CORIWEB

La ruta de María Corina Machado

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

‘Se los dije’, publicó en su cuenta de Twitter el 30 de marzo de 2017. Convencida de que los hechos le habían dado la razón, María Corina Machado resumió en tres palabras todo lo que, por años, había llevado dentro. El tuit era un desahogo y una certeza. Tras las sentencias 155 y 156 del TSJ, la fundadora de Vente Venezuela parecía dirigirle su mensaje a aquellos que, durante tanto tiempo, la tildaron de radical. Era su momento, o por lo menos así lo sentía. ‘Golpe de Estado. Formal y declarado’, tuiteó minutos más tarde, para luego explicar que eso que pasaba con la Asamblea, esa pérdida de facultades, era consecuencia del estéril diálogo moderado por los Zapatero, Samper, Fernández y Torrijos a finales del año pasado. Las soluciones al problema, para ella, eran la Carta Democrática, el 350 y calle hasta la salida del gobierno. Más de cuatro meses han pasado desde ese entonces y la calle, que llegó a ser rutina, padece el frío de la incoherencia. El chavismo no es que no ha salido, sino que ahora, Constituyente mediante, parece tener más poder que nunca. La oposición, luego de la instalación de la ANC, está ante sus horas más bajas. La polémica decisión de asistir a las regionales ha dejado a más de uno al borde de la locura y la MUD luce fragmentada. ‘Es dictadura. Nos quedamos políticamente solos, pero del lado de la gente y sin perder el objetivo para terminar con este régimen ya’, informó Machado vía Twitter el pasado 9 de agosto, para dar a conocer su postura frente a la decisión de los demás partidos de la Unidad de asistir a los comicios. Al igual que con el ‘Se los dije’, la dirigente anunciaba el inicio de un nuevo ciclo. Uno que, esta vez, le tocaría enfrentar desde el aislamiento. En medio de esta coyuntura, el equipo periodístico de @RevistaOJO fue a la sede de Vente Venezuela para pulsar su opinión sobre diversos temas y esto fue lo que nos dijo:

–Usted decía el día cincuenta de protestas que, en ese período de tiempo, la oposición había derrotado a la dictadura, que había avanzado bastante (“se acerca la hora definitiva”). Y el día cien, a la espera del #16J, usted hablaba de veredicto. ¿Cuál era el escenario que tenía María Corina en su cabeza para derrocar al gobierno? ¿Cuáles eran esos pasos? Decía que faltaba poco…

–Las dictaduras salen cuando son enfrentadas con firmeza, con determinación, con coraje cívico. Y eso fue lo que se desató en Venezuela hace 139 días. Fue un movimiento social que se convirtió en rebelión popular. Y que hizo que se produjeran quiebres indispensables para que una dictadura como esta, que no es cualquiera, salga del poder. Esto es un Estado mafioso y tenemos que asumirlo, porque eso genera una serie de incentivos y de comportamientos distintos a los que tienen dictaduras convencionales.

¿Qué hemos logrado en estos cuatro meses? Primero, nunca el país había estado tan unido como está hoy. Nunca. Tenemos más de 90% de los venezolanos diciendo: ‘Se tienen que ir ya’. En esa unidad han estado todas las regiones del país, todas las generaciones, todos los sectores. Ahí estaban chamos que vienen de La Bombilla, Petare, luchando detrás de uno que quizá estaba estudiando afuera y que se vino de vuelta para su país. Por otra parte, se fracturó el chavismo. Hay unas fracturas, incluso, que no se han hecho públicas todavía, porque se estaban generando en estos últimos días. Se han producido grandes disidencias dentro de las Fuerzas Armadas, algunas son públicas y otras no. Hay oficiales y soldados que han sido detenidos, que han pedido la baja porque no están de acuerdo con la represión brutal del régimen y con la entrega de la soberanía del país. Y, finalmente, está la cohesión internacional alrededor de una política de acciones. Es decir, vivimos muchos años la indiferencia (de la comunidad internacional). Vivimos en el último tiempo la retórica, pero comenzaron las acciones. Las acciones de verdad. Y todo esto va orientado y cogiendo fuerza en una sola dirección, para llegar a ese punto Q de energía en el cual Maduro y el régimen entiendan: “Mira, pana, nuestra única opción es aceptar una negociación que implique salir de aquí”.

–¿Y usted cree que con la presión de calle iba a llegar ese momento?

–La presión de calle lograba que esas cosas ocurrieran. Y después se retroalimentaban. Porque en la medida en que más actuaba la comunidad internacional, más se estimulaba la calle. En la medida en que la calle producía quiebres en el chavismo, la comunidad internacional… ¿Me explico? Son todas variables que se autoestimulan.

–En ese contexto, ¿cómo caería Nicolás Maduro? ¿Negociación? ¿Renuncia?

–Yo quisiera que fuese por una negociación. ¿Cómo se formalizaría? Eso es lo de menos. Pero se tiene que ir. Una negociación, pero una negociación de verdad. Una negociación que diga: ‘Mire, señor, aquí están las garantías y estos son los términos para que te vayas’. Esa es la única que aceptamos. No una negociación como las que nos han tratado de vender, al estilo Zapatero, en octubre del año pasado. Estábamos en una situación parecida, donde había mucha fuerza en la calle, la comunidad internacional presionando, Maduro con el agua al cuello y entonces apareció Zapatero en una operación cubana donde nos madrugaron con un supuesto diálogo y donde el propio cardenal Urosa dijo: ‘Se burlaron hasta del papa Francisco’. Y era lo único que quería el régimen: tiempo, oxígeno. ¿Y para eso qué necesitaban? Parar la protesta y decirle al mundo: ‘Miren, ¿cómo que hay un problema en Venezuela? No haga nada. Aquí ya todo el mundo se sentó en una mesa a dialogar’. ¿Y qué nos dijeron?: Aquí hay dos opciones. ‘O dialogamos o nos matamos’. ¿Y qué pasó?: Dialogaron y nos mataron.

¿Cuál es su opinión sobre un posible alzamiento militar? ¿Contempla esa alternativa?

Nosotros lo hemos demandado. Y el 16 de julio le dimos un mandato, 7.600.000 venezolanos, a las Fuerzas Armadas para que cumplan la Constitución, bajen las armas y se pongan del lado de un pueblo que legítimamente lucha por su libertad y por su dignidad. Dignidad que le ha sido pisoteada por la FANB.

–¿Y eso se traduce en?

‘No reprimo más y no reconozco la Constituyente’. Porque al final algunos pensarán: ‘Es que la Constituyente nos destruyó’. Todo lo contrario. Yo lo dije, yo lo dije cuando Maduro planteó la locura de la Constituyente: ‘Se fregó’. Porque la Constituyente cohesionó a todos los sectores internacionales que tenían dudas de qué era lo que pasaba en Venezuela. Porque (Maduro) se quitó la careta. La Constituyente es constitucionalizar la dictadura cubana, el Estado comunista. ¿Qué parte no ha quedado clara? Olvídate de alcaldías, gobernaciones, Asamblea Nacional. Destruyen todo. Olvídate de la propiedad, el sector productivo, la universidad. Es el Estado comunista. Ellos lo han reconocido. Entonces: ¿Qué es lo que ahora quiere el régimen? Que la sociedad venezolana reconozca la Constituyente. Eso es lo que quieren, porque piensan que con eso nos van a someter, que eso sería la rendición final. Por eso todas esas acciones que están haciendo ahorita. Todo este tema de las elecciones regionales, esto es Zapatero dos.

