“Los venezolanos no vamos a estar separados siempre”

Foto: Pablo Canelones Foto: Pablo Canelones

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Rodolfo Díaz (Caracas, 1990) es un tipo simpático y de conversación fácil. Fundador, letrista y vocalista de Estereograma, banda de rock venezolana que está surfeando las olas de la crisis y lanza en este 2017 su primer CD con un single que le canta a la esperanza del reencuentro en medio de la tragedia de las separaciones actuales, conversó con OJO recientemente. Honesto hasta la inconveniencia, no tiene problema en admitir que dentro de Abreboca hay temas que le gustan más que “En cuántas lunas” (el single promocional) o que Asier Cazalis escribe mejor de lo que canta. Admirador irredento del Serrat compositor, es capaz de reconocer sin empacho que se sabe completo el álbum Millennium de The Backstreet Boys, quienes son, junto con Arjona (con algunas cosas de Arjona, no todas), uno de sus varios placeres culposos musicales. No entiende, sin embargo, el éxito de Romeo Santos, al que considera sobrevalorado, como a Kudai y a algunos rockeros mexicanos. Según cuenta, una versión de “Imagine” de Lennon le sacudió la existencia y desde entonces eso es lo que busca: componer temas que puedan llegarles a las personas.  Jura que sacrificaría en el altar de su fama los aplausos y autógrafos (esa banalidad) por lograr con una canción suya cambiar y mejorar la vida de alguien. A fin de cuentas, dice, para eso está el arte: para sacudir y despertar; y la música, en su concepto, es uno de los más puros. Como se puede apreciar, Rodolfo Díaz es un tipo que tiene mucho que decir. Largo y tendido hablamos con él en una franca y entretenida entrevista que puedes leer completa a continuación:

-Estereograma se fundó en 2011. ¿Cómo nació?

-Un pana, el guitarrista, era sobrino del bajista del Caramelos, y siempre quiso tener una banda; de hecho tuvo una que se separó, y entonces él comenzó este proyecto conmigo. Yo me la pasaba cantando en todos lados, llegaba a todos lados y me ponía a cantar. Y un día él me dice: ‘tienes una voz interesante, vamos a hacer un grupo’. Y yo pienso: ‘este chamo está loco’. Pero nos fuimos reuniendo varias veces, un día montamos una canción seria (“Mujer de papel”), y de ahí empezamos a hacer todo ese proceso.

¿Dentro del panorama musical venezolano actual qué tienen ustedes que otros no tengan?

-Creo que tenemos una frescura muy interesante y una mezcla entre la voz y el género. Mi voz no es tan rockera pero la música sí, y creo que esa dualidad es muy sabrosa, creo que se ha perdido un poco, creo que se ha buscado mucho ir a lo indie, y se ha olvidado un poco lo que era esa mezcla tan sabrosa que daban el pop, el rock y la electrónica bien hecha.

Ahora, ¿por qué se han demorado tanto tiempo en sacar el disco? ¡Son seis años!

-Sí, fíjate. El tiempo fue: primero, imagen de banda, que unificarla fue algo que nos costó mucho; después, composición de los temas; luego, producción, que no la hicimos con un productor, no todos los temas, en algunos metimos la mano nosotros, los repensamos y mejoramos; y por último el dinero. El tema del dinero fue complicado, porque grabar cuesta plata, mezclar cuesta plata, masterizar cuesta plata.

-¿Todo el dinero sale de ustedes?

-Sí. Nosotros no tenemos patrocinantes. Casi todo viene de mi bolsillo, en realidad.

-Después de tanto tiempo, ¿qué expectativas tienen?

-Básicamente: ver qué opina el público sobre la banda, su música y su propuesta. “En cuántas lunas” es el primer single, detrás del cual vienen una serie de temas que a nosotros nos parecen más interesantes. Y siempre es sabroso ver lo que la gente opina de eso.

-Si hay otros más interesantes, ¿por qué salen con este?

-Porque tiene todos los matices de Estereograma: bastante pop, rock, unos efectos del folk bien interesantes con unas guitarras octavadas, tiene algo de grunge, y tiene además repetitividad, que es algo que debe tener un single para que la gente le preste atención. En fin, tiene todo lo que necesita para ser el primer tema.

