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José Fernández, la historia más triste de la pelota

El mismo mar que le dio la libertad le terminó quitando la vida. En esas aguas de Florida atracó, victorioso, un día del año 2008. Era un muchacho de 15 años que luego de tres intentos fallidos finalmente conseguía salir de Cuba. Atrás quedaban la opresión, la dictadura y la miseria. Por delante tenía la vida entera y un talento descomunal. Aunque sus primeros días fueron duros, destacó en el deporte menor y con 21 años debutó en la MLB. Era el año 2013, su año: participó en el Juego de las Estrellas, ganó el Novato del Año y quedó tercero en el Cy Young. “El balsero de los Marlins”, lo llamaban, y todo Miami se le rendía: para la comunidad latina en general y para la cubana en particular, José Fernández, Joseito, era un hijo, el predilecto. No solo por lo talentoso, sino también por lo buena gente. Era simpático y querendón. Sobre todo eso. A su familia la tenía en primer lugar, y si alguna tristeza había en sus ojos era al referirse a su abuela –“es el amor de mi vida”– a quien había dejado en Cuba. Por eso, cuando tiempo después pudo llevarla a USA y se reencontraron, todo el país lloró con él en ese esperado abrazo. “Abuela”, la llamaban en los periódicos, y se convirtió en un personaje común en el estadio de los Marlins cada vez que el nieto abría. Las fotos de sus celebraciones tras cada apertura se hicieron cotidianas. Buen deportista, buen compañero, buen hijo y buen nieto, estaba llamado a ser también buen padre. Así lo había anunciado hacía apenas seis días, con una foto de su novia embarazada: “Estoy muy contento de que hayas llegado a mi vida. Estoy listo para donde esta aventura nos vaya a llevar juntos”. Pero no pudo ser. La noche del sábado esas aguas de Florida que le abrieron las puertas a los mejores años de su vida se lo tragaron. “Desgraciadamente -dijo ayer el dueño de los Marlins-, las luces más brillantes son las que se extinguen más rápido”. Descansa en paz, supernova. Fue un privilegio verte brillar.

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La ciudad y el pilar de sal – Gore Vidal

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

En su momento este libro fue un auténtico escándalo y generó un sinfín de reacciones adversas; entre las más notables la invisibilización a la que ‘The New York Times’ y otros diarios lo sometieron, al negarse a reseñarlo. Y aunque leído ahorita con ojos de siglo XX pueda parecer inofensivo, hay que ubicarse en la Norteamérica de 1940 para entender por qué ‘La ciudad y el pilar de sal’ causó semejante reacción: porque narra una historia homosexual con un protagonista que rompe con todos los estereotipos.

Deportista, marinero y combatiente de guerra, Jim Williard no encaja en el cliché del  típico gay. Terminando el bachillerato –la preparatoria– tiene un encuentro sexual con otro compañero de escuela, tan deportista y varón como él, al que no olvidará nunca, sino que idealizará y vivirá buscando. En el ínterin se hará marinero, profesor de tenis y muchas otras cosas. Entablará relaciones con un actor famoso de Hollywood y un escritor, vivirá en Nueva York, y de todo ello se valdrá Vidal para narrar cómo era la que uno pensaría inexistente vida homosexual en los Estados Unidos de aquel entonces. Todo ello hasta que el tan ansiado reencuentro se produce, con el más improbable de los finales, que no se puede revelar para no dañar el libro.

Y es en este punto, pasada más de media centuria desde su publicación, donde hay que hacer un alto en el camino. No es una fórmula infalible, pero suele suceder con frecuencia: libro que causa escándalo y es un boom por eso, libro que envejece mal. Y tiene su lógica: ya que si el único valor literario que tuvo fue el de la transgresión, cuando con el paso del tiempo esa transgresión deja de ser tal, el rey queda desnudo. ¿Y quedó desnuda ‘La ciudad y el pilar de sal’?

