El pasaje mínimo aumenta en Caracas

El anuncio había sido hecho en febrero: el 01 de agosto subiría el pasaje. Estaba cantado. La noticia, no obstante, es que no serán 2 sino 5 los bolívares del aumento. Así lo decidieron ayer los transportistas de la Unión de Conductores del Oeste y del Bloque del Suroeste, quienes luego de una asamblea general aprobaron –“propuesta definitiva”, dijo Pedro Jiménez, su presidente– que a partir de este sábado el pasaje pasará a costar 15 bolívares. Y eso no es todo: para el 01 de diciembre tienen programado otro aumento, que lo dejará en 20 bolívares. En enero costaba 8 bolívares. Es decir, que en apenas un año aumentó más del doble: 150%. Mientras tanto, el precio de la gasolina sigue congelado. Con los 15 bolívares que costará el pasaje se pueden llenar tres tanques de un carro. ¿Quiénes son los beneficiados?

Terremoto

A 48 años del terremoto cuatricentenario: 4 testimonios

1967. Año del cuatricentenario de Caracas. La capital arribaba a cuatro siglos de existencia y esto no podía pasar por debajo de la mesa. Durante meses, historiadores, cronistas y expertos pasaron por el senado para debatir sobre la fecha exacta de la fundación. Después de intensos, acalorados y argumentados debates, la conclusión fue la misma: 25 de julio, día de Santiago Apóstol. A la medianoche, 400 balas de cañón rompían el silencio reinante en la ciudad. Eran acompañadas por las campanas de todas las iglesias de Caracas, que al unísono repicaron a gloria durante varios minutos. Mientras tanto, en la Catedral, fachada remozada y arreglada, celebraba el Cardenal José Humberto Quintero, Arzobispo de Caracas, junto con todos los obispos de Venezuela, una solemne misa pontificial de acción de gracias por la fundación de la ciudad. Entre incienso y latines se congregaban en sus naves, nunca muy amplias, políticos, militares, autoridades y empresarios.

Con los primeros rayos del sol, los caraqueños pudieron ver por fin la nueva cara de la Plaza San Jacinto, que había sido remodelada para la ocasión. Las principales calles y avenidas amanecieron adornadas. Las fachadas de los edificios públicos lucían limpias y remozadas. La capital presentaba su mejor cara.

En la Plaza Bolívar, Arturo Uslar Pietri, orador de orden escogido por el Consejo Municipal, pronunciaba un solemne, poético y adornado discurso –“Quieto y vacío estaba el valle en la mañana de la anunciación, firme y alto el cielo azul, enhiesto y engrifado el prodigioso monte de los siete colores…”–. En el Hipódromo se corría el Gran Derby Cuatricentenario, ganado por un purasangre Mexicano, “El Comache”. En la noche, en el Salón Venezuela del Círculo Militar, mil ochocientos distinguidos caraqueños festejaban la ciudad con un selecto baile de gala, “Caracas 400”, en el que Elsy Manzano se alzaba como la reina cuatricentenaria de la ciudad.

El sábado 29 de julio, cuatro días después, con media ciudad con resaca y la otra media todavía festejando –eran fiestas patronales, dignas de 400 años–, a las 8:05 PM un terremoto de entre 6,5 y 6,7 grados remeció la ciudad. En menos de un minuto –55 segundos apenas– todo cambió. Las risas y festejos dieron lugar a gritos y llantos. Y 30 réplicas mantuvieron en vilo, y en verdadero estado de angustia, durante los días siguientes a los habitantes de la ciudad.

Altamira y Los Palos Grandes fueron las zonas más afectadas. Cuatro edificios –Neverí, Palace Corvins, San José y Mijagual– se desplomaron con el movimiento. 236 muertos. 2000 heridos. 48.000 damnificados. $100.000.000 en pérdidas materiales. Esas fueron las cifras del movimiento telúrico, del que hoy, al cumplirse 48 años, rescatamos de la nebulosa de internet cuatro interesantes testimonios:

Juan Velasquez:

“’Sigan con los Valientes Monroe’, decía el animador de la tele. Inmediatamente comienza el tema de la película. Son las 8:02 PM del sábado 27 de julio del año 1967. Nos encontramos en la sala de mi casa viendo la televisión. Tengo 12 años y soy el mayor de ocho hermanos. De pronto, se escucha un estruendo nada parecido a lo que yo conocía –y todavía  en este tiempo no he escuchado nada igual a ese extraño sonido que parecía salir del fondo mismo de la tierra–. Mi madre, que estaba recogiendo los platos, se queda mirando hacia no sé dónde y grita a todo pulmón: ‘Afuera todos’. Mientras nos juntaba y nos empujaba hacia la puerta de salida fue que comprendí lo que estaba ocurriendo: la tierra se movía hacia todos lados y nosotros no podíamos estar en pie ni avanzar. Durante los próximos 55 segundos hubo una batalla entre mi madre por sacarnos y nosotros mantenernos en pie.

 Mi hermana menor, que en esa época tenía escasos tres meses, estaba en el cuarto y mi madre la había olvidado. ‘Sal afuera rápido, la casa se puede derrumbar’, me dijo. ‘¡La niña, mamá, la niña!’, le respondí. Allí reaccionó y se internó en el interior de la casa. Sacó a mi hermana en brazos y entonces sí salimos todos hacia fuera.

Recuerdo que había mucha gente afuera en las calles. Muchos gritaban: ‘¡Auxilio! ¡Misericordia, Señor!’. Esa noche todos dormimos fuera de la casa. Quedamos incomunicados sin energía eléctrica hasta pasada la media noche. Al retornar ésta sacamos la tele para ver las noticias, pero las noticias no vinieron: sólo el tema de Venevisíon, que se repetía y se repetía.”

Ina Renom:

“Me gradué de bachiller en Julio de 1967. Como regalo, mis padres me dejaron ir a pasar un mes al Litoral Central donde la mamá de mi mejor amiga, Marta, que tenía una casa de 3 pisos en el pueblito de Anare. El 29 a las 8:05 pm estábamos acostadas en una terraza en el techo de la casa mirando el cielo estrellado y observando el paso de un satélite que cruzaba el firmamento. Desde la carretera se oía ‘el molesto zumbido del motor de una gandola estacionada’, que extrañamente iba aumentando, cosa que comenté justo en el instante en que el ventanal por el que habíamos salido se empezó a batuquear cada vez más fuerte y más rápido. Nos pusimos de pie y Marta me sacudió por los hombros y me gritó: ‘¡Terremoto! ¡CORRE!’. Bajamos los cuatro pisos casi sin pisar los escalones, corrimos tan rápido que nos dio chance de salir de la casa y quedarnos abrasadas. Junto a nosotras, una cerca quedó destruida por piedras que cayeron de un cerro. Fin de los 35 segundos de terror. Los ancianos de Anare comenzaron a decir que ahora vendría una ola gigante que nos barrería a todos y que nos ibamos a morir. Gracias a Dios no hubo tsunami.

Sin celulares, ni teléfonos, había que esperar que alguien bajara de Caracas y dijese cómo estaba la vía. A las 4 de la madrugada nos despertó la mamá de mi amiga y dijo que había llegado un señor diciendo que el paso hacia Caracas estaba libre. Entonces decidimos regresar a la ciudad. Viaje espectral: al llegar a la zona del Macuto Sheraton, las calles tenían grietas en el asfalto, había mucha agua y bomberos por todos lados. La heladería Tomaselli, donde tantas tardes de risas pasé con mis amigos, parecía un sándwich: totalmente aplastada al igual que otros locales cercanos. La Mansión Charaima no se veía desde la vía, allí la tragedia era el peor de los infiernos.
Al llegar a la capital todas las áreas al borde de la autopista estaban atestadas de carros y gente durmiendo en colchones o sobre cobijas en la grama. Rostros en shock todavía a esa hora.
Los relojes públicos que estaban en esa época en postes o fachadas, recuerdo clarito el de Telenorma cerca de Sears, estaban todos parados a las 8:05…TODOS. La llegada a mi casa está confusa, sólo recuerdo que había personas conocidas refugiándose por si venían réplicas. Yo tenía muchas ganas de llorar pero no lo lograba por la presencia de otros  que no eran de mi familia de mi familia. Mis padres me dijeron que en las noticias durante la noche habían dicho que todo el Litoral estaba destruido pues el epicentro había sido cerca de la costa.”