¿Qué palabra usaría para calificar a quienes voten en las regionales?

Yo no los descalifico. Yo creo en la libertad individual. Cada quién decide lo que quiere hacer. No voy a llamar a una persona para decirle qué hacer, si tiene que tomar una dirección y otra. Esa no es nuestra ruta. Yo creo que esa ruta es la que quiere el régimen: legitimar y reconocer la Constituyente. Me parece que tenemos que recordar lo que fue uno de los logros más importantes de estos meses de lucha: La Declaración de Lima. Mira este punto: la decisión de estos países de no reconocer a la Asamblea Nacional Constituyente ni los actos que emanen de ella por su carácter ilegítimo. Eso incluye las elecciones regionales. Ayer lo dijo Tibisay Lucena.

–¿Qué piensa de esos diputados que están dejando su cargo en la Asamblea Nacional para lanzarse a gobernaciones?

–Yo creo que tienen que escuchar a la gente. Y hay un mandato, el del 16 de julio. Yo tengo tantos compañeros honorables que quiero, respeto, admiro mucho, en todos esos partidos. Son gente buena. Y a ellos lo que les digo es: confíen en la fuerza de los venezolanos. Hay algunas personas que les han hecho creer que no tenemos fuerza y entonces no se puede sacar al régimen, que no hay nada que hacer…

–¿Qué le responden ellos? ¿Por qué no siguieron con el camino de la calle?

–Créeme que hay muchos que lo están pensando. Hay muchos que están reflexionando… Como te digo: esa es la política que decidió el régimen y un sector de los partidos políticos. Yo estoy con la gente, con la política de los ciudadanos. Es una política de coraje. Es la estrategia de la fuerza, del sí podemos. Es la estrategia de decir: íbamos por la ruta que es y hay que seguirla. Es la ruta que te dice: ‘El mundo entero hoy nos acompaña’. Y hay que crear una coalición ética de ciudadanos, de gente a la que nos unen los principios y los valores: la verdad, la integridad, la justicia, la solidaridad, la valentía, la dignidad. Esos son los valores por los que uno da la vida. Eso es lo que yo he visto con estos chamos en la calle.

–¿Se jugó con las expectativas de la gente?

–No. Yo no diría eso. Yo al menos asumo mi responsabilidad. Lo dije el primer día y lo digo hoy: sí se puede. Ahora, yo soy franca: sí dimos un paso para atrás. Hay que hablar con la verdad. Y hay gente que en este momento se siente decepcionada, muy brava, triste.

–Es que se está diciendo desde el primer día: “Vamos a salir de esto, vamos a salir de esto”…

–Y ‘¡Vamos a salir de Maduro!’. Entonces hay gente que dice: ‘Ya va. ¿Otra vez? ¿Otra vez?’. Entonces yo lo entiendo, yo comparto ese dolor. Pero el régimen lo que quiere es dividirnos y desmoralizarnos. Venezuela está más unida que nunca. Unos se fueron un rato por un canal que no es…

–¿Y cómo van a volver?

–Bueno, que regresen. Yo no le voy a cerrar la puerta a nadie. Pero lo importante es que nosotros no podemos detenernos.

–¿Tiene la fuerza María Corina y Vente Venezuela para capitalizar y agrupar a todas esas personas que, como dices, hicieron un mandato y esperaban una ruta? ¿Están en la capacidad para convocar manifestaciones multitudinarias sin el apoyo de los otros partidos?

–Yo creo que la sociedad venezolana tiene la determinación de crear esa coalición ética que tendrá distintas formas de lucha. Además, cada etapa va evolucionando. Y si es necesario llegaremos otra vez al momento de grandes movilizaciones. Pero hay muchas otras cosas que hay que hacer para terminar de socavar los pilares que le quedan de soporte al régimen que está muy débil. Muy débil.

–Su opinión sobre la opción militar, sobre las palabras de Donald Trump…

–Nadie va a creer que en la América Latina del siglo XXI es posible una invasión militar. Eso no existe. Ahora, lo que sí hay en Venezuela es una invasión cubana. O es que acaso no tenemos conciencia de que los cubanos están manejando los sistemas de información y de identificación de los venezolanos. Los grupos y los cuerpos de seguridad y de inteligencia. La notaría, los registros y las fuerzas armadas. Yo, siendo diputada, a la Comisión de Defensa de entonces le llevé una lista con los nombres y apellidos de los generales cubanos que estaban en ese momento en un grupo que se llamaba el GRUCE. El grupo de Coordinación y Enlace en el CEO (Comando Estratégico Operacional), en Fuerte Tiuna. Yo se los llevé y no hicieron nada. Nosotros sí sabemos que ahí hay una invasión, como hay una invasión de la guerrilla, que llega ya al corazón de Venezuela, una invasión del narcotráfico, de contrabando, de todos los crímenes y las redes mafiosas del mundo que se han asentado en el país. Ahora, para eso, para desmontar ese Estado mafioso, esa narcodictadura, sí necesitamos respaldo internacional.

–¿Cómo sería esa ayuda? En hechos concretos…

–La Declaración de Lima dice en el punto cuatro: “Los actos jurídicos que conforme a la Constitución requieran autorización de la Asamblea Nacional, sólo serán reconocidos cuando dicha Asamblea los haya aprobado”. ¿A qué se refiere esto? A operaciones de crédito público, endeudamiento. Es decir: ‘No reconocemos créditos y nuevos financiamientos que no tengan la aprobación de la Asamblea Nacional legítima’. Esos son actos concretos. Porque eso es lo que le cierra el chorro a los bonos de sangre que ha estado financiando la tiranía. Hay mucha gente con intereses muy oscuros que tratan de disfrazar que no están con el régimen, pero reciben dólares a diez. ¿Mientras el país se muere de hambre a cuánto? ¿A cuánto está ahorita? ¿Quince mil? Ya uno ni sabe. Ah, pero ellos lo reciben a diez. ¿Tú crees que ellos quieren que Maduro se vaya? ¿Y los que tienen bonos de la deuda? ¿Tú crees que esos quieren que Maduro se vaya? ¿Y los que reciben concesiones petroleras y concesiones del arco minero y están haciendo toda la plata del mundo? ¿Tú crees que ellos quieren que Maduro se vaya? Y ahí hay venezolanos y capitales extranjeros muy muy oscuros.

–¿Qué otras medidas considera?

–Yo creo que las sanciones, pero de una forma mucho más amplia y mucho más pública. ¿Embargo? Aquí está el embargo de armas: punto trece de la Declaración de Lima: “Su llamado a detener la transferencia de armas hacia Venezuela a la luz de los artículos 6 y 7 del Tratado sobre el Comercio de Armas”.

