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¿Se debe negociar o no?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Algunas personas solo quieren ver el mundo arder, no lo dijo Platón o Montesquieu, lo dijo Alfred refiriéndose al Guasón. Ciudad Gótica también posee un sinfín de conjeturas políticas sin resolver, pero, ¿cómo se asemeja la situación actual de Venezuela con el comic y en qué se diferencia? Sencillo: en nuestro caso el Pingüino, el Guasón, Ra´s al Ghul, Bane, Harley Quinn, Enigma, y Sr. Frío están dentro de Miraflores, ostentan el poder, las armas, los ejércitos armados y bandas criminales; en el comic son tan sólo un grupo de desadaptados cuyos intentos por adueñarse de Ciudad Gótica siempre son evitados por los cuerpos policiales, o en última instancia por Batman. Ahora bien, en nuestra realidad no hay un Batman, y tampoco cuerpos policiales (hablemos sin tapujos, eso en Venezuela no existe), sí un Guasón, un Pingüino, y una Harley Quinn, que están dentro de Miraflores, y que tal como Alfred aseveró solo quieren ver el mundo arder.

La semana pasada estuve reunido con un par de diputados de la Asamblea Nacional (las reuniones fueron por separado —nada serio—). En dichas conversaciones ellos y sus colaboradores afirmaban que la Constituyente no iba, que habían negociaciones de por medio y que no llegábamos al 30; yo creo (y ojalá me equivoque) que la Constituyente sí va; es más, nunca he tenido dudas que va a aprobarse: echarla para atrás en este momento tendría un peso político demasiado alto para el gobierno y, como ya lo he dicho, hay personas que solo quieren ver el mundo arder.

Ahora, estas circunstancias nos enfrentan a un gran dilema, ¿debemos negociar con los captores de nuestra libertad?, ¿debemos darles oportunidad de salvarse a los culpables de nuestra tragedia como nación? Bien, la cuestión no es si debe negociarse o no, la cuestión es cuáles cosas se va a negociar: si es la salida de Nicolás Maduro, por supuesto que deben llevarse adelante las conversaciones; si son promesas a futuro, no.

¿Por qué sacamos a relucir todo esto? En medio de la paranoia en que vivimos como nación, tenemos radicales de ambos lados y en todas las direcciones políticas. En el seno opositor (con el cual me identifico) existen los que no admiten bajo ninguna circunstancia que se intente dialogar con los representantes del partido de gobierno, y piden que llegue Batman y los destruya a todos (les cuento, Batman en la vida real no existe), y salvo que usted mismo esté dispuesto a formar un ejército de diez mil personas —o más— armarlo, alimentarlo y motivarlos para ir al campo de batalla, no pida milagros ni hable babosadas: las armas están con el régimen y los criminales también, en el campo de la violencia seríamos derrotados en cuestión de segundos. Ahora, si las negociaciones van por el lado de suspender la constituyente y darle oxígeno al gobierno, es una conversación que ni siquiera debería empezar: lo único negociable es la salida de los criminales de Miraflores. Entonces, ¿debe negociarse o no? Por supuesto que sí: sí debe negociarse, porque, según nos han demostrado los militares de este país, no se va a repetir la escena rumana en la que Ceausescu fue capturado y fusilado. Aquí a los uniformados, si le dan la oportunidad, van a seguir disparando balas contra la juventud y llenándose los bolsillos. ¿Por qué? Porque a Venezuela la convirtieron en un país triste y miserable donde los billetes verdes valen una millonada, y mientras ellos puedan ser los únicos dueños de la riqueza, no la van a soltar.

Entonces, ¿qué alternativas nos quedan?, ¿acaso nos jodimos y ya? Pues no, la verdad es que no. Las relaciones políticas, tal como las sociales de cualquier ser humano, penden de un hilo y existen cientos y miles de formas por las cuales Nicolás Maduro puede salir del poder: se cayó bañándose y se rompió la cabeza, descubrió que Cilia lo engañaba, entró en una depresión y se fue, Diosdado se cayó a palos y borracho lo agarró a golpes, salió un loco y estrelló un avión contra Miraflores con el mandatario adentro, o sencillamente el miedo de toda la presión que se la ha venido encima lo consume y en determinado momento solo siente que debe escapar. No hay que olvidarlo: los que ostentan el poder también son seres humanos, hoy día se sienten intocables (o pretenden sentirse) pero saben que sus vidas de reyes están por terminar y lo único que están intentando es que sus cabezas no vayan a parar tan rápido en un sucio calabozo. Es por ello que prefieren ver el mundo arder a la distancia antes que sus pestañas. Mi lectura, la cual expondré con un riesgo enorme de equivocarme, es que la Constituyente se aprobará, aun a pesar del escándalo interno e internacional. Aquello desatará una agenda de calle donde reine la anarquía, y, por cierto, esto sí lo dijo el Guasón: “instaura una pequeña anarquía, altera el orden establecido, y todo se convierte en caos. Soy un agente del caos, ¿y sabes algo del caos? Es justo”. Con la Constituyente instaurada, el uso desproporcionado de la fuerza por parte del gobierno, las presiones internas y las sanciones internacionales harán del país una habitación llena de gas inflamable, y será cuestión de días (a mi parecer entre 15 y 30 días) para que el gobierno se queme en su propio infierno y finalmente acabe la fantasía revolucionaria.

