‘Southpaw’: ¿y si me golpeas?

Por: Humberto González – @hypediario

El deporte en el cine. Y más que el deporte, el boxeo. Que hemos visto bastantes películas en donde éste se amolda como el principal hecho catalizador de acciones dentro de una historia: ‘Rocky’, ‘Raging Bull’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Cinderella Man’. ¿Qué es lo que tiene este deporte para funcionar tan bien en papel y luego en cámara? Pues una historia es una pelea de boxeo, sin más.

Siempre hay una sensación de saber lo que va a pasar cuando vemos un film de boxeo. Al protagonista le pegan primero, y le pegan duro. A raíz de esto, se sumerge en una aventura de cambios, para luego ser él quien pega mejor y más fuerte. Y al final, salir victorioso. Esa victoria no siempre es dulce.

La cita es entre Antoine Fuqua, director de ‘Training Day’, y Jake Gyllenhaal, el conocido por todos y querido por muchos más. Y los dos, aunque unos dirían que Fuqua no tanto, en un estado de forma envidiable, profesionalmente. ‘Southpaw’, su nuevo film, ha levantado suficiente buzz (típico cuando vives con Harvey Weinstein) como para que se tuvieran en cuenta a sus dos principales figuras para la temporada de premios. Con un primer tráiler que desvelaba la mayor parte de la trama, ‘Southpaw’ sonaba más que apetecible. Y a pesar de poder apreciar destellos (y relámpagos) de genialidad por parte de Gyllenhaal, o algunos planos un tanto memorables, no hay un uppercut cinematográfico que noquee al espectador. Es más una danza clásica que se pasea por senderos ya conocidos del género.

Acá nos encontraremos con Billy Hope (Jake Gyllenhaal), un boxeador que vive en la ciudad de Nueva York junto con su esposa, Maureen (Rachel McAdams), y su hija Leila (Oona Laurence). Durante la rueda de prensa de una de las peleas de Hope, el boxeador Magic Escobar (Miguel Gómez) lo reta a él, actual campeón mundial, como su próximo contrincante. Hope decide no involucrarse en las provocaciones de Escobar y termina la rueda de prensa. Posterior a esto, Maureen lo urge a retirarse momentáneamente del mundo del boxeo para curarse de la última pelea, específicamente de un golpe que sufrió en uno de sus ojos. La familia de Hope decide asistir a un evento de beneficencia, en donde Hope es nuevamente retado por Escobar, y en una trifulca entre ellos y los guardaespaldas de ambos peleadores, Maureen es herida de bala, y muere minutos después en los brazos de su esposo. Acá se desencadena un lío de situaciones desfavorables para Hope, desde su excesivo consumo de alcohol, sus problemas económicos, la pérdida de su mánager y, más importante para el desarrollo de la historia, la pérdida de su hija ante los servicios infantiles.

Es acá, entonces, en donde el film parece tomar una especie de cohesión, al menos entre las escenas derivativas de la autodestrucción de Hope, y de su vida fuera del ring. Entre las visitas a su hija y su búsqueda de redención, Fuqua logra que su relato se cuente, siempre, gracias a la capacidad interpretativa de Gyllenhaal.

Los puntos altos suceden fuera del ring, y con más frecuencia entre las pequeñas escenas de Hope junto a su hija, tratando de traer un poco de paz y unión entre las únicas dos figuras que quedan de su familia. O entre Hope y Tick, el dueño del gimnasio donde ahora el ex boxeador entrena, interpretado por un Forest Whitaker tan bueno como siempre.

Antoine Fuqua no pretende, lo cual es bueno, hacerse eco de magníficas secuencias de pelea y acción. Al menos, nunca lo deja ver de esa forma. Más bien, se empeña en construir efectivamente la historia del renacer de Billy Hope fuera de sus guantes. La música del fallecido y legendario James Horner adorna las decisiones fotográficas de Fuqua, que utiliza una paleta descolorida para exteriorizar con naturaleza la tragedia por la que pasan los personajes.

