Ojo Cultura Universitaria

¿Qué tipo de inmigrante eres?

Descúbrelo a través de un escritor latinoamericano

Por Jesús Torrivilla -@jtvilla

En estos últimos años muchos venezolanos se han visto en la coyuntura de abandonar o no el país. Más de un millón lo han hecho. Unos se han quedado, otros se han devuelto al poco tiempo. La experiencia de ser extranjero no es toda de alegrías y caminatas por ciudades ordenadas y festivales de música moderna. El tipo de persona y sus experiencias son tan variadas que encasillarla es un ejercicio de reducción. Pero en los paradigmas podemos encontrar algo de verdad, sobre todo si no es con un cuestionario rosa. En este ejercicio identificamos la vida pública de tres escritores latinoamericanos en el extranjero con un estereotipo de inmigrante, además de un bonus.

1)El  Roberto Bolaño

Paria genial de la literatura latinoamericana, Roberto Bolaño nació en Chile, pero vivió entre México, Estados Unidos y España. Vivió entre la pobreza, la transhumancia, y más tarde la fama por su transgresora obra. En esta entrevista asegura sentirse chileno, pero en la última que diera en vida su sentencia es definitiva: “Lamento darte una respuesta más bien cursi. Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria”.

El inmigrante Bolaño es atormentado. Son artistas, escritores tristes, nostálgicos perdidos. Sufren de una oquedad que los paraliza pero que los define. No se sienten de ninguna parte sino de sus afectos. Varían entre la ternura y la acidez de sus comentarios. No levantan ninguna bandera, puede ser que añoren los platos de su infancia, pero no se sienten estandartes con pasaporte ni arepas andantes. Muchas veces de un pasado político activo, dejaron de creer hace tiempo. Quieren vivir tranquilos, resguardados en los hogares que han logrado constituir, o no. A un Bolaño le ha tocado regresar a su país para darse cuenta de que ya no pertenece a ninguna parte. Es de formación profesional y billetera variada, su historial es heterogéneo. Puede ser pobre o rico. La desazón patria es lo que lo define.

2)El Fernando Vallejo

“Esa mala patria de Colombia ya no es la mía”, dijo en el año 2007 el escritor Fernando Vallejo, oriundo de Medellín, al aceptar la nacionalidad mexicana. Ganador del Rómulo Gallegos por El desbarrancadero, Vallejo es un novelista experto en alarmar audiencias con sus discursos. Conocido por despotricar en contra de su país tanto en la realidad como en la literatura -”Dios es un cerdo y Colombia un matadero”-, Vallejo está residenciado en México. A pesar de que se conoció que tenía intenciones de recuperar su nacionalidad, no se ha escuchado nada nuevo. Es un escritor inconforme, contradictorio y altisonante. Y así ha sido la relación con su país.

El inmigrante Vallejo es el que hemos escuchado decir “Yo me voy de esta mierda”. Puede renegar o no de su pasaporte, pero casi siempre esa indignación absoluta provendrá de una poderosa herida. Su actitud no es pasiva, como podría ser la del Bolaño. Se relaciona con los problemas actuales y pasados de su país. Hace activismo. Protesta en embajadas, envía correos electrónicos, cartas. Regresa con historias de progreso y riega la voz. Siempre se debate entre devolverse y contribuir con lo que ha aprendido o quedarse. Le molesta la injusticia. Extraña, le duele y quiere hacer algo al respecto. Pero afuera, a pesar de las dificultades, está generalmente bien, mejor -al menos eso piensa- de lo que podría estar en su país.

3)El Vargas Llosa


El escritor peruano obtuvo la nacionalidad española en 1993 a raíz de las amenazas de Fujimori de quitarle su pasaporte peruano. Para ese momento, aseguraba que su base de operaciones era Londres, pero que agradecía la celeridad que le permitía establecerse legalmente en Europa gracias a los buenos oficios hispanos. Sin embargo, no reniega del Perú, a pesar que es un país “que se jode todos los días”. Cuando recibió el Nobel de literatura elevó sin pruritos el estandarte Inca: “Yo soy el Perú”, le dijo a los medios.

Es el tipo universal que no desconoce sus raíces. Que se asienta en el exterior generalmente con un buen puesto de trabajo y es reconocido por la comunidad. No es un sudaca, por Dios. Es el respetable que viene de afuera a ejercer dignamente su oficio. Puede que le entreguen reconocimientos y se case con una local amable, depende de cuándo haya sido su fecha de mudanza, pues una compañera del terruño siempre agrada a las familias más conservadoras y da prestancia en reuniones sociales. Si no es de asumida buena posición económica, suele alcanzarla, pues su talante profesional y natural simpatía lo propician. Con frecuencia tienen un título universitario -en cualquiera de sus grados-, son celebridades del mundo del entretenimiento, músicos, artistas, profesionales dignos.

De derecha, izquierda o desalineado, este es el inmigrante más inocuo y celebrado; más productivo. No importa si carga tras de sí un pasado o un presente ideológicamente polémico, pues la cantidad de gente que se siente cómoda recibiéndolo es importante. Encontró, pues, su lugar. Puede ser que asista a esas reuniones de “venezolanos en el exterior”, coma hallacas en diciembre con sus panas canadienses y organice cenas criollas. Otros ejemplos de este eximio estereotipo son María Conchita Alonso, Carlos Cruz Diez y Nicole Kidman.

BONUS

4)El Manu Chao

En un perfil hecho por el diario El País de España se refieren a él como “el hombre más libre del negocio musical”. La prensa lo califica como franco-español, sus padres son de origen vasco y gallego pero él nació en París. Canta en una mezcla de todos estos idiomas y se solidariza con todas las luchas. Se ha filtrado de los leaks más clandestinos que se baña solo una vez, en año bisiesto. Está siempre molesto con el “mainstream periodístico de Europa”, también asegura estar emocionado por lo que pasa en Venezuela pero ha aclarado que no es chavista ni de ningún partido. Unos dicen que es poeta, otros músico, pero probablemente sea un fantoche. Cree en la brujería, en la macumba, en la legalización de las drogas y en la intuición. Actualmente vive en Barcelona pero no mentiríamos si afirmamos que su mayor solidaridad está con Latinoamérica.

Este es el opuesto de Vargas Llosa y lo ponemos acá porque nos gusta reírnos. Más que un tipo de inmigrante es un tipo de ser humano. Ustedes los han visto en el metro, en Bellas Artes, en los conciertos altertodo. Son la pesadilla de un paria como Bolaño, porque se creen parte no de países sino de la Madre Tierra. Las fronteras son estúpidas, los gobiernos son sordos y perversos. Es el comeflor que siempre se pone chimbo. Evidentemente no es bien recibido en cenas ni en ocasiones donde sea obligatorio usar medias. Es incómodo, pero la mayoría de las veces por su olor corporal. Es el clásico mochilero, estudiante de sociología o antropología, el pintor de mandalas, la hacedora de pulseras que se asienta en un cayo de Morrocoy.