Pedro Yammine: “Pude sentir y oír como cada uno de los huesos de mis costillas se partía”

EXCLUSIVAWEB

Por: Antonieta Abreu | @AntoAbreuh

I

Pedro Yammine, el joven pisado dos veces por una tanqueta de 9 toneladas, salió de su casa el 03 de mayo y le dijo a su novia: “Tranquila que no me va a pasar nada, yo me voy a cuidar”. Dejó a su madre molesta: antes de irse, ella le había preguntado qué necesidad tenía él de salir. “No me puedo quedar aquí en la casa sintiendo que no estoy haciendo nada, la impotencia que siento es muy grande”, fue su respuesta. En ese momento, ya  estaban empezando reprimir en la autopista.

Unos shorts del Caracas FC, una camisa de lenguaje de mudos y otra adicional para cubrirse la cara era la ropa que llevaba.

Bombas lacrimógenas iban y venían en plena Francisco Fajardo: cuatro tanquetas, dos ballenas, una cantidad importante de motorizados y la infantería era lo que tenía la Guardia Nacional. “Vamos muchachos: sí pueden. Vamos. Estamos preparados”. Ese mensaje, lleno de ironía y de sarcasmo, se transmitía por la salida del  parlante de la tanqueta que manejaba un grupo de la GNB. Esto hacia que la rabia y la euforia que él y sus compañeros tenían por dentro se intensificaran.

Los comenzaron a rodear por la parte de arriba de los distribuidores lanzando bombas, pero esta vez no para dispersar a los grupos de choque, sino para pegarles directamente. Cuando notaron que ya estaban muy acorralados, comenzaron a dar unos cuantos pasos para atrás. Los de infantería ya se encontraban muy cerca de los escuderos. En ese momento, los GNB comenzaron a disparar perdigones y lacrimógenas. Sin parar, Pedro corría y se cubría de las bombas hacia un lado y otro para no ahogarse. Entonces, la represión llegó a su punto de ebullición: comenzaron a lanzar todas sus municiones al mismo tiempo, método que suelen usar la PNB y la GNB cuando quieren ganar terreno.

Todo se convirtió en un ciclo repetitivo: los comenzaron a acorralar por La Carlota y tuvieron que saltar hacia el Liceo Gustavo Herrera, donde les disparaban a quemarropa. A la altura del Burger King de Bello Campo, Pedro  pudo reducir su ritmo y caminar a paso normal junto a sus compañeros hasta que volvieron a caer a la Torre Británica de Altamira. Allí, comenzó la represión nuevamente y los Guardias salieron armados con sus motos. Esta vez, los estudiantes no tuvieron miedo y se pusieron de pie frente a ellos; la GNB respondió con una humareda de bombas y perdigones.

II

“Qué tipo tan cobarde, ¿él no sabe cuánto cuesta una moto de esas?”, es lo que piensa Pedro cuando ve que un GNB sale corriendo y deja tirada su moto. Junto a un grupo de choque de 20 personas aproximadamente se había acercado para hacer presión frente a los Guardias detrás de las barricadas. Un aire fugaz y un sonido de soplete es lo que siente y oye Pedro por el lado derecho de su cara. Al voltearse se da cuenta de que uno de los Guardias le había disparado directamente una lacrimógena, pero había fallado el tiro. Pedro se sorprende, pero cuando se voltea, ve que el Guardia no tiene tiempo de recargar el arma  para volverle a disparar y opta por la salida más cobarde: correr.

“¡Dios mío! ¿Qué está pasando aquí?”, es lo que piensa cuando ve ante sus ojos cómo se desarrolla una lucha campal entre estudiantes y Guardias. Es el primero, de todos los choques en los que ha estado presente, en el que ve tanta valentía entre sus semejantes frente a las fuerzas represivas, cosa que lo emociona. Cuando llega cerca de la moto, Pedro y sus compañeros corren detrás de la barricada para que la tanqueta que venía de frente no pudiera seguir derecho y chocara contra ellos. En cuestión de segundos, él se voltea y estando de espaldas la tanqueta lo sorprende y lo atropella. “Luego me entero de lo que pasó, pero para ese momento sólo recuerdo que la tanqueta ya venía encima de mí”, dice, pero el médico tratante se dio cuenta del detalle y le dijo que si no hubiese sido por la moto arrollada del otro lado, él no estaría entre nosotros.

“Pude sentir y oír como cada uno de los huesos de mis costillas se partía. Pero con tanta adrenalina en el cuerpo, el dolor no llegaba a mí todavía: algo parecido a como cuando te levantas  y te suenas la espalda en la mañana. En ese momento, mi primera reacción consciente fue que mi corazón no había explotado; es decir, que yo seguía vivo, y si sigo vivo, bien”.

