Ojo Cultura Universitaria

Una probada de las amargas lágrimas de Petra Von Kant

Teatro Contrajuego vuelve a las tablas del Celarg con un montaje poco convencional de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant. Con Orlando Arocha en la dirección, y Ricardo Nortier, Julio Bouley, Diana Peñalver, Javier Figuera, Djamil Jassir y Alejandro Díaz en el elenco

Por Juan Pedro Cámara Pérez – @juanpecamara

Las puertas de la sala número dos del Celarg están abiertas. Largas hileras de butacas vacías reciben a los pocos que acudieron a la cita. “¿Es aquí la cosa?”, preguntan los murmullos. En la tarima el lío es otro. Personas van, personas vienen, corriendo sobre el escenario en medio del ajetreo.

“!Chamo, esto no se seca!”, exclaman desde una especie de andamio horizontal que reposa sobre las tablas. Antes de transformarse en los personajes de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, los actores se apuran a finiquitar algunos detalles de la escenografía: con grandes esponjas restriegan la pintura aún fresca que cubre el piso; acomodan las telas blancas que hacen de fondo; llevan vasos, copas y demás pertrechos de utilería.

La protagonista sale de tras bastidores. Es un hombre. Un hombre rubio con un vestido largo de diseño futurista hecho con una tela plástica de color plateado. Él es Petra. Y así van: otro hombre de barba y cabellos rebeldes hace su entrada con una blusa ajustada en el busto —el que no tiene— y holgada en las mangas, la cintura y el abdomen. Piden pendientes a presión, se quejan de los tacones, terminan de recoger y se marchan.

Llega la hora de comenzar. Todos se resignan y dejan todo como está; es tiempo de tomar sus posiciones. Orlando Arocha sube a la tarima, pide excusas por el escenario inconcluso, agradece la asistencia al ensayo y se baja. Se cierra el telón. Solo por pocos segundos.

Las amargas lágrimas de Petra Von Kant narra la historia de una recién divorciada diseñadora de moda que se enamora, repentinamente, de una aspirante a modelo. La relación resulta extremadamente turbulenta y sumerge a Petra en el drama del desamor, la confusión y la soledad.

La pieza, de la autoría de Rainer Werner Fassbinder, ha sido llevada al teatro y al cine en muchas oportunidades, pero jamás desde la peculiar óptica de Orlando Arocha. Esta vez, los personajes femeninos son interpretados por hombres, exceptuando el rol de Marlene, la asistente de Petra, que presenta a Diana Peñalver vestida de hombre.

Ricardo Nortier (Petra) explica que la decisión de Arocha de hacer la obra con hombres viene de la necesidad de establecer una distancia con el melodrama. De esta forma es más fácil abstraerse de la miseria y verla sobre las tablas, sin caer en la tentación de sentir en carne propia el dolor de los personajes. Por esa razón no existe intención alguna de que los personajes parezcan mujeres de verdad; no hay necesidad de agudizar voces, ni de cortar pelos de barba, ni de esconder bultos en la zona pélvica.

Se trata de un montaje muy poco convencional, que busca trascender lo literal. Y aunque persigue un desapego intencional, el mensaje logra permear: vivir con apertura y sin miedo a amar dejando a un lado las convenciones. Los golpes vienen, eso seguro. Pero siempre valdrá la pena.

Las puertas de la sala dos del Celarg siguen abiertas. Y seguirán así hasta el 13 de mayo, de jueves a sábado a las 8 p. m. y los domingos a las 6 p. m.