CORIWEB

La ruta de María Corina Machado

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

‘Se los dije’, publicó en su cuenta de Twitter el 30 de marzo de 2017. Convencida de que los hechos le habían dado la razón, María Corina Machado resumió en tres palabras todo lo que, por años, había llevado dentro. El tuit era un desahogo y una certeza. Tras las sentencias 155 y 156 del TSJ, la fundadora de Vente Venezuela parecía dirigirle su mensaje a aquellos que, durante tanto tiempo, la tildaron de radical. Era su momento, o por lo menos así lo sentía. ‘Golpe de Estado. Formal y declarado’, tuiteó minutos más tarde, para luego explicar que eso que pasaba con la Asamblea, esa pérdida de facultades, era consecuencia del estéril diálogo moderado por los Zapatero, Samper, Fernández y Torrijos a finales del año pasado. Las soluciones al problema, para ella, eran la Carta Democrática, el 350 y calle hasta la salida del gobierno. Más de cuatro meses han pasado desde ese entonces y la calle, que llegó a ser rutina, padece el frío de la incoherencia. El chavismo no es que no ha salido, sino que ahora, Constituyente mediante, parece tener más poder que nunca. La oposición, luego de la instalación de la ANC, está ante sus horas más bajas. La polémica decisión de asistir a las regionales ha dejado a más de uno al borde de la locura y la MUD luce fragmentada. ‘Es dictadura. Nos quedamos políticamente solos, pero del lado de la gente y sin perder el objetivo para terminar con este régimen ya’, informó Machado vía Twitter el pasado 9 de agosto, para dar a conocer su postura frente a la decisión de los demás partidos de la Unidad de asistir a los comicios. Al igual que con el ‘Se los dije’, la dirigente anunciaba el inicio de un nuevo ciclo. Uno que, esta vez, le tocaría enfrentar desde el aislamiento. En medio de esta coyuntura, el equipo periodístico de @RevistaOJO fue a la sede de Vente Venezuela para pulsar su opinión sobre diversos temas y esto fue lo que nos dijo:

–Usted decía el día cincuenta de protestas que, en ese período de tiempo, la oposición había derrotado a la dictadura, que había avanzado bastante (“se acerca la hora definitiva”). Y el día cien, a la espera del #16J, usted hablaba de veredicto. ¿Cuál era el escenario que tenía María Corina en su cabeza para derrocar al gobierno? ¿Cuáles eran esos pasos? Decía que faltaba poco…

–Las dictaduras salen cuando son enfrentadas con firmeza, con determinación, con coraje cívico. Y eso fue lo que se desató en Venezuela hace 139 días. Fue un movimiento social que se convirtió en rebelión popular. Y que hizo que se produjeran quiebres indispensables para que una dictadura como esta, que no es cualquiera, salga del poder. Esto es un Estado mafioso y tenemos que asumirlo, porque eso genera una serie de incentivos y de comportamientos distintos a los que tienen dictaduras convencionales.

¿Qué hemos logrado en estos cuatro meses? Primero, nunca el país había estado tan unido como está hoy. Nunca. Tenemos más de 90% de los venezolanos diciendo: ‘Se tienen que ir ya’. En esa unidad han estado todas las regiones del país, todas las generaciones, todos los sectores. Ahí estaban chamos que vienen de La Bombilla, Petare, luchando detrás de uno que quizá estaba estudiando afuera y que se vino de vuelta para su país. Por otra parte, se fracturó el chavismo. Hay unas fracturas, incluso, que no se han hecho públicas todavía, porque se estaban generando en estos últimos días. Se han producido grandes disidencias dentro de las Fuerzas Armadas, algunas son públicas y otras no. Hay oficiales y soldados que han sido detenidos, que han pedido la baja porque no están de acuerdo con la represión brutal del régimen y con la entrega de la soberanía del país. Y, finalmente, está la cohesión internacional alrededor de una política de acciones. Es decir, vivimos muchos años la indiferencia (de la comunidad internacional). Vivimos en el último tiempo la retórica, pero comenzaron las acciones. Las acciones de verdad. Y todo esto va orientado y cogiendo fuerza en una sola dirección, para llegar a ese punto Q de energía en el cual Maduro y el régimen entiendan: “Mira, pana, nuestra única opción es aceptar una negociación que implique salir de aquí”.

–¿Y usted cree que con la presión de calle iba a llegar ese momento?

–La presión de calle lograba que esas cosas ocurrieran. Y después se retroalimentaban. Porque en la medida en que más actuaba la comunidad internacional, más se estimulaba la calle. En la medida en que la calle producía quiebres en el chavismo, la comunidad internacional… ¿Me explico? Son todas variables que se autoestimulan.

–En ese contexto, ¿cómo caería Nicolás Maduro? ¿Negociación? ¿Renuncia?

–Yo quisiera que fuese por una negociación. ¿Cómo se formalizaría? Eso es lo de menos. Pero se tiene que ir. Una negociación, pero una negociación de verdad. Una negociación que diga: ‘Mire, señor, aquí están las garantías y estos son los términos para que te vayas’. Esa es la única que aceptamos. No una negociación como las que nos han tratado de vender, al estilo Zapatero, en octubre del año pasado. Estábamos en una situación parecida, donde había mucha fuerza en la calle, la comunidad internacional presionando, Maduro con el agua al cuello y entonces apareció Zapatero en una operación cubana donde nos madrugaron con un supuesto diálogo y donde el propio cardenal Urosa dijo: ‘Se burlaron hasta del papa Francisco’. Y era lo único que quería el régimen: tiempo, oxígeno. ¿Y para eso qué necesitaban? Parar la protesta y decirle al mundo: ‘Miren, ¿cómo que hay un problema en Venezuela? No haga nada. Aquí ya todo el mundo se sentó en una mesa a dialogar’. ¿Y qué nos dijeron?: Aquí hay dos opciones. ‘O dialogamos o nos matamos’. ¿Y qué pasó?: Dialogaron y nos mataron.

¿Cuál es su opinión sobre un posible alzamiento militar? ¿Contempla esa alternativa?

Nosotros lo hemos demandado. Y el 16 de julio le dimos un mandato, 7.600.000 venezolanos, a las Fuerzas Armadas para que cumplan la Constitución, bajen las armas y se pongan del lado de un pueblo que legítimamente lucha por su libertad y por su dignidad. Dignidad que le ha sido pisoteada por la FANB.