-¿Es el mejor tema?

-Yo no te debería responder esto. Pero, a ver: este no fue de los últimos temas, que son siempre los más interesantes. El mejor de disco se llama el “Olvido”, y probablemente no sea un single por una cuestión de marketing.

-¿Y eso no  te frustra? Que el mejor tema no llegue a ser single

-No. Porque creo que la música tiene una carga subjetiva muy alta: el hecho de que sea la que más me gusta a mí no quiere decir que sea la que más le guste al público. Eso pasa muchísimo.

-Pero insisto, ¿no es frustrante?

-Es que, ojo. Eso no siempre es así. Depende es de la receptividad. Una vez que el disco llega a la calle la elección de los singles depende del gusto de la gente. Nosotros elegimos el primero y el segundo, pero ya el tercero lo definirá el nivel de tráfico, descarga y consumo, y puede ser perfectamente la que me guste a mí. Si es así, ¡increíble!

-¿Y si no?

-Si no, también me gustan las otras. No es que no me gusten, sino que es el tema que me gusta más.

-Vale. Leo en la nota de prensa que ustedes “quieren hablarle a la sociedad”, ¿qué tienen que decirle?

-Básicamente lo que le tenemos que decir a la gente es que nosotros también estamos viviendo esta realidad, que no somos ajenos ni queremos parecerlo. Hay bandas que quieren fingir demencia: somos artistas y vivimos en otro mundo; ¡eso es mentira! Con “En cuántas lunas” queremos comunicar y decir: sí, vivimos esto, la misma realidad de todos y que es innegable.

-En ese texto hablan también de esperanza. Pero eso es muy genérico, ¿esperanza de qué?

-De que los venezolanos no vamos a tener que estar separados siempre.

-¿Y tú crees que eso va a pasar pronto?

-No lo sé. La canción nunca define cuánto tiempo debería pasar para volverse a encontrar. No sé en cuántas lunas, dice, pero ciertamente nos volveremos a encontrar. Y eso va muy de la mano con lo que dice Laureano [Márquez] en el video: nadie quiere irse de su país; lo puedes hacer, sí, pero que quieras hacerlo es otra cosa; y que nunca quieras volver es todavía otra cosa totalmente diferente. Y es allí donde queremos atacar: que la gente no piense ‘perdí a mi hermano, a mi hijo, a mi amigo, de por vida y nunca lo voy a volver a ver’, sino que en algún momento, allá o acá, existirá algún tipo de reencuentro.

-Acabas de mencionar a Laureano. En el intro del video él dice que esta generación es la que conducirá la Venezuela que ha de venir. ¿Tú te sientes llamados a esto?

-Sí, totalmente. Yo siento que todos los venezolanos, una vez que nuestro país agarre otro rumbo, tenemos una obligación, como ciudadanos, de reconstruirlo. De corregir el rumbo. ¿Y quiénes lo harán? Los que tengan fuerza de trabajo y capacidad intelectual. Siento que como artistas tenemos la obligación de hacerlo.

-¿Y es una obligación del artista? Ustedes se han comprometido, pero hay muchos, y me acabas de hablar de ellos, que miran para otro lado…

-Es que el hecho de que tú cantes algo que no tiene que ver, no quiere decir que no estés ayudando. El hecho de que haya personas haciendo algo de calidad y que dé un mensaje de pura alegría también sirve: en la sociedad hace falta eso, no todo puede ser económico o político, tiene que haber distracción, ocio. Y allí entran las artes. Y creo que el artista, aunque no lleve un mensaje claro o directo, tiene la obligación de crear cultura y hacer felices a las personas por medio del arte.

-¿Tiene la música algún poder para transformar la realidad?

-Claro que sí. La música es el lenguaje del alma. Es una expresión muy pura, muy humana. Tiene la capacidad de cambiar todo, de cambiar el ánimo. Es como la literatura: te puede llevar a vivir una situación fantástica que te desenfoque o inspire.

-Hablas de música y de literatura, a Dylan le acaban de dar el Nobel…

-Ajá, ¿viste? No estamos tan locos.

-¿Qué opinión te merece ello?

