Horacio Siciliano: “Todos los días arriesgas la vida”

FOTO: Daniel Blanco FOTO: Daniel Blanco

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

El de Horacio Siciliano es uno de esos casos en los que el poder seductor de la fotografía queda de manifiesto en toda su dimensión. Ingeniero de la UNIMET, poco o nada, pensaría uno, tendría que hacer entre guardias y manifestantes, entre molotov y lacrimógenas, entre piedras y perdigones. Una vida confortable, en todo caso segura, puede que mejor remunerada e indudablemente más tranquila le esperaría si se dedicara completamente a su profesión. Pero resulta que no. Resulta que a él la fotografía lo empuja (y a veces arrastra) a situaciones de riesgo en las que su vida llega a estar en peligro. ¿Cómo y por qué? Bueno, porque el 12 de febrero de 2014, el todavía estudiante Horacio Siciliano decidió acudir a la convocatoria de Leopoldo, Ledezma y María Corina (‘La Salida’), y hacerlo cámara en mano. No exactamente por ‘paveo’ pero tampoco con una misión trascendental por delante: simplemente para tener un registro personal de lo que pasara. A fin de cuentas, fotos llevaba rato tomando por hobby (de playas, montañas y paisajes), y la ocasión se podría prestar para ello. No imaginaba que ese miércoles cambiaría su vida y marcaría también la historia de Venezuela.

Tal como él lo cuenta, todo fue coyuntural: al llegar a su casa tras esa jornada difícil (la marcha acabó en un caos que dejó varios muertos y  destrozos), se topó con el silencio de los medios, que poco o nada decían de lo sucedido. Entonces, decidió compartir sus fotos, y el hambre informativa de la gente se encargó del resto: 5 mil retuits tuvo una de sus gráficas y allí entendió dos cosas: primero, que algo de bueno tendrían cuando tanta gente las compartía; y segundo, que el mayor aporte que podía hacer era ayudar visibilizar lo que pasaba. La desinformación se lo regaló y el twitter se lo confirmó, para escribirlo breve y cantando. “Ahí dije: voy a seguir tomando fotos para lo que venga”. Y lo que vino fue casi un mes de duras protestas callejeras en los que se hizo, formó y consagró como uno de los fotógrafos más populares y seguidos de Venezuela, posición en la que ahora, mientras estuvo cubriendo éstas de 2017, se reafirmó.

Aquí el diálogo con el estudiante de ingeniería que un día marchó con una cámara y regresó hecho todo un fotógrafo.

-Horacio, un fotoperiodista es alguien que

-…narra lo que ve.

-¿Qué es lo básico que se necesita para ser uno?

-Cabeza fría.

-En el foto periodismo, ¿qué es lo principal? ¿la estética o la información?

-Lo principal es la información, porque en muchos casos la foto no tendrá la mejor estética pero el contenido es superpoderoso y ya con eso vale. Claro que uno siempre trata de buscar el mejor encuadre, acomodar todo de la mejor forma posible, pero suelen ser momentos muy rápidos o en sitios en los que no puedes hacer todo con tranquilidad, entonces lo que prima es la información, aunque la estética siempre la vas a estar buscando: el ojo de uno siempre va a estar trabajando en acomodar los elementos o el encuadre, pero la información va primero.

-¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Tiene cabida en el fotoperiodismo el Photoshop, por ejemplo?

-Si estamos hablando de Photoshop, no, porque ya estás alterando la imagen y haciendo algo de otro tipo. Si vas a quitar o a agregar elementos, ya no estás contando las cosas como son: estás cambiando la historia. Si una persona estaba atrás y ya no está, estás quitando un testigo de algo que ocurrió. Una cosa diferente es un tipo de retoque, acomodar iluminación y sombras, porque estás en la calle, el trabajo es rápido, las condiciones de luz cambian rápido, y se vale que acomodes pequeños detalles. Pero más allá de eso, nada.

-¿Hay algún lente que te guste en particular?

-El Nikon 18-200 3.5 porque me permite pasar de un gran angular a llegar a 200 mm sin tener que estar cambiando de lente, ni tener tantos equipos encima. Es bastante versátil, puedes pasar rápido de todas esas distancias focales y mantiene la nitidez.

-¿Qué es una buena foto para ti?

-Una que genere emociones cuando la veas. Que la persona sienta algo.

-¿Qué opinión te merece el fotoperiodismo ciudadano? ¿Crees en él?

-Sí, sin lugar a dudas. Lo estaba conversando hace poco con una persona que tiene años en el medio y siempre me gusta escuchar: los tiempos han cambiado muchísimo, antes no se veía tanto fotoperiodista, eran puntuales. Pero eso pasaba porque para serlo tenías que aprender a usar una cámara analógica, aprender a revelar, etc; ahorita es mucho más fácil tener una cámara, subir una foto a internet, mandarla a un medio, por redes sociales. Y me parece importante porque así se deja evidencia de muchas cosas. Lo importante es que quien lo haga sea responsable, que la persona asuma el contenido como propio y sea garante de que lo que está subiendo es real. Yo creo que es bueno porque ayuda a que se sepan las cosas, pero es necesario ser responsable con lo que se publique y difunda.

-¿En qué se diferencia esta cobertura de la de 2014?

