Carlos Cortés, un artista necesario

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Necesario. Esa es la valoración más precisa que se puede hacer de Carlos Cortés (Maracaibo, 1987): un artista necesario, de esos que surgen de tanto en tanto para cumplir con aquella función del arte que Borges inmortalizó en sus versos: “ser como ese espejo que nos revela nuestra verdadera cara”. El diseño gráfico (o visual, en sus palabras) es, a su vez, el modo de expresión por medio del cual se manifiesta y el arma que usa en el combate. Hijo de tu tiempo, producto de esta Venezuela polarizada y en constante crisis, su mayor cruzada la libra en el campo de la política contra dos enemigos a los que no quiere darles tregua: el odio y el populismo. Está convencido de que su trabajo puede producir cambios sociales, generar empatía entre dos que no se soportan, llevarlos a ver que en el fondo no son tan diferentes y advertir a la masa sobre los peligros de elegir encantadores de serpientes. Ha creado, además, un fantástico medidor de conflictividad en el que con mucha ironía y no menos ingenio mide en soldaditos aplastados por bota el índice de conflicto que hay en Venezuela según se repitan ciertos términos. Buen lector y estudioso de la historia (obsesionado con ella, dice él), Cortés tiene un discurso inteligente y bien elaborado, y un potencial que se pierde de vista. Es, repetimos, un artista necesario y que hay que conocer, a quien tuvimos la oportunidad de entrevistar recientemente. A continuación este entrañable y, sobre todo, bien argumentado diálogo:

¿Por qué te defines como un diseñador visual y no como un diseñador gráfico? ¿Cuál es la diferencia?

La posición de diseñador gráfico ha sido muy devaluada. Básicamente ha pasado a ser un maquetador y no lo que realmente se supone que hace, lo cual es solucionar un problema de comunicación visual. Debido a ello me parece mejor describirme como diseñador visual: es una forma de re valorizar lo que hago ante el público y supongo ante mí mismo, aunque mucha gente pueda decir que “es el mismo perro con otro peinado”.

¿Por qué decidiste dedicarte a esa profesión?

La decisión tuvo que ver con haber visto un video de Do The Evolution, de Pearl Jam, cuando era chamo. Es hasta el día de hoy mi video musical favorito, ya que incluye todo lo que me gusta: imágenes poderosas y bien realizadas, un mensaje crítico y profundo llevado a cabo de forma rápida y efectiva. Al verlo comencé a pensar en cómo podía lograr hacer eso y comencé a interesarme por el arte y la animación; eso llevó a que al momento de escoger carrera y ver que había algo llamado diseño gráfico lo eligiera. En ese entonces pensé que era solo un trabajo pero se ha convertido en mi vida.

¿Cuánto tiempo llevas diseñando?

Diseñando formalmente creo que desde la universidad solamente. En el año 2005 hice mi primer diseño, que era una muy mala representación de un logotipo, pero antes de eso dibujaba robots, lo cual era mucho más interesante.

¿Qué te inspira a la hora de realizar tu trabajo?

En estos días hay muchísimas cosas que inspiran: una taza de café y un playlist son esenciales, pero también ver stand-up-comedy (que considero la mejor forma de discurso), leer ficción o política (ahorita ando pasando por una fase de Ted Chiang) o salir a caminar y encontrarme con un esquema de colores en una casa o un poster completamente terrible pero con una tipografía interesante. Sin embargo, en mi trabajo personal lo que mas me inspira es la política y la historia: estoy fascinado con el cómo se repiten los ciclos históricos en la política y lo tragicómico de ello.

¿Quiénes son tus referencias?

Hay varias, pero en este momento en particular Donald Glover me parece una referencia en su forma de experimentar y no mantener un molde; Brent Morrin en narrativa; Jean Baudrillard en su retórica; Jessica Walsh en capacidad de auto-promoción; Orson Welles por su pesimismo; Niza Yanay por su implacable objetivismo y Goyá porque visualmente pocas personas han podido lograr un cambio tan fuerte en su estilo tan rápido.

¿A qué diseñador admiras?*

Tibor Kalman es mi pastor y con el nada me faltará: es una referencia obligada para diseñadores pero si bien muchos consideran que era un genio del diseño yo creo que era un genio en lograr que sus clientes hicieran lo que no querían hacer, y eso es un talento raro en la industria.

¿Cuál es la principal característica de tu trabajo?*

Creo que mi capacidad para hablar con los cínicos. Cuando he llevado mi voz en mi trabajo siempre tiene un tono un poco oscuro pero no apocalíptico, siempre trato de causar mas risa que rabia o desesperanza, trato de reducir el cinismo hablando el idioma de los cínicos.

¿Cómo definirías el estilo de tus diseños?

Por mucho tiempo he intentado no tener un estilo, pero creo que al final hay cosas que siempre salen; por ejemplo, la utilización de una paleta corta: no me gusta lidiar con degrades o manejar cinco colores para una pieza, trato de mantener un balance visual cuando puedo y no generar demasiado caos, porque el mensaje es el rey.

¿Cuál es el color que prevalece en tu trabajo? ¿Por qué?

