Ojo Cultura Universitaria

El viaje a Brasil comenzó por Argentina

Foto extraída de www.correodelorinoco.gob.ve

Por Joseph Artiles

Luego de unos ocho años sin poder ver a la Vinotinto en vivo; luego de dos eliminatorias y dos Copas América, bien sufridas —pero por TV—, y mucho crecimiento, el pasado miércoles se me dio la oportunidad de difrutar uno de esos días para los que vivimos quienes amamos el fútbol (y a este país).

Gracias a @RefrescaloTodo conseguí un par de entradas para ver a la Vinotinto jugar su segundo partido de las Eliminatorias para Brasil 2014, en Puerto la Cruz. Tras un debut difícil y enredado, cuando menos, en decisiones polémicas del cuerpo técnico, la cosa no pintaba fácil en el segundo partido, en el que recibiríamos a la Argentina del mejor del mundo, Leo Messi que, además, venía de bailar a Chile en su primer partido.

Igual, las ilusiones estaban intactas. Primera vez que me tocaba la fortuna de viajar para ver a la selección. Y no es cualquier cosa… Cruzar medio país, atravesar decenas de pueblos y ver cientos de caras nuevas para ver a quienes viven, día a día, dejándonos en alto, a quienes mejor nos representan fuera de nuestras fronteras es, cuando menos, romántico.

Siempre he creído que son nuestros deportistas los únicos que deben ser tomados en cuenta, desde el extranjero, para analizarnos. Nuestros representantes “oficiales” —al menos su mayoría— me llenan de vergüenza; una que, de otra forma, no me genera mi país. En cambio, nuestros deportistas (al igual que los músicos y otros artistas), me hacen sentir el orgullo genuino que quiero profesarle siempre. Por eso para mí, entre otros motivos, el viaje no era poca cosa.

La noche anterior fue la más difícil. Debía levantarme a las 5 a. m., y a las 2 a. m. seguía despierto. La ansiedad era incontrolable. Ya despierto y camino a Anzoátegui todo se veía más bonito… Todo se prestaba para un día perfecto. Y terminó siendo más que eso.

No voy a decir que nunca dudé de ganarle a Argentina. Hay que ser conscientes de con quién jugamos y no, no era fácil, ni mucho menos segura la victoria. Además, luego de la derrota en Ecuador, y con la polémica decisión de César Farías de dividir las convocatorias (con la que, desde un principio coincidí, a pesar de algunas individualidades), cabían las incertidumbres; pero, más allá de las dudas y los errores cometidos por nuestro D.T., está la fe… y esa es la que nos llevará a Brasil en el 2014.

Al llegar al estadio, el primer shock fue la buena organización y luego el gran estadio, que solo conocía por TV. Empezó el partido y ya los nervios no daban más. Cada pelota que tocaban Messi o Higuaín era un martirio, y cada una recuperada por Vizca, Amorebieta o Rincón se celebraba como un gol.

Venezuela arrancó bien, pero Argentina mejor. Controlaba el balón y Messi se veía peligroso. Después de unos 20 minutos, la Vinotinto, impulsada por las 40 mil voces del José Antonio Anzoátegui, tomó el control del balón y del partido.

Las dos primeras líneas de la selección se afirmaron en la cancha y el mejor del mundo se diluyó. Rondón tuvo la primera gran ocasión. Solo frente al arco, no pudo elevarse lo suficiente para cabecear cómodo y falló; pero ya Venezuela se mostraba mejor.

Ya rozando el final del primer tiempo, Arango, de tiro libre, exigió al máximo a Andújar. Cerrábamos mejor, pero con el mal sabor de no haber aprovechado las oportunidades.

Comenzó la segunda parte y el ímpetu continuaba igual. Amorebieta, Rincón, Lucena y Vizcarrondo no daban tregua a los atacantes argentinos. De ahí en más el trabajo era más fácil.

Tras un par oportunidades ya Andújar era héroe ‘ché’. En el 60, le tapo otro tiro libre al ‘capi’ Arango, madándola al córner… y ahí cayó. Amorebieta se anticipó al central albiceleste y cabeceó al segundo palo. Explotó el estadio. El central del Bilbao debutaba oficialmente con la selección. Además, lo hacía en Anzoátegui, donde nació, y lo hacía con un partidazo, anulando al mejor del mundo y llenando de júbilo la grada con un cabezazo fenomenal.

Los 25 minutos del final del partido fueron de nervios al punto de la locura. Cada pelota era celebrada como si nos clasificara al mundial, los jugadores vinotinto alzaban los brazos pidiendo más y más ánimo del público. Terminó el partido y la alegría fue como la de haber ganado la copa. Fuegos artificiales, jugadores y cuerpo técnico abrazados, el público exaltado, el José Antonio Anzoátegui y todo Puerto la Cruz temblaban.

Después de la emoción, queda el análisis. La apuesta de Farías (cuyas decisiones no suelen agradarme) salió bien. Hicimos historia. Sí, perdimos en Ecuador, y mal; pero los partidos en los que no podemos fallar son los de casa, y se hizo el trabajo. Si nuestros ‘caballos’ hubieran ido a Ecuador, seguramente no habrían aguantado los 90 minutos al nivel que lo hicieron. Le dimos un baile, un “tangazo” (como le leí a un periodista ARGENTINO de ESPN) a la albiceleste… Así vamos al mundial. Que no quede duda, en Brasil nos veremos.