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REVEW: He Is Me – Let It Drip

“Let it drip” es el nuevo single de He is Me, dúo que incorpora la brillante genialidad creativa de Steve Moore, hombre estrella de Post Death Soundtrack, y a Casey Braunger, otro conocido por los amantes de la música electrónica y experimental.

El tema es una ebullición de referencias musicales, tanto en la voz como en la agresividad de cada uno de sus beats y lo inestable de su melodía. De primera mano, viene a la cabeza Nine Inch Nails como primera referencia, como suele suceder con los proyectos de Moore. Acá afloran las ideas industriales. La voz de Moore es imprescindible para hacer volar el tema.

“Let it drip” es sin dudas un tema que deja en evidencia lo notablemente creativo de Steven Moore y las capacidades creativas de Braunger. Un dúo que promete mucho.

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REVEW: Simon Benegas – The Age of Simple

Simon Benegas no alardea de grandilocuencias musicales. Sus dos EP’s configuran un cuerpo de trabajo con un intimismo y austeridad armoniosa. La sencilles de su música despierta una tranquilidad que pocas veces llega a experimentarse en artistas emergentes. Es una condición que revela mucho sobre quién es el músico Argentino.

Con dos EP’s ya rodando, la música de Simón Benegas es una respuesta a sus impulsos internos. No hay pasividad, pero si una dulzura contemplativa, que por encima de todo, remueve y cosquillea.

Feel It Grow representa una parte más llamativa del argentino, cuya música puede apreciarse mucho menos dramática, e incluso, más pop, con temas como Shine, cuyo ritmo en la guitarra no percibe variación alguna, y poco a poco, junto a la voz de Benegas, los instrumentos empiezan a involucrarse, entrando en una transición lenta y sutil, casi indistinguible.

La guitarra acústica será siempre la respuesta en Feel It Grow, con una unanimidad incombatible. También es así en The Age of Simple, EP de cuatro temas que comienza con Remember, una oda lenta y melodiosa que pone en perspectiva un romanticismo que Benegas no logra eludir.

Es acá en donde se involucra una sensación de dislocación. Un beat electrónico que rompe con la armonía acústica, una desacoplo para nada disonante.Pues al contrario, la facilidad de Benegas en incluir este tipo de recursos refleja mucho sus habilidades como músico, interpretando una necesidad dentro de su evolución artística.

Inmediatamente recibimos My a los oidos, cuyo inicio recuerda a esa guitarra que comienza The Moon Song, de la preciada Her. La voz nos engaña, de buena manera, y descubrimos que los ritmos y las reinterpretaciones musicales son lo que hacen la música. La voz destella, los coros acompañan y la sencillez vuelve a acoplarse, junto a la pandereta, de esa sensibilidad intimista.

The Age of Simple concluye con el tema que da nombre al EP. Si bien Benegas suele repetirse a sí mismo, esto no exige queja alguna. Por el contrario, es bienvenida su visión sobre su propia música, su fidelidad hacia lo que es su arte.

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REVIEW: Faces – Winter Calling

Por: Humberto González

El nuevo álbum de Winter Calling abre con un genial “Disorder”, tema melódico, progresivo y poético que, sin haber escuchado al menos 1 minuto de la canción, funciona como un abreboca excepcional a lo que representa Faces, su último esfuerzo musical. Este LP, conformado por 9 tracks, comienza con el ya mencionado “Disorder”, sin embargo, la genialidad florece en “Not Like You”, en el que los solos de guitarra, los compases de la batería y la magnífica melodía del piano combinan con la voz melodiosa de Chris Hodges para dar pie a un tema agresivo, de riffs complejos y percusiones tremendas.

El tema se disuelve, y la guitarra funciona como epílogo para dar pie a uno de los más oscuros del álbum. “The Tower” es una montaña de sorpresas, no solo por la inusual afinación de las cuerdas, sino por el tono terrorífico.

“Follow me down” desciende. Es un bajón necesario y esperado. Que si bien maneja el mismo tono de los temas anteriores, es mucho más lento y contemplativo.  “Truth from a lie” vuelve al núcleo esencial de la banda y el disco. El rock progresivo, melodioso y solemne. Y, de nuevo, un bajón, con “Still Hold On”, que vuelve a traer una balada en la que la composición musical, a pesar de elaborada, se torna repetitiva.