Ahora bien, sobre el tema petrolero: ¿Quién destruyó, quién sancionó a PDVSA? PDVSA está produciendo hoy la mitad de lo que producía antes de que comenzara esta bonanza petrolera. PDVSA está quebrada y eso es algo que nosotros los venezolanos no terminamos de procesar. Quebraron a la gallina de los huevos de oro. ¿Y ahora qué? Porque eso es lo que tenemos que pensar. ¿Qué va a pasar el día siguiente a la salida de Maduro? ¿Cómo vamos a reconstruir este país? Claro, se robaron un poco de real que tiene que volver, porque esa plata el mundo la tiene que identificar y traerla de vuelta. Esa es una de las cosas que yo le propongo a la comunidad internacional para que lo haga ya. Nosotros lo llamamos un Fondo Internacional para la Reconstrucción de Venezuela. Ya se han identificado más de 20 mil millones de dólares robados. Y es muchísimo más. Multiplica eso por diez. Ese es el tipo de cosas que hay que hacer. Decir: ‘Miren, aquí está la plata. Y se la robaron fulanito, fulanito, fulanito y fulanito’. Y que cuando este régimen salga esa plata regresa a Venezuela. ¿Qué tal? Ese es el tipo de cosas que necesitamos.

–De aquí a que termine el año, ¿cómo ve estos meses que vienen María Corina Machado?

–¿Tú sabes lo que yo digo? Que solamente los venezolanos entendemos lo que significan 24 horas. 24 horas es largo plazo. ¿O no? El mundo te dice… ‘En los próximos 24 meses…’ y nosotros morimos de la risa. Lo que es un mes en cualquier otro lugar, nosotros lo vivimos en un minuto. Hacemos ejercicios de planificación estratégica, con todas las variables, todos los escenarios y después: pum, cae un meteorito, porque son las cosas que pasan en Venezuela.

–¿Las regionales son un meteorito?

–No. Están muy bien pensadas. Es una operación cubana.

–Pero para usted, que tenía una planificación…

–No, señor. Eso se estaba anunciando desde hace muchos meses.

–Sabía que podían llegar…

–Pero, ¡claro! Y además todos dijeron: ‘No. Es inconcebible regionales si hay una Constituyente’. ¿O no lo dijeron? Ahora, allí no es donde está mi preocupación. Yo no me voy a quedar ahí pegada. Nosotros ya le dijimos al país lo que pensamos de eso. Es un error. Por favor, no lo cometan. Pero vamos a concentrarnos en lo nuestro. En lo que sí es, a mi modo de ver, indispensable para sacar este país adelante. Y lo primero es una lucha espiritual y emocional, y esa no la podemos perder. Esta gente lo que quiere es hacernos sentir derrotados. ¡Y esa lucha no–la–vamos–a–perder! Los espacios que no podemos perder son los de la dignidad, el coraje, la fuerza, la conexión entre los venezolanos. Esos espacios no los vamos a perder.

–¿Cómo hacer para no perderlos si ya no vienen grandes manifestaciones? ¿Cuál es el trabajo ahora?

–Bueno, es un espacio ahorita de reencontrarnos. De articulación entre sectores. Están los artistas, los familiares de las víctimas, los sindicatos, los productores… Por aquí yo he estado recibiéndolos a todos, yendo a sus sedes, escuchando. Aquí hay unas ganas y una disposición para luchar más fuertes que nunca. Porque todos los venezolanos sabemos lo que aquí está pasando. O sea, esta crisis humanitaria… Por cierto, cuando nosotros lo advertimos, hace cuatro años, me dijeron: ‘Exagerada, radical, impaciente, aquí jamás habrá una crisis humanitaria’. ¿O no? Me quedé corta, desgraciadamente. Esta crisis humanitaria está a punto de convertirse en una catástrofe. Nosotros no sabemos lo que es una hambruna. Eso puede ocurrir pronto. Actuemos. Actuemos. Actuemos de verdad.

BELLOWEB

“No hay salida democrática”

En Venezuela no hay salida democrática. Ese es el crudo diagnóstico de Ramón Muchacho, uno de los alcaldes que padeció en carne propia los zarpazos de la dictadura y que, ante su inminente detención, decidió escapar del país para seguir haciendo política fuera de las rejas. Le habían quitado su pasaporte meses atrás –cuando regresó de su gira por Chile y Perú– y no estaba dispuesto a que le quitasen también su libertad. Con contactos, dentro y fuera del país, logró escapar hacia Estados Unidos, donde le concedió una entrevista al showman y periodista estrella Fernando del Rincón. “El problema de Venezuela es mucho más grave (que las regionales). El problema real es que Venezuela es un país donde hay una dictadura y donde no hay salida democrática”, soltó convencido. Para Ramón, las posibilidades de una resolución institucional y consensuada de la crisis se fueron reduciendo en el tiempo a medida que el gobierno avanzaba con su plan dictatorial. La ANC fue el límite, la gota que rebasó el vaso, y a partir de ese momento, afirma Muchacho, la esperanza se esfumó. “Es mejor que reconozcamos la realidad y con base en eso empecemos a hacer propuestas, en vez de que nos sigamos engañando. Si todavía seguimos pensando que hay forma de sentar al gobierno para que por cualquier forma no violenta, con su participación activa y con su voluntad, entregue el poder, es porque todavía no entendemos quiénes están gobernando en Venezuela”. Entonces, ¿estaría de acuerdo Muchacho con una intervención militar?: “Cuando Trump lanza esa advertencia lo que le está poniendo es una papa caliente en la mano a los gobiernos de la región para que éstos digan: ‘Intervención militar no. La opción es esta’. Cuando encuentras que no hay opción, llegas a la conclusión de que la alternativa militar, digamos lo que digamos, condenémosla o aplaudámosla, puede terminar siendo inevitable para los Estados Unidos. Porque si tú ves las opiniones que emite la CIA, el departamento de Estado, ¿qué dicen? Que Irán está allí, Rusia está allí, Hezbollah está allí, el terrorismo está allí, allí en Venezuela”.

CHAVISMOWEB

El chavismo 13 años después

Dice el comediante Ricardo del Búfalo que Venezuela tiene cuatro estaciones: campaña, elecciones, depresión y protesta. Visto lo visto, tras dos décadas de Revolución Bolivariana, resulta imposible llevarle la contraria. La era chavista, desde este lado de la acera, no ha sido otra cosa que campaña, elecciones, depresión y protesta. Hemos vivido el período de los jingles pegajosos, la veintena de comicios, la melancolía omnipresente y las marchas interminables. El país es un círculo vicioso, un cuento que no deja de morderse la cola para volver a empezar. Una y otra vez. Duele decirlo, pero ‘La Salida’ comenzó en 2002 y hasta ahora no ha tenido éxito, aunque sí matices. Hoy se cumplen 13 años del día favorito del gobierno: 15 de agosto de 2004. Fue en esa fecha, luego de vencer en el referéndum revocatorio, cuando más se sintieron indestructibles. Con la victoria del máximo líder, ponían fin a unas protestas que iniciaron en 2001, tuvieron su clímax en el trágico 11 de abril del año siguiente, pasaron por el paro petrolero, siguieron durante todo el 2003 y, ante el fracaso de diálogos estériles, terminaron, cómo no, con campaña, elecciones y depresión. Una depresión que duró tanto que por un tiempo no hubo ni protesta, sólo resignación: la oposición se saltó las estaciones del año siguiente (2005) y volvió a vivirlas con el insípido Manuel Rosales. Otra vez: campaña, elecciones y depresión. Con RCTV vendría la protesta y, por primera vez, una falla en la Matrix. La oposición conocería la quinta estación: euforia (2007). La misma que sentiría ocho años después (Parlamentarias), pero que inevitablemente desembocaría en los períodos ya conocidos. En 2017, más que nunca, Venezuela se ha encontrado con su primavera-verano-otoño-invierno particular. Ante tanta protesta, el chavismo aplicó su fórmula favorita. Aunque, a diferencia de 2004, esta vez no tenía los votos suficientes para ganar. Ni siquiera el apoyo necesario para meter la coba. Por ello, inventaron una elección extrañísima y unos números inverosímiles. Si en 2004 les creyó hasta Bush y la OEA, ahora Smartmatic los ha dejado mal frente al mundo. No obstante, la oposición sigue escuchando el Vivaldi más ácido. Las cuatro estaciones siguen su curso y el país está a la espera de que por fin, de una buena vez por todas, mejore el tiempo y cambie la melodía.

