Ojo Cultura Universitaria

Motoratones

Motorizados o motoratones, dignas especies del día a día del caraqueño que aterrorizan no solo a peatones sino también quienes van al volante de su vehículo. En esta crónica, Mariana Maduro comparte la historia de la primera vez que subió en un moto taxi.

 Por Mariana Maduro

“Hoy me fue bien. Hoy por ejemplo fui pa Caricuao, pa Guarenas y pa La Guaira. Llevé a un señor pal aeropuerto. 300 mil. Yo bajo lento pero llego rápido, porque hay cola pero uno le pasa por el medio, ¿ves? A 80 kilómetros llego seguro, lento pero seguro. Nunca me ha pasado nada, gracias a Dios”. El señor Luis miró al cielo como diciéndole a Dios que no le viniera a echar una vaina a estas alturas del partido.

“Nosotros somos una cooperativa de diez, trabajamos pa pura gente de oficina de por acá, también llevamos encomiendas, hacemos depósitos, de todo pues. Trabajamos de ocho a seis todos los días, y semanal le damos 400 a la cooperativa porque el día que le pase algo a mi moto, a mí o a mi familia la cooperativa responde”. A sus 45 años, quizá por su prudencia pero también por suerte, a él nunca le había pasado nada.

Solo me subí a un mototaxi una vez. Era el día de mi inscripción en la UCV. Chequeando todos los documentos vi que mi foto carnet no aparecía y pensando en cómo resolver, nerviosa, recordé que una amiga del colegio que vivía en Santa Mónica tenía una. En autobús era complicado llegar porque ninguna ruta pasaba cerca y no me quedaba mucho tiempo antes de que cerraran la taquilla, entonces dije como decimos ahora: moto taxi or die. Seguir leyendo

Pasarelas sin coordenadas

Por Pablo Luis Duarte Borges -@pabludu

Al final de la Avenida Baralt emerge el elevado, pieza metálica que cubre aproximadamente cinco canales de la avenida. Comunica dos extremos de la vía, sella dos estructuras históricas del país, el Tribunal Supremo de Justicia y las fronteras de la parroquia San Pedro.

Desde lejos se puede observar cómo crece a la vista. Sea que subas en carro o caminando, la pasarela de peatones adquiere esa fuerza visual de aparecer de la nada.

Caminar por las escaleras parece un acto de riesgo más que de necesidad. La mayoría de los peatones se suman al transitar de los vehículos: prefieren confundirse entre las cuatro ruedas, en dos patas, cruzar con gran premura, con decisión adormecida, y llegar al extremo contrario.

Signado por las consecuencias previstas que acontecen en la mayoría de estas alturas, los peatones prefieren caminar, correr y arriesgarse a ser atropellados, llevados por un automóvil, moto, o cualquier instrumento que tenga motor y capacidad de bombear al más desprovisto. Muchos se arriesgan, pocos ven a los lados, la seguridad de la invencibilidad, de ser supermanes de la vía, son suficientes para dar el paso.

Las escaleras tiesas —metálicas o de concreto— emergen de la tierra, ahora interrumpida por la vialidad, por el transitar de los vehículos que han cubierto toda su superficie. Es el carro el que, además, impide el libre transitar de las personas, llamadas peatones, seres que ahora se elevan a las mismas alturas de las escaleras.

La altura otorga una vista que desde abajo es interrumpida, un Ávila estático que respira el humo de los autobuses, y las colas que comienzan en la punta de la Cota Mil en horas pico y en días de semana.

Nadie sabe qué decir cuando preguntas: “¿Alguna personas se ha muerto allá abajo?, ¿has visto algún choque?”. Todos creen haber presenciado alguno, pero no tienen un recuerdo claro de eso. Viven con la seguridad borrosa de que en algún momento pasó algo, un deja vu necesario para justificar su paso rápido por debajo de las escaleras. Así pasa con los que deciden acabar con sus vidas lanzándose al metro, seres fantasmas, invisibles, que son recordados con rostros llenos del odio y la furia del caos.