Rafael Gerardo Páez:

“La noche del terremoto me encontraba en San Agustin del Sur. Nuestra casa ocupaba el mismo lugar donde actualmente se halla la Jefatura Civil, en la avenida Leonardo Ruiz Pineda. Esa noche nadie quedo dentro de sus casas, las calles quedaron repletas de personas de todas las edades que corrían de un lado a otro y, presa de nervios, gritaban: ‘Terremoto, terremoto! Salgan de sus casas, que puede venir una replica!’. Nosotros abandonamos la casa, que no había sufrido daños estructurales, más allá del desprendimiento de frisos y grietas en paredes y techos. Nos fuimos a dormir a la Autopista Francisco Fajardo, sentido este, la cual aún no había sido inaugurada. A las 2 de la mañana sobrevino una lluvia pertinaz que hizo que el Guaire creciera y tomamos la decisión de regresar, a todo riesgo, a nuestra casa. Todos los hermanos, junto a mi papá y a mi mamá, dormimos bajo la mesa del comedor, rezando en voz alta y alumbrados por una vela.”

El viejo Mercerón:

“Al terminar su labor en el templo, el viejo Mecerón salió a la calle a disfrutar de un cigarrillo. A los 66 años cumplidos era una de las pocas cosas que podía permitirse. Mecerón hacía pequeños trabajos en la Catedral y la devoción que sentía por los santos de su iglesia solo era comparable a la rabia que lo acometía cuando veía o padecía alguna injusticia. Al salir sintió una brisa seca que lo golpeaba en el rostro, se paró cerca de la placa de mármol que conmemora la independencia y comenzó a dar suaves jalones a su cigarro. Eran las ocho y cinco de la noche cuando sus viejas piernas sintieron el bramido del suelo, Mecerón que vivió la mortandad de la peste en el año 18, que oyó el plomo cerrado de las insurrecciones y conoció las protestas del 36 no tenía registrado en su mente nada parecido. Para él fue como que el mundo abriera sus fauces para tragarse a la humanidad; paralizado de terror no supo que hacer; a su lado la gente caía postrada de vista al templo para pedir misericordia, él mismo fue a hincarse cuando escuchó un fuerte ruido que venía de lo alto de la torre; esta parecía a punto de caer. Los que estaban cerca se alejaron a lo interno de la plaza Bolívar y cuando Mecerón quiso irse vio como la centenaria Cruz Pontifical que coronaba la fachada se desplomaba en caída libre hasta golpear el suelo y quedar marcada en el mismo. Más tarde recordaría el hecho con las siguientes palabras: ‘Vi cuando la cruz se desprendió y quedo grabada en el piso como una quemadura de hierro candente; en ese preciso momento el terremoto cesó’.

Eran las 8:05 de la noche y los caraqueños habían vivido 35 segundos de escalofriante terror.

Cuando la Cruz Pontifical se estrelló en la calzada, el metal del que estaba compuesta se fragmentó en mil pedazos. Los que estaban cerca, al ver la impresión perfecta en el piso se volvieran a hincar sumisamente en señal de respeto. Los fragmentos fueron rápidamente recogidos por los fieles para ser conservados como reliquias. La noticia de lo que, a ojos de muchos, era un milagro se corrió por la ciudad y en pocos minutos centenas de peregrinos llegaron al lugar. El viejo Mecerón pensó que con tanta gente pisando, la huella de la cruz podía desaparecer; así que se fue a buscar pipotes y mecate para delimitar el sitio. Como un antiguo cruzado obligó a la gente a mantener respetuosa distancia y con voz de patriarca bíblico repetía:

– Esta es la mano de Dios que advierte a los hombres que no pequen tanto con su egoísmo e indiferencia. No soy quien para juzgar a nadie pero se están cometiendo demasiadas injusticias.

En los días siguientes la calle donde quedó la huella de la cruz seguía recibiendo personas de todas partes que se aglomeraban para conocer el milagro; esto llevaría a las autoridades civiles y eclesiásticasa tomar una decisión.”