wpid-wp-image-1899441602.jpg

Van en serio

Mike Pence citó hasta a Bolívar. Como el niño que hace bien la tarea y quiere agregarle valor a su exposición, el vicepresidente de Estados Unidos apeló al Libertador para transmitirle a Venezuela, al continente y al mundo, que su preocupación por la situación del país suramericano es pura y genuina, que está empapado en el tema y que, de verdad verdad, trabajará por buscarle una solución a la crisis. Las declaraciones de Pence aparecen en el contexto de la gira que inició en Colombia y pasará por Argentina, Chile y Panamá. Con Santos al lado –presidente vecino y uno de los principales enemigos de Maduro– Mike se encargó de enmendar la frase incendiaria que Trump había dicho el pasado viernes (“Tenemos muchas opciones respecto a Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesaria”) y que había convertido la irrisoria retórica chavista en una coartada perfecta para vender la idea de que los males del país son culpa del Imperio. Aquellas declaraciones no sólo fueron rechazadas por las voces más destacadas del PSUV, sino también por la Mesa de la Unidad, países como Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y México, el secretario Almagro y hasta el propio Pentágono. La comunidad internacional, que quede claro, no ve con buenos ojos una solución armada para resolver el conflicto. El último precedente en la región es Panamá, hace ya 28 años (caso Noriega: 1989), por lo que una intervención militar luce obsoleta en estos tiempos. Conocedor del entorno, el vicepresidente yanqui descartó la idea, pero sin perder contundencia en su alocución: “No aceptaremos que surja una dictadura en nuestro hemisferio, el pueblo merece algo mejor. El venezolano, que fue libre, ahora tiene que soportar la brutalidad del régimen de Maduro”. La tierra de Bolívar sigue en los primeros puestos de la agenda norteamericana, junto a Corea del Norte y Medio Oriente. Trump ya había adelantado en Miami el año pasado que, de ganar la presidencia, su gobierno sería un martillo contra Cuba y Venezuela. Y hasta ahora, tras la reunión con su gabinete de seguridad el pasado jueves y la incipiente gira de Pence, parece que será coherente con su discurso. Los gringos van en serio.

TRAGEDIWEB

La tragedia de estar unidos

Venezuela pasó del Pacto de Punto Fijo al conflicto ‘escuálido’-chavista.  De votar por un oligopolio político a sufragar a favor o en contra de un proceso: la Revolución Bolivariana. Del blanco y verde adecocopeyano al azul y rojo ‘pitiyanqui’-antimperialista. El país tiene años, décadas, sin poder elegir. Hugo Chávez rompió con el binomio de la IV para instalar la recalcitrante polarización de la V. O estabas con él o eras un traidor vendepatria. Los grises desaparecieron y la gama de colores se mantuvo estrecha. La oposición se dio cuenta de que, para competir contra aquel fenómeno electoral, debía agruparse. Si picaba la torta estadística, los números no le darían para vencer. Las fuerzas, en cualquier campo de batalla político, debían estar unidas. Por eso, la Coordinadora Democrática emergió en 2002 para dictar el precedente y la Mesa de la Unidad recogió el testigo. Nacieron como organizaciones de composición diversa pero de propósito compartido. El fin les obligaría a acoplar sus medios. Cientos de cerebros, miles de ideas, un único objetivo: cambiar el gobierno. La primera sucumbió ante las discrepancias y la segunda vive su peor crisis. La pluralidad de pensamiento empieza a pasar factura. Todos los partidos coinciden en que Venezuela necesita un cambio, pero no se ponen de acuerdo en cómo llegar a él. De la indecisión ha venido la falta de contundencia y de ella surgió la escasa o nula coherencia. Compuesta por gente de derechas y de izquierdas, por adecos y “lechuguinos”, marxistas y liberales, socialdemócratas y exchavistas, a la MUD le ha costado elegir con qué guion enfrentar al PSUV. Pública fue la riña entre Allup y Guevara y público ha sido el deslinde entre Vente Venezuela y la Unidad. Voluntad Popular, partido que había compartido hasta ahora la línea de María Corina Machado, fue arrastrado por la corriente y decidió no tomar los riesgos de quedar fuera del tablero político que representan unas insólitas regionales. Cabe preguntarse: ¿algún partido opositor tiene la fuerza suficiente para arrastrar todo el descontento? ¿La MUD como organización política, como estructura, ha caducado? ¿Debe replantearse? ¿O es que acaso nunca ha sido viable? ¿Será, quizás, que en política, contrario a lo que pasa con la física, polos opuestos han nacido para repelerse siempre? No lo sabemos. Nuestra certeza es una sola: si de ponernos griegos y clásicos se tratara, esta tragedia no merecía otro nombre que la de estar unidos.

MPJWEB

Paramacay según Marcos Pérez Jiménez

“Como viejo conspirador le digo que en estos procesos hay cinco etapas. La primera es la de las murmuraciones, un ruido como de multitud de la cual no se distingue nada preciso, pero se percibe que está disgustada. Después viene el rumor sobre algo concreto, aunque exagerado o falso, pero que indica aquello que la gente quisiera que fuera verdad. Entonces hay conatos, que son pronunciamientos aislados de algún oficial que alza algún destacamento o guarnición. Hasta que llega la asonada, pronunciamiento coordinado en el cual el jefe se alza pero los comprometidos le quedan mal. Y después de todo eso es que viene el gran carajazo”. La explicación es de un ex Presidente de Venezuela y especialista en golpes de Estado: Marcos Evangelista Pérez Jiménez. Partícipe de uno (1945), líder de otro (1948) y víctima de un tercero (1958), el histórico dictador le ofreció a Rafael Poleo en 1988 una definición que, incluso con sus vacíos descriptivos y la distancia temporal que separa ambas épocas, conviene tener presente en estos días de ruidos de sables y sublevaciones. Ataque terrorista para algunos, peine, trapo y humo para otros, lo ocurrido ayer en Paramacay pudiese coquetear con la etiqueta de asonada, si se toma en cuenta uno de los apuntes de Sebastiana Barráez, periodista entendida en la fuente militar: Juan Carlos Caguaripano esperaba que otras unidades se alzaran. Capitán de la GNB dado  de baja en 2014 por manifestarse en contra del gobierno y acusado de conspirar en el Golpe Azul (presunta intentona planificada por el General de la Aviación Oswaldo Hernández hace tres años), Caguaripano se une a Óscar Pérez como el segundo miembro de un cuerpo de Seguridad del Estado que se pronuncia en contra del presidente Nicolás Maduro y vuelve a tocar la puerta que da hacia una salida armada del conflicto. Solución con la que muchos fantasean, pero cuyos alcances pudiesen ser devastadores. Queda esperar si lo ocurrido ayer en Paramacay traerá cola o la historia le conferirá el carácter de anecdótico.

