Laura no está – Nek

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Que Laura no está, que Laura se fue es una de las pocas certezas que tenemos los que crecimos en los 90’s. Una verdad musical y generacional que está grabada en nuestra memoria, y que nos enseñó un italianito llamado Filippo Neviani, al que todos conocimos por Nek, y del que, a pesar de seguir activo (en octubre sacó otro disco, el número 13 de su carrera), más nunca hemos vuelto a saber.

Es un tema de despecho y de desprecio. De un hombre al que abandonan, que sigue enamorado de la mujer que lo dejó, pero que no pierde la oportunidad de estar con otra. Hasta aquí todo (o casi todo) bien. Un clavo saca a otro, ya se sabe. Sólo que quien canta no tiene la intención de sacarse a Laura, sólo pasarla bien un rato y ya. Y así lo hace saber, se lo hace saber, a esa mujer. Es honesto, sí, como el que más, pero con una honestidad que se acerca al descaro, raya en el cinismo y deja ver en el fondo un cierto desprecio por ese otro clavo al que constantemente le echa en cara que no vale la mitad de lo que Laura.

Laura no está, Laura se fue
Laura se escapa de mi vida 

¿Qué tuvieron esas primeras líneas para hacernos reaccionar como el perro de Pavlov y saltar a decir un “Laura (o fulanito) se fue” nomás escuchar que Laura (o fulanito) no están? Misterios del modo de ser de los mortales, que diría el Pascual Duarte de Cela. Pero lo cierto es que esa primera frase, sin ser brillante, siendo más bien sencilla y simple, quedó convertida en una de antología, casi célebre.

y tú que sí estas, preguntas por qué
la amo a pesar de las heridas.

Aquí ya vamos empezando a divisar los primeros vestigios de conflicto. Hay cuentas claras, sí: ella sabe de Laura, sabe que existió, que lo hirió y, peor aún, que la ama. Que todavía la ama. Y, claro, inquiere, fastidia. Serán unas preguntas amargas: ¿por qué la amas? Ella te hizo daño, te causó heridas, ¿por qué la amas?, ¿por qué no a mí que estoy aquí?

Lo ocupa todo su recuerdo
no consigo olvidar
el peso de su cuerpo.

Él se reafirma en lo mismo. Laura está presente, omnipresente, lo ocupa todo. Curioso que lo inolvidable sea precisamente el peso de su cuerpo. Esto, comparando mujeres, podría ser una alusión indirecta (y corrosiva) a otra cosa.

Laura no está, eso lo sé
y no la encontrare en tu piel
es enfermizo, sabes que no quisiera
besarte a ti pensando en ella.

La primera línea pareciera ser la respuesta a uno de esos reproches incómodos. Como si ella le estuviera machacando constantemente que “Laura no está”, y él, harto, le dijera: “eso lo sé”, pero luego se desquita, le clava la daga: “y no la encontraré en tu piel”. Duro, ¿no? “Es enfermizo, no quisiera”, dice apaciguado, como excusando, para luego volver con otro puñal: cuando te beso pienso es en ella. Sorry.

Esta noche inventare una tregua
ya no quiero pensar más
contigo olvidare su ausencia.

Se inventará una tregua. ¿Por qué? Porque no quiere pensar más. No por ella, por él: está cansado, pobrecito. “Contigo olvidaré su ausencia”: una línea utilitaria, ‘te voy a usar para’. Y no para ser feliz, construir un mundo juntos o una cursilería así. No. Nada de eso: para olvidarla a ella.

Y si te como a besos, tal vez
la noche sea más corta, no lo sé
yo solo no me basto, quédate
y lléname su espacio, quédate.

Es es el primer coro. Una suposición: si te como a besos la noche sea más corta. Nuevamente el fin utilitario: te voy a usar para que esa noche insoportable que paso recordándola a ella se haga más corta, pase más rápido. Para ver si. Porque tampoco tengo la certeza. “Yo solo no me basto”, ojo: no es quiero estar contigo, es que me fastidio solo y quiero llenar su espacio con alguien, por eso te pido que te quedes.

Laura se fue, no dijo adiós
dejando rota mi pasión,
Laura quizá ya me olvido
y otro rozo su corazón.

 

Y yo solo sé decir su nombre
no recuerdo ni siquiera el mío
quien me abrigara este frio.

Nuevamente volvemos a Laura, esa obsesión. Se fue sin despedirse, lo dejó roto. Él cavila en voz alta: quizás lo olvidó, quizás tiene otro. Y él obsesionado: sólo sabe decir su nombre, no recuerda ni siquiera el suyo. Y como corderito desamparado, se hace la pregunta: “¿quién me abrigará este frío?”. Nuevamente el yo como centro de todo.

Puede ser difícil para ti
pero no puedo olvidarla.
Creo que es lógico: por más que yo
intente escaparme… ella esta.

Después de otro coro viene esta estrofa, entre honesta, comprensiva y lúcida. Le concede que no debe ser fácil para ella, pero le dice la verdad (no puede olvidarla), y sigue mostrando lo obsesionado que se encuentra: “por más que intente escaparme, ella está”. Tenemos un problema Houston.

Unas horas jugare a quererte
pero cuando vuelva a amanecer
me perderás para siempre.

Esta es, quizás, la estrofa más dura de la canción. “Jugaré a quererte”: mi cariño es un juego, algo lúdico, de mentira y va a durar lo que dure la noche, porque cuando amanezca de nuevo ya no voy a estar, “me perderás para siempre”. Es honesto, sí, por lo menos, ¿pero eso se le dice a alguien? ¿No hay allí, en el fondo, un poco de desprecio?

Y si te como a besos sabrás
lo mucho que me duele este dolor
no encontrare en tu abrazo el sabor
de los sueños que Laura me robo.

En el tema, esta estrofa se canta con todo. Arranca como el coro, pero cambia inmediatamente. Ya no hay una suposición (tal vez), sino una certeza: sabrás. ¿Qué? “Lo mucho que me duele este dolor”. Una redundancia, una mala traducción quizás, una perogrullada que raya en la tontería, porque claro que los dolores duelen. Ella le da paso a la más incoherente de las líneas: “no encontraré en tu abrazo el sabor de los sueños que Laura me robó”. Y evidentemente: los abrazos no saben y menos los sueños, encontrar eso en un abrazo es imposible. ¿Quién permitió que eso se cantara así? ¿Quién dejó pasar por alto esa gran incoherencia? ¿Cómo esto se pudo cantar sin que nadie levantara la ceja al llegar a este punto?

Si me enredo en tu cuerpo sabrás
que solo Laura es dueña de mi amor
no encontrare en tu abrazo el sabor
de los besos que Laura me robo, me robo.

Otra primera línea demoledora, seguida de otra incoherencia. “Si me enredo en tu cuerpo, sabrás que solo Laura es dueña de mi amor”: o sea, ni sueñes, querida. Laura y solo Laura, más ninguna. Ni tú. “No encontraré en tu abrazo el sabor” (¡qué empeño en buscar sabores en los abrazos!) “de los besos que Laura me robó, me robó”. Aunque al menos hay una coherencia entre besos y sabores, por lo menos, es un cierre de regular a malo, con el que termina un tema que sonó y se cantó mucho.

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