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Yago, en tres líneas y varias preguntas

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Ricardo Damian Lórenz tiene nombre de cuento y vida de novela. De hecho, lo primero que uno pensaría al escuchar su historia es que se trata de un personaje de ficción. Pero no. Existe. Es de carne y hueso. Y estuvo en Caracas.

Tiene 28 años, barba, los ojos claros y una Honda Biz de 100 CC con la que ha recorrido cientos de miles de kilómetros: los de las carreteras latinoamericanas. De Argentina a México, ha cruzado el continente en moto.

Salió de su casa con 22 años, $700 dólares, su Honda, dos pantalones, cuatro camisas y ropa interior. Sin una ruta definida y sólo con una sola cosa clara: las ganas de recorrer camino. Eso era (y eso es) todo. El camino.

Para cruzarlo no usa GPS ni mapas y menos brújulas. Se fía más del hombre que de la máquina, por eso se vale de un método bastante clásico, ese con el que, decían los abuelos, se llegaba hasta Roma, y que él bautizó como PPS: “Paro. Pregunto. Sigo”.

A pesar de ello, se ha perdido unas cuantas veces, aunque nunca ha sido algo que le preocupe mucho. Y si no lo ha buscado, por lo menos lo ha disfrutado. “Me gusta perderme”, confiesa.

De todas sus perdidas (que no pérdidas), la más peligrosa fue en una favela de Río. Las calles, cuenta, se iban estrechando poco a poco: de doble vía a una vía, de una vía callejón, de callejón a pasillo estrecho, de pasillo estrecho a tener bajarse de la moto para poder sacarla.

Aquella vez lo salvaron unos mototaxistas a quienes la historia de su viaje (“vengo desde Argentina en esta moto”) los sorprendió (“-Voce e maluco, cara?” -¿Estás loco, hermano?-) y entre risas lo ayudaron a salir.

Sin embargo, agrega él, tanto como la historia lo ayudó también la moto: porque por ser un modelo barato, común y corriente (y no una costosa y ostentosa Harley, por ejemplo), no era objetivo de ladrones.

Esa, para él, es una de las ventajas de su Honda: que lo ha librado de ladrones y de policías matraqueros. “La gente come mucho por los ojos, y cuando te ven así, en una moto así, se dan cuenta de que no tienes dinero y te dejan pasar”.

Créase o no, la  moto le ha abierto más fronteras que su pasaporte. Porque misteriosamente a los militares que vigilan las fronteras se les activa la imaginación apenas ven un carro/moto de valor y comienzan a inventar trabas que sólo se resuelven pagando. Con su Honda no.

Y al hablar de eso, y para ser justos, él hace (tiene que hacer) una salvedad: Chile, que, aun siendo Latinoamérica, es algo distinto, muy distinto, donde “coimear” (sobornar) a la autoridad es harto difícil, por no usar el exagerado y puede que impreciso imposible.

De los países en los que ha estado, Perú y Bolivia son los peores para conducir. “En  La Paz la gente está acostumbrada a chocarse. Hay micro accidentes en cada cuadra. Y es tal la costumbre que ninguno se baja a reclamar. Se ven a las caras y siguen”.

A Venezuela la ve como un paraíso para los motorizados por el gran poder del que disfrutan. “Aquí tienen su lugar en las calles. Los carros se les apartan no sé si por miedo o respeto. Cuando los conductores me ven, les informo que no les voy a quitar nada”, dice riéndose.

“En las malas se ven los buenos” es lo que responde al ser consultado por la situación de Venezuela. Y es que él, que viene de afuera a esta nación en crisis, se ha encontrado al llegar un país que lo ha acogido y lo ha cuidado, “que demuestra más que nunca la calidad de su gente”.

El país menos amigable con los motorizados es Colombia, por la cantidad de restricciones que hay: dos días al mes de parada para las motos, toque de queda diario para echar gasolina, toque de queda nocturno para conducir, prohibición de llevar parrilleros hombres.