–¿Y eso se traduce en?

‘No reprimo más y no reconozco la Constituyente’. Porque al final algunos pensarán: ‘Es que la Constituyente nos destruyó’. Todo lo contrario. Yo lo dije, yo lo dije cuando Maduro planteó la locura de la Constituyente: ‘Se fregó’. Porque la Constituyente cohesionó a todos los sectores internacionales que tenían dudas de qué era lo que pasaba en Venezuela. Porque (Maduro) se quitó la careta. La Constituyente es constitucionalizar la dictadura cubana, el Estado comunista. ¿Qué parte no ha quedado clara? Olvídate de alcaldías, gobernaciones, Asamblea Nacional. Destruyen todo. Olvídate de la propiedad, el sector productivo, la universidad. Es el Estado comunista. Ellos lo han reconocido. Entonces: ¿Qué es lo que ahora quiere el régimen? Que la sociedad venezolana reconozca la Constituyente. Eso es lo que quieren, porque piensan que con eso nos van a someter, que eso sería la rendición final. Por eso todas esas acciones que están haciendo ahorita. Todo este tema de las elecciones regionales, esto es Zapatero dos.

¿Qué palabra usaría para calificar a quienes voten en las regionales?

Yo no los descalifico. Yo creo en la libertad individual. Cada quién decide lo que quiere hacer. No voy a llamar a una persona para decirle qué hacer, si tiene que tomar una dirección y otra. Esa no es nuestra ruta. Yo creo que esa ruta es la que quiere el régimen: legitimar y reconocer la Constituyente. Me parece que tenemos que recordar lo que fue uno de los logros más importantes de estos meses de lucha: La Declaración de Lima. Mira este punto: la decisión de estos países de no reconocer a la Asamblea Nacional Constituyente ni los actos que emanen de ella por su carácter ilegítimo. Eso incluye las elecciones regionales. Ayer lo dijo Tibisay Lucena.

–¿Qué piensa de esos diputados que están dejando su cargo en la Asamblea Nacional para lanzarse a gobernaciones?

–Yo creo que tienen que escuchar a la gente. Y hay un mandato, el del 16 de julio. Yo tengo tantos compañeros honorables que quiero, respeto, admiro mucho, en todos esos partidos. Son gente buena. Y a ellos lo que les digo es: confíen en la fuerza de los venezolanos. Hay algunas personas que les han hecho creer que no tenemos fuerza y entonces no se puede sacar al régimen, que no hay nada que hacer…

–¿Qué le responden ellos? ¿Por qué no siguieron con el camino de la calle?

–Créeme que hay muchos que lo están pensando. Hay muchos que están reflexionando… Como te digo: esa es la política que decidió el régimen y un sector de los partidos políticos. Yo estoy con la gente, con la política de los ciudadanos. Es una política de coraje. Es la estrategia de la fuerza, del sí podemos. Es la estrategia de decir: íbamos por la ruta que es y hay que seguirla. Es la ruta que te dice: ‘El mundo entero hoy nos acompaña’. Y hay que crear una coalición ética de ciudadanos, de gente a la que nos unen los principios y los valores: la verdad, la integridad, la justicia, la solidaridad, la valentía, la dignidad. Esos son los valores por los que uno da la vida. Eso es lo que yo he visto con estos chamos en la calle.

–¿Se jugó con las expectativas de la gente?

–No. Yo no diría eso. Yo al menos asumo mi responsabilidad. Lo dije el primer día y lo digo hoy: sí se puede. Ahora, yo soy franca: sí dimos un paso para atrás. Hay que hablar con la verdad. Y hay gente que en este momento se siente decepcionada, muy brava, triste.

–Es que se está diciendo desde el primer día: “Vamos a salir de esto, vamos a salir de esto”…

–Y ‘¡Vamos a salir de Maduro!’. Entonces hay gente que dice: ‘Ya va. ¿Otra vez? ¿Otra vez?’. Entonces yo lo entiendo, yo comparto ese dolor. Pero el régimen lo que quiere es dividirnos y desmoralizarnos. Venezuela está más unida que nunca. Unos se fueron un rato por un canal que no es…

–¿Y cómo van a volver?

–Bueno, que regresen. Yo no le voy a cerrar la puerta a nadie. Pero lo importante es que nosotros no podemos detenernos.

–¿Tiene la fuerza María Corina y Vente Venezuela para capitalizar y agrupar a todas esas personas que, como dices, hicieron un mandato y esperaban una ruta? ¿Están en la capacidad para convocar manifestaciones multitudinarias sin el apoyo de los otros partidos?

–Yo creo que la sociedad venezolana tiene la determinación de crear esa coalición ética que tendrá distintas formas de lucha. Además, cada etapa va evolucionando. Y si es necesario llegaremos otra vez al momento de grandes movilizaciones. Pero hay muchas otras cosas que hay que hacer para terminar de socavar los pilares que le quedan de soporte al régimen que está muy débil. Muy débil.

–Su opinión sobre la opción militar, sobre las palabras de Donald Trump…

–Nadie va a creer que en la América Latina del siglo XXI es posible una invasión militar. Eso no existe. Ahora, lo que sí hay en Venezuela es una invasión cubana. O es que acaso no tenemos conciencia de que los cubanos están manejando los sistemas de información y de identificación de los venezolanos. Los grupos y los cuerpos de seguridad y de inteligencia. La notaría, los registros y las fuerzas armadas. Yo, siendo diputada, a la Comisión de Defensa de entonces le llevé una lista con los nombres y apellidos de los generales cubanos que estaban en ese momento en un grupo que se llamaba el GRUCE. El grupo de Coordinación y Enlace en el CEO (Comando Estratégico Operacional), en Fuerte Tiuna. Yo se los llevé y no hicieron nada. Nosotros sí sabemos que ahí hay una invasión, como hay una invasión de la guerrilla, que llega ya al corazón de Venezuela, una invasión del narcotráfico, de contrabando, de todos los crímenes y las redes mafiosas del mundo que se han asentado en el país. Ahora, para eso, para desmontar ese Estado mafioso, esa narcodictadura, sí necesitamos respaldo internacional.

