Una tragedia ‘universal’

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Ni su imponente sede, ni su sobria imagen, ni sus abultadas ediciones dominicales hacían pensar que El Universal, uno de los grandes periódicos del país, se encontraba en una situación crítica. Luego de varios –y fallidos– intentos, su propietario logró venderlo a una empresa española envuelta en un halo de misterio. A partir de allí, todo cambió. El diario, sumamente crítico con el chavismo, comenzó a suavizar su línea editorial hasta quedar convertido en un medio dócil y manso. Su situación, sin embargo, no mejoró: perdió su público y parte su prestigio, labrado a pulso por más de un siglo. Pasados ya dos años de la venta, los augurios no son buenos. Esta es la tragedia de la destrucción de un diario centenario

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

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Formalmente, esta tragedia, la de la destrucción de El Universal, el diario de circulación nacional más antiguo de Venezuela, comienza el viernes 04 de julio de 2014, cuando el personal de la redacción es convocado a una reunión en la que se le informa que el periódico tiene nuevos propietarios. Sin embargo, como toda tragedia clásica –y El Universal siempre ha sido muy clásico–, tiene un prólogo, y por eso hay que hablar primero de los problemas económicos por los que atravesaba el periódico desde hacía tiempo. Problemas, en principio, que se inscribían dentro de la crisis mundial de la prensa ante la irrupción de lo digital, pero que en Venezuela se acentuaron, además, con la pérdida de importantes y grandes anunciantes que, bien por las nacionalizaciones –CANTV, Movilnet, Banco de Venezuela–, bien por la acentuada polarización reinante en revolución –olvídense de toda la publicidad oficial– y bien por la situación económica de los últimos años, marcada por la recesión y la inflación, dejaron de pautar. Los ingresos por publicidad –de los que viven todos los diarios– mermaron considerablemente. Reducciones de personal en 2003 y 2010, baja en los salarios de los jefes, pagos fraccionados de utilidades, la hipoteca con Bancaribe de la sede, una torre de 16.800 metros y 15 pisos, ganadora del Premio Nacional de Arquitectura en 1971, la venta de una planta en Guatire con tres rotativas y de algunos terrenos y propiedades del periódico, todo daba cuenta de que la situación no era óptima. A ello, además, se sumó la crisis de papel, que en el caso particular de El Universal tuvo su clímax en mayo de 2014, cuando se declararon en emergencia –“el actual inventario alcanzaría para imprimir el diario hasta un máximo de 2 semanas”– porque tenían retenidas desde enero 600 toneladas de papel en el puerto de La Guaira.

Así las cosas, no era de extrañar que su dueño, Andrés Mata Osorio, nieto homónimo del poeta Andrés Mata, fundador del diario, que nació en Venezuela pero se crio en los Estados Unidos, que no vivía en Caracas sino en Nueva York, y no era precisamente la persona con más arraigo y apego hacia el periódico –lo visitaba pocas veces al año, las estrictamente necesarias–, estuviera buscando la manera de deshacerse de tan problemática y costosa herencia. La operación, sin embargo, no parecía sencilla: tres intentos de venta, según el portal de confidenciales financieros y políticos del periodista Juan Carlos Zapata, se habían caído ya, porque no había comprador dispuesto a pagar tanto por tan poco.

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Son básicamente periodistas de la redacción de El Universal quienes integran el coro de esta tragedia. Y es así a petición expresa de ellos, que solicitaron que sus nombres no fueran mencionados en el presente reportaje y sólo bajo esa condición accedieron a hablar. Rumores –cuentan– era todo lo que había en esas fechas puertas adentro: un caudal de rumores que durante meses circulaban diciendo que El Universal iba a ser vendido. Eso y poco más. No había información oficial ni nada semejante. La redacción era un hervidero: día sí y día también los periodistas preguntaban a sus jefes cuánto de cierto había en la especie, y estos, las manos vacías y cara de sorpresa, decían que no, que no era verdad, o que por lo menos ellos no tenían información alguna al respecto. El asunto llegó a ser irritante: “No vamos a estar desmintiendo todos los días que el diario fue vendido”, llegó a responder, ofuscado y harto, Miguel Sanmartín, de la Mesa de Edición, a un insistente redactor deportivo. Y no era el único. “Yo me pasé casi 3 meses desmintiendo la venta”, reconoce Alfredo Yánez, quien para la fecha no estaba en la redacción, sino a la cabeza de EUTV (El Universal Televisión), un canal de televisión por internet que, a pesar del nombre, operaba de forma independiente del periódico y había sido lanzado en noviembre de 2013. “Yo veía que allí había dinero, que había inversión, que había una apuesta arriesgada. El año anterior se había invertido en una grilla de luces, se habían impreso unos backings, se había cambiado la escenografía. Por eso no lo creí hasta el último momento”, se justifica.