Lo de los parrilleros, igual, nunca ha sido problema para él: siempre va solo, y a estas alturas del viaje, dice, ya no podría hacerlo en compañía. Se ha acostumbrado tanto a la vida nómada que otra persona significaría un estorbo.

Pero que no se le malinterprete. No es un antisocial o algo semejante. Todo lo contrario. Tiene cientos, si no miles, de amigos. Le gusta estar entre la gente y se le da bien. Pero eso es una cosa y viajar otra muy distinta.

De hecho, su primera idea era viajar con amigos. “Pero a la hora de ‘¿cómo vamos a hacer, adónde vamos a ir?’ siempre les respondía ‘no sé, no sé’, porque se trataba de un viaje no planificado y sin rumbo. Y entonces allí me decían: ‘ve solo’”. Y solo se fue.

¿Y qué hay de las mujeres? Son, cree, el riesgo más grande. “Lo peor es enamorarse. El que se enamora, pierde”. En el tiempo de viaje no ha tenido novias o amores, sino aventuras (“por montón”). A eso (o en eso) se resume todo.

Tras tanto viajar, algo (mucho) ha aprendido en carretera. Lo primero, y más básico, es de mecánica: ha hecho 31 cambios de caucho, 300 de aceite y unas cuántas reparaciones. Conoce como nadie a su moto.

También ha aprendido a comer casi cualquier cosa. “He matado pájaros y culebras”, confiesa, para luego explicar que en su moto viaja también con una pequeña parrillera en la que cocina ésas y otras cosas cuando la necesidad obliga.

No es, sin embargo, un hombre de mucho comer. Al día, máximo, hace dos comidas, siendo siempre la más fuerte la de la mañana y la más prescindible la del mediodía. Y tiene su explicación: “si almuerzo me da sueño y si duermo no manejo”.

Contrario a lo que se pueda pensar, lejos de debilitarse, su salud se ha mantenido firme. “No me he enfermado nunca”, jura, “salvo alguna fiebre o una cosa de horas”. Tampoco ha subido de peso. Y eso que ha cruzado estas selvas de mosquitos y plagas.

Tal fortaleza inmunológica se la atribuye a ese carácter distendido y alegre. “Siempre pienso, ‘¿quién dijo que por mojarme con lluvia me tengo que enfermar?’ No tiene por qué ser así. Y no me enfermo. De todos modos, la peor enfermedad es no ser feliz”.

Ha asumido la felicidad como una causa (“vivo para contagiarla cada día”). Para eso va él por la carretera de la vida: para ser feliz. Y esa es la respuesta que tiene, la única que ha encontrado, para la pregunta de por qué estamos aquí y cuál es el sentido de la vida.

Y conste que no tiene (ni pretende dar) una fórmula para alcanzarla. Pero tomando como base su singular experiencia de vida  (y vaya si tiene de eso) se pueden sacar algunas conclusiones de cómo ha hecho para alcanzarla.

Determinación es lo primero. Todo empieza (todo empezó) allí. Tomando la determinación de hacer el viaje, de lanzarse a la carretera. Y allí llegó entonces el primer gran obstáculo de todos: el económico.

Al dinero lo califica de mal necesario. Y el responsable de frustrar la mayoría de los planes de la gente. “El gran terror es no poder resolver nada económicamente”. Él lo sintió (“salí con apenas $700”) pero decidió no dejarse vencer y se lanzó, desprendido, “a un viaje sin rumbo”.

Tanto se ha desprendido, que con 28 años y en pleno 2016 no tiene todavía una cuenta en banco alguno. Cuando se acabaron los 700 dólares comenzó a buscar trabajos en donde la vida y la necesidad lo encontraran.

Ha hecho las cosas más inverosímiles e improbables. Ha sido mesonero, ha repartido frutas, contrabandeado ropa, paseado perros, repartido volantes en plazas y hasta ha trabajado como minero.  Ahora vende artesanía y a veces (él no entiende cómo) da charlas.

