Rayner Peña, el Benjamín de las fotos

FOTO: Francisco Touceiro FOTO: Francisco Touceiro

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Quien entrara a la panadería y lo viera allí sentado, no sospecharía ni remotamente que detrás de ese muchacho flaco, de chemisse azul y túneles se esconde el que ya varios de sus colegas califican como una promesa del fotoperiodismo criollo. Pensaría, seguramente, en un estudiante universitario, pero difícilmente en un fotógrafo que tiene cien días metido en la candela, documentando desde el primer frente las protestas en Venezuela. Sería muy difícil barruntar que esos ojos un tanto esquivos están entrenados para ver y capturar (cámara mediante) lo que casi nadie; que esa humanidad endeble se para entre Guardias y manifestantes, y soporta perdigones, bombas y metras. Tendría la persona que sentarse con él y escucharle contar el sinfín de peligrosas anécdotas que guarda (es también un auténtico storyteller que suele responder preguntas con cuentos), o ver en su perfil de Instagram alguna de las magníficas fotos que ha tomado, para dase cuenta que no es exageración, colegueo o mucho cariño, sino que efectivamente Rayner Peña, ese muchachito de 21 años, es, con ganado derecho, el Benjamín de esa familia de talentosísimos fotógrafos que están cubriendo las protestas.

Su historia arranca con una Fujifilm SH25 (“semi-profesional”, en sus palabras) y un afán estético y detectivesco (“me gustaba encontrar cosas bonitas y ocultas”) que parecía llevarlo por los derroteros de la fotografía de estudio. Pero la calle tenía otro plan para él. El 13 de febrero de 2014, veinticuatro horas después de uno de los varios ‘días D’ que ha tenido Venezuela, decide salir: “Vi las noticias y dije: ‘¿Qué tal si voy y hago fotos?’”. Y eso hizo: no tenía credencial (tiempo después un medio digital lo dotaría de una) ni experiencia (“no sabía ni siquiera cómo moverme”), pero le sobraban redaños: “Me puse a ver cómo trabajaban los demás, me empecé a montar en muros y rejas, y seguí”. Entonces, lo entendió todo: “A mí no se me terminaba de dar la fotografía de estudio, ni la comercial, sobre todo por un tema de las luces y la escena; y me gustó la calle porque allí no había nada preparado: solo tenía que buscar con el ojo la forma de que la foto quedara”.

Y en la calle sigue tres años después, fiel a su búsqueda. Ya la credencial no es de un medio desconocido, sino de El Pitazo, de cuyo ‘staff’ forma parte. Ya no mira de lejos a esos fotógrafos que antes admiraba, sino que se les para al lado y los trata de tú: “En 2014 los veía haciendo fotos y yo decía: ‘quisiera estar allí’. Ahora me estoy codeando con ellos. Me ha pasado incluso que me han felicitado por algunas fotos y eso me satisface bastante”.

He aquí, pues, el diálogo con un muchacho realizado.

-Un fotoperiodista es alguien que…

-…busca la foto para informar, sin que sea necesario que deba llevar un texto.

-¿Qué se requiere para ser uno?

-Tener nociones básicas de las leyes de la fotografía, respetar a las personas que se están fotografiando, saber cuidarse y moverse en la calle, y tener el ojo bastante pulido sobre los temas noticiosos.

-En el fotoperiodismo, a la hora de realizar una foto, ¿qué debe primar? ¿la calidad estética de la imagen o la información que contiene?

-La información. Los fotoperiodistas buscamos fotos que tengan noticia, el contexto, lo que pasó. Es diferente, por ejemplo, el fotógrafo que hace sociales y luego va a hacer fotoperiodismo: porque puede hacer una foto bonita de los manifestantes sin contenido noticioso.

-Si pudiéramos ponerlo en porcentaje…

-La información es 90% y la estética es 10%.

-¿Qué es una buena foto para ti?