Sin embargo, mientras él veía inversión, otros, en la sede, veían unos movimientos extraños que apuntaban en dirección contraria: “En un momento nos empezamos a dar cuenta de que se estaba desmantelando la Fundación Andrés Mata. Llegaban como 7 camiones de muebles y enseres a sacar materiales, mobiliario y cosas que los Mata mantenían en el edificio del periódico, y eran llevados a una propiedad de ellos en Chacao. Nos parecía obvio que se estaban yendo de allí”, narra el coro.

“No, imposible” fue la respuesta que dio Ernesto Ecarri, quien para la fecha era Editor de Política, cuando el jueves 03 de julio una fuente, que llevaba 3 meses hablándole de la operación venta, le dijo que ésta ya estaba concretada. Ese jueves, precisamente, Elides Rojas, de la Mesa de Edición, fue convocado a una reunión en un hotel en Chacao. Al llegar se encontró con la plana mayor del diario, que le informó de la venta y le presentó al nuevo presidente, Jesús Abreu Anselmi. Estupor, por lo menos, fue lo que sintió y así se lo manifestó a los presentes. “Él pertenecía al círculo de confianza de los dueños anteriores y para él fue bastante sorprendente”, desliza un allegado. Cláusulas de confidencialidad, le dijeron. Más de 20 años de relación, alegó no sin amargura.

A la cláusula de confidencialidad también apeló Jesús Abreu Anselmi cuando le preguntaron quiénes eran los nuevos dueños de El Universal. Fue el 04 de julio en la asamblea convocada en el auditorio del piso 15 para presentarse ante el personal del diario. Allí, oficialmente, la redacción se enteró de que, en efecto, el periódico había sido vendido. “El ambiente era muy tenso”, recuerda Yánez, que no fue convocado pero igual subió. “Te estaban diciendo en una reunión familiar a disgusto que tus padres dejaban de ser tus padres y que a los nuevos tenías que quererlos y creer que lo que traían en sus alforjas era pura bondad”. ¿Y qué llevaba Jesús Abreu Anselmi en sus alforjas para El Universal? El compromiso de que la línea editorial no iba a ser cambiada –“doy mi palabra como única prueba”, dijo–, la garantía de que el papel no iba a faltar más –“tendrán papel para trabajar”–, la promesa de fortalecer los proyectos que habían quedado sin concretar con los viejos dueños, y “una agenda llena de proyectos e interesantes propuestas de crecimiento regional, diversificación y modernización”. Allí, formalmente, empezó todo.
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“A partir de hoy, la firma española de inversiones Epalisticia se incorpora al diario”. Esa es la versión que dio El Universal el sábado 05 de julio en portada, cuando anunció el “cambio en su estructura accionaria” –nunca venta, palabra, al parecer, vetada–, con la entrada de una “empresa de inversión con base en Madrid que centra su actividad en áreas como el petróleo, bienes raíces y medios de comunicación”. “Dos de sus directivos, Eduardo López de la Osa y José Antonio de la Torre, luego de investigar el mercado venezolano durante más de un año (…) se inclinaron por la empresa que les ofreció mayores y mejor potencial de desarrollo”, explicaban. “Epalisticia trae un plan de generación de valor a largo plazo”, además de introducir “innovaciones tecnológicas que aceleren el proceso ya iniciado de digitalización y que van mucho más allá de la mera aportación financiera”, decían.

Alfredo Yánez sencillamente no se lo creyó. “En un país como este, con control de cambios, con periodistas acusados y señalados, es muy difícil conseguir un inversor que quiera hacerse con una estructura enquistada, con taras, con una plantilla de periodistas y obreros, sólo porque quiere hacer negocios. Eso es un cuento muy cuento y quien quiera creerlo, chévere”. Y cuento comenzaba a parecer cuando ese mismo 05 de julio el diario madrileño El País informaba que Epalisticia había sido constituida el año anterior con un capital de apenas 3.500 euros, que el dominio de su página web había sido creado 4 meses atrás, y que el monto de la operación se encontraba entre 90 y 140 millones de euros.

“No sé de dónde salió esa cifra. No fue ni la mitad de 40 millones de euros. El periódico valía muy poco: ha pedido dinero durante muchos años y tiene una situación económica complicada”, le dijo meses después José Luis Bastante, Consejero Delegado de Epalisticia, al periodista Jesús Yagure, de Runrun.Es, en una entrevista en la que revela que en realidad Espalisticia fue contactada por unos “inversores internacionales” –cuyos nombres él no puede revelar por un acuerdo de confidencialidad– para que “hicieran una gestión técnica, sobre todo económica y de empresa” en la compra de El Universal, pero que “ni yo ni mis socios, ni Eduardo ni José Antonio (…) somos accionistas ni tenemos participación ni hemos comprado ningún periódico”. “–¿Epalisticia se creó para comprar este medio?”, le preguntó Yagure “–Sí.”, respondió, tranquilo, Bastante. Es decir que al final –hablando de cuentos– Espalisticia resultó no ser la dueña del diario, ni esos inversionistas, cuyos nombres se mencionaron en la portada, los propietarios, sino intermediarios usados por otros fantasmagóricos “inversionistas” para comprar El Universal. ¿Quiénes son finalmente los dueños y de dónde salió el dinero? Secreto de arcano.

