Contracorriente: El caso de Batman v Superman

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De haber sido perfecto, la imagen controladora del film habría sido esa en la que Superman vuela a salvar a Lois mientras cae desde la azotea de uno de los edificios de Metropolis. Después de un malévolo monólogo, Lex Luthor empuja a la periodista del Daily Planet, para así llamar la atención del hombre de acero. Acto seguido, el hombre de la capa roja la toma en sus brazos.

El resto del film de Zack Snyder no se compara con estos preciados segundos. Son minutos sinceros, con una especie de cámara suelta en el trípode, un grano fino que inspira un 16mm, en donde las luces de la calle inundan el encuadre mientras los dos descienden. La música de estos segundos no es música. Es el viento chocando contra un micrófono, que, junto con la cámara, operan bajo la premisa formal de que estamos viendo un documental.

Hablaba de un minuto. Y son, después de volver a ver el extracto, apenas segundos en los que todo esto sucede.

¿Por qué insistir en la descripción y repaso de esto que no representa ni un 1% del film? Porque es lo más hermoso y diferente que tiene la película, es el punto de inflexión de la franquicia de DC. Es lo que la pone en un renglón aparte. Si bien es cierto, el film no está bien. Tiene las pretensiones de. Su dramón de pareja, Holly Hunter y toda la trama política que enreda un poco el devenir del film, los flashbacks o sueños de Bruce Wayne, son algunos de los elementos que hacen de la película una especie de experimento.

Así como se abrazan a ciertas novedades, también se abrazan a los lamentables clichés de este tipo de películas. Los chistes gratuitos, los villanos apocalípticos, la acción que fatiga. El director no es santo, claro estamos.

En un humilde intento por concebir la introducción perfecta del mundo cinematográfico, las decisiones que más trasgreden contra la naturalidad de un film de este tipo son las que, curiosamente, entierran al film en el ojo del espectador. Que salvan, de una u otra forma, el enfrentamiento, tan efímero como fue, entre Batman y Superman, o el duelo, como anticipación de lo que se viene, contra Doomsday.

Batman v Superman’ no es nada parecida a otros crossovers, como señala Anthony Lane en una pieza publicada en The New Yorker. No esperemos un desastre como ‘ Alien vs Depredador’. Y a la vez, esperemos todo lo que pudo estar mal con aquel film. Que se reta a sí mismo a ser diferente, a ir contra una corriente que no está en lo absoluto a favor de su propuesta, a ser un punto de inflexión dentro de un género que ya empieza a tonarse repetitivo.

Por supuesto, no lo logra.

Pero volvemos, una vez más, a esos segundos. A esos instantes en los que el film se convierte en documental, en los que lo florido y pirotécnico de los movimientos de cámara, aunque sea por un segundo, se ven disminuidos, y en los que la música de Zimmer y Holkenborg, tan magnífica como es, no compite con lo estruendoso que ya el film por sí solo es. No hay golpes, no hay gritos, no hay disparos ni explosiones.

Es la noche, y las luces que alumbran la carretera, envolviendo en una sola imagen que panea hacia abajo para seguir a la pareja que hacen Lois y Clark. Es un encanto, es un golpe al rostro. ¿Qué es esto? Es un fan, un espectador más. Es Zack Snyder haciendo de Jimmy Olsen.

¿Qué viene? El no hacerse rogar por puntos medios. La idea de una película de superhéroes que sea diferente debe, por lo menos, perseguir eso. ‘Batman v Superman’ lo ha hecho. Eso sí, no más Doomsday, ni “Marthas”, ni presentación de miembros de la Liga de la Justicia sin demasiado peso en el film que se visiona.

Pero roguemos por más segundos con ese fino grano, sin música. O donde la política no solo se huele en el fondo, sino que toma un plano fundamental dentro del relato.

Es, sin titubear, ponerse de acuerdo. Entre el film que merecemos y el film que queremos.

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