Mi nostalgia – Ricardo Cepeda

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Dentro de un género alegre y festivo como la gaita, este es un tema que resalta por el contenido más bien triste de su letra. Una canción de destierro, tan bonita como dura, que le canta a esa tierra que se deja y con la que se sueña con volver. Aunque la historia habla de un zuliano que añora su Maracaibo natal, en esta época de diáspora y exilios bien podría ser entonada por cualquier venezolano con solo cambiarle Maracaibo por Venezuela, ya que el sentimiento, el dolor, es el mismo.

Maracaibo tierra amada
Desde que de ti salí
A cada instante te añoro
Me paso el tiempo
pensando en ti

Y en mi vibra la esperanza
Que a ti voy a regresar
Y es por eso que me paso
Cantando siempre para olvidar

Con esa genuina declaración de amor (“tierra amada”) arranca el tema. Y no solo de amor, sino de fidelidad (“a cada instante te añoro”). La eterna ilusión de todo el que se va, el reencuentro, surge inmediatamente después en la evocación: “y en mi vibra la esperanza / que a ti voy a regresar”; y luego, el efecto catalizador de la música: “es por eso que me paso / cantando siempre para olvidar”. Así que tenemos a un exiliado que recuerda a su tierra, a la que espera volver, pero mientras se le pasa el tiempo afuera canta para consolarse.

Volvió diciembre

luces parranderos

Y el viento juega

cantando gaitas

 

Y esta nostalgia

que mi alma mata

Colma mis ansias de regresar

 

Voy al encuentro

de un bardo gaitero

Que ayer llegó de mi viejo lar

 

(Háblame de Maracaibo) (bis)

 

Canta una gaita gaitero

Canta que quiero,

querido amigo.

Cantar contigo por no  llorar

Todas esas estrofas componen el largo coro, y son las que explican el motivo de tanta nostalgia: la llegada de diciembre, ese mes de “luces, parrandeo” en el que “el viento juega cantado gaitas”. En el Zulia, ya se sabe, la navidad es otra cosa, y él, que la vivió, la recuerda y añora. Y por eso sufre: “esta nostalgia que a mi alma matá”, se muere de la tristeza. Entonces aparece en medio de su exilio un personaje: “un bardo [no un barco] gaitero que ayer llegó de mi viejo lar”. ¿Y qué es un “bardo” (esos gaiteros tenían léxico)? Un personaje medieval que al estilo de los trovadores iba contando y cantando las historias de distintas parte. “Háblame de Maracaibo”, le dice al bardo, y en esa súplica se le va la vida. Se lo vuelve a pedir. “Háblame de Maracaibo”. No estamos en los tiempos de internet y todo a un click, sino, como mucho, en aquellos de carta y teléfono. Y la llegada de alguien que viene del terruño supone la posibilidad más fidedigna de acercarse a él y recordarlo. “Cantá una gaita, gaitero”. Nuevamente la música como factor de recuerdo, de unión con la tierra. La música con esa magia. “Querido amigo, canta conmigo por no llorar”. Nada más que decir.

Muere otro año y yo distante

De mi vieja y de mi hogar

Qué dolor tan desgarrante

Me roe el alma sin descansar

 

Y unas ansias delirantes

De verte ciudad natal

Me acosan a cada instante

Y como un niño rompo a llorar

 

Esta es la estrofa más triste de la canción, en la que se describe lo que es, lo que se siente, estar lejos. Como en casi todas las gaitas, la figura de la madre está presente. Estar lejos de la vieja y del hogar otro año más es un “dolor desgarrante” (o desgarrador) que “roe el alma sin descansar”; es decir: algo constante, que está siempre presente y se siente en lo más hondo del ser. “Y unas ansias delirantes / de verte ciudad natal”, expresa el gaitero sentir. Ansias que lo persiguen, lo cercan, lo acosan y ante las que la respuesta, la única, es el llanto. Es la expresión de un hombre roto por la nostalgia de la madre, el hogar y la ciudad natal.

Maracaibo si es que acaso

No puedo a ti regresar

Tu imagen en mi regazo

Quedará eterno mi viejo lar

 

Y en el umbral de mi ocaso

Cansado ya de vagar

Convierto en alas mis brazos

Y hasta tu suelo yo iré a parar

En esta tercera parte quien canta contempla la posibilidad terrible de no volver, caso en el que, jura, no olvidará a su tierra. “Tu imagen en mi regazo quedará eterno, mi viejo lar”. El regazo indica cercanía, intimidad. Que conserve allí la imagen de su ciudad sugiere que se la quiere llevar consigo (“quedará eterno”), como el crucifijo en el ataúd. “Y en el umbral de mi ocaso / cansado ya de vagar”: una forma poética, rebuscada pero bonita, de hablar de los últimos minutos de la vida, y cuando esté en ellos, jura que si está afuera de Maracaibo, “[convertiré] en alas mis brazos y hasta tu suelo yo iré a parar”. Es una idea si se quiere infantil, inocente, pero bonita: al final, si en esta tierra, sujeto a las leyes de lo terreno, carnal y corporal, no nos pudimos ver, entonces cuando ya sea otra cosa, etérea, libre, cuando ya sea todo posible, volaré hasta ti para verte otra vez. Volver como el cielo, como el paraíso.

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