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“Se define como un hombre austero y sencillo, cuya zona de confort se sitúa (…) en el bajo perfil y en el culto activo de su fe cristiana (…) Contralor del estado Lara, Viceministro de Desarrollo Urbano, senador independiente por AD y profesor universitario. Ingeniero Civil de la UCV (…) [con] postgrado en la Universidad de Saint Thomas (Minessota), en los últimos tres lustros se ha dedicado a asesorar empresas en materia de restructuración financiera”. Con esas primeras líneas arrancó la presentación en sociedad de Jesús Abreu Anselmi. Fue en la edición del domingo 13 de julio, de la mano de Roberto Giusti, el gran entrevistador del diario, con titular de apertura y gran foto de portada. En el coloquio Abreu respondió de modo bastante parco y manteniendo siempre una línea discursiva muy técnica. Allí se presentó simplemente como un gerente que fue llamado por unos inversionistas para tratar de levantar una empresa recién adquirida por ellos –a quienes parecía no conocer casi– y en cuyo proceso de negociación nada tenía que ver y nada sabía. En cuanto al diario y su línea editorial, mencionó un par de veces la palabra “imparcialidad” y dijo que debía ser “absolutamente objetivo en el plano de la política”, que la unidad de investigación funcionaría tal como lo había ido haciendo, que se elevaría el nivel informativo en economía, energía y ambiente; que estarían al servicio de todo lo que significara progreso; que serían críticos del gobierno “y de todo aquello que sea necesario criticar”, y que el objetivo del periódico “no es hacer actividad política” sino suministrar información veraz y objetiva.

De lo que no se habló ese día –a fin de cuentas era su día– fue de lo publicado por El País de Madrid el sábado anterior: “en épocas más recientes Abreu ha estado vinculado con la nueva burguesía surgida al amparo del chavismo. Desde hace par de años funge como director suplente del circuito radial FM Center, con casi 50 emisoras en el país. Abreu es parte del 40% de las acciones adquiridas por el empresario Rafael Sarría, que mantiene estrechas relaciones con el número dos del régimen, Diosdado Cabello. Una fuente de esa emisora confirmó a este diario que Abreu asiste a las reuniones de la junta cuando se ausenta Sarría”.

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“Lamento tener que informarle que debido a la reestructuración editorial que adelanta el diario El Universal se ha hecho una serie de ajustes y por esta razón ya no podremos darle curso de publicación a sus artículos temporalmente”. Esas líneas, firmadas por Miguel Mayta, Editor de Opinión, llegaron a los correos de 26 articulistas, que, entre el 10 de julio y el 03 de agosto, fueron removidos de la plantilla de opinadores.

Marta Colomina, cuyos textos llevaban años abriendo las páginas de opinión dominicales, renunció con una carta pública el 02 de agosto. “Las denuncias sobre articulistas censurados o despedidos por razones políticas han crecido significativamente (…) todos los censurados o sacados de las páginas de opinión son críticos del gobierno (…) en esas condiciones no puedo seguir escribiendo en El Universal, aunque mis artículos críticos, hasta la semana pasada, hayan salido sin censura alguna”, alegó.

Tres días después, en la portada de la edición del martes 05 de agosto, el periódico se defendió con una carta pública: “En los últimos días se ha presentado una serie de inconvenientes en la muy importante sección de Opinión de El Universal a partir de la entrada en vigencia de nuevas normas para el tratamiento de los artículos, que implican, como ya se dijo, retomar el Manual de Estilo y (…) rescatar el equilibrio necesario”, decían. “En la nueva etapa de El Universal hemos advertido muestras palpables de violaciones, por lo que el periódico declinó las publicaciones que no responden al código ético”. ¿Cuáles eran las máximas de ese código ético? Según explicaban: “balance”, “equilibrio”, “buen uso del lenguaje”, “respeto” y “guarda de la honra de terceros”.

“El Papa Francisco nunca podría escribir en El Universal, porque ese sí que utiliza adjetivos calificativos para describir a los corruptos” fue la respuesta que dio al editorial la periodista María Denisse Fernández, quien escribía semanalmente de religión e iglesia y fue una de las primeras despedidas por una serie de artículos en los que públicamente pedía oraciones por la conversión de los corruptos –“Rezaremos mucho por ustedes. Ojalá puedan arrepentirse de corazón, pedir perdón y devolver todo lo robado”, era el cierre del último texto, que nunca llegó a ver luz–.

