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Una tragedia ‘universal’

Ni su imponente sede, ni su sobria imagen, ni sus abultadas ediciones dominicales hacían pensar que El Universal, uno de los grandes periódicos del país, se encontraba en una situación crítica. Luego de varios –y fallidos– intentos, su propietario logró venderlo a una empresa española envuelta en un halo de misterio. A partir de allí, todo cambió. El diario, sumamente crítico con el chavismo, comenzó a suavizar su línea editorial hasta quedar convertido en un medio dócil y manso. Su situación, sin embargo, no mejoró: perdió su público y parte su prestigio, labrado a pulso por más de un siglo. Pasados ya dos años de la venta, los augurios no son buenos. Esta es la tragedia de la destrucción de un diario centenario

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

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Formalmente, esta tragedia, la de la destrucción de El Universal, el diario de circulación nacional más antiguo de Venezuela, comienza el viernes 04 de julio de 2014, cuando el personal de la redacción es convocado a una reunión en la que se le informa que el periódico tiene nuevos propietarios. Sin embargo, como toda tragedia clásica –y El Universal siempre ha sido muy clásico–, tiene un prólogo, y por eso hay que hablar primero de los problemas económicos por los que atravesaba el periódico desde hacía tiempo. Problemas, en principio, que se inscribían dentro de la crisis mundial de la prensa ante la irrupción de lo digital, pero que en Venezuela se acentuaron, además, con la pérdida de importantes y grandes anunciantes que, bien por las nacionalizaciones –CANTV, Movilnet, Banco de Venezuela–, bien por la acentuada polarización reinante en revolución –olvídense de toda la publicidad oficial– y bien por la situación económica de los últimos años, marcada por la recesión y la inflación, dejaron de pautar. Los ingresos por publicidad –de los que viven todos los diarios– mermaron considerablemente. Reducciones de personal en 2003 y 2010, baja en los salarios de los jefes, pagos fraccionados de utilidades, la hipoteca con Bancaribe de la sede, una torre de 16.800 metros y 15 pisos, ganadora del Premio Nacional de Arquitectura en 1971, la venta de una planta en Guatire con tres rotativas y de algunos terrenos y propiedades del periódico, todo daba cuenta de que la situación no era óptima. A ello, además, se sumó la crisis de papel, que en el caso particular de El Universal tuvo su clímax en mayo de 2014, cuando se declararon en emergencia –“el actual inventario alcanzaría para imprimir el diario hasta un máximo de 2 semanas”– porque tenían retenidas desde enero 600 toneladas de papel en el puerto de La Guaira.

Así las cosas, no era de extrañar que su dueño, Andrés Mata Osorio, nieto homónimo del poeta Andrés Mata, fundador del diario, que nació en Venezuela pero se crio en los Estados Unidos, que no vivía en Caracas sino en Nueva York, y no era precisamente la persona con más arraigo y apego hacia el periódico –lo visitaba pocas veces al año, las estrictamente necesarias–, estuviera buscando la manera de deshacerse de tan problemática y costosa herencia. La operación, sin embargo, no parecía sencilla: tres intentos de venta, según el portal de confidenciales financieros y políticos del periodista Juan Carlos Zapata, se habían caído ya, porque no había comprador dispuesto a pagar tanto por tan poco.

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Son básicamente periodistas de la redacción de El Universal quienes integran el coro de esta tragedia. Y es así a petición expresa de ellos, que solicitaron que sus nombres no fueran mencionados en el presente reportaje y sólo bajo esa condición accedieron a hablar. Rumores –cuentan– era todo lo que había en esas fechas puertas adentro: un caudal de rumores que durante meses circulaban diciendo que El Universal iba a ser vendido. Eso y poco más. No había información oficial ni nada semejante. La redacción era un hervidero: día sí y día también los periodistas preguntaban a sus jefes cuánto de cierto había en la especie, y estos, las manos vacías y cara de sorpresa, decían que no, que no era verdad, o que por lo menos ellos no tenían información alguna al respecto. El asunto llegó a ser irritante: “No vamos a estar desmintiendo todos los días que el diario fue vendido”, llegó a responder, ofuscado y harto, Miguel Sanmartín, de la Mesa de Edición, a un insistente redactor deportivo. Y no era el único. “Yo me pasé casi 3 meses desmintiendo la venta”, reconoce Alfredo Yánez, quien para la fecha no estaba en la redacción, sino a la cabeza de EUTV (El Universal Televisión), un canal de televisión por internet que, a pesar del nombre, operaba de forma independiente del periódico y había sido lanzado en noviembre de 2013. “Yo veía que allí había dinero, que había inversión, que había una apuesta arriesgada. El año anterior se había invertido en una grilla de luces, se habían impreso unos backings, se había cambiado la escenografía. Por eso no lo creí hasta el último momento”, se justifica.

Sin embargo, mientras él veía inversión, otros, en la sede, veían unos movimientos extraños que apuntaban en dirección contraria: “En un momento nos empezamos a dar cuenta de que se estaba desmantelando la Fundación Andrés Mata. Llegaban como 7 camiones de muebles y enseres a sacar materiales, mobiliario y cosas que los Mata mantenían en el edificio del periódico, y eran llevados a una propiedad de ellos en Chacao. Nos parecía obvio que se estaban yendo de allí”, narra el coro.

“No, imposible” fue la respuesta que dio Ernesto Ecarri, quien para la fecha era Editor de Política, cuando el jueves 03 de julio una fuente, que llevaba 3 meses hablándole de la operación venta, le dijo que ésta ya estaba concretada. Ese jueves, precisamente, Elides Rojas, de la Mesa de Edición, fue convocado a una reunión en un hotel en Chacao. Al llegar se encontró con la plana mayor del diario, que le informó de la venta y le presentó al nuevo presidente, Jesús Abreu Anselmi. Estupor, por lo menos, fue lo que sintió y así se lo manifestó a los presentes. “Él pertenecía al círculo de confianza de los dueños anteriores y para él fue bastante sorprendente”, desliza un allegado. Cláusulas de confidencialidad, le dijeron. Más de 20 años de relación, alegó no sin amargura.

A la cláusula de confidencialidad también apeló Jesús Abreu Anselmi cuando le preguntaron quiénes eran los nuevos dueños de El Universal. Fue el 04 de julio en la asamblea convocada en el auditorio del piso 15 para presentarse ante el personal del diario. Allí, oficialmente, la redacción se enteró de que, en efecto, el periódico había sido vendido. “El ambiente era muy tenso”, recuerda Yánez, que no fue convocado pero igual subió. “Te estaban diciendo en una reunión familiar a disgusto que tus padres dejaban de ser tus padres y que a los nuevos tenías que quererlos y creer que lo que traían en sus alforjas era pura bondad”. ¿Y qué llevaba Jesús Abreu Anselmi en sus alforjas para El Universal? El compromiso de que la línea editorial no iba a ser cambiada –“doy mi palabra como única prueba”, dijo–, la garantía de que el papel no iba a faltar más –“tendrán papel para trabajar”–, la promesa de fortalecer los proyectos que habían quedado sin concretar con los viejos dueños, y “una agenda llena de proyectos e interesantes propuestas de crecimiento regional, diversificación y modernización”. Allí, formalmente, empezó todo.
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“A partir de hoy, la firma española de inversiones Epalisticia se incorpora al diario”. Esa es la versión que dio El Universal el sábado 05 de julio en portada, cuando anunció el “cambio en su estructura accionaria” –nunca venta, palabra, al parecer, vetada–, con la entrada de una “empresa de inversión con base en Madrid que centra su actividad en áreas como el petróleo, bienes raíces y medios de comunicación”. “Dos de sus directivos, Eduardo López de la Osa y José Antonio de la Torre, luego de investigar el mercado venezolano durante más de un año (…) se inclinaron por la empresa que les ofreció mayores y mejor potencial de desarrollo”, explicaban. “Epalisticia trae un plan de generación de valor a largo plazo”, además de introducir “innovaciones tecnológicas que aceleren el proceso ya iniciado de digitalización y que van mucho más allá de la mera aportación financiera”, decían.

Alfredo Yánez sencillamente no se lo creyó. “En un país como este, con control de cambios, con periodistas acusados y señalados, es muy difícil conseguir un inversor que quiera hacerse con una estructura enquistada, con taras, con una plantilla de periodistas y obreros, sólo porque quiere hacer negocios. Eso es un cuento muy cuento y quien quiera creerlo, chévere”. Y cuento comenzaba a parecer cuando ese mismo 05 de julio el diario madrileño El País informaba que Epalisticia había sido constituida el año anterior con un capital de apenas 3.500 euros, que el dominio de su página web había sido creado 4 meses atrás, y que el monto de la operación se encontraba entre 90 y 140 millones de euros.

“No sé de dónde salió esa cifra. No fue ni la mitad de 40 millones de euros. El periódico valía muy poco: ha pedido dinero durante muchos años y tiene una situación económica complicada”, le dijo meses después José Luis Bastante, Consejero Delegado de Epalisticia, al periodista Jesús Yagure, de Runrun.Es, en una entrevista en la que revela que en realidad Espalisticia fue contactada por unos “inversores internacionales” –cuyos nombres él no puede revelar por un acuerdo de confidencialidad– para que “hicieran una gestión técnica, sobre todo económica y de empresa” en la compra de El Universal, pero que “ni yo ni mis socios, ni Eduardo ni José Antonio (…) somos accionistas ni tenemos participación ni hemos comprado ningún periódico”. “–¿Epalisticia se creó para comprar este medio?”, le preguntó Yagure “–Sí.”, respondió, tranquilo, Bastante. Es decir que al final –hablando de cuentos– Espalisticia resultó no ser la dueña del diario, ni esos inversionistas, cuyos nombres se mencionaron en la portada, los propietarios, sino intermediarios usados por otros fantasmagóricos “inversionistas” para comprar El Universal. ¿Quiénes son finalmente los dueños y de dónde salió el dinero? Secreto de arcano.

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“Se define como un hombre austero y sencillo, cuya zona de confort se sitúa (…) en el bajo perfil y en el culto activo de su fe cristiana (…) Contralor del estado Lara, Viceministro de Desarrollo Urbano, senador independiente por AD y profesor universitario. Ingeniero Civil de la UCV (…) [con] postgrado en la Universidad de Saint Thomas (Minessota), en los últimos tres lustros se ha dedicado a asesorar empresas en materia de restructuración financiera”. Con esas primeras líneas arrancó la presentación en sociedad de Jesús Abreu Anselmi. Fue en la edición del domingo 13 de julio, de la mano de Roberto Giusti, el gran entrevistador del diario, con titular de apertura y gran foto de portada. En el coloquio Abreu respondió de modo bastante parco y manteniendo siempre una línea discursiva muy técnica. Allí se presentó simplemente como un gerente que fue llamado por unos inversionistas para tratar de levantar una empresa recién adquirida por ellos –a quienes parecía no conocer casi– y en cuyo proceso de negociación nada tenía que ver y nada sabía. En cuanto al diario y su línea editorial, mencionó un par de veces la palabra “imparcialidad” y dijo que debía ser “absolutamente objetivo en el plano de la política”, que la unidad de investigación funcionaría tal como lo había ido haciendo, que se elevaría el nivel informativo en economía, energía y ambiente; que estarían al servicio de todo lo que significara progreso; que serían críticos del gobierno “y de todo aquello que sea necesario criticar”, y que el objetivo del periódico “no es hacer actividad política” sino suministrar información veraz y objetiva.

