RESEÑA: Tres Tristes Tigres – Guillermo Cabrera Infante

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Este es un libro de muy altos quilates que le dará una formidable pelea a todo aquel que quiera enfrentarlo. No se deja leer por cualquiera (podría decirse que no lo lee quien quiere sino quien puede), tiene un arranque antipático y difícil, suele invitar al abandono (es más fácil dejarlo que terminarlo) y sin embargo es tan bueno, tan deliciosamente bueno, que recompensa con creces a quien persevere. ‘Tres tristes tigres’ es su trabalenguoso título, fue publicado en 1967  (igual que ‘Cien años de soledad’) por el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante y ostenta (con todos los méritos) el arduo honor de libro más difícil (y audaz) de aquellos años del boom.

Resumir su argumento puede que sea lo más complicado de la reseña, ya que se trata de una de esas novelas (y digamos novela porque en novela cabe todo) en las que la historia (de haberla) pasa a estar en segundo plano, opacada por la estructura y sobre todo por el lenguaje. Acá no importa tanto lo que se cuenta sino cómo (con qué palabras, con qué recursos) se cuenta. Pero por decir algo digamos que todo sucede en La Habana, en el año 1958 (justo antes de la llegada del comunismo), y casi siempre de noche. Y baste esto para despertar todo el interés testimonial que pueda tener el libro: esa noche habanera de los cincuenta, esa mítica noche habanera de cabarets, bares, boleros, rumba, cantantes, bailarinas, bongoseros, daiquirís, rones, malecones, playas, descapotables, fasto; esa noche, digo, es el escenario en el que transcurre todo. ¿Y qué es todo? La vida (un fragmento) de los personajes, que son un montón (una listica no viene mal) y de los que no siempre se pueden tener certezas, ya que a veces entran sin avisar, hablan sin pedir permiso, desaparecen de repente, pero que en su mayoría son jóvenes, son guapos y son cubanos; al menos los protagonistas, que aunque en el título se sugiera que son tres a mí me han parecido cuatro (a ese nivel de dificultad está esto).

Sin embargo, no es tanto esa ambigüedad con los personajes lo que complica la lectura, sino la estructura del libro: Cabrera Infante quiso ser rupturista (y lo fue) pero aquí se le pasó la mano. Como un pasticho (o un collage, si se prefiere), TTT está conformado por un montón de fragmentos autónomos (relatos, monólogos, conversaciones, imaginaciones, sueños y un largo etcétera)  que se van sucediendo uno tras otro sin (aparentemente) ningún sentido. Y digo aparentemente porque eso es lo que se siente a medida que se lee y no es sino al final que Cabrera Infante, compadecido, hila algunas cosas con otras. A pesar de ello, se termina con la sensación de que sigue habiendo partes tan autónomas y arbitrarias que bien se podría prescindir de ellas sin afectar demasiado el libro. Ese engranaje perfecto, suizo, preciso, de Faulkner o Vargas Llosa, en el que al final todo encaja, no lo logra (da la impresión de que tampoco lo buscaba) en este libro, que más que un mosaico termina siendo un calidoscopio.

Pero los caleidoscopios, aún con poco sentido, tienen una belleza enorme. Y eso es lo que le sobra a ‘Tres Tristes Tigres’: belleza lingüística. Es un libro para saborear y para deleitarse más que para entender. Es un estallido de prosa, pero no de la prosa delicada y muy perfecta de los estetas, sino de prosa una tropical, sabrosa, musical, caribeña, cubana. Cabrera Infante hace dos advertencias en el prólogo: el libro está escrito en cubano y hay partes que son mejores escuchadas que leídas. Y efectivamente: la oralidad y la sonoridad del habla cubana se encuentra recogidas de modo admirable. Pero eso no es todo. Hay también un uso lúdico de la prosa. Cabrera Infante juega con las palabras, las descompone y recompone, les da la vuelta, inventa términos nuevos, pone apodos, crea, se recrea, se divierte, parodia, imita, hace uso de todos los recursos retóricos, linguisticos, paralingüísticos, metalinguisticos habidos y por haber. Y sigue habiendo más: todo el libro está lleno de guiños y referencias a clásicos y autores modernos, de dobles sentidos cultos, refranes populares, letras de canciones, ironías finas y gruesas, que cuando se pillan (hace falta basta cultura para ello) pueden hacer reír a carcajadas. Era un gran maestro de la prosa don Guillermo, que dejó para la posteridad este inmarcesible testimonio de la noche habanera y de todo lo que se perdió en cuba.

Tres tristes tigres

Autor: Guillermo Cabrera Infante

Año: 1967

Páginas: 451

Calificación: 9/10

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