Carrasquel

MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN: Asesinaron a un Carrasquel

(Imagen tomada de 

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La noticia hoy es que mataron a golpes a Martín Carrasquel. Tenía 83 años y había ido a El Calvario a hacer ejercicio. Formaba parte de una auténtica dinastía beisbolera, de una estirpe ‘condenada’ a brillar en el diamante. Sobrino de Alejandro, hermano de Alfonso y Domingo, padre de Emilio. Así, sin apellido –privilegio de los verdaderamente conocidos–, se puede resumir su genealogía peloteril. Su tío, “El Patón”, fue el primer grandeliga venezolano; su hermano, “El Chico”, tercer nativo en las mayores y primer gran ídolo popular de la pelota; Domingo, el otro hermano, ex jugador de la liga local y primer mánager ganador de Cardenales; Emilio, su hijo, uno de los scouts más reconocidos de la liga; y él, pelotero profesional durante diez años.

Deportista de toda la vida, nada de extraño tenía que se ejercitara. Que lo hiciera en El Calvario podía llamar la atención, pero lo habían recuperado. Supuestamente. “Es un espacio público para el esparcimiento, la cultura y la gastronomía”, publicaba la agencia de propaganda en 2011 cuando lo re-inauguraron. Fue en la etapa restauradora de la revolución, cuando les dio por pintar, frisar, asfaltar, lijar, revestir, podar, pavimentar y cambiar de nombre cuanta plaza, calle, monumento o parque había en Libertador. “Después de casi 30 años de abandono, el parque luce otro aspecto”, se pavoneaban. Y después de 4 años del re-bautizo, Martín, en lugar de esparcimiento, encontró la muerte. Al amparo de Ezequiel Zamora, cuya estatua encabeza el parque –en lugar de la de Colón, que quitaron en 2011–, y bajo la mirada atenta de Hugo Chávez, cuyos ojos fueron fijados, con cemento y cerámica, en los emblemáticos escalones, recibió una brutal paliza que lo tuvo agonizando una semana entera. Todo para robarlo.

No pesó su edad ni tampoco su linaje. Carrasquel, apellido escrito con tinta indeleble en el libro de las glorias deportivas, hoy amanece manchado de sangre. Antes aparecían en las páginas deportivas, ahora en las de sucesos. Antes los aplaudían, ahora los matan. Así de trágica se ha vuelto Venezuela.

Candy66

Candy66 estrena videoclip de “Sombras en el Sol”

La banda conformada por Jean de Oliveira, Ray Díaz, José Morantes, Let Arteaga, Felipe Grüber y Gustavo Morantes comparte su nuevo videoclip del sencillo “Sombras en el Sol”, dirigido por Charlie Nelson Moreno.

El rodaje se ejecutó en el bello paisaje de La Victoria y la Colonia Tovar, Estado Aragua con la participación de tres modelos en escena: Victoria Bozo, Adriana Saavedra y Diego Matinrereso. Ellos nos reflejan la historia de tres jóvenes de distintos estratos sociales, distintas personalidades y condiciones particulares, inconformes con su vida actual, razón que los une en la necesidad de buscar un nuevo aire de libertad, tomando la decisión de emprender un roadtrip para escapar de la realidad que vive cada uno, siendo libres de hacer lo que quieran.

El videoclip fue estrenado el pasado martes 28 de julio de 2015 , lo pueden apreciar por acá como también ingresando a su canal oficial de Yotutube donde podrán encontrar su Making Of.

Candy66 viene preparando varios toques por el país para este año con su #TourSinNombre2015. Si desean escuchar su nuevo sencillo en vivo, así como otros clásicos de su repertorio, solo deben seguirles la pista a las fechas publicadas en todas sus redes sociales. De igual manera compartimos algunas ciudades en las que la banda se presentará por los momentos:

–       1ero de agosto: Garage Rock Bar, en la ciudad de Mérida.

–       14 de agosto: Lasos Rock Café, en la ciudad de Barquisimeto.

–       15 de agosto: Club Ítalo, en la ciudad de Acarigua

–       21 de agosto: El Teatro Bar, en la ciudad de Caracas

–       29 de agosto: Punto Fijo Rock Fest, en la ciudad de Punto Fijo.