De lo que no se habló ese día –a fin de cuentas era su día– fue de lo publicado por El País de Madrid el sábado anterior: “en épocas más recientes Abreu ha estado vinculado con la nueva burguesía surgida al amparo del chavismo. Desde hace par de años funge como director suplente del circuito radial FM Center, con casi 50 emisoras en el país. Abreu es parte del 40% de las acciones adquiridas por el empresario Rafael Sarría, que mantiene estrechas relaciones con el número dos del régimen, Diosdado Cabello. Una fuente de esa emisora confirmó a este diario que Abreu asiste a las reuniones de la junta cuando se ausenta Sarría”.

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“Lamento tener que informarle que debido a la reestructuración editorial que adelanta el diario El Universal se ha hecho una serie de ajustes y por esta razón ya no podremos darle curso de publicación a sus artículos temporalmente”. Esas líneas, firmadas por Miguel Mayta, Editor de Opinión, llegaron a los correos de 26 articulistas, que, entre el 10 de julio y el 03 de agosto, fueron removidos de la plantilla de opinadores.

Marta Colomina, cuyos textos llevaban años abriendo las páginas de opinión dominicales, renunció con una carta pública el 02 de agosto. “Las denuncias sobre articulistas censurados o despedidos por razones políticas han crecido significativamente (…) todos los censurados o sacados de las páginas de opinión son críticos del gobierno (…) en esas condiciones no puedo seguir escribiendo en El Universal, aunque mis artículos críticos, hasta la semana pasada, hayan salido sin censura alguna”, alegó.

Tres días después, en la portada de la edición del martes 05 de agosto, el periódico se defendió con una carta pública: “En los últimos días se ha presentado una serie de inconvenientes en la muy importante sección de Opinión de El Universal a partir de la entrada en vigencia de nuevas normas para el tratamiento de los artículos, que implican, como ya se dijo, retomar el Manual de Estilo y (…) rescatar el equilibrio necesario”, decían. “En la nueva etapa de El Universal hemos advertido muestras palpables de violaciones, por lo que el periódico declinó las publicaciones que no responden al código ético”. ¿Cuáles eran las máximas de ese código ético? Según explicaban: “balance”, “equilibrio”, “buen uso del lenguaje”, “respeto” y “guarda de la honra de terceros”.

“El Papa Francisco nunca podría escribir en El Universal, porque ese sí que utiliza adjetivos calificativos para describir a los corruptos” fue la respuesta que dio al editorial la periodista María Denisse Fernández, quien escribía semanalmente de religión e iglesia y fue una de las primeras despedidas por una serie de artículos en los que públicamente pedía oraciones por la conversión de los corruptos –“Rezaremos mucho por ustedes. Ojalá puedan arrepentirse de corazón, pedir perdón y devolver todo lo robado”, era el cierre del último texto, que nunca llegó a ver luz–.

“¿Qué es opinión hoy en día? Esa es una buena pregunta”, dice Ernesto Ecarri. “Con Opinión lo que hicieron fue buscar temáticas distintas, tratar de que no todo fuese negativo. De alguna manera es hacer un periódico que no moleste”, manifiesta. Disertaciones sobre las selfies, disquisiciones bizantinas sobre los dilemas morales del mundo, la hipocresía de la humanidad, el mal que hace el tabaco o las mentiras que todos nos creemos, son algunos de los temas que ahora se pueden leer en dichas páginas, que, efectivamente, molestan poco.

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“Está fuerte”, fue lo que dijo Jesús Abreu Anselmi, según el deslenguado portal de Juan Carlos Zapata, cuando vio la caricatura que saldría en la edición del 18 de septiembre. Una caricatura en la que hay dos electrocardiogramas: el primero –Salud–, con sus picos altos y bajos; el segundo –Salud en Venezuela–, totalmente plano, muerto y partiendo de la firma de Hugo Chávez. “Está fuerte”, dijo, pero se publicó. En la tarde, no obstante, al llegar de una reunión fuera del periódico –siempre según Zapata–, Abreu llamó a Elides Rojas y le pidió que botara a Rayma Suprani, la caricaturista estrella de El Universal.

“Me llamó mi editor para informarme que el nuevo director, el Señor Abreu, se había molestado mucho con la caricatura (…) me imagino que el chavismo, que es quien está detrás de la compra de El Universal, se molestó porque existía un dibujo muy crítico ante la situación de la salud, y se estaba usando la firma de Chávez, que es una de las iconografías que han intentado elevar hasta lo celestial, que es como la firma de Mahoma, algo intocable, y yo traté de desmontar esa forma religiosa de ver ese grafismo”, explicó ella la mañana siguiente en el programa radial de César Miguel Rondón.

“Rayma está muy bien botada. Desde hace meses ella venía haciendo todo lo posible por ser botada con el propósito de obtener que la liquidaran doble (…) Permanentemente retó a la directiva, publicando las caricaturas que quiso con el contenido que quiso”, escribió en su cuenta personal de Facebook Arturo Casado, Vicepresidente de Mercadeo, quien, sin embargo, renunció ese día. “Desde el poder siempre te van a decir que te buscaste lo que pasó. Como el caso del violador y la muchacha con mini-falda. Rayma lo que hizo fue hacer su trabajo, lo que hacía todos los días. Siempre fue muy rebelde y muy radical, nunca fue suave, siempre fue frontal contra lo que no estaba bien”, la defiende Ángel Gómez, quien para la fecha era reportero de Cultura.

“Ella llegó a publicar una caricatura, que el periódico no impidió, en la que presentaba como una rata peluda al Presidente del Periódico”, alegó Casado como prueba de hasta dónde había llegado la caricaturista. Se refería a una curiosa pieza publicada el domingo 24 de agosto que para muchos pasó inadvertida: en ella tres personas, dos hombres y una mujer –¿Elides Rojas, Miguel Sanmartín y Taisa Medina?–, están sentados en una mesa –¿la Mesa de Edición?– y frente a ellos está un cuerpo de manos y torso peludos escondido tras la pantalla de un hombre afable –¿Abreu?– que dice: “¡Muy buenas tardes! Soy el nuevo inversionista”. “Eso ningún editor del mundo lo hubiera aceptado”, jura Casado. “Cuando lo que no está bien está dentro de tu casa, tú tienes que atacarlo, y fue lo que ella hizo. Estando dentro no tuvo ningún tipo de prurito en cuestionar lo que estaban haciendo con el periódico”, continúa en su defensa Ángel Gómez.

El coro pasa por encima de los supuestos intereses crematísticos de la caricaturista, pero confirma que sí, que ella jugó duro. “Rayma nunca tranzó con nada ni con nadie. Ella siguió haciendo caricaturas fuertes, incluso más fuertes, a pesar de los múltiples llamados que le hacían”, comentan. Y ella lo acepta sin ningún problema: “Después de la venta, mi trabajo se empezó a ver de manera crítica (…) en el periódico me empezaron a decir que si podía bajar la nota”, reconoció ante Cala en CNN. Pero no lo hizo: “Yo decidí que no iba a suavizar mi línea”, le confesó a César Miguel Rondón. “Mi posición era que seguiría en El Universal mientras pudiera publicar mis caricaturas con la libertad que siempre tuve, sin hacer concesiones con esa manera de pensar aguda que he manejado en estos años”. Y así fue.

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“Es de las secciones más leídas del periódico (…) sus fuertes son el análisis y el seguimiento continuo”. Así les vendieron el primer día de la preventa de 2015 a los anunciantes la que era –siempre lo había sido– una de las fortalezas del diario: la sección de economía, una de las mejores –si no la mejor– del país, que Abreu había prometido reforzar en su entrevista con Giusti, y que en tiempos de grave crisis resultaba bastante incómoda.

La noche del 14 de agosto una nota de la sección fue mandada a sacar. Estaba firmada por el corresponsal del diario en Guayana, y reseñaba los conflictos surgidos a partir de la firma del contrato colectivo en Sidor: los trabajadores se sentían estafados por la representación sindical y habían protestado. En su lugar, se publicó la nota de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), que sólo reflejaba la versión oficial, en la que se hablaba de un “triunfo de la clase obrera” –así lo celebró en su twitter la Ministra de Comunicación, Delcy Rodríguez–.

Eso marcó, de algún modo, el principio del fin de Economía, que en noviembre terminó desmantelada. Todo a punta de eufemismos –“si el precio del petróleo bajaba, no se decía que bajaba o que cayó, sino que se ubicó”, dice el coro–, de veto a fuentes –“Ecoanalítica y Econométrica no se debían citar porque eran de oposición”–, prohibición de uso de cifras extraoficiales –“no se podía publicar nada que no estuviera respaldado por número oficiales, y el Banco Central de Venezuela desde enero no los publica, entonces las informaciones sobre inflación o escasez sencillamente no salían”–, exigencia de notas educativas y “planas” en detrimento de las de carácter noticioso  –“a juicio del presidente de El Universal se debían llenar los espacios del periódico con informaciones relacionadas, por ejemplo, con la extracción de petróleo y hierro”, contó su editora al IPYS–, y constantes cambios de títulos y sumarios, que contradecían la información de las notas –“Petróleo venezolano se ubica en $77,65, tras leve repunte ayer” fue el título que le pusieron a una información que, líneas más abajo, decía: “la cesta petrolera venezolana perdió 5,07 dólares para cerrar este viernes en 77,65 dólares por barril, el valor más bajo registrado desde la segunda semana de noviembre de 2010” –.

La gota que derramó el vaso fue el caso de una información publicada el 10 de noviembre, en la que se decía que la hallaca de Mercal había subido 201,2%. El cálculo era de la reportera, que lo sacó comparando el precio del año anterior con el anunciado ese día, y que molestó mucho a Abreu: “El propio diario hace unos cálculos sobre inflación y diferencia de precios que son el aporte anti-gobierno de nuestra propia calculadora e intención. A eso es a lo que me refiero con bajarle el tono (…) si hay alguien que quiera opinar sobre eso, que lo haga y se agrega (…) pero atribuido a un tercero, no al periodista y a su iniciativa”, fueron sus palabras de acuerdo con una nota de protesta enviada por el equipo a la Mesa de Edición, cuyo silencio y falta de respuesta llevó a la editora de la sección, Carmen Rosa Gómez, a renunciar. Con ella se fueron dos integrantes, y luego los otros. El “equipo de reporteros especializados [que] permite ir más allá de la noticia” –palabras de la preventa– desapareció. “Hubo que contratar un personal nuevo, que no maneja nada de los temas económicos puros y duros, y que ha suavizado mucho la sección”, cierra el coro.

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“Nosotros, periodistas e integrantes de la redacción del diario El Universal, queremos expresarle al país en general y especialmente a los lectores que nos han acompañado con su confianza por décadas, nuestra preocupación por los cambios que se han registrado en los lineamientos dictados para el ejercicio de nuestras labores”, escribieron los periodistas en un comunicado público al día siguiente del problema de Sidor.

Se referían a cambios como el de aquella noche, y a otros bastante notables como los que se veían en las portadas –“los redactores no somos responsables de la jerarquización y distribución de los contenidos de la primera página del diario, ni ahora ni antes”, se vieron obligados a aclarar en un comunicado posterior–, que empezaron a llenarse de información oficial, a abrir con declaraciones favorables al gobierno –“Le apuesto al éxito de Maduro porque su fracaso nos haría mucho daño” (Vladimir Villegas, 14/09/14)–, promesas a futuro –“Dos trenes para ferrocarril del Tuy llegarán en 9 días” (29/09/14)–, información internacional intrascendente –“Triunfo conservador en las elecciones generales británicas” (8/05/15)–; en las que no se volvió a ver una foto de una cola o de una protesta y sí varias y grandes gráficas de eventos deportivos, actividades al aire libre y cosas triviales. “Las páginas, que deberían estar llenas de información, las han llenado de cosas banales, todo ello para silenciar. Tengo 19 años en esa redacción, y en un país como el que vivimos, tener una portada con todas las misses visitando la redacción de El Universal… Bueno, eso lo dice todo”, le comentó Rayma a César Miguel el día posterior a su despido.