Caminar completo un elevado puede ser una aventura. Te arriesgas a conseguirte a cualquier persona que proyecte en ti sus fines más inhóspitos, y te convierta en un espectáculo que desde abajo todos verán fugazmente. Quizás solo un encuentro o un robo, los espectadores crearán sus intrigas.

Los elevados nacen para unir, congregar la raza de aquellos que deciden caminar, que solo pueden caminar, que se elevan a para transitar de un lado a otro sin importar el tráfico. Seguir leyendo

¿Qué programa de la televisión te parece un clásico?

Participa en este debate aquí

0 opiniones

Corazón ida y vuelta

Por Joey Rego

Lo mío era una extravagancia, un capricho maniático. Desde que llegué a Caracas lo primero que me atrajo fue la idea de usar el metro, y la primera vez que sentí la ola de viento golpearme la cara, segundos antes de ver un monstruo a noventa por hora llegar imponiéndose y cargado de vidas, me di cuenta de lo violenta que es esta ciudad. Es que nada define mejor a Caracas que el metro: es rápido, vehemente, lleno de vidas, algunas que acaban de nacer y otras consumidas por enfermedades, hay arrogancia de pie y cansancio en los asientos azules, murmullos curiosos, discapacidades atravesando bultos de carne y teléfonos costosos escupiendo ritmos baratos.

 La primera vez que lo hice fue cuando esperaba a Dayana en la estación Capitolio. Compré dos ida y vuelta y escribí en el de ella: “Para que te vengas como lo haces encima de mí”. Siempre pensé que Dayana nunca vio lo que estaba escrito. Después de tomar el primer viaje, nos regresamos en taxi y ella guardó el ticket en algún rincón de su cartera. Dicen que puedes saber todo lo que quieras de una mujer por el interior de su cartera, y Dayana era como un coctel anti resaca, hipocondría con piernas de modelo. La cantidad de medicinas que tenía en la cartera enterraron el ticket.

 Pero al tiempo Dayana no soportó el desastre que guarda mi alma. La última vez que nos vimos me regresó todos los regalos que alguna vez le había dado, un par de camisas que había dejado en su casa y aquel ticket del metro, después de decirme que no quería volver a saber de mí en toda su vida. Todo esto sucedió justamente cuando el Metro anunciaba su cambio de tarifas. Dayana, como el metro, había aumentado su precio y ese ticket, al igual que yo, había expirado.

 Luego, fue mostrándole por primera vez el subterráneo a una modelo española que había conocido en alguna fiesta de una marca de cigarros que odio. Floretine se emocionó cuando lo vio y me dijo que nuestro metro era un lujo. Lo dijo estando en un vagón lleno, sin aire acondicionado, con merengue a todo volumen, que además tenía un grupo de personas que, en círculo, rodeaban un espacio manchado de vómito tratando de no pisarlo, así que no quise preguntar cómo eran los que ella había tomado en Europa.

 En el ticket ida y vuelta que le di, escribí: “Cuando te conocí, me presionaste el botón rojo de emergencias —mi corazón—, y todo se detuvo”. Pero a las semanas, Floretine había conocido a un modelo que le presentó su agente y, cuando me dejó, me regresó el ticket y me dijo que yo también le había presionado su botón de emergencias, solo que el de ella quedaba en su entrepierna y no la hacía detenerse sino llegar más rápido.

 Supongo que para ella solo fui una comida que, como buena modelo de pasarela, eventualmente vomita, y por segundos me convertí en ese espacio manchado del vagón de aquel momento. Ese día fui por una cerveza con un amigo y me dijo que mis relaciones eran como la frecuencia de los trenes del metro: de 1 a 10 minutos según el día y la estación. Me traté de defender acotando un par de relaciones largas que había tenido, pero me dijo que aún en esos casos existía parecido porque cuando la frecuencia era más larga, el tren llegaba más lleno y el desastre era peor.