–¿Cómo sería esa ayuda? En hechos concretos…

–La Declaración de Lima dice en el punto cuatro: “Los actos jurídicos que conforme a la Constitución requieran autorización de la Asamblea Nacional, sólo serán reconocidos cuando dicha Asamblea los haya aprobado”. ¿A qué se refiere esto? A operaciones de crédito público, endeudamiento. Es decir: ‘No reconocemos créditos y nuevos financiamientos que no tengan la aprobación de la Asamblea Nacional legítima’. Esos son actos concretos. Porque eso es lo que le cierra el chorro a los bonos de sangre que ha estado financiando la tiranía. Hay mucha gente con intereses muy oscuros que tratan de disfrazar que no están con el régimen, pero reciben dólares a diez. ¿Mientras el país se muere de hambre a cuánto? ¿A cuánto está ahorita? ¿Quince mil? Ya uno ni sabe. Ah, pero ellos lo reciben a diez. ¿Tú crees que ellos quieren que Maduro se vaya? ¿Y los que tienen bonos de la deuda? ¿Tú crees que esos quieren que Maduro se vaya? ¿Y los que reciben concesiones petroleras y concesiones del arco minero y están haciendo toda la plata del mundo? ¿Tú crees que ellos quieren que Maduro se vaya? Y ahí hay venezolanos y capitales extranjeros muy muy oscuros.

–¿Qué otras medidas considera?

–Yo creo que las sanciones, pero de una forma mucho más amplia y mucho más pública. ¿Embargo? Aquí está el embargo de armas: punto trece de la Declaración de Lima: “Su llamado a detener la transferencia de armas hacia Venezuela a la luz de los artículos 6 y 7 del Tratado sobre el Comercio de Armas”.

Ahora bien, sobre el tema petrolero: ¿Quién destruyó, quién sancionó a PDVSA? PDVSA está produciendo hoy la mitad de lo que producía antes de que comenzara esta bonanza petrolera. PDVSA está quebrada y eso es algo que nosotros los venezolanos no terminamos de procesar. Quebraron a la gallina de los huevos de oro. ¿Y ahora qué? Porque eso es lo que tenemos que pensar. ¿Qué va a pasar el día siguiente a la salida de Maduro? ¿Cómo vamos a reconstruir este país? Claro, se robaron un poco de real que tiene que volver, porque esa plata el mundo la tiene que identificar y traerla de vuelta. Esa es una de las cosas que yo le propongo a la comunidad internacional para que lo haga ya. Nosotros lo llamamos un Fondo Internacional para la Reconstrucción de Venezuela. Ya se han identificado más de 20 mil millones de dólares robados. Y es muchísimo más. Multiplica eso por diez. Ese es el tipo de cosas que hay que hacer. Decir: ‘Miren, aquí está la plata. Y se la robaron fulanito, fulanito, fulanito y fulanito’. Y que cuando este régimen salga esa plata regresa a Venezuela. ¿Qué tal? Ese es el tipo de cosas que necesitamos.

–De aquí a que termine el año, ¿cómo ve estos meses que vienen María Corina Machado?

–¿Tú sabes lo que yo digo? Que solamente los venezolanos entendemos lo que significan 24 horas. 24 horas es largo plazo. ¿O no? El mundo te dice… ‘En los próximos 24 meses…’ y nosotros morimos de la risa. Lo que es un mes en cualquier otro lugar, nosotros lo vivimos en un minuto. Hacemos ejercicios de planificación estratégica, con todas las variables, todos los escenarios y después: pum, cae un meteorito, porque son las cosas que pasan en Venezuela.

–¿Las regionales son un meteorito?

–No. Están muy bien pensadas. Es una operación cubana.

–Pero para usted, que tenía una planificación…

–No, señor. Eso se estaba anunciando desde hace muchos meses.

–Sabía que podían llegar…

–Pero, ¡claro! Y además todos dijeron: ‘No. Es inconcebible regionales si hay una Constituyente’. ¿O no lo dijeron? Ahora, allí no es donde está mi preocupación. Yo no me voy a quedar ahí pegada. Nosotros ya le dijimos al país lo que pensamos de eso. Es un error. Por favor, no lo cometan. Pero vamos a concentrarnos en lo nuestro. En lo que sí es, a mi modo de ver, indispensable para sacar este país adelante. Y lo primero es una lucha espiritual y emocional, y esa no la podemos perder. Esta gente lo que quiere es hacernos sentir derrotados. ¡Y esa lucha no–la–vamos–a–perder! Los espacios que no podemos perder son los de la dignidad, el coraje, la fuerza, la conexión entre los venezolanos. Esos espacios no los vamos a perder.

–¿Cómo hacer para no perderlos si ya no vienen grandes manifestaciones? ¿Cuál es el trabajo ahora?

–Bueno, es un espacio ahorita de reencontrarnos. De articulación entre sectores. Están los artistas, los familiares de las víctimas, los sindicatos, los productores… Por aquí yo he estado recibiéndolos a todos, yendo a sus sedes, escuchando. Aquí hay unas ganas y una disposición para luchar más fuertes que nunca. Porque todos los venezolanos sabemos lo que aquí está pasando. O sea, esta crisis humanitaria… Por cierto, cuando nosotros lo advertimos, hace cuatro años, me dijeron: ‘Exagerada, radical, impaciente, aquí jamás habrá una crisis humanitaria’. ¿O no? Me quedé corta, desgraciadamente. Esta crisis humanitaria está a punto de convertirse en una catástrofe. Nosotros no sabemos lo que es una hambruna. Eso puede ocurrir pronto. Actuemos. Actuemos. Actuemos de verdad.

