Nicolás Gogol, el escritor que no perdonó los vicios de Rusia

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Tal día como hoy, en 1852, se fue de este mundo uno de los mayores escritores rusos de todos los tiempos: Nicolás Gogol. Nacido en 1809 en la provincia de Sorochintsi (lo que hoy en día se llamaría Ucrania), Gogol no tuvo en principio una vocación literaria, sino más bien burocrática: a los 19 años dejó su tierra natal para irse a trabajar en San Peterburgo en la administración zarista, trabajo en el que fracasó. Se pasó entonces a la academia, como profesor de historia. Allí conoce al dramaturgo y novelista ruso Aleksandr Pushkin, que es quien lo anima a escribir. Comienza entonces a publicar relatos corstos en distintas publicaciones, hasta que da con su golpe de suerte: “Veladas en la finca de Dikanka”. El éxito de esta obra lo lleva a abandonar definitivamente la universidad, para dedicarse de lleno a las letras. ‘El Inspector’, un relato en el que hace una sátira de la corrupción y de la ineficiencia que había en la administración rusa (él que la conoció de cerca), lo obliga a exiliarse en Roma. Porque la vida es como es y no hay mal que por bien no llegue, en la capital del antiguo imperio escribe la primera parte de la que será su obra maestra: ‘Las almas muertas’, que es, también, su ajuste de cuentas con Rusia, a la que deja desnuda y con todos sus defectos a la vista en ese libro. El país se indigna y lo aplaude a partes iguales, y él promete entonces escribir una segunda parte para redimirse. La vende como la que será su ‘ópera magna’ y a esa tarea se da por años. En el ínterin, sin embargo, sufre una crisis espiritual que lo lleva a peregrinar a Jerusalén y a renunciar a la escritura. Es en ese contexto en el que quema la tan esperada segunda parte de ‘Las almas muertas’, de la que se recuperan solo algunos fragmentos que se publican póstumamente, porque sorprendentemente joven, con tan solo 43 años, murió en Moscú tal día como hoy.

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