Cambios también apreciables como los de la titulación de las informaciones, cuyo estilo fue modificado. “El periódico estaba acostumbrado a una manera de titular en la que no había problemas en ser confrontadores, eso se trató de bajar y eliminar, se nos pedía que fuéramos lo más neutrales posibles, que buscáramos una posición de equilibrio”, revela Ernesto Ecarri. Y para botón de muestra el que dio Roberto Deniz, a la sazón reportero de Economía, quien el 29 de octubre denunció en su cuenta de twitter que una nota titulada: “Venezuela en el último lugar en derechos de propiedad” fue publicada al día siguiente con el título: “Presentan informe de índice de derechos de propiedad”.

Cambios inexplicables como la minimización –casi eliminación– de la sección Sucesos. “Quedó reducida a media página junto con la sección Caracas. Las notas nos las pusieron en la parte baja”, cuenta Thabata Molina, ex reportera de la fuente. Problemas de papel, alegaban, y se entendía. La crisis existía. Lo que no se entendía es que habiendo tal crisis, sin casi espacio, se ordenara que allí, en esa misma página –en la que se tenían que condensar los crímenes de una de las capitales más violentas del mundo junto con el día a día de una urbe tan caótica– fuera mandada a incorporar también una sección llamada “Historias de Vida”, en la que diariamente se publican testimonios de lucha y superación de gente común y corriente. Esa sección ocupa por lo menos el 25% de la página, es inamovible –“orden del presidente Abreu” –, tiene llamado diario en portada, y se publica, además, en el cuadrante superior derecho, de todos el más visto. Ello, mientras en Sucesos “muchas informaciones quedan fuera y las importantes reducidas a micro notas de 600 caracteres”, dice Molina.

Cambios zalameros, como el de Cultura, que pasó a ser, prácticamente, el boletín del Sistema Nacional de Orquestas, dirigido por José Antonio Abreu, hermano de Jesús Abreu. “El Universal se forzó para que se convirtiera en un medio institucional del Sistema de Orquestas”, afirma Ángel Gómez, quien fuera reportero de la fuente. “Desde la llegada de Abreu hubo una tendencia a apoyar el Sistema, a publicar más cosas del Sistema. Su aparición se convirtió en algo grosero. Llegamos a un punto en el que hasta se fijó una agenda semanal de entrevistas de personalidad a figuras importantes del Sistema” prosigue Gómez, quien se las vio negras para poder publicar un diálogo con Gustavo Dudamel, director de la Sinfónica, en el que le preguntó sobre política. “En la tarde se me instó a que eliminara esas preguntas del cuestionario. Yo dije que no. Desde la coordinación de la sección se me apoyó. Se le hizo creer a la Mesa que ya se habían podado las preguntas, cuando en realidad no fue así, y salieron”, recuerda. Un despliegue inusitado de recursos –con un drone incluido, para tomar una foto de la Orquesta en la terraza– se llevó a cabo cuando fueron a dar un concierto en la sede de El Universal.

Cambios curiosos, como los sucedidos con las fotografías de ciertos personajes del gobierno, que comenzaron a aparecer con mucha y mayor frecuencia y casi siempre en poses sonrientes y favorables –“la orden es que no salgan nunca con malas caras”, juran en el coro–. Eso por no hablar de la lista de intocables, encabezada por Diosdado Cabello –“hubo una amenaza de demanda contra el diario luego de que se publicara la foto de una protesta en la que aparecía una pancarta que decía ‘Diosdado explotador’, desde ese entonces ni se le menciona”, susurran– y en la que se encuentran, además, otros personajes como Miguel Rodríguez Torres, ex Ministro de Interior y Justicia –“se me dijo abiertamente que él era intocable”, revela Molina–, Jorge Rodríguez, Alcalde de Caracas –“pasamos de tener una campaña de denuncia sobre las fallas de su gestión a estar todos con Jorge”, no se lo cree el coro–, la Ministra de Defensa, el director del Sebin, y prácticamente cualquier alto funcionario, que suelen ser tratados con guantes de seda. Que lo diga Elías Jaua, Ministro para las Comunas, cuya empleada doméstica, capturada por las autoridades de Brasil con un arma, pasó de ser, en la primera versión de una nota montada en la web, “niñera de Jaua”, a simplemente, en la segunda versión, “empleada de un alto funcionario” cuyo nombre desapareció y nunca se mencionó en el texto.

Y cambios enigmáticos, como el ocurrido el 16 de agosto, cuando, para recordar los diez años del Referéndum Revocatorio que reafirmó en su mandato a Hugo Chávez, se publicó una entrevista con Hugo Cabezas, jefe de la Onidex para ese entonces y presidente de la Corporación Maneiro, el monopolio estatal dueño de todo el papel periódico en Venezuela. Extraño no tanto por el entrevistado y el motivo –que también– sino, sobre todo, por quien firmaba la entrevista: Ricardo Villarroel, articulista de Aporrea, quien no pertenecía a la plantilla del diario.

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“Los tres se cambiaron el chip. Ahora cuando les presentamos o proponemos algo sus argumentos son: ‘no, eso puede generar zozobra’. ¿Pero cómo generar zozobra si eso era algo que publicábamos antes y no pasaba nada? Se comprometieron con la defensa de la Libertad de Expresión y eso no ha pasado. No están defendiendo absolutamente nada, sólo sus puestos”, brama el coro en contra de Elides Rojas, Miguel Sanmartín y Taisa Medina, cabezas de la redacción. Ernesto Ecarri, que estuvo allí, que en algún momento fue parte de la Mesa de Edición, es quien coloca los matices de grises en tan oscuro asunto, que él, sin quitarle seriedad, plantea como un juego de sobrevivencia, estratégico, bastante complejo y con el final cantado: “El criterio que primó en el caso mío y de todos los de la Mesa para seguir allí y asumir el cargo fue preguntarnos qué era preferible: irse y que viniera otra persona sin tus principios y valores e hiciera lo que le viniera en gana, o estar allí y no plegarte, sino tratar de sobrevivir en esa situación, en ese periódico, que no es el de antes, y hacer lo que buenamente se pudiera, cuidar ese espacio que tenías, preservar esos puestos de trabajo. Al final todos íbamos a morir y nos íbamos a ir del periódico, la cosa en ese momento era tratar de encontrar la mejor manera de irse; ese terminó siendo el gran dilema del periódico, de todos”, alega.

“Tú vas a la Mesa de Edición, que había prometido que iba a defender a los periodistas, y no lo hace: lo único que hace es cumplir órdenes y ya. Cambian y ponen cosas dependiendo de cómo lo manden”, sigue, indignado, el coro. Ecarri dice que no, que así tampoco, que la pelea se da, aunque hay un punto en el que la pierden. “Yo recuerdo haber tenido una discusión en febrero, de las últimas en las que participé, en la que llegamos al acuerdo de que toda información que mereciera ser publicada no iba a ser sacada del periódico; eso no significaba que no se le diera la vuelta, pero no salía del periódico, que era al final lo importante; entonces, a partir de allí tú podías negociar. Sin embargo, llega un punto en el que eso se cae por su propio peso, porque había un mandato bien claro de hacia dónde querían que fueran las cosas y esa pared ya tú no la podías romper”.

“La relación entre la redacción y la Mesa cambió muchísimo. Y ellos están al tanto de que con nosotros perdieron credibilidad en muchísimos aspectos”, sigue desahogándose el coro. Y allí, Ecarri asiente comprensivo. “Hubo momentos en los que era lógico que del lado de los reporteros se resintieran de que yo defendiera lo que defendía, que no fuese tan vehemente en el reclamo de ciertas cosas, pero es que estábamos jugando un juego de sobrevivencia”, insiste. “A mi entorno llegaron incluso cuentos sobre cómo yo me había vendido. La verdad, no me sentí cómodo jugando ese rol, pero era el que tenía que jugar. Aguanté siete meses y no puede más: en un momento me sentí incomprendido, que lo que estaba haciendo no tenía valor. Sin embargo estoy tranquilo con mi conciencia: jugué hasta donde pude”.

Para terminar de zanjar el asunto, Ecarri propone una metáfora bastante gráfica: “Cuando vendieron el periódico a cada empleado le dieron un chicle y cada quien lo estiró hasta donde pudo: unos más otros menos. Es lo que pasó con Economía y Rayma: se rompió a las primeras de cambio”. “Lo que me cuesta entender es de qué tamaño es el chicle de Elides Rojas, a quien aprecio y admiro mucho, y del resto de la mesa, porque ha habido atropellos profesionales hacia ellos. Cuando te cambian un título te están violando como editor, tú no puedes permitir eso, y si te quedas, lo estás avalando”, cierra Ángel Gómez.

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Como toda tragedia, esta también tiene un canto coral de cierre. En este caso, un collage de voces y citas –todas dichas por las fuentes, de todas se tienen registros– en las que queda de manifiesto la penosa realidad de El Universal hoy en día.

“No hay inversión por ningún lado”. “Allí no se ha comprado ni un televisor, ni una computadora nueva. Siguen los mismos problemas de siempre”. “El departamento de fotografía trabaja apenas con 3 cámaras”. “Los chamos de multimedia trabajan con las uñas: tienen apenas una cámara para grabar videos”. “Dos veces se les ha vencido la factura del servidor de video, y han tenido que salir corriendo a pagarla”. “No han comprado ni un carro nuevo”. “En el estacionamiento hay una camioneta parada desde hace un año porque le falta una bujía y no la mueven”. “Para comprar un caucho no tienes idea de todo el proceso por el que hay que pasar para que aprueben los recursos”. “Hay una camioneta que chocó un transportista al que iban a robar y está allí, chocada”. “Cuando llamaron al seguro le dijeron que no tenía seguro”.

“En la preventa lo que se vendieron fueron los obituarios, ese fue el punto fuerte”. “Lo que ofreció la preventa fue una garantía de inversión –‘si no circulo como te estoy diciendo, te devuelvo los reales’–, no un servicio de promoción, de publicidad, nada”. “Es que el periódico no tiene nada que ofrecer”. “Había pasado más de un año y seguían vendiendo la Biblia: ¡eso era un plan de la administración anterior!”. “Aquí no hay nada nuevo que proponer, no hay un elemento, no hay un cuento nuevo, nada”. “Y además acabaron con los platos fuertes, que eran Economía y Opinión”.

“Sé que muchos se sienten incómodos pero no les recomiendo que haya una estampida masiva porque el periódico no está en capacidad de pagar arreglos para todos y podría fácilmente declararse en quiebra”. “Desde julio ha habido como 40 o 50 renuncias de periodistas y altos cargos”. “Casi todos los que se han ido son personas con trayectoria, periodistas que conocen su fuente”. “Todo el grupo de corresponsales del interior quedó desmantelado”. “Te metes en la página de contactos de El Universal y vas a ver a un montón de gente que ya no trabaja allí”. “Ha habido una fuga paulatina de talento”. “Los cargos de los que se van quedan congelados, no contratan a nadie para que los reemplace”. “Sólo contrataron a gente en Economía porque eso quedó vacío y había que meter a alguien”.

