Ojo Cultura Universitaria

Balance violento en ‘La más fiera de las bestias’

La violencia desmedida se convierte en un factor determinante en la 3era novela de Lucas García

Pablo Luís Duarte Borges -@pabludu

Con un final que aparenta ser predecible desde el inicio, comienza la obra. La violencia y la venganza miden al lector y determinan al protagonista. Desde el principio una travesía de hechos crudos se narran de una manera simple con predominancia en el carácter visual, donde el reto al lector es seguir pasando los párrafos y las páginas mientras se adentra en la agresividad del desconocimiento y las ansías de la producidas por la venganza.

Un hombre despierta en una especie de casa hogar, sin memoria del cómo o porque se encuentra allí. Dopado y agredido violentamente, a causa de un pasado del que no tiene memoria, irá descubriendo habilidades violentas que  a su vez determinarán el encontrar la verdad definitiva.

Como el protagonista, el lector sabe que nada terminará bien, como hemos sido testigos en películas, libros, e historias reales, la violencia solo trae violencia y el camino de la venganza es una vía solitaria que solo seguirá con la determinación del que la emprende.

Con oraciones cortas, narración entrecortada y con gran presencia de elementos visuales, Lucas García transita por la memoria del protagonista. En presencia del olvido, y precisando el presente, detallando los nuevos personajes y las acciones.

Finalmente, se descubre todo. Un final que se desprende de las acciones del protagonista, quien tendrá pocas opciones de conocer su pasado, manchado por su nuevo transitar y tratar de seguir en la línea que lo llevó a cometer estos actos, u olvidar, seguir olvidando, y comenzar una vez más.

No apta para aquellos que no tengan afición alguna a la violencia, o para aquellos que no acepten que es un retrato de nosotros, de lo que no queremos observar ni detallar, no conocer hasta donde podemos llegar una vez que nos retan y no encontramos vías alternas a situaciones desesperanzadoras.

La novela se convierte en esto, en seguir leyendo por las ansias de conocer el retrato del otro, o de nosotros mismos, de nuestras acciones y el entender a la violencia como un factor que existe en la sociedad y entre todos.

Exploraciones en los rincones de la violencia ya han sido realizadas antes, no son muchas, pero hay casos muy resaltantes. Por ejemplo, la trilogía planteada por el director surcoreano Chan-wook Park, donde la venganza es el tema principal.

La segunda parte del conjunto, OldBoy (2003), realiza un retrato similar al libro de García. Un hombre es secuestrado y inmerso en una habitación, en donde pasará 15 años entre las alucinaciones y el deseo de violencia y venganza hacía sus captores. Una vez soltado, decide no parar hasta conseguir a los responsables del tiempo que paso en este oscuro lugar.

Como En la más fiera de las bestias, los personajes no son inocentes, pero ellos están confiados que lo son. La sed de venganza proviene solamente de un ser que ha engañado, lastimado, hecho algún mal a otro. Sin embargo, no consideran el daño, por ser mínimo, de posible olvido y cuenta nueva. Cuando comienzan el camino para descubrir la verdad descubrirán ese ser reflejado en sus acciones, sabiendo que al final solo conseguirán más violencia en el trazado rojo de sus pasos.

En un contexto sin tiempo, sin espacio, donde calles y pocos personajes tienen nombre. Se asume en el pasar las calles de la ciudad, en sus rincones oscuros y en las notas de las canciones de salsa (la Fania tiene apariciones notables y recurrentes en la sobriedad de los espacios).

La narración del libro lleva al lector a terminar lo que se comenzó, sin importar las consecuencias o los temores que lleven sus páginas, el seguimiento continúa y finaliza en el temblor de los dedos al cerrar el libro.

Una buena novela que ofrece una vez más la editorial Punto Cero.