Ojo Cultura Universitaria

Leer a los grandes

'Desde la burbuja' 14ta edición

Compartimos la columna fija de universitarios que pueden encontrar en nuestras ediciones

Por Miguel Eduardo Ortiz Rodríguez 1er año Letras UCAB

No sabía qué esperar ni de la carrera ni de mis futuros compañeros. Empezamos siendo 40 alumnos. Ahora, en el tercer trimestre del primer año, quedamos alrededor de veinte. Gran porcentaje de los desertores no querían estudiar Letras; estaban ahí sólo para cambiarse a otra carrera, la mayoría para Comunicación Social. Solo sé de un aspirante a comunicador que logró el cambio. El resto abandonó, se aburrió, se cansó. Nadie puede pretender leer La Ilíada, La Odisea y La Eneida sin tener un mínimo de interés en la Literatura. Pocos son los que siguen estudiando conmigo y desean un cupo en Comunicación.

La Escuela de Letras es una de las más pequeñas de la UCAB, en cuanto a número de alumnos se refiere. Y, a pesar de ello, no son muchos los que conozco de años mayores. La reducida cantidad de personas que estudian esta carrera le dan un aire bastante familiar y de comodidad.

El golpe más fuerte que recibí al empezar fue la combinación de dos reflexiones —muy ciertas— que hizo un profesor en la primera semana de clase, las cuales cambiaron mi manera de ver la Literatura: “la literatura es miseria”. Dicho profesor planteaba que toda la literatura tiene como objeto la miseria en la que vive el hombre, que lo importante no son las heroicidades ni las historias bonitas; hay que ver más allá de eso y encontrar la miseria (siempre estará presente). Desde obras simbólicas (puso como ejemplo El Retrato de Dorian Gray, que puede ser interpretada como una crítica a la sociedad victoriana por parte de Wilde) hasta el realismo ruso, cuyos autores “ya viven la miseria y no necesitan buscarla”. Esto tiene sentido, la literatura es un género artístico antropocentrista, y al representar al hombre y la sociedad en la que vive se topa de frente con la miseria, sin dejar de lado lo estético.

Esta reflexión me lleva a otra —del mismo profesor—. Para él, entre todos los tipos de lectores hay uno que denomina “el lector estúpido”. El lector estúpido es aquel que tiene preferencia por libros de contenido comercial con un valor artístico casi nulo. El lector estúpido es el que lee por moda lo que está de moda. Estos lectores convierten a los libros en fetiches, meros objetos que dan status. Lo importante ya no es leerlos, sino que los vean cargando el libro. Terminó diciéndonos: “lean a los grandes, no a otros que se creen escritores”. Muchos nos dimos por aludidos cuando dijo eso; dábamos más importancia al qué que al cómo. No se debe juzgar una obra por la historia o el contenido sino por la calidad estética y artística. Y como dijo Oscar Wilde en el prefacio de El Retrato De Dorian Gray: “Un libro no es nunca moral o inmoral. Está bien o mal escrito. Eso es todo”.