El Universal perdió su público”. “Nuestro lector tradicional, del 95 para acá, que era un poco más confrontador, se alejó, se fue; y el lector pro-gobierno no nos va a comprar. Y no tener ni a uno ni a otro es difícil”. “Los lectores te lo dicen en la calle: ya no compro más El Universal”. “El tiraje ha disminuido bastante por la falta de papel. El periódico circula con muchos menos ejemplares”. “Si antes circulábamos un domingo con 200.000 ejemplares, ahora es con el 50% menos”. “Y las devoluciones han seguido aumentado de forma significativa”. “El Universal sencillamente no se vende”. “La venta neta podría estar en menos de 20.000 ejemplares de lunes a viernes”. “¿En este momento histórico el periódico se está haciendo para la gente? No. ¿Lo va a comprar la gente? No”.

“Desde que llegó Abreu las decisiones sobre temas importantes se toman a última hora”. “En la reunión de la mañana aprueban un tema y a las 5, con la página lista, él la lee y manda a sacar cosas sin pensar que a esa hora los periodistas ya no estamos o no hay información de calidad con qué llenarla”. “Nadie entiende cómo hace los cambios: hay días en los que deja pasar unas informaciones y días en los que no”. “Un día le gusta una cosa y otro día le disgusta”. “Su frase favorita cuando se le propone un tema complicado es: ‘¿Y para qué nos vamos a meter en eso?’”. “Ni siquiera la gente de la mesa lo entiende: los llama en la noche a la redacción, y ellos no saben por qué”. “Hay momentos impresionantes: 18, 20 llamadas en una noche”. “‘Cambia, quita, pon, esto ya no me gusta, dale la vuelta. No me gusta que le des tanto espacio a esto, quítalo, no lo publiques’”. “Se está manejando todo sin un objetivo específico: nadie ha logrado descifrar cuál es la línea del periódico”. “Al final nadie tiene claro a quién responde este nuevo proyecto: es una cosa extremadamente difusa”. “La idea es tratar de pasar lo más desapercibidos posible”.

“El periódico no está dando información”. “En el momento actual no refleja la realidad venezolana”. “De la noche a la mañana pasamos a vivir en Suiza: sólo se publican las cosas buenas y positivas”. “No salen las colas, ni el desabastecimiento, ni la crisis”. “Están pasando muchas cosas que no se están reflejando en el periódico”.  “Se hizo una recomposición para tratar de pasar las informaciones que generaran menos resistencia al gobierno”. “Cuando haces propaganda en tu primera plana estás declarando tus principios”. “Ahorita el periódico es un panfleto”.

“Lo vendieron para salir de una empresa que no daba resultados, y lo compraron para coartar y tomar un medio que hacía contrapeso”. “Económicamente, comprarlo fue un mal negocio; políticamente hicieron lo que necesitaban: quitarle al país una de las bases más importantes que tenía para el flujo de información”. “Hasta ahora lo que hemos visto es que lo compraron para silenciar la voz disidente al gobierno”. “El objetivo era frenar, darle cabida a otro tipo de vocería y eliminar la que tenía cabida allí”. “Es una forma de decapitación muy sutil: el gobierno compra el país con el dinero del país”. “Desmontar un periódico de 105 años no es tarea fácil y eso es lo que quieren: ir desmontando el medio sin que nadie se dé cuenta”.

Pero todavía hay quien lo ve e incluso quien lo cuenta.

FRONTERAWEB

“[La frontera] hace recordar al Muro de Berlín”

La foto es de Ariana Cubillos, de la Agencia AP, e inmortaliza un momento que ya se ha hecho cotidiano en la frontera colombo-venezolana: el del cruce masivo de venezolanos hacia Colombia buscando comida y medicinas. Desde que fuera reabierta, la procesión de venezolanos no ha cesado. Y aunque de tan común ha comenzado a parecernos normal, no pasa así con el resto del mundo, que no deja de sorprenderse. “Son escenas que hacen recordar a la caída del Muro de Berlín”, ha escrito al respecto este fin de semana el diario económico londinense ‘The Financial Times’, que, espantado, no ha dudado en lanzar un grito de alerta en su sección editorial: “Los problemas de Venezuela ya no pueden ser ignorados”. Para el diario, uno de los más influyentes de Europa, la situación de nuestro país no merece otro calificativo que “trágica”, y, advierten, está comenzando a generar problemas internacionales: “la malaria ha resurgido en el país, y probablemente otras enfermedades también, atentando contra la seguridad sanitaria de la región; además, Venezuela es refugio de muchos narcotraficantes que ingresan a Estados Unidos”, escribieron. “El país necesita un nuevo gobierno y pronto. Definitivamente antes de las elecciones de 2018. Afortunadamente, existe un mecanismo constitucional para acelerar el cambio: el llamado referéndum revocatorio. Claro que Maduro no quiere que se realice. Pero su salida es inevitable: la mayoría de la gente quiere que se vaya. La pregunta es cuándo. Y si el ejército está dispuesto a reprimir una manifestación masiva contra Maduro en el futuro. Y en ese caso ¿cuál será la respuesta de la comunidad internacional?”, se preguntan. Mientras, los venezolanos siguen cruzando la frontera. Como Ramiro Ramírez, uno de tantos, cuyo testimonio lo termina de decir todo: “[Pago con] dinero que había ahorrado para alguna emergencia, y esto es una emergencia”

MONAGASWEB

El nepotismo invade la Cancillería

Pasaron a la historia como el paradigma del nepotismo, ese desagradable vicio de poner familiares en cargos públicos. Hablamos de los hermanos Monagas, José Gregorio y José Tadeo, quienes durante una década gobernaron el país alternándose la presidencia, y cuyo triste legado está siendo opacado y superado por la revolución. A episodios ya conocidos, como el de los 47 familiares que la “Primera Combatiente” puso a trabajar en la AN cuando la presidía, o el de los 13 familiares que el Contralor (¡el contralor!) tiene en su organismo (él lo llama “nepotismo positivo”), hay que sumar también los del Servicio Exterior. La información es de Pedro Pablo Peñaloza y ha sido publicada con detalle en la web Transparencia Venezuela: en ella se documentan por lo menos 43 casos de funcionarios de Servicio de Exterior (embajadores, cónsules, vice-cónsules) que tienen algún parentesco con algún alto cargo rojo-rojito, cuando no un pasado del mismo color en algún ministerio o curul. Comenzando por Delcy Rodríguez (hermana de Jorge Rodríguez), cuyo Director de Despacho, Rafael Corao, es esposo de Jackeline Farías, con quien tiene una hija, Gabriela Corao Faría, que es Viceministro para Europa. Continuando con Arias Cárdenas, que tiene a su hermano de Cónsul en Cúcuta y a su hijo de Embajador en Costa Rica. O Darío Vivas, con su esposa de Cónsul en Boston a pesar de haber estado inhabilitada por irregularidades administrativas. O Diosdado, con su hermana Glenna como Ministra Consejera en Francia. O Aristóbulo, con una sobrina de Jefa de la Sección Consular en Suiza. Por no hablar de los Maniglia: Orlando, ex–Ministro de la Defensa, embajador en Alemania; y Sofía Teresita, su hija, representante del país ante la UNESCO en París. Y qué decir de Mario Isea, exdiputado rojo de verbo encendido, ahora Embajador en España y padre de la Cónsul de Bilbao, Carla Isea. Y como esos otros tantos. ¿Súbita vocación diplomática en el chavismo o ganas de vivir la vida exquisita aún sin estar preparados?

PORTADAWEB

A-Rod y el New York Post

Cuando el New York Post la agarra con alguien, la agarra. Y una de sus víctimas favoritas de los últimos años fue Alex Rodríguez, pelotero al que el periódico, luego de que se descubriera que no sólo usó sino que también traficó esteroides, no perdonó. El fin de semana pasado, día de su retiro con los Yankees, lo despidieron con un curioso -y odioso- titular, escrito con las vísceras en la mano. “Dios odia a A-Rod”, pusieron en portada, y todo porque en el momento del homenaje cayó sobre Nueva York un torrencial aguacero, que ellos interpretaron como castigo del cielo. Nada que no hubieran hecho antes. Acá el repaso de algunas de los episodios más corrosivos contados en portada:

Se destapa el escándalo y lo llaman…

AFraud

Lo confiesa todo, pero no lo perdonan

NYP-A-Rod

Recados envenenados a los directivos 
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Se hunde…y lo hunden (con inyectadora de bate y todo)
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Llega a los 3000 hits…y se los pintan con inyectadoras

NYPostARod062015

Saca el jonrón 24 de la temporada, habla de “jugar limpio”, le hacen un montaje con un reconocido modelo de detergente y lo llaman…

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“Sólo vete”, le dicen el lunes antes de su retiro, haciéndose eco del sentir de los fans

Just Go

“Dejando un legado de engaños y mentiras”, escriben en el antetítulo, antes de despedirlo con un lacerante “Good Roiddance” (una forma irónica y muy americana de despedir feliz –feliz de que se vaya– a alguien)

A-Rod

La última maldad: llueve en su despedida y lo interpretan como un claro signo del cielo

GHAR

PARISWEB

RESEÑA: El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Otro libro para demostrar que segundas partes nunca fueron buenas. Eso es ‘El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz’, continuación de ‘La vida exagerada de Martín Romaña’, con el que apenas comparte protagonista, estilo y autor, pero nada más. De ese humor hilarante, de las risas a carcajadas e incluso de la ternura que rebosa su primera parte no tiene absolutamente nada.

¿Por qué? He allí el detalle. Mantiene Bryce su estilo oral y coloquial de escribir lo que le venga en gana como le venga en gana. Eso no muda. Vuelve a sentirse uno como si le estuviera hablando un compadrito en una tasca, pero esta vez el compadrito ha perdido la gracia. Ya no da tanta risa, como en el anterior libro. Casi aburre.

Será cosa de la historia. Puede que sea allí donde esté la falla. En esta oportunidad Martín sigue en París, da clases en dos universidades galas con un estilo muy particular –las lleva grabadas en un casette– y de repente se aparece en su vida una muchacha, que para él es la misma y misteriosa Octavia que conoció en Cádiz, razón por la cual, aunque finalmente nunca se llame así, ella pasa a ser para él Octavia de Cádiz. Con ella mantiene –o intenta mantener– una relación que se ve dificultada por una serie de diferencias, que van desde la de edad hasta las económicas, y que finalmente resultan insalvables porque ella es hija de una poderosa familia de rancio abolengo que la aparta de él.

Octavia es un personaje que no tiene ni la gracia ni el encanto de la Inés de ‘La vida exagerada…’. De tan misteriosa y rara que la pinta Bryce –hay momentos en los que ella solo se limita a repetir ‘¡Maximus, Maximus, Maximus’– hace que para el lector sea imposible primero entenderla y luego tenerle simpatía. Es un personaje incomprensible, con unos arranques extrañísimos y unas desapariciones más raras todavía, que se hace difícil de querer.

Mejores son otros personajes secundarios, que lamentablemente solo aparecen ocasionalmente: el Príncipe Leopoldo o el juez esposo de la mujer que le arrienda el apartamento. Ellos y otros, en puntuales ocasiones, son los que generan alguna risa –nada que ver con las carcajadas de ‘La vida exagerada de…’ – en el lector.

El final tampoco mejora mucho al libro. Se sale de curso y sorprende, sí. Pero tiene mucho de opereta. De artificioso. Como un intento por salvar un libro que hacía rato –y páginas– que había dejado de sostenerse, y que, recomendación sincera, no debería leer nadie que le tenga cariño al inmarcesible e hilarante Martín Romaña de vida exagerada.