El punto de quiebre dentro de “Faces” lo trae a la mesa “A new me a few me”. Hodges elije susurrar la letra de la canción en una gran parte de esta. Y grita el resto de ella en lo que queda. Los riffs gruesos y trancados marcan el ritmo que con la lenta batería conjura un enorme tema.

“A different tune” comienza como un pasaje cinematográfico. El sonido de un sintetizador y las cuerdas de una guitarra acústica en delay, el piano y la voz de Hodges dan a su último LP un cierre brillante.

“My Own Way”, de nuevo, nos lleva al principio. Como una elipsis en el tiempo y un retorno al inicio del álbum. Solos de guitarra, batería rápida y técnica, piano sensible y la voz de Hodges. Así concluye “Faces”, un buen álbum para la banda oriunda de Sarasota. Un álbum que vale la pena escucharse con calma.

Puedes escuchar Faces, de Winter Calling, aquí:

Reseña: “Blank Canvas” de Chamaleon Technology

Lo último de Chamaleon Technology comienza como un trueno. Así es quizás de resumible el álbum de la banda californiana, que presenta su EP Blank Canvas, una mezcla de rock, punk y pasajes bien metaleros que inspiran una necesidad de desorden y diversión.

El trabajo de Max Histrionic, multiinstrumentalista y compositor responsable del proyecto, es de genios. Él mismo quien se encarga de las guitarras, el bajo y las baterías. Su voz, siempre complementada con coros limpios y notas altas en el fondo, se atreven a jugar con elementos característicos del punk, que más allá de recordar a un clásico  esquema del género, parece mucho más una propuesta fresca, muy sonora y llamativa. La conjugación entre todos los elementos da pie a 5 temazos.

No Safe Word es el comienzo de Blank Canvas, que comienza con un rápido bajo que se une con la voz gruñida y la batería con el compás clásico del género punketo. Las letras, como gritadas, rápidas y salvajes, demuestran la gran capacidad de Histrionic.

El ritmo no baja su intensidad, y aunque mucho más melodiosa en sus guitarras y voces, Serin’s Vending es otro tema que implica empujones, gritos y headbanging.

Ya para la mitad del disco, “Lifestyle Science es un respiro, quizás no de tranquilidad, pero al menos Histrionic baja los decibeles, y su voz es ahora más melodiosa, dedicada a cantar en un tono sin gritos y gruñidos. Self Repair es el tema que sin duda causa un vuelco en el tono del álbum, con pasajes de jazz en la batería y contrapunteos de guitarra mucho más inspirados en un estilo de música pop o rock. Los riff de guitarra en el coro son melodiosos y limpios, y se deshacen de la distorsión inherente de los temas anteriores.

El último es el tema que da título al EP, en donde vuelve a retomar los mismos caminos recorridos, con una batería acompañada de un bajo rápido. Histrionic vuelve a abogar por voces gritadas, por fraseos de guitarras muteadas con una distorsión agresiva.

Blank Canvas son un poco más de 10 minutos de punk, de extroversión musical, de sensaciones vibrantes en la sangre. El video promocional, dirigido por Exit House Films, es un thriller que a veces se torna cómico, con Histrionic siendo él mismo en todos los instrumentos, un detalle que saca al espectador de la seriedad del tema, que aparte de su letra, no está concebido para percibirse tan seriamente.

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Contracorriente: El caso de Batman v Superman

De haber sido perfecto, la imagen controladora del film habría sido esa en la que Superman vuela a salvar a Lois mientras cae desde la azotea de uno de los edificios de Metropolis. Después de un malévolo monólogo, Lex Luthor empuja a la periodista del Daily Planet, para así llamar la atención del hombre de acero. Acto seguido, el hombre de la capa roja la toma en sus brazos.

El resto del film de Zack Snyder no se compara con estos preciados segundos. Son minutos sinceros, con una especie de cámara suelta en el trípode, un grano fino que inspira un 16mm, en donde las luces de la calle inundan el encuadre mientras los dos descienden. La música de estos segundos no es música. Es el viento chocando contra un micrófono, que, junto con la cámara, operan bajo la premisa formal de que estamos viendo un documental.

Hablaba de un minuto. Y son, después de volver a ver el extracto, apenas segundos en los que todo esto sucede.

