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Crítica de: ‘Ex Machina’, el debut de Alex Garland como director

Por Humberto González – @hypediario

La historia del cine ha visitado recurrentemente el género de ciencia ficción, en una extensísima variación estilística y temática, pero siempre dentro del mundo del género cinematográfico. Directores como Ridley Scott (‘Blade Runner’), Stanley Kubrick (‘2001: A Space Odyssey’) o Spike Jonze  (‘Her’) han retratado la inteligencia artificial desde sus respectivos imaginarios, con su propia estética visual, sus más íntimos deseos y entendimientos de la vida y el comportamiento humano, y cómo mientras el mundo avanza, la tecnología comienza a moldear a la sociedad que la crea, haciéndola más susceptible, más necesitada de ello, más mortificada.

Otro director que ha estudiado de forma activa la inteligencia artificial dentro de uno de sus films es Danny Boyle (‘Sunshine’), quien también ha abordado el comportamiento del ser, como una crítica activa al ordenamiento humano, a la reactivación de lo que es y ha sido una convención en la sociedad. ’28 Days Later’, esa película de zombies en Londres, cuya última secuencia muestra al grupo de militares que debería resguardar lo que ha sobrevivido de la catástrofe mundial y empezar construir una forma de sobrevivir desde los escombros y cenizas, no deja de lado la violencia primitiva. No es, ni de cerca, algo nuevo, que el hombre termine convirtiéndose en su peor pesadilla, peor que el zombie que acecha, que mata y esto ya es algo estudiado bajo el nombre de muchos autores en el cine y la literatura. Pero lo que mejor hace, sobre todas las cosas, es la forma en la que te lo cuenta.

Alex Garland, autor en estos dos guiones para Danny Boyle, en los que el estudio humano se convierte en subtexto fundamental, repite esta premisa ahora como director. Su film debut ‘Ex Machina’, un thriller de ciencia ficción inspirado, desde grandes rasgos hasta exclusivos detalles, en todas estas historias que hemos mencionado.  ‘Ex Machina’ protagonizada por Domhnall Gleeson, Alicia Vikander y Oscar Isaac, es un film astuto, terrorífico y ambicioso sobre el estudio de la inteligencia artificial como método para que de una vez por todas, dejar en claro que muchísimas veces el humano no es el peor terror que puede habitar en la tierra, y que el hombre es objetivo esencial de la impotencia y la desdicha al darse cuenta de que jugar a Dios sale bastante caro, a pesar de tener más dinero que él mismo.

Con la existencia de este prececente bibliográfico sobre la inteligencia artificial, ¿qué trae de nuevo ‘Ex Machina’ a la historia cinematográfica? Primero, partir de la premisa de que Garland no busca lucirse con grandísimos efectos especiales, pero de eso más adelante.

La película gira en torno a Caleb, un programador de Bluebook, una empresa ala Google. En un sorteo, Caleb gana la oportunidad de ir a visitar al CEO de la empresa y su jefe, Nathan, con quien comparte durante una semana, intercambiando ideas y aprendiendo de la mente maestra y genio detrás de Bluebook. Y aunque Nathan es el CEO de tan gigantesca empresa y dueño de lo que parece ser una isla de miles y miles de kilómetros cuadrados de áreas verdes, nieve, cataratas, ríos y un completo ecosistema para un solo hombre, Nathan, ese magnate, no es un Steve Jobs o un Bill Gates o un Mark Zuckerberg. Es más una especie de entusiasta del beber, del ejercicio y sí, de “romper la pista de baile”. Caleb descubre esto, y se desconcierta un poco, aunque no tanto como la siguiente revelación sobre Nathan: éste trabaja en un proyecto de inteligencia artificial con Ava, una robot. ¿La tarea de Caleb? Servir como administrador del test de Turing para saber si Ava es el trabajo perfecto de inteligencia artificial.

A pesar de ser una película de ciencia ficción, Garland toma la elección de rodar en una sola locación, mayormente, siendo esta la casa del propio Nathan. Pero de lo que sí alardea es de su estética, pues el trabajo de Katrina Mackay en la dirección de arte es fantástico. No es la primera vez que Mackay trabaja con Garland en un film, ya que esto había sucedido en ’28 Days Later’. Ello, de la mano con la fotografía Rob Hardy, crea un mundo de total isolación, pero que funciona a la perfección con el tiempo y el contexto que se percibe en el film, tomando como referencias a Hoyte Van Hoytema y Austin Gorg en ‘Her’ de Spike Jonze