Todo lo que gana lo traduce en gasolina. “Cuando veo un billete, pienso es en combustible”. La sentencia, en su simpleza, resume de modo impecable lo que es el dinero para él: un medio para poder seguir viajando. No algo que acumular o a lo que entregarle la vida.

Lo mismo pasa con la moto. “Mi sueño está en  la ruta, no en la moto”. Por eso, para comprar esta Honda con la que empezó todo, vendió una mucho mejor y cara, que había sido su sueño: “La moto que más deseé fue con la que menos viajé”. De loco lo tildaron entonces.

Esa, la de la incomprensión, ha sido apenas una de las tantas contrariedades que ha tenido. Pero el sufrimiento y las piedras, lo ha aprendido, son parte esencial e importante del viaje, que nunca podrá ser bueno si está exento de ellas.

“Hay gente que a veces se frustra cuando comienzan a aparecer los obstáculos, y entonces decide abandonar. No. Sufrir y pasarla mal forma parte del camino”, dice. Y recuerda las cuatro veces que estuvo preso –siempre por problemas migratorios– y el accidente que sufrió en Ecuador.

A la salida de la conferencia que dio en la Sala Cabrujas (de donde salen los párrafos anteriores), lo abordamos para conversar con él y profundizar sobre algunas ideas:

-Háblame un poco de los obstáculos que has tenido en el camino

-Yo tuve obstáculos duros. El cruce a Centroamérica lo fue. Tuve ganas de mandarlo todo a la mierda. El costo era imposible. Pero le busqué la vuelta hasta que salió. Yo creo en eso, en que en todo lo que hagas va a haber siempre algo que no te guste, una parte fea. Pero si no somos capaces de aguantar eso y seguir un poco más, siempre vamos a estar abandonando todo a mitad de camino.

-¿Qué significa viajar para ti?

-Es mi vida. Es mi felicidad. No me veo de otra forma que no sea viajando. Nunca imaginé que llegaría a dar una conferencia o escribir un libro, y todo ha sido gracias al viaje.

-A los jóvenes venezolanos, en medio de esta crisis, desesperanzados y frustrados, ¿qué les tienes que decir?

-Mira yo no creo en ideologías ni en tonterías. La patria la hago yo. No creo en fronteras y esas vainas. Con respecto a Venezuela. A ver. No se trata de abandonar el barco porque está por hundirse, sino de buscar la felicidad de uno. Y en un momento en el que hay gente que está podrida de todo esto, creo que pueden intentar salir, viajar. Están en un momento en el que ya no tienen mucho que perder, entonces, la clave es animarse y arriesgarse. En todo aspecto. Agarrar la moto e irse. Si ya no hay mucho que perder, se trata entonces de dejar el miedo, no dejarse trabar por la situación, sino salir, hacer y deshacer.

-¿El que viaja huye de algo?

-No. En mi caso no. Me he ido siempre bien. En paz con todo, con mi familia y mis amigos. Más bien uno busca ganar amistades, experiencia. Se te amplía el mundo. Vives en una burbuja muy chiquita y no lo sabes. Cuando sales el mundo se hace mucho más grande.

-¿Y cuál es la meta del que viaja?

-Hoy en día viajo porque me hace feliz y me da la oportunidad luego de poder compartirlo. De esta charla de hoy no me llevo ningún beneficio económico. A alguno le va a llegar y alguno se va a motivar un poquito más. Entonces esa es la idea. Y con eso me doy por servido.

-¿De qué va la vida, Yago?

-De ser feliz.

-¿Y para ti la felicidad es el viaje?

-Tal cual.

-¿Qué es lo más raro que has comido?

-Un gusano.

-¿Y a qué sabe?

-Como a higo.

-¿Te sientes cómodo estando solo?

-Sí.

-¿Qué tiene de bueno la soledad?

