“Si el pueblo no tiene paz, que la dictadura no tenga paz”

PAZWEB

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Sólo una cosa pedía Arquímides para mover el mundo: un punto de apoyo; y sólo una cosa necesitó el equipo de protocolo de la Asamblea Nacional para mover el hemiciclo de Capitolio a Dos Caminos: tela. Fue a punta de ella (de metros o quizás kilómetros de tela) que las instalaciones deportivas del Parque Miranda terminaron convertidas en algo parecido a la sede del congreso. Arriba, abajo, a la izquierda y a la derecha, en todos lados había tela. Algunas cubrían las propagandas de la Gobernación de Miranda; otras intentaban (su carácter transparente hizo de ello algo fallido) tapar la sillería sur y simular así una gran pared detrás del podio; otras cubrían las barandas y otras colgaban de las luces para simular una bandera.

Mientras la decoración terminaba de estar a tono, y a punta de brazo y pride unos obreros intentaban sacarle brillo a la madera de los podios y escritorios, Juan Requesens se comía una bolsa de chocolate ‘Darks’; Ismael García, subido al carro de la popularidad, se tomaba una foto con Olivares y Pizarro a cada lado, que luego, entre risas, seguían su camino; Delsa Solórzano, que había llegado entaconada y maquillada, perdía por lo menos 10 centímetros cambiando de calzado; Juan Guaidó, ya canoso, grababa un storie; Omar Barboza chupaba un caramelo y ‘conspiraba’ con su grupo de UNT; Edgar Zambrano, hombre sombrío por excelencia, mostraba algo de entusiasmo hablando ‘off the record’ con una joven periodista; Tomás Guanipa declaraba ante los medios, mientras Alfonso Marquina y Richard Blanco esperaban a su lado el turno para ser consultados sobre prácticamente cualquier cosa por los colegas.

“El presidente de la AN nunca llega tarde: los demás son los que llegan temprano”, aclaraba, a modo de chiste, uno de los encargados de protocolo, para explicar el retraso de la sesión, que comenzó con media hora de después de lo previsto. Fue exactamente a las 11:32 cuando Julio Borges subió al podio. “Bienvenidos a su Asamblea Nacional”, dijo a la multitud que llenaba el estadio. “¿Hay quorum o no hay quorum, señor secretario?”, preguntó. “Hay más quorum que nunca”, le respondió éste, aunque probablemente no fuera cierto: aparte de la bancada oficialista (ausencia más que prevista), había 13 sillas de agencia de festejo vacías del lado opositor; 14, si contamos la del Vicepresidente de la AN, Freddy Guevara, que no era de agencia de festejo sino de un material mejor, y que se ocuparía a las 11:45, 13 minutos después de iniciada la sesión.

Aunque tres fueron los oradores (Ramos Allup –AD-, Guevara –VP-, Márquez –UNT-), el verdadero protagonismo lo tuvieron los dos primeros, siendo Freddy el mejor de todo. El problema de Ramos Allup (que subió aclamado y con el buen augurio de un ‘Henry te amo’, gritado por una espontánea) fue que estuvo muy teatral y exaltado (con manotazos al podio y todo). Soltó un ‘carajo’ y un ‘coñazo’ innecesarios y llevó la emoción a un extremo en el que esa voz de Rómulo  reencarnado comenzó a fallar. De sus infaltables (y sabrosas) criolladas, fueron ‘marrajos’ y ‘trapizonadas’ las que se le escucharon en el discurso, en el que no se ahorró adjetivos con nada ni nadie: Chávez (“culillúo visceral”), Maduro (“mermado de Miraflores”), la reserva (“esa tropa cómica y ridícula”), Tarek (“ocioso que defiende a todos menos al pueblo”), TSJ (“burdel judicial”). ¿El núcleo de su intervención? Que ‘la salida’ tiene que ser electoral y no militar; con votos y no con balas.

La entrada de Henrique Capriles sucedió (y no sería casualidad) al final del discurso de Ramos Allup, que bajaba del podio cuando el Gobernador de Miranda, entre un estruendo de aplausos y vivas, entró. Su llegada sirvió para que Borges hiciera la presentación de los demás políticos invitados, en la que inexplicablemente (o explicable porque había demasiada gente de Primero Justicia Sucre, quizás) Carlos Ocariz fue casi tan aplaudido como Capriles.

Tras la pausa de los saludos (durante la que Ramos Allup estuvo secándose afanosamente todo el sudor que le había dejado su exaltada intervención) llegó el turno de Freddy Guevara, quien probablemente pronunció ayer uno de los mejores discursos de su carrera y el mejor de la jornada. El Vicepresidente de la AN se creció y habló con una fuerza y una convicción tremendas. Sin ser precisamente un gran orador de tribuna y sin ser un mago de la retórica ni tener un montón de licencias y recursos bajo la manga, Freddy consiguió conectar y conmover a la gente, a la que constantemente interpeló. “Pueblo de Venezuela, ¿nos vamos a cansar? ¿nos vamos a rendir?”, preguntó al público, que siempre le respondió. El “¿se puede o no se puede?” es ya casi su grito (o pregunta) de guerra y tiene en la masa un poder enorme. Su discurso se centró en el llamado a la calle y a la resistencia (cosa previsible): “Si el  pueblo no tiene paz, que no haya paz para la dictadura”, dijo parafraseando a Emiliano Zapata, en la que fue una de sus frases más aplaudidas. Sin embargo, lo más interesante fueron sus palabras a los funcionarios públicos: ustedes, que no han cometido crímenes de lesa humanidad, no tienen que hundirse con Maduro y sus militares, todavía no es demasiado tarde para que rectifiquen y hagan lo que deben. La historia y nosotros se lo reconoceremos.

De Henrique Márquez, quien le siguió a Guevara, la historia dirá que habló y los hechos que nadie recordó nada de lo que dijo. Mientras que de Julio Borges (que estuvo tomando Gatorade toda la sesión y rechazó una Coca-Cola, ese vicio suyo) se dirá que causó más suspiros de alivio que nadie. Sobre el presidente de la AN sigue pesando tal estado de sospecha, que cuando la gente le escucha hablar firme y decir lo mismo que llevan semanas diciendo otros se emociona como si fuera cosa nueva y nunca antes escuchada. A él le correspondió leer el manifiesto de 7 puntos para restituir el orden constitucional en Venezuela. Se trata de un duro documento de rigurosa actualidad e imprescindible lectura. ¿Lo que generó más alivio en la gente? Escucharlo decir: “No vamos a legitimar a una dictadura ni vamos a caer en diálogos falsos. El diálogo está clausurado y fracasó por incumplimiento del gobierno”.

Por ello, cuando finalizó la lectura del Manifiesto y tocó votarlo, la gente, toda, levantó la mano. “Aprobado por unanimidad” fueron las palabras con las que cerró la sesión.

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