 Tenía un año de relación con Cristina cuando, entre otros regalos, le di un ticket multiabono por ser una ocasión especial. Es que Cristina era una mujer especial. Cuando nos conocimos, pasamos los 6,7 kilómetros que hay entre Propatria y La Hoyada viéndonos fijamente a los ojos, agarrados de la mano, como si el mundo a nuestro alrededor se hubiera detenido. Aunque, en verdad, en el fondo escuchábamos personas quejándose y sentíamos en nuestros costados los codazos de los que intentaban pasar. Era algo parecido a la última escena de Fight Club pero encerrados en un vagón de esos nuevos que vinieron con el consorcio español CAF ­que igual huelen a viejo, y no sonaban Los Pixies en el fondo, sino algo que parecía champeta con reggaetón.

 En el multiabono que le di, le escribí: “Miles de viajes nos esperan”, pero luego fue lo primero que aplastó contra mi cara cuando la engañé con una vecina. A esa vecina le había dado uno de esos tickets estudiantiles azules, que encontré en el suelo, y le había escrito la dedicatoria: “Me haces sentir como un niño de nuevo”, pero creo que olvidé escribirle que tenía pareja, y lo rompió antes de tirarlo al piso y gritarme que esperaba que me cayera en el andén de Plaza Venezuela.

 La última vez que lo hice fue con Anna y creo ella fue la que mejor entendió mi tendencia con los tickets. Cuando le dije que nunca la había amado, me regresó ese multiabono integrado que le había regalado, donde había escrito: “Este amor no tiene límite de estaciones, así que viajemos, y no solo por debajo de la tierra”, y le agregó: “Mejor vete tú a la mierda”.

En esos pequeños boletos se cristalizaban los viajes que me tocaban en esta vida, pero siempre, de una forma u otra, regresaban a mí. Supongo que así es el amor: ida y vuelta.

Gabriel García Márquez

Un recuerdo íntimo

Fue una orden educativa leer a Gabriel García Márquez en una de las etapas más tormentosas de mi formación. El realismo mágico se hizo regla de mi día a día para cuando tenía 12 años: esa época en donde todo es absurdo. Nada ha cambiado desde esos días, solo lo absurdo se ha hecho cotidiano.

Dentro de la casa de mi abuela, ese eterno retorno de paredes oxidadas, soporté 10 días en altamar y conocí las historias de un pueblito que creció alrededor de una de las familias más icónicas: los Buendía. No sabía que ese pueblito con nombre a sancocho es -y siempre será- el símbolo de Latinoamérica. Diré la verdad: Macondo me consumió. Apenas vi cómo Remedios Buendía desaparecía entre la brisa y las alturas, la imagen se me incrustó en la memoria, pero mi mente abandonó Macondo tan pronto su desaparición.

A los 15 años huí del realismo mágico. Quería huir de todo lo que acerca a Macondo, que lo hace tan plausible. Solo a los 17 años lo comprendí; un día pesado y caluroso donde unas pequeñas mariposas ámbar se apoderaron del paisaje. Es imposible no pertenecer a esas letras que le dieron una voz dulce pero inquieta a lo que se vive a través de los ojos de este continente.

Y así estoy ahora, soportando al absurdo de la muerte. Nunca he sido de las admiradoras fervientes, pero cuánto respeto y cariño merece Gabriel García Márquez. A fin de cuentas, se quiera o no, esas letras nos han definido a todos.

Gabo se ha ido como Remedios Buendía, entre la luz y la brisa de un calor sofocante. Quedará incrustado en la memoria entre todas las metáforas brillantes y paisajes que lega entre páginas.

Este ha sido un año amargo para la historia literaria, pero esa es la magia de lo escrito: siempre queda.

Twitterzone

Caracas desde el helicóptero

En nuestra edición #24 le dedicamos las crónicas de nuestra sección “Fuera del aula” a la vialidad de nuestra convulsionada Caracas. La primer de ellas “Caracas desde el helicoptero” aborda a la ciudad desde un punto que pocos afortunados tienen la oportunidad de ver.

