Conversando con la resistencia

RESISTENCIAWEB

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Son hijos de la represión. Nacieron para enfrentar las peores condiciones. Sus pulmones se han llenado de gas y sus cuerpos son un solo tatuaje compuesto de mil cicatrices. Vinieron al mundo con la Revolución Bolivariana y están dispuestos a entregar su vida, literalmente, para que el resto de Venezuela deje de padecer el Socialismo del Siglo XXI. Terroristas según quienes hoy gobiernan –antaño golpistas, guerrilleros y encapuchados–, se han convertido en un símbolo histórico de esta lucha. Santos en mil hogares, héroes nacionales por consenso, su papel en la crisis comienza a ser controversial. No han sido estos los días de calle, calle y más calle. El plebiscito y la liberación de Leopoldo han enfriado el pavimento y ellos, independientes por convicción, están configurando su propia agenda ante la discrepancia con una Mesa de la Unidad de la que, según nuestro entrevistado, no han recibido ni financiamiento ni asesoría.
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Su crecimiento ha sido orgánico y rudimentario. Fueron coincidiendo en manifestaciones y la empatía hizo el resto. No sólo luchaban por lo mismo, sino que lo hacían de la misma manera. Había que organizarse y buscar apoyo. Fue así como empezaron a crearse células con diferentes anillos de confianza. El organigrama no es nada del otro mundo: grupos de 30-40 personas que se reúnen en el mismo lugar y a la misma hora para hacerle frente al gas, agua y perdigón, mientras unos 6-7 se encargan, además de resistir, de labores logísticas y de establecer el modus operandi. Cada resistencia es un universo y no hay emperador que los gobierne. En Revista OJO tuvimos la oportunidad de conversar con uno de estos jóvenes y esto fue lo que nos dijo:

-¿Cómo te uniste a la resistencia?

-Primero yo asistía a las marchas como cualquier otro: iba y protestaba. Pero con el paso de los días, cuando empezó a movilizarse más gente, me acercaba más al frente y ahí mismo fui conociendo a los del movimiento. Cuando estábamos, digamos, en zona verde, conversábamos y ellos me dijeron para unirme a la resistencia como tal. Me dijeron que necesitaban organización y estaban, por supuesto, buscando gente. Había mucha disparidad con la cantidad de guardias, entonces cualquier persona que se quisiese sumar era bienvenida.

-¿Había una especie de contrato? ¿Les pediste algún número para contactarlos?

-Al principio simplemente nos encontrábamos en las marchas y ya. Pero con el tiempo empezamos a organizarnos más y sí teníamos contacto entre algunos de nosotros, incluso por teléfono. Nos reuníamos y nos organizábamos para preparar las manifestaciones que viniesen.

-¿Dónde se hacían esas reuniones?

-En una casa que puso alguien del movimiento. No era nadie de afuera, ningún político ni nada. Era gente del mismo movimiento y nos organizábamos ahí.

-El gobierno ha dicho en reiteradas ocasiones que ustedes reciben dinero de los dirigentes opositores. ¿Ha habido algún tipo de financiamiento? ¿Qué relación tienen con los políticos? ¿Se han reunido?

-No, no. Más allá de que, por ejemplo, cuando había marchas, sobre todo allí, normalmente algunos diputados de oposición iban al frente con nosotros. Pero era algo más simbólico que otra cosa. Nosotros en ningún momento estrechamos manos. Nunca hablamos con ellos porque nosotros no estamos sirviendo ningún partido, sino a nuestro movimiento, a nosotros mismos. Sí es cierto que estamos luchando por la misma causa que estos dirigentes de oposición y que el pueblo que sale a manifestar, pero en ningún momento tuvimos contacto, ni nos dirigimos palabra. Nada con ellos.

-¿Consideras que conoces a suficientes miembros de la resistencia como para afirmar que no hay financiamiento?

