Ojo Cultura Universitaria

Una última noche de okupa en Berlín

Por Adriana Ovalle

Aquí en Venezuela es impensable para una mujer la idea de ir a un bar sola a tomarse unos tragos. Tenemos la necesidad de movernos en grupo, la violencia no nos ha dado otra opción, y mucho menos si hay alcohol de por medio. En mi reciente viaje a Europa decidí experimentar rituales nuevos que nuestro querido país no puede ofrecer. En este caso en particular fue disfrutar una ciudad yo sola, especialmente la vida nocturna.

Llega la noche de un día ajetreado de turistas: sitios históricos, recorridos artísticos, paseos urbanos. Pero la última noche en Berlín no podía pasar en vano. Por eso decido no quedarme en el hostal preparándome para salir temprano por la mañana a mi siguiente destino y me aventuro lanzarme al bar de Tacheles, una casa okupa muy famosa.

Una vez Oranienburger Str, comienzo a recorrer la calle fascinada con su vida nocturna. Entre bares y chicas de la noche me topo con un viejo edificio que parece estar en ruinas. Al ver en la rebelde fachada la palabra TACHELES compruebo estar en el lugar indicado, sin quitarme de la cabeza la duda del origen de la palabra, puesto que definitivamente no me parecía alemana.

Pasé alrededor de media hora curioseando la planta baja de parte del edificio, donde no solo hacen talleres artísticos; también se puede comprar una cantidad de cosas fascinantes y únicas. Entre granjas de ratones, televisores alterados para aquellos que se quieren dar el viaje de su vida, franelas personalizadas con obras de artistas de todas partes del mundo y una cantidad de artefactos que no terminé de comprender, converso un rato con el alemán que estaba a cargo de ese sitio esa noche.

El bar quedaba en el tercer piso y en las escaleras me topo con una pareja hablando español. Resultaron ser dos colombianos súper agradables.

Al entrar y ver el lugar, la colombiana inmediatamente le dice a su novio para irse de ahí. Una atmósfera muy underground, oscura y con gente de hasta 60 años; unos con cara de no recordar ni su nombre, otros hasta desmayados. El ambiente musical era el de una rave clandestina pero concentrado en una habitación de no más de 10 metros cuadrados. Los colombianos me invitaron a irme con ellos, pero algo en ese lugar me cautivó, así que rechacé la oferta.

Me acerco a la barra, pido una cerveza y comienzo una conversación con el barman hasta que se me acerca un polaco que ronda los 60 años y se presenta. El volumen de la música no me dejó escuchar su nombre y entre su pobre inglés y mi inexistente nivel de alemán y polaco lo dejé así. No sé cómo lo logramos pero nos las ingeniamos para mantener una conversación medianamente decente. Me habló del lugar, los proyectos que hacen y algunos artistas que trabajan en el centro. Al verme interesada me regaló una chapa que anuncia mi apoyo a Tacheles y me pidió lo acompañara un momento a las escaleras. Acepto por decencia, pero con recelo, y al salir del bar me dice que me tiene un regalo. Dos chicos que estaban fumando se quedaron observando por curiosidad. El hombre me comienza a cantar una serenata en italiano. Solo me quedé parada y observé sin saber si reírme o sentirme alagada. A pesar de la imagen un poco perturbadora, el hombre me asombró con su voz y su performance fue motivo de risas por parte de los otros curiosos.

Volvemos adentro y me comienza a presentar un grupo de alemanes más contemporáneos y con un mejor nivel de inglés.

Una, dos, tres, cuatro… ya ni sé cuántas rondas más de cerveza. Cuando noté estaba en mi límite, decidí ser sensata e irme.

De nuevo en la calle y ligeramente mareada paso frente a un bar que se veía súper agradable. El frío que tenía hizo que entrara y en ese momento entendí el por qué los alemanes beben tanto.

Pasadas las 4am decido irme directo al hostal con miedo de no despertar a tiempo para mi vuelo de las 9am. Recibí un poco de ayuda de parte del barman para encontrar el metro más cercano. Al llegar me llevé el fiasco de encontrarlo cerrado. Entré en pánico. Solo me había manejado en la ciudad con metro, nada de autobuses y mucho menos los nocturnos.

Decido pedir ayuda y me acerco a una prostituta. Dejando los prejuicios a un lado, fue la decisión más sensata. Ellas se conocen el transporte nocturno como la palma de sus mano y hablan un perfecto inglés. La chica fue muy agradable y la admiré por caminar por las calles a -2º semidesnuda.

Mi cuerpo no pudo ser más inoportuno; esperando el autobús siento el efecto de las cervezas y la necesidad de un baño con urgencia. Todavía no sé por qué, pero decidí irme a pie ya que sentí que estaba varada.

Después de 5 minutos caminando me arrepiento y veo pasar el autobús que esperaba con anterioridad. Maldigo un par de veces y comienzo a correr por la urgencia de baño. Llego al Checkpoint Charlie y en medio de mi desesperación pido un taxi. Berlín es una de las ciudades más económicas de Europa y ese taxi no fue la excepción a la regla, con 5 euros estaba en la puerta del hostal.

Pasadas las 5am estoy de nuevo en mi habitación, mareada pero viva.

Nota 1: Logré pararme a tiempo y llegar a mi vuelo

Nota 2: Tacheles significa “comunicarse, revelar o hablar con claridad” en hebreo