Nuestro mundo de azules boinas nos necesita

Por: Daniela Granadillo  | @Grandavilla

“Todos los seres humanos poseen su propia dignidad y cada uno es un fin en sí mismo. De esa forma, ni las desigualdades naturales ni las jerarquías sociales deben subordinar a una persona a los fines de otra, ni impedirle realizar, a través de sus medios intelectuales y morales, el pleno desarrollo de sus facultades.”

—Immanuel Kant

La Universidad Central de Venezuela es la casa que vence la sombra –La sombra de la ignorancia, la mediocridad, la desidia, el nepotismo-

Semanas atrás, fue impuesta la primera asignación de 6.743 estudiantes a la UCV. Dicha asignación viola los principios de autonomía consagrados en la Ley de Universidades, en la cual se establece que la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU) recomendará los procedimientos correspondientes en cuanto a la selección de los aspirantes y la universidad determinará el número de alumnos que pueden ingresar cada período y cuál será el procedimiento de selección de los mismos. La UCV ofertó, mediante la OPSU, 3.079 cupos disponibles para los estudiantes nuevo ingreso; sin embargo, hubo una sobreasignación de cupos, en un 119%.

Estamos hablando de 3.664 estudiantes adicionales a lo planificado y presupuestado que, según la OPSU, deben ingresar a la máxima casa de estudio del país a “formarse”. Todo esto de manera arbitraria, irregular, inconstitucional y, en especial, violadora de la autonomía universitaria. Como si esto no fuese suficiente, el día 18 de agosto, hubo una segunda asignación de 175 cupos para la UCV. Son más de 3000 estudiantes que deben gozar de las providencias estudiantiles, el servicio de comedor, OBE, transporte y, lo más importante, una educación de calidad.

Al igual que Laureano, “Creo en la U.C.V., creadora de ciencia y de cultura, la de Vargas, la del hombre justo y bueno que sueña un país decente.” Sin embargo, ese país decente lo veo distante si solo nos enfocamos en la cantidad de egresados que puede tener la universidad venezolana, y no en la calidad de esos profesionales. ¿De qué manera se crea ciencia si tenemos los laboratorios cerrados? Cada día son más los profesores que renuncian a causa de su paupérrimo salario y los problemas presupuestarios cercan, aún más, nuestra UCV.

La educación debe ser para todos, sin distinción de ningún tipo, en eso coincidimos con la OPSU. Pero, la universidad no puede convertirse en una fábrica de profesionales que pasan por la institución solo para recibir un título, sin pensar en la calidad de ese egresado. Con esta medida por parte de la OPSU, intentan “abrir las puertas de las universidades y la educación para todos” y, ahora, me pregunto, ¿las puertas de las universidades no están abiertas? La UCV se ha caracterizado durante muchos años por tener una amplia variedad en las modalidades de Ingreso. La evaluación diagnóstica, el Programa Samuel Robinson y los diferentes convenios deportivos y culturales forman parte de estas modalidades en nuestra máxima casa de estudio. Cada una de estas formas de ingreso, busca que el individuo logre desarrollar sus facultades a través de sus medios intelectuales y morales, sin depender de las desigualdades sociales ni las jerarquías sociales; evitando de esta manera la subordinación y dependencia, tal como planteaba Kant.

Nos encontramos con dos premisas. La primera, la universidad no posee la capacidad infraestructural, académica, ni presupuestaria para incorporar a toda esta población estudiantil que la OPSU asignó. La segunda, a mi parecer la más grave, la ética y dignidad de la universidad que busca formar ciudadanos críticos y capaces de contribuir con el desarrollo del país, se vería comprometida.

Es irresponsable que la universidad acepte formar más estudiantes de los que su capacidad le permite. ¿Qué futuro queremos para nuestro país si permitimos que la sombra de la mediocridad cubra nuestra UCV? ¿Qué clase de ciudadano esperamos obtener de nuestras casas de estudio? ¿Será un profesional completo aun cuando no puede realizar las prácticas de su carrera? ¿Es más importante que tenga un título aunque no tenga las competencias necesarias para ejercer la carrera?  ¿Realmente se busca formar profesionales o se busca entregar títulos a todos aquellos que así lo quieran? Porque, si de entregar títulos se trata, la Dra. Cecilia García Arocha bien podría pararse en la entrada Tamanaco a repartir títulos por doquier. Quizás, ese sea el objetivo de tan abrupta asignación.

Esforcémonos pues, en combatir la sombra de la mediocridad y luchemos por recuperar nuestra autonomía y dignidad. De esta manera, demostraremos que forjar futuro no es una tarea fácil, pero la historia nos agradecerá el no haber cedido. La universidad debe seguir siendo la bandera y la esperanza de la juventud. Porque, “La Universidad es la Historia y la República de Venezuela. Es el corazón de la Patria, que lucha por la superación del miedo, en medio de la tormenta, la indiferencia y la envidia de unos pocos”.

No seamos parte de ese grupo de indiferentes, ni nos convirtamos en la generación que cedió la autonomía. Demostremos el verdadero sentir ucevista, creemos conciencia y levantemos el estandarte de nuestra UCV, ya que hoy “nuestro mundo de azules boinas os invita su voz a escuchar: empujad hacia el alma la vida en mensaje de marcha triunfal”.

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