“¿Qué es opinión hoy en día? Esa es una buena pregunta”, dice Ernesto Ecarri. “Con Opinión lo que hicieron fue buscar temáticas distintas, tratar de que no todo fuese negativo. De alguna manera es hacer un periódico que no moleste”, manifiesta. Disertaciones sobre las selfies, disquisiciones bizantinas sobre los dilemas morales del mundo, la hipocresía de la humanidad, el mal que hace el tabaco o las mentiras que todos nos creemos, son algunos de los temas que ahora se pueden leer en dichas páginas, que, efectivamente, molestan poco.

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“Está fuerte”, fue lo que dijo Jesús Abreu Anselmi, según el deslenguado portal de Juan Carlos Zapata, cuando vio la caricatura que saldría en la edición del 18 de septiembre. Una caricatura en la que hay dos electrocardiogramas: el primero –Salud–, con sus picos altos y bajos; el segundo –Salud en Venezuela–, totalmente plano, muerto y partiendo de la firma de Hugo Chávez. “Está fuerte”, dijo, pero se publicó. En la tarde, no obstante, al llegar de una reunión fuera del periódico –siempre según Zapata–, Abreu llamó a Elides Rojas y le pidió que botara a Rayma Suprani, la caricaturista estrella de El Universal.

“Me llamó mi editor para informarme que el nuevo director, el Señor Abreu, se había molestado mucho con la caricatura (…) me imagino que el chavismo, que es quien está detrás de la compra de El Universal, se molestó porque existía un dibujo muy crítico ante la situación de la salud, y se estaba usando la firma de Chávez, que es una de las iconografías que han intentado elevar hasta lo celestial, que es como la firma de Mahoma, algo intocable, y yo traté de desmontar esa forma religiosa de ver ese grafismo”, explicó ella la mañana siguiente en el programa radial de César Miguel Rondón.

“Rayma está muy bien botada. Desde hace meses ella venía haciendo todo lo posible por ser botada con el propósito de obtener que la liquidaran doble (…) Permanentemente retó a la directiva, publicando las caricaturas que quiso con el contenido que quiso”, escribió en su cuenta personal de Facebook Arturo Casado, Vicepresidente de Mercadeo, quien, sin embargo, renunció ese día. “Desde el poder siempre te van a decir que te buscaste lo que pasó. Como el caso del violador y la muchacha con mini-falda. Rayma lo que hizo fue hacer su trabajo, lo que hacía todos los días. Siempre fue muy rebelde y muy radical, nunca fue suave, siempre fue frontal contra lo que no estaba bien”, la defiende Ángel Gómez, quien para la fecha era reportero de Cultura.

“Ella llegó a publicar una caricatura, que el periódico no impidió, en la que presentaba como una rata peluda al Presidente del Periódico”, alegó Casado como prueba de hasta dónde había llegado la caricaturista. Se refería a una curiosa pieza publicada el domingo 24 de agosto que para muchos pasó inadvertida: en ella tres personas, dos hombres y una mujer –¿Elides Rojas, Miguel Sanmartín y Taisa Medina?–, están sentados en una mesa –¿la Mesa de Edición?– y frente a ellos está un cuerpo de manos y torso peludos escondido tras la pantalla de un hombre afable –¿Abreu?– que dice: “¡Muy buenas tardes! Soy el nuevo inversionista”. “Eso ningún editor del mundo lo hubiera aceptado”, jura Casado. “Cuando lo que no está bien está dentro de tu casa, tú tienes que atacarlo, y fue lo que ella hizo. Estando dentro no tuvo ningún tipo de prurito en cuestionar lo que estaban haciendo con el periódico”, continúa en su defensa Ángel Gómez.

El coro pasa por encima de los supuestos intereses crematísticos de la caricaturista, pero confirma que sí, que ella jugó duro. “Rayma nunca tranzó con nada ni con nadie. Ella siguió haciendo caricaturas fuertes, incluso más fuertes, a pesar de los múltiples llamados que le hacían”, comentan. Y ella lo acepta sin ningún problema: “Después de la venta, mi trabajo se empezó a ver de manera crítica (…) en el periódico me empezaron a decir que si podía bajar la nota”, reconoció ante Cala en CNN. Pero no lo hizo: “Yo decidí que no iba a suavizar mi línea”, le confesó a César Miguel Rondón. “Mi posición era que seguiría en El Universal mientras pudiera publicar mis caricaturas con la libertad que siempre tuve, sin hacer concesiones con esa manera de pensar aguda que he manejado en estos años”. Y así fue.

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“Es de las secciones más leídas del periódico (…) sus fuertes son el análisis y el seguimiento continuo”. Así les vendieron el primer día de la preventa de 2015 a los anunciantes la que era –siempre lo había sido– una de las fortalezas del diario: la sección de economía, una de las mejores –si no la mejor– del país, que Abreu había prometido reforzar en su entrevista con Giusti, y que en tiempos de grave crisis resultaba bastante incómoda.

