Tarek William Saab, el judas de 2017

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Debería ser, en teoría, el hombre que nos defendiera, nuestro protector y auxiliador ante el poder. Por el contrario, se ha convertido, en las redes sociales, en un campeón del bloqueo (no hace otra cosa sino bloquear gente); y, en la vida real, en un cómplice de la dictadura. Aunque de vez en cuando hace alguna declaración (siempre vía Twitter) condenando algunos de los excesos clamorosos de las fuerzas represivas, de allí no pasa. A la acción no llega. Y por omisión, ya se sabe, también se peca. Es el responsable directo de que el Pran Maikel, amo y señor del TSJ, y su tren de magistrados delincuentes, sigan al frente del poder judicial (en minúscula mientras ellos permanezcan en él). Sólo una declaración suya hacía falta para activar el proceso de remoción de los golpistas de toga y birrete, y él decidió no hacerla. De “inoficiosa” la calificó, y de ese modo se convirtió (y así quedará en la historia) en el gran defensor y cómplice de esa banda delictiva. Aunque por activa y por pasiva el pueblo caraqueño ha intentado ir a su despacho para intentar hacerle entrar en razón, ha sido imposible: la bota militar y policial, con sus bombas vencidas, disparadas de frente y lanzadas de helicópteros incluso, se encarga de impedirlo siempre. Y eso que se dice “poeta”, “humanista” y “defensor de los derechos humanos” (entrecomillado intencional por ser todas imposturas). De allí que hoy, cuando el pueblo, de modo simbólico y alegórico, hace justicia quemando a Judas, el traidor de Cristo, en nuestra hoguera digital arda este hombre falso y cómplice de la dictadura y sus delincuentes.

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