No se ha resuelto nada

PRANWEB

Pretender que un Golpe de Estado se resuelve entre gallos y medianoche con reuniones de compadritos es el signo más claro de la anomalía institucional que vivimos. Nada más eso basta para comprobar que no mentimos ni exageramos cuando decimos que estamos en dictadura. Lo que pasó la noche del 29-M con la infame sentencia 156 es de tal gravedad que sólo puede ser superado mediante el enjuiciamiento de los golpistas. Mientras el pran Maikel y su tren de magistrados delincuentes continúen al frente del máximo tribunal del país, la palabra “institucionalidad” seguirá siendo un mal chiste. Mientras la mayoría opositora de la Asamblea Nacional no pueda hacer uso pleno de los poderes que un grupo de venezolanos (muchos más de los que eligieron a Nicolás Maduro en 2013, dicho sea) depositó en manos de los diputados, acá no se puede hablar de democracia. Hay una frase del último comunicado de los Obispos (que se leyó hoy en todas las iglesias de Venezuela y fue recibido con sonoros aplausos), que resume muy bien el problema: “Una nación sin Parlamento es como un cuerpo sin alma”. Y un cuerpo sin alma no es otra cosa que un cadáver. Eso son hoy Venezuela y su democracia: dos cadáveres. La primera, ensangrentada por el hampa común; y la segunda, por el hampa de cuello blanco, toga y birrete. ¿Y acaso no nos devolvió ayer el TSJ el Parlamento? No. La sentencia del recule lo que hizo fue llevarnos a la situación de hace una semana: la de una AN que existe pero sin ningún tipo de poder. Y eso sigue siendo i-na-cep-ta-ble. Por ello, volvemos a repetir, mientras la AN no tenga todos los poderes que el pueblo (en quien reside la soberanía, según la Constitución) masivamente le otorgó; y mientras al frente del TSJ haya un tren de delincuentes encabezados por un pran con dos muertos y un montón de delitos encima, mientras eso sea así, aquí no se ha resuelto nada. Seguimos siendo un cuerpo sin alma. Un cadáver de democracia. Una dictadura.

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