La noche del 14 de agosto una nota de la sección fue mandada a sacar. Estaba firmada por el corresponsal del diario en Guayana, y reseñaba los conflictos surgidos a partir de la firma del contrato colectivo en Sidor: los trabajadores se sentían estafados por la representación sindical y habían protestado. En su lugar, se publicó la nota de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), que sólo reflejaba la versión oficial, en la que se hablaba de un “triunfo de la clase obrera” –así lo celebró en su twitter la Ministra de Comunicación, Delcy Rodríguez–.

Eso marcó, de algún modo, el principio del fin de Economía, que en noviembre terminó desmantelada. Todo a punta de eufemismos –“si el precio del petróleo bajaba, no se decía que bajaba o que cayó, sino que se ubicó”, dice el coro–, de veto a fuentes –“Ecoanalítica y Econométrica no se debían citar porque eran de oposición”–, prohibición de uso de cifras extraoficiales –“no se podía publicar nada que no estuviera respaldado por número oficiales, y el Banco Central de Venezuela desde enero no los publica, entonces las informaciones sobre inflación o escasez sencillamente no salían”–, exigencia de notas educativas y “planas” en detrimento de las de carácter noticioso  –“a juicio del presidente de El Universal se debían llenar los espacios del periódico con informaciones relacionadas, por ejemplo, con la extracción de petróleo y hierro”, contó su editora al IPYS–, y constantes cambios de títulos y sumarios, que contradecían la información de las notas –“Petróleo venezolano se ubica en $77,65, tras leve repunte ayer” fue el título que le pusieron a una información que, líneas más abajo, decía: “la cesta petrolera venezolana perdió 5,07 dólares para cerrar este viernes en 77,65 dólares por barril, el valor más bajo registrado desde la segunda semana de noviembre de 2010” –.

La gota que derramó el vaso fue el caso de una información publicada el 10 de noviembre, en la que se decía que la hallaca de Mercal había subido 201,2%. El cálculo era de la reportera, que lo sacó comparando el precio del año anterior con el anunciado ese día, y que molestó mucho a Abreu: “El propio diario hace unos cálculos sobre inflación y diferencia de precios que son el aporte anti-gobierno de nuestra propia calculadora e intención. A eso es a lo que me refiero con bajarle el tono (…) si hay alguien que quiera opinar sobre eso, que lo haga y se agrega (…) pero atribuido a un tercero, no al periodista y a su iniciativa”, fueron sus palabras de acuerdo con una nota de protesta enviada por el equipo a la Mesa de Edición, cuyo silencio y falta de respuesta llevó a la editora de la sección, Carmen Rosa Gómez, a renunciar. Con ella se fueron dos integrantes, y luego los otros. El “equipo de reporteros especializados [que] permite ir más allá de la noticia” –palabras de la preventa– desapareció. “Hubo que contratar un personal nuevo, que no maneja nada de los temas económicos puros y duros, y que ha suavizado mucho la sección”, cierra el coro.

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“Nosotros, periodistas e integrantes de la redacción del diario El Universal, queremos expresarle al país en general y especialmente a los lectores que nos han acompañado con su confianza por décadas, nuestra preocupación por los cambios que se han registrado en los lineamientos dictados para el ejercicio de nuestras labores”, escribieron los periodistas en un comunicado público al día siguiente del problema de Sidor.

Se referían a cambios como el de aquella noche, y a otros bastante notables como los que se veían en las portadas –“los redactores no somos responsables de la jerarquización y distribución de los contenidos de la primera página del diario, ni ahora ni antes”, se vieron obligados a aclarar en un comunicado posterior–, que empezaron a llenarse de información oficial, a abrir con declaraciones favorables al gobierno –“Le apuesto al éxito de Maduro porque su fracaso nos haría mucho daño” (Vladimir Villegas, 14/09/14)–, promesas a futuro –“Dos trenes para ferrocarril del Tuy llegarán en 9 días” (29/09/14)–, información internacional intrascendente –“Triunfo conservador en las elecciones generales británicas” (8/05/15)–; en las que no se volvió a ver una foto de una cola o de una protesta y sí varias y grandes gráficas de eventos deportivos, actividades al aire libre y cosas triviales. “Las páginas, que deberían estar llenas de información, las han llenado de cosas banales, todo ello para silenciar. Tengo 19 años en esa redacción, y en un país como el que vivimos, tener una portada con todas las misses visitando la redacción de El Universal… Bueno, eso lo dice todo”, le comentó Rayma a César Miguel el día posterior a su despido.