-Siento que hay muchas otras personas que podían tener más mérito que él, pero lo que pasa con él es que lleva muchos años haciéndolo y no se da cuenta. Creo que es un buen ejemplo de que el músico busca, desde su rama del arte, llevar un mensaje fuerte que incluso puede llegar ser considerado como merecedor del Nobel.

-Ahora, tú también escribes canciones, ¿qué te lleva a escribir? ¿Necesidad de expresión, desahogo, qué?

-A mí me gusta mucho interpretar la realidad. Plasmar en papel las cosas que me van pasando. Me parece muy interesante, una catarsis muy chévere. Hay veces en las que escribo cosas que no sirven para nada y otras en las que siento que hay mensajes que deben ser transmitidos. Muchas veces hablo con la gente y siento que están en modo automático: trabajar-comer-salir-dormir-trabajar, y cuando te sientas, hablas y les preguntas: ‘¿qué te gusta a ti?, ¿cuáles son tus sueños?, ¿qué te hace feliz?’, la gente no sabe qué responder. Siento que ahí tengo la posibilidad de ayudar, hablar, llevar un mensaje que a algunos les gustará y a otros no. Pero si a alguien le llega y dice: ‘oye, yo escucho en estas canciones una inspiración para irme de mi trabajo porque lo odio’, si eso pasa, ya me doy por satisfecho.

Entiendo entonces que no escribes para ti sino para los otros…

Sí. Yo no escribo para guardármelo. Me parece que los mensajes tienen el fin de ser compartidos. Luego, la respuesta será otra cosa.

-¿Cómo es el proceso entre que algo te sucede y termina convertido en canción?

-Normalmente hacemos la música completa y luego yo empiezo a escuchar, a escuchar, a escuchar, a ver a qué me suena, a qué me recuerda, a qué pasaje de mi vida me lleva, qué me imagino, qué situación puede hacer link con esto, y es allí cuando empiezo a escribir. Busco en mi memoria, en mi fantasía, en mi imaginación, cosas con las cuales construir una historia con una línea narrativa relativamente coherente o a veces no tan coherente (eso también es apropósito) pero que haga un mix con lo que me transmite la música para que la letra vaya por un mismo lado…

…¿entonces comienza siendo primero música y después letra?

-No siempre. Pero sí. Hay también otras que hemos escrito, yo canto una melodía completa y se van reestructurando los acordes que van con la voz.

-¿Cuánto tiempo puede llevar este proceso?

-Entre una o dos semanas para comenzar una estructura completa, y después empezar a producirla.

-En los tres temas que escuché hay mucho de ruptura y de fracaso de la relación. ¿Debo entender que es algo que ha repetido mucho en tu vida entonces?

-Jajaja. Creo que puede ser algo de cada quien. Yo personalmente, en las relaciones, siempre he estado enfocado en otras cosas y nunca se han desarrollado de la manera más idónea, y por allí me voy. Hay otras personas, los baladistas, por ejemplo, que se van más al amor y a la conquista, a esa fase de la relación. Bueno, bien, pero yo estoy en las otras y por eso escribo de ellas. De todos modos, creo que es más fácil escribir de despecho. Suenas menos cursi. Por lo menos para el rock.

-Sin embargo, el disco no es de rock puro, sino que hay mezclas, ¿por qué?

-La música es un ejemplo de quien eres. En ella se refleja mucho de lo que eres, de la sociedad en la que vives, y nosotros tenemos un mestizaje muy fuerte y por eso hay muchos géneros que se han hecho parte de la sociedad. Nosotros no tocamos ningún género venezolano como tal, pero mezclamos con otros como balada, pop, electrónica, mucho de los ochenta, porque era lo que nos gustaba cuando éramos chamos, las primeras bandas que escuchábamos. Y no fue a propósito, sino que fue surgiendo.

Ahora que hablas de los 80’s. Leía yo hace poco el prólogo que Asier escribió para ‘Crónicas del rock’, y allí él decía que aunque los 80’s fueron unos años horribles, pero que para el rock “no hay mejor caldo de cultivo que la inmundicia”. De algún modo reivindicaba la utilidad de esos tiempos malos. Ahora estamos en unos tiempos peores, ¿son buenos para hacer música?

