Con los diputados en la calle

CALLEWEB

Temprano en la madrugada, el dictador salió en cadena pidiéndole al TSJ que revise su propia sentencia, y a la oposición diálogo. Lo hizo con esa pose de becerrito degollado (el cordero es un animal muy noble para usarlo de símil) que usa cuando quiere victimizarse. Era igual a la que tenía en octubre, cuando apareció tan dialogante como anoche y al final ni devolvió el Revocatorio (asesinado también por sicarios judiciales del mismo “tren” del pran Maikel) ni dialogó. En aquel entonces, muchos apostamos por esa fórmula (“nostra máxima culpa”), pero aprendimos (y duro) la lección: con los dictadores, como con el demonio, no se dialoga. Y Nicolás, chaborro y todo, es uno de ellos. Tiene la presión internacional encima y, entre otros, el problema de una Fiscal que ya no controla. Así que agreguémosle uno más: el de un pueblo en la calle junto con sus diputados exigiendo que la Asamblea Nacional sea restituida con todos los poderes y facultades que le corresponden y que no ha tenido desde que 14 millones votaron por ella. Y si aún así el dictador tiene muchas ganas de dialogar, que lo haga sentado, rindiendo cuentas en el Hemiciclo y siendo interpelado por los diputados. Cualquier cosa distinta a esa es inaceptable. Por eso, vayamos a las 10 a Chacaito: a fastidiar a Maduro y a exigirle firmeza a los diputados, que no son otra cosa sino nuestros representantes.

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