ricardoweb

El problema de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

El problema no son las regionales. El problema es el infame CNE. El problema no es llamar a votar. El problema es que han dicho hasta el cansancio que esto es dictadura. El problema no es ganar. El problema es que después te quiten las gobernaciones. El problema no es explicar cuál es la estrategia. El problema es que no se ha hecho de forma conjunta. El problema no es debatir sobre las elecciones. El problema es hacerlo días antes de inscribir las candidaturas. El problema no es anunciar que tu partido irá a los comicios. El problema es que le das pie al chavismo para decirte incoherente. El problema no es proclamar un nuevo Consejo Nacional Electoral. El problema es que los nuevos magistrados quedaron en el olvido. El problema no es debatir propuestas. El problema es que se ventilen tus discusiones. El problema no es afirmar que el gobierno está por caer. El problema es que no cumplas con las expectativas. El problema no es convocar un plebiscito. El problema es que después ignores las respuestas. El problema no es ser mayoría. El problema es convencer a la gente de que la salida es electoral. El problema no es la hora cero. El problema es la cero planificación. El problema no es pelear en todos los frentes. El problema es cómo aumentar la presión. El problema no es el sufragio. El problema es la percepción de la comunidad internacional. El problema no es el plan. El problema es la congruencia. El problema no es la disyuntiva. El problema es que el PSUV sigue avanzando. El problema es que mientras nosotros hablamos de esto, la ANC se está instalando.

machado_ledezma_lopz

Las piedras en el zapato de la dictadura

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Sabía lo que le esperaba. Preso desde febrero de 2015, había perdido espacio en la opinión pública nacional. Su liderazgo, desde la distancia, estaba mermado. En popularidad, sufría los embates del olvido. A Antonio Ledezma la insignificancia le carcomía y decidió disparar un último cartucho desde la cárcel que dos años atrás le habían asignado: su hogar. No era el primer mensaje que colgaría en YouTube –el día del plebiscito y el pasado 26 de julio subió comunicados–, pero sí el más contundente.

Con temple y voz profunda, Ledezma señaló, desde la autocrítica, el camino que debía tomar la oposición venezolana. Preciso, puntual y certero, enumeró cada uno de los errores de la Mesa de la Unidad Democrática. “Asumidos todos los riesgos, he decidido mandar este mensaje”, dijo al empezar su alocución, para luego pasar a la lista de fallos: permitir que el chavismo echara del hemiciclo a los diputados de Amazonas, dejar que Maduro gobernara por decreto ante un supuesto desacato y dialogar a escondidas.

“No se pueden ganar batallas, cuando nos derrotamos nosotros mismos”, sentenció el sexagenario Antonio, como abuelo que reparte lecciones a sus nietos. No tendrá en la maleta los mil refranes de Allup, pero irradia la sapiencia de los zorros más viejos de la política.

Según Ledezma, el secretismo generó rumores. Aunado a ello, la oposición pecó al elegir a los dirigentes menos indicados para conversar con el gobierno, esos que velaron por libertades personales y no por la liberación de todo el pueblo de Venezuela. Allí, en República Dominicana, la mesa de negociación enterró el revocatorio. “A veces la gente no entiende nuestras propias contradicciones, cuando ve que nos metemos autogoles y que nosotros mismos diluimos nuestros triunfos, porque a veces priva la vanidad. A veces los egos se convierten en demonios tormentosos”.

Unas contradicciones que, por cierto, no pocas veces han confundido a quienes día a día patean calle: “marche mañana, no marche mañana, pare mañana, no pare mañana, marche a las 12, no marche a las 12. Esos son pequeños detalles que a veces conspiran contra nuestros esfuerzos”. Pequeñísimos detalles como, por ejemplo, ir a unas regionales con este Consejo Nacional Electoral, propuesta defendida por Acción Democrática y Henry Ramos Allup.

“Ahora vienen a plantearnos elecciones regionales. Yo no me imagino a nadie que sea leal a la lucha que ha dado el pueblo inscribiéndose, haciendo una fila india para inscribirse en ese Consejo Nacional Electoral (CNE). Bastante que le aguantamos a este CNE, que protagonizó este domingo una de las estafas más burdas”, opinaba Ledezma antes de que el plan de AD fuese anunciado al país.

Antonio, junto a Leopoldo López y María Corina Machado, era de los que opinaba en 2014 que la salida del gobierno era urgente y que, llegado el 2015, lucía impostergable. El fundador de Alianza Bravo Pueblo perteneció en sus inicios a Acción Democrática e incluso fue una figura cercana a Carlos Andrés Pérez, pero hoy, con 62 años, sus ideas para salir de la crisis están más cerca de Voluntad Popular y Vente Venezuela que del histórico partido blanco de Rómulo Betancourt.

A su lado, y en la misma lucha, tiene al enemigo número uno del PSUV (inhabilitado por el gobierno desde el 2008 por temor a su potencial) y a la mujer que se atrevió a hablarle de frente al expresidente Chávez en la Asamblea Nacional. Con el primero remará desde la cárcel, mientras que la segunda será la voz fuera de ella. Por sus posturas incorruptibles, se han convertido en las piedras en el zapato de la dictadura.

OPOSICIONWEB

El laberinto de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

La oposición vivió durante mucho tiempo bajo la cobija de una gran mentira: ‘somos más, somos mayoría’. El engaño era comprensible y tenía sus raíces en las entrañas de la política (nadie apuesta a caballo perdedor), pero carecía de un analgésico que paliase el dolor tras cada derrota electoral. La pastillita del fraude algo calmaba, aunque tenía severos efectos secundarios. Uno de ellos, quizá el más importante, era la desmovilización. ‘Si me van a robar mi voto, ¿para qué ir a sufragar?’, fue un pensamiento que años después costó cielo y tierra remover de millones de cerebros venezolanos.

Tuvieron que salir voceros, candidatos y analistas a decir que aquello de la trampa electrónica no era cierto, que la triquiñuela tenía que ver más con el sufragio inducido y los centros remotos, que lo importante, a ciencia cierta, era tener los testigos de mesa suficientes, pero de que había que votar, había que votar. Aquel limbo electoral costó caro, carísimo (2005: prohibido olvidar), e hizo que la oposición perdiera gobernaciones, alcaldías y diputados a mediados de la década pasada. Como el estudiante que sólo se prepara para los finales, el antichavismo centró sus esfuerzos en las presidenciales del 2006, pero ya era demasiado tarde. Tarde para ganar esas elecciones y tarde para recoger la semilla mental que habían sembrado. El fantasma de la desconfianza estaría allí para siempre.

Única en el mundo, la política venezolana es tan peculiar que te permite estar equivocado y tener la razón al mismo tiempo. Jugar a la abstención y a la pataleta del fraude contra un chavismo que no aguantaba dos pedidas para contarse hizo perder tanto terreno a la oposición que hasta tuvo que empezar de cero. El problema llegó cuando, después de alcanzar la tan anhelada mayoría, su rival, la Revolución Bolivariana, perdió el gusto por las urnas electorales. Tras las Parlamentarias 2015, el chavismo decidió que la gula no volvería (20 elecciones en 17 años) y que ahora tendría un apetito moderado y de platos excéntricos.