¿Por qué insistir en la descripción y repaso de esto que no representa ni un 1% del film? Porque es lo más hermoso y diferente que tiene la película, es el punto de inflexión de la franquicia de DC. Es lo que la pone en un renglón aparte. Si bien es cierto, el film no está bien. Tiene las pretensiones de. Su dramón de pareja, Holly Hunter y toda la trama política que enreda un poco el devenir del film, los flashbacks o sueños de Bruce Wayne, son algunos de los elementos que hacen de la película una especie de experimento.

Así como se abrazan a ciertas novedades, también se abrazan a los lamentables clichés de este tipo de películas. Los chistes gratuitos, los villanos apocalípticos, la acción que fatiga. El director no es santo, claro estamos.

En un humilde intento por concebir la introducción perfecta del mundo cinematográfico, las decisiones que más trasgreden contra la naturalidad de un film de este tipo son las que, curiosamente, entierran al film en el ojo del espectador. Que salvan, de una u otra forma, el enfrentamiento, tan efímero como fue, entre Batman y Superman, o el duelo, como anticipación de lo que se viene, contra Doomsday.

Batman v Superman’ no es nada parecida a otros crossovers, como señala Anthony Lane en una pieza publicada en The New Yorker. No esperemos un desastre como ‘ Alien vs Depredador’. Y a la vez, esperemos todo lo que pudo estar mal con aquel film. Que se reta a sí mismo a ser diferente, a ir contra una corriente que no está en lo absoluto a favor de su propuesta, a ser un punto de inflexión dentro de un género que ya empieza a tonarse repetitivo.

Por supuesto, no lo logra.

Pero volvemos, una vez más, a esos segundos. A esos instantes en los que el film se convierte en documental, en los que lo florido y pirotécnico de los movimientos de cámara, aunque sea por un segundo, se ven disminuidos, y en los que la música de Zimmer y Holkenborg, tan magnífica como es, no compite con lo estruendoso que ya el film por sí solo es. No hay golpes, no hay gritos, no hay disparos ni explosiones.

Es la noche, y las luces que alumbran la carretera, envolviendo en una sola imagen que panea hacia abajo para seguir a la pareja que hacen Lois y Clark. Es un encanto, es un golpe al rostro. ¿Qué es esto? Es un fan, un espectador más. Es Zack Snyder haciendo de Jimmy Olsen.

¿Qué viene? El no hacerse rogar por puntos medios. La idea de una película de superhéroes que sea diferente debe, por lo menos, perseguir eso. ‘Batman v Superman’ lo ha hecho. Eso sí, no más Doomsday, ni “Marthas”, ni presentación de miembros de la Liga de la Justicia sin demasiado peso en el film que se visiona.

Pero roguemos por más segundos con ese fino grano, sin música. O donde la política no solo se huele en el fondo, sino que toma un plano fundamental dentro del relato.

Es, sin titubear, ponerse de acuerdo. Entre el film que merecemos y el film que queremos.

‘James White’: El viaje del héroe

Josh Mond viene de esa escuela de realizadores estadounidenses en la que se incluyen Antonio Campos, Sean Durkin o Nicolas Pesce, que se caracteriza por contar historias que en la superficie se sienten simples y terrenales, pero a la hora del análisis, no lo son tanto. Su ópera prima es protagonizada por Christopher Abbott –“Charlie” para quienes vieron las dos primeras temporadas de ‘Girls’–, quien se mete en la piel de James White, un aspirante a escritor que busca la manera de luchar contra sus demonios internos.

De primera mano se nos presenta a James en una larga secuencia en una discoteca, en donde las luces de neón, la ensordecedora música y los primeros planos desvelan la intención del director. Mond no tarda muchos minutos para poner en perspectiva el conflicto que atormenta a James: su vida. Fácil y sencillamente. Es algo tan general como específico, pues no sólo es la muerte de su padre lo primero que conocemos sobre el protagonista, sino que su madre, interpretada por una muy correcta Cynthia Nixon, sufre de un cáncer en etapa cuatro. Además de la certeza de que la muerte de ella llegará pronto, aún sufriendo la muerte de un padre ausente, James lucha consigo mismo. Con la posibilidad de conseguir un trabajo, con su aparente alcoholismo, drogadicción y adicción a las fiestas, James emprende un viaje de héroe en el que se apoya firmemente en personajes secundarios como su viejo amigo Nick (Scott Mescudi) y su pareja Jayne (Mackenzie Leigh).

