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“Quiero ser futbolista”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Puede que el fútbol nos haya gustado desde siempre, para qué vamos a mentir. No hubo álbum de Mundial que no comprásemos ni final de Champions en la que no estuviésemos sentados frente al televisor. Hasta goles de Brasil gritamos con la verde-amarela tatuada en la piel. Nos gustaba, nos divertía e incluso era motivo de celebración. Lo que realmente nos inflaba el pecho, no obstante, era una jugada de Aparicio o un jonrón de Andrés Galarraga. El orgullo patrio, ese sentimiento que en el deporte cobra un plus especial, tenía forma de batazo o atrapada. En fútbol, Venezuela era una película de Disney. Una Cenicienta en busca del zapato que le ayudara a hacer más goles que el rival, un anhelo con pinta de utopía. En la memoria colectiva, la Vinotinto estaba emparentada con la vergüenza, la derrota y el olvido. La historia fue así hasta que a un médico traumatólogo le dieron la oportunidad de expresar, como entrenador de la selección nacional, una convicción inmarcesible: ‘Miren, muchachos, tengo la certeza de que nosotros tenemos el talento necesario para ganar’. Costó, sí, pero de la convicción vinieron los hechos (cuatro victorias seguidas rumbo a Corea – Japón 2002) y los hechos desataron un fenómeno social: el famoso Boom Vinotinto. Fue tras esa seguidilla de victorias que Venezuela se casó con su equipo, se compró su camiseta y empezó a desgañitarse en cada uno de sus goles. Los niños que vivieron aquella algarabía crecieron con la esperanza de ser futbolistas. Sus padres, que ya eran fanáticos del balompié (no es casualidad que la selección tenga tres jugadores de nombre Ronaldo), confiaron en ellos y los llevaron a la cancha. Tres lustros después, agradecen haber tomado esa decisión: sus hijos jugarán el domingo la final de una Copa del Mundo (sub-20) frente a Inglaterra.

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Luisa unchained

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Diosdado Cabello no lo podía creer. En sus tiempos de papaúpa de la AN había tenido que convencer a sus compañeros de que ella era la persona indicada para el cargo. Líder indiscutible del chavismo, la palabra de Cabello bastó para que Ortega Díaz repitiera como Fiscal General. “¿Jura usted ante esta Constitución, ante el padre de la Revolución Bolivariana, el comandante Hugo Chávez, cumplir y hacer cumplir las leyes de la República?”, preguntó el por ese entonces presidente de la Asamblea. “Lo juro”, contestó la abogada. Finalizaba el año de “La Salida” y el PSUV estaba conforme con el desempeño de la jefa del Ministerio Público, clave en el encarcelamiento de Leopoldo. Por eso, cuando se produjo el famoso ‘impasse’, el de El Furrial fue el primero en lamentarse. Porque traidores ha habido muchos, desde mentores del proceso revolucionario (Miquilena, Navarro, Giordani) hasta hermanos de toda una vida (Baduel), pero nunca hubo quien desde adentro y con mucho poder resquebrajara el tablero de ajedrez. Hoy Luisa Ortega volvió a aparecer y apuntó a un TSJ que está permitiendo que el chavismo, ese movimiento político que se jactó de vencer por la vía electoral, le huya al voto. “Hemos solicitado la aclaratoria sobre si perdió vigencia la democracia participativa y protagónica”, dijo la Fiscal a las afueras del Poder Judicial, luego de introducir un documento ante la Sala Constitucional para pedir explicaciones sobre sentencia 378 (“No es necesario referéndum para convocar ANC”). La abogada fue tajante: no existe Constituyente sin consulta popular.

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Los nuevos traidores a la patria

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Al gobierno de las listas le empieza a preocupar lo extensa que se está haciendo una: la de los nuevos traidores a la patria. Esta vez no son imperialistas, burgueses u oligarcas: son chavistas. No hay Luis Tascón que los agrupe, sino Constituyente que los sindicalice. Hubo quienes se unieron antes, casi en el papel de fundadores, como los tutores Héctor Navarro (“Para nosotros es catastrófico lo que está ocurriendo”) y Jorge Giordani (“Esta es una sociedad que está colapsada por el modelo rentista”), par de profesores que fijaron posición tras la paliza del 6D. El plot twist más impactante, sin embargo, ocurrió el 31 de marzo de este año, cuando Luisa Ortega Díaz, edición de bolsillo en mano, habló de “ruptura del orden constitucional”. Fiscal General desde hace una década y protagonista en el encarcelamiento de Leopoldo López, Ortega levantó la Carta Magna como bandera, se ajustó los anteojos y fue aplaudida en el balance de gestión del Ministerio Público, instante en el que respondió con beso y sonrisa. Tras su pronunciamiento, Miguel Rodríguez Torres —el exministro de Interior, Justicia y Paz que culpó a la oposición hace tres años de intentar incendiar el país—, salió a la palestra: “La posición valiente que asumió la Fiscal seguramente será atacada, pero tiene que hacernos reflexionar”. Ahora, tras las Oly Millán y Ana Elisa Osorio, una nueva exministra de Chávez, Maripili Hernández (“Sin referéndum, es absolutamente falso que la Constituyente es un camino para la paz”), continúa alargando una lista que tiene nombres como Clíver Alcalá (Mayor General retirado que participó en el 4F) y Gustavo Márquez (exministro de Comercio).