Superado el escándalo y la polémica hay que decir que aún conserva algunos elementos interesantes. “Su mujer miró hacia atrás y se volvió pilar de sal”. La cita es del Génesis y la historia más que conocida: la mujer de Lot, que, aún a pesar de la advertencia que le había sido hecha, voltea para ver la destrucción de Sodoma y termina convertida en eso, en pilar de sal. Tal como pasa en la historia: es ese voltear constante, esa obsesión con el pasado, la condena de su protagonista. Contada así, y desde allí, como una historia sobre lo peligroso que es volver al pasado, vivir con la mirada atrás, puede entenderse y digerirse mejor.

¿Y qué de la prosa y el estilo de Vidal? Simple y correcta, por decir lo menos. Nada del otro mundo, ni mucho lirismo, ni mucha cosa. Él mismo lo explica en el prólogo: “decidí relatar la historia con una prosa apagada e insulsa (…) No debía haber ni asomo de sofisticación en el estilo. Quería que la prosa fuera sencilla y dura”. Y efectivamente. Dos cosas para resaltar: las –deliciosas– puyas que les lanza a otros escritores, y la muy mordaz ironía con la que escribe.

La ciudad y el pilar de sal

Autor: Gore Vidal

Fecha: 1948

Páginas: 225

Calificación: 7/10

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Tentación – José Luis Perales

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Noble. Ese es el mejor adjetivo con el que se puede describir este tema. Un tema hidalgo, de caballero. Del hombre que a uno le gustaría poder llegar a ser. Es una canción vieja, con la melodía típica de las baladas ochenteras, pero que contiene una letra verdaderamente singular, que en estos días de perros, perritos, gatas y lobas, de “no me puedo contener”,  “voy a caer en la tentación de   tocar tu piel”, o “si les somos infieles es por un gran querer”; en días, en fin, de alegoría y apología a la infidelidad y al ceder, resalta por ser todo lo contrario: un canto a la fidelidad.

Te inventaría un universo, hoy,
sI ella no fuera ya mi estrella.
y te daría tiernamente amor,
si no la diera tanto a ella.

Así arranca. Todo está cantado en segunda persona, en te: es una canción dirigida a alguien en específico, dedicada. ¿A quién? En las siguientes líneas se devela:

Eres la dulce compañía,
que pinta su sonrisa
cada día, para mí
de rojo y miel.

Eres la dulce tentación,
la fuerza que me empuja
cada día a ser infiel,
a ser infiel.

Es decir: a una mujer que lo seduce. Dice mucho el adjetivo dulce: remite a algo agradable, grato, incluso cariñoso. Parece indicar que es una tentación que va más allá de –o que no se remite sólo a– lo carnal y sensual: hay sonrisas, buen trato, compañía grata, diversión. Se mezclan las dos cosas. “Rojo y miel”. Rojo, el color de la pasión; miel, la dulzura hecha sabor. Carne y sentimiento. Cuerpo y alma. ¿Está enamorado? Hasta aquí es difícil saberlo. Que no le cueste “inventarle un universo” y “darle tiernamente amor”, quiere decir que por lo menos es su tipo. Que le gusta.

Entonces tenemos a un hombre tentado por partida doble, y de la peor de las formas: porque lo carnal arrastra y lo sentimental amarra. “Eres la fuerza que me empuja cada día a ser infiel”. La atracción es fuerte, eso es claro, y la situación está llegando a un punto límite –“me empuja”–. Se repite por dos veces “a ser infiel”; es decir: la infidelidad, ceder, es ya una idea recurrente. Y cuando está a punto, entra el coro:

¡No! La quiero sólo a ella,
mi universo es ella nada más,
tú eres la aventura, la risa, la ternura,
y ella, la que espera en soledad,
no, no.
Tú eres mariposa
que vuela entre las rosas,
y ella es el cimiento de mi hogar

