En los extremos de un espacio hermético dos puntos irrumpen con sorpresa. Puntos que siguen una trayectoria opuesta, anunciando con su intermitencia un encuentro inminente. Cada uno perpetúa su camino con soberbia: ninguno cede al itinerario ajeno. En un instante próximo, compartirán un mismo espacio. Fluyen los minutos, hasta que ambos se encuentran a un palmo de distancia. La colisión es ya un hecho.
Dos puntos inocuos acaban de chocar. Ambos han desaparecido, sólo queda el oscurecido fondo. Sin embargo, nadie se percata de ello. El monitor de tráfico aéreo yace silencioso, mientras el empleado a cargo se abandona en otros asuntos de apremio. Dos puntos pasaron inadvertidos, y, ahora, cientos de cadáveres vuelan por los aires.

Caramba chico que final tan cruel. Pero estuvo bien interesante, una historia breve pero intensa, felicitaciones!