-Ha sido diferente porque en este caso no te estás cuidando solamente de alguna piedra que esté volando por los cielos, sino también de la policía y de la GNB, te estás cuidando de que ellos te roben o te agredan. Yo recibí agresiones a montón: bomba en el tobillo, en el pecho, me intentaron quitar los equipos. Estos meses han sido mucho más riesgosos por la cantidad de violencia que hay en la calle y porque el Estado no es garante de tu seguridad cuando estás trabajando. Pero por el contrario también ha habido mucho compañerismo, que es lo bonito dentro de la crisis: tienes muchos compañeros al lado que están pendiente de ti y tú de ellos. Entonces nunca estás solo, siempre estás apoyado y son personas de las que he aprendido muchísimo.

-A nivel personal, ¿cuál ha sido el momento más difícil?

-Mira, ha habido dos. El primero, en abril: un chamo que cayó al Guaire. Yo crucé el Guaire por arriba, por la estructura de metal. Y llegué al otro lado. Y estaba el chamo en la rivera sangrando, no podía moverse. Estaba la novia al lado. Y yo dije: ‘no, este chamo está muerto’. Llegaron los bomberos para sacarlo y la GNB seguía lanzando bombas. Los bomberos gritaban que pararan y seguían lanzando bombas. Y yo pensé que el chamo estaba muerto y me dio una impotencia grandísima mientras veía cómo seguían disparando.

El otro momento que me asustó realmente fue dos semanas después de que asesinaran a Juan Pablo Pernalete. Como yo estudié en la UNIMET, para mí esa fue una muerte que sentí cercana, como si hubiera sucedido en mi casa. Yo estaba en la Luis Roche, eran como las 4 de la tarde. En ese momento no estaba en la línea de fuego, estaba fuera de ella. Y de repente salió un GNB de la torre Británica y me disparó directo una bomba en el pecho. Cuando yo sentí el golpe, lo primero que me vino a la mente fue: ‘me mataron’. Me acordé de Pernalete y dije: ‘me mataron’. Tomé un poco de aire, y cuando vi que podía respirar dije: ‘coño, siento que estoy bien’. Tenía el chaleco y eso amortiguó un poco el golpe, y fue del lado derecho. Luego me atendieron los paramédicos y gracias a Dios no pasó a mayores.

-Hay una foto tuya famosa, en la que hay un PNB tratando de quitarte los equipos, ¿qué pasó allí?

-Esa foto es en Chacaito. Había un chamo al que la GNB agarró sin tener nada, ni en el bolso ni en las manos, y de hecho lo tuvieron que dejar ir luego, pero lo rodearon cinco funcionarios y le cayeron a golpes. Yo lo tenía cerca y cuando lo vi me quedé grabando. Entonces uno de los funcionarios se dio cuenta y enseguida empezó a arremeter contra mí, a golpearme, a decirme que me fuera. Uno de ellos jaló la cámara, yo la agarré con la mano izquierda y seguí grabando. Él me golpeaba y trataba de quitármela, pero al final no pudo. Esa es la historia de esa foto.

-¿Cuánto es lo más que has llegado a arriesgar por una foto?

-Coño, yo creo que estando en la calle todos los días lo más que arriesgas es la vida, porque estás en plena calle y allí mucha gente ha perdido la vida bien sea por un bombazo en el pecho, en la cabeza, cualquier cosa. Estando allí estás arriesgando la vida.

-¿Y una foto vale la vida?

-Nunca.

-Pero la estás arriesgando…

-Lo que pasa es que las condiciones se han vuelto difíciles. Mira, uno toma sus previsiones: va con sus equipos de seguridad, sabe cómo moverse, está con compañeros que están pendientes y saben cuándo retirarse. Uno toma sus precauciones y no hace algo que explícitamente ponga en peligro su vida, tipo: ‘me voy a meter porque sí’, cuando sabes que el riesgo es altísimo. Entonces, lo que haces es minimizar el riesgo al máximo. Y aunque el riesgo está presente, una foto no vale la vida: buena o mala, no vale la vida.

-Y cuando estás metido en mitad de los enfrentamientos, que llueven bombas, perdigones, piedras etc ¿aún en medio de esa situación apremiante tienes cabeza para pensar en lo que es una buena o mala foto?

-Sí. Increíblemente en medio de ello uno en su cabeza está armando una composición siempre con los elementos que está viendo. Uno mantiene la cabeza fría. El ojo está trabajando en una composición de los elementos, independientemente de lo que esté pasando: ‘está esta persona aquí, está esto allá, hay una bomba cerca’, y uno busca configurar todos esos elementos en algo que funcione.

-Estuviste casi 50 días cubriendo las protestas, ¿ya al final de ellos se podían hacer fotos originales?

-Sí. Es que siempre está pasando algo diferente. Hay fotos comunes: un guardia disparando, un manifestante devolviendo bombas. Pero han pasado unas cosas interesantes. Estos personajes icónicos, por ejemplo: Hans, la señora que se paró frente a la tanqueta, el violinista, el diputado que se va con su bandera al frente. Siempre hay algo nuevo que llama mucho la atención. El contraste entre la cantidad de gente protestando y la policía reprimiendo. Siempre hay algo diferente que contar

-¿Cuál es la foto que más te ha afectado?

-La de este chamo en el Guaire desangrándose.

-¿Llegaste a llorar en algún momento?

-Creo que sí. En ese momento, cuando estaba sintiendo tanta ansiedad, en cierto punto me aparté y se me salió una lágrima. El chamo estaba acostado, sangrando en el Guaire, seguían disparando bombas, los bomberos trataban de auxiliarlo y los guardias seguían disparando. Está ese peo prendido y tú como: ‘pana, ya basta. Deja que lo auxilien por lo menos’. Esa desesperación en ese momento fue dura y a uno le afecta.

Comentarios

comentarios

You May Also Like