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Por Marisabel González Ocanto

Hay un tipo música que los jóvenes suelen dejar de lado por su carácter serio, conservador y que parece dirigirse a un público más veterano: la música clásica. No obstante, son muchos los chicos interesados y que se están abriendo campo en esta área, como es el caso de Sergio Rosales, de 23 años, quien se desempeña como director de orquesta.

Aunque tenía familiares ligados con la música, probó diversas actividades complementarias en su niñez: estuvo en natación, Kung fu y otros deportes, pero nada de eso lo motivaba lo suficiente, hasta que se topó con la música a los nueve años. Allí se quedó.

Viviendo en San Cristobal, Sergio nos cuenta que empezó en la Escuela Integral para las Artes Judith Jaimes tocando violín y piano. “Es una escuela privada que no pertenece al sistema, donde  vi clases con maestros muy buenos, casi todos graduados del conservatorio Tchaikovski de Moscú”, comenta. A los 11 años ya estaba en el sistema de orquestas.

Sin embargo, algo seguía faltando. “Siempre me llamaba más la atención poder ser más expresivo con el cuerpo y con la forma de ser, que estar limitado a un instrumento. Poder manejar todo lo que se estaba tocando”, explica el joven director. No estaba muy a gusto solo con el violín.

Sergio agrega que cada instrumento va de acuerdo a una tipología dentro de uno y sintió que lo de él no iba con esa visión vertical de un solo instrumento, sino más horizontal de muchas cosas al mismo tiempo.

Su interés por conseguir algo más lo trajo a Caracas a los 16 años, decidido a estudiar música y a ser director de orquesta. Ingresó en el Instituto Universitario de Estudios Musicales (IUDEM), realizó diversos cursos —uno de ellos en Inglaterra con el maestro George Hurst—  y actualmente estudia con el maestro Abreu.

Desde su perspectiva: “Un director de orquesta hace que todos toquen juntos y tengan un criterio unificado de lo que puede ser una obra. Debe conocer muchas más cosas, aparte de los aspectos técnicos de cada instrumento: factores históricos, filosóficos y psicológicos del compositor para el momento en que hizo determinada obra, y, en base a eso, se da una interpretación subjetiva de lo que uno cree que es”.

En este momento, Sergio está dirigiendo la Orquesta Sinfónica Juvenil del Conservatorio de Música Simón Bolívar. “Es Una orquesta nueva. Se creó el año pasado con los integrantes más avanzados de los diversos núcleos de Caracas”, explica.

Asimismo, dirige la Banda Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, sobre la cual comenta que es muy diferente a la orquesta, porque está conformada solo por instrumentos de viento y percusión. De cuerda solo hay chelos y contrabajos, y no hay violines ni violas. “Hay mucha electrónica, mucho lenguaje atonal, muchas cosas donde la forma de dirigir es diferente”.

Este joven director admira a otros directores como  Simon Rattle y Claudio Abbado porque, a pesar  de que son personas mayores, tienen una visión muy fresca de la música. Dudamel, por su parte, fue una gran fuente de inspiración y motivación: “A los 14 años, cuando vi que Dudamel tenía 21 y ya tenía cierta carrera internacional dije: ‘no vale, los chamos también pueden hacer esto’, y allí fue que me decidí”, admite.

Más que planear su futuro, Sergio Rosales pretende aprovechar las oportunidades que se le presenten, y en cada una de ellas tratar de hacer lo mejor posible. Eso hace que, automáticamente, se abran otras puertas. Mucho éxito.