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz

Autor: Alfredo Bryce Echenique

Páginas: 375

Año: 1985

Calificación: 5/10

TERRORWEB

Masacre en El Valle

Pasada la medianoche del martes comenzaron a oírse en El Valle las primeras detonaciones, que no pararon hasta las cuatro de la madrugada. “Fue un tiroteo salvaje, uno escuchaba los balazos, hasta el sonido de las balas rebotando contra los postes, escuchábamos los gritos”, le relató a El Universal uno de los vecinos. Afuera había plomo trancado; adentro, terror. Los residentes se alejaban de las ventanas, movían los muebles, se guarecían debajo de las camas para protegerse y llamaban desesperados a la policía. Más de 27 veces, le relató una vecina a ‘Últimas Noticias’, marcó ella el 911, cuya invariable respuesta era que ya estaban al tanto y que iban en camino varias patrullas, que finalmente se demoraron cinco horas en llegar, y ello a pesar de que cerca había dos comandos: uno de Policaracas y otro de la Policía Nacional Bolivariana. Pero sólo aparecieron con el sol, cuando el tiroteo había acabado. La escena con la que se encontraron los primeros residentes que salieron a trabajar fue escalofriante: cinco cadáveres tendidos en las escaleras, con disparos, quemaduras y golpes en el rostro; alrededor: sangre y balas. En total, fueron seis las víctimas de la masacre, producto de lo que en el argot hamponil se conoce como “cambio de gobierno”: un enfrentamiento entre bandas por el control de una zona. En este caso, los integrantes de las que operan en la calle 15, 16 y 13, contra los de la calle 12. Según el reporte de El Universal “al menos 50 sujetos” llevaron a cabo la acción, lo que sugiere que en cada calle de El Valle hay entonces, y por lo bajito, 16 delincuentes gobernando. Sí, gobernando: porque nomás irse la policía de la zona, ellos volvieron victoriosos. “Regresaron y sin el menor temor nos recordaron a todos que ellos eran los que mandaban, que nadie se equivocara”, relató una vecina. Peor aún: obligaron a una familia a salirse de su casa “porque quieren vivir allí”. “Algo normal”, lo calificó otra vecina, para terminar de pintar el terrorífico cuadro de la Venezuela actual: un país donde manda el hampa, la policía siempre llega tarde y se va temprano, los ciudadanos ven natural una masacre y se resignan a sobrevivir así.

ELCANTODELOCO

La suerte de mi vida – El Canto del Loco

Si no se le presta mucha atención, esta canción podría pasar por una más del montón. Otro tema de amor de cualquier banda adolescente, otra exageración de jóvenes entregados. Si no se le presta mucha atención, repito. Porque bien escuchada se encuentra en ella una letra verdaderamente singular: la de un redimido, que además está consciente de su redención y reflexiona sobre ella. Y eso sí es verdaderamente extraño.

La canción arranca dos dudas. Quien canta comienza cuestionándose sobre esa persona que tiene en frente, sobre qué representa en su vida –“no sé si pensar, si eres el ángel que cuida mi camino”– para luego preguntarse si lo merece: “No sé si pensar, si me merezco todo este cariño”. Es un elogio y a su vez una confesión. Aquí lo interesante es que quien canta no se pone en la postura de haber hallado lo que merecía, haber encontrado lo que buscaba, sino al revés: el elegido fue él. De allí que lo siguiente sea una pregunta que es la clave de toda la canción: “¿Qué es lo que has visto tú en mí, que me regalas tu verdad y tu cielo?”. Acortémosla y quedémonos con la primera parte: “¿Qué es lo que has visto tú en mí?”. Esa pregunta lo dice todo. Es la cumbre del tema. No es cualquier cuestión, sino la que se hace en un momento de clarividencia. Y no es complejo de inferioridad, cuidado. Eso sería otra cosa. Esto es lucidez, una toma de conciencia de las debilidades propias, de la condición humana, de un pasado tal vez desastroso y cargado de errores; y a su vez, de lo bueno, grande y noble que se tiene en frente. Sólo así, cuando se está frente a algo superior, es que se da cuenta uno de su propia pequeñez, y sólo al concientizarlo es que se puede hacerse esa desconcertante pregunta: “¿Qué es lo que has visto tú en mí?”.

Lo que sigue, lógicamente, es la redención, el cambio. “En esta vida ya no quiero otros besos / y cada día tú me das tu total”. Podría sonar baladí, pero detrás de la frase hay una elección, una apuesta, y como toda apuesta sincera, conlleva renuncia. Pero no es la renuncia que amarga y entristece, la dolorosa o la del sacrificio, es la voluntaria –“ya no quiero”– que desprecia todo el resto –“otros besos”– porque se tiene algo mejor –“cada día tú me das tu total”– de lo que ya no se quiere separar –“quiero sentirte siempre muy cerca”–.

Lo que viene luego es mucha glosa y rima de enamorado adolescente –“me puedo morir si veo tristeza en tu sonrisa de niña”–, dependencia exagerada –“pienso que si no existes yo me muero”–, emoción exacerbada –“quiero gritarle al mundo entero que tú vida es lo que quiero”– y hasta algún error gramatical –“muy cerca mío” –. Pero entre ellas se cuela otra frase verdaderamente genial: “En mi cabeza había un sueño / que se ha hecho realidad”. ¿Cuántas veces se podrá decir eso en la vida? ¿Quién tendrá la fortuna? ¿Y no es finalmente eso la felicidad: poder decir alguna vez que se tuvo, que hubo, un sueño que se hizo realidad? Fantástica línea de una canción que sería una suerte poder cantar de verdad al menos una vez en la vida.

ERDOGANWEB

Erdoğan, el niño de pecho de Maduro

Se llama Recep Tayyip Erdoğan, es presidente de Turquía, y parece ser el nuevo ídolo o en todo caso modelo del presidente Maduro. El cartel, exhibido por alguna mujer turca en una manifestación en su contra, e inmortalizado por un fotógrafo de la revista ‘Newsweek’, destaca uno de sus rasgos más característicos: ser un hombre implacable. Durante su gobierno Turquía ha pasado por un proceso de radicalización hacia el Islam, ha restringido la venta y consumo de alcohol, cerrado diarios y televisoras críticas, ha cambiado la Constitución para poder controlar el Poder Judicial, y, sobre todo, ha reprimido a sangre y fuego, literalmente, cualquier disidencia. “Todo el mundo tiene miedo allá”, ha contado el Nobel turco Orham Pamuk, quien vive en el exilio. En julio pasado, Erdoğan fue víctima de un intento de golpe de estado, que fue respondido por él con una purga, más bien apartheid, que ha dejado hasta el momento 60.000 trabajadores públicos y privados (profesores, jueces, fiscales) despedidos y 11.000 detenidos, y que aún hoy continúa, ahora con la detención de varios empresarios que considera enemigos, y la petición de restaurar la pena de muerte para castigar ejemplarmente a los golpistas. “¿Ustedes vieron lo que pasó en Turquía? Endorgan se va a quedar como un niño de pecho para lo que va a hacer la revolución bolivariana si la derecha pasa la frontera del golpismo”, amenazó ayer Maduro. “Estoy preparado para hacerlo y me sabe a casabe lo que diga la OEA y lo que diga el imperialismo norteamericano”, dijo como para que no quedara ninguna de hasta dónde pretende llegar.

SUENOWEB

Así desmantelaron la UCI de Últimas Noticias

Fue como un sueño. Algo demasiado bueno para ser cierto. Una Unidad de Investigación dentro del conglomerado editorial más grande de Venezuela, la Cadena Capriles, editora del diario de mayor circulación del país, Últimas Noticias, en el que domingo a domingo salían publicados los trabajos producidos por el equipo de 9 reporteros-investigadores. Trabajos que en tres oportunidades alcanzaron reconocimiento internacional –Premio García Márquez de Periodismo, Premio Roche de Periodismo de Salud, Premio María Moors Cabot–, nunca local –jamás un Premio Nacional de Periodismo–, pero que siempre sacaron a la luz verdades incómodas. Trabajos cuyo destino estuvo ligado al de la Cadena y que cambiaron radicalmente cuando fue vendida. Acá una historia que termina en pesadilla.

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Carcajadas. Estruendosas y sonoras. Eso era lo que se producía en la Redacción Única de la Cadena Capriles cada vez que algún pajarito azul, anónimo o medianamente conocido, trinaba en la lenguaraz red social que el todopoderoso holding editorial, propietario de los diarios Últimas Noticias, Líder, y El Mundo Economía y Negocios, estaba siendo vendido. Tal era la seguridad que ni siquiera ellos, periodistas, que editaban el diario más leído del país, se permitían aplicar el principio básico del oficio: dudar de todo. Tampoco poner en práctica la más elemental de las herramientas: la pregunta. Y no por temor o falta de acceso al jefe, no señor; más bien por todo lo contrario: porque era demasiado pana y cercano, porque con él todo había sido transparencia; y preguntarle a él, que todas las mañana pasaba saludando, que al mediodía, bandejita en mano, almorzaba en el comedor, que algunas tardes jugaba futbolito con ellos, y algún fin de semana hasta dominó; preguntarle a él, que en las fiestas de Navidad se emparrandaba y bailaba con sus empleados; preguntarle a Miguel Ángel Capriles López, a Michu, si estaba vendiendo la Cadena a espalda de sus empleados, de su gente de confianza, era como feo. Diríase, casi, un acto de deslealtad. Y porque la verdad no tenía ningún sentido luego de haber hecho una monumental inversión para mudarse de sede.

Fue un año antes, el martes santo de 2012, cuando las luces de la Torre de La Prensa se apagaron. El edificio, clásico y añejo, ubicado unas cuadras más arriba del casco histórico de la ciudad, frente al Panteón y la Biblioteca Nacional, había albergado desde 1951 al diario Últimas Noticias y había sido testigo de cómo a partir de éste surgió uno de los grandes emporios editoriales del continente. También vio su decadencia y cómo, en el otoño del patriarca, se iban quedando a la zaga. Y volvió a ser testigo de otro resurgimiento: el ocurrido con la llegada del heredero, en cuya mente dos palabras, ‘modernización’ y ‘profesionalización’, trazaban el norte. De allí que la vieja torre tuviera que despedirse de sus inquilinos ese 03 de abril: porque luego de seis décadas se había quedado obsoleta y ya no era funcional.

El lunes de Pascua –si de resurrecciones se trata– el personal cambió la ruta. Ya su destino no era el centro de la ciudad, sino el noreste. Ya no el Panteón, sino La Urbina. Allí los esperaba su nueva casa: la primera redacción integrada de América Latina, una nave espacial sin puertas ni oficinas privadas, de 1000 metros cuadrados, con 220 puestos de trabajo, sillas ergonómicas y tecnología de punta. Una súper estructura con todas las comodidades posibles: estacionamiento, escaleras eléctricas, comedor subsidiado, gimnasio, cancha de futbolito, kiosco, enfermería, todo. Una pequeña ciudad construida por iniciativa –y capital– de Miguel Ángel Capriles López, quien durante tres años, con su equipo gerencial y asesores extranjeros, planeó cada detalle, y durante el año siguiente se pasó los días solventando y arreglando cada desperfecto. Por eso, que dijeran que vendía mientras ellos lo veían allí, preocupado porque el ascensor no estaba bien calibrado o había que terminar de graduar las escaleras mecánicas, lo que les producía era risa.

“Él estaba emprendiendo aquella movida gigantesca y metiéndole tanta plata a ese edificio que era impensable que vendiera”, recuerda Tamoa Calzadilla, ex cabeza de la Unidad Central de Investigación (UCI) de la Cadena Capriles. “Era como que alguien esté comprando una casa nueva, la esté alfombrando, poniéndole mármol, trayéndole a los mejores arquitectos e ingenieros; y que te digan que la está vendiendo. ¡Eso no existe! ¡No tiene lógica!”, se justifica. “Es más –recuerda– yo lo entrevisté sobre la integración de las marcas y todo era muy optimista: estamos reformando la Cadena, estamos haciendo mil cosas, apuntamos a ser los mejores de América Latina…”.