Esquivar votaciones, a partir de ese momento, pasaría a ser política de Estado. Con Tibisay al mando, sería imposible competir en una batalla comicial. Teniendo al TSJ revolucionario en contra, la AN serviría de poco o nada.

Ningún camino lleva a Roma

 “Ofrecimos que en un lapso de seis meses contados a partir de la instalación de la Asamblea Nacional propondríamos un método, un sistema, para cambiar el gobierno por vía constitucional”, recordaba Henry Ramos Allup tras ser electo presidente del Parlamento. Era 5 de enero de 2016 y la oposición confirmaba una promesa de campaña: ‘En junio les diremos cómo sacar a Maduro’. Dos años atrás Leopoldo lo había intentado con la certeza de que la calle era la salida y aquello había terminado con el líder preso y las avenidas vacías.

El triunfo del 6-D, no obstante, permitía ser optimista: por primera vez en diecisiete años de Revolución Bolivariana la oposición daba paliza en una elección. Era apenas su segunda victoria en veinte comicios, pero los 7.7 millones de votos y los 112 diputados le permitirían debutar como cabecilla de un Poder Público. Algo de azul entre tanta institución roja rojita. Controlarían el Legislativo, que a diferencia del Electoral, el Ciudadano y el Judicial, es un poder elegido por votos y no por las manos negras del nepotismo y la corrupción, esas que, paradójicamente, habían dominado la AN en los últimos tres lustros con un solo objetivo: pintar un Estado unicolor.

La Asamblea Nacional, ya se sabe, es un súper poder: con ella a su merced, Diosdado Cabello armó un TSJ revolucionario, mantuvo a la eterna Tibisay como jefa del CNE y conformó el trinomio del Consejo Moral Republicano: Tarek William Saab (Defensor), Luisa Ortega –“Pido disculpas por haber permitido que fuese Fiscal General”– y Manuel Galindo (Contralor). Por tal razón, las sorpresivas dos terceras partes obtenidas por la oposición invitaban a soñar. Cambiar al gobierno dejaría de ser una utopía y la MUD tendría con qué ir equilibrando la correlación de fuerzas con el chavismo, corporación aglutinadora por excelencia.

Tres eran los métodos que estaban sobre la mesa para sacar a Nicolás Maduro de la presidencia. Eran propuestas de diferentes partidos: enmienda constitucional para eliminar la reelección indefinida y recortar el período presidencial a cuatro años (Causa R), una Asamblea Nacional Constituyente para renovar los Poderes Públicos (Voluntad Popular) y un referéndum revocatorio (AD y PJ). Al final, Henrique y Henry se impusieron: tocaba entonces empezar a recoger las firmas.

El Consejo Nacional Electoral, otro poder militante, aplicó la operación morrocoy e hizo de la recaudación de rubricas un proceso aún más largo y engorroso: firmar, validar, cotejar, contrastar, retirar, comprobar, verificar y un sinfín de pasos más que alargarían hasta 2017 los comicios, para tranquilidad del Partido Socialista Unido de Venezuela. Eso sin contar que las recolecciones serían proporcionales por Estado y no de ámbito nacional.

“Yo tengo una fórmula. Es 10 de enero y el referendo se hace, suponte, en marzo. Sacan a Nicolás. Bueno, el que sea vicepresidente asume la presidencia, ¿verdad? Nombra a Nicolás de vicepresidente y a la semana renuncia. Todo dentro de la Constitución. A la semana renuncia y el artículo 233 dice que recibe la presidencia el vicepresidente. ¿Qué van a hacer? ¿Otro referendo?”, dijo por ese entonces Diosdado Cabello, tan campante como siempre.

La fórmula, sin embargo, ni siquiera tuvo que implementarse: tribunales penales, junto al CNE, anularon el proceso y la oposición quedó a la deriva. En la conmoción convocaron la Toma de Venezuela y anunciaron un juicio político contra Maduro. Después vino el diálogo y se enfrió todo: la oposición empezó a dejar de creer en sus dirigentes, esos  que tantas veces habían prometido que la caída del régimen estaba cerca y quienes a principio de año aseguraban que en tan sólo seis meses le dirían al país la receta mágica para sacar a Nicolás de Miraflores. Muchas promesas, pocos resultados. Sentarse con el enemigo, en esas circunstancias, desplomó el empuje que el 6-D había significado. El país seguiría igual, con el chavismo atornillado en el poder.

No hay vuelta atrás

“Si nos quitan la oportunidad de decidir puede pasar cualquier cosa y no queremos un estallido social”. Faltaban casi seis meses para que las sentencias 155 y 156 desataran la locura en el país, pero Capriles, en octubre de 2016, ya hablaba con preocupación sobre una posible eclosión en Venezuela. Las salidas constitucionales a la crisis habían sido bloqueadas y el descontento, en algún momento, iba a reventar.

Por oscuro e infructuoso, aquel diálogo fue caldo de cultivo para que, en la actualidad, optar por esa alternativa genere repulsión en gran parte de la oposición venezolana. ¿Sentarse a conversar con quienes bloquearon descaradamente el RR con una política sucia e inconsciente? ¿Buscar soluciones junto a las personas que convirtieron la Asamblea Nacional, que tanto sudor había costado y que en el papel tanto poder tenía, en una institución anodina e ignorada? ¿Discutir con dirigentes que propusieron una ANC adulterada como supuesto mecanismo para garantizar la paz? Aunque Rodríguez Zapatero haya llegado a última hora, todo indica que el choque de trenes es inevitable.

La Unidad, que ha pecado siempre de desmovilizadora, carece de otra puerta de salida: al saberse mayoría, no puede aceptar un diálogo en el que sea otro quien imponga las condiciones. Agotadas las vías legislativas y electorales, irá hasta el final con la presión de calle. Una calle que en el pasado no ha dado resultados pero que, a día de hoy y por ahora, es la única respuesta al conflicto. Ya son casi dos décadas de chavismo y la oposición, cuando juró haber encontrado el camino indicado, chocó contra el muro de la perversión. Deberá desviar su camino y volver a pasar por rutas que antes descartó, pero que en la actualidad parecen ser el único escape que tiene el laberinto.

RESISTENCIAWEB

Conversando con la resistencia

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Son hijos de la represión. Nacieron para enfrentar las peores condiciones. Sus pulmones se han llenado de gas y sus cuerpos son un solo tatuaje compuesto de mil cicatrices. Vinieron al mundo con la Revolución Bolivariana y están dispuestos a entregar su vida, literalmente, para que el resto de Venezuela deje de padecer el Socialismo del Siglo XXI. Terroristas según quienes hoy gobiernan –antaño golpistas, guerrilleros y encapuchados–, se han convertido en un símbolo histórico de esta lucha. Santos en mil hogares, héroes nacionales por consenso, su papel en la crisis comienza a ser controversial. No han sido estos los días de calle, calle y más calle. El plebiscito y la liberación de Leopoldo han enfriado el pavimento y ellos, independientes por convicción, están configurando su propia agenda ante la discrepancia con una Mesa de la Unidad de la que, según nuestro entrevistado, no han recibido ni financiamiento ni asesoría.
 –
Su crecimiento ha sido orgánico y rudimentario. Fueron coincidiendo en manifestaciones y la empatía hizo el resto. No sólo luchaban por lo mismo, sino que lo hacían de la misma manera. Había que organizarse y buscar apoyo. Fue así como empezaron a crearse células con diferentes anillos de confianza. El organigrama no es nada del otro mundo: grupos de 30-40 personas que se reúnen en el mismo lugar y a la misma hora para hacerle frente al gas, agua y perdigón, mientras unos 6-7 se encargan, además de resistir, de labores logísticas y de establecer el modus operandi. Cada resistencia es un universo y no hay emperador que los gobierne. En Revista OJO tuvimos la oportunidad de conversar con uno de estos jóvenes y esto fue lo que nos dijo:

-¿Cómo te uniste a la resistencia?