La construcción narrativa del film está llena de agendas propias de todos los personajes, aunque es Caleb quien, a pesar de terminar en una situación catastrófica, apenas llega a percibir una real necesidad al final del film. Nathan sirve como el antagonista  a los deseos de Caleb quien, poco a poco, descubre su intención de ayudar a Ava para salir de la prisión en la que se encuentra gracias a su creador, Nathan, quien hace el papel de Dios, dueño de una tierra envidiable, natural, extensa y pacífica, aparte de tecnología, de la vida humana. Son las motivaciones de Ava las que al final del día, no se diferencian en nada a las verdaderas motivaciones y deseos de alguien común como Caleb. Garland no se guarda cartas bajo la manga para desarrollar una sensación de extrañeza ante el personaje de Ava, pues es ella quien tiene a pesar de moverse robóticamente, de funcionar como una máquina, y de estar hecha con cables y circuitos, termina teniendo el deseo más básico del ser humano: ser libre. Sin embargo, los medios para conseguirlo son aún más humanos: la violencia, la persuasión y el engaño, terminan siendo sus herramientas más conviencentes, que coronan la seducción de Ava para llevarse el corazón de Caleb y hacerlo suyo, volviéndolo su marioneta para sus propios beneficios. Nathan es quien a pesar de todo, termina entendiendo que su obra no solo es un robot y objeto de prueba, es la creación perfecta.

La clave, después de todo no es tan difícil: ¿qué tanto estamos dispuestos a sacrificar los humanos para conseguir lo que queremos? Una y otra vez vemos como Caleb cae en la trampa de Ava, que sin embargo, solo lo vemos bajo el subtexto que Garland escribe en su guion, y no es solo hasta el clímax de la película en la que esto explota completamente. Pero está allí, inherente. Caleb sacrifica su estadía, pudiendo ser una poderosa parte en el descubrimiento y creación de Nathan: la inteligencia artificial perfecta,  a ser la contraparte de Ava: la inocencia absoluta.

El guion siempre se mantiene fuerte, siendo un sci-fi amasado a la par con su gran porción de thriller. Y no sabemos de entrada que Nathan es, por encima de su alcoholismo, su personalidad y sobre todo, lo morboso de ser el creador de marionetas para su placer, la sensatez dentro de un film que te lleva, tranquilamente y por el camino más habitado, a una historia sobre la naturaleza humana. Alex Garland pone la fresa al pastel, su dirección, su pericia al esconder las motivaciones de los personajes, y su cautela a la hora de explotar plenamente el conflicto, lo que trae al espectador el sentir que ‘Ex Machina’ es una gran película de ciencia ficción, esa que tenemos años sin ver.

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Reseña: ‘Mad Max: Fury Road’

Por: Humberto González – @hypediario

Una buena forma de saber cómo evoluciona el cine, pero sobre todo cómo evolucionan las posibilidades dentro de éste, es ver ‘Mad Max: Fury Road’. Hay que recordar que George Miller realizó la primera entrega de esta franquicia en el año 1979, con un presupuesto de $400.000 dólares australianos, suma que no se acerca absolutamente nada al de producciones que hoy en día vemos en la gran pantalla. Eso no frenó a Miller de realizar una de las más famosas películas de culto de todos los tiempos, con Mel Gibson en el papel de Max Rockatansky.

George Miller realizó dos películas más bajo la marca ‘Mad Max’, y no fue sino hasta 2015, treinta años después de ‘Beyond Thunderdome’, cuando realizó el sueño de poner en las pantallas del cine ‘Fury Road’, última entrega que significa un renacer de las historias de Max. Esta vez es Tom Hardy quien interpreta al personaje, y no, no cae pesado y no es un error. Porque no significa ni una precuela o secuela. ‘Mad Max: Fury Road’ representa un renacer, además, del cine de acción. El cine de acción más escandalosamente increíble de los últimos años, y me atrevería a decir, de las últimas décadas. Nunca una persecución automovilística fue más entretenida que la de George Miller, jamás.

No hay minuto de descanso, eso sí. “¿Y puede aguantarse una peli de 2 horas este ritmo?” preguntaría cualquiera. Pues al parecer sí. No sabemos si es solo Miller el que lo ha podido hacer, pero sí, un rotundo e inmensurable si.

