Post’, en el que el diario estadounidense, con imágenes y texto de Cegarra, muestra en toda su sordidez la verdadera cara de la violencia caraqueña. “Venezuela es un país que parece estar en guerra consigo mismo. No siempre uno está claro quién es quién. Es difícil saber en quién confiar o quién es tu enemigo, así que siempre estás mirando por encima del hombro, esperando el siguiente golpe, sin saber de dónde vendrá. La violencia ha saturado tanto la vida aquí, que la gente ha comenzado a verla como normal”, se lee en el texto. “El gobierno gasta siete veces más en armas para defender al país contra una hipotética invasión estadounidense que en seguridad civil, pero la verdadera guerra está dentro de nuestras fronteras”. “En un barrio pobre de Carapita, me encuentro con un hombre que llevaba un chaleco antibalas, escondía su cara y sostenía una escopeta. Él es la personificación de la muerte, la persona de la que hemos aprendido a tener miedo. Me pide que lo llame ‘Jhonny’: es un malandro. Entre risas, me cuenta cómo él y sus compañeros mataron a un tipo. ‘Lo hicimos bailar’, cuenta, lo que significa que le dispararon a sus pies primero. Deja de reír cuando se da cuenta de que no me estoy riendo. Entonces, en un momento de sinceridad, dice que sabe que la falta de apoyo de sus padres lo empujó a convertirse en un malandro y que nunca conoció otro modo de vida. ‘Estoy aquí porque esto es lo que aprendí a hacer’. Jhonny tiene 25 años. Yo tengo 27. Y la diferencia entre nosotros es que él dispara para matar y yo para publicar”. Puedes leer el texto completo (en inglés) y ver las fotos aquí.

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Como pa’no dejar, la AN declara abandono del cargo de Maduro

Es la noticia con la que abren hoy todos los periódicos. Todos los periódicos serios, evidentemente, no ‘Últimas Noticias’ o ‘El Universal': la Asamblea Nacional aprobó ayer el abandono de cargo de Nicolás Maduro. ¿Y con qué se toma eso? En estos tiempos y en este contexto, con soda. Porque a pesar de lo duro que suena el término lo de ayer no ha sido más que un mero acto formal, prácticamente de papel y sin repercusión alguna. En teoría (es decir: en la Constitución en su artículo 233), el abandono del cargo declarado por la Asamblea Nacional se contaría como falta absoluta del Presidente, lo que conllevaría “a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva”. ¿Y en la práctica? En la práctica hay, lo sabemos, una dictadura que se disfrazada de democracia, que controla y utiliza todos los poderes a su antojo, especialmente el TSJ, que es su caballito de batalla. Ese TSJ fue el que declaró a la AN en desacato por haber juramentado a los diputados de Amazonas (ayer desincorporados formalmente) y el que hasta septiembre había dictado 27 sentencias inhabilitando decisiones de la AN, y cuya Sala Constitucional muy probablemente hará lo propio dentro de poco con esta decisión. De modo, pues, que lo de ayer no ha sido más que un acto hecho, como se dice popularmente, pa’no dejar.

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Aumento de miseria

Quien a estas alturas todavía celebre, se emocione y aplauda el aumento del salario mínimo, es que no ha entendido nada. Venimos de un 2016 en el que hubo cinco de ellos (¡cinco!) y ninguno trajo consigo un cambio o mejora en las condiciones de vida del venezolano. El gobierno se vale de la retórica para decir que con ello hace del trabajador venezolano un hombre digno y le gana la batalla a la inflación. Todo lo contrario: mientras más han aumentado los salarios, más han subido las cosas y menos se ha podido comprar. Como las ratas que corren en una rueda que gira, y que pueden pasarse toda una vida recorriendo kilómetros sin avanzar nada, así pasa con los aumentos y la capacidad adquisitiva: podrán decretarse diez más a lo largo del año, y las condiciones de vida se mantendrán igual de estancadas. Así funciona este perverso sistema económico. Y por eso, mientras no se cambie, mientras no se hagan las reformas necesarias, no habrá posibilidad de avance ni progreso alguno para nadie. Para nadie decente, se entiende. Las cuentas de ahorro y cuentas corrientes de los trabajadores se podrán llenar con montos impensables hace un año, e igual no valdrán nada. Ilusión de dinero, fantasía de riqueza, sensación de opulencia que seducirá a unos cuantos bobos ideologizados y se estrellará siempre contra la realidad de los precios de la calle, que seguirán subiendo. Es un sostenimiento continuado en la misma miseria, un no avanzar ni progresar en nada. De hecho, tras ese anuncio de ayer, lo que se esconde, implícitamente, es una declaración de intenciones de no hacer absolutamente nada para cambiar la situación, sino, por el contrario, seguirla manteniendo y continuar alimentando al monstruo de la miseria, que, ese sí, es el único que aumenta.