Cambios también apreciables como los de la titulación de las informaciones, cuyo estilo fue modificado. “El periódico estaba acostumbrado a una manera de titular en la que no había problemas en ser confrontadores, eso se trató de bajar y eliminar, se nos pedía que fuéramos lo más neutrales posibles, que buscáramos una posición de equilibrio”, revela Ernesto Ecarri. Y para botón de muestra el que dio Roberto Deniz, a la sazón reportero de Economía, quien el 29 de octubre denunció en su cuenta de twitter que una nota titulada: “Venezuela en el último lugar en derechos de propiedad” fue publicada al día siguiente con el título: “Presentan informe de índice de derechos de propiedad”.

Cambios inexplicables como la minimización –casi eliminación– de la sección Sucesos. “Quedó reducida a media página junto con la sección Caracas. Las notas nos las pusieron en la parte baja”, cuenta Thabata Molina, ex reportera de la fuente. Problemas de papel, alegaban, y se entendía. La crisis existía. Lo que no se entendía es que habiendo tal crisis, sin casi espacio, se ordenara que allí, en esa misma página –en la que se tenían que condensar los crímenes de una de las capitales más violentas del mundo junto con el día a día de una urbe tan caótica– fuera mandada a incorporar también una sección llamada “Historias de Vida”, en la que diariamente se publican testimonios de lucha y superación de gente común y corriente. Esa sección ocupa por lo menos el 25% de la página, es inamovible –“orden del presidente Abreu” –, tiene llamado diario en portada, y se publica, además, en el cuadrante superior derecho, de todos el más visto. Ello, mientras en Sucesos “muchas informaciones quedan fuera y las importantes reducidas a micro notas de 600 caracteres”, dice Molina.

Cambios zalameros, como el de Cultura, que pasó a ser, prácticamente, el boletín del Sistema Nacional de Orquestas, dirigido por José Antonio Abreu, hermano de Jesús Abreu. “El Universal se forzó para que se convirtiera en un medio institucional del Sistema de Orquestas”, afirma Ángel Gómez, quien fuera reportero de la fuente. “Desde la llegada de Abreu hubo una tendencia a apoyar el Sistema, a publicar más cosas del Sistema. Su aparición se convirtió en algo grosero. Llegamos a un punto en el que hasta se fijó una agenda semanal de entrevistas de personalidad a figuras importantes del Sistema” prosigue Gómez, quien se las vio negras para poder publicar un diálogo con Gustavo Dudamel, director de la Sinfónica, en el que le preguntó sobre política. “En la tarde se me instó a que eliminara esas preguntas del cuestionario. Yo dije que no. Desde la coordinación de la sección se me apoyó. Se le hizo creer a la Mesa que ya se habían podado las preguntas, cuando en realidad no fue así, y salieron”, recuerda. Un despliegue inusitado de recursos –con un drone incluido, para tomar una foto de la Orquesta en la terraza– se llevó a cabo cuando fueron a dar un concierto en la sede de El Universal.

Cambios curiosos, como los sucedidos con las fotografías de ciertos personajes del gobierno, que comenzaron a aparecer con mucha y mayor frecuencia y casi siempre en poses sonrientes y favorables –“la orden es que no salgan nunca con malas caras”, juran en el coro–. Eso por no hablar de la lista de intocables, encabezada por Diosdado Cabello –“hubo una amenaza de demanda contra el diario luego de que se publicara la foto de una protesta en la que aparecía una pancarta que decía ‘Diosdado explotador’, desde ese entonces ni se le menciona”, susurran– y en la que se encuentran, además, otros personajes como Miguel Rodríguez Torres, ex Ministro de Interior y Justicia –“se me dijo abiertamente que él era intocable”, revela Molina–, Jorge Rodríguez, Alcalde de Caracas –“pasamos de tener una campaña de denuncia sobre las fallas de su gestión a estar todos con Jorge”, no se lo cree el coro–, la Ministra de Defensa, el director del Sebin, y prácticamente cualquier alto funcionario, que suelen ser tratados con guantes de seda. Que lo diga Elías Jaua, Ministro para las Comunas, cuya empleada doméstica, capturada por las autoridades de Brasil con un arma, pasó de ser, en la primera versión de una nota montada en la web, “niñera de Jaua”, a simplemente, en la segunda versión, “empleada de un alto funcionario” cuyo nombre desapareció y nunca se mencionó en el texto.

Y cambios enigmáticos, como el ocurrido el 16 de agosto, cuando, para recordar los diez años del Referéndum Revocatorio que reafirmó en su mandato a Hugo Chávez, se publicó una entrevista con Hugo Cabezas, jefe de la Onidex para ese entonces y presidente de la Corporación Maneiro, el monopolio estatal dueño de todo el papel periódico en Venezuela. Extraño no tanto por el entrevistado y el motivo –que también– sino, sobre todo, por quien firmaba la entrevista: Ricardo Villarroel, articulista de Aporrea, quien no pertenecía a la plantilla del diario.

