¡A la calle con los diputados!

CALLEWEB

La actitud valiente y corajuda de nuestros diputados, quienes han puesto en juego no sólo su libertad sino también su integridad física en defensa de la del mandato que les dimos, hace que salir hoy a la calle deje de ser un asunto de opinión o gusto para pasar a ser un imperativo moral. A diferencia de tantas otras marchas, convocadas muchas por motivos fútiles y que no tenían otro fin que proporcionarles a líderes y dirigentes esos baños de pueblo que su ego y vanidad reclamaban; a diferencia también de aquellas a las que se iba con un pañuelo en la nariz y a pesar de los convocantes; esta vez nos preceden unos hombres y mujeres que, contra todo pronóstico, se han crecido en la hora chiquita. Habría que ser muy necios para no reconocer el temple y la gallardía que desde el mismo momento del golpe han demostrado. Habría que ser muy mezquinos para quedarse en casa y no apoyarlos ‘porque no quisieron calle cuando nosotros quisimos y tarde piaron pajaritos’. Y habría que ser, finalmente, muy sinvergüenzas para dejarles nada más a ellos la tarea de recuperar la democracia, cuando precisamente fuimos nosotros quiénes se la encomendamos. A la calle hay que ir a exigir que se respete el mandato sagrado que nosotros, el pueblo, como soberanos de esta nación (así lo dice la Constitución), dimos en diciembre de 2015: que el poder Legislativo sea autónomo y opositor. Porque el golpe del TSJ, entendámoslo de una vez, no fue contra los diputados en tanto individuos, sino contra aquellos a quienes ellos representan; es decir, contra nosotros. Fue nuestro derecho a elegir, a expresarnos, a ejercer la soberanía y la ciudadanía, lo que el pran Maikel y su “tren” de magistrados delincuentes pretendieron asesinar con su infame sentencia. Fue nuestra voluntad, expresada en votos, contra la que atentaron. Y tenemos que hacerla (que hacernos) respetar. Si dejamos que la violen (que nos violen) impunemente, si llegamos a tal grado de sumisión e indignidad, significará entonces que siempre tuvieron razón los pesimistas que proclamaban que con nosotros, los venezolanos, no había nada que hacer porque nunca dejamos de ser lo que fuimos toda la vida: esclavos. Qué cada quien haga lo que su conciencia le dicte. Nosotros, por si preguntan, hoy vamos a la calle con los diputados.

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