Maduro da el visto bueno al golpe de Estado

Difícil saber si fue otro de sus tantos actos de torpeza, de ese hablar incontinente y descontrolado que tanto lo caracteriza, o qué. Pero ayer el presidente Maduro hizo algo gravísimo en televisión: bendijo la insurrección cívico-militar como método legítimo para sacar del poder a un gobierno que no guste; en otras palabras: autorizó a que le dieran un golpe. Fue durante un acto de rechazo a la Ley de Amnistía celebrado en Miraflores: “Si ellos (la derecha) algún día accedieran al poder político en Miraflores (…) nos iríamos en las calles a una insurrección cívico-militar y empezaría otra revolución en Venezuela y yo estaría al frente”, dijo. ¿Por qué, entonces, no hacerle a él algo que él haría? El razonamiento es simple: el presidente dice que cuando él esté en la oposición dará un golpe; luego, la oposición puede dar golpes; luego, los golpes no son malos; entonces sería legítimo que le dieran uno a él. En ese mismo acto, además, Hermán Escarrá, luego de calificar de “magnífica” la labor de Hugo Chávez –al que antes llamaba “usurpador” y amenazaba con demandar en La Haya– le sugirió a Maduro un plan para cerrar, vía Enmienda Constitucional, la Asamblea Nacional en dos meses: “Ya eso está redactado, el artículo debe decir: se reduce a 60 días el período constitucional de los integrantes de la actual Asamblea Nacional”. Las dos movidas son tan extrañas como desconcertantes, teniendo en cuenta la debilidad del gobierno, su alto índice de rechazo, el apoyo mayoritario que tiene la AN y esa cierta incertidumbre militar que ha reinado en estos días. ¿A qué juega?

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