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“Los tres se cambiaron el chip. Ahora cuando les presentamos o proponemos algo sus argumentos son: ‘no, eso puede generar zozobra’. ¿Pero cómo generar zozobra si eso era algo que publicábamos antes y no pasaba nada? Se comprometieron con la defensa de la Libertad de Expresión y eso no ha pasado. No están defendiendo absolutamente nada, sólo sus puestos”, brama el coro en contra de Elides Rojas, Miguel Sanmartín y Taisa Medina, cabezas de la redacción. Ernesto Ecarri, que estuvo allí, que en algún momento fue parte de la Mesa de Edición, es quien coloca los matices de grises en tan oscuro asunto, que él, sin quitarle seriedad, plantea como un juego de sobrevivencia, estratégico, bastante complejo y con el final cantado: “El criterio que primó en el caso mío y de todos los de la Mesa para seguir allí y asumir el cargo fue preguntarnos qué era preferible: irse y que viniera otra persona sin tus principios y valores e hiciera lo que le viniera en gana, o estar allí y no plegarte, sino tratar de sobrevivir en esa situación, en ese periódico, que no es el de antes, y hacer lo que buenamente se pudiera, cuidar ese espacio que tenías, preservar esos puestos de trabajo. Al final todos íbamos a morir y nos íbamos a ir del periódico, la cosa en ese momento era tratar de encontrar la mejor manera de irse; ese terminó siendo el gran dilema del periódico, de todos”, alega.

“Tú vas a la Mesa de Edición, que había prometido que iba a defender a los periodistas, y no lo hace: lo único que hace es cumplir órdenes y ya. Cambian y ponen cosas dependiendo de cómo lo manden”, sigue, indignado, el coro. Ecarri dice que no, que así tampoco, que la pelea se da, aunque hay un punto en el que la pierden. “Yo recuerdo haber tenido una discusión en febrero, de las últimas en las que participé, en la que llegamos al acuerdo de que toda información que mereciera ser publicada no iba a ser sacada del periódico; eso no significaba que no se le diera la vuelta, pero no salía del periódico, que era al final lo importante; entonces, a partir de allí tú podías negociar. Sin embargo, llega un punto en el que eso se cae por su propio peso, porque había un mandato bien claro de hacia dónde querían que fueran las cosas y esa pared ya tú no la podías romper”.

“La relación entre la redacción y la Mesa cambió muchísimo. Y ellos están al tanto de que con nosotros perdieron credibilidad en muchísimos aspectos”, sigue desahogándose el coro. Y allí, Ecarri asiente comprensivo. “Hubo momentos en los que era lógico que del lado de los reporteros se resintieran de que yo defendiera lo que defendía, que no fuese tan vehemente en el reclamo de ciertas cosas, pero es que estábamos jugando un juego de sobrevivencia”, insiste. “A mi entorno llegaron incluso cuentos sobre cómo yo me había vendido. La verdad, no me sentí cómodo jugando ese rol, pero era el que tenía que jugar. Aguanté siete meses y no puede más: en un momento me sentí incomprendido, que lo que estaba haciendo no tenía valor. Sin embargo estoy tranquilo con mi conciencia: jugué hasta donde pude”.

Para terminar de zanjar el asunto, Ecarri propone una metáfora bastante gráfica: “Cuando vendieron el periódico a cada empleado le dieron un chicle y cada quien lo estiró hasta donde pudo: unos más otros menos. Es lo que pasó con Economía y Rayma: se rompió a las primeras de cambio”, termina Ernesto. “Lo que me cuesta entender es de qué tamaño es el chicle de Elides Rojas, a quien aprecio y admiro mucho, y del resto de la mesa, porque ha habido atropellos profesionales hacia ellos. Cuando te cambian un título te están violando como editor, tú no puedes permitir eso, y si te quedas, lo estás avalando”, cierra Ángel Gómez.

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Como toda tragedia, esta también tiene un canto coral de cierre. En este caso, un collage de voces y citas –todas dichas por las fuentes, de todas se tienen registros– en las que queda de manifiesto la penosa realidad de El Universal hoy en día.

“No hay inversión por ningún lado”. “Allí no se ha comprado ni un televisor, ni una computadora nueva. Siguen los mismos problemas de siempre”. “El departamento de fotografía trabaja apenas con 3 cámaras”. “Los chamos de multimedia trabajan con las uñas: tienen apenas una cámara para grabar videos”. “Dos veces se les ha vencido la factura del servidor de video, y han tenido que salir corriendo a pagarla”. “No han comprado ni un carro nuevo”. “En el estacionamiento hay una camioneta parada desde hace un año porque le falta una bujía y no la mueven”. “Para comprar un caucho no tienes idea de todo el proceso por el que hay que pasar para que aprueben los recursos”. “Hay una camioneta que chocó un transportista al que iban a robar y está allí, chocada”. “Cuando llamaron al seguro le dijeron que no tenía seguro”.