Una respuesta categórica. Un ‘¡no!’ con énfasis, un aldabonazo, una vuelta súbita y brusca a la conciencia justo antes de ceder, como de quien sale de un embrujo y se da cuenta de la realidad. Le siguen dos líneas en las que pone en frente a una y a otra, a la que lo tienta y a su mujer. “Tú eres la aventura, la risa, la ternura y ella la que espera en soledad”. Aventura, risa, ternura. Esto pareciera sugerir que ella es más joven que él, que la pasan bien, y que hay en todo ello algo arriesgado. Pero la otra cara de eso tan divertido es “ella, la que espera en soledad”. Una imagen contrastante y tremenda, injusta. “Tú eres mariposa, que va de rosa en rosa / y ella es el cimiento de mi hogar”. Lo efímero (mariposa que va de rosa en rosa) versus lo sólido (el cimiento de mi hogar), lo fugaz versus lo que dura. Allí está la elección, esa es la diatriba. Y atención a la palabra hogar. No es cimiento de la casa, del apartamento o de cosa semejante, sino del hogar: ‘el lugar donde se encendía el fuego, a cuyo alrededor se reunía la familia para calentarse y alimentarse’, en una wiki-definición.

Me perdería en tu silencio, hoy,
si no pensara tanto en ella.
y mantendría la mirada en ti,
si no la viera siempre a ella.

y no le llames cobardía,
hay cosas que en la vida
sólo son para dos,
tan solo dos.

No es compatible la mentira
con algo transparente,
hermoso y frágil,
como es, el amor.

Vuelve nuevamente otra estrofa que arranca con dos síes condicionales que terminan en una respuesta definitiva –“me perdería en tu silencio hoy, si no pensara tanto en ella / mantendría la mirada en ti, si no la viera tanto a ella”–. Un elemento común: es el pensar en ella, en su mujer, lo que al final lo mantendrá alejado de la otra. Por ella es que renuncia a la otra. Se niega ese placer. “Y no le llames cobardía / hay cosas que en la vida sólo son para dos”. Tremendo. Parece ser la respuesta a un reproche (“no le llames cobardía”), y se entendería. ¿Cuáles son esas cosas que son solo para dos? Lo responde más abajo, con un cierre de broche de oro: “No es compatible la mentira, con algo transparente, hermoso y frágil como es el amor”. Allí, aunque los tres adjetivos (transparente, hermoso y frágil) tengan un dejo a cursilería, está el quid del asunto: la incompatibilidad entre amor y mentira. Se lee de Perogrullo, ¿pero cuántas canciones no hay en las que se llama amor a relaciones basadas en la mentira?

Mención aparte la interpretación de Perales. Caballerazo. Hidalgo. Trovador. Grande. Nunca un ‘no’ fue dicho con más cariño, más delicadeza y más nobleza. De aquí al cielo, José Luis. Derechito. ¡Cuánto sufrimiento y cuánto desengaño se habría ahorrado la humanidad (y cuánta plata en abogados y jueces) de haber escuchado y puesto en práctica una canción así!

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Unidad o Unidad

Errores clamorosos como caer en la ingenuidad de un diálogo secreto que el gobierno terminó haciendo público, tener y mantener a algún quinta columna evidente en sus filas, dar la sensación de no estar lo suficientemente claros en sus acciones y no ser todo lo contundente que se espera han sido algunas de las cosas que la MUD ha hecho mal. Y lo sabemos. Y lo decimos. Y lo escribimos. Pero para que mejore. Ése es el fin, no otro. Y  por una razón muy sencilla, casi elemental: porque en este contexto la MUD es lo único que tenemos. No hay otra cosa. Y es en la unidad en donde está la fuerza de la oposición, aunque suene a lugar común. Si la Mesa se rompe, si la oposición se divide en pequeñas fracciones y cada una empieza a ir por su lado, teniendo en frente la clase de gobierno que se tiene, autoritario y dispuesto a todo, lo único que va a ocurrir es que durará más tiempo en el poder. Y ya hay tensión suficiente como para que eso, la división, ocurra: es secreto ‘sotto voce’ que desde que el CNE habló ha habido intensos debates dentro de la coalición opositora, que hay visiones radicalmente opuestas en ella sobre lo que hay que hacer, y que se han exacerbado desde el jueves. Es una pena que eso esté sucediendo, pero también es la consecuencia lógica de ese esfuerzo titánico de reunir a gente tan diversa en un mismo camino. Si no han hablado todavía y están pidiendo un plazo hasta el lunes, no es porque quieran vacaciones o playita, como maliciosamente alguno desliza: es porque en estos días se van a caer a gritos –figurada y literalmente– para lograr un consenso. Y en ese consenso es donde está la vía para salir de esto.

