Texto y Foto Andrea García Márquez
Es psicóloga social, graduada en la Iberoamericana-UNAM, profesora de varias escuelas de la Universidad Católica Andrés Bello, directora de la revista SIC, madre y mujer. Tiene una reconocida trayectoria política en el país: como Ministra de la Mujer (1979), logró la aprobación de la Reforma del Código Civil que facilitó los Derechos de la Mujer y la igualdad de todos los hijos ante la Ley. En 1985 fue designada Subsecretaria General de las Naciones Unidas y, siendo Presidenta de la Junta Ejecutiva en UNICEF, impulsó los Derechos del Niño. Para los que aún no la ubican en sus memorias, les puedo dar otro dato: es la mamá del profesor y comediante José Rafael Briceño.
Nuestra cita fue un viernes en un salón del módulo seis de la UCAB. Me estaba esperando en la puerta, cargada de exámenes. Entramos juntas y repartió las pruebas que tenía programadas aplicar ese día. Me invitó a sentarnos en la parte de atrás del salón, en uno de los pupitres que sobraba. Ella hizo lo mismo.
Andrea García Márquez: ¿Cuál es el diagnóstico que le daría a la sociedad venezolana actual?
Mercedes Pulido: Es una sociedad que está en plena evolución y en plena transformación, como todas las sociedades. Una de sus características más evidentes, actualmente, es la transformación demográfica. Ha dejado de ser una sociedad de niños para convertirse en una de jóvenes y adultos. Hay, por consiguiente, un claro surgimiento de la tercera edad. Es, también, una sociedad que está en proceso de reacomodo en cuanto a su articulación social, con expectativas de libertad e igualdad, que son dos elementos que parecieran contradictorios pero que tienen que buscar complementarse.
AGM: Y, ¿cuál es su diagnóstico referente a la política actualmente?
MP: Si hablamos de política con “p” mayúscula, es una política de confrontación entre dos modelos: un modelo muy jerárquico, con mucha hegemonía, que choca con la realidad venezolana que es una realidad federada y es el fruto de nuestra propia historia regional.
AGM: Tomando en cuenta que hoy en día son muchas las mujeres que ocupan importantes cargos dentro de la política nacional, ¿considera que es un buen momento para la mujer?
MP: Sí. La mujer tiene una ventaja y es que tiende a ser más negociadora y lleva una estructura de poder mucho más abierta y participativa. Eso hace mucha falta hoy en día.
AGM: ¿Diría que esa es la mayor diferencia entre la política ejercida por los hombres y la ejercida por las mujeres?
MP: La diferencia está, fundamentalmente, en el estilo de gobernar, en el estilo de ejercer las decisiones y la autoridad. También se podría decir que la mujer tiene una visión muy distinta a la del hombre respecto a la visión de satisfacción personal.
AGM: ¿Cómo ve usted a esos jóvenes que se están encaminando actualmente para ser la nueva generación de políticos del país?
MP: Yo creo que esta generación tiene un vacío de liderazgo, o mejor dicho, un vacío en el espacio público. Esto se debe, en gran parte, a que nosotros, como generación anterior, no estimulamos la participación en lo público sino en la realización económica y en el logro personal. Por esa razón descalificábamos toda aspiración a hacer acción colectiva. Ese vacío se demuestra en que, hoy en día, no hay líderes evidentes entre cuarenta y cincuenta y cinco años. Sin embargo, en las nuevas generaciones hay muchísima más reactancia. Hay claridad en que el futuro no lo pueden asumir si no tienen la capacidad de meterse en él y construirlo desde allí. Estas nuevas generaciones tienen tres características fundamentales: la primera es que se mueven con muchísima más libertad; la segunda, que tienen una tendencia pronunciada a la irreverencia con las normas hegemónicas y, como tercer elemento, están dispuestos a pelear su propio espacio. También tienen dos grandes debilidades: presentan una gran prolongación del estado de protección de la familia y no poseen la gran capacidad de complementación que se necesita para formar equipos humanos.
AGM: Después haberla vivido, ¿qué es lo mejor y lo peor de la vida política?
MP: La vida política tiene el gran atractivo de que tú haces posible un sueño. Tienes que soñar un país, así como sueñas con una familia y, si te pones a ver, ese sueño es un constante conflicto de superación. La vida política, aún siendo colectiva, cumple con la satisfacción de lograr los sueños propios. No es una vida para tener comodidad, ni seguridad o estabilidad. Es una vida para transformar. Lo más importante no es solamente el acceso a las decisiones sino trascender con esas decisiones y esa es la mayor de las satisfacciones. Por eso se dice que la vida política es como un virus.
AGM: ¿Siente que al cambiar la política por la docencia cambió su estilo de vida?
MP: La docencia es una política porque con ella transformas y abres oportunidades. Abres muchos espacios.
AGM: ¿Cuál es el mensaje que Mercedes Pulido de da a la generación que está tratando de abrirse camino en la política contemporánea?
MP: Que no piensen si es bonito o feo, bueno o malo; sino que apliquen el sentido común que, generalmente, es el que le da a uno la inspiración y la intuición para seguir adelante.