Y a pesar de transitar por el clímax que es la victoria de Billy, evidente desde el principio, da la sensación de que Fuqua entró, se sentó en su silla y salió del rodaje sin detonar una potencial bomba que pudiera haber dado el sentimiento necesario para catapultar el film a otra cosa más que eso, un film de boxeo en donde el protagonista pierde, pero gana.

Quien gana y vuelve a ganar a lo largo de 120 minutos es Jake Gyllenhaal, que no se cansa de acumular proyectos en donde él mismo es la joya, y en otras ocasiones como en ‘Southpaw’, la única joya. Su carrera, que ha ido transitando desde proyectos de todo tipo, es más que envidiable para cualquier actor.

A pesar de lo poco que llegue a mostrar, ‘Southpaw’ es un entretenido film de boxeo que merece la pena verse.

Dauna, lo que lleva el río, podría representar a Venezuela en los Oscars

Dauna, lo que lleva el río”, es la película seleccionada por Venezuela para optar a la nominación en la categoríaMejor Película de Habla no Inglesa” en la edición 2016 de los Premios Oscar.

 Los diez integrantes de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC), decidieron por unanimidad la postulación del largometraje dirigido por Mario Crespo. Dauna fue elegida “por la universalidad de su tema, sus valores cinematográficos, la poética presencia de la naturaleza y la mirada profunda sobre la cultura warao”, así comentó a la prensa el ANAC.
La interculturalidad y los derechos de la mujer engloban la trama de “Dauna”, una mujer Warao que se enfrenta a las convenciones de su cultura. La película fue estrena en el 65° Festival Internacional de Cine de Berlín, como parte de la selección oficial del programa NATIVe, el cual incluyó a las mejores películas sobre el tema indígena realizadas en Latinoamérica entre 1986 y 2014.

China, nuestro nuevo dueño

Varias cosas fueron reveladas anoche, quizás sin intención. “Hay mucha gente interesada en negarnos recursos en el campo financiero”, dijo Walter Martínez. “Correcto”, concedió Maduro; es decir, reconoció que el país todavía enfrenta dificultades para obtener dinero. Luego anunció, como si fuera un gran logro, que diariamente enviamos a China 700.000 barriles. Y lo peor: “vamos rumbo al millón”. Entiéndase: que en breve China será dueña del 40% de la producción nacional. Y lo será por mucho tiempo, porque el envío no es dinero que nos entra: se hace como pago de préstamos que hace tiempo nos hicieron. Préstamos cuyas condiciones nunca han estado claras y siguen aumentando. Anoche anunció otro de $5000 millones, también sin explicar las condiciones, a la vez que informó de un sinfín de acuerdos, firmados sin previo aviso, consulta, ni explicación. “Acaba de dar unos cuántos tubazos”, fue lo que atinó a decir Martínez, luego de la catajarra de anuncios: un plan de desarrollo conjunto para 10 años (¡¡¡10 años!!!), establecimiento de zonas económicas especiales (¿?), acuerdos para el desarrollo aurífero (nuestro oro), creación de una fábrica de camiones, una de cauchos y otra de viviendas, la expansión de Orinoquia y hasta un instituto para el acercamiento cultural y espiritual, “y no sé cuántos proyectos más”. Es decir, China tendrá la mano metida, y por mucho tiempo, en las áreas más importantes del país. Y después hablan de soberanía.