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“No hay salida democrática”

En Venezuela no hay salida democrática. Ese es el crudo diagnóstico de Ramón Muchacho, uno de los alcaldes que padeció en carne propia los zarpazos de la dictadura y que, ante su inminente detención, decidió escapar del país para seguir haciendo política fuera de las rejas. Le habían quitado su pasaporte meses atrás –cuando regresó de su gira por Chile y Perú– y no estaba dispuesto a que le quitasen también su libertad. Con contactos, dentro y fuera del país, logró escapar hacia Estados Unidos, donde le concedió una entrevista al showman y periodista estrella Fernando del Rincón. “El problema de Venezuela es mucho más grave (que las regionales). El problema real es que Venezuela es un país donde hay una dictadura y donde no hay salida democrática”, soltó convencido. Para Ramón, las posibilidades de una resolución institucional y consensuada de la crisis se fueron reduciendo en el tiempo a medida que el gobierno avanzaba con su plan dictatorial. La ANC fue el límite, la gota que rebasó el vaso, y a partir de ese momento, afirma Muchacho, la esperanza se esfumó. “Es mejor que reconozcamos la realidad y con base en eso empecemos a hacer propuestas, en vez de que nos sigamos engañando. Si todavía seguimos pensando que hay forma de sentar al gobierno para que por cualquier forma no violenta, con su participación activa y con su voluntad, entregue el poder, es porque todavía no entendemos quiénes están gobernando en Venezuela”. Entonces, ¿estaría de acuerdo Muchacho con una intervención militar?: “Cuando Trump lanza esa advertencia lo que le está poniendo es una papa caliente en la mano a los gobiernos de la región para que éstos digan: ‘Intervención militar no. La opción es esta’. Cuando encuentras que no hay opción, llegas a la conclusión de que la alternativa militar, digamos lo que digamos, condenémosla o aplaudámosla, puede terminar siendo inevitable para los Estados Unidos. Porque si tú ves las opiniones que emite la CIA, el departamento de Estado, ¿qué dicen? Que Irán está allí, Rusia está allí, Hezbollah está allí, el terrorismo está allí, allí en Venezuela”.

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Ángel Zerpa: 22 días en huelga de hambre

Ángel Wladimir Zerpa Aponte muere de indiferencia en una celda de El Helicoide. Lleva 24 días detenido y 22 en huelga de hambre sin que nadie se preocupe por él. Toda la fuerza represiva de la dictadura ha caído sobre su persona. A las 6 de la tarde del sábado 22 de julio el SEBIN lo secuestró en Los Cortijos, mientras estaba con su esposa. Durante toda la noche lo ruletearon por Caracas hasta que a las 7 de la mañana de ese domingo lo ingresaron a la sede principal del SEBIN, donde lo encerraron en un baño lleno de excremento, según El Nacional. Le negaron la visita de abogados y familiares, y el acceso a los medicamentos que necesita para controlar su hipertensión. Al día siguiente lo llevaron a juicio en un Tribunal Militar, en el que se le negó la posibilidad de tener un defensor privado y le asignaron uno público. Penalista de carrera y profesor de trayectoria –la UCV, la UCAB, la UC, la UCAT, la ULA, la USM, la UCSAR y la UJMV son las universidades donde enseñó en pre-grado y post-grado– decidió defenderse a sí mismo en un juicio que tenía perdido de antemano: traición a la patria le dictaron y se lo llevaron a El Helicoide. Dos cosas puede que le hayan cobrado: haberse juramentado como magistrado del TSJ por la Asamblea Nacional y haber representado y defendido a Luisa Ortega Díaz en el antejuicio de mérito que el TSJ le hizo a petición de Pedro Carreño. Al salir de la audiencia, Zerpa se declaró en huelga de hambre, y desde entonces han pasado 22 días, en los cuales no le han dejado ver, ni siquiera, a su familia. “No sabemos absolutamente nada de mi papá. Todas las mañanas me levanto sin saber si está vivo o está muerto”, declaró su hija a VPI ayer. Y aunque el Ministerio Público designó a un Fiscal para el caso e intentó ingresar a El Helicoide para verificar su estado de salud, también le ha sido repetidamente negado el acceso. La última información que se tuvo, la proporcionó un abogado que accidentalmente lo vio en El Helicoide hace una semana: “No me dejen solo”, pidió Zerpa.

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El chavismo 13 años después

Dice el comediante Ricardo del Búfalo que Venezuela tiene cuatro estaciones: campaña, elecciones, depresión y protesta. Visto lo visto, tras dos décadas de Revolución Bolivariana, resulta imposible llevarle la contraria. La era chavista, desde este lado de la acera, no ha sido otra cosa que campaña, elecciones, depresión y protesta. Hemos vivido el período de los jingles pegajosos, la veintena de comicios, la melancolía omnipresente y las marchas interminables. El país es un círculo vicioso, un cuento que no deja de morderse la cola para volver a empezar. Una y otra vez. Duele decirlo, pero ‘La Salida’ comenzó en 2002 y hasta ahora no ha tenido éxito, aunque sí matices. Hoy se cumplen 13 años del día favorito del gobierno: 15 de agosto de 2004. Fue en esa fecha, luego de vencer en el referéndum revocatorio, cuando más se sintieron indestructibles. Con la victoria del máximo líder, ponían fin a unas protestas que iniciaron en 2001, tuvieron su clímax en el trágico 11 de abril del año siguiente, pasaron por el paro petrolero, siguieron durante todo el 2003 y, ante el fracaso de diálogos estériles, terminaron, cómo no, con campaña, elecciones y depresión. Una depresión que duró tanto que por un tiempo no hubo ni protesta, sólo resignación: la oposición se saltó las estaciones del año siguiente (2005) y volvió a vivirlas con el insípido Manuel Rosales. Otra vez: campaña, elecciones y depresión. Con RCTV vendría la protesta y, por primera vez, una falla en la Matrix. La oposición conocería la quinta estación: euforia (2007). La misma que sentiría ocho años después (Parlamentarias), pero que inevitablemente desembocaría en los períodos ya conocidos. En 2017, más que nunca, Venezuela se ha encontrado con su primavera-verano-otoño-invierno particular. Ante tanta protesta, el chavismo aplicó su fórmula favorita. Aunque, a diferencia de 2004, esta vez no tenía los votos suficientes para ganar. Ni siquiera el apoyo necesario para meter la coba. Por ello, inventaron una elección extrañísima y unos números inverosímiles. Si en 2004 les creyó hasta Bush y la OEA, ahora Smartmatic los ha dejado mal frente al mundo. No obstante, la oposición sigue escuchando el Vivaldi más ácido. Las cuatro estaciones siguen su curso y el país está a la espera de que por fin, de una buena vez por todas, mejore el tiempo y cambie la melodía.