– A ver. Yo digo que hay dos tipos de soledad. A la que te enfrenta la circunstancia y la que buscas. Yo vivo la soledad que buscas: la de estar solo en la ruta, en la montaña, en un momento de tranquilidad. Pero nunca se me da la soledad. Tengo amigos, voy conociendo gente, yendo a todo tipo de fiestas, eventos, diversión; entonces nunca me he sentido solo.  Creo que te cambia también el concepto de amistad: te das cuenta de que un amigo no es el de 20 años, sino el que te da una mano que quizás el amigo de 20 años ya no te daría. Eso te cambia completamente el concepto de amistad.  Y hago amigos más fácilmente.

-El que viaja mucho se tiene que despedir mucho. ¿Cómo afrontas las despedidas?

-Las despedidas son duras. En México, que fue el país en el que más tiempo duré parado en un lugar, que fueron casi 4 meses, allí se me cayeron lágrimas. Fue sinceramente la primera y única vez que lloré, porque creé un vínculo y amistades. Pero te dura muy poco la tristeza porque sabes que en los próximos 15 minutos vas a estar solo en la carretera, vas a tener qué resolver qué vas a comer, dónde vas a dormir, con quien te vas a cruzar; entonces es una suerte de circunstancia en la que vives siempre despidiéndote pero también conociendo gente, y se va engranando en una forma en la que la terminas pasando muy bien.

-¿Cuánto crees que va a durar todo esto?

-Si me  preguntas  hoy, toda la vida. Pero no sé cuánto va a ser toda la vida. Puede ser un año más, un mes más o dos días más.

-¿Pero tú estás claro en que va a llegar un momento en el que ya no vas a poder seguirlo haciendo?

-Ni siquiera lo he pensado porque no sé si voy a llegar a viejo. Pero si no puedo viajar en moto inventaré un triciclo, y si no puedo viajar en triciclo viajaré en carro, y si no puedo viajar me sentaré como un viejo antiguo a contarle historias a todo el mundo y allí será el final. Pero no me lo he planteado y no me preocupa porque sé que el futuro es totalmente incierto y no me voy a preocupar por algo que todavía no ha llegado y que no sé si llegará.

-¿Había, de niño, algo que hiciera suponer que ibas a terminar en esto?

-Básicamente nunca me gustó vivir estructurado, que me dijeran qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Por eso fue que terminé la escuela y en 5 años tuve muchísimos trabajos de un mes, dos meses, y no me gustaban, me cambiaba, siempre prioricé más mi tiempo que mi dinero y aunque nunca me lo imaginé creo que esto es lo que estaba designado para mí porque no me veo de otra forma.

-Define en una palabra los siguientes países:

Argentina: orgullo | Chile: distinción | Perú: tradición | Bolivia: uy, diferente | Ecuador: tranquilo | Uruguay: lindo | Paraguay: noble | Brasil: locura | Colombia: fiesta |  Venezuela: energía, hermano | Panamá: distintivo | Honduras: inconforme | El Salvador: conflicto | México: maravilloso.

POBREZAWEN

Somos más pobres que Haití

“Contra factum non valet argumentum” (contra los hechos no valen los argumentos) decían los latinos, y nosotros no podemos sino darles razón. Por más discursos bien o mal recitados, por más cadenas, por más propaganda, por más retórica y por más argumentos o silogismos que se usen para pretendernos llevar a creer que la llamada “Revolución Bolivariana” de 1998 fue la salvación de Venezuela, los hechos hablan por sí solos. Y es un hecho que hoy, tras 19 años de ella, Venezuela no es ni de lejos el paraíso; por no ser, no es ni siquiera un país civilizado; y por ser, somos tan o más pobres, incluso, que Haití. Ése es el verdadero legado (la siembra, para decirlo con el lenguaje cursi y ridículo de sus seguidores) del Comandante Eterno que se murió: un país miserable. Así se desprende de la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI) 2016, cuyos resultados (hechos sobre una muestra de 6.500 familias) fueron presentados la semana pasada. La encuesta, que cuenta con el aval de la UCAB, la UCV y la USB (por eso es que las tienen asfixiadas), revela que el 82% de los hogares venezolanos vive en condición de pobreza. De ese porcentaje, hay 52% de hogares en pobreza extrema, y sólo un 18% de hogares privilegiados que no se encuentran en situación de pobreza. 75% de los encuestados refirió haber sufrido pérdida de peso no controlado en un promedio de 8 kilos y medio durante el año, lo que se explica porque, siempre según el estudio, hay actualmente 9,6 millones de venezolanos que hacen dos o menos comidas al día con frecuente ausencia de proteínas en sus platos (tubérculos, harinas, pan y pasta, hortalizas y arroz son los alimentos más consumidos):  93,3% dice que los ingresos no son suficientes para la compra de alimentos. Eso es vivir en socialismo.

