Octavio Paz, un hombre malquerido

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“Toda dictadura, sea de un hombre o de un partido, desemboca en las dos formas predilectas de la esquizofrenia: el monólogo y el mausoleo”

Fue, a nadie le quepa la menor duda, uno de los hombres más talentosos del continente. Un genio de la palabra. Pero tuvo dos faltas que lo hicieron tremendamente impopular. La primera, dedicarse a dos géneros casi clandestinos (poesía y ensayo); y la segunda, ser políticamente incorrecto y brutalmente honesto. Ello llevó a que Octavio Paz, nacido en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914, fuera, durante buena parte de su vida, un apestado. Un hombre malquerido hasta por los suyos, que cuando no lo despreciaban lo combatían pero casi nunca lo admiraban y las pocas veces que lo hicieron fue con reparos y a regañadientes. Como cuando en 1990 le dieron el Premio Nobel de Literatura y los periódicos mexicanos dijeron celebrar al poeta pero no al personaje, que para ellos seguía siendo abominable. Le cobraban sus posiciones políticas de derecha, que denunciara la falta de democracia en la Nicaragua sandinista (intocable en aquel entonces), que anteriormente hubiera sido implacable con la Cuba castrista y con la Unión Soviética estalinista, que hubiera osado defender, incluso, la hegemonía del PRI, que Vargas Llosa calificó como “dictadura perfecta” y él de “sistema hegemónico de dominación de un partido” pero de dictadura nada. Y así, seguían distrayéndose, olvidándose y perdiéndose del brillante autor de obras como ‘El arco y la lira’, ‘Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe’, ‘El laberinto de la soledad’, ‘Salamandra’ o ‘Los hijos de Limo’. El viernes, el caudal de informativo anegó la conmemoración de su nacimiento, por ello hoy lo recordamos con gratitud. Puedes leer una breve semblanza sobre el Nobel malquerido aquí.

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