Tras la tormenta – Rubén Blades

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Temas que le canten a la esperanza no faltan. Es uno de los grandes tópicos de la música. Canciones sobran que nos invitan a ver el azul del cielo, el vuelo de las aves, la sonrisa de un niño, el verde de una montaña, a recordar lo bueno que es estar vivos y a no dejarnos vencer por la tristeza y los problemas, sino a recordar que el sol siempre sale para todos y la luna también. Vale. Esta es una canción que por género se inscribe dentro de la categoría de ‘esperanzadora’, pero con una particularidad: que mezcla la esperanza con la lucha. No es del tipo todo-va-a-estar-bien-sigue-adelante-corazón-porque-milagrosamente-todo-se-va-a-arreglar, sino que es realista: te dice que las cosas están mal, que hay que hacer algo para que se arreglen, y que solo quien lo haga, aguante y resista será quien reciba la recompensa.

La canción tiene mucha letra, pero lo fundamental se concentra bien en el coro y las dos estrofas:

Siempre aparece el sol, tras los aguaceros
Siempre, tras la tormenta llega la calma
Después de los tiempos malos, llegan los buenos
Y premian a los que no rindieron sus almas

Las tres primeras líneas se podrían inscribir dentro de la categoría de los lugares comunes. El sol tras el aguacero; la calma tras la tormenta; los tiempos buenos tras los malos. Nada que no se haya escuchado antes. Son imágenes comunes, pero no malas, y que no por muy usadas dejan de tener eficacia, de reconfortar. Sin embargo, lo mejor está al final: “premian a los que no rindieron sus almas”. Aquí está la clave. La recompensa no es gratuita ni será dada a todos, solo a un grupo particular: los que no rindieron sus almas; es decir: los que no tiraron la toalla ni se echaron a morir, los que lucharon y se sobrepusieron, los que no se vendieron ni se dejaron vencer. Es muy realista y poderosa esa línea: hay esperanza (recompensa) pero condicionada a la lucha (no rendirse).

Sé lo difícil que es vencer al silencio
Y el enfrentar al pasado con sus errores
Lo fácil que es olvidar al ejemplo bueno
Lo duro que es admitir equivocaciones

Esta es otra estrofa de antología, por lo realista, ya que habla lo que cuesta hacer las cosas bien, lo difícil que es. Quien canta, como un padre, como la voz de la conciencia, como Morgan Freeman en algún personaje, aparece diciéndote que sí, que es duro, que callar es y será siempre un gran refugio, una cómoda zona de confort; que enfrentar los errores del pasado es igual de arduo; que el ejemplo bueno, más cuando todos hacen lo contrario, es muy fácil de olvidar; y sobre todo que reconocer, que admitir los propios errores, las equivocaciones, es duro. Traza a su vez una hoja de ruta: vencer al silencio, enfrentar al pasado, recordar el bien ejemplo y admitir las equivocaciones. Algo que cuesta hacer, pero que cobra sentido en la siguiente estrofa:

Pero los golpes son los que nos enseñan
que nunca aprende el que a la emergencia le sale huyendo
Por eso hay que dar la cara ante la tormenta
Con nuestro amor y fe por bandera y de frente al viento

 

Aprender de los golpes, que no es lo mismo que a los golpes. Cuidado. ¿Qué se necesita para ello? Valentía. Gallardía. Resistir: “Nunca aprende el que a la emergencia le sale huyendo”. Otro llamado a aguantar, a “dar la cara ante la tormenta (…) de frente al viento”. Pues eso. A aprenderlo de memoria y repetirlo como un mantra.

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