“En la preventa lo que se vendieron fueron los obituarios, ese fue el punto fuerte”. “Lo que ofreció la preventa fue una garantía de inversión –‘si no circulo como te estoy diciendo, te devuelvo los reales’–, no un servicio de promoción, de publicidad, nada”. “Es que el periódico no tiene nada que ofrecer”. “Había pasado más de un año y seguían vendiendo la Biblia: ¡eso era un plan de la administración anterior!”. “Aquí no hay nada nuevo que proponer, no hay un elemento, no hay un cuento nuevo, nada”. “Y además acabaron con los platos fuertes, que eran Economía y Opinión”.

“Sé que muchos se sienten incómodos pero no les recomiendo que haya una estampida masiva porque el periódico no está en capacidad de pagar arreglos para todos y podría fácilmente declararse en quiebra”. “Desde julio ha habido como 40 o 50 renuncias de periodistas y altos cargos”. “Casi todos los que se han ido son personas con trayectoria, periodistas que conocen su fuente”. “Todo el grupo de corresponsales del interior quedó desmantelado”. “Te metes en la página de contactos de El Universal y vas a ver a un montón de gente que ya no trabaja allí”. “Ha habido una fuga paulatina de talento”. “Los cargos de los que se van quedan congelados, no contratan a nadie para que los reemplace”. “Sólo contrataron a gente en Economía porque eso quedó vacío y había que meter a alguien”.

El Universal perdió su público”. “Nuestro lector tradicional, del 95 para acá, que era un poco más confrontador, se alejó, se fue; y el lector pro-gobierno no nos va a comprar. Y no tener ni a uno ni a otro es difícil”. “Los lectores te lo dicen en la calle: ya no compro más El Universal”. “El tiraje ha disminuido bastante por la falta de papel. El periódico circula con muchos menos ejemplares”. “Si antes circulábamos un domingo con 200.000 ejemplares, ahora es con el 50% menos”. “Y las devoluciones han seguido aumentado de forma significativa”. “El Universal sencillamente no se vende”. “La venta neta podría estar en menos de 20.000 ejemplares de lunes a viernes”. “¿En este momento histórico el periódico se está haciendo para la gente? No. ¿Lo va a comprar la gente? No”.

“Desde que llegó Abreu las decisiones sobre temas importantes se toman a última hora”. “En la reunión de la mañana aprueban un tema y a las 5, con la página lista, él la lee y manda a sacar cosas sin pensar que a esa hora los periodistas ya no estamos o no hay información de calidad con qué llenarla”. “Nadie entiende cómo hace los cambios: hay días en los que deja pasar unas informaciones y días en los que no”. “Un día le gusta una cosa y otro día le disgusta”. “Su frase favorita cuando se le propone un tema complicado es: ‘¿Y para qué nos vamos a meter en eso?’”. “Ni siquiera la gente de la mesa lo entiende: los llama en la noche a la redacción, y ellos no saben por qué”. “Hay momentos impresionantes: 18, 20 llamadas en una noche”. “‘Cambia, quita, pon, esto ya no me gusta, dale la vuelta. No me gusta que le des tanto espacio a esto, quítalo, no lo publiques’”. “Se está manejando todo sin un objetivo específico: nadie ha logrado descifrar cuál es la línea del periódico”. “Al final nadie tiene claro a quién responde este nuevo proyecto: es una cosa extremadamente difusa”. “La idea es tratar de pasar lo más desapercibidos posible”.

“El periódico no está dando información”. “En el momento actual no refleja la realidad venezolana”. “De la noche a la mañana pasamos a vivir en Suiza: sólo se publican las cosas buenas y positivas”. “No salen las colas, ni el desabastecimiento, ni la crisis”. “Están pasando muchas cosas que no se están reflejando en el periódico”.  “Se hizo una recomposición para tratar de pasar las informaciones que generaran menos resistencia al gobierno”. “Cuando haces propaganda en tu primera plana estás declarando tus principios”. “Ahorita el periódico es un panfleto”.

“Lo vendieron para salir de una empresa que no daba resultados, y lo compraron para coartar y tomar un medio que hacía contrapeso”. “Económicamente, comprarlo fue un mal negocio; políticamente hicieron lo que necesitaban: quitarle al país una de las bases más importantes que tenía para el flujo de información”. “Hasta ahora lo que hemos visto es que lo compraron para silenciar la voz disidente al gobierno”. “El objetivo era frenar, darle cabida a otro tipo de vocería y eliminar la que tenía cabida allí”. “Es una forma de decapitación muy sutil: el gobierno compra el país con el dinero del país”. “Desmontar un periódico de 105 años no es tarea fácil y eso es lo que quieren: ir desmontando el medio sin que nadie se dé cuenta”.

Pero todavía hay quien lo ve e incluso quien lo cuenta.

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