-Económicamente es muy difícil porque todo se ha vuelto muy caro. La música siempre fue cara, pero ahora lo es más. Adquirir instrumentos de calidad, pagar una hora de estudio, de ensayo, de mezcla, todo eso es muy costoso. Pero ahora tienes una herramienta de difusión que no tenías en los 80’s: el internet. No tenemos disqueras pero puedes hacerlo casi todo solo. Hay un tema de autogestión muy importante que es el que te va a garantizar llegar a una disquera, porque nadie te va a firmar de cero. Ellos parten de una premisa: si tú lograste llegarle a la masa solo, con nosotros la vas a romper.

-¿Y se puede vivir ahorita de la música?

No. Al comienzo no. Es una inversión muy continua y constante, de mucho esfuerzo. Si vas desde el principio pensando que ese va a ser tu único ingreso y que te vas a auto sustentar, entonces estás mal. Todos nosotros tenemos una vida alterna de producción económica, que va direccionada a establecer a la banda como tal.

-¿Y si pudieras vivir de la música dejarías toda esa vida, digamos, profesional? Te lo pregunto porque quiero saber si esto tuyo con la música es verdaderamente una vocación marcada o sólo un hobby

-Para mí el tema es más artístico que musical. Me gustan mucho las artes audiovisuales, tengo una casa productora de comerciales, me gusta el cine, por eso apoyo la propuesta de Estereograma. Esas son las dos únicas cosas que tengo y ambas están ligadas por el tema del arte. Si pudiera salirme de algo, no me saldría de la parte audiovisual tampoco: porque yo no estoy en una oficina donde me vuelven loco; soy mi propio jefe, hago lo que me gusta y practico cosas que me llenan, por eso no lo abandonaría.

-Ok, pero supongamos que ustedes la rompen, este disco es un éxito, la gente hace cola para verlos, los firma una disquera, ¿qué harías?

-Congelo todo. Sin duda.

-¿Y sentirías que te falta algo?

-Es que creo que aún si vives una vida 100% de músico, siempre va a haber un huequito en el que no hagas nada para dedicárselo a algo que te gusta: en este caso se lo dedicaría a la producción audiovisual.

¿Te gustaría ser famoso y tener vida de rockstar?

-Mira, a mí lo que más me da satisfacción es que alguien me diga: ‘esta canción me gusta mucho, cambió mi vida’. A mí eso me gusta, creo que es lo más importante y es lo que yo busco, más allá de que me reconozcan o me pidan autógrafos. Eso me parece banal. A lo mejor al principio puede ser sabroso, uno se siente importante y tal, pero a mí ahorita no me parece significativo. Prefiero que alguien venga y me diga: ‘mira, quiero agradecerte porque esta canción cambió mi vida’. Berro, eso sería increíble.

-¿Y una canción puede cambiar la vida de alguien?

Claro. Por supuesto. Las canciones pueden marcarte, pueden ayudarte y desenfocarte de las cosas negativas. A mí me pasó. “Imagine”, de John Lennon, versionada por A perfect circle, es una canción que a mí me llenó mucho  y no hay forma de que la escuche sin sentir una fuerza interna de energía. Es lo que el arte hace a veces: darte una cachetada y decirte ‘¡despierta!’

-¿Cuáles son tus referencias musicales?

-Cuando hablamos de escritura, mi máxima referencia es Serrat. Mi profesora de canto dice que mi vibrato es serratoso, que no tiene nada que ver con el rock. Pero para yo escribir, las referencias son Serrat, Cerati, Rubén Blades, Brandon Boyd, de Incubus, que escribe unas cosas muy locas pero otras muy profundas y buenas, Juan Luis Guerra, que es un merenguero-bachatero pero también escribe unas cosas muy buenas.

-Y ya no de escritura, sino de música en general, ¿quiénes son tus referentes?

-Ahora, hablando de música, Incubus, A perfect circle, Sonata ártica, Los Mesoneros, lo que era Sentimiento Muerto, Caramelos, a pesar de que los critican tanto, Vinilo Versus; Metallica y Nirvana, que son bandas que están tácitas. Esas más o menos son todas las referencias.

-Al momento de hablar de los compositores no me nombraste a ningún venezolano. ¿Es que no hay ninguno?