El ojo de Mond es específico, con una sola orden: mira quién es James White, lo que hace, lo que quiere, lo que sufre. Muy pocas veces salimos de las composiciones que evidencian su trasnochado rostro, su barba de tres días y su andar por las calles. Christopher Abbott se pone sus mejores botas, y brilla a lo largo de la película, no solo mostrando el lado más sombrío del personaje. Cada uno de sus beats son tan creíbles como naturales, y esta es una de las mejores sensaciones que deja el film. A pesar de un muy buen estudio de personajes, el guión no presenta ideas demasiado nuevas o perspectivas transgresoras, sino que opta por adjuntarse a ese grupo de directores ya mencionados para contar un muy buen relato con personajes potentes. A pesar de desalentador, hasta el punto de acercarse al más grotesco espíritu de Michael Haneke, el relato concluye de forma tan esperanzadora como inconclusa. Detalle que junto a la propuesta estética, siempre desde la perspectiva y consciencia de James, reflejan la idea que mueve el film.

Lo que verdaderamente ha logrado Mond es poner a Christopher Abbott en la mira. Su magnífica interpretación es, de lejos, lo mejor de un film que plantea muchísimo, pero resuelve poco, cuestión entendible bajo la premisa perceptible del guión. Lo que sí es una certeza es que tanto Mond como Abbott demuestran que, bajo el mando del film en los dos costados de la producción, tienen el carácter y potencial más que necesario para continuar proponiendo interesantes historias.

‘El Club’: La calma no llega

El cine social y sobre todo el latinoamericano dieron un salto imponente en el año 2015. Una apuesta recurrente fue abordar una realidad que no debería continuar siendo un tabú: el abuso de menores por sacerdotes de la Iglesia Católica.

‘Líbranos del mal’ fue un magnífico documental del 2006 dirigido por Amy J. Berg, cuyo documento se basa en seguir la vida Oliver O’Grady, un sacerdote que admitió haber violado a una veintena de niños en California. El film tuvo una magnífica recepción, creando y abriendo una conversación polémica  sobre la Iglesia Católica. Este año ‘Spotlight’, de Tom McCarthy, se ha ganado una unanimidad crítica sin discusión: el film retrata de forma casi documental el trabajo que el diario The Boston Globe realizó para revelar con detalle los nombres de más de 80 curas que habían abusado de niños en parroquias y comunidades de Boston. El film cuenta con todos los requisitos: actuaciones importantes, un guion detallado y muy bien construido que revela con pericia cada uno de los acontecimientos importantes por los cuales pasó la investigación, y una dirección que puede dejar a la gran mayoría indiferente, por la ausencia de una fotografía virtuosa o de actuaciones escandalosas.

Sin embargo, quien pone en cuestionamiento y en verdadero apuro a la Iglesia es el último film de Pablo Larraín. ‘El Club’ es una magnífica proeza audiovisual que debe ser tomada en cuenta como uno de los filmes más oscuros y transgresores sobre las atrocidades cometidas por el ser humano.

A la orilla del mar, en una bonita casita en un pueblo de Chile, cuatro sacerdotes y una mujer viven en total reclusión, en búsqueda y autocontemplación. Al menos, eso es lo que la Hermana Mónica insiste en hacernos saber. Cada uno de los padres ha sido enviado hacia donde termina la tierra firme debido a sus sombríos pasados. Con la llegada del Padre Lazcano (José Soza) al “club”, como por pura casualidad, un hombre que se hace llamar Sandokan (Roberto Farías) encuentra la aislada casita a la orilla del mar, y recita con exclusivo detalle desde la ventana, cual si se tratara de una obra teatral, la historia de cómo el recién llegado abusó de él cuando era niño. El acontecimiento se roba la paz de la casa, y a raíz de un catastrófico evento, otro sacerdote, el Padre García (Marcelo Alonso), es arrastrado por la marea hasta el club de la casita amarilla. El nuevo “curita” pone en cuestionamiento a cada uno de los padres, indignado por su aparente tranquilidad ante las crueldades que han cometido.

