Sin rencor – Neguito Borjas

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“Sin rencor” no es sólo un clásico de la gaita zuliana, sino también una de las canciones sobre la cual se tejen más  leyendas. Dicen que la escribió Neguito Borjas para despedir a un amor infiel; que por tratarse de un tema romántico y no de protesta ningún grupo la quiso tocar al principio; que luego de lanzada, por allá a finales de los setenta, tuvo que pasar un año completo para que tuviera éxito; que éste se debió a un locutor marabino que tras descubrirla  fue quien comenzó a rotarla; que de él se contagiaron todas las emisoras; que tal y que cual. Lo cierto es que treinta años después de grabado es un tema que puede pelearle en popularidad al Himno y al Alma Llanera, y que prácticamente cualquier venezolano, zuliano o no, puede tararear y cantar fácilmente.

A pesar de que se le tiene por tema amoroso, lo cierto es que le canta a una ruptura. Y aunque el título y las estrofas están impregnados de un sentimiento noble y bueno, en el coro lo que hay es una especie de sortilegio o conjuro vengativo (por no decir maldición) sobre la persona a la que se le dedica el tema, a la que se le condena a llorar eternamente cada vez que escuche una gaita.

“Le doy gracias al Señor
por haberte conocido
Pues los años que vivimos
fueron de dicha y amor”

Así arranca esta gaita. Es un comienzo noble, bonito, en el que quien canta da gracias a Dios por permitirles conocerse y por los años, por el tiempo, que pasaron juntos. Un tiempo que transcurrió entre dos cosas buenas: dicha y amor. Que diga “haberte conocido” y no “haberla conocido” pareciera sugerir que no se trata de una evocación, de un soliloquio o de un cantar en voz alta, sino que lo hace, canta, en presencia de esa persona.

“pero una sombra cubrió
nuestro amor y en un momento
ese bello sentimiento
además de sufrimientos desilusión me dejo”

“Una sombra cubrió”: así  se explica el fin y la ruptura de esos años de dicha y amor. Es una imagen bastante gráfica pero poco explicativa: una sombra pueden ser demasiadas cosas. Adelante se habla de sufrimiento y desilusión. ¿Confirma ello la leyenda popular de la infidelidad de ella? Cabe la posibilidad, sí. Pero la letra ni lo confirma ni lo desmiente. Sigue siendo, en todo caso, una posibilidad extra-canción. Hasta aquí lo que se tiene es un amor que en determinado momento se oscurece y lo deja a él sufriendo y desilusionado.

En este momento entra el coro, pero dado que las otras estrofas hilan con esta primera, lo dejaremos para el final.

“¿Recuerdas aquellos días
que te adoré con locura?
Fuiste esperanza, hermosura,
mi pasión y mi alegría
Eras la luz que alumbrabas
en mi alma y mi entendimiento
por eso no me arrepiento
de adorarte hasta el tormento
de perderme en tu mirada”

Esta segunda estrofa es probablemente la más bonita del tema y puede que una de las mejores de toda la gaita en general. Si esta canción tuviera que justificarse por un solo motivo, sería por esta estrofa. “¿Recuerdas aquellos días que te adoré con locura?”. Es una pregunta retórica que evoca unos días felices, de entrega irracional (“te adoré con locura”). “Fuiste esperanza, hermosura, mi pasión y mi alegría”. Un inventario sentimental de la mayor factura en el que destacan dos palabras: esperanza y mi alegría. Las otras (hermosura y pasión) lo pueden ser cualquiera, no es tan difícil de conseguir. Pero esperanza, eso no lo es todo el mundo. Y “mi alegría” (ojo al posesivo, que le da un matiz importante; no la alegría de un momento, no una alegría más, “mi” alegría). Es interesante también el comienzo de esa enumeración (fuiste), ya que al hacerlo con un pretérito perfecto simple (ese tiempo absoluto en el que lo concluido, concluido está) genera desazón: todo eso lo fuiste, nada de eso eres ya. “Eras la luz que alumbraba en mi alma y mi entendimiento”: otra imagen interesante; alma y entendimiento, sentimiento y razón, la totalidad del ser. “La luz que alumbraba”: la luz no solo guía sino que dispersa la tiniebla, saca a relucir lo mejor. “Por eso no me arrepiento de adorarte hasta el tormento de perderme en tu mirada”. En otras palabras: valió la pena; lo hice y lo volvería a hacer.

“Sin rencor ahora te digo
que lo nuestro ha terminado
Este bello amor sagrado
para mí no tendrá olvido
Y eso donde solamente
tú y yo somos los testigos
Cuando tu cuerpo y el mío
en sutil, tierno amorío
se unieron ardientemente”

La estrofa arranca con la declaración de la ruptura. Ojo que es él quien rompe con ella (“ahora te digo que lo nuestro ha terminado”). Y si es él quién rompe es porque ella quien hizo algo. ¿Qué? No se sabe. Pero lo hace “sin rencor”: ¿quiere decir, acaso, que lo que ella hizo era digno de rencor y por eso la necesidad de dejar de manifiesto que a pesar de, no se lo guarda? Pareciera. “Este bello amor sagrado para mí no tendrá olvido”. De aquí lo interesante es eso de “bello amor sagrado”: lo sigue elevando, poniéndolo por los cielos. Se acaba, pero él se lleva el mejor de los recuerdos. Sea lo que sea que haya pasado, eso no ha afectado la valoración que él hace de ese proceso que vivió con ella. Lo siguiente no merece mayor comentario: una evocación de su intimidad: sutil, tierna y ardiente.

Y ahora, el coro, que es lo que le da el giro inesperado a esta canción:

“Y así siempre ha de pasar
Que cada vez que escuchéis
Una gaita llorareis
Porque en mi cara pensar
Con bellas prosas que a ti te harán recordar
Todas esas lindas cosas
que no pudimos lograr”

Sin rencor y sin nada, pero con esta condena: que nunca va a poder escuchar una gaita sin llorar. “Y así siempre ha de pasar”: in sacecula, saeculorum. Es curioso el uso del futuro del subjuntivo (escuchéis, lloraréis), una maracuchada sin duda, pero no deja de ser una de las pocas canciones en la que este tiempo en desuso está presente. ¿Y por qué llorará ella cada vez que escuche gaita? “Porque en mi cara pensar”: es un error gramatical (infinitivo por imperativo) pero igual se entiende, ella pensará en él cada vez que escuche la gaita. ¿Porque él es un gaitero y la canción tiene ribetes autobiográficos? Todo pareciera sugerir que sí. Pero no es sólo que la gaita lo remitirá a él, a su cara, sino que además la letra de la gaita (“con bellas prosas”, dice en lugar de versos, que sería lo correcto aunque sin duda no rimaría) le hará recordar “todas esas lindas cosas que no pudimos lograr”. Atención a esto último, es un sufrimiento producto de la frustración. No es que ella sufrirá porque lo verá a él feliz con otra o algo así, sino por lo que por su culpa no pudieron alcanzar y lograr juntos.

Un tema, en fin, que parece romántico y noble pero bien escuchado termina siendo lo contrario.

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