La anarquía que seremos

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Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

“Algunas personas solo quieren ver el mundo arder…”.  Iniciamos este escrito con el mismo enunciado del de la semana pasada porque en evidencia quedó que algunos solo quieren ver este mundo (país) hecho pedazos. Los resultados de la jornada electoral del domingo no fueron los emitidos por Tibisay Lucena a medianoche: los verdaderos resultados del invento constituyente fueron los 16 venezolanos asesinados a sangre fría (muchos de ellos menores de edad, una gran parte con disparos a la cabeza). No haré ningún análisis de esa “votación” porque creo que no merece la pena, ya todos saben que fueron números inflados para el acomodo del chavismo (no hay que ser experto en materia electoral ni un superdotado para saberlo).

En vista de los acontecimientos y del panorama en que nos encontramos, para el ciudadano común hoy parecen quedar solo cuatro soluciones: te arrodillas, te anarquizas, te mueres, o te vas. Como era de esperarse, la agenda del domingo por parte del gobierno fue la de la violencia: el 30 de julio del 2017 se vivió en Venezuela uno de los días de mayor represión política en la historia de nuestra República; no obstante a ello, Jorge Rodríguez soltó una carcajada cuando le preguntaron por los muertos, y en la madrugada Nicolás Maduro solo se refirió al caso del Guardia Nacional asesinado (para ellos el resto del país no existe). La crueldad desde el discurso es una herramienta que el oficialismo ha implementado sin medir consecuencias: que el país supere los más de cien asesinatos en protestas es un comedia para ellos, pero eso no es lo preocupante, porque tenemos bien claro que en la morfología de los que se aferran a las franelas rojas no queda un alma, no queda un cerebro, solo maldad.

Ese día por la tarde salí a la calle a intentar documentar la situación, pero acercarme a los centros electorales para demostrar la ausencia de votantes rojos se me hizo imposible: no había paso en ninguna parte. Allí estaba, en medio de una ciudad convertida en campo de guerra, armado con una cámara y una bandera, mientras que a escasos metros los colectivos paramilitares y la Guardia nos rodeaban, esta vez no con perdigones y gases sino con sniper y fusiles de asalto. Ya había reportes de francotiradores y muertos en algunas partes de nuestro estado, y fue entonces cuando entré en razón: puedo morir en cualquier segundo sin darme cuenta.

En ese instante opté por resguardarme en un edificio con varios miembros de la resistencia, y comenzamos a hablar. Allí volví a encontrarme con el que ya es un punto de vista en común: los de la MUD son unos vendidos, unos traidores. Yo jamás he llegado a pensar aquello, ni creo que lo piense, por lo que estuvimos debatiendo largo rato. Al final de la discusión uno de ellos dio un poco su brazo a torcer y me dijo: “Está bien, voy a creerte. Esperemos a ver que van a decir esta noche”; y se hizo de noche, y la MUD no me ofreció un buen argumento para tratar de hacerles entender que en su agenda no hay nada turbio: tras el escandaloso número de fallecidos, aparte de seguir empleando un discurso victimista, en vez de confrontar y dar la cara por el 80% del país que los respalda, la MUD lo que pidió fue trancar Caracas con carros.

Hablemos claramente, nadie está llamando a la guerra armada, ¿por qué? Porque en ese campo saldríamos destrozados antes de empezar el partido, pero sí es tiempo de ir presurizando la represión del gobierno. No es posible que luego de 16 asesinatos políticos en una jornada, tu solución como cabeza de aproximadamente 25 millones de personas sea seguir trancando Caracas con los carros. Lo cierto es que somos más, somos la mayoría del país, la soberanía reside en nosotros, no en ellos, ¿entonces por qué seguir actuando como oprimidos siempre a la defensiva, en vez de pasar a ejercer el control? Durante mucho tiempo he defendido a la MUD, y no por placer o convicción, sino porque soy consciente de que es necesario que exista un liderazgo y una unidad en el país para poder salir adelante, y muchas veces he preferido callar para no alborotar el avispero, pero a mi parecer el domingo el cántaro se rompió.

La muestra de debilidad de la MUD es directamente proporcional al empleo de la fuerza por parte del gobierno. Nuestros líderes opositores se han comportado como esas mujeres a las cuales el esposo golpea y engaña, y la amenaza que le suelta es la de no volver a lavarle la ropa interior, ¿cómo van a respetarte si tú mismo no te respetas? Las consecuencias de su fragilidad y discurso lánguido las vimos esta madrugada cuando el SEBIN secuestró a Leopoldo López y Antonio Ledezma sin aviso ni premeditación, ¿por qué lo hicieron? Porque simplemente les dio la gana de hacerlo, y porque nadie les ha puesto un parado, aplicando el miedo como política de Estado, la represión como única forma de autoridad.

El país se está saliendo de control, no solo de las manos del oficialismo, sino también de la dirigencia opositora. El domingo una bomba explotó en Altamira lastimando a ocho Guardias Nacionales, y es inevitable preguntarse: ¿a cuánto estamos de los carros bomba, de los sicariatos políticos y de la total y absoluta anarquía? La falta de una lectura adecuada de la Mesa de la Unidad en el país originará que la sociedad explote llevándose todo por delante, por la sencilla razón de no saber conducir la frustración de los ciudadanos.

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