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Conoce la historia de Lili Elbe en “The Danish Girl”

El primer trailer de “The Danish Girl”, protagonizada por Eddie Redmayne en el papel de la famosa mujer transgénero, Lili Elbe, no defrauda.
La película, basada en el libro del mismo nombre de David Ebershoff, se centra en Lili Elbe (hombre nacido como Einar Magnus Andreas Wegener) quien fue la primera persona conocida en ser la destinataria de una cirugía de cambio de sexo y su esposa Gerda Wegener (Alicia Vikander).
Ambos eran artistas y se casaron en 1904, antes de la transición de Lili. En una ocasión, Gerda pidió a Einar que vistiera medias y zapatos de tacón para que pudiera sustituir las piernas de su modelo ausente con las suyas. Einar sintió comodidad con este arreglo, y con el tiempo Gerda se haría famosa por sus pinturas de una hermosa mujer con bellos ojos avellanados y vestida a la moda.
La pareja jugó con la idea de “Lili”, nombre que deciden ponerle a la versión mujer de Einar. Usando peluca para comenzar con los bocetos de su esposa y colocándole el nuevo carácter al personaje, las cosas empiezan a cambiar y pasa a ser ser una historia de amor emocional.
The Danish Girl abre en Nueva York y Los Angeles el 27 de noviembre, y en las ciudades adicionales en diciembre, esperamo que llegue prontamente a nuestro país. Aquí el Trailer Oficial.

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Macbeth se adapta a la pantalla grande.

Una de las obras trágicas más conocidas de William Shakespeare, Macbeth, llega a la pantalla grande. Se encuentra protagonizada por Michael Fassbender, en el papel principal del lord escocés hambriento de poder, y Marion Cotillard como su esposa, Lady Macbeth; y dirigida por el cineasta australiano Justin Kurzel (Showtown), quien lleva a cabo lo que está catalogado como un “relato visceral y visualmente impresionante” del clásico juego de Shakespeare.

La película se rodó entre febrero y marzo del 2014 en varios lugares de Inglaterra y Escocia. Iain Canning, uno de los productores del filmbritánica ganador del Oscar, El discurso del rey, y Laura Hastings-Smith, fueron los productores.

Macbeth se estrenó en el Festival de Cine de Cannes en mayo con críticas bastante positivas y ya está generando rumores de estar presente en Oscar. La película llegará a los cines del Reino Unido el 2 de octubre. Por ahora, no hay información de cuándo estará en nuestro país. Aquí el trailer.

Sombra

La inseguridad: un círculo que se acorta

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuando era niño, las noticias de sucesos –que las había– se leían en las últimas páginas de los periódicos y eran protagonizadas por gente desconocida en sitios desconocidos. Después, cuando fui creciendo, ya no se leían tanto como se escuchaban: las contaban algunos cercanos y los protagonistas eran personas conocidas por ellos. ‘El hijo de una señora del trabajo’, ‘el primo de la vecina de…’. Seguían sucediendo en lugares más o menos lejanos. De pronto, los lugares cambiaron. Ya no Petare, los Valles del Tuy o La Vega, sino Plaza Venezuela, La Candelaria o La Urbina. Sitios conocidos, pero no tan cercanos. Luego, los protagonistas se volvieron conocidos. Gente que podía identificar. A la que le podía poner rostro. Y en lugares que recordaba. Lo peor vino después. Los relatos comenzaron a narrarse en primera del singular. La inseguridad dejó de ser una cosa que le pasaba a ‘los otros’ para convertirse en algo que le pasaba ‘a los míos’. Anoche, un grito me despertó a punto de dar las doce. Le siguieron unos pasos de gente corriendo. A los minutos, sonó el teléfono de la casa: se habían metido en el edificio y atracado al vigilante. No hay mucho más que contar. La delincuencia, que a todos nos rodea, es un círculo que cada día se va achicando más y que a todos nos va a alcanzar.

Gabriel García Márquez: el Nobel al revés

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

De Gabriel García Márquez, el cuarto Nobel de Literatura de Latinoamérica –segundo novelista–, es tanto lo que se sabe y conoce que no vale la pena repetirlo. Nació en 1927 en un pueblo llamado Aracataca, en la región de Magdalena, era el hijo de un telegrafista que le prodigó 15 hermanos, se crio con su abuela, dio sus primeros pininos en el periodismo, oficio que nunca abandonó y que hasta el final compartió con la literatura, era tímido, le tenía pánico a los aviones pero viajaba mucho, era amigo de Fidel, tenía tendencia a la izquierda, fue uno de los autores del boom, tuvo un montón de amigos, así como una enemistad eterna con Vargas Llosa, escribió páginas extraordinarias e inolvidables y murió el jueves santo de 2014 en Mexico.