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Pablo Neruda: el poeta comprometido que murió horrorizado

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto para la ley y la familia, Pablo Neruda para el mundo, fue el tercer Nobel latinoamericano. Se pareció mucho al primero (Gabriela Mistral) por el oficio (poeta), la nacionalidad (chilena), y por el uso del seudónimo, creado, en su caso, para no disgustar al padre, un obrero ferroviario que no entendía la idea de un hijo poeta. En Temuco, una ciudad de provincias rodeada de bosques, y a principios del siglo pasado, tiene sentido. Y más sin tener una madre que por él abogara -murió al mes de su nacimiento-.

No como una madre, pero sí como una figura importante, se cruzó en su camino la directora del liceo de niñas de Temuco cuando él todavía era un adolescente. “Una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Iba vestida de color arena. Era la directora del liceo (…) Se llamaba Gabriela Mistral. (…) Entre sus ropas sacerdotales sacaba libros que me entregaba y que fui devorando. Ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí”, recordaría luego.

Algo vería la poetisa chilena en aquel joven. Algo que ya comenzaba a notarse: en 1919 había obtenido el tercer lugar en los Juegos Florales de Maule con el poema “Comunión ideal”. También se había convertido en colaborador regular de la revista literaria Selva Austral, que si bien no sería la lectura de cabecera del padre, igual podría traerle problemas si se enteraba. Es en aquella época cuando nace el seudónimo, sobre el que nunca hubo versión oficial: unos dicen que en honor al checo Jan Neruda, mientras otros dicen que no, que era imposible que en esas fechas hubiera podido existir una traducción que él leyera, y más bien se debe a la violinista Norman-Neruda, que aparece en el Estudio en Escarlata de Conan Doyle.

Cuando Temuco se le queda pequeño, marcha a Santiago de Chile. Su idea era hacerse profesor de francés, y por eso comenzó a estudiar la lengua de Molière. La poesía y su llamado se interponen. Gana el primer premio de los Juegos Florales de la Primavera con “La canción de fiesta”. Dos años después, publica Crepusculario, su primer poemario, que inmediatamente adquiere reconocimiento. Al año siguiente ve luz Veinte poemas de amor y una canción desesperada, una de sus obras más celebres. Tiene sólo 19 años y ya es todo un poeta conocido y consagrado.

Su fama llega al gobierno chileno, que lo incorpora a su cuerpo diplomático con el cargo de Cónsul. Birmania, Barcelona y Madrid son sus destinos. El cargo, como suele sucederles a los escritores, le sienta bien. Sale del ambiente opresivo del país, respira otros aires y conoce otras personas. El consulado de Madrid lo asume en 1934, en sustitución de Gabriela Mistral. Son tiempos de tensión y pre guerra. Allí nace su primera –y única– hija, con hidrocefalia, quien moriría a los 8 años. Allí cultiva la amistad con Federico García Lorca, a quien había conocido en Buenos Aires. Hijos incomprendidos de padres que no entienden de poesía, se hacen grandes y buenos amigos.

En el 36 estalla la guerra y fusilan a Lorca. El evento marca a Neruda, que no sólo se conmueve sino que se vuelve fiel defensor de la causa republicana. Se dedica a defender y garantizar los derechos a los inmigrantes españoles en París. Manda a Chile un barco con casi 2000 españoles exiliados. “Mi mejor poema”, califica él esa acción heroica. Su poesía da un giro y se orienta, fuertemente y para siempre, a lo político y social. Se compromete.