Foals estrenó nueva canción y videoclip

Hace unas semanas la banda presentó “What When Down”, primer adelanto y nombre de su esperado tercer álbum. Ahora Foals comparte “Mountain at my Gates”, canción que se estrenó en el programa de Annie Mac en BBC Radio 1.

What When Down, álbum que sucederá a Holy Fire (2013) fue grabado en el sur de Francia bajo la producción de James Ford, quien ha trabajado con Arctic Monkeys, HAIM, Mumford & Sons y Florence + The Machine.

A continuación pueden escuchar “Mountain at my Gates”:

Después del lanzamiento del sencillo “Mountain at my Gates”, la banda de Oxford presentó el videoclip oficial de la canción, el cual fue grabado con una cámara GoPro HERO en un ángulo de 360º. La dirección estuvo a cargo de NABIL y para disfrutar la experiencia completa les recomendamos verlo en Google Chrome o en la aplicación móvil de YouTube.

 

MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN: Cohetazo y negación

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

El estruendo me despierta tras apenas dos horas de sueño. Es medianoche. La tranquilidad fúnebre de la noche caraqueña, desierta y silente entre semana, es interrumpida por una andanada de detonaciones. En duermevela cuesta distinguir qué es exactamente lo que suena. ¿Cohetes o tiros? Ya una vez desperté con una ráfaga de ametralladoras y una granada. Caracas, sus alarmas y sus cosas.

Ladran varios perros, lo que le da a la demencial sinfonía urbana, que ya va durando bastante, un aire de suspenso barato. ¿Prender o no el teléfono? He  allí el dilema. Aguzo el oído: no son las ametralladoras de la otra vez. Suena a fin de año de los de antes. A fuegos artificiales. Nadie en la casa dice nada, el despertador verdadero sonará a las 4:45, no parece haber peligro, dilema resuelto: no prendo el teléfono. Así que intento dormir entre detonaciones. Y lo logro con honores: el cohetazo, me dice mi madre en el desayuno, se prolongó hasta la 1 de la madrugada. Era a mayor gloria del Comandante Eterno, que hoy cumpliría 61 años. Cumpliría, en pospretérito, porque murió hace dos, a pesar de los superpoderes que se le atribuían, inmortalidad y eternidad entre ellos.

El gobierno no ha superado la primera etapa del duelo, me supongo. Sigue en negación. Con el país arruinado –pero arruinado de verdad–, se gasta el dinero que no hay en cohetes. Con hiperinflación y escasez, hace ostentación de derroche. El presidente, lanzado los tumbarranchos y despertada media Caracas, se va a Nueva York, tranquilazo y comodazo él, como si siguiera siendo el Canciller del feudo que controla el hombre fuerte. Y el chavismo, lo que va quedando, celebra con una torta gigante –¿metáfora de la que puso?– los 61 años de un señor que llegó a 59.

Un ‘guide tour’ por el Guaire

Durante algún tiempo, el caudal del Guaire estuvo represado desde el puente de Las Mercedes en adelante, como parte del (fallido) plan del saneamiento del río. De aquellos trabajos, que dejaron seca buena parte de su cuenca, no quedó un río limpio ni acondicionado, pero sí un extraordinario testimonio documental con imágenes inéditas: Guaire Seco se llama y fue hecho por “El Resort”, una productora audiovisual de reciente data –ellos prefieren definirse como colectivo– cuyos integrantes bajaron una noche a explorar qué había en esa árida cuenca. Allí se encontraron con un sin techo llamado “El Pitufo”, a quien convencieron, luego cambiar unas cuantas palabras –y cervezas–, de que se dejara grabar y los guiara por tan exótico paraje. Así nació este singular ‘tour guide’ por las profundidades de la arteria marrón de Caracas.

Miguel Braceli

Resultados de un mar construido en la UCV

El pasado 11 de julio, el arquitecto y artista visual Miguel Braceli volvió a conmover al público con su Proyecto Colectivo, un recinto de arte contemporáneo, fundado y dirigido por él, que abarca los espacios públicos donde busca  producir obras abiertas con la participación de entusiastas, espectadores y asistentes que deseen colaborar para hacer de funcionar el proyecto.