Max, a quien vemos en el primer plano del film, introspectivo, poco tarda en volverse el personaje absurdamente atormentado que es. En una breve persecución, preaviso de lo que veremos durante los minutos que restan del film, Max es capturado por los War Boys, el ejército del tiránico Inmortan Joe, y una vez en su base, un lugar desolado en donde se raciona el agua a lo más pobres, en donde cuenta con sus cadavéricos, blancos y anémicos soldados, en donde se venera una especie de creencia pseudo-vikinga (pendientes con el “be my witness”), y en donde la leche es producto de contrabando extraída de esclavas; éste es usado como bolsa de sangre para uno de los jóvenes War Boys, Nux. Entre tanto, la Emperadora Furiosa, quien es la mano derecha de Inmortan Joe, maneja su máquina de guerra fuera de lo que es su hogar, y no mucho sucede hasta que es descubierto que las esposas de Inmortan Joe van en el mismo camión que maneja Furiosa. La ira nubla al tirano, quien agrupa su ejército y se adentra en la persecución en busca de sus esposas. Nux, el joven, se une al ejército, llevando consigo a Max como su bolsa de sangre.

La historia avanza virtuosamente rápido desde ese punto. Y no es apuro lo que tiene Miller de hacer correr al film, es más un instinto primario, algo innato que resulta en un viaje sin retorno. Fácilmente, ‘Fury Road’ entra violentamente dentro de esas películas que el espectador pregunta sin cese “¡¿cómo coño grabaron eso?!”. No hay un plano que no requiera de ello.

El trío principal que son Tom Hardy, Nicholas Hoult y Charlize Theron como Max, Nux y Furiosa, es de cuidado, y a pesar de no ser una película con extravagantes líneas de diálogo y de personajes que exteriorizados son sumamente complejos, la dirección de George Miller se traduce en un trabajo introspectivo con cada actor, dándoles un background importante con el cual se trabajó mucho, por lo que el espectador percibe. Y es, con ello, esas miradas de Theron, esos gruñidos previos a cada línea de Hardy, o esa locura desenfrenada de Hoult lo que le da vida a cada personaje.

La música de Tom Holkenborg no tiene desperdicio y por cada arranque de automóviles, por cada explosión, hay compases de música que se traducen en exquisitez cinematográfica del más alto calibre. Recordamos que es un fiel colaborador de Hans Zimmer, con quien trabajó en películas como ‘The Dark Knight Rises’, ‘Man of Steel’ y próximamente en ‘Batman v Superman: Dawn of Justice’. Esos grandísimos bajos, que ya conocemos de Zimmer, Holkenborg los usa, pues son también suyos, y que complementan las secuencias de acción como si fueran pareja. No hay otra cosa que se pueda pedir. Hay secuencias que son imperantes, en donde la fotografía y el departamento de VFX se habrá tomado vacaciones después de trabajarla, como esa en donde pasan a través de la tormenta de arena. Desde ya, y no es nada arriesgado ni apresurado, ‘Mad Max: Fury Road’ es digna favorita en la categoría de Efectos Visuales en temporada de premios. Sus aspectos técnicos son, de lejos, lo mejor de lo que va de este año.

La película se estrenó fuera de competencia en el Festival de Cannes, y la gente empezó a preguntarse por qué no competía en la sección oficial. Claramente, un film como este no debería necesitar la ayuda de tener que consagrarse con un premio de este tipo para llegar a los mercados populares. Un día después de su exhibición, en donde dejó a más de uno sin aire y con la saliva sobre los suelos, fue estrenada a nivel mundial. Desde allí, ha sido el mejor regalo cinematográfico de este 2015. George Miller volverá a ponerse detrás de la cámara para rodar lo que será la secuela de esta nueva ‘Mad Max’.

Por lo que ahora respecta, ni todo el Hulk, ni todo el Ultron del mundo, es  digno del martillo que ha sido ‘Fury Road’.

KM 72

Reseña: Kilómetro 72

Por Humberto González – @hypediario

No sería muy descabellado decir que la ópera prima de Samuel Henríquez se pasa por 72 kilómetros de géneros cinematográficos, de guiños autorales, de movimientos históricos en el cine y de buenísimos minutos de cine nacional. Es, más que nada,  una recreación al amor cinéfago, porque si bien es cierto que llama la atención la aproximación, sin nada de titubeos ni descuidos, a un cine de género poco manoseado por el cineasta local, lo que mejor hace ‘KM 72’ es decir cuánto ama al cine de autor, más que otra cosa. Henríquez, director de la película, se niega a contarnos otra cosa que no sea su amor por el film noir, y vaya que tiene razón. Pero cuando pasas del film noir a la absoluta comedia incómoda con la facilidad de un monstruo, pues vaya que vale más que la pena el contemplarlo. Read More…