Laura Pausini – Dos historias iguales

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Esta es una canción triste, que fácilmente puede pasar por una de despecho, pero que es mucho más que eso: es una reflexión surgida a partir de una ruptura, que desemboca en la expresión sentida de una insatisfacción existencial, de una frustración por la vida y sus límites, y que por eso resulta interesante

Está muy mal traducida, y su versión original (italiana) es muy superior a la castellana, de modo que a efectos de este texto se hará uso de ambas.

“¿Ella quién es? ¿Qué te dará? ¿En qué es mejor que yo?”. Hubo, hay otra. Y con ella comienza la canción. No queda claro si fue la causante de la ruptura, del fin de la relación, pero sí que es con ella con la que está actualmente esa persona. “Estoy buscando las razones, aunque algunas veces no hay razón”. Es una pregunta sin respuesta, una ruptura de esas que a veces suceden sin motivo.

Yo por ti, tú por mí,
Las cosas no nos fueron bien, aun siendo así. 

Esta línea vuelve a reforzar la idea anterior: la teoría era correcta (ella estuvo por él; él estuvo por ella), pero “aun siendo así”, a pesar de hacer bien las cosas, no les fue bien. Terminaron mal. Y de allí, de ese desconcierto y de esa insatisfacción, surge este grito, que es el coro y el quid del tema:

“Y una vida entera a mí no me vale porque no se viven dos historias iguales” (Esp)

“Y una sola vida no puede bastar para olvidar una historia que vale” (It)

En las dos versiones tiene significados distintos, pero ambas parten de una cosa común: la insatisfacción con la vida, con lo finita, con lo limitada de la vida. Una no vale, una no basta: no es suficiente, no alcanza. Ni para vivir, ni para olvidar. La versión en español es letal: no hay segundas oportunidades, no se pueden vivir en una vida dos historias iguales (igual de buenas, se entiende), y una vez que ésta pasa, que la historia termina, ya no habrá otra. La segunda versión tiene implícita la primera: las historias que valen son inolvidables y quedan tatuadas, duran para siempre, porque una sola vida no puede alcanzar para olvidarlas.

“Con los ojos me lo dices, no hables: no vas a olvidarme”

De esa línea, la contundencia. De lo dicho y lo argumentado. “No vas a olvidarme”. Así. Sin atisbo ni lugar a dudas. Por toda la eternidad. Y eso yo lo sé y tú lo sabes. No trates de decir que no. No trates de hablar. La razón puede sugerirte otra cosa, puedes intentar razonar, pero los ojos, tus ojos, que tú no ves y yo sí, lo dicen clarito. Y ante eso, a lo latino, ‘non sunt argumenta’.

“Es difícil para mí intentar vivir (…) sin abandonarme a la añoranza, sin saber adónde voy sin ti”

¿Quién no ha experimentado algo así? ¿Quién no ha tenido esa tentación, esa fuerte y destructiva tentación, de lanzarse, de abandonarse, no a recordar sino a añorar (recordar + extrañar), que es todavía peor; a vivir del pasado, a ensalzar lo bien que se le pasaba y traerlo al presente para compararlo con lo mal que se la está pasando ahora y lo peor que se la pasará (el futuro, ya se sabe, siempre se ve oscuro)?

Yo por ti, tú por mí,
Las cosas no nos fueron bien, aun siendo así. 

Repetir esto es torturarse, ciertamente; pero es algo muy humano. Volver a lo mismo: que a veces, aunque todo se haga bien y correctamente, las cosas (mala suerte) igual  salen mal. Como el que come vegetales, hace ejercicio, no fuma, no bebe y le informan que tiene un cáncer terminal. Es la vida.

“Porque una vida entera a mí no me vale porque no se viven dos amores iguales”

En este segundo coro hay un cambio sutil. No son ya dos historias, sino dos amores los que no se viven.

“Recordar tu voz, pensar en tu nombre sin desmoronarme”

De esta frase la versión italiana tiene una expresión menos dramática y más realista: “sin hacerme daño”. Es el anhelo universal en toda ruptura de dos que se quieren: poder recordar sin dolor, sin sufrir-

“Cada día, cada vez, cada instante: no vas a olvidarme, no voy a olvidarte”

Una certeza mortal de despecho reciente: ni yo te voy a olvidar ni tú a mí, pero no podemos estar juntos.

“No sabré olvidarme de los simples detalles”.

En este “no sabré” hay una declaración o más bien reconocimiento de debilidad. No es el terco “no quiero”, ni el imposible “no puedo”, es el sincero “no sé”, que suele ser el que más cuesta de decir y afrontar, y que tiene un aire, incluso, de desamparo.

“De tus ojos que me dicen ya sabes que jamás se viven dos historias iguales”

Esta es una imagen tan fantástica como lapidaria. Unos ojos resignados que dicen “ya sabes que jamás se viven dos historias iguales”. Unos ojos que al soltarlo cuentan su condena y la de ella.

Todas estas frases se van alternando al final de la canción. Como en un flujo de conciencia. Como ideas e imágenes que le van viniendo a la mente. Como lo que cualquiera podría vivir tras concluir una historia que vale la pena.

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