“Construir el mar” es el nombre de la obra realizada por Braceli, que contó con la intervención artística colectiva de 70 personas, entre los que había estudiantes de arquitectura de la USB, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, y otras personas que se sumaron para cargar, entre todas, 250 metros lineales de plástico semitransparente, que fue ubicado en los espacios de la famosa Tierra de Nadie en la Universidad Central de Venezuela.

Aquí pueden disfrutar del vídeo ejecutado por el arquitecto, donde se aprecia el proceso de su Proyecto Colectivo

El Correo del Caroní se convertirá en un semanario

Son principistas y lo están pagando caro. Correo del Caroní, uno de los diarios regionales más importantes del país, circulará hasta este viernes y se convertirá, a partir de agosto, en un semanario. ¿La causa? La falta de papel, que en su caso se ha visto agravada por negarse a comprarle a la Corporación Maneiro, el monopolio estatal que controla toda la importación de este insumo. “Fiel a su independencia ética e informativa, Correo del Caroní no negoció el suministro -anticipadamente efímero y condicionado- de papel con el Complejo Editorial Alfredo Maneiro. Acudir a ellos es contribuir con el fenómeno de que funcionar como medio de comunicación en Venezuela es hacer carantoñas al poder para trabajar con ‘normalidad’, en detrimento de toda información incómoda para el gobierno”, explicaron hoy. Ya en enero de 2014 redujeron su edición a un solo cuerpo; luego, en septiembre, dejaron de circular los fines de semana; en el primer trimestre de este año se convirtieron en tabloide; y en este momento, en aras de la supervivencia, han tomado la decisión de pasar a circular una vez a la semana y potenciar su página web. “La circulación, ahora digital, es obligación moral. No hay tiempo para el desaliento”, fueron sus palabras de cierre. Aunque la hegemonía avanza, no se rinden.

El viaje a Chile que le costó el Nobel a Borges

I

Su nombre no puede faltar –ni falta– a la hora de hablar sobre las injusticias del Premio Nobel de Literatura. Fue uno de los grandes excluidos, de los proscritos de la Academia Sueca. Dudoso honor que comparte con Tolstoi, Nabokov, Joyce y otros tantos. En torno a por qué la Academia lo privó del máximo galardón a que puede aspirar cualquier hombre de letras, se tejieron siempre infinidad de teorías: que si una rencilla personal con Artur Lundkvist –poeta sueco, miembro de la academia, traductor de importantes latinoamericanos, artífice, cuenta la leyenda, del Nobel de Gabo–, que si más bien era política la rencilla, porque Lundkvist era izquierdista, que por el apoyo a Videla o las declaraciones a favor de Pinochet.

Esta última especie, en la que aparece el dictador chileno, ha sido durante años la que ha tenido más fuerza. “En 1976 estuvo a un paso de obtenerlo pero, al parecer, una inoportuna o premeditada acción de parte del mismo Borges, la aceptación de visitar el país de Augusto Pinochet, lo descalificó”. Lo dijo en una entrevista el año pasado el escritor y músico chileno Jorge Arallena, en algún momento íntimo de Borges.

En ese año, 1976, un rumor corría como pólvora en los mentideros literarios: un Nobel compartido por dos hispanohablantes. “Aleixandre y Borges, podrían compartir el Nobel de Literatura”, publicaba en octubre El País. Que ya todo estaba decido, que las papeletas estaban listas. Y en el 77 la especie se confirmó a medias: Alexaindre lo ganó y Borges, sorpresivamente, quedó fuera.

¿Por qué?

II

15 de septiembre de 1976. 6:00 PM. Jorge Luís Borges aterriza en el Aeropuerto Pudahuel –hoy Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benitez– de Santiago de Chile. Lo recibe Ricardo Alegría, vicerrector de Extensión y Comunicación de la Universidad de Chile, cuya Facultad de Filosofía y Letras le ha concedido un Doctorado Honoris Causa, que el escritor recibirá seis días después.

El país se encuentra sumido desde 1973 en una dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet. Sombrías acusaciones de violaciones a los Derechos Humanos se ciernen sobre el régimen, que tiene muy mala prensa en el continente y en el mundo. El repudio es –casi– unánime. Pocos se atreven a defenderlo, pero Borges lo hace.

