Ojo Cultura Universitaria

Poemas para llevar

Como los domingos son días de descanso y relajación, les dejamos los textos de Juan Carlos Mendez Guedez y Leonardo González Alcalá de nuestra sección  Pluma y Papel  de la 11ra edición para que los disfruten mientras se preparan para comenzar la semana.

Por Juan Carlos Méndez Guédez

Narrador venezolano, especial cultivador del cuento y la novela, Méndez Guédez ha publicado hasta la fecha doce libros. Nacido en Barquisimeto en 1967, ha sido finalista del premio Rómulo Gallegos con El libro de Esther (Madrid, 1999) y ganador del XL Premio Internacional Ciudad de Basbastro con su novela Tal vez la lluvia(Barcelona, 2009). Licenciado en letras por la Universidad Central de Venezuela y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, para esta edición nos regaló una selección de mini cuentos bajo el título de Bararida, un zoológico de su Barquisimeto natal.

BARARIDA (cinco textos)

EL GALLO PIENSA EN OMAR KHAYAM, CONTEMPLA EL FIN DE LA MADRUGADA Y EXCLAMA

Vivir en la incomprensión, asociado para siempre con esa hora primera del día, con ese despertar del aire y de la luz, cuando en realidad ese canto del amanecer no es una celebración, no es un amable aviso, sino el aterrado quejido, la desesperada certeza de que otra noche festiva se ha marchado, de que cada vez falta menos.

LA HORMIGA LAICA

Fue la más extraña de las hormigas. Conocía su destino, su oficio, su misterio entregado a la belleza.

Pero se negó a cumplir su tarea y decidió quedarse para siempre en lo más profundo del hormiguero.

Las otras, la de allí, la de allá, la de más lejos y la de más cerca, fueron ascendiendo en fila hacia la carretera para buscar la euforia de un terrón de azúcar, un codo de pan, un insecto moribundo, carnoso.

Cada tanto, cuando un jeep, una moto, un autobús pasaba a toda prisa por la carretera, las hormigas quedaban aplastadas contra el asfalto como un oscuro ideograma, como un denso signo que sólo podía leerse desde el cielo.

“Nadie vive allá arriba”, susurró la hormiga en lo más profundo de su cueva pensando en nubes, en cielos azules, temblorosos, llenos de viento.

“Somos la muerte que escribe un signo que nadie puede leer”.

LA VANIDAD DE LAS ARAÑAS NOVELISTAS
Por tradición, las arañas se dedican al género de la novela.

Cultivan todas sus posibilidades, la novela lírica, la novela de aventuras, la novela experimental, la novela de tesis.

Sus novelas son respetadas, leídas con entusiasmo por miles y miles de personas en la isla de Bararida.

Pero para ellas no es suficiente. Viven con el dolor y la repugnancia de que no se les consulte sobre los grandes asuntos de Estado, sobre las grandes decisiones, que no se solicite su orientación para las fundamentales transformaciones que esta sociedad necesita.

Los hombres adolescentes de la isla de Bararida conocen esta situación. También guardan la creencia de que devorar arañas asadas en una fogata los hace más atractivos para las mujeres.

Entonces salen de cacería y al encontrar una araña la rodean.

Feroz y atenta, ella se prepara para defenderse e inyectarles su mortal veneno. Pero entonces uno de los jóvenes le pregunta:

“¿Es cierto que la totalidad de su obra es un anticipo de lo que sería la literatura posmoderna?”.

Entonces la araña relaja su actitud guerrera.  Y desde otro lado, un joven alto y delgado suelta otra interrogante:

“¿Qué piensa usted de la crisis de las hipotecas, de la aberrante globalización, de la caída de las acciones en Wall Street, de las posibles mutaciones de la gripe A, de las energías que sustituirán al petróleo, de la muerte de las focas, del islamismo, de la devaluación del dólar?”.

Entonces la araña se hincha, plena, feliz, y alzando la ceja izquierda se prepara para responder con voz nítida y pedagógica a cada consulta, momento que aprovechan los jóvenes para agarrarla por las patas y lanzarla al fuego, donde en pocos minutos quedará lista para ser devorada con pan de pita y un poco de salsa tabasco.

Dicen que incluso en el momento de la agonía final, la araña continúa respondiendo a todas las preguntas de los muchachos, y se siente eufórica, porque al fin le parece que la juventud está ansiosa por devorar sus sabias palabras.

AVISO CLASIFICADO I

A Fernando Iwasaki y Andrés Neuman.

Ratón recién divorciado y algo deprimido, posición económica aceptable, hijos viviendo lejos, tranquilo, hogareño, ojos melancólicos, amante de las novelas de Isabel Allende, busca gato de ojos claros y pelambre oscura. Para pasear con él, conocer la ciudad o experimentar situaciones intensas y vivir hasta el límite.

Gatos vegetarianos abstenerse.

AVISO CLASIFICADO II

Tiburón abandonado por reciente compañera veinte años menor, solicita amistad con tiburones en situación semejante. Para jugar ajedrez, recordar buenos momentos, cantar tangos de Gardel, o rentar apartamento compartido. Cita en la parte sur de la isla. Cerca de las playas de los surfistas.

Desde hace poco tiempo utilizo pendiente y camisetas de vivos colores. Me reconocerán fácilmente porque el pendiente nunca cicatrizó bien, aunque a ella le gustaba la viril hinchazón de mi oreja.

Por: Leonardo González-Alcalá

Es más probable que encuentres a Leonardo González recitando poemas en alguna librería caraqueña, acompañado por su guitarra, que defendiendo a una esposa infiel en un juzgado. Egresado en Derecho en la UCAB en el 2010, es ganador del Premio XII Bienal Francisco Lazo Martí del Ateneo de Calabozo con su poemario El país de los muertos. Estudiante, ahora, de Guitarra Clásica, Leonardo nos regaló un par de poemas extraordinarios para Pluma y Papel.

Esclavo

de la sangre amada

de la cuenta regresiva de los que no creen

de las novelas que callo

del olvido misterioso

y de la memoria que desde dentro habla

del océano que no estuvo cuando volvimos

sus rostros      duro esclavo

de una ciudad que nos llama

y a la que acudimos como si visitásemos un enfermo

del silencio que no logran aún mis pasos

del cuerpo lleno de balas que seré algún día

de las sentencias de mi padre

del gesto que intenta unir la taza rota

de este humo que voy siendo sin que lo notes

la diaria rebelión de mi cuerpo contra el vasto latido

Decreto

En los sótanos de un parque central

la contraloría general de mi República

se acuesta con un perro que le habla despacio

satisface su cuello la contraloría

sabe muy bien el arte de arrodillarse

y recibir bajo su falda corta manos hostiles

tiene los labios rotos la contraloría general de mi República

de tanta noche    tiene los labios rotos

dios y federación