-Primero yo asistía a las marchas como cualquier otro: iba y protestaba. Pero con el paso de los días, cuando empezó a movilizarse más gente, me acercaba más al frente y ahí mismo fui conociendo a los del movimiento. Cuando estábamos, digamos, en zona verde, conversábamos y ellos me dijeron para unirme a la resistencia como tal. Me dijeron que necesitaban organización y estaban, por supuesto, buscando gente. Había mucha disparidad con la cantidad de guardias, entonces cualquier persona que se quisiese sumar era bienvenida.

-¿Había una especie de contrato? ¿Les pediste algún número para contactarlos?

-Al principio simplemente nos encontrábamos en las marchas y ya. Pero con el tiempo empezamos a organizarnos más y sí teníamos contacto entre algunos de nosotros, incluso por teléfono. Nos reuníamos y nos organizábamos para preparar las manifestaciones que viniesen.

-¿Dónde se hacían esas reuniones?

-En una casa que puso alguien del movimiento. No era nadie de afuera, ningún político ni nada. Era gente del mismo movimiento y nos organizábamos ahí.

-El gobierno ha dicho en reiteradas ocasiones que ustedes reciben dinero de los dirigentes opositores. ¿Ha habido algún tipo de financiamiento? ¿Qué relación tienen con los políticos? ¿Se han reunido?

-No, no. Más allá de que, por ejemplo, cuando había marchas, sobre todo allí, normalmente algunos diputados de oposición iban al frente con nosotros. Pero era algo más simbólico que otra cosa. Nosotros en ningún momento estrechamos manos. Nunca hablamos con ellos porque nosotros no estamos sirviendo ningún partido, sino a nuestro movimiento, a nosotros mismos. Sí es cierto que estamos luchando por la misma causa que estos dirigentes de oposición y que el pueblo que sale a manifestar, pero en ningún momento tuvimos contacto, ni nos dirigimos palabra. Nada con ellos.

-¿Consideras que conoces a suficientes miembros de la resistencia como para afirmar que no hay financiamiento?

 -Te puedo decir que lo que se puede ver como financiamiento, lo que son las máscaras y eso, es proveniente de donaciones que gente anónima nos hace llegar y con eso es que montamos la resistencia como tal. Pero no existe ningún intermediario que tengamos identificado para decir: ‘Mira, él nos da las máscaras, este nos da los guantes’. No. Son donaciones: el mismo pueblo que nos ayuda. Obviamente con el pasar del tiempo y mientras más manifestaciones ha habido, incluso se puede ver que en redes sociales hay cuentas que se encargan de recibir ese tipo de donativos y de alguna manera nos los hacen llegar. Pero nunca con contacto directo, nunca con nombre. Nada de eso.

-Tratan de mantener el anonimato…

-Sí, exacto, porque nunca sabes quién está del otro lado. Además, viendo cómo se ha manejado la situación, queremos evitar compartir nombres, y no tanto por nosotros, porque en definitiva ya nosotros nos arriesgamos yendo al frente, sino más bien por la seguridad de las personas que intentan ser parte de esto, así no sea en la lucha.

-Volvamos a la sede. ¿Cómo funcionaba y para qué la utilizaban?

-La utilizábamos para guardar los equipos y allí nos reuníamos, aunque no todo el grupo de resistencia, sólo una parte. Allí organizábamos, por ejemplo, si la marcha salía desde tal punto, tratábamos de prever nosotros dónde empezaría la represión. Preparábamos un plan: qué debíamos hacer, vías de escape, todo eso. Y hacíamos una especie de análisis del movimiento político, porque eso influía bastante en el nivel de represión. También hacíamos una especie de recapitulación, es decir, quiénes estábamos disponibles, porque normalmente siempre había heridos y teníamos que ver cuántos teníamos disponibles, para de ahí en adelante crear un plan.

-¿Cómo es el organigrama de la resistencia?

-La resistencia es el nombre que se le da al movimiento, pero no es que es una organización que está toda conectada. Los de Caracas no es que tengan un contacto con la gente de Maracay o con los de Carabobo, no. Son células y cada una se organiza de distintas maneras. Pero coincidimos, no varía mucho el plan… También es que cuando empieza la represión tenemos que cambiar todo lo que teníamos en mente porque es muy complicado mantener un plan cuando tienes tanta fuerza en contra. Si te encuentras con un grupo de otro lado, te apoyan. Nunca hubo problema. Pero eso sí: contacto como tal con otra célula, muy muy poco.

En tu grupo, ¿cuántos participaban y con cuántos te comunicabas por teléfono o en reuniones?

-Bueno, cuando yo me inicié éramos 38 y teníamos contacto directo unas 6-7 personas. No nos gusta hacer nada por mensajes, ni de Whatsapp ni nada. Es más bien: ‘Mira, nos vemos en este sitio’ y ahí nos organizamos. Todo en persona. Pero ya tú sabías con quién te estabas juntando y el número de esas personas.

-¿Cuál es su filosofía? ¿Qué los motiva? ¿Tienen algunos códigos?

-Cada uno se impulsaba por distintos motivos. Unos protestaban por la situación económica, otros estaban pasándola bastante mal, otros era por la inseguridad, otros por experiencias en barrios… Todos, la gran mayoría, somos personas de bajos recursos. Entonces, lo que empezó a movilizarnos fue que, cuando se convocaba una manifestación, nosotros veíamos que nunca se podía avanzar y que a la primera bomba lacrimógena, a la primera arremetida, las personas retrocedían y ahí se acababa la manifestación. La gente por un temor, por supuesto entendible, se iba. Entonces se empezó a decir: ‘Ajá, ¿qué hacemos? ¿Qué podemos hacer para que esto funcione a la larga?’ Y era eso: mantenernos en la calle y ponerle resistencia a las fuerzas represoras de la manera que fuera.

De ideología, no existe en la resistencia algo así como ‘somos de izquierda’, ‘somos de derecha’, ‘somos neoliberales’, ‘somos chavistas críticos’, no. Nada de eso. Simplemente nuestro fin es que se nos escuche. Permitir, porque nosotros éramos el escudo de la manifestación, que la protesta avanzara hasta donde la gente quisiera y por supuesto eso es un método de protesta. Porque la situación que se vive es sumamente delicada y hay tantos problemas… Se ven afectadas personas de cualquier ideología, religión, tendencia política, clase social, lo que sea. Todos estamos involucrados. No hay un estigma que nos redondee a todos.

-El gobierno los acusa de violentos. ¿Qué opinión tienes al respecto?

