Ojo Cultura Universitaria

Murakami

Improvisando en clave surreal

Por Pablo Luís Duarte Borges -@pabludu-

Las palabras siempre son las mismas. Conocemos las reglas y las formas en que podemos  contar lo que nos interesa. Por romper esquemas muchos han sido execrados, limitados. Solo por atreverse a ser distintos y plantear las cosas diferentes. Haruki Murakami es uno de ellos, execrado por voluntad propia, viviendo de sus palabras y sueños

Reinventarse. Lograr el éxito y sentirse realizado entre los grandes es uno de los nortes de cualquier persona que se dedique al arte u otra disciplina. Una vez lograda esa cumbre, muchos se quedan allí, —desde lo alto— disfrutando la gloria, pasajera al fin. Pocos deciden bajar e intentarlo de nuevo en otra área que les plantee un futuro incierto.

Miles Davis es un ejemplo clave. Es uno de los pocos artistas que han tomado la reinvención artística y personal como filosofía. Nunca se conformó con lo logrado, porque quiso ver más allá de los triunfos que le atribuían las críticas y los medianos éxitos comerciales.

Davis es de los grandes artistas del jazz, y guía desde desde lo alto influencias y formas de tocar. Al igual que él —todavía en lo terrenal— está Haruki Murakami, escritor japonés que rompe con los esquemas clásicos del literato común. La relación entre Miles y Murakami es obvia, los dos han sido marcados al menos por tres obsesiones: el arte, el jazz y reinventarse. Simples satisfacciones para otros, complejas para quienes deciden darles la sangre y la energía que requieren para lograr ser diferentes a los demás.

Davis probó, una y otra vez, estilos diferentes, y en el camino logró grandes éxitos y abucheos de personas que, acostumbradas a su sonido, tenían miedo de enfrentarse a los nuevos voceríos de la trompeta más versátil.

La literatura de Murakami también está llena de improvisaciones, de caminos inciertos que encarrilan a mundos diferentes, momentos llenos de extrañeza y peculiaridades solo comunes en sus palabras. Una vez leído un libro suyo, te conviertes inmediatamente en portador de un secreto que temes que los demás descubran. Es tu secreto y existe entre tú y las páginas que consumiste vorazmente.

Murakami vive entre la soledad de sus personajes, de los conflictos internos que los llevan a desaparecer sin razón alguna y permanecer ocultos entre las vidas de las personas comunes. Por momentos se desvanecen entre nosotros, sin que nos demos cuenta. Y vuelven renovados, portando experiencias surreales que piden amplitud de mira para ser entendidas.

Él quiere indicarnos que el humano es un ser de movimiento continuo, que quiere aprender más, que teme por sus acciones, y se oculta cuando puede, cuando le es necesario. Que siente que no pertenece al mundo, le agobia.

Al igual que sus personajes, Murakami vive oculto de uno de sus máximos temores, la fama. Es un autor que ha logrado récords de venta internacionales: hacen colas híper largas para adquirir sus nuevas palabras y sus libros son de los más vendidos.

Ha sido un personaje mítico en la literatura, arte que comenzó a laborar a sus 30 años, cuando, durante un juego de beisbol, echado en la grama, tuvo una revelación: dedicarse a escribir. A partir de allí, el sujeto que regentaba clubes de jazz y era coleccionista de Lp’s se volcó a la escritura.

Editores, universidades, y lectores de todos los países quieren que se acerque, que les hable, dé la cara, diga quién es Murakami, que viva como las estrellas que aparentemente tanto necesitamos. Pero se aleja corriendo, literalmente, a ser reconocido por su oficio, sin otras pretensiones.

Quiere vivir en su privacidad, de la cual nadie conoce, de sus ejercicios físicos diarios que lo mantienen más vivo que a muchos quienes se dedican a vivir de los clichés del escritor famoso, atormentados inquilinos de los vicios y la esperanza de una vida corta.

Mientras unos van de fiesta en fiesta, él llega a su cama antes de las nueve de la noche a buscar las horas del sueño que le traerán a la musa, quien habrá de presentarle los próximos personajes, ávidos por salir de sus escondites. Compartirán amores pasados con la promesa de que no serán olvidados, de que sus pasiones serán parte de nosotros.

Un tema recurrente: el amor. Es la energía que mueve sus textos, que mueve la vida de todos al final. El amor adquiere una forma, un espacio, caras que lo buscan y persiguen por años, tiempos paralelos, distancias ilógicas.

Sus libros son fáciles de recordar. Muchos tienen nombres que son bastante peculiares, como Kafka en la orilla, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Tokio Blues, y el último que está compuesto por tres partes: 19Q4.

A lo lejos sus obras parecen biblias, compuestas por cientos de páginas que intimidan y  pronostican dificultad para terminarlos. Pero no. Una vez que logras entrar en las primeras hojas, el final no hace sino acercarse.

Además de ser escritor, Murakami es un traductor reconocido. Posee un público de culto que está atento a las próximas ediciones que trabaja, pero no en la misma dimensión que en su trabajo como autor. Se ha dado el lujo de traducir a sus escritores preferidos y uno que otro tema que le apasiona.

A pesar de ser japonés, parece más bien un escritor occidental. En la literatura de su país ha predominado el relato de tradiciones históricas y culturales. Murakami, desde un inicio, ha querido alejarse de eso. En sus palabras podemos encontrar más similitudes con las historias de Kurt Vonnegut que con uno de los escritores claves en la literatura de su país, Yukio Mishima.

Siendo una especie de ser extraño en la literatura occidental, pues no asiste a eventos públicos, ni recibe premios que le otorgan importantes organizaciones (muchas veces alude no poder recibirlo por situaciones personales), él no está completamente solo. Un gremio de nuevos escritores y lectores aprecian su anonimato aparente.

Al final la luz se apaga, las notas de una trompeta —de Davis, de John Coltrane— absorben el silencio y el escritor duerme. Aunque sus ojos cerrados indiquen lo contrario, aún trabaja, aún está despierto, buscando nuevas palabras y formas para contar, para hablar, para improvisar.