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¿Se debe apoyar una intervención militar en Venezuela?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

La respuesta lógica a la interrogante que se plantea en el título de este escrito sería un no rotundo. No. No. No. Y mil veces no. Pero como no vivimos en un país donde la lógica impere, son muchos escenarios los que deben analizarse antes de tomar una postura.

Lo primero que debe aclararse es que si hipotéticamente los Estados Unidos tomasen la decisión de intervenir militarmente Venezuela, no lo harían de gratis ni de buena fe: detrás de su intervención habría lógicamente un interés y no solo de índole económico, sino también geopolítico. ¿Por qué? La República Bolivariana de Venezuela no solo cuenta con riquezas minerales extraordinarias y paisajes hermosos, sino que tiene una ubicación geográfica esplendida: estamos al norte de América del Sur, y al sur de América del Norte; desde el punto de vista militar y económico somos una maravilla, algo así como un puente entre diferentes naciones (un puente que transitoriamente se ha mudado a Colombia —Bogotá— por la situación que atraviesa Venezuela).

Una intervención militar norteamericana en Venezuela no sería ocasionada únicamente porque Maduro sea un dictador; de hecho, de todas las razones, quizás esa sea la de menor peso. Lo que verdaderamente afecta y preocupa a los Estados Unidos es la implantación de células terroristas (Hezbolá) en un país como Venezuela (tan cerca de la Florida), y la ruta de narcotráfico que se ha desplegado desde nuestras fronteras. Cuando en los años 90’s el espíritu de Pablo Escobar rondaba por las selvas antioqueñas y los norteamericanos se dieron a la tarea de darle caza, la razón por la cual esta operación tardó tanto en ejecutarse fue porque los gringos en aquel entonces tenían como punto de mira principal al comunismo, y luego al narcotráfico. No fue hasta después que se dieron cuenta de que precisamente el narcotráfico es una de las mayores fuentes de financiamiento del comunismo, y a sabiendas de que ningún comunismo sobrevive sin dinero, había, pues, que destrozar primero lo uno para luego acabar con lo otro. Hoy en Venezuela ocurre algo similar, con la diferencia de que los Pablo Escobar ocupan puestos en la administración pública, y dicha administración pública no va a abrirles las puertas a los gringos para que vengan a darles captura a ellos mismos.

Otro dato de no menor relevancia es que Venezuela hace mucho que dejó de ser un país soberano. Para nadie es un secreto la intromisión del aparato cubano en las decisiones emanadas por el Poder Ejecutivo y en el adiestramiento de las fuerzas militares, además del domino que tienen los chinos y los rusos sobre las transacciones petroleras del país. El discurso nacionalista y patriota es una bolsería más del chavismo: ningún gobierno en nuestra era republicana había vendido a Venezuela de una forma tan absurda a los intereses de terceros, y es por ello que el tema de una intervención militar norteamericana es de difícil evaluación.

La MUD se pronunció el domingo para rechazar cualquier injerencia extranjera (aludiendo también a los cubanos) y aprovechó para rechazar también la amenaza militar de cualquier potencia extranjera (refiriéndose, claro está, a los Estados Unidos de Norteamérica). Quiero acotar, y esto es una opinión bastante personal, que yo sería el primero en sentirme triste y defraudado si la única forma de salir de este gobierno fuese por medio de una intervención extranjera, pues eso significaría que habríamos fracasado como país, como pueblo, que el chavismo ganó, y que la única forma de sacarlos de Miraflores fue por medio de la fuerza de terceros. Pero a su vez, observando el panorama que se avecina (la imposición vía Asamblea Constituyente de un Estado Comunal y un Poder Vertical) pareciera ser una de las pocas soluciones a todo este conflicto. Con respecto a la MUD, es comprensible que no apoyen en público una intervención extranjera, pero tampoco tienen por qué pronunciarse, no es su obligación, ellos no son un gobierno y tienen derecho a guardar silencio (a veces el silencio dice mucho más que las palabras). Y volvamos al pasado una vez más: cuando los Pepes empezaron a darle caza a Pablo Escobar actuando con impunidad en Colombia, mucha presión cayó sobre el presidente Gaviria, quien a pesar de su posición como ejecutivo de Colombia guardó silencio pues estaba claro que su intención era derrocar al narcotraficante ¿Por qué volvemos a usar como ejemplo a Pablo Escobar? Porque precisamente en Venezuela se está lidiando con terroristas y narcotraficantes, y ese es un tema que no debe preocuparnos solo a los venezolanos, sino también al resto de países que conforman América Latina.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que la situación de Venezuela desde hace mucho tiempo que dejó de ser una “situación de Venezuela”: lo que sucede en nuestro país repercute de forma directa o indirecta en nuestros vecinos, además que la soberanía como tal acá no existe, vivimos controlados por una dictadura comunista y militar manejada por los intereses de terceras naciones. Entonces, ¿necesitamos de la ayuda de los gringos? Tristemente sí, pues lamentablemente en el país se han instalado células armadas extranjeras que nos tienen (y probablemente nos seguirán teniendo) pisoteados si no se topan con un freno, y ese freno dudo que sea una avalancha de votos en las regionales o una actuación digna y soberana de “nuestra FANB”.

No hay algo que yo como ciudadano venezolano deseara más en este mundo que vencer al oficialismo en el juego democrático, derrotarlos con votos y reestablecer la República con civilidad, pero poniendo los pies sobre la tierra sabemos que eso claramente no va a ocurrir, pues no estamos luchando contra un gobierno, sino contra un grupo de criminales que defienden sus riquezas, sus libertades y sus vidas.

El final de esta historia nadie lo conoce, lo cierto es que ya no hay forma de que sea agradable, no hay forma de que sea amistosa, tampoco justa, pase lo que pase se cometerán injusticias. Habrá una guerra contra los gringos, una guerra entre venezolanos, o un sometimiento eterno a la bota cubana. Cualquiera de las tres opciones será dolorosa y dejará sangre a su alrededor, y eso es algo con lo que todo venezolano debe ir mentalizándose: las opciones milagrosas dejaron de existir.

