¡ASESINOS!

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Lo de hoy ha sido tan impactante que a Néstor Reverol –ministro de Interior, Justicia y Paz– no le ha quedado de otra que poner en práctica el deber ser de todo funcionario del Gobierno: decir la verdad. Ha sido a medias –“En la avenida Sur de Altamira a la altura del distribuidor se produjo un hecho irregular que está bajo investigación”– y maquillado con demasiados matices –“[En] la hipótesis principal dentro de la investigación iniciada se presume el uso indebido y desproporcionado de la fuerza”–, pero, como decimos, no le ha quedado de otra que admitir que en la manifestación de la ‘derecha violenta y vendepatria’ los cuerpos de seguridad del Estado, destinados a defender a cada uno de los venezolanos, le han disparado a su pueblo. Y no le ha quedado de otra porque hay tanta evidencia (foto y video) rodando por las redes y dándole la vuelta al planeta que la retórica (ya de por sí oxidada) del chavismo no ha encontrado falacia que usar: a Fabián Urbina (17 años) lo mató un balazo de la Guardia Nacional Bolivariana. Este lunes en Altamira hubo disparos a mansalva por parte de aquellos que se ufanan de propiciar la paz y el diálogo en nuestro país. Disparos que mataron a Fabián y que hirieron a (por lo menos) cuatro venezolanos más. A Reverol se le unieron Benavides Torres –comandante de la GNB que había declarado ayer que en Venezuela nunca más se sacaría la fuerza armada a la calle con armas de guerra para contener manifestaciones– y el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, para hacer lo que nunca hacen: condenar las desgracias ocasionadas por el Gobierno. Tuvieron que hacerlo porque, arriesgando su vida, había un grupo de fotógrafos y periodistas que estaba decidido a contar la verdad: que la GNB mata a balazos.

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