De vuelta a Chile, Neruda se mete de frente en la política. Se hace militante del Partido Comunista y gana un escaño como senador. Las elecciones llevan a la presidencia a Gabriel González Videla, quien gana con una coalición de radicales, comunistas y demócratas, que, como siempre sucede, es desmantelada a las primeras de cambios: el Partido Comunista es ilegalizado y Neruda se convierte en el líder de la oposición. Son famosos sus incendiarios y pulcros discursos en el congreso, así como sus flamígeros escritos denunciando la represión –publicados en la prensa extranjera por la censura reinante–. Es uno de esos, Carta íntima para millones de hombres, publicado en El Nacional de Caracas, el que derrama el vaso y lo convierten en objetivo del gobierno por “denigrar a Chile en el exterior y calumniar e injuriar al Primer Mandatario”.

Entre 1949 y 1952 vive en la clandestinidad primero y en el exilio después. Picasso y varios lo ayudan a establecerse en Europa, donde es designado miembro del Consejo Mundial de la Paz, de modo que viaja por varios países europeos y latinoamericanos. Es también un tiempo prolífico para su obra. Luego, cuando la persecución es levantada, regresa a Chile y comienza a recibir todas las condecoraciones, premios y merecimientos que le habían sido negados, entre ellos la membrecía a la Academia Chilena de la Lengua. En 1969, el Partido Comunista lo nombra precandidato para las elecciones, pero declina en favor de Salvador Allende, candidato único de todas las izquierdas, quien luego de la victoria le concede la siempre apetecida Embajada de Francia.

En 1971 deja el estatus de eterno candidato al Nobel –desde los años 60 lo era–, para pasar a ser, formalmente, ganador:  el tercero de Latinoamérica, segundo poeta y segundo chileno. “Por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y a los sueños de un continente”, se justifica la academia. La ceremonia tiene lugar el 10 de diciembre en Estocolmo. Una leyenda la recorre: que el Rey se Suecia estuvo más tiempo apretándole la mano a él que a los otros ganadores, episodio del que escribiría después en sus memorias: “El anciano monarca nos daba la mano a cada uno; nos entregaba el diploma, la medalla y el cheque […] Se dice (o se lo dijeron a Matilde para impresionarla) que el rey estuvo más tiempo conmigo que con los otros laureados, que me apretó la mano con evidente simpatía. Tal vez haya sido una reminiscencia de la antigua gentileza palaciega hacia los juglares”.

En la ceremonia se lanza un señor discurso, considerado como uno de los mejores que se han pronunciado en la entrega del premio. Es, de algún modo, una gran apología de su persona, de sus actos, de su obra. Allí se ratifica en sus principios y defiende sus posiciones, en las que se muestra indeclinable No es una monserga ideológica ni mucho menos: es un delicioso acto de sinceridad.

“Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría.”

“Si bien alguna o mucha gente me consideró un sectario, sin posible participación en la mesa común de la amistad y de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Después de todo, ningún poeta administró la poesía, y si alguno de ellos se detuvo a acusar a sus semejantes, o si otro pensó que podría gastarse la vida defendiéndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicción es que sólo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos.”  

“El poeta no es un ‘pequeño dios’. No, no es un ‘pequeño dios’. No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios.”

“El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria.”

“¿Qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquiera forma al pasado feudal del gran continente americano? ¿Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país?”

“Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.”

“Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.”

“En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.

Así la poesía no habrá cantado en vano.” 

Dos años después, renuncia a la embajada de Chile en Francia. Tiene un cáncer de próstata avanzado y decide morir en su país. Es el año convulso y agitado de 1973. Colas, protestas, crispación, enfrentamiento, bombardeo a la Moneda, golpe de estado, muerte de Allende, presidencia de Pinochet. Todo eso lo vive pero no lo soporta. 12 días después muere en una clínica en Santiago de Chile. Lo hace consciente del horror que se vive en su país. Es velado en una casa llena de barro, sin ventanas y con casi 30 centímetros de agua. Es velado en una casa saqueada, de la que no quedó rastro ni de los libros ni de las obras de arte que pacientemente había coleccionado a lo largo de una vida. Murió en medio de la barbarie, contra la que tanto combatió y escribió.