Demonstrator take cover during clashes at a protest against Venezuela's President Nicolas Maduro's government in Caracas, Venezuela, July 10, 2017. REUTERS/Andres Martinez Casares

Fusilamiento en el puente (y otras historias)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

I

El mejor termómetro para medir la convocatoria de una marcha es la cola que deja. Y la del sábado pasado marcó una temperatura bajísima. Exactamente quince minutos después de que la marcha arrancara de Parque Cristal, la vida en la Francisco de Miranda era la de cualquier sábado al mediodía: camioneticas y carros transitando, gente caminando, negocios abiertos. No había rastro y ni siquiera sospecha que de allí hubiera salido manifestación alguna. Lo mismo en Altamira: todo estaba absolutamente normal. Fue apenas en Chacao, a mediados de Chacao, y luego de transitar a paso veloz un buen número de cuadras, que el indicio de una marcha se hizo presente: estaban sentadas en un banco dos personas de gorra tricolor. Habría entonces que transitar dos cuadras más para toparse con un par de patrullas que cerraban la calle y luego llegar a Chacaito para encontrarse, allí sí, con la manifestación, que había caminado rapidísimo (otro indicador infalible: marcha grande camina lento) y estaba ya comenzando a bajar a Las Mercedes.

La Alfredo Sadel, su destino final, fue una pequeña reunión de lugares comunes. La vista desde la tarima era desoladora: apenas y un pequeño grupo de personas, inflado por una bandera gigante extendida en toda su dimensión bajo un sol inclemente. Hubo micrófono abierto, cantada de himno, proclamación de consignas y par de discursos de Freddy Guevara y Delsa Solórzano, pero nada reseñable. Solo la comprobación del radical divorcio que hay entre pueblo y dirigencia, en el peor de los momentos posibles.

II

Las malas ideas siempre vienen precedidas de una advertencia. La vida avisa. Y la fotógrafa de pelo largo (imposible reconocerla con todo el equipo anti motín encima) dijo “¿para qué?” inmediatamente antes de que un grupo de casi veinte trabajadores de la prensa decidiéramos cruzar el puente de Las Mercedes. Su pregunta tenía respuesta: lo hacíamos para poder ver algo. Aproximadamente quince minutos tenían enfrentándose en el comienzo de Las Mercedes, por el CVA, un pequeño grupo de la resistencia con otro grupo (pequeño también) de la GNB, luego de concluida la marcha. En ese pésimo punto, donde no hay con qué cubrirse y la GNB desde arriba tiene vista y ángulo para hacer lo que le da la gana, habíamos estado en todos los lugares posibles hasta que terminamos en esa especie de túnel que está debajo de la autopista, desde donde se oía todo y no se veía nada. Y cuando ya la situación pareció calmarse, entonces decidimos cruzar. “¿Para qué?” dijo la fotógrafa de pelo largo, pero igual se vino con nosotros. Y entonces comenzó una andanada de disparos en ráfaga en contra nuestra: desde arriba, la GNB jugaba a fusilarnos.

Los sonidos eran tres y violentos: un ‘po’ seco (el de la detonación), un ‘pin’ metálico (el de cuando los perdigones pegaban de las barandas del puente) y un ‘zzzz’ fugaz (el de cuando pasaban zumbando cerca). Se sucedían incesantemente, en paralelo y por todas partes: así se escuchaba la banda sonora de nuestro ajusticiamiento, a la que se sumaban interjecciones, gritos y exclamaciones. Si lo planificaron o no, eso sería especular, pero lo calcularon bien: comenzaron a disparar en el momento exacto en el que devolverse dejaba de ser opción y cruzar el puente todavía se llevaría tiempo. La aparición de los perdigones tuvo, además, dos efectos físicos: nos encogió a los periodistas (que empezamos a correr agachados y apretándonos unos con otros) y alargó el puente (cuyo trayecto se nos hizo interminable). En el cruce, ardor en la pierna: un perdigonazo. El dolor al momento es intenso, pero puntual y localizado. El jean amortigua bastante y bien. No pasa así con la camisa blanca del periodista español que está a mi lado, que en un instante comienza a teñirse de rojo en la manga del brazo derecho, donde le dieron.

Al otro lado del puente las caras son de desconcierto. Casi nadie entiende y mucho menos cree lo que nos acaba de pasar: nos dispararon desde arriba cruzando un puente. Todos hacemos conteo de daños. Casi todos tenemos algo, pero el más grave es el español, al que atienden los paramédicos. Un fotógrafo joven se quita el casco y enseña la huella que dejaron dos perdigonazos contra éste: le voló la pintura y lo hundió un poco. Él lo ve entre incrédulo y turbado. Entonces, saca un rosario tricolor, lo besa y se lo enrolla en la muñeca.

III

No copiosamente, pero llora. Es una mujer ya mayor, delgada, de pelo corto y canoso, que se lamenta por un nombre que la grabadora no registra pero que pertenece a quien probablemente sea su esposo: un hombre entrado en años al que la GNB, en una redada sorpresa, se acaba de llevar en Colinas de Bello Monte. Y es que luego de perder la pelea en Las Mercedes, un grupo todavía más pequeño de jóvenes encapuchados decidió irse hasta la Principal de Colinas a drenar su frustración: armaron dos endebles barricadas y comenzaron a lanzar piedras contra la autopista, desde donde la GNB, que pasaba cada cierto tiempo por allí, les disparaba perdigones. Durante dos horas, el enfrentamiento fue cíclico y rutinario, pero cuando la prensa comenzó a retirarse, entonces sí la GNB se paró en la autopista y disparó incluso un par de lacrimógenas. Volvió entonces la prensa y con ella una calma de casi veinte minutos, que se vieron interrumpidos por la llegada abrupta de una brigada en moto de la GNB.

La emboscada fue breve pero efectiva, diríase quirúrgica. Aparecieron de repente y atraparon a casi seis jóvenes, algunos de ellos emblemáticos. Allí cayó el que guerreaba con el torso descubierto y se pintaba consignas sobre éste (“No soy guarimbero, soy venezolano”, decía la de su por ahora último día en libertad). Sobreviviente de un sinfín de ataques y emboscadas, cayó probablemente en la manifestación más tonta e innecesaria de todas en las que participó. Le cubrieron el rostro con la bandera tricolor que usaba para manifestar y se lo llevaron entre dos Guardias. Lo mismo a un anciano de pelo blanco, bandana negra y guantes de esqueleto, el hombre por quien la mujer lloraba. En un segundo les cambió la vida a todos. Sin la efervescencia mediática de otrora, con la calle gélida, su detención quedó en anécdota, en denuncia de twitter, en lamento de unos conocidos que ni siquiera sabían bien sus nombres ni a quien avisar.