“Los he defendido por razones emocionales ante todo y porque soy enemigo del comunismo. Creo que eso no es ningún misterio. No lo he podido ocultar. Yo siempre he sentido afecto por Chile y me parece que si ahora Chile está salvándose y de algún modo salvándonos, le debo gratitud. Yo, como argentino, le debo gratitud”, dice tres días después de su llegada, el 18 de septiembre, en una rueda de prensa en el Hotel Sheraton San Cristóbal, de Santiago.

El 21 de septiembre recibe de manos del rector delegado de la Universidad de Chile, Agustín Toro, el doctorado Honoris Causa. En su discurso, vuelve a dejar en evidencia su simpatía por el régimen de Pinochet: “Hay un hecho que debe conformarnos a todos, a todo el continente, y acaso a todo el mundo. En esta época de anarquía sé que hay aquí, entre la cordillera y el mar, una patria fuerte. Lugones predicó la patria fuerte cuando habló de la hora de la espada. Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita, Y lo digo sabiendo muy claramente, muy precisamente, lo que digo. Pues bien, mi país está emergiendo de la ciénaga, creo, con felicidad. Creo que mereceremos salir de la ciénaga en que estuvimos. Ya estamos saliendo, por obra de las espadas, precisamente. Y aquí ya han emergido de esa ciénaga. Y aquí tenemos: Chile, esa región, esa patria, que es a la vez una larga patria y una honrosa espada”.

Al día siguiente, 22 de septiembre, para que no queden dudas, Borges se deja ver en el Edificio Diego Portales, que luego del bombardeo al Palacio de La Moneda quedó convertido en la sede del Poder Ejecutivo y Legislativo de la Junta Militar. Todo un símbolo. Allí se reúne con el dictador a las 10 de la mañana. El encuentro dura poco más de una hora. Lo que se dijo o se dejó de decir sólo lo saben ellos. Una foto, en la que un Pinochet de civil estrecha la mano de un Borges de traje y chaqueta oscura, es lo único que quedó de la reunión. Eso, y unas alabanciosas declaraciones del escritor, que a la 1 de la tarde abandonaría el país:

“Yo soy una persona muy tímida, pero él (Pinochet) se encargó de que mi timidez desapareciera, y todo resultó muy fácil. Él es una excelente persona, su cordialidad, su bondad… Estoy muy satisfecho… El hecho de que aquí, también en mi patria, y en Uruguay, se esté salvando la libertad y el orden, sobre todo en un continente anarquizado, en un continente socavado por el comunismo. Yo expresé mi satisfacción, como argentino, de que tuviéramos aquí al lado un país de orden y paz que no es anárquico ni está comunizado”.

III

27 de julio de 2015. María Kodama, viuda de Borges, ofrece una entrevista a El País de Madrid. En ella entrega la pieza que le falta al rompecabezas, la que le da verosimilitud a la versión según la cual ese viaje fue su condena sueca: en vísperas de partir a Santiago, el escritor recibió una llamada de Estocolmo en la que le sugerían -¿o acaso exigían?- que no fuera a Chile a recibir el Doctorado Honoris Causa.

“[Cuando] iba a ir a recoger el doctorado honoris causa en la Universidad de Chile, aún con Pinochet, en 1976, lo llamaron por teléfono desde Estocolmo. Yo muy contenta le digo que no nos hagamos ilusiones y que atendiera la llamada. Yo siempre me iba para que él estuviera en la intimidad con la persona que llamaba, pero me retiene. Por sus respuestas me doy cuenta de lo que le decían y aunque deduje todo después me lo contó. Pero acabó diciendo: ‘Mire, señor: yo le agradezco su amabilidad, pero después de lo que usted acaba de decirme mi deber es ir a Chile. Hay dos cosas que un hombre no puede permitir: sobornar o dejarse sobornar. Muchas gracias, buenos días’. Fue genial, yo lo adoré más que nunca. ¿Quién por sus ideas soporta algo tan tentador? Más allá o por encima de lo que podía ser su interés literario estaba la ética, no dejarse sobornar”

Fin de la historia. Se terminó -por fin- el misterio.