 -Te puedo decir que lo que se puede ver como financiamiento, lo que son las máscaras y eso, es proveniente de donaciones que gente anónima nos hace llegar y con eso es que montamos la resistencia como tal. Pero no existe ningún intermediario que tengamos identificado para decir: ‘Mira, él nos da las máscaras, este nos da los guantes’. No. Son donaciones: el mismo pueblo que nos ayuda. Obviamente con el pasar del tiempo y mientras más manifestaciones ha habido, incluso se puede ver que en redes sociales hay cuentas que se encargan de recibir ese tipo de donativos y de alguna manera nos los hacen llegar. Pero nunca con contacto directo, nunca con nombre. Nada de eso.

-Tratan de mantener el anonimato…

-Sí, exacto, porque nunca sabes quién está del otro lado. Además, viendo cómo se ha manejado la situación, queremos evitar compartir nombres, y no tanto por nosotros, porque en definitiva ya nosotros nos arriesgamos yendo al frente, sino más bien por la seguridad de las personas que intentan ser parte de esto, así no sea en la lucha.

-Volvamos a la sede. ¿Cómo funcionaba y para qué la utilizaban?

-La utilizábamos para guardar los equipos y allí nos reuníamos, aunque no todo el grupo de resistencia, sólo una parte. Allí organizábamos, por ejemplo, si la marcha salía desde tal punto, tratábamos de prever nosotros dónde empezaría la represión. Preparábamos un plan: qué debíamos hacer, vías de escape, todo eso. Y hacíamos una especie de análisis del movimiento político, porque eso influía bastante en el nivel de represión. También hacíamos una especie de recapitulación, es decir, quiénes estábamos disponibles, porque normalmente siempre había heridos y teníamos que ver cuántos teníamos disponibles, para de ahí en adelante crear un plan.

-¿Cómo es el organigrama de la resistencia?

-La resistencia es el nombre que se le da al movimiento, pero no es que es una organización que está toda conectada. Los de Caracas no es que tengan un contacto con la gente de Maracay o con los de Carabobo, no. Son células y cada una se organiza de distintas maneras. Pero coincidimos, no varía mucho el plan… También es que cuando empieza la represión tenemos que cambiar todo lo que teníamos en mente porque es muy complicado mantener un plan cuando tienes tanta fuerza en contra. Si te encuentras con un grupo de otro lado, te apoyan. Nunca hubo problema. Pero eso sí: contacto como tal con otra célula, muy muy poco.

En tu grupo, ¿cuántos participaban y con cuántos te comunicabas por teléfono o en reuniones?

-Bueno, cuando yo me inicié éramos 38 y teníamos contacto directo unas 6-7 personas. No nos gusta hacer nada por mensajes, ni de Whatsapp ni nada. Es más bien: ‘Mira, nos vemos en este sitio’ y ahí nos organizamos. Todo en persona. Pero ya tú sabías con quién te estabas juntando y el número de esas personas.

-¿Cuál es su filosofía? ¿Qué los motiva? ¿Tienen algunos códigos?

-Cada uno se impulsaba por distintos motivos. Unos protestaban por la situación económica, otros estaban pasándola bastante mal, otros era por la inseguridad, otros por experiencias en barrios… Todos, la gran mayoría, somos personas de bajos recursos. Entonces, lo que empezó a movilizarnos fue que, cuando se convocaba una manifestación, nosotros veíamos que nunca se podía avanzar y que a la primera bomba lacrimógena, a la primera arremetida, las personas retrocedían y ahí se acababa la manifestación. La gente por un temor, por supuesto entendible, se iba. Entonces se empezó a decir: ‘Ajá, ¿qué hacemos? ¿Qué podemos hacer para que esto funcione a la larga?’ Y era eso: mantenernos en la calle y ponerle resistencia a las fuerzas represoras de la manera que fuera.