IV

El muchacho tiembla de la rabia. Respira violentamente, más bien resuella. Tiene un palo en la mano y los ojos fijos en un fotógrafo sobre el que concentra todo su odio y vierte una cantidad inmoderada de insultos. La escena termina siendo la más irracional de una jornada que no se había caracterizado por su moderación. Pero las post-emboscadas (y las post-represiones) son siempre así: momentos de frustración, dolor y rabia, en los que los últimos demonios se terminan de desatar.

Inmediatamente después de la redada de la GNB, Poli-Baruta apareció con dos patrullas para remover los escombros y deshacer las barricadas que trancaban la principal de Colinas. Los que sobrevivieron a la Guardia fueron saliendo uno a uno de sus escondites, y la emprendieron inmediatamente contra los funcionarios de la Policía Municipal. “Cómplices”, “choros”, “vendidos”, les decían; “nosotros hacemos nuestro trabajo”, se justificaban. La situación se tornó entre trágica y cómica cuando de un lado cuatro policías cargaban una lámina de zinc que trancaba la vía para arrojarla al Guaire, y del otro lado un manifestante la jalaba para que no lo hicieran. En la acera, algunos vecinos los seguían increpando.

Fue mientras captaba e inmortalizaba uno de esos momentos, cuando un fotógrafo fue abordado por un muchacho de la resistencia. Que parara inmediatamente, le exigía, que nada de fotos con la cara descubierta, que borrara inmediatamente las que acababa de tomar. Lo que empezó como la ya clásica discusión prensa-resistencia, terminó de repente en una trifulca violenta, en la que al fotógrafo le partieron un palo de madera en el casco mientras otro muchacho le tiraba una de sus dos cámara al suelo. La rápida acción de otro fotógrafo logró recuperar el equipo, pero no así los ánimos, que se caldearon a niveles solares. Hubo amenazas de muerte, insultos y puños. Y aunque  algunos vecinos y periodistas intentaron mediar, la situación no mejoró ni culminó hasta la retirada de toda prensa, que se fue abucheada por algunos y con la promesa de no volver a cubrir Colinas más nunca.

V

Aunque jura que tiene dieciséis, bien podrían ser unos cuantos menos sus años. Por el aspecto, entraría en lo que el estereotipo denominaría “de la calle” y el prejuicio aconsejaría tener lejos. Pero es pilas y simpático. Caminó de Colinas a Chacao con nosotros, se puso todos nuestros cascos y alucinó cuando le dijimos que parecía un asistente técnico. En la puerta de unos chinos nos increpó con gracia: “Na’guará: no tienen plata pa’regalarme una malta, pero sí para tomar cerveza ustedes”. Se la terminó ganando. Del local, pestilente pero barato, se adueñó. Era él quien les silbaba a los chinos para pedirles más rondas, en las que aprovechaba para meter de contrabando en la orden una malta (otra) para él. Pero no abusaba. Lo hacía con gracia. “Ese pana lo que pasa es que estaba periqueado”, nos dijo sobre el de Colinas. “Y allá se quedaron dándole una coñaza por eso que le hizo al fotógrafo”. Contó que había estado preso varias veces, pero que siempre lo soltaban por ser menor, aunque con unos cuantos golpes encima. Fue uno de los que cayó en aquel famoso autobús anaranjado detenido en Plaza Venezuela un sábado. En su versión, un infiltrado de la resistencia, que insultó desde el bus a unos PNB, fue el culpable de todo. Dijo que vio torturas y hasta una cosa peor en la sede de la policía política, pero todo tan difícil de confirmar como su edad o la historia de que vive en Chacao con toda su familia y que cuando no guarimbea cursa III año de un bachillerato del que no parece tener noción. Lo cierto es que era simpático, cargó unas cuantas maltas a la cuenta, y, como siempre, ninguno sabe si lo volverá a ver.

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Van en serio

Mike Pence citó hasta a Bolívar. Como el niño que hace bien la tarea y quiere agregarle valor a su exposición, el vicepresidente de Estados Unidos apeló al Libertador para transmitirle a Venezuela, al continente y al mundo, que su preocupación por la situación del país suramericano es pura y genuina, que está empapado en el tema y que, de verdad verdad, trabajará por buscarle una solución a la crisis. Las declaraciones de Pence aparecen en el contexto de la gira que inició en Colombia y pasará por Argentina, Chile y Panamá. Con Santos al lado –presidente vecino y uno de los principales enemigos de Maduro– Mike se encargó de enmendar la frase incendiaria que Trump había dicho el pasado viernes (“Tenemos muchas opciones respecto a Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesaria”) y que había convertido la irrisoria retórica chavista en una coartada perfecta para vender la idea de que los males del país son culpa del Imperio. Aquellas declaraciones no sólo fueron rechazadas por las voces más destacadas del PSUV, sino también por la Mesa de la Unidad, países como Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y México, el secretario Almagro y hasta el propio Pentágono. La comunidad internacional, que quede claro, no ve con buenos ojos una solución armada para resolver el conflicto. El último precedente en la región es Panamá, hace ya 28 años (caso Noriega: 1989), por lo que una intervención militar luce obsoleta en estos tiempos. Conocedor del entorno, el vicepresidente yanqui descartó la idea, pero sin perder contundencia en su alocución: “No aceptaremos que surja una dictadura en nuestro hemisferio, el pueblo merece algo mejor. El venezolano, que fue libre, ahora tiene que soportar la brutalidad del régimen de Maduro”. La tierra de Bolívar sigue en los primeros puestos de la agenda norteamericana, junto a Corea del Norte y Medio Oriente. Trump ya había adelantado en Miami el año pasado que, de ganar la presidencia, su gobierno sería un martillo contra Cuba y Venezuela. Y hasta ahora, tras la reunión con su gabinete de seguridad el pasado jueves y la incipiente gira de Pence, parece que será coherente con su discurso. Los gringos van en serio.