El reparto, que cuenta con un irreconocible Alfredo Castro en la piel del Padre Vidal, quien es habitual en la filmografía del chileno, es inmenso.  Larraín se rodea de grandes actores, como Antonia Zegers (la madre de sus hijos), quien interpreta a la Hermana Mónica de una forma tan calmada que despierta cierta impaciencia y temor, al igual que el ya nombrado Alfredo Castro o el propio Roberto Farías, que a diferencia de esa tensa calma que emanan los integrantes de la casa, es el representante del alboroto y la intranquilidad, tanto por la desgracia de su pasado como por las injusticias a las cuales debe enfrentarse en el film. En entrevistas, Larraín ha dejado saber que cada día de rodaje comenzaba con la entrega de las escenas que se rodarían, ejercicio que, indudablemente, dio como resultado magníficas interpretaciones con una naturalidad perturbadora.

Nuevamente, Larraín se apoya en el ojo de Sergio Armstrong, quien provee la forma perfecta que el relato tanto merece. La paleta de colores, fría y desaturada, junto al flou artístico que genera cierta esencia de desenfoque, hacen que el film cobre una vida diferente y una energía constrictora. Larraín se consagra particularmente como maestro en esta película, y en ocasiones (muchísimas) recuerda al Paul Thomas Anderson de filmes como ‘The Master’, ‘There Will Be Blood’, o de una escena clásica de su filmografía como la de William H. Macy en ‘Boogie Nights’. Hasta la música de Carlos Cabezas se hace pasar en algunos compases por las piezas musicales que Jonny Greenwood realizó para Anderson.

Así como el film impacienta, también lo hace el hecho de que haya sido terriblemente ignorado por una rancia Academia que este año ha estado más desacertada de lo debido, cuestión que poco compete a este texto. ‘El Club’ es, con toda la certeza que merece, el mejor film de Pablo Larraín y una de las mejores películas latinoamericanas del año pasado.

‘Tisure’: No hay pico en la montaña

El ejercicio cinematográfico puede tomar formas y estilos poco usuales. Impacienta ver esto en el cine venezolano, sobre todo en nuevos realizadores. Adrian Geyer se compromete a ello como principio fundamental para su cortometraje ‘Tisure’, que inspira tintes a lo Bilge Ceylan en ocasiones.

Acá, Geyer y solo Geyer puede entender realmente lo que sucede en el relato, y el espectador es bienvenido a indagar, a llenar los espacios de incertidumbre con ideas y especulaciones, más que otra cosa. ‘Tisure’ le ofrece al espectador una entrada hacia un mundo. Eso sí, una entrada sólo hasta allí, bajo el marco de la puerta, pues miraremos a los personajes con una distancia considerable.

En las montañas de un hermoso lugar viven un hombre y una mujer, quienes se bañan en el río, pasean a caballo, cortan leña y caminan. Sin diálogos a los que prestar atención, hay que tomar en cuenta lo que vemos y escuchamos.

Hay, de entrada, una tragedia que nubla el porvenir de estos personajes. Una cruz siendo clavada en la tierra húmeda es augurio de un mal fresco que ahora empieza a corroer, mientras sus raíces crecen con fuerza en los protagonistas. Esto crea una lejanía entre los dos personajes, abordado de una forma meramente visual con el uso de inmensos planos generales. Geyer lleva al espectador a imaginar que la separación es lo que verdaderamente puede hacer volver a funcionarles, pues en una de las primeras escenas se muestra al hombre y a la mujer a metros de distancia, en un entorno que sólo refleja plena libertad, con el cielo inmenso a su alrededor, a diferencia del resto de escenas en las que los dos personajes comparten una relación más íntima en su interactuar, como cuando están en el río. Acá es entonces el entorno quien actúa como conflicto, pues la ubicación de los dos personajes dentro de la composición hace que se vean aplastados por su entorno. Esta propuesta deja entrever el grave problema que existe entre los personajes mucho más visible en el relato: no existe escapatoria, ni resolución o reconciliación ante lo sucedido.

Más importante que el efecto de la fotografía es sin duda la utilización del sonido como elemento dialogador. Las risas, el siseo y el silencio  son suficientes para mostrarnos el devenir de los personajes.

