Aparecen osamentas en el suelo de la PGV

Dantesco

Era un secreto sotto voce que circulaba por algunas páginas rojas: en las cárceles venezolanas hay fosas comunes. Era tan fuerte el caudal de información, que ni el mismo panfleto ‘Últimas Noticias’ podía hacerse la vista gorda: “rompen el piso, meten los cuerpos, les echan cal y tapan otra vez con cemento”, contaban. En octubre de 2016 el Observatorio Venezolano de Prisiones también lo advertía en un informe. Y ahora, en marzo de 2017, aparecieron las primeras pruebas de ello. Surgieron de casualidad, mientras un grupo de investigadores del CICPC hacía excavaciones buscando drogas, dinero y armas en el suelo de la Penitenciaría General de Venezuela (PGV), recientemente desalojada. Entonces, dieron con el hallazgo de una serie de osamentas cuyo número ha ido aumentando con el paso de los días. Según se lee en un boletín del Ministerio Público: “se han recuperado 14 cadáveres, de los cuales nueve tienen sus cráneos“; es decir, que hay por lo menos 5 cadáveres sin cabeza, “lo que hace presumir que las víctimas fueron decapitadas y sus cabezas desaparecidas enterradas en otros lugares, o utilizadas para rituales religiosos”, según reporta El Universal, que informa que todavía podría haber por lo menos 6 cadáveres más; cosa que horroriza pero no extraña, ya que estamos hablando de una cárcel que estuvo controlada hasta hace poco por un pran conocido como “Franklin Masacre”, quien tenía un séquito de 1.500 presos, cualquier cantidad de armas largas, y organizaba secuestros, robos y extorsiones. Cada preso debía pagarle 2500 BsF semanalmente, y a los que no lo hacían “Franklin Masacre” les mutilaba partes con un hacha caliente o les aplicaba la técnica del pingüino: los obligaba a juntar manos y pies para de un tiro perforarle las cuatro extremidades; luego, los enviaba a una celda de castigo, de la que en septiembre del año pasado fueron rescatado 411 presos mutilados. Ahora salen a la luz más pruebas de su reinado de terror.

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