 -Normalmente en las manifestaciones, en el lugar que sea, nosotros nunca llegábamos de buenas a primeras al piquete y que ‘lánzales piedras, molotov, morteros y vamos a herirlos’. No. Nunca. Siempre había un parado. Nos parábamos en frente, visualizábamos la situación para ver cómo iban a accionar ellos y uno del grupo se adelantaba y se encargaba de hablar con el sargento, el encargado del piquete. En muchas ocasiones nos dijeron que no iban a hacer nada, que ellos estaban ahí, parando el transitar de la manifestación, que ellos no iban a dispersarla ni nada. Pero en lo que nos dábamos la vuelta y nos distraíamos un poco, ya empezaba la represión: bombas, activaban las ballenas, nos daban perdigonazos y nos emboscaban con otro piquete desde otra zona. Ahí empezaba la lucha como tal.

-¿No tenían miedo?

-Era más el miedo, porque claro que sientes temor, sabes que estás arriesgando tu vida… pero era más el miedo a lo que pasaría si no hacíamos nada, que a recibir perdigonazos, que te metieran una bomba lacrimógena o que la ballena te tumbara. Ese temor se mitigaba frente al miedo de seguir el día a día que estamos viviendo desde hace tanto tiempo.

-¿Cómo calificas a la dirigencia de la Mesa de la Unidad?

-Bueno, es complejo. En todo movimiento, sobre todo en los más sensibles, así como este, hay gente que se radicaliza de tal manera que se ciega. Entonces, a veces no se entiende que si queremos salir de este gobierno alguien se tiene que montar. No va a ser la resistencia que se una como partido político y vaya a empezar a dirigir este país. La MUD es esa opción. ¿Qué pasa? Ellos como partido político, viviendo las artimañas del gobierno, se tienen que alejar un poco de ese movimiento nuestro, el de calle, cuando la cosa se pone ruda. Ellos se tienen que alejar de todo eso porque ellos tienen que mantenerse como partido político. Y eso lo entiendo, aunque no todos lo comprendan. En lo que no estoy de acuerdo es en algunas cosas después del plebiscito, ya con la liberación de Leopoldo López. Esta semana se apagó bastante la calle, en cuanto al llamado de la MUD. Ellos hicieron un llamado: ‘Esta semana no habrá calle. Sólo el parón del jueves, pero no va a haber manifestaciones de calle’. Y eso obviamente no es lo que reflejó el resultado del plebiscito ni el deseo mismo de la gente, de la resistencia. La gente quiere seguir protestando, te convoquen o no. En definitiva, la gente protesta como quiere. La Unidad, si quiere cambiar este gobierno, tiene que alinearse con el pensamiento y el deseo de la gente y hacer su agenda basándose en ello, no en la política racional. Que sigan manejando otras cosas, como hacer sesiones de la Asamblea o nombrar magistrados, está bien, eso es entendible, pero no por eso la calle se va a parar. Hay que seguir en la calle. Hay que seguir manifestando.

-¿Hay una especie de separación entre la dirigencia y la resistencia?

-Sí, claro. Nunca estuvimos unidos como un sólo grupo ideológicamente, pero antes nos enfocábamos en las convocatorias que ellos hacían porque ahí se asomaba el pueblo. Y cuando tienes ahí a la gente, a 200.000 personas marchando detrás de ti, digamos que tu ideal se ve reforzado. Si no hay manifestación, porque también es entendible que no todo el mundo quiera manifestar todos los días, esas 200.000 personas no pueden manifestar todos los días, se pueden anunciar otras cosas: trancazos, lo del paro. Está bien, no marchas todos los días, pero estás realizando otro tipo de protestas. Nuestra protesta es la calle y sé que la mayoría de la gente está unida y alineada con ese pensamiento: de esto se sale es en la calle, plantándole cara a la represión y al gobierno.

-¿Cuál es tu opinión sobre esta especie de peajes que se han visto, por ejemplo, en Altamira, de personas de la resistencia pidiendo dinero? ¿Son infiltrados?

-Primero que nada, la resistencia no pide dinero. Eso está claro: la resistencia no pide dinero. El término infiltrados, no sé exactamente… Yo creo que más bien es gente que se aprovecha de la imagen que tenemos nosotros para sacar provecho, así como cuando ponen a un niño a pedir dinero afuera de un supermercado, de una panadería. Entonces la gente aprovecha y suelta chamos en la calle a pedir dinero en nombre de la resistencia, cuando en realidad eso no es así. La resistencia nunca ha pedido dinero, nunca ha pedido nada. Los donativos y eso ni siquiera nosotros los pedimos. La misma gente nos ve y nos quiere ayudar y nosotros por supuesto que los recibimos. Pero pedir dinero en la calle, trancar para pedir dinero o comida, no, eso nunca lo hacemos.

-¿Ustedes se creen libertadores o héroes?

-No, no. Nosotros no queremos ni que nos endiosen ni que nos entierren. Considerarnos libertadores, no. Cuando tú salías con tu franela “Soy libertador” lo que se buscaba era crear una especie de simbolismo. No es que tú sales y dices: ‘Yo hoy voy a luchar y me voy a poner a la par de un Simón Bolívar o Francisco de Miranda’. No. No me gusta que nos endiosen. Somos un movimiento que protesta como cualquier persona. Como las madres que quieren salir a las calles a poner pancartas, como el señor que puede poner una ramita para trancar, como cualquier persona que proteste. Sólo que nosotros tenemos una postura diferente y lo hacemos de esta manera. Pero cualquier tipo de propuesta es aceptada y no es criticable. Así que, para mí, cualquier persona que quiera salir de esto, y se esté esforzando, es un libertador.

-¿Qué piensas de los linchamientos?

-Cuando tú estás ahí en la calle resistiendo y ves que hay un infiltrado del gobierno o que alguien se aprovecha de esa situación para cometer un delito: sea rompiendo santamarías, robándote, que ha pasado… Bueno, esa misma adrenalina te lleva a darle un parado. Por supuesto que tú intentas conversarlo, pero ha sido tan reiterado que la frustración se apodera y te vuelves agresivo, pero no es que nosotros vamos a salir a la calle a linchar. No estoy de acuerdo con eso. Creo que hay otras formas de poner resistencia. No hace falta un mensaje tan violento. Pero, claro, si ves a alguien que se aprovecha de la situación, del mal endémico que tiene el país, para robarte, para seguir robando, para seguir sembrando ese temor a la gente, no está bien, claro que no está bien. Por eso actuamos, porque es reiterado y de alguna manera hay que pararlo. Si hablas con una persona y no te entiende, vuelves a darle la oportunidad y no te entiende, y ves que sigue haciéndolo, ya hay que actuar de otra manera. Nosotros en una oportunidad nos dimos cuenta de que unas personas que ya teníamos identificadas, que se sumaban a la manifestación pero que en realidad no hacían nada, estaban ahí para sembrar caos.

-¿Cómo ves a Venezuela después del 30J?

-La resistencia, como cualquier venezolano, tiene una incertidumbre gigante, porque se acaba la República, se acaba cualquier tipo de libertad y no sabemos qué puede pasar, porque en definitiva la resistencia nace como respuesta al accionar del gobierno, no nace por iniciativa propia de ‘vamos a hacer esto porque nos da la gana’. Nosotros somos la respuesta a las acciones del gobierno. Dependiendo cómo se vaya manejando la cosa, ya veremos qué acciones vamos a tomar.