-Asier. Él escribe es increíble. Creo que lo que mejor hace es escribir.

-¿Escribe mejor que canta?

Yo no puedo decir esas cosas jajaja. Pero ciertamente escribe muchísimo mejor de lo que canta. Escribe tan bien que no le hace falta cantar. Además que el rock no amerita tener la mejor voz, pero sí un mensaje interesante: y eso él lo tiene. La Vida Boheme para mí escribe mejor de lo que hace música: las letras son increíbles, la forma de interpretar la realidad y plasmarla en canciones me parece absurdamente genial. Los Mesoneros también me parecen increíbles, tienen una canción que se llama “Un segundo”, que es una crónica de los últimos días del colegio y es  interesantísima. Allí tú dices: son unos chamos tan jóvenes y escriben eso, ya tienen esa capacidad de interpretar la realidad. Me parece increíble. Simón Díaz está en los tácitos.

-¿Qué placeres culpables musicales tienes? ¿Algo que nadie esperara de ti?

-Creo que Backstreet Boys jajaja. Es inevitable. Millennium me lo sé de principio a fin. Hace unos meses podía decir que Justin Bieber, pero actualmente no porque Diplo ya lo rankeó bien. Chino y Nacho podría ser, pero es que son tan buenos y famosos que si los odias estás mal, aunque seas rockero. Arjona también podría ser: tiene muchas cosas malas pero también tiene cosas buenas.

-¿Cuáles son las cosas buenas de Arjona?

-Que algunas veces menciona a Serrat en sus canciones y lo menciona como ídolo. Entones está claro, por lo menos.

-¿Te gustaría componer como Arjona?

-No. Me gustaría componer como Serrat, cosa que veo complicada.

-¿Por qué?

Porque siento que hay un bagaje cultural, social e ideológico tan profundo en cada una de sus letras, que no me siento todavía en capacidad de llegarle. Bien es verdad que uno va evolucionando y puede que en algún momento llegue.

-¿Cuál es la mejor canción de Serrat?

-Es que tiene demasiadas buenas. “Utopía” es una cosa absurda. Hay otra en la cual me inspiré para “Blanca locura”, “Elegía”: una canción que le escribe a un amigo que se le murió. Increíble como transmite con palabras los sentimientos tan duros que estaba sintiendo por la persona que se fue. “Princesa”, que habla de una persona que se supera a fuerza de la mamá. Son muchas.

-Ahora te volteo la pregunta: dime algo que a todos les guste y que tú consideras que está sobrevalorado.

-El reggaetón. Todo el reggaetón está  súper sobrevalorado. Yo de verdad tampoco entiendo el amor a este chamo, a Romeo Santos, de Aventura. No lo entiendo. Casi toda la música que tiene que ver con rock mexicano me parece sobrevalorada: Reik es terrible; Kudai, ¡Dios mío! Ellos están sobrevalorados. Hay también algunos rockeros mexicanos que se salvan: Molotov, Café Tacuba por ejemplo.

-Para ir terminando, ¿después de Abreboca, qué?

-Hay que ver que pasa.

-¿Y si no  pasa nada, si no tiene éxito, si descubres que no es tu camino…?

-No vale, ¡qué pavoso! A ver. Eso siempre puede pasar, pero lo más importante es haberlo plasmado, haberlo difundido; y si al final no gusta, eso es respetable y no podemos hacer nada en contra de la subjetividad de las personas. Podemos seguir haciendo música. Ahí veríamos si mantenemos la misma línea de propuesta, o evolucionamos o no.

-¿Estarías preparado para el fracaso?

-Sí. Vuelvo y repito: el objetivo es saber qué piensa la gente. Pero que no se quede engavetado, no se quede en pensar ‘qué hubiera pasado si…’.

-Para cerrar, ¿qué es la música para ti?

-Es una herramienta de expresión increíblemente pura, increíblemente humana y con una fuerza tremenda para transmitir.

-¿Podrías concebir la vida sin música?

No. Yo no puedo. De 24 horas yo canto 13 horas diarias.

-Para Borges el paraíso era una biblioteca, ¿para ti…?

-Un cuarto con bastante eco, donde puedas cantar y se escuche durísimo todo.

-Gracias, Rodolfo.

-A ti.

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