Eso explica por qué, cuando el 20 de mayo, no ya un anónimo, sino Idania Chirinos, directora del canal de noticias colombiano NTN24, anunció vía twitter que la Cadena había sido vendida “a un banquero cuya inicial es la de un canal de TV”, todavía hubo algunos que dudaron. “Yo fallé de primera: puse un tweet en el que decía: ni se venden ni la venden”, hace mea-culpa Carmen Riera, ex directora de Periodismo Gráfico y Audiovisual de la Cadena, “pero era tal la confianza, era tal la seguridad…”, suspira. Lo mismo Nathalie Alvaray, vicepresidenta de la Cadena, si no mano derecha de Capriles López, sí de su entera confianza. “Yo sin voltearme a preguntarle al dueño lo negué y bajé a la redacción a decir que eso no era así”.

Tan absurdo le parecía todo, tan segura estaba, que, tranquila ella, sin ningún tipo de temor se fue a Tailandia a exponer la Cadena Capriles como caso de innovación ante la Asociación Mundial de Periódicos. Allí, en Bangkok, al otro lado del mundo, una llamada de Capriles López le confirma que sí, que es cierto, que están vendiendo. “Me montó cachos el marido y no quise ver”, ríe con humor negro. Fin de semana de llamadas trasatlánticas. De mails y whatsapp. De confirmarle a su equipo la mala nueva. De ir al aeropuerto a intentar conseguir un pasaje de regreso.

Camino al aeropuerto se encontraba Liseth Boom, periodista del equipo de investigación, que el viernes había salido de vacaciones. Allí le llegó la confirmación: “Muchachos, lo del rumor es verdad”, les escribió Tamoa Calzadilla. “¡Miércoles, fue horrible! Yo me acuerdo bajando a Maiquetía y llorando. Diciendo: esto se acabó”.

1

Fue un lunes cuando Víctor Vargas, dueño del Banco Occidental de Descuento (BOD), visitó la Cadena Capriles. Y se sabe que fue un lunes porque ese día directores y jefes de mesa se reunían para planificar la semana, y lo hacían en una sala ovalada transparente desde la que todo se veía y a todos los veían. En medio del sanedrín, alguien, aparentemente Omar Lugo, sabueso de economía, vio al banquero paseando con Capriles López por la redacción. “A nosotros nos extrañó que estando todos los jefes reunidos no lo presentara. ¿Cómo viene alguien tan importante y no lo presentan?”, reflexiona, a toro pasado, Calzadilla.

VV, sus iniciales, se correspondían con lo informado por Chirinos –al canal 4, Venevisión, se le abrevia VV–. Sin embargo, la versión oficial era muy distinta. Una corporación inglesa, Latam Media Holding –registrada en Curazao en septiembre de 2013–, que a su vez era propiedad de un tal Hansom Group –registrado en Londres el 23 de mayo de 2010 y que hasta septiembre de 2013 tenía sólo 6 empleados– que tenía inversiones en Europa, Asia y América –ninguna en medios–, eran los nuevos dueños. Ello, a pesar de que las leyes establecen que los diarios escritos en castellano sólo pueden pertenecer a empresas nacionales.

Que iba en contra de la ley fue lo que alegó BOD para desmentir –de la boca para afuera– la operación: “No es cierta la compra de la Cadena Capriles por parte de BOD-Corp Banca ni Víctor Vargas. No es de nuestro interés ni lo permite la ley de bancos”, twitteó en su cuenta oficial el banco a las 12:54 pm del lunes 03 de junio. “Ellos lo niegan estando Víctor Vargas montado en el ascensor de la Cadena”, recuerda indignada Calzadilla. Puede que por ello nadie, ni un modesto periódico de provincia, se lo creyera. “El único banquero chavista compró la Cadena Capriles” tituló el diario La Prensa de Barquisimeto para reseñar la operación. “Todo parecía indicar que era una matrioska financiera para confundir. Sabemos que detrás de todo esto hay ingenieros financieros que se dedican a tapar este tipo de compraventa en el mundo, y que Víctor Vargas tiene los mejores y todo lo hacen para que nadie lo desmienta”, dice Tamoa.

En todo caso, más hablan los hechos que los documentos. Y fue un hecho que a la directiva de la todavía Cadena entraron Pedro Rendón Oropeza (presidente de BOD) y Diego Lepage (abogado de Víctor Vargas); que parte de la nómina pasó a BOD; que varios jefes de la Cadena se reunieron en casa de Víctor Vargas en el Country Club, Eleazar Díaz Rangel, director de Últimas Noticias, incluido; que el propio Víctor Vargas lo confesó en esa reunión –“Yo soy el comprador. Yo soy el dueño. Yo lo compré. Y lo compré porque me gustan los medios”–; y que el mismo Capriles López se lo confirmó a su personal de confianza –“Víctor Vargas es la persona con la que yo me senté y negocié. Son sus abogados los que han tenido trato con los míos. El dinero proviene de su banco. No he tenido trato con más nadie” –.

2

Un mes después de la lacrimosa partida vacacional, Liseth Boom regresó y, contrario a lo que esperaba, no se había acabado todo. “Volví y no encontré ninguna diferencia, salvo cierto ambiente de incertidumbre: qué va a pasar, quiénes son los dueños; pero seguimos trabajando normal”. A la ausencia de certezas –que no otra cosa es la incertidumbre– se le sumó otra ausencia: la de Miguel Ángel Capriles López, quien desde el anuncio de la venta no se dejó ver más por la redacción, por su redacción. Y no porque hubiera dejado de ir a la Cadena –allí estuvo, en su oficina, hasta octubre– sino porque dejó de compartir con sus empleados.

Ausencia extraña de quien hasta entonces había sido un jefe muy cercano –“llegaba todos los días a las 7-8 y pasaba por la redacción: qué ha pasado, cómo están, cómo va todo”, recuerda Riera–; que se había caracterizado por su proximidad –“venía de una escuela de la nueva gerencia, que es de encontrarse con sus empleados: comía con nosotros, hablaba con todo el mundo, nunca lo sentimos como un patrón lejano”, evoca Boom–, y que era figura entre sus empleados –“era más que presidente y dueño. Era una especie de Lorenzo Mendoza, tenía un liderazgo importante, había una inspiración”, cierra Calzadilla–.

El veneno de la duda, dicen los allegados, había comenzado a hacer estragos en el heredero, que luego de estar seguro sobre a quién le había vendido, comenzó a dudar sobre si no sería un intermediario detrás del cual, ocultos, actuaban otros intereses. Y eso, claro, lo mataba. Porque desde niño había crecido entre bobinas y tinta, la Cadena había sido su casa y la nueva sede su gran proyecto. “La idea de la nueva sede era que la gente no se fuera de la Cadena. Él siempre dijo: yo no quiero que la gente se vaya”, explica Riera, que trabajó de cerca en el proceso de mudanza.

¿Por qué, entonces, si no quería que nadie se fuera, él fue el primero en hacerlo? Allí comienzan a tejerse las especulaciones. Que por dinero, dicen sus detractores. “Era un empresario y eso es lo que hacen los empresarios: negocios”, desliza desde el anonimato alguien que mucha simpatía no le tiene. Los más cercanos, no obstante, lo absuelven: vendió en contra. Y para justificarse (o justificarlo) exponen la conformación accionaria de la Cadena: una empresa familiar compuesta por siete hermanos, todos con partes iguales, de los que él era uno más; el único varón, eso sí. “Yo no quise vender, pero no pude convencer a mis hermanas de todo lo contrario”. Palabras más, palabras menos, así se habría justificado ante sus íntimos. Y entonces aparecen, proféticas, unas palabras atribuidas al padre, Miguel Ángel Capriles Ayala, el creador de todo, citadas en una antigua edición de la indiscreta y extinta Exceso: “Lo malo no son los Capriles, sino las Capriles”.

Las Capriles, Mayra, Tanya, Mishka, Perlita, Mía y Cora, viven fuera del país y nunca estuvieron cerca del negocio. “Cuando mi padre murió, mi hermano asumió las riendas de la Cadena y lo primero que hizo fue preguntarnos: ‘¿Ustedes quieren que repartamos los dividendos o prefieren que modernicemos los medios?’ Las seis, unas con dinero, otras no, le respondimos: ‘Lo que tú digas, estamos contigo’”. La infidencia la obtuvo de Tanya el periodista Ricardo Escalante, quien se la encontró en una exposición de arte en Houston y le sacó las pocas –y únicas– palabras que ha habido de la familia sobre el tema. Y lo que Michu dijo, refieren los allegados, es que estaba bien, que se modernizarían los medios, con la condición, eso sí, de que ni ellas ni sus hijos –es decir: sus sobrinos– se acercaran a la empresa para él poder trabajar tranquilo y con autonomía. “Eso al final le jugó en contra, porque hubo un desarraigo, ninguna tenía el apego que él tenía; mensualmente recibían su ganancia y ya”, refiere, anónimo, uno de sus más cercanos. Por eso, se entendería, para ellas no fue tan difícil. “Se presentó la oportunidad de vender. Un grupo hizo la oferta y mi hermano habló con nosotras”, es lo que refiere Tanya del cónclave familiar que dio al traste con la Cadena, no sin antes matizar que lo hicieron “con mucha tristeza y dolor”, agobiados por una “inmensa” presión –“todos los días había llamadas telefónicas para decir ‘no publicaste esto, vamos a cerrar el periódico’” –, y darle, ella también, la absolución al hermano: “tiene un desgaste emocional en este momento”.

Desgaste que fue visible en su despedida de la redacción, el 24 de octubre, cuando oficialmente se cerró la venta y se concretó el traspaso. Ese día, por primera vez en cuatro meses –y por última en su presidencia–, bajó a la redacción. Sentimientos ambivalentes. Unos los recibieron con cariño, otros ni se le acercaron. “Se veía en sus ojos una mirada no muy convencida, bastante perturbada y hasta nostálgica”, lo describió el periodista José Rafael Mata en su blog.  “Estaba guapeando de lo lindo, le costaba mucho verle la cara a toda la gente”, recuerda Calzadilla. “Fue sumamente doloroso. Hubo gente que lloró, que estaba muy mal. Yo lo recuerdo como uno de los peores momentos”, rememora Boom, quien no olvida sus palabras finales para la UCI: “Sigan haciendo periodismo”. Con ellas se acabó el ciclo, casi diríase la era, de los Capriles y su Cadena.

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“Se concretó la venta de la Cadena Capriles. Ratificados en sus cargos los directores de Últimas Noticias, El Mundo y Líder”. Con ese gran titular, lanzado en la web del periódico y replicado por agencias internacionales, comenzaba la nueva etapa, “bajo el paraguas corporativo de Latam Media Holding”. Carlos Acosta López era nombrado presidente y BOD se convertía en el gran aliado. “El presidente de la nueva Junta Directiva anunció que se ha acordado estrechar relaciones con el grupo financiero BOD (…) el cual ha otorgado un financiamiento superior a los BsF 500 millones a los fines de potenciar la línea de negocios de la Cadena Capriles, así como los productos y servicios para sus 1500 empleados”. Es la era de los banqueros.

“Era una etapa rara porque ellos no sabían nada de periodismo, pero vivían metidos en la redacción: a mí se me acercaban porque decían que les encantaba Sucesos. Eran buena gente en verdad, pero tú sí decías, ‘¿por qué están aquí?’”, recapitula Wilmer Poleo, al momento coordinador de la sección de crímenes y policiales.