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El máximo responsable

Apenas su firma, solo eso, habría bastado para ahorrarnos todo este problema y sobre todo estos muertos. Si cuando el pran Maikel y su tren de magistrados delincuentes disolvieron la Asamblea, el Defensor, como jefe del Consejo Moral Republicano, hubiera apoyado la declaración de falta grave hecha por la Fiscal, entonces los magistrados golpistas hubieran sido destituidos y la AN reestablecida con todos sus poderes. Se lo pidieron los diputados, la gente que salió por millones a la calle, la comunidad internacional, e incluso su propio hijo. Pero él siempre dijo que no. Esa fue su respuesta invariable: no, no y no. Y de aquellos polvos estos lodos: esa terquedad suya, ese empecinamiento, lo que trajo fueron muertos, heridos y detenidos a granel. Él se limitó, altivo y soberbio como ha sido toda la vida, a bloquear gente en twitter y a condenar, siempre por la red social, algunos de los casos más graves de violaciones de DDHH, todo el tiempo con la coletilla argumental de que la violencia era de lado y lado, y como si no hubiera un patrón sistemático de violación de DDHH por parte del Estado como lo acaba de comprobar la ONU. Tanta fidelidad terminó dando frutos: cuando la ANC destituyó a Luisa Ortega Díaz como Fiscal General, le dieron el cargo a él… el cual aceptó. Ello, a pesar de que anteriormente lo había despreciado y rechazado por no tener “tripas” para eso: “No estoy para estar imputando ni encarcelando. No estoy en contra de quienes son fiscales, pero lo mío es la defensa y la protección de los DDHH. Cada quien a lo suyo”, le confesó a Pedro Penzini López el 27 de junio. Pero las tripas se le acomodaron en poco más de un mes: el cargo lo asumió rápidamente y con todas las de la ley. El mismo lunes despachó desde Parque Carabobo y hasta rueda de prensa dio, explicando que la condena de su antecesora fue atreverse (vaya osadía) a tocar al TSJ: “LOD propició su definitivo desenlace porque presentó una serie de denuncias a los miembros del TSJ”, dijo, y allí quedó retratado: él jamás lo hizo (ni lo hará) y por no hacerlo (volvemos al inicio) es que estamos aquí.

Choros

¡Choros!

El autobús partió ayer del terminal Catia La Mar, estado Vargas, con destino a Valencia y Barquisimeto. No había salido siquiera de la parroquia cuando un puesto de control de la Guardia Nacional Bolivariana lo detuvo. Allí, uno de los funcionarios del cuerpo policial le pidió un favor al chofer de la unidad: llevar hasta Caracas a dos hombres y una mujer. El conductor aceptó y minutos más tarde se desató el terror. Quienes habían pedido la cola resultaron ser delincuentes organizados. Sometieron a todos los pasajeros a punta de pistola y robaron a su antojo. “Fue una suerte de requisa exhaustiva, uno por uno”, le dijo una de las víctimas a Luis López, periodista de El Nacional. A otro de los viajeros, que había llegado de Panamá, le quitaron 2.000 dólares, según reseña la web del periódico. La complejidad del atraco es tal que no sospechar de complicidad de la GNB parece ingenuo. Y es que los malandros contaron hasta con escoltas: tres motorizados cómplices que siguieron al vehículo hasta que los dos hombres y la mujer se bajaron de él para huir como parrilleros. Furiosos, los pasajeros quisieron cobrar justicia por sus propias manos y le pidieron al conductor que regresase a Catia La Mar, para pedirles explicación de lo sucedido a los funcionarios del puesto de control. Una vez en el lugar, arremetieron contra los uniformados, quienes tuvieron que ser auxiliados por otros compañeros del comando. Al momento de realizar la denuncia, la Fiscalía del Ministerio Público de Vargas les ignoró. Ojalá el chofer hubiese podido hacer lo mismo cuando la alcabala de la GNB lo detuvo.

TRAGEDIWEB

La tragedia de estar unidos

Venezuela pasó del Pacto de Punto Fijo al conflicto ‘escuálido’-chavista.  De votar por un oligopolio político a sufragar a favor o en contra de un proceso: la Revolución Bolivariana. Del blanco y verde adecocopeyano al azul y rojo ‘pitiyanqui’-antimperialista. El país tiene años, décadas, sin poder elegir. Hugo Chávez rompió con el binomio de la IV para instalar la recalcitrante polarización de la V. O estabas con él o eras un traidor vendepatria. Los grises desaparecieron y la gama de colores se mantuvo estrecha. La oposición se dio cuenta de que, para competir contra aquel fenómeno electoral, debía agruparse. Si picaba la torta estadística, los números no le darían para vencer. Las fuerzas, en cualquier campo de batalla político, debían estar unidas. Por eso, la Coordinadora Democrática emergió en 2002 para dictar el precedente y la Mesa de la Unidad recogió el testigo. Nacieron como organizaciones de composición diversa pero de propósito compartido. El fin les obligaría a acoplar sus medios. Cientos de cerebros, miles de ideas, un único objetivo: cambiar el gobierno. La primera sucumbió ante las discrepancias y la segunda vive su peor crisis. La pluralidad de pensamiento empieza a pasar factura. Todos los partidos coinciden en que Venezuela necesita un cambio, pero no se ponen de acuerdo en cómo llegar a él. De la indecisión ha venido la falta de contundencia y de ella surgió la escasa o nula coherencia. Compuesta por gente de derechas y de izquierdas, por adecos y “lechuguinos”, marxistas y liberales, socialdemócratas y exchavistas, a la MUD le ha costado elegir con qué guion enfrentar al PSUV. Pública fue la riña entre Allup y Guevara y público ha sido el deslinde entre Vente Venezuela y la Unidad. Voluntad Popular, partido que había compartido hasta ahora la línea de María Corina Machado, fue arrastrado por la corriente y decidió no tomar los riesgos de quedar fuera del tablero político que representan unas insólitas regionales. Cabe preguntarse: ¿algún partido opositor tiene la fuerza suficiente para arrastrar todo el descontento? ¿La MUD como organización política, como estructura, ha caducado? ¿Debe replantearse? ¿O es que acaso nunca ha sido viable? ¿Será, quizás, que en política, contrario a lo que pasa con la física, polos opuestos han nacido para repelerse siempre? No lo sabemos. Nuestra certeza es una sola: si de ponernos griegos y clásicos se tratara, esta tragedia no merecía otro nombre que la de estar unidos.