Rojo, definitivamente, y la culpa es de Chávez, en serio. Crecí en una Venezuela pintada de rojo y siempre me opuse a ello, pero al mismo tiempo me genera una fascinación utilizar el color rojo en cuanto puedo; también soy parcial al amarillo con escala de grises y para ello solo podría explicar que es el mejor resaltador de mensajes del mundo, aunque raramente combino rojo con amarillo, porque se pelean.

¿De qué obra te sientes más orgulloso? ¿Por qué?

Mi mayor orgullo ha sido generar un medidor visual de conflictividad política venezolana, lo cual es un término muy chévere para describir una bota robótica que aplasta a un pequeño soldado de cera por medio de una conexión con twitter donde identifica términos inherentes al conflicto interno (chaburro, apátrida, pitiyankee, escuálido, etc), que al ser utilizados generan un pequeño impulso en la bota. Con suficientes impulsos, la bota aplasta al soldado, lo que me permite medir en soldados muertos por tiempo el índice de conflictividad.

¿Cuál es el mayor obstáculo que has encontrado en tu carrera?*

Creo que hasta ahora ha sido la auto promoción. Es algo que, hasta hace no mucho, me rehusaba a hacer: utilizar redes sociales para promocionarme era de esas cosas a las que le hui por mucho tiempo, pero me ha tocado entender que es una herramienta mas para comunicarme con una base amplia de personas.

¿Cuál es la mayor satisfacción que has tenido como diseñador?

Ganar el premio d&ad. Creo que es una de esas cosas que realmente me permitió llegar a lugares y de una vez establecer cierta validez: además que lo gané en conjunto con la mujer que mas admiro en el planeta y nos llevó a juntarnos bajo el nombre de Brief Pirates, que es un proyecto que estamos llevando poco a poco hasta su destino.

¿Qué es lo mejor y lo peor de tu trabajo?

Lo mejor es ese momento cuando descubres cómo vas a abordar un problema, justamente antes de que encuentres las mil y un formas que podrían no funcionar y cómo resolverlas; ese momento es creación pura y no hay nada mejor que eso. Lo peor son los constantes ataques de pánico acerca del síndrome del impostor: básicamente paso la mitad del tiempo convenciéndome de que sí merezco los trabajos que tengo.

¿Por qué has decidido meter la política en tu trabajo?

No fue una decisión tanto como una manifestación de algo que era inevitable: yo soy un observador de la política desde antes de ser diseñador, eso es parte de lo que me define y, obviamente, al aprender a diseñar vi en ello la oportunidad de tener una voz.

La otra razón para ello es que genuinamente creo que el diseño ofrece una oportunidad que pocas otras profesiones ofrecen: poder influenciar la opinión popular. Esto debe ser usado con responsabilidad, y si bien es chévere decirle a la gente que compre el último disco de Beyonce o que se tome una Coca-Cola, es más relevante decirles: ‘Elegir populistas siempre lleva a resultados nefastos, por favor dejen de hacerlo’.

Dices que tienes interés en generar con cambio social por medio de tu trabajo, ¿creer que el arte tiene ese poder? ¿Puede servir para contrarrestar el odio?

Estoy convencido de ello. Creo que el arte, el diseño y la tecnología pueden llevarnos a generar muchísima más compasión y empatía. Mi argumento es que si logras re-humanizar a los ojos de alguien a otra persona, el primer argumento para odiarlo se cae. Al final no somos tan únicos y nuestras experiencias comunes son mucho más que nuestras experiencias individuales. Todos hemos amado, perdido, envidiado y admirado, a menos que seamos psicópatas. Y poder llevar eso como una bandera en común puede generar cambios sociales positivos, incluso curar el odio.

¿Has podido realizar tu trabajo con plena libertad? ¿Has sufrido censura?

En Venezuela no. De hecho, tengo tiempo que no expongo en museos a partir de un incidente en el que una exposición fue cancelada luego de que una obra mía fuera considerada muy ‘peligrosa’. Se me ha dado a entender que luego de ese incidente mi nombre no es muy grato en el circuito de museos, pero creo que simplemente es autocensura por parte de personas que con mucha razón tienen miedo a ir presos por mi culpa.

¿Por qué decidiste irte del país? ¿Qué te motivó?

Hubo muchas razones: el clima político, la censura, intentar lograr un cambio político pero encontrarme con un clima apático por parte de la gente a quien lo dirigía e incluso una decepción amorosa llevaron a que decidiera irme. También influyó que me ofrecieran una beca parcial y me dieran acceso a tecnología y métodos de producción que nunca habría podido tener en Venezuela. Simplemente sentí que si bien yo podía querer a Venezuela el cariño no era correspondido.

¿Y crees que podrías realizar tu trabajo aquí?

Creo que podría hacerlo, pero no bajo mis términos y eso haría que fuese todo mas complejo de lo que necesita ser.

¿Está en tus planes volver en algún momento?

Espero poder hacerlo. Mi intención a largo plazo es poder tener un estudio en Venezuela basado en los postulados bajo los que Andrea (mi compañera creativa) y yo fundamos Brief Pirates. Nuestra idea siempre fue poder utilizar la ridículamente inmensa capacidad creativa de Venezuela con nuestro conocimiento de producción de afuera para conceptualizar cosas para clientes abiertos a propuestas raras.

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