Desde la apertura hasta el cierre, los banqueros –así les decían– estaban en la redacción. Y si aquello hubiese sido sólo una excentricidad de gente con dinero que quería jugar al periodismo, bien hubiera podido terminar todo; pero de juego tenía poco: más bien se lo tomaban muy en serio. “De su parte había mucha necesidad de control y tenían una idea del uso de los medios muy equivocada”, apostilla Nathalie Alvaray, a quien le costó mucho –y no era la única– pasar de un Capriles López que se estrenó en la presidencia de la Cadena mandando a devolver a los directores que subían a preguntarle –como era tradición con su padre– con qué quería él que abrieran al día siguiente los periódicos, y quien sólo en contadas ocasiones –llámense elecciones o algún acontecimiento especial– revisaba los diarios antes de que entraran a imprenta; pasar de eso a unos señores que hasta pedían que se hicieran notas con llamados en portada sobre un asunto tan personal –e irrelevante– como el divorcio de Víctor Vargas, se entiende, no era fácil. Y quizás si todo se hubiera reducido a ello, a meter notas de farándula bancaria, a hacer sociales financieros, puede que los cambios, todavía, hubieran sido soportables. Pero ese era sólo el comienzo de una etapa que estuvo marcada por una exigencia concreta que se condensaba en una frase que en su simpleza lo decía todo: “bajarle dos”.

“Bajarle dos era censura. En la práctica consistía en no ser tan críticos, no poner titulares fuertes, no meterse tanto con el gobierno, no ser tan impertinentes”, traduce la sentencia Tamoa Calzadilla, a quien el director de Últimas Noticias, medio en broma y medio en serio, le dijo que en su caso, en el de la UCI, no eran dos sino cuatro lo que debían bajar.

Por si quedaban dudas sobre la querencia de la nueva directiva, el fichaje estrella de invierno para la redacción las despejaba todas: Desiré Santos Amaral, diputada del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y directora de la muy comprometida y revolucionaria Radio Nacional (RNV), quien se incorporó a la Cadena como Consejera Editorial. “A ella se le dieron una serie de normas y reglas, que era ver los periódicos y hacer un informe sobre cómo se habían tratado los temas e informaciones. Eso nunca lo hizo”, cuenta Carmen Riera. Lo que sí hizo fue asistir, puntual, a todas las reuniones, especialmente a las de la tarde, en las que se discutían las portadas. “Era incómodo tenerla allí. Siempre intervenía histérica y le susurraba cosas en el oído a Eleazar y él le hacía caso; se ponía tenso, nervioso y empezaba a presionarnos a nosotros”, continúa Riera, a quien de aquellos días –si de tensión se trata– le quedó un fuerte dolor de espalda. “No impuso temas ni nada, pero lo criticaba todo. Quería hacerse sentir siempre, no entendía los procesos y era muy grosera y muy despectiva”, la recuerda, con poco cariño, Liseth Boom.

Eran tiempos de campaña para las elecciones de Gobernadores y Alcaldes cuando el Potro Álvarez visitó la Cadena. El beisbolista, más utility fuera del terreno que dentro de éste, que ya había sido reggaetonero, en ese momento era candidato a la Alcaldía de Sucre y terminaría de Ministro luego de la derrota, iba de visita. Un grito chillón –“¡Potro, mi amor!” –, cruzó la Redacción Única y acto seguido la regordeta figura de la diputada corrió y se fundió, fan enamorada, en un abrazo revolucionario y de camarada con el aspirante a burgomaestre. “Fue como en Ligia Elena. La escena famosa en la que se reencuentran en las escaleras del CCCT, en cámara lenta. Algo indignante”, recuerda Riera, a quien el episodio le quedó tatuado por la frescura y el desenfados con los que la diputada expresaba públicamente sus simpatías ideológicas en la redacción.

“Con esas elecciones hubo muchísima presión. Delcy Rodríguez [Ministra de Comunicación] llamaba todos los días al presidente de la Junta Directiva y a los representantes, y los convocaba a reuniones en el Ministerio. Ellos llegaban luego a la Cadena con observaciones”, recuerda Nathalie Alvaray. Observaciones que a veces cruzaban el límite de lo absurdo, como sucedió unos días después de las elecciones con una infografía de portada en la que reseñaban el resultado de las concejalías, donde la oposición tuvo mayoría y hubo más azul que rojo. “Ese día Delcy llamó a protestar y fue un peo enorme, porque decía que eso era parte de una publicidad subliminal en contra del gobierno, ya que el azul combinaba con el logo del periódico y eso significaba que estábamos alineados con la oposición”, cuenta Alvaray, quien, a pesar de estar curada en salud con respecto a acusaciones de ese tipo –una vez les reclamaron por una foto que tapó el No del logotipo y fue interpretada como un intenso de censura a la opción del gobierno; en otra oportunidad los acusaron de emitir mensajes subliminales por medio de los crucigramas–, nunca dejó de sorprenderse.

Ponerse ingenioso en esa campaña le costó el cargo a Omar Lugo, director de El Mundo Economía y Negocios, tabloide especializado en finanzas. Del tema no le gusta hablar y prefiere pasar de puntillas sobre el carbón ardiente. Son sus compañeros quienes dan la cara por él: que decidió no bajar la guardia, dicen, que se mantuvo en sus trece, y que una portada en la que relacionaba la baja de las reservas con los descuentos de precio promovidos por el gobierno como estrategia electoral –“Las rebajas llegan al BCV” era el titular– fue la gota que rebasó el vaso.

“Cuando despiden a Omar yo dije: esto ahora sí cambió. Pero nosotros en la UCI seguimos normales, con los cronogramas, haciendo planes”, rememora Boom. Y sí, seguían haciendo lo mismo, pero cada vez con mayor resistencia en frente: “La presión comenzó a ser más fuerte. A la hora de proponer temas para investigar todo se volvió muy incómodo, comenzaron a darse unas discusiones fastidiosísimas, había que tomarse dos valerianas para negociar; hasta que Eleazar me sugirió que si tenía un tema difícil no lo llevara a la reunión de los lunes, en la que estaban los diez directores, sino que se lo llevara a él antes, ‘no sea cosa que te tenga que decir que no delante de todo el mundo’”, recuerda Calzadilla.

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El 12 de febrero de 2014 fue un día de disturbios. En la calle tres personas fueron asesinadas, la fachada de la Fiscalía fue destruida y se desató una ola de protestas que durante más de un mes convulsionó las principales ciudades del país; entretanto, en la Redacción Única intentaban descifrar ese mediodía los reportes que vía radio hacían los periodistas y fotógrafos que tenían en el lugar de los hechos. Reportes que venían cruzados con ruidos de detonaciones y gritos que tenían a la redacción en vilo, mientras la diputada Santos Amaral perdía los nervios: “¡Esto es el 11 de abril! ¡Esto es el 11 de abril! ¡Nos están matando a nosotros! ¡Hay un golpe de estado”, gritaba a todo pulmón. “Dicen que son estudiantes porque son de ustedes. A los nuestros no les dicen así porque son pata´en el suelo y pelabolas”, bramaba. “¡Quédate tranquila y deja de pegar gritos: estamos en una redacción y no en la Asamblea Nacional, así que te agradezco que respetes”, intentaba calmarla con carácter Carmen Riera, pero no había manera. “Estaba loca, loca, loca”, la recuerda Liseth Boom. La directiva, a pedido, más bien exigencia, de Riera –“les dije que me quitaran a esa loca, porque de verdad no podíamos trabajar”–, intentaba calmarla y la llevaban fuera, pero siempre volvía gritando. “Hacía un ruido terrible, porque no sabíamos lo que estaba pasando: el twitter estaba enloquecido, de repente sacan del aire NTN24, que era el único canal que estaba transmitiendo en vivo, y en medio de todo aquello esa mujer cruzaba la redacción gritando cosas altisonantes”, narra Tamoa. El clímax llegó a eso de las 8:00 pm: RNV está siendo atacada le dicen –o ella entiende, porque eso nunca pasó– en una llamada. “¡Están quemando mi radio! ¡Yo me voy a defender mi radio!”, gritaba. “¿Qué vas a hacer para defenderla?”, le pregunta alguien medio en broma. “¡Lo que sea! ¡Lo que sea! ¡Yo me voy a defender mi radio!”. Indiferencia total en la redacción y enervamiento de la diputada: “¡Yo me voy de este periódico porque aquí se pasan la ética por el culo!”. Con esas palabras terminó su etapa. Al día siguiente, Alvaray le dio un ultimátum a la directiva: si Desiré volvía, ella renunciaba. Y no volvió.

El domingo siguiente, Últimas Noticias salió a la calle con una bomba informativa made in UCI: un reportaje en el que demostraban que funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), la policía política del gobierno, habían disparado contra los manifestantes y eran los responsables de la muerte de Bassil da Costa. Tres videos y más de 100 fotos les permitieron reconstruir los confusos hechos ocurridos ese día y desmontar la versión oficial, que hablaba de francotiradores de la oposición. “Como siempre –narra Calzadilla–, le expliqué al director lo que habíamos logrado. Horas más tardes, Díaz Rangel me informó que se había comunicado con la Fiscal para pedirle que viera la investigación”.

Con el gobierno advertido, el reportaje salió a la calle; sin embargo esto no impidió que hubiera presiones: el material audiovisual, un video colgado en la página web del periódico, se convirtió en objeto del deseo gubernamental. Que lo bajen, pedía insistentemente la Ministra de Comunicación e Información, Delcy Rodríguez, en múltiples llamadas. Que lo bajen, se unía al coro el director del periódico, Eleazar Díaz Rangel. Que si lo bajan yo renuncio, amenazaba Nathalie Alvaray, quien se plantó firme y logró impedir que el video –de lejos el más visto de ese mes– desapareciera. Esas horas, de tensión y presiones, culminaron cuando el Presidente de la República, en una alocución, reconoció los hechos –tuvo que– y se vio obligado –hubo que– a cambiar la versión oficial.

No sólo ésta cambió. Diez días después la directiva de la Cadena también. El 26 de febrero los banqueros desaparecieron para darle paso a David de Lima, ex gobernador de Anzoátegui, político de verbo audaz y camaleónicas preferencias, que había sido chavista acérrimo, obstinado opositor, chavista nuevamente, feroz crítico de Henrique Capriles y, de la noche a la mañana –“he sido designado por un grupo de accionistas que propuso mi nombre”–, presidente de la Cadena Capriles.

Llegó disparando alto y soltando lindezas contra los anteriores dueños: que Capriles López era un corrupto. Que en los periódicos de la Cadena había palangre. Que allí se había vetado a personas, él la primera víctima. Que los periodistas históricamente habían servido para enriquecer a los dueños. Que le dieran las gracias por decir esas verdades. Que no podía revelar el nombre de los nuevos propietarios. Que él apenas y tenía un poquito de acciones. Que la línea editorial sería defender la constitución. Que dentro de la constitución todo y fuera de ella nada. Que corrupción probada corrupción publicada. Que cero rumores y fuentes anónimas. Que la portada era suya. Que no iban a abrir con la oposición. Que adentro no había problema en que salieran los opositores. Que para eso tenían los periodistas cuarenta y tanto de páginas.

