Ojo Cultura Universitaria

Ingresando a la burbuja universitaria

Instituto Universitario de Nuevas Profesiones

Compartimos por acá uno de los artículos de la sección Desde la Burbuja, que pertenece a nuestra 11ra edición ¡Disfrútenlo!

Por Andrea Saturno C -@andreasaturnoc-

Escribo esto para contarles cómo fue que entré a la burbuja universitaria. En el mes de julio del año 2005 terminé mi bachillerato. Tenía diecisiete años, era grande para algunas cosas y chiquita para otras. Era eso que llaman una adolescente, tan segura de mí misma y tan insegura a la vez, tan independiente y tan dependiente, tan mujer y tan niña.

En ese momento tenía que tomar una de las decisiones más importantes de mi vida. No se podía esperar.

En una carrera contra el tiempo, y sin la sabiduría ni experiencia necesarias, debía decidir a cuál profesión me quería dedicar el resto de mi vida. ¿Médico?, ¿veterinario?, ¿comunicador social?, ¿psicólogo?, ¿astronauta?, ¿o nada? Nada hubiese estado bien, pero las presiones sociales y familiares siempre te exigen ser algo.

¿Cómo saber qué quería estudiar en ese momento en que no sabía ni quién era? ¿Cómo tomar la decisión correcta? Mi solución mágica fue ir para un psicólogo a que me hiciera un estudio para descubrir en qué podría ser buena. Esperé ansiosa los resultados de esos tests que encerraban la clave de mi vida. Dormí tranquila unos días. El psicólogo, cual oráculo, me diría mi futuro.

Esa tranquilidad se desvaneció al ver en el informe una lista tan larga de opciones que me dejaron igual de perdida que antes. Servía para tantas cosas que no me podía decidir por ninguna.

En un ejercicio de ensayo y error ya me he cambiado de carrera dos veces: primero Diseño Gráfico y después Publicidad y Mercadeo. Lentamente voy descifrando lo que me gusta. Como quien dice, a paso lento, pero seguro.

La vida tiene su tiempo, y la sociedad su destiempo. Cuántas veces tomamos mal una decisión por estar presionados, por cumplir con exigencias externas no acordes con nuestro momento.

Decidir una profesión a los 17 años es como intentar manejar un trasatlántico cuando solo sabes hacer barquitos de papel.

Así hemos aprendido a vivir, a equivocarnos, a corregirnos, a darnos oportunidades y a entender que en ese ensayo y error está la clave. Solo la experiencia, los fracasos y los aciertos nos acercan a lo que somos, nos permiten conocernos y tomar decisiones más acertadas.

Ahora entiendo que cada decisión que se toma implica la renuncia a algo. Yo a los 17 años lo quería todo, sin renunciar a nada.