Ya no me duele más – Silvestre Dangond

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Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Más que una canción, este es un grito de liberación. Un himno de triunfo que sólo pueden entonar aquellos que han logrado sobrevivir a un despecho y que ya se encuentran fuera del influjo de aquel sufrimiento. Es el aleluya de los que lo consiguieron, y, por tanto, un tema alegre, feliz, jubiloso y exultante. Lo canta Vicente Dangond, quien suena muy (demasiado) parecido a Carlos Vives y quien, al igual que su paisano, ha logrado convertir al malquerido y a veces execrado vallenato en una cosa urbana que se deja colar, querer y hasta oír.

Ay dile que ya sanó mi corazón
Que no me duele más su amor
Que ya no lloro más por ella

Ve y dile
Que yo aprendí bien la lección
Que no me entrego a otra ilusión
Si es pa’ sufrir de esta manera

El tema arranca enviando un recado a través de un tercero (o tercera, no está claro) a esa mujer que lo dejó. El núcleo del mensaje es que él se encuentra bien (“ya sanó mi corazón”), y las pruebas son que ya no siente (“no me duele más su amor) ni padece (“ya no lloro más por ella”), de lo que se desprende que para él la ruptura fue dolorosa. La segunda parte del mensaje va por el mismo derrotero: aprendió de su error y no volverá a cometerlo. ¿Cuál fue ese error? “Entregarse a [una] ilusión”. De lo que se podría concluir que aquí fue él quien lo dio todo (se entregó) por algo que no era verdadero (una ilusión), y por ello salió perjudicado (sufrió tremendamente).

Que ya no piense en regresar
Aunque no le guardo rencor
Que ya pasó todo el dolor, oh, oh

Que solo el tiempo le dirá
Si alguien la quiso más que yo
Que me hizo fuerte con su adiós
Y hoy le deseo lo mejor

En la primera línea le cierra la puerta a la posibilidad de volver a estar juntos. No queda claro si esto surge como respuesta a una propuesta que llevaba el/la mensajero/a, o si es algo que él, por voluntad propia, se adelanta a dejar claro antes de que pueda plantearse. En todo caso, esa puerta está cerrada con llave, y no porque él la odie o tenga algo contra ella (“no le guardo rencor / ya pasó todo el dolor”) no está movido por ningún sentimiento innoble (“hoy le deseo lo mejor”) y por eso, incluso, es capaz de encontrarle el aspecto positivo (“me hizo fuerte con su adiós”) a ese mal trago. Hay una madurez sentimental en esta estrofa, un crecer y sacar lo mejor de la mala experiencia, cuidándose, eso sí, de no repetirla. Sin embargo, también mete ahí su aguijón: “sólo el tiempo le dirá / si alguien la quiso más que yo”. No está mal la frase: mira el cariño que perdiste y a ver si vuelves a encontrar quien te lo de.

Ay, ya no me duele más
Ya te logré olvidar
Y aunque te quise tanto tu recuerdo me hace mal

Ya no me duele más
Ya te logré olvidar
¿Pa’ qué morir de pena si la vida sigue igual?

Ese “¡ay!” es muy pequeño para la fuerza que tiene al ser interpretado. Tendría que ir en mayúscula, con varios signos de exclamación, y todavía se quedaría corto. Aquí el arreglo del tema es fantástico para lograr que verdaderamente se sienta como un grito de liberación, de desahogo. Al escucharlo uno siente que en ese “ya no me duele más / ya te logré olvidar” salen exorcizados todos los demonios de despecho que lo atormentaban, que se libera de una opresión, de un peso y de un sufrimiento tremendos. Y ojo a la siguiente línea (“aunque te quise tanto tu recuerdo me hace mal”), que es triste y lúcida. Triste porque no hay en esta tierra forma que un “querer tanto” conjugado en pretérito perfecto simple (ese tiempo absoluto de acciones terminadas) no lo sea, ya que nos indica que ese sentimiento, esa cosa bonita, está en el pasado y en el pasado quedó: no se repetirá; y lúcida porque se reconoce frágil e inmune al poder del recuerdo (“me hace mal”).

Todo lo que sigue a partir de aquí, que no es mucho tampoco, carece prácticamente de valor. Coquetea con otra mujer (“párame bolas mi vida / ‘tay bonita, ‘tay soltera”), la deja libre (“sigue tu camino sin mi amor”) y promete cambio (“todo cambiará a partir de hoy”). Son líneas prescindibles, que no por ello demeritan las anteriores, y a pesar de las cuáles sigue siendo un tremendo tema que ojalá muchos (si no todos) los despechados puedan cantar a todo pulmón en algún momento de su vida, para proclamarle al mundo que a ellos tampoco les duele más y que lograron olvidar.

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