LOSCHERWEB

Adiós, padrino

Este obituario se ha demorado más de la cuenta porque desde que nos enteramos de su fallecimiento nos ha costado tremendamente encontrar las palabras para despedirlo. Y es que para nosotros Iván Loscher fue mucho más que ese irrepetible locutor de voz casi sobrenatural que desde ayer comenzó a llorar Venezuela. Habría que remontarse varios años atrás, casi una década prácticamente, para entender lo que él significó y aún desde la eternidad seguirá significando para @RevistaOjo. No éramos todavía sino un proyecto que vivía en ese plano abstracto e inmaterial de las ideas, cuando Iván, ya figura consagrada, ya estrella fulgurante, ya en el Olimpo de la radio, comenzó a apoyarnos con un entusiasmo tremendo. De los muchos parteros que tuvo esta revista, él fue uno de los que más trabajó y ayudó para nuestro nacimiento. Y no sólo eso: para que creciéramos y nos consolidaramos. Su apoyo desinteresado y generoso está grabado en piedra en nuestra historia. Y al recordarlo, todavía nos conmueve: cual jefe de prensa, nos cuadró cuánta entrevista pudo; nos presentó y habló bien de nosotros con cuánta persona pudo; y hasta cuñas gratis nos hizo en su programa. Y eso, repetimos, siendo él una estrella consagrada y nosotros un proyecto estudiantil; es decir, sin necesidad alguna. Pero lo hizo, y lo hizo siempre con genuina convicción, con desprendimiento. Porque eso era Ivan Loscher. Ése era Ivan Loscher. Intentaremos no defraudarte, maestro. Pero tú échanos una manito desde donde estés. Gracias eternas y totales. Siempre serás parte de nuestra historia.

Gea

Review: Pink, de GEA

Por: Humberto González

Siete pequeños temas conforman el último EP de GEA. Una sucesión de fantasía y musicalidad hechas poesía a través de los instrumentos. Pink es un pequeño disco hermoso que remite a lo más poético y melodioso de la música, desde sus propuestas acústicas hasta sus temas más oníricos, que crean una atmósfera que trasciende los márgenes de la música y la configura como un viaje de sensaciones.

La experimentación detrás de la capacidad creadora de Laura Avonius es notable, y su esfuerzo se traduce en proponer una estética musical más minimalista y simple. Desde la armoniosa “Followers”, seguida de “Pink” y hasta la más movida “Real You and Me”, Pink es uno de los discos más interesantes de la creadora proveniente de Finlandia, que con solo 7 temas concreta una genialidad musical que trasciende los géneros, o quizás, intenta llevar más allá las tradiciones de ellos.