Por Marcy Alejandra Rangel – @MarcyAlejandra

La única manera de amar a Caracas en la hora pico es sobrevolándola. La ciudad se ve entera llena de imprudencias, de esperanza certera que se guiña con la placa del carro de adelante. Se ven motos maniobrando en la línea delgada que cruza la destreza con la locura. Caracas desde El Ávila se ve sonriente y saluda al helicóptero enviándole brisa para el vuelo de la tarde y nubes que se dejan ver al caer el sol. La capital del caos, desde el aire, se ve posible y con soluciones. Se ve facilita de arreglar.

Caracas no es verde, es ladrillo. Son cuadros pequeñitos desde el aire. Tienen divisiones, pero no las que se observan desde el suelo con pisos improvisados unos encima de los otros, sino más bien una división invisible en la que apenas se adivina el verde que alguna vez fue protagonista y que ahora solo está de soporte. Los funiculares del Waraira Repano se ven chiquiticos, las guayas que los sostienen no se divisan a seis mil pies de altura. La mezquita se ve imponente y delgada, como advirtiendo respeto a la diversidad, también arquitectónica. De pronto, también hay que toparse con detalles más pequeños con más atención. Por ejemplo, esa pirámide de espejos que está en medio de la calle que incide con su reflejo de luz en el helicóptero y que hace que el copiloto se detenga a reconocer la zona. De pronto, veo una estación del Metro y me ubico. Es La Hoyada, con sus montones de camioneticas mal paradas en medio del camino, recogiendo pasajeros sin prometerles hora exacta de llegada a sus destinos. Nuestro Louvre mínimo.

Los íconos se olvidan desde el aire. El que vuela por primera vez en helicóptero a la hora pico caraqueña no se preocupa por ver los carros detenidos en el fuero de la quincena previa a los aguinaldos. Más bien se detiene –en la lucha por no marearse durante el viaje– en reconocer los valores más importantes de su ciudad, los que lo identifican con lo que ha vivido en ella. Allá está la Plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes con sus lucecitas en los toldos que anuncian la inauguración de una feria del libro y más adelantico se ve el Centro Ítalo Venezolano, al borde de una montaña y al lado del barrio Santa Cruz, atendiendo a los jugadores de tenis que no quieren saber de tráfico en ese momento.

Renato Yánez dice desde el micrófono, simultáneamente, cuál es la calle, el carro infractor, el choque que ocurrió. Mira hacia abajo mientras hace las cuñas de los 27 clientes que casi sabe de memoria. Ese programa del tráfico en Caracas lo escuchan los oficialistas y opositores, los creyentes y agnósticos, los que tienen carro y los que van en bicicleta. Los stand up comedy y la resignación caraqueña saben que no es una solución escucharlo, que cuando mencionan las vías alternas ya la mayoría está en una cola interminable. Pero este servicio público, el único aprobado para despegar y aterrizar tres veces al día en la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda en La Carlota, tiene la virtud de llegarle a la gente. “Saludamos desde aquí al carro blanco que nos enciende y nos apaga las luces”, y uno mira desde arriba cómo el carro blanco repite otra vez la acción como respondiendo el saludo. Lo hace desde la autopista Francisco Fajardo, de la que le faltan por lo menos 60 minutos más para salir por el distribuidor Altamira en aquello que parece un estacionamiento. Seguir leyendo

#EstamosViendo: a un grupo de niños reaccionar frente a un Walkman

Es muy probable que lo millenials nacidos antes de 1995 tengan recuerdo o hayan utilizado un Walkman aunque sea una vez. Por otra parte, para los más jóvenes resultan ser artefactos totalmente desconocidos.

El más reciente episodio de la serie “Kids reacting to…” deja en evidencia la gran brecha generacional que existen entre personas que no se llevan más de cinco años de diferencia. Las reacciones de este grupo de niños sobre el Walkman, primer dispositivo que permitió llevar a la música a cualquier lugar son mixtas, unos logran sorprenderse mientras que otros lo consideran una perdida de tiempo.