Si no hubiera actuado rápido, la otra rueda le habría aplastado las piernas y lo hubiera podido dejar inválido: pero las recoge a tiempo. Se queda en forma fetal debajo de la tanqueta hasta que ésta retrocede. Entonces, rueda y se levanta con sus propias piernas y se va fuera de ahí rápidamente. Los estudiantes lo cargan, lo montan sobre la parrillera de una moto y lo llevan a una línea segura en medio de tanto alboroto. Enseguida, los paramédicos de la UCV lo ingresan dentro de una camioneta Toyota y lo trasladan para que lo atiendan. “Recuerdo que por cada hueco que pasaba esa camioneta era muy doloroso, y para distraerme y mantener mi mente activa intentaba pedir el número de teléfono de una de las enfermeras que me parecía muy linda; le lanzaba besos y todo”.

Lo trasladaron a la clínica El Ávila sin ninguna documentación en mano, ya que la cédula la tenía en su zapato derecho, el cual había perdido. Solo tenía su conciencia activa para poder decir en voz alta su nombre completo, número de seguro y cédula de identidad momentos antes de desmayarse.

“Ya yo estaba conciente de mi situación. Sabía que estaba muy grave y que tenía muchas fracturas en el cuerpo. Sentía una presión muy fuerte en los dientes, la cual persiste todavía y no me permite abrir mucho la boca”.

Luego de que le colocan los medicamentos por medio de una vía, Pedro por fin logra descansar. Sus ojos no volvieron a abrirse sino hasta 48 horas después, en terapia intensiva y con un tubo en las costillas. Él sólo quería saber la hora y el día.  “Me parecía a Darth Vader de lo mal que estaba respirando”, cuenta. Tenía mucho dolor en ese momento pero a la vez era reconfortante que lo sintiera, ya que significaba que poco a poco sus pulmones se expandían.

En la mano derecha tenía una fractura y con la izquierda escribía algunos jeroglíficos para poder hacer preguntas y responderle a los demás, ya que no podía hablar mucho. A su papá lo dejó entrar primero que a su mamá, ya  que ella es algo nerviosa y no quería que lo viera hasta que se sintiera fuerte.

III

La mañana del miércoles 10 de mayo, Pedro Yammine está acostado en una cama clínica bien equipada. Tiene dos tubos colocados en el tórax, una fractura en el brazo derecho, una vía que le van cambiando constantemente, y sus lentes bien puestos. Cada tanto, las enfermeras entran a tomarle la tensión y a llevarle la comida. La mastica poco a poco, con la mandíbula doliente. A quienes lo visitan, los recibe cálida y amablemente, agradeciendo su presencia.

-¿Has visto fotos y videos del momento? ¿Qué sientes al verlas?

-Pude ver las fotos y videos cuando ya estaba consciente, podía hablar y no me podía alterar. Pero la verdad es que no sentí algo que me marcara, ya que los ángulos de los videos no son muy buenos y no se veían muy bien.

-¿Si te encontraras de frente al Guardia que manejaba la tanqueta, qué le dirías?

-Al principio, seguramente, lo insultaría para desahogarme, pero además de eso le preguntaría el por qué, qué pasó de verdad en ese momento, por qué lo hizo, o por qué tiene que manejar eso. Seguramente también lloraría. No sé, tal vez él me daría una explicación de que está pasando por una situación muy triste en su vida, y tal vez yo trataría de entenderlo, porque sigo sin comprender cómo alguien puede defender una moto a cambio de la posible vida de un ser humano, porque él también debería ser venezolano. Le haría muchas preguntas en realidad, pero creo que nunca le disculparía la acción.

-¿Qué sientes cuando te llaman héroe?

-A mí me molesta que mucha gente me llame héroe cuando en realidad yo no he logrado cambiar nada. Se los respeto, porque, claro, puede ser su opinión, pero a mí me molesta bastante, porque si no se logra nada con esto, habré sido simplemente una persona que fue atropellada y ya. Bueno, en realidad fue así: una persona atropellada y ya. Pero fui alguien que lo vivió en  un país con un cuarto de personas que trata de controlar a la mayoría con represión.

-¿Crees que valió la pena?

-Por ahora no sé si valió la pena, pero espero que sí.

-¿Volverías a la calle?

-Sí. Y volvería a estar en ese punto de riesgo, pero con más prudencia esta vez.

-¿Qué mensaje les puedes dar a los que te están relevando en ella?

-Eso. Que sean más prudentes que yo, y que se den cuenta de que al final dejarse llevar por las emociones y la valentía termina por llenarlo a uno de impotencia. Yo tuve dos ocasiones en las que me gritaron que parara: cuando la bomba me paso por al lado y cuando el choque de la tanqueta, pero bueno, no las escuché. Yo incluso me pare enseguida e iba a seguir.

-¿Perteneces a algún partido?

-Yo la verdad es que no pertenezco a ningún partido político en específico. Lo que deseo  es que Venezuela tenga un gobierno de gabinete amplio, con gente de distintos pensamientos y trayectorias, que se tomen en cuenta a la hora de gobernar.

-Un mensaje para los venezolanos…

-Me ha gustado bastante que se haya seguido con las movilizaciones y marchas sin parar, a pesar de los muertos y heridos que habido, yo sobre todo. Y les diría que no se paren, porque lamentablemente nos siguen robando como sea, nos estafan, el CNE, el TSJ. No importa lo que ganemos legalmente o pacíficamente, tenemos que hacer valer nuestros derechos.

Comentarios

comentarios

You May Also Like