Con las cartas sobre la mesa, Nathalie Alvaray prefirió botar tierrita y no jugar más: “Era un desgaste enorme luchar contra los intentos de censura: que me mandaran a bajar información y yo tener que defenderme constantemente, estar argumentando. Eso era todos los días. Y yo no iba a presionar a la gente ni a permitir que siguieran diciendo que en esa empresa había antes todos esos vicios periodísticos que decían. Yo me formé en la Cadena y me enorgullezco de decir que en esos 15 años se hicieron enormes cambios en una redacción que tenía baja formación. Cuando yo entré todavía se usaban máquinas de escribir. Y logramos construir esa súper redacción, y todo lo que se pudo hacer se hizo; pasamos de hacer unos periódicos en blanco y negro a unos digitales, con narrativas innovadoras; formamos a los periodistas, hacíamos dos y tres cursos al año, durante 7 años hicimos el seminario de diseño con gente de afuera; a los gerentes nos dieron cursos de finanza, de presupuesto y de estadística porque se nos exigía que estuviéramos bien formados. Y fue muy frustrante encontrarme con jefes que no entendían el negocio periodístico, que tenían una visión de la gerencia sumamente atrasada, que venían a hacer un producto que favorecía directamente al gobierno, que no eran transparentes en sus discursos: yo quería saber quién me pagaba el sueldo, de dónde venían los reales. Todo eso me frustró mucho”.

“Ella llegó a convertirse en la Dama de Hierro de la Cadena Capriles, tenía un poder increíble y le daba poder a todos sus amigos”, rememora Wilmer Poleo. Y la UCI, si de amistades se trata, era de las más entrañables de Alvaray –“no sólo fui su jefa, sino que también, durante muchos años, en muchas reuniones y en muchas presentaciones, me paré a defender su existencia y peleé para que se consiguiera el dinero para financiarla”, recuerda–. Por eso, se comprende, su renuncia los afectó tanto: perdían un importante apoyo. “Cuando Nathalie renunció, allí si nos dimos cuenta de que nada sería igual”, dice Boom.

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“No sale publicado”. Esas fueron las últimas palabras que pronunció Eleazar Díaz Rangel para ponerle fin a una acalorada discusión vía telefónica con Tamoa Calzadilla, quien al día siguiente renunció. Se refería al reportaje, más bien crónica, “Lo que está detrás de las guarimbas”, escrito por Laura Weffer, que debía salir el domingo 16 de marzo y nunca fue publicado. En éste se relataba cómo era un día de protestas en Plaza Altamira, y se hacía una narración paralela entre las acciones y vida de los manifestantes y de los Guardias Nacionales que los reprimían, para concluir que al final ambos sufrían los mismos problemas.

“Se trataba de una exaltación a la guarimba, donde se equilibraban las partes sin considerar si una estaba al servicio de la ley y otra en contra”, se justificó en su columna del domingo siguiente Díaz Rangel. “Si hubo un asunto al cual el presidente de la Cadena Capriles, David De Lima, se había referido (…) era el de las guarimbas, que ofreció como ejemplo de lo que no podíamos estimular ni promover en nuestras marcas”, alegó sobre el que llamó “episodio cotidiano en cualquier medio”.

Episodio que para Calzadilla, sin embargo, no fue tan cotidiano sino que marcó un punto de inflexión y su salida de la Cadena. “No me necesitas en este puesto, necesitas una operadora política, alguien experto en propaganda oficial” fueron sus palabras de despedida para quien durante años fuera su director.

¿Qué pasó exactamente? “Cuando tú lees la pauta de lo que le pidieron a Tamoa es diferente al trabajo que entregó: le pedían que estableciera el financiamiento de las guarimbas”, arranca Wilmer Poleo desde su acera. “Yo tuve [con Eleazar] –relata Calzadilla desde la otra– una larga y precisa conversación sobre el tema del financiamiento. Le dije que para poder confirmarlo la Unidad de Investigación debía dar con una prueba contundente (…) porque de otro modo era irresponsable incluir esa acusación en el reportaje”. “Vamos a suponer que llegó y se le hizo difícil: bueno ella tenía que volver y decir ‘es imposible hacer esto’, pero ella se trajo de una otra historia”, argumenta Poleo. “Tres días antes de la publicación le presenté el trabajo final y él hizo varias observaciones. El viernes le reenvié el texto con las correcciones. Sin embargo, el sábado en la tarde aún no le daba el visto bueno. ¿Lo estaba revisando alguien más?”, se defiende Calzadilla. “Cuando Eleazar lo vio, dijo: ‘eso no fue lo que yo pedí’. Ella no estuvo de acuerdo. Se molestaron y discutieron”, continúa Poleo. “[Eleazar] comenzó a gritar en medio de la redacción (…) Se plantó: si no se le hacen las correcciones, entonces no se publica. Esas correcciones giraban en torno a tres puntos: decir que los jóvenes que protestaban eran tarifados (financiamiento), descalificarlos (no son manifestantes) y que la conclusión del trabajo los ‘condenara’. Me negué. No iba a pedirles a mis reporteros que torcieran algo en contra de los manifestantes”. “Entonces no sale publicado”, cerró Díaz Rangel.

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“Quiero dar la pelea un rato más: me quedo hasta donde pueda sin tranzar nada”. Esa fue la determinación de Liseth Boom –y del resto de la UCI– luego de la renuncia de Tamoa. Sin su gran protectora –Nathalie Alvaray– ni tampoco quien fuera su cabeza –Calzadilla–, se encontraban desamparados. Ya nada volvería a ser como antes, ni podrían volver a hacer lo que hicieron. El final estaba cantado: unos se irían antes, otros después, pero todos terminarían fuera; sin embargo, morirían matando: “había cuatro trabajos que quería hacer y dije: voy a aprovechar”.

Como en el boxeo de principiantes, la pelea de Boom contra la censura fue a 4 rounds. El primero –“Brasil vende casi todas las bombas lacrimógenas”, un trabajo de investigación sobre el origen de las bombas lacrimógenas de los cuerpos de seguridad venezolanos– lo ganó fácil: se publicó sin mayores cambios. El segundo –“Los cerros bajan a comprar comida”, una denuncia sobre la situación de escasez y desabastecimiento que había en los barrios pobres de Caracas– lo peleó bastante: resistencia del director del periódico, del presidente de la Cadena –“De Lima dijo que no fuera”– y gran susto cuando el domingo no apareció en portada: “Fue una de las fórmulas que empezaron a usar para censurar: invisibilidad. Te publico, pero no sales en primera”. El tercero –un reportaje sobre la fábrica de helados socialista Copelia, que deja de manifiesto que no ha cumplido las metas trazadas y presenta fallas de distribución, a pesar de recibir constantemente recursos– salió publicado con otro título: “Helados Copelia dependerá menos de insumos importados”. Jab –“¡Titularon con una promesa de la voz oficial, no con el hallazgo de la investigación!”- y gancho al hígado –“Olvídate de ese tipo de trabajos: eso no se va a hacer más. Ya no vamos a trabajar con balances de empresas del estado. Esto ha cambiado”, le dijo el lunes siguiente Díaz Rangel a César Bátiz, cuando fue a reclamar el cambio de título–. El último round –“La canasta alimentaria se compra en más de tres días”, trabajo sobre el costo en tiempo y metálico que requiere la adquisición de la canasta básica– no se libró. Boom lo dejó escrito, renunció y el director lo congeló: “Yo ya me había ido del periódico, pero todavía tenía gente adentro. Yo los llamo: ‘qué pasa, qué dice Eleazar’. ‘No. Que está en revisión’. Él estaba dejando congelar el trabajo para que perdiera vigencia: en un mes cambian los precios y se cae toda la hipótesis de trabajo. Es otra fórmula. Entonces yo decido publicarlo en Runrunes”.

Ya para ese entonces, el equipo que había montado la Unidad Central de Investigación (UCI), sus fundadores, sus protectores, los que la dirigieron, los que por ella apostaron y lucharon, los que la hicieron, de ellos no quedaba rastro: todos, renuncia mediante –ningún despido–, se habían ido.

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“Tratos crueles denuncian chamos detenidos en protestas”, “Daka se comió el manjar de Cadivi”, “El gobierno habla de sabotaje al menos una vez al mes”, “Cargamentos de coca navegan por ríos del Zulia”, “Motorizados rueda libre”, “Niños mueren en la línea de fuego”, “Pinchanalgas al garete: especial sobre biopolímeros”, “En el Sefar estarían depositados 50 mil kilos de medicamentos”.

Esos fueron los títulos de algunos de los trabajos de investigación de la antigua UCI. “Haber hecho una Unidad de Investigación de ese calibre, haber existido de esa manera en esos tiempos, haciendo periodismo digital además, todo eso fue un logro inmenso”, hace balance, satisfecha, Calzadilla.

“Ultraderecha venezolana se conecta desde Miami”, “Redes sociales desinforman sobre Venezuela en el norte”, “La angustia es nociva para la salud”, “Diputados se nutren de la sabiduría popular”, “En toda guerra abierta o solapada está la garra imperial”, “No hay quien le ponga el cascabel a EEUU”, “La comuna Guaicamacuto pronto será autosustentable”, “¿Por qué no hay estados Páez, Urdaneta y Mariño?”.

Esos son los títulos de algunos de los trabajos de investigación de la nueva UCI, que domingo a domingo, mismo logotipo y firma, distinto contenido, ha seguido publicando. “Son unas cosas espantosas sobre cómo no hacer periodismo; unas cosas locas, sin fuentes, muy mal hechas. Como Unidad de Investigación está desmantelada: vas y hay una gente, pero no hay investigadores”, se desquita Calzadilla.

Tan desmantelada que, cuentan, el propio Díaz Rangel, en una medida desesperada, ha tenido que desempolvar los viejos manuales de periodismo que usaba en su época de profesor estrella, para repartirlos entre los integrantes del nuevo equipo de investigación –“la jefa incluida”, agregan con malicia– a ver si se entera de qué va eso del periodismo de investigación.

“Me da una especie de sentimiento de rabia con tristeza con ganas de salir corriendo. Me da una sensación de tierra arrasada”, dice Calzadilla. “Tengo en el fondo una sensación de desazón, de que se acabó la película y ganaron los malos”. Así termina, triste final, la historia de ese feliz paréntesis dentro de los anales del periodismo vernáculo que fue –minuto de silencio– la Unidad Central de Investigación de la Cadena Capriles.

Meridith Kohut - ‘The New York Times’

Albino, el campo minero con malaria

‪#‎PuntoCiego‬: Albino. Así se llama el lugar de esta foto. Es un campamento minero ubicado en el estado Bolívar, a cinco horas de Ciudad Guayana, que ha sido inmortalizado por el lente del fotógrafo Meridith Kohut de ‘The New York Times’. Como se puede ver, es un sitio pobre, más bien paupérrimo, en el que ni siquiera hay calles de asfalto. Los cables de luz forman una maraña imposible de desenredar, debajo de la cual se alzan unos muy endebles techos de zinc soportados sobre unas vigas de madera todavía más endebles. No faltan, sin embargo, las antenas de DIRECTV. Tampoco las motos, que a todas luces son el vehículo principal, aunque haya algunos rústicos e incluso un viejo carro marrón. Sus habitantes son mineros a quienes se les va la vida excavando en el barro para conseguir oro. Los hay con pasado universitario y de oficios más urbanos: ingenieros, taxistas, meseros, empleados de oficina y funcionarios de gobierno. Son el producto de la crisis: desesperados, lo han dejado todo en procura del oro. Se someten al mando del grupo armado que controla la mina, a los que deben pagarles una comisión y quienes los amarran a postes o matan en caso de desobedecer, y se exponen a morir en un deslave o, incluso, de malaria. Sí, la enfermedad erradicada en los años sesenta ha vuelto y repuntado, y lo ha hecho en su forma más mortífera: la del “plasmodium falciparum”, que ha encontrado en esas minas ilegales un foco perfecto para expandirse. El gobierno calla, no dice nada en sus reportes epidemiológicos. Es secreto de Estado. Pero todo se sabe. Y se ve.