MASTROWEB

Así tratan en Vargas a los docentes

“Somos docentes, no somos delincuentes”, gritaron, pero no hubo manera. La Policía de Vargas los trató como criminales. Ni siquiera, porque con ellos (cuando los atrapan, que es casi nunca) son más delicados. Pero estos eran maestros, gente que se dedica a la enseñanza, a impartir conocimientos, a explotar el potencial de los jóvenes; enemigos de ese pueblo que necesitan brutos, pues. Estaban en la calle porque la Gobernación no les había pagado los últimos aumentos. No es sólo que ganan sueldos de hambre, sino que además no se los pagan ni a tiempo ni completos. Cuando se los cancelan, ya la inflación se ha comido el poco beneficio que podrían generar. Por eso, se habían organizado para entregar en la Casa Guipuzcoana (sede del Gobierno de Vargas) un documento exigiendo que cumplieran no con un regalo sino con un derecho. Salieron de la Plaza Los Maestros y cuando se aproximaban a la sede de la Gobernación, una cadeneta de policías los esperaba. No eran más de setenta los educadores (entre activos y jubilados) pero había un despliegue considerable de policías. Forcejearon, les rompieron las pancartas, pero lograron pasar. Sin embargo, cuando llegaron a la sede de la Gobernación se encontraron con un contingente de policías con equipos antimotines que les impedía el paso. Y fue allí donde alzaron su voz (“somos docentes, no somos…”) y fue allí donde, sin mediar palabra, agarraron a uno de ellos, le hicieron una llave y lo arrastraron por el cuello hasta una patrulla. Corajudas como siempre han sido, las maestras se envalentonaron y trataron de evitar que se lo llevaran. Y la policía recurrió a lo que es lo suyo: la fuerza bruta. Las golpearon y detuvieron a otros tres, que estuvieron presos hasta la noche. “Quienes nos golpearon y los que están detrás de ellos tienen que pagar porque es un delito. El gobernador parece odiar a los docentes”, dijo una de ellas. Y es obvio: en un pueblo alfabetizado y educado, él no hubiera llegado ni a concejal.

NOLIAWEB

El infierno de Mandinga

Estaba, literalmente, en la cima de su carrera. Era la gran estrella de VTV. El hombre del horario estelar. Heredero de Mario Silva, gozaba de libertad plena para insultar. Tenía licencia de tercera clase para difamar. Y lo hacía, incluso, con cierto ingenio. Ponía motes y remoquetes. Apodos ofensivos que solían rayar en el insulto. Iba con aire de sabio y toda la seguridad que le daba el saberse intocable. Y entonces, de repente, desapareció de la pantalla. Fue, literalmente, de la noche a la mañana. De un día para otro. Más nunca se supo de él. Al menos en televisión. En redes sociales intentó hacer un poco de ruido, pero sus cuentas fueron hackeadas. Inesperadamente, en internet comenzó a publicarse material privado suyo: mails, fotos, conversaciones, cuentas bancarias, números de teléfono y hasta su dirección fiscal. Era un hombre acabado. ¿Cómo y por qué cayó en desgracia? La respuesta la tiene un hombre con nombre y apellidos árabes: Tarek El Aissami. La desgracia de Alberto Nolia fue haberse metido con el actual Vicepresidente, para entonces Ministro del Interior. Su condena fue haber salido una noche en VTV a criticar la ley de desarme que El Aissami promovía. Eso bastó para defenestrarlo. Mejor dicho: para desaparecerlo. Al día siguiente de aquel programa, desapareció para siempre. “El problema es que yo critiqué duramente esta estupidez que llaman Ley Desarme, cuyo padre es Tarek El Aissami. Por criticar esta ley salí de VTV, y comencé a atacar esta ley en redes sociales. La respuesta de Tarek fue hackearme el teléfono, hackearme las cuentas de twitter (…) y cometió la increíble vileza, porque Tarek es un ser rastrero y despreciable, de enviar un twitt como si fuera yo pidiéndole disculpas a él (…) Esa es la ética del narcotráfico”. Eso lo dijo en una de las pocas entrevistas que pudo dar después de ello. Lo que dice en ella, a la luz de lo descubierto la semana pasada por el Departamento del Tesoro, no tiene desperdicio. ¿Qué sabía el periodista más chavista de VTV de nuestro actual Vicepresidente? Nosotros cumplimos con dejarles la entrevista. Ustedes escúchenla y saquen sus propias conclusiones:

ROMULOWEB (1)