Sí, todo eso se sabe, pero hay cosas que todavía no. Como la fecha exacta en que comenzó a escribir Cien años de soledad. Los únicos datos que se tienen son que corría el año 1965, era martes y él llegaba de un fin de semana familiar en Acapulco. Entonces sucedió. “Un cataclismo del alma”, lo definió él. Cataclismo que lo obligó a sentarse su máquina de escribir portátil durante más de seis horas al día -de 9 de la mañana a 3 de la tarde- por casi dos años. Así escribió la novela a la que responsabilizan por el Nobel. Aquello lo dejó exhausto física y económicamente. Tanto, que el manuscrito tuvo que mandarlo por partes a Argentina porque no le alcanzaba la plata para el envío completo. 1026 correcciones marcó sobre la primera copia de las pruebas de imprenta, que años después se subastaría en dólares. La primera edición, publicada por Sudarmericana en Buenos Aires, fue más bien tímida. Apenas 8.000 ejemplares, que rápidamente se quintuplicaron para la segunda edición, de 40.000 ejemplares. Después vinieron las grandes tiradas, de hasta 100.000, hasta llegar a los dos millones de copias vendidas sólo en Argentina. Fue un gran suceso editorial, que lo terminó de consolidar como un autor de éxito.

Una acusación de plagio cayó sobre la novela, que, decían, se parecía en alguna parte a La búsqueda del infinito de Balzac. Y hubiera quedado en la anécdota si Miguel Ángel Asturias, el segundo Nobel Latinoamericano, no se hubiese hecho eco de ella. “Le voy a enseñar cómo se escribe una novela”, fue la respuesta de Gabo, que en 1975 publicaría El Otoño del Patriarca, novela complicada, de largos párrafos sin puntos, considerada por algunos un gran poema en prosa, en la que se narra la historia de un dictador que bien pueden ser todos los dictadores latinoamericanos. No tuvo el mismo éxito de Cien años de soledad, aunque su autor siempre la consideró como su obra más bella.

Después de ello vinieron unos cuantos años de silencio, producto de una promesa política: Hasta que la dictadura de Pinochet no caiga, había jurado el autor, no publicaré ninguna obra de ficción. Sin embargo, en 1981 perjuró y a las librerías llegó Crónica de una muerte anunciada. Vino precedida de una campaña de intriga –“es una novela muy tensa en la que he trabajado 30 años”– y un lanzamiento simultáneo en varios países del mundo que algunos llegaron a calificar como el acontecimiento editorial más importante de aquel año. En España hubo incluso vallas comerciales y en sus primeras 24 horas vendió 35.000 ejemplares.

Para ese año, Gabriel García Márquez era una autor que poseía una credencial de 20 millones de ejemplares vendidos, tenía fama de comprometido, se había peleado con el gobierno de su país, vivía exiliado, daba declaraciones polémicas y escribía unos celebradísimos textos semanales que eran reproducidos por la prensa de todo el mundo. Estaba en la cresta de la ola. Sólo le faltaba una cosa: el Nobel. “La Academia viene eligiendo en los últimos años a autores que merecían el premio, pero que por razones extraliterarias eran poco conocidos”, les explicaba a los amigos que le preguntaban por sus posibilidades de ganarlo.  “Este año, seguro que no. Pudo ser hace cuatro años, pero esta vez no”.