SERIE PREMIOS NOBEL LATINOAMERICANOS:

-Gabriela Mistral: de maestra de escuela al trono de la poesía

-Miguel Ángel Asturias, desterrado en vida olvidado en muerte

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Es la hora de la calle

#JóvenesInformados: El CNE habló y no hubo sorpresas: le puso a la oposición las condiciones más difíciles de todas. Pocos centros, pocas máquinas, recolección estadal y no nacional, y apenas tres días para ello. Una hazaña al nivel de la de Atlas cargando al mundo, con la cual, y como demasiado temprano –las rectoras, ese monumento a la vagancia y a la holgazanería, harán todo lo posible por extender los plazos al máximo y seguirse tomando asuetos–, el revocatorio quedaría para marzo de 2017. Es decir: no serviría para cambiar de gobierno, sino apenas de presidente. En otras palabras: la revolución destructora tendría todavía dos años más para seguir hambreando y robando. Entonces, ¿qué queda? Hace un mes, los análisis de la prensa internacional sugerían tres escenarios para Venezuela: revocatorio, golpe o estallido social. Pero eso era hace un mes. Veintidós días atrás la oposición dio una categórica muestra de poder cuando movilizó a más de un millón de personas en las calles de Caracas, a pesar de las amenazas del gobierno. Tal contundencia la deja con un margen de maniobra importante para decidir e incluso modificar el destino de lo que va a suceder aquí en los próximos días. Ya el gobierno mostró sus cartas, ahora le queda a la oposición responder. Desde anoche se encuentran reunidos en sesión permanente para hacer en las próximas horas un anuncio unitario cuyo contenido ya reveló Jesús “Chuo” Torrealba esta mañana en RCR: “jornada nacional de movilización y protesta. Eso es lo que va a ocurrir: una protesta masiva, pacífica, contundente y enérgica en defensa de la Constitución”. ¿Podrá con ella echar para atrás la decisión del CNE? ¿Tendrá la suficiente fuerza? Eso es lo que está por verse.

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Venezuela le está comprando petróleo a USA

La frase es de Luis Centeno, un dirigente sindical de PDVSA, quien entrevistado por ‘The New York Times’ logró resumir magníficamente una de las contradicciones de una revolución que es antiimperialista de la boca para afuera, pero amiga íntima del bolsillo para adentro. “Le dicen el imperio y sin embargo le siguen comprando petróleo” es la frase exacta, que sale a colación porque desde principios de año el gobierno de Nicolás (“yankees-go-home”) Maduro ha convertido a los Estados Unidos en uno de sus principales proveedores y está comprándoles 50.000 barriles diarios de petróleo. Sí, comprándoles, como se lee. Crudo liviano para poder preparar el crudo que exportamos. Exportación que se ubica en 2,4 millones de barriles diarios: 350 mil menos que el año pasado, y 1 millón menos que en 1998, año de la llegada de la revolución. Era la época en la que el difunto vocinglero clamaba contra las guerras y los bombardeos estadounidenses, pero seguía vendiéndoles el combustible con el que llenaban sus aviones. Pero por lo menos había industria, ya no. El demoledor reportaje arranca con un primer párrafo en el que se cuentan reveladoras anécdotas sobre la destrucción a la que ha sido sometida PDVSA: “Una plataforma petrolera estuvo inactiva durante [tres] semanas porque le faltaba una pieza. Otra fue desvalijada por bandas armadas que se llevaron todo lo que pudieron. Muchos trabajadores petroleros dicen que cobran tan poco que apenas pueden comer y tienen que vigilarse mutuamente por si se desmayen mientras están en lo alto de las torres”. ¿Cómo se llegó a eso? Proféticas resuenan las palabras de Rafael Ramírez en 2006: “La nueva PDVSA es roja, rojita, de arriba abajo (…) es bolivariana, es roja y está resteada con Chávez”. Y de aquel rojo ideológico, este rojo en las cifras.

