Hoy nuestro país ha muerto

Manuel Alejandro

Hoy nuestro país ha muerto. No porque no quisiéramos salvarlo, sino porque no hubo con qué hacerlo. No hubo ganas de verlo, ni hubo interés de conocerlo; por el contrario, se prefirió salir a ver qué otro país había y colocar en él todo nuestro amor.

El país murió porque mientras estuvo en convalecencia, preferimos ir a perder nuestra decencia creyendo que no le pasaba nada, cuando la verdad tenía de todo. Y no tenía de todas esas cosas buenas que uno quiere que tenga: tenía insultos, malhumor, suciedad, tenía colas, ojos de envidia, estaba verde de cansancio; le faltó trabajo, su honestidad bajo muchísimo, respiraba aire de carros, comía odio, y no le alcanzó el tiempo de morir bien, porque murió increíblemente rápido.

Muchos se conformaron con salir a ver qué se podía hacer, Otros hicieron lo imposible para curarlo. Nosotros, por el contrario, nos cruzamos de brazos esperando lo mejor (o lo peor, según se vea), ¿los demás?, Ellos estaban disfrutando de la fortuna que nos dejó y muchos celebraban al no saber lo que pasaba.

El país murió de esa doble cara que llevamos todos hoy, una que sabe que “la cuestión está muy arrecha” y la otra que lo único que sabe y conoce es de carros, béisbol, marcas de whisky y nombres de zapatos.

Cuando el país se dio cuenta de que tenía a su lado gente así, dijo que no valía la pena seguir. Se nos fue el país que amábamos y no porque se transformó en otra cosa, se nos fue porque sus amantes más fuertes confundieron el amor con la pasión y ella (porque debemos saber que el país es una de esas mujeres bien plantadas), tan generosa, les dio todo; y Ellos, sus supuestos amantes, le quitaron hasta el nombre.

Algunos abandonaron el país justo cuando más hacía falta, porque no se necesitaba una cura milagrosa ni calculada, sólo pedía compañía fiel y amor sincero. Y ahora que lo pienso, de eso se deben morir los ancianos, de soledad y de falta de amor. Lo triste es que el país no estaba cerca de sus 300 años.

Pero es tanta la impresión y tristeza que nos invade, que sólo podemos ver cómo la entierran en el pozo más profundo de una tierra que parecía tener fin, pero descubrimos, por las malas, que la ignorancia no tiene punto final y mucho menos un entierro definitivo.

Lo que más nos preocupa es que hay gente que baila sobre su tumba tempranamente abierta pero no certeramente cerrada. La tristeza de Nosotros es la alegría de Muchos y estos muchos celebran con gran algarabía el amor que los “amantes del país” le tienen a ella. Celebran la fuga de ideas como quien se gradúa de preescolar, defienden su delgadez con la sensatez de decir que “cada vez comemos más” cuando en realidad sabemos menos, todo intento de Nosotros y los Otros de tomar su mano para llevarla a las estrellas lo castigan como cuando se castiga el haber probado la libertad (con la exclusión y desprecio hacia aquellos que quieren ver otra cosa).

Pero no sigamos profundizando en el tóxico amor en el que ha sucumbido nuestro amado país, la intención de escribir esto es otra, es ver que Nosotros, Muchos, Ellos y Otros no pudimos hacer nada para que tuviera mejor cara.

Mucho menos hicieron sus amigos. El país, siendo una mujer valerosa que impulsó a otros a liberarse de abusadores abusivos, cuando cayó enferma, solo tuvo cartas de dolencia, condolencia y solidaridad. No le sirvió para nada que en su juventud peleara contra los grandes y nos librara de un futuro de servidumbre. A todos se les olvido que fue la única que dio la cara por el barrio. Y lo peor fue que cuando cada uno de sus amigos logró avanzar en el destino que le correspondía, alcanzando la riqueza y gloría que le tocaba, se les olvidó que ella, el país, siempre dio la cara por el barrio.

Sólo recibió cartas que condenaban a los que la dejaron así, pero al final el papel solo sirvió de marco para la acción que nunca llegó, como quien espera un tren en un aeropuerto. Y así se nos fueron los mejores años de una generación que quería hacer de ella una gran mujer o, por lo menos, un gran país.

Hoy, eso de que “se les olvidó”, parece ser una vista gorda (bien gorda, por cierto) para no caer infectados en esta grave enfermedad. Y cuando se le preguntó qué enfermedad tenía, ella (el país) sólo supo responder que era amor. Porque nos amó tanto a Nosotros, a Ellos, a Muchos y a Otros que al final se secó pues no tuvo más nada que darnos y la dejamos sola.

Eso fue lo que la mató, que Nosotros la dejamos sola, que Ellos se llevaron todo lo que tenía, que Muchos no sabían nada y Otros se fueron. Por eso es que hoy nuestro país fallece en manos ajenas, en manos que no conocieron su mejor cara y que ahora añoran. Murió sabiendo que hay gente que nació con ella y esos mismos le entregaron su mejor comportamiento cívico a otro país (eso la hundió) y no aguantó más.

Hoy nuestro país ha muerto y ni si quiera tenemos lágrimas para llorar, sólo tenemos brazos para cruzar y un lamento que revivir…

Comentarios

comentarios

You May Also Like