De ideología, no existe en la resistencia algo así como ‘somos de izquierda’, ‘somos de derecha’, ‘somos neoliberales’, ‘somos chavistas críticos’, no. Nada de eso. Simplemente nuestro fin es que se nos escuche. Permitir, porque nosotros éramos el escudo de la manifestación, que la protesta avanzara hasta donde la gente quisiera y por supuesto eso es un método de protesta. Porque la situación que se vive es sumamente delicada y hay tantos problemas… Se ven afectadas personas de cualquier ideología, religión, tendencia política, clase social, lo que sea. Todos estamos involucrados. No hay un estigma que nos redondee a todos.

-El gobierno los acusa de violentos. ¿Qué opinión tienes al respecto?

 -Normalmente en las manifestaciones, en el lugar que sea, nosotros nunca llegábamos de buenas a primeras al piquete y que ‘lánzales piedras, molotov, morteros y vamos a herirlos’. No. Nunca. Siempre había un parado. Nos parábamos en frente, visualizábamos la situación para ver cómo iban a accionar ellos y uno del grupo se adelantaba y se encargaba de hablar con el sargento, el encargado del piquete. En muchas ocasiones nos dijeron que no iban a hacer nada, que ellos estaban ahí, parando el transitar de la manifestación, que ellos no iban a dispersarla ni nada. Pero en lo que nos dábamos la vuelta y nos distraíamos un poco, ya empezaba la represión: bombas, activaban las ballenas, nos daban perdigonazos y nos emboscaban con otro piquete desde otra zona. Ahí empezaba la lucha como tal.

-¿No tenían miedo?

-Era más el miedo, porque claro que sientes temor, sabes que estás arriesgando tu vida… pero era más el miedo a lo que pasaría si no hacíamos nada, que a recibir perdigonazos, que te metieran una bomba lacrimógena o que la ballena te tumbara. Ese temor se mitigaba frente al miedo de seguir el día a día que estamos viviendo desde hace tanto tiempo.

-¿Cómo calificas a la dirigencia de la Mesa de la Unidad?

-Bueno, es complejo. En todo movimiento, sobre todo en los más sensibles, así como este, hay gente que se radicaliza de tal manera que se ciega. Entonces, a veces no se entiende que si queremos salir de este gobierno alguien se tiene que montar. No va a ser la resistencia que se una como partido político y vaya a empezar a dirigir este país. La MUD es esa opción. ¿Qué pasa? Ellos como partido político, viviendo las artimañas del gobierno, se tienen que alejar un poco de ese movimiento nuestro, el de calle, cuando la cosa se pone ruda. Ellos se tienen que alejar de todo eso porque ellos tienen que mantenerse como partido político. Y eso lo entiendo, aunque no todos lo comprendan. En lo que no estoy de acuerdo es en algunas cosas después del plebiscito, ya con la liberación de Leopoldo López. Esta semana se apagó bastante la calle, en cuanto al llamado de la MUD. Ellos hicieron un llamado: ‘Esta semana no habrá calle. Sólo el parón del jueves, pero no va a haber manifestaciones de calle’. Y eso obviamente no es lo que reflejó el resultado del plebiscito ni el deseo mismo de la gente, de la resistencia. La gente quiere seguir protestando, te convoquen o no. En definitiva, la gente protesta como quiere. La Unidad, si quiere cambiar este gobierno, tiene que alinearse con el pensamiento y el deseo de la gente y hacer su agenda basándose en ello, no en la política racional. Que sigan manejando otras cosas, como hacer sesiones de la Asamblea o nombrar magistrados, está bien, eso es entendible, pero no por eso la calle se va a parar. Hay que seguir en la calle. Hay que seguir manifestando.

-¿Hay una especie de separación entre la dirigencia y la resistencia?

-Sí, claro. Nunca estuvimos unidos como un sólo grupo ideológicamente, pero antes nos enfocábamos en las convocatorias que ellos hacían porque ahí se asomaba el pueblo. Y cuando tienes ahí a la gente, a 200.000 personas marchando detrás de ti, digamos que tu ideal se ve reforzado. Si no hay manifestación, porque también es entendible que no todo el mundo quiera manifestar todos los días, esas 200.000 personas no pueden manifestar todos los días, se pueden anunciar otras cosas: trancazos, lo del paro. Está bien, no marchas todos los días, pero estás realizando otro tipo de protestas. Nuestra protesta es la calle y sé que la mayoría de la gente está unida y alineada con ese pensamiento: de esto se sale es en la calle, plantándole cara a la represión y al gobierno.