El film es la no superación de tragedias, concebida desde la separación geográfica de los protagonistas en una lejana montaña, entre el espacio de los personajes y entre la imposibilidad de sentirse atrapados en la intimidad. ‘Tisure’ es una interesantísima propuesta que debe convertirse en documento de estudio y consideración de todo aspirante a cineasta o cualquier otro realizador.

‘By The Sea’: El arte de fallar

El campo de las posibilidades, o cómo Angelina Jolie casi logró un gran cometido.

A diferencia de sus primeros dos filmes, ‘In The Land of Blood and Honey’ y ‘Unbroken’, Angelina Jolie, en su puesto de directora, se compromete a contar una historia mucho más compleja desde un punto de vista narrativo. No por lo que el relato quiere contar, sino por cómo tiene que contarse.

‘By The Sea’ nos lleva de paseo a una pequeña costa francesa en donde una pareja de casados, Vanessa y Roland, intenta sobrevivir a un catastrófico matrimonio y a un trauma del pasado del cual el espectador no conoce demasiado. Son estos los conflictos que básicamente Jolie encara para contar su relato. Conflictos plenamente velados, que poco a poco empiezan a tomar por el cuello la poca tranquilidad con la cual sus personajes llegan al hotel. Roland, interpretado por Brad Pitt, es un escritor que se encuentra en una sequía creativa que le impide continuar con su nuevo libro.

La idea de contar una historia poco clara, con acciones y sensaciones, es presentada al principio del film. Jolie, quien poco a poco ha ido manifestando avances en su arte, esta vez se muestra precisa en cómo quiere manejar al espectador, con una propuesta que requiere de un corte finísimo de la trama. Y se nota su precisión, al menos en acto y medio del relato. Los diálogos, por otra parte, demuestran carencias que para una historia de este tipo resultan ser catastróficas, pues dejan en evidencia la poca fineza de la realizadora al traer a flote una y otra vez el subtexto de una u otra forma cuando sus personajes hablan.

Esto es lo que arruina el último acto del film, que tira por un barranco lo que previamente se había construido con una delicadeza, si bien imperfecta, correcta. Y esto es en definitiva lo que tumba a la obra. ¿Infortunio por malas decisiones o por momento incorrecto? Las dos, quizás. Primero al hacerlo, claro está; y segundo, al querer contar una historia de este tipo y menospreciar la capacidad de quien ve el film de poder interpretar lo que Jolie expresa.

Con lo que sí cuenta ‘By The Sea’ es con una dirección clara y específica sobre lo que quiere lograr. Angelina Jolie logra sacar buenas y naturales actuaciones de todo su reparto, desde un Brad Pitt siempre correcto, hasta el dueño del bar y la pareja de recién casados que se hospeda al lado de la habitación de Vanessa y Roland, interpretados por Mélanie Laurent y Melvin Poupad.

Angelina Jolie se apoya en Christian Berger, quien logra un espléndido uso de luz natural para lograr bonitas imágenes, que, junto con la envidiable locación, resultan en una magnífica pintura. Berger logra traer parte de esa intranquilidad desconocida pero latente que siempre ha logrado a lo largo de su carrera, sobre todo trabajando junto a Michael Haneke, lo que definitivamente es necesario para establecer un tono específico visual que el film tanto requiere. Junto al diseño de producción de Jon Hutman, ‘By The Sea’ pasa con gran nota en la propuesta visual.

A pesar de sus claros fallos de guion, Angelina Jolie demuestra que, con recorrido y tiempo, puede lograr contar buenas historias con gran carácter autoral. Pero, eso sí, con muchísimo recorrido y muchísimo más tiempo.

Conteo: Las mejores películas de 2015

El trabajo de curaduría siempre es complicado, y con un año que en nada se parece a las quejas de, como menos, la mitad de la crítica internacional; escoger los mejores filmes del año se complica aún más. Desde películas del 2014 con estreno en 2015, grandes producciones de Hollywood hasta pequeñas joyas independientes salidas de las jornadas festivaleras anuales. Hablaremos de lo mejor entre lo visionado:

15) ‘The Force Awakens’ de J.J Abrams

Es el film más esperado del 2015, y sin tanto rodeo, la mejor experiencia cinematográfica del año. J.J Abrams realizó una película que golpea en la nostalgia a muchos viejos fans, que atrapa a muchísimos nuevos seguidores para continuar con el legado de la saga más importante de la historia del cine. ‘The Force Awakens’ visita muchos lugares comunes, si, pero como dice Han Solo: es bueno estar en casa.

