Una conversación radical (y III)

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

[Puedes leer la parte II aquí]

“Vamos a suponer que te creo, y que los líderes de la MUD no son unos vendidos”, sigue Carlitos. “Ok”, le respondo. “Entonces tendrás que reconocer que son una cuerda de inútiles”. “Allí creo que podríamos coincidir”. “¡Aleluya!”, exclama. “Pero con algunos matices”, le digo. Pone cara de aburrimiento. “¿Cuáles?”. “Pues mira, que tanto como cuerda de inútiles tampoco. Ciertamente hay gente que deja muchísimo que desear”. “Ya vas a empezar a defenderlos”. “No. Pero es que hay de todo. A lo largo del tiempo la oposición ha cometido errores fatales, ha tenido gente inexplicable en sus filas”. “Vámonos pa’l presente que el pasado está muy lejos”. “Bueno, el presente es que Capriles, Leopoldo o a Ramos Allup, cualquiera de ellos, podría ser un buen presidente”. “Porque María Corina no”. Me río. “A mí con ella me pasa una cosa rara”, le confieso. “¿Qué?”. “Que así como me entusiasma me desencanta. Todo a partes iguales. A veces le tengo fe y a veces se la pierdo toda”. “Como yo con Capriles, mira”, me lanza la punta. “Ya va, ¿acabas de reconocer que le has tenido fe a Capriles?”, y exagero para fastidiarlo. “De una semana para acá, cuando se puso los pantalones. No vayas tampoco a emocionarte, que yo sé que tú eres un capri-believer”. “jajaja, ese es el nuevo insulto con el que todos me vienen, ahora que lo que escribo se manda por cadenas de Whatsaap”. “Pero es que tu sudas caprilismo”. “Nada que ver. Me parece que le ha echado bolas, que tuvo el valor de irse por el camino más impopular de todos, y que ha tenido la coherencia que otros no”. “¿Y qué camino era ese?”. “El electoral”. “¿Y pa’qué quiere elecciones si después de ganarlas no las cobra?”. “Pregúntaselo a él”. “A ti que trabajaste con él en esas elecciones”. “En su comando, no con él”. “Y las ganaron y se las dejaron quitar, porque el tiempo de Dios era perfecto y después vendría el chance de hacer otras elecciones para dejárselas quitar otra vez”. “No sé. A ver. Yo salí del comando convencido de que habíamos ganado las elecciones pero sin tener como probarlo”. “Marico, ya. Para. No me digas eso que me das más arrechera”. “¿Por qué pess?”. “Porque de pana son unos inútiles”. “Bueno. Allí hubo gente que estuvo dos semanas contando actas hasta las 3 de la mañana. No fue flojera tampoco”. “Inutilidad, que es otra cosa”. “Igual, es solo una sensación. Nunca tuve información real de que ganáramos o cosas así”. “No. De bolas. Es más fácil pensar que perdieron a que por inútiles se la dejaron robar”. “Bueno, bro, usted lo dijo: vamos pa’l presente que el pasado está muy lejos”. “Claro, pero si en el pasado se hubiera hecho lo que era, el presente sería muy distinto”. “¿Vas a seguir con eso?”. “Es que es muy fácil cambiar de tema cuando no se tiene la razón”. “Y más fácil es criticarlo todo y no comprometerse con nada”. “No lo dirás por mí”. “Pues yo en 2014 estaba trabajando en un Comando de Campaña, no sé qué hacías tú”. “Votar”. “Ah, votar”. “¿Y qué más iba a hacer?”. “Hubieras podido ser testigo, movilizador, voluntario, podías haberte ofrecido para contar actas. Trabajo no faltaba”. “Pa’que luego saliera Capriles mandando a bailar salsa en lugar de mandarnos pa’la calle”. “Capaz si nosotros los inútiles hubiésemos contado con personas útiles como tú, y hubiésemos conseguido las pruebas, habríamos salido a la calle. Pero si los que son útiles no colaboran, solo quedamos los inútiles para hacer lo que podemos”. “Ya te picaste”. “No, pero no me vengas con esa. De pana es muy fácil hablar y no hacer nada”. “Exacto, como la MUD con el diálogo: hablar pa’no hacer nada”. “¿En qué momento volvimos a esto?”. “Te estoy lanzando un salvavidas pa’que no te enfrasques en una discusión que tienes perdida”. “¿Porque la del diálogo la tengo ganada?”. “Esa la tienes más perdida que en la otra”. “Pues te digo una vaina: cruza los dedos para que el diálogo funcione y termine en elecciones, porque si no lo que viene es duro”. Entonces me da la mano. “Sigue soñando, genio. Esto se acabó cuando se sentaron. De aquí hasta 2019, y mosca y gana de nuevo”. “¿Entonces si hay marcha a Miraflores no vas?”. “Yo sé que no la va a haber, pero igual no iría. Que pase lo que tenga que pasar. Ya no me importa. A mí me perdieron para siempre”. “Menos mal que tú no eres el país”. Y allí nos despedimos.

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