-Una que tenga una buena composición y que tenga el mensaje bien claro. Hay veces que a mí me gusta que la foto rompa las leyes de la fotografía, de los tercios, de la mirada. Eso me parece interesa. Además que es repetitivo que siempre sea la foto del chamo en un punto de atención siguiendo la ley de la mirada, siempre en un mismo punto. Terminas entonces haciendo la misma foto. Si rompes las leyes vas a tener algo variado y la foto igual va a ser buena.

-¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Eso tiene cabida en el fotoperiodismo?

-Yo opino que no. El fotoperiodismo trata de mostrar cosas de la realidad. Una verdad, algo que pasó, un suceso, algo que no se puede ni se debe manipular. La mayoría usa programas para mover luces, mudar fotos para que se vean mejor, pero no alterar la foto. Es que ya, si hay algo atravesado que distrae la atención, un brazo por ejemplo, ya eso deja de ser una buena foto.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano?

-Hay personas que hacen fotos sin saber de fotografía e informan. Ahora, no sé si es fotoperiodismo. He visto a gente haciendo fotos al lado de nosotros para ganar seguidores o cosas así, y no informan con las fotos. Yo creo que para que una persona sea considerada fotoperiodista debe tener básicamente preparación, saber qué es el periodismo, los mensajes, los contextos.

-¿Con qué equipo trabajas ahorita?

-Ahorita trabajo con una Canon T5i. Antes tenía una  Canon XSI de 10 MP, pero se me cayó par de veces,  se le dañó el lente y le costaba disparar. La están reparando ahorita.

-¿Hay un lente que te guste en particular?

-Lamentablemente no he tenido la oportunidad de trabajar con equipos tan buenos para poder opinar de lentes. De hecho, la cámara que tenía ahorita tenía una velocidad de ráfaga muy lenta: disparaba 10 fotos en ráfaga y luego tenía que esperar 5 segundos. Y me perdí una cantidad de fotos increíbles por eso.

-¿La cámara hace al fotógrafo?

-Este tema de que cámara no hace fotógrafo no lo comparto del todo. No es lo mismo salir a la calle con una cámara compacta que con una más profesional. Con otra puedes hacer fotos a las 7 de la noche y te van a quedar muy bonitas.

¿Cuánto es el fotógrafo y cuánto cámara?

-50/50.

-¿Cuál ha sido el momento más difícil de esta cobertura?

-Cuando pisaron al chamo en Altamira. Ese día, yo hablaba con colegas y desde temprano sentíamos una cosa rara. En la autopista fue súper fuerte. Nos pegaban piedras y cosa. En Altamira estábamos tomando agua y sentíamos una vibra rara. Y cuando empieza la represión otra vez en Altamira, nos hacen retroceder. La GN nos dice: ‘No bajen ni suban. Se quedan allí’. Y nosotros sin poder movernos. Todos los trabajadores de prensa nos quedamos allí, y subieron las tanquetas. Empieza el enfrentamiento fuerte, la tanqueta choca en ese momento, los chamos se le van encima, le quitan una de las puertas a la tanqueta. Cuando le quitaron la puerta, el chofer se molestó demasiado y comenzó a moverla como si fuera un carrito chocón. En ese momento, un manifestante le da una patada a un guardia, lo tira al piso, el que queda en la moto dispara la bomba que tenía y se queda sin nada, sale corriendo. Los manifestantes se van encima de la moto y viene la tanqueta con todo. Yo estaba en la acera, me acerco, hay un coñazo de GNB, regreso y es cuando la tanqueta arranca y pisa al chamo. Tenía un angular y estaba muy lejos. En ese momento recuerdo que me puse loquísimo. Cuando la tanqueta le pasa por encima, ella avanza y todo el mundo quedó como: CDLM. Yo corrí, intenté hacerle la foto al chamo. Tengo la foto de cuando lo montaron en la moto. Pasan dos minutos, lo montan en la moto y veo a un manifestante corriendo con la escopeta en la mano. Le tomo la foto y me pongo en el piso a pensar en todo lo que había visto. Alguien pasa corriendo y es el chamo quemado. El chamo tenía todo quemado. Lo sientan en el piso y cuando reacciona pega un grito de dolor increíble. Increíble ese grito. Ese ha sido el día más rudo.