Sin embargo, el 20 de octubre, a las 2 de la tarde, todo cambió. Se encontraba en su casa en México, cuando recibió una llamada desde Estocolmo que cortó intempestivamente con un montón de groserías. Creía que alguien le gastaba una broma y no estaba dispuesto a admitirla. Menos con ese tema. Al instante el teléfono volvió a sonar: no, no era una broma, le llamaban desde Estocolmo para advertirle que había ganado el Nobel de Literatura, que el anuncio se haría púbico al día siguiente y que hasta entonces contaban con su discreción. Fueron 15 horas en la que él, su esposa Mercedes, sus hijos, las empleadas y su entrañable colega y amigo Álvaro Mutis tuvieron que morderse la lengua y aguantarse.

El 21 de octubre, Gabo se despertó a las 5 de la mañana. Una hora después se hizo el anuncio. Puntual y formal, Per Gillensten, secretario permanente de la Academia Sueca, informó al mundo que el Premio Nobel de Literatura 1982 era Gabriel García Márquez, “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos de un continente”.

A partir de allí, el teléfono no paró de sonar. Pierre Schori, viceministro sueco de Exteriores, amigo de Gabo, fue el primero en llamar. El presidente de Colombia, Belisario Bentacur, contra el que Gabo había hecho campaña en las elecciones, fue el tercero con quien habló. “Fue una conversación muy cordial. Me dijo que todos los colombianos están exultantes con el premio y que espera verme pronto”, declaró a El País, que contaba que después de tres horas de anunciado el premio, el autor no lograba todavía comunicarse con su madre, que estaba en Cartagena y no tenía teléfono. “Ella tenía encendida una vela para que no me dieran el Nobel, porque piensa que al que se lo dan se muere. Yo le dije que pensaba conjurar esa maldición con una rosa amarilla (…) Al menos ahora ya sé que no seré candidato nunca más. Y eso da mucha tranquilidad los meses de octubre de cada año”.

A Estocolmo llegó un día antes de la entrega del premio, procedente de Cuba y previa escala en Madrid –“los norteamericanos siguen negándome la visa para entrar en su país”–. El ambiente era de gran expectativa. “Todos quieren ver al héroe del Nobel”, titulaba en primera página el Dagens Nyheter, el diario más influyente de Suecia. “Cuando le vi llegar a Estocolmo, –recordaba el Secretario de la Academia, Lars Gyllensten– oí cómo una multitud caliente, colombiana, le gritaba ‘¡¡¡¡¡Gabo, Gabo!!!!!!’, y me emocioné, pensando que eso no hubiera pasado con un sueco. Luego pensé que otra multitud de helados corazones suecos gritaba muy bajito ‘¡Gabo, Gabo!'”.

No era de extrañar. Para Suecia se había llevado un séquito de por lo menos cuarenta amigos junto con otros cuantos músicos. Su idea era sentirse en casa. Por eso se decantó por el liqui-liqui –primero había amenazado con ir de guayabera–. “Es un acto de afirmación cultural, porque no me veo con un frac, que, al fin y al cabo, es un invento europeo (…) iré con el traje que llevaba el coronel Aureliano Buendía, y en la cena con el rey utilizaré el frac, aunque, eso sí, adornado con una rosa amarilla”.

Su asistencia a la ceremonia se vio comprometida por un error de protocolo. Faltando horas para empezar, sus amigos no habían recibido todavía la invitación para asistir a la cena, más bien banquete, que se daría luego. Mientras no reciban la invitación, mi asistencia está en juego, amenazó. Luego, el planchado de su liqui-liqui de lino blanco le jugó una mala pasada y estuvo todo el tiempo quejándose de lo duro que estaba el cuello del mismo.

La ceremonia, no obstante, transcurrió con normalidad. Allí leyó el discurso que había escrito en el avión, “el discurso que más me ha costado escribir”. “Son seis cuartillas -la Academia permite un discurso de veinticuatro, pero yo lo he hecho seis porque me parece una barbaridad estar más de una hora hablando- en las que pido comprensión y me quejo de que Europa no se dé cuenta que hay otros lenguajes y otros modos de interpretación de la realidad”, en palabras suyas. Citó a dos premios Nobel anteriores: Neruda –“el más grande, el más grande” – y Faulkner –“mi maestro” –, y habló el Gabo más comprometido de todos.

Creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

 ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa.

Luego vinieron las fiestas protocolares y las de los amigos. En la que organizó la colonia de habla hispana en Suecia cada asistente recibió una botella de ron cubano –1.500 se repartieron–, cortesía del gobierno de Fidel Castro. En esa misma fiesta se recolectaron 20.000 coronas, que le fueron entregadas a Gabo para que se las diera al pueblo salvadoreño. El dinero del Nobel –$300.000– dijo que lo usaría para la creación de un diario llamado ‘El Otro’ que al final nunca vio luz. Vieron luz, sí, otros libros. Por ejemplo, El amor en los tiempos del cólera, que él había calificado como una novela de amor al revés –con final feliz– y que llevó a algunos expertos a decir que él, Gabo, era también un autor al revés: porque había escrito su mejor libro no antes sino después del Nobel. De resto, todo se sabe.

SERIE PREMIOS NOBEL LATINOAMERICANOS:

-Gabriela Mistral: de maestra de escuela al trono de la poesía […y al retrete de los chismes]

-Miguel Ángel Asturias, desterrado en vida olvidado en muerte

-Pablo Neruda: el poeta comprometido que murió horrorizado

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La creatividad vuela con Jane Long

“Dancing with Costică” (Bailando con Costică) es la serie creativa y alocada realizada por Jane Long, una artista y fotógrafa de artes plásticas en Bisbane. Según el portal BuzzFeed, la artista cuenta que se encontraba en la búsqueda de fotos y poner a prueba sus habilidades para retocar cuando se tropezó con la cuenta de Flickr de Costică Acsinte, un fotógrafo rumano que tomó las fotos originales durante los años 30’s y 40’s.

Al verlas, Long despertó su creatividad a lo grande, recreando estas fotografías con una historia totalmente distinta detrás de ellas, añadiéndole un toque bastante surrealista y llamativo. “Probablemente nunca conozca las historias reales de estas personas, pero en mi mente se convirtieron en personajes imaginados por mí”, así comentó al medio online.

Aquí el resultado de esta serie de imágenes que tienen una estética de un mundo de sueños.

“Una afectuosa despedida”

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“Malabarismo”
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“Debajo”
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“Acompañamiento”

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Intento desesperado

El fantasma de la quiebra -‘default’- vuelve a aparecer en el panorama económico venezolano. Y lo hace en los informes de dos bancos que siempre se habían mostrado reacios a considerarlo probable: Barclays Capital y Bank of América. La falta de medidas económicas y la poca posibilidad de que el precio del petróleo se recupere llevarían a esta catástrofe, que, según el pronóstico de Barclays, podría producirse después del segundo trimestre de 2016. El Bank of América no pone fecha, pero, aparte de verlo probable, pronostica que, de seguir todo igual, el país podría caer en “hiperinflación”, es decir, que el aumento descontrolado de los precios será significativamente peor el año que viene de lo que es ya en este 2015, que, según los pronósticos de Ecoanalítica, terminará con un 189% de inflación, 25,1% de caída del poder adquisitivo y 8,6% de contracción económica. Entiéndase: en rojo. Tan rojo como las banderas de Vietnam y China, países a los que, en un intento desesperado por conseguir dólares, el presidente está visitando. Se trata del viaje número 23 de Maduro, que en lo que va de año ha visitado 15 países. Su estrategia sigue siendo buscar dinero afuera antes de hacer ajustes adentro. El problema es que ya las cantidades necesarias son tan altas -$42,5 millardos de financiamiento externo requiere el país según el Bank of América- y las deudas tan grandes, que difícilmente pueda conseguirlo. No sin hipotecar al país, que va rumbo al colapso.