-¿Cuál es tu opinión sobre esta especie de peajes que se han visto, por ejemplo, en Altamira, de personas de la resistencia pidiendo dinero? ¿Son infiltrados?

-Primero que nada, la resistencia no pide dinero. Eso está claro: la resistencia no pide dinero. El término infiltrados, no sé exactamente… Yo creo que más bien es gente que se aprovecha de la imagen que tenemos nosotros para sacar provecho, así como cuando ponen a un niño a pedir dinero afuera de un supermercado, de una panadería. Entonces la gente aprovecha y suelta chamos en la calle a pedir dinero en nombre de la resistencia, cuando en realidad eso no es así. La resistencia nunca ha pedido dinero, nunca ha pedido nada. Los donativos y eso ni siquiera nosotros los pedimos. La misma gente nos ve y nos quiere ayudar y nosotros por supuesto que los recibimos. Pero pedir dinero en la calle, trancar para pedir dinero o comida, no, eso nunca lo hacemos.

-¿Ustedes se creen libertadores o héroes?

-No, no. Nosotros no queremos ni que nos endiosen ni que nos entierren. Considerarnos libertadores, no. Cuando tú salías con tu franela “Soy libertador” lo que se buscaba era crear una especie de simbolismo. No es que tú sales y dices: ‘Yo hoy voy a luchar y me voy a poner a la par de un Simón Bolívar o Francisco de Miranda’. No. No me gusta que nos endiosen. Somos un movimiento que protesta como cualquier persona. Como las madres que quieren salir a las calles a poner pancartas, como el señor que puede poner una ramita para trancar, como cualquier persona que proteste. Sólo que nosotros tenemos una postura diferente y lo hacemos de esta manera. Pero cualquier tipo de propuesta es aceptada y no es criticable. Así que, para mí, cualquier persona que quiera salir de esto, y se esté esforzando, es un libertador.

-¿Qué piensas de los linchamientos?

-Cuando tú estás ahí en la calle resistiendo y ves que hay un infiltrado del gobierno o que alguien se aprovecha de esa situación para cometer un delito: sea rompiendo santamarías, robándote, que ha pasado… Bueno, esa misma adrenalina te lleva a darle un parado. Por supuesto que tú intentas conversarlo, pero ha sido tan reiterado que la frustración se apodera y te vuelves agresivo, pero no es que nosotros vamos a salir a la calle a linchar. No estoy de acuerdo con eso. Creo que hay otras formas de poner resistencia. No hace falta un mensaje tan violento. Pero, claro, si ves a alguien que se aprovecha de la situación, del mal endémico que tiene el país, para robarte, para seguir robando, para seguir sembrando ese temor a la gente, no está bien, claro que no está bien. Por eso actuamos, porque es reiterado y de alguna manera hay que pararlo. Si hablas con una persona y no te entiende, vuelves a darle la oportunidad y no te entiende, y ves que sigue haciéndolo, ya hay que actuar de otra manera. Nosotros en una oportunidad nos dimos cuenta de que unas personas que ya teníamos identificadas, que se sumaban a la manifestación pero que en realidad no hacían nada, estaban ahí para sembrar caos.

-¿Cómo ves a Venezuela después del 30J?

-La resistencia, como cualquier venezolano, tiene una incertidumbre gigante, porque se acaba la República, se acaba cualquier tipo de libertad y no sabemos qué puede pasar, porque en definitiva la resistencia nace como respuesta al accionar del gobierno, no nace por iniciativa propia de ‘vamos a hacer esto porque nos da la gana’. Nosotros somos la respuesta a las acciones del gobierno. Dependiendo cómo se vaya manejando la cosa, ya veremos qué acciones vamos a tomar.

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