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6 venezolanos nominados al Grammy

Una buena noticia para la música hecha en casa: acaban de ser anunciadas las nominaciones oficiales para los Grammys Latinos, y en seis de sus categorías aparece algún venezolano. ‘8’, de Caramelos de Cianuro, se encuentra nominado en la categoría de Mejor Álbum Pop Rock; el tema Abismo, compuesto por Asier Casalis, vocalista de Caramelos, compite en la categoría de Mejor Canción de Rock; en una categoría similar aparece el nombre de Servando Primera, uno de los siete compositores del tema ‘Duele el corazón’, de Enrique Iglesias & Wisin, nominado a Canción del Año; ‘Verte ya’, de Gustavo Casas, se encuentra luchando en la categoría de Mejor Video Musical en Versión Corta; y por último ‘Guaco Histórico 2’, de Guaco, y Pa’Tio Simón, de Rafael “El Pollo” Brito, compiten en las categorías “Mejor Álbum Tropical Contemporáneo”, el primero, y “Mejor Álbum Tropical Tradicional”, el segundo.

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PDVSA podría irse a la quiebra

A pique. Así se está viniendo abajo PDVSA. La rebaja de calificación que ha sufrido la estatal petrolera por parte de Standars & Poors el día de hoy es sólo la guinda de una torta que empezaron a poner hace tiempo y que podría terminar de llevarla a la quiebra. Sus problemas de liquidez han sido desde hace rato un secreto ‘sotto voce’ en los mentideros financieros, en los que hace semanas se comenzó a especular con la posibilidad de que PDVSA se lanzara un intercambio de bonos, una operación interesante, que, aunque dejaba al descubierto una cierta urgencia financiera, podía servir para mitigarla. Pero había que hacerla bien, y eso fue lo que no se hizo: el martes PDVSA anunció el cambio, pero no las condiciones; las calló miércoles y jueves, lo que aumentó el precio de los bonos y la reticencia de los mercados; y las descubrió el viernes con todos sus términos –acciones de CITGO de garantía, entre ellos–, que fueron examinados con lupa, microscopio y desconfianza. ¿Qué pasó? Lo lógico: los tenedores de bonos –que son los que tienen la última palabra y deciden si aceptar o no el intercambio– vieron todo como una muestra de manejo poco profesional por parte de PDVSA,  interpretaron la operación no como una opción sino más bien como una acción desesperada de una empresa que se va a la quiebra, y ahora, al no encontrar garantías, parecen echarse para atrás. En una operación de esa naturaleza hay una palabra fundamental, llamada confianza y que PDVSA no ha generado. ¿El panorama si el intercambio de bonos se cae? Oscuro como el petróleo. Tanto, que la tan temida palabra quiebra comienza a dibujarse nítidamente.

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¿ENTENDISTES?

[Son tiempos oscuros, de embrutecimiento intencional, en los que no sólo #HayQueLeer, sino también #HayQueSaber muchas cosas, entre ellas hablar y escribir. Por eso estamos de fiesta: estrenamos sección y colaboradora. A partir de ahora, bajo este #hashtag, saldrá semanalmente una breve lección de gramática/castellano de la profesora Andreina Páez. Un intento, otro, por bregar en contra y seguir llevando cultura a este país. Los dejamos con la primera de ellas]

Pasa en las mejores familias: la “s” al final de los verbos de la segunda persona del singular en el pretérito perfecto simple del indicativo. Todos lo hemos escuchado alguna vez: “Hijo, ¿te comistes todo?”; “Juan, dejastes un reguero en la sala”; “Compadre, ¡te fuistes temprano!”; hay quienes, incluso, leyendo en voz alta ante alguna audiencia, aunque no la vean escrita, se la inventan. La confusión viene dada porque, por lo general, los demás tiempos verbales de la segunda persona del singular terminan en “s”; pero esto no es excusa, de verdad: no tenga miedo de corregir a su madre, a su mejor amigo o a la persona que lee en la misa del domingo. Qué paradójico que, siendo una de las particularidades de nuestro acento aspirar las “s” en las palabras que sí las llevan, sean las “s” que no existen las que algunos escogen pronunciar. #HayQueSaber