-¿No te da miedo, Rayner?

-Sí. Sí.

-¿Y cómo es que el miedo no te ha llevado a renunciar?

-No sé. Yo comparto con un amigo que el miedo es el límite que tenemos nosotros. Cuando sentimos miedo no corremos pero tratamos de estar lo más cubierto posibles, tratar de hacer la foto con el mayor cuidado posible. A veces nos tenemos que arriesgar para hacer una foto y hay compañeros que lo han pagado.

-¿Cuánto es lo más que has arriesgado tú por una foto?

-No sé. He estado casi al lado de los manifestantes en la autopista: allí hay bombas, piedras, perdigones. La otra vez un muchacho prendió un cohetón y tenía una botella con gasolina y no se dio cuenta de que la mecha se estaba consumiendo. Le tomé una foto y salí corriendo. Vino un chamo, le dio un empujón, se le cayó y pufff, explotó.

-¿Y una foto vale la vida?

-No. Y siempre nos lo repetimos. En la casa, entre colegas, siempre. Una foto no vale una vida. Un detalle de un día de cobertura no vale una vida.

-¿Tras tantos días de protesta es posible hacer una foto original?

-Sí. De hecho creo que vivimos pensando qué podemos publicar ahora. Qué buscamos, cuáles detalles. En estos días había un chamo con un casco de la Guardia devolviendo bombas con un palo de golf. Hemos visto niños. Eso lo he hablado con algunos compañeros: puede ser la misma foto del guardia disparando, pero quizás el guardia tiene algo diferente. Puede ser repetitiva, pero no podemos quedarnos en no hacerla por eso, porque puede pasar lo de Neomar: que nadie tiene la foto. Todos pensamos lo mismo: ‘Este chamo va a lanzar algo’, nadie tomó la foto y le pasó algo al chamo.

-¿Has llorado?

-Ese día en Altamira de la tanqueta, que me recosté de las piernas a pensar 10 segundos, boté dos lágrimas y seguí.

-¿Hay alguna foto que te haya afectado especialmente?

-La del chamo quemado gritando de dolor me afecta bastante. La de la tanqueta: tengo mucha incomodidad con esa foto. En las que hay llanto. Esas cosas pegan bastante: la expresión de dolor de la persona herida.

-¿Se te ha escapado alguna foto?

-Mira, el día que mataron a Neomar estuve a punto de tomarle una foto. Él siempre llevaba la misma vestimenta. Recuerdo un día en Altamira Sur que la Guardia estaba bastante agresiva. Desde el parlante de la tanqueta les gritaban a los chamos que eran unas mariquitas, que se acercaran, que les iban a partir las patas. Les gritaban eso, y recuerdo que Neomar bajaba y les gritaba cosas en contra. Y el Guardia decía: ‘Vamos por el carajito de los pantalocitos para enseñarlo a ser hombre y que se ponga los pantalones bien puestos’. El día que lo mataron, temprano, yo lo vi, e iba a levantar la cámara para hacerle una foto: estaba lanzando una molotov y él iba, flaquito, caminando solo, sesenta metros más adelante que el resto de los manifestantes, y  me quedé viéndolo con su chalequito. Y no sé por qué no le hice la foto. Hay veces que me pasa eso: se me va la foto.

-¿Cuál es tu mejor foto?

-Todavía no le he hecho. Eso nos pasa. Y por eso andamos con la insistencia de vamos a ir y seguir. Hay fotos buenas. No sé. Tengo que buscarla. Lo que pasa es que cuando salgo hago entre 800 y 1200.

-¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

-Hay una de Miguel Gutiérrez en la que se ve la tanqueta, los Guardias detrás y de fondo los manifestantes detrás. Esa foto es muy buena y engloba mucho lo que está pasando.

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