14) ‘It Follows’ de David Robert Mitchell

Uno de los films que reseñamos durante el año, y una de las mejores experiencias del género, sin duda alguna. Su fotografía, su música y su dirección contradicen a la perfección la premisa del horror.

13) ‘Sicario’ de Denis Villeneuve

En Ojo escribimos sobre el film, y no queda mucho por decir de él excepto que es una lástima que su combustible no haya dado para tanto, pues es uno de los mejores trabajos cinematográficos del realizador canadiense. Queda todavía por saber si Roger Deakins pudiera hacerse con una nominación a Mejor Fotografía, pero su belleza, pase esto  o no, es indudable.

12) ‘Ex Machina’ de Alex Garland

El debut en la dirección de Alex Garland vino con una enorme carga autoral, elemento que indudablemente le concedió su éxito. En Ojo reseñamos el film, una de las mejores cintas de ciencia ficción de los últimos años.

11) ‘A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence’ de Roy Andersson

Último film en la trilogía sobre la vida, Roy Andersson explora, a través de varios momentos en la historia, al ser humano y su naturaleza. Un film que funciona como cuadros de museo, desde lo gracioso y mundano hasta lo grotesco y morboso.

10) ‘The End of the Tour’ de James Ponsoldt

Basado en el libro de David Lipsky, el film nos cuenta una semana y media de tour con David Foster Wallace, aquel gran escritor Americano. El film es un libro abierto para quienes no conocieron a la mente detrás de “La Broma Infinita”.

9) ‘Youth’ de Paolo Sorrentino

Es el segundo film en inglés del realizador italiano, una genialidad de principio a fin sobre la mente y la vida. Con un reparto envidiable, y un libreto sencillo y certero, Sorrentino podría regresar al Teatro Dolby este 2016.

8) ‘Güeros’ de Alonso Ruizpalacios

Es la opera prima del mexicano, un hermoso retrato de la sociedad mexicana, ambientado en las protestas de la UNAM en 1999. Uno de los mejores filmes latinoamericanos de este año, por su sencillez y sinceridad.

7) ‘The Martian’ de Ridley Scott

Lo mejor de Scott en 15 años. ‘The Martian’ combina la ciencia con el humor sin despeinarse, gracias al estupendo libreto de Drew Goddard.

6) ‘The Look of Silence’ de Joshua Oppenheimer

Segunda parte sobre la masacre en Indonesia en los años 60. Contrario a ‘The Act of Killing’, este lado de la misma historia es un poco más intimista, pero igual de brutal y siniestra.

5) ‘Inside Out’ de Pete Docter y Ronnie del Carmen

Uno de los más originales filmes de Pixar. La película tiene casi asegurado su triunfo en la próxima ceremonia de los Oscar, solo intimidado por ‘Anomalisa’ de Charlie Kauffman y Duke Johnson.

4) ‘Spotlight’ de Tom McCarthy

Inspirado en el trabajo de investigación del Boston Globe sobre el caso de la denuncia a la iglesia católica por abuso sexual, ‘Spotlight’ es uno de los filmes con mejor carrera de cara a los próximos premios. Su magnífico trabajo de guión y las actuaciones estelares de Michael Keaton y Mark Ruffalo la convierten en una obra con gran poder.

3) ‘Carol’ de Todd Haynes

Regreso de Haynes después de un receso de 4 años. ‘Carol’ es una hermosa historia de amor, con unas descomunales Rooney Mara y Cate Blanchett en los papeles protagónicos, con una banda sonora exquisita y una dirección de fotografía sin precedente.

2) ‘Mustang’ de Deniz Gamze Ergüven

Es la opera prima de Gamze Ergüven, realizadora nacida en Francia y criada en Turquía, quien nos cuenta la hermosa historia de 5 hermanas huérfanas que viven en un pueblito de Turquía. El film se encuentra en la lista de preseleccionadas para la ceremonia de los Oscar 2016.

1) ‘Mad Max: Fury Road’ de George Miller

Una de las mejores películas de acción de la historia del cine, técnicamente perfecta y con un guión original digno de una saga legendaria.