Hace 109 años nació Rómulo Betancourt

Pesadilla recurrente de todos los comunistas venezolanos. Azote de guerrilleros. Martillo de dictadores latinoamericanos. Hombre odiado hasta la saciedad y después de muerto por cualquier revolucionario que se precie serlo, Rómulo Ernesto Betancourt Bello vino al mundo en Guatire tal día como hoy en 1908. Integrante de la generación del 28, fue uno de los jóvenes que se levantó contra el gomecismo, lo que le costó el primero de sus varios exilios. Fundó Acción Democrática (1941) y encabezó los dos primeros años (1945-1947) del llamado trienio adeco desde la presidencia de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Tras el derrocamiento de Gallegos (1948) volvió a exiliarse y regresó en febrero del 58 tras la caída de Pérez Jiménez. El 31 de octubre firmó el Pacto de Punto Fijo, el 21 de noviembre se lanzó a la presidencia y el 07 de diciembre fue electo con 49% de los votos. “Este Gobierno no será exclusivista y sectario. Será un Gobierno de amplia base de unidad venezolana”, promete en su toma de posesión: pero lo que será es uno de los gobiernos más difíciles de la historia de Venezuela. Tuvo que enfrentar una situación económica dura y tomar medidas difíciles (devaluar el bolívar, reducir en 10% los salarios, imponer un control de cambios); a pesar de ello, construyó más de 3000 escuelas y 200 liceos, terminó el Puente sobre el Lago, el distribuidor el Pulpo, el Parque del Este y comenzó la represa del Guri. Sobrevivió a un sinfín de huelgas y disturbios callejeros, a tres golpes militares (El Carupanazo, El Porteñazo y El Barcelonazo), a una guerrilla marxista leninista, a una invasión paramilitar cubana, y a un intento de magnicidio organizado por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. “Venezuela reconocerá como durante los años en que cumplí mi mandato actué con empeño creador, con fe si se quiere fanatizada, por la gloria de Venezuela y la felicidad de su pueblo”, fueron sus palabras de despedida. Honor a quien lo merece.

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La excelencia se paga con sangre

Cuando hace dos días reseñamos el logro obtenido por la UCAB y la USB en Harvard, quisimos destacar todo el mérito que había en que unos hijos de la Venezuela bolivariana pudieran competir de tú a tú y ganarles a personas de universidades del primer mundo. Porque la Venezuela bolivariana no es solo un analfabeto funcional en la presidencia rodeado de incompetentes, corruptos y hasta narcos; la Venezuela bolivariana es también un país donde la excelencia se paga con sangre, y para muestra el infeliz caso que hoy ha conmocionado a la opinión pública: el asesinato de una estudiante de IV año en manos de su compañera de clases. El hecho tuvo lugar el pasado 13 de febrero en el Bloque 18 de Caricuao. Allí Michell Longa (de 18 años y con 2 meses de embarazo) fue atacada salvajemente por 3 compañeras de liceo, quienes la dejaron inconsciente en la entrada del edificio. Sus familiares la llevaron al Hospital Materno Infantil, donde lograron estabilizarla: tenía una fractura cervical, había perdido la movilidad y al bebé. De allí pasó al Hospital Pérez Carreño, donde el domingo 26 entró en coma y el lunes 27 murió. ¿Por qué Michell Longa y su bebé fueron asesinados? Ahí está el detalle: según la versión de Panorama y 2001, el problema estuvo en un trabajo en grupo del que Michell expulsó a esas tres compañeras por no haber hecho nada…y eso le costó la vida. Las tres vagas (y ahora también homicidas) le cobraron con sangre la osadía de haberles exigido que hicieran su parte del trabajo. La golpiza se la dieron en un sitio público, ante los ojos de los vecinos y a plena luz del día. Actuaron, claro, con la seguridad que da vivir en una revolución que premia al delincuente y castiga al honrado. Simplemente, repitieron lo que han visto alrededor suyo. Tienen los ojos de Chávez en la puerta del liceo, son sus hijas (16, 17 y 18 años tienen) y su legado conservan.