Vean el video y dígannos su opinión. ¿alguna vez usaron un Walkman o reaccionaron como los niños?

Escucha todo el álbum debut de The Birds of Satan

The Birds of Satan es el nombre del nuevo proyecto de Taylor Hawkins, baterista de Foo Fighters, junto a los músicos Wiley Hodgen y Mick Murphy. El debut homónimo de la banda fue lanzado el día de ayer, 15 de abril y pueden escuchar en su totalidad en su Soundcloud.

Este trabajo debut de The Birds of Satan cuenta con la colaboración de Dave Grohl y Pat Smear, compañeros de Taylor en Foo Fighters. The Birds of Satan no es el primer proyecto paralelo a Foo Fighters que presenta Hawkins, en 2006 lideró la banda  Taylor Hawkins and the Coattail Riders.

#EstamosViendo: el trailer definitivo de “X-Men: Days of Future Past”

A pocos meses del estreno de X-Men: Days of Future Past podemos ver el trailer final de lo que será el próximo episodio del universo de los mutantes. En este adelanto de casi 3 minutos, Wolverine es el encargado de reunir a las versiones más jóvenes de los principales personajes: Profesor X,  Magneto, Beast y Mystique.

El Equipo Ojo

Joseph Artiles

Productor General

Lis Mirabal

Coord. Mercadeo

Pablo Duarte

Equipo Prensa

Juan Pedro Cámara

Corrector / Equipo Prensa

Gabriela Araujo

Equipo de Producción

Juan Expósito

Diseñador

Andriana Ovalle

Equipo de Mercadeo

Andrea Atilano

Equipo de Producción

Federico Santelmo

Gerente de Marca

Gabriela Benazar

Redacción

Escucha “Here”, la canción de Pharrell y Johnny Mar para el OST de The Amazing Spider-Man 2

No hay duda de que Pharrell Williams es el hombre del momento. Su éxito “Happy” ha dado la vuelta al mundo, no hay lugar que no se haya contagiado por la felicidad del músico y productor.

En esta oportunidad Pharrell se unió al director de orquestas Hans Zimmer y los guitarrista Johnny Marr y Michael Einziger para la banda sonora de The Amazing Spider-Man 2. La balada interpretada por Pharrell lleva por nombre “Here” y la pueden escuchar bajo estas líneas.

Movimiento Estudiantil hace pública su posición frente al diálogo con el gobierno

En la mañana de este martes 15 de abril, dirigentes estudiantiles de todo el país se dieron cita en la Federación de la Universidad Simón Bolívar para manifestar su posición ante el próximo diálogo que sostendrá la Mesa de la Unidad Nacional con el Ejecutivo Nacional. “No iremos al encuentro con el gobierno, porque ese no es nuestro espacio” aclaró Daniel Yabrudy, Presidente de la Federación de Centros Universitarios de la USB.

Juan Requesens, presidente  de la Federación de Centros Universitarios de la UCV y de la Confederación Nacional de Estudiantes Universitarios, señaló que el Movimiento Estudiantil no ha recibido una invitación oficial de Miraflores para reunirse con el Presidente Maduro. “El señor Nicolás Maduro cree que esto es una pulpería y lanza puntas en cadena nacional, pero no mueve ni un dedo para concretar tal encuentro con los estudiantes. Una invitación formal para los estudiantes es: decirnos fecha, hora y bajo qué condiciones”, comentó Requesens y aclaró que un diálogo no cesaría la protesta pacífica en la calle.

Antes de terminar el encuentro, Daniel Yabrudy reiteró las condiciones del Movimiento Estudiantil para llevar a cabo un diálogo con el Ejecutivo. “Presencia del Nuncio; que estén presentes únicamente los estudiantes que están en conflicto y que se transmita sin falta en cadena nacional”, declaró.

facebook