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Nicolás Gogol, el escritor que no perdonó los vicios de Rusia

Tal día como hoy, en 1852, se fue de este mundo uno de los mayores escritores rusos de todos los tiempos: Nicolás Gogol. Nacido en 1809 en la provincia de Sorochintsi (lo que hoy en día se llamaría Ucrania), Gogol no tuvo en principio una vocación literaria, sino más bien burocrática: a los 19 años dejó su tierra natal para irse a trabajar en San Peterburgo en la administración zarista, trabajo en el que fracasó. Se pasó entonces a la academia, como profesor de historia. Allí conoce al dramaturgo y novelista ruso Aleksandr Pushkin, que es quien lo anima a escribir. Comienza entonces a publicar relatos corstos en distintas publicaciones, hasta que da con su golpe de suerte: “Veladas en la finca de Dikanka”. El éxito de esta obra lo lleva a abandonar definitivamente la universidad, para dedicarse de lleno a las letras. ‘El Inspector’, un relato en el que hace una sátira de la corrupción y de la ineficiencia que había en la administración rusa (él que la conoció de cerca), lo obliga a exiliarse en Roma. Porque la vida es como es y no hay mal que por bien no llegue, en la capital del antiguo imperio escribe la primera parte de la que será su obra maestra: ‘Las almas muertas’, que es, también, su ajuste de cuentas con Rusia, a la que deja desnuda y con todos sus defectos a la vista en ese libro. El país se indigna y lo aplaude a partes iguales, y él promete entonces escribir una segunda parte para redimirse. La vende como la que será su ‘ópera magna’ y a esa tarea se da por años. En el ínterin, sin embargo, sufre una crisis espiritual que lo lleva a peregrinar a Jerusalén y a renunciar a la escritura. Es en ese contexto en el que quema la tan esperada segunda parte de ‘Las almas muertas’, de la que se recuperan solo algunos fragmentos que se publican póstumamente, porque sorprendentemente joven, con tan solo 43 años, murió en Moscú tal día como hoy.

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UCAB y USB premiadas en Harvard

Si tu internet está lento y se demora, aguanta: este video vale la pena. Y lo vale con creces. Inmortaliza el feliz momento en el que en Boston anuncian que la Universidad Simón Bolívar (USB) es la ganadora del premio Delegación Sobresaliente del Harvard National Model United Nations, el modelo estudiantil más antiguo y prestigioso del mundo. Si internet lo permitiera, también podríamos ver como minutos antes la UCAB ganaba el premio a Mejor Delegación Internacional y Mejor Delegación de toda la conferencia. Pero esta red social nos pone límite de tiempo. Da igual: la alegría es la misma. El significado es el mismo: una victoria sobre la tiniebla que nos cubre. Porque esos eufóricos estudiantes que allí celebran son, todos, hijos de la adversidad. Han nacido y crecido en medio de un proceso de destrucción sistemático llamado revolución bolivariana; y han estudiado en universidades asfixiadas por ella. Cuando los ejemplos que tienen alrededor son de vagos con poder y delincuentes con éxito, cuando viven rodeados de mediocridad, feriados inventados, jornadas laborales reducidas, parásitos que malviven de cualquier dádiva y vivos que hacen plata con cualquier ilegalidad que les ahorre el tener que trabajar; cuando todo eso es así, ellos han apostado por la universidad, por prepararse y esforzarse. Hay que vivir y estudiar en Venezuela, en esta Venezuela, para entender todo el heroísmo y toda la épica que hay en ese logro: porque para poder competir y ganarles a estudiantes extranjeros de universidades mucho mejores, primero tuvieron que vencerse a sí mismos y a las circunstancias de este país. Y lo hicieron. Demostraron que a pesar de estas décadas de horror, no hay revolución ni mediocridad que pueda con la gente que vale, se esfuerza y se supera. ¡Felicidades, muchachos! Uds sí son nuestros héroes.