Entonces, ¿negociar? Si es la salida de Maduro, dejen que los líderes opositores conversen con los captores y les den la posibilidad de irse; si aquello va a evitar un derramamiento de sangre aun mayor, es pertinente, puesto que de una u otra forma, este gobierno va a acabar, lo que no sabemos es cómo ni cuándo; de lo contrario no va a quedar de otra, la anarquía se instaurará con más fuerza que nunca, el gobierno va a terminar declinando, pero ese caos podría llevarse mucha sangre a su paso.

PD: Los líderes opositores ni son traidores ni son colaboradores del régimen. Se equivocan, a veces hablan de más y otras de menos, en otras ocasiones no saben explicar lo que pretenden hacer, y en muchas no han sabido leer al país, pero ni traidores ni colaboradores; si quieren llámenlos incompetentes (yo no lo hago) o hasta estúpidos, pero dejen de hacerle juego al gobierno instaurando la idea de que todo es maniobra del G2 y el oficialismo es una fuerza imbatible que tiene todo bajo control. Sinceramente, ser político es una mierda, y más en un país como este: actúes mal o actúes bien, siempre habrá quien te critique. Esa gente (con sus defectos y virtudes) también arriesga su vida a diario, y aunque la verdad en la mayoría de las ocasiones pienso todo lo contrario a lo que la MUD anuncia, la respeto, porque de una u otra forma vamos a tener que reconstruir a Venezuela, y eso sin liderazgo político no lo vamos a lograr (la anarquía no es la vía para la reestructuración, créanme que no). Así que discutan, quéjense, manifiesten sus inquietudes si quieren, pero no vuelvan a repetir que hay traidores y colaboradores y que el G2 es más poderoso que Dios. Siga yendo a la calle, apoye en lo que pueda, utilice las redes de forma inteligente para informar —y no desinformar a sus conciudadanos— y rece para que esta pesadilla acabe pronto.

Y recuerde: algunas personas solo quieren ver al mundo arder, y Miraflores está plagada de esas personas. Mi apuesta es que saldrán entre los 15 y 30 días después de la Constituyente (si me equivoco, que es muy probable, no seré el primero, ni el segundo).

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¿Buen o mal resultado?

La de Atlas cargando al mundo es una imagen que bien puede ilustrar lo que significó realizar la consulta de ayer: sin CNE, sin Plan República, sin los centros electorales de siempre, sin poder hablar de ella en los medios ni mucho menos hacer campaña y con apenas tres semanas para montarlo, el Plebiscito fue, en primer lugar, una prueba de fuego logística y operacional cuya magnitud solo pueden valorar, en su justa dimensión, quienes participaron de ella. Sobran testimonios de jornadas de trabajo diarias de 18 y 20 horas, de reuniones hasta el amanecer, llamadas interminables y mil tareas por hacer. No faltan, tampoco, las historias desesperadas de aquellos que abrumados por el peso de todos los pendientes que había hasta el sábado en la tarde estuvieron a punto de tirar la toalla. Nada de eso se vio pero todo sucedió. Y además con recursos justos y apelando al empeño voluntarioso y desinteresado quienes lo organizaron, que trabajaron mucho y cobraron poco (o nada). Ya sólo por allí, que la consulta se haya llevado a cabo del modo impecable en el que se llevó, bastaría para sentirse satisfechos. Ahora bien: el resultado. 7.186.170 fue la cifra que dieron los rectores, con 95% de las actas escrutadas. Fue conocerla y decepcionarse muchos. ¿Por qué? Por la cantidad de humo que se dejaron vender: la gente (cadenas de WhatsApp y opinadores y políticos irresponsables mediante) esperaba un número industrial (11 millones) hecho a base de producción artesanal. Y eso, por más entusiasmo y voluntad que haya, es imposible. Bastaría apenas insertar, dentro del contexto ya explicado, un solo dato para entenderlo: el del número de mesas. Ayer había 14 mil mesas, cuando en cada elección lo usual son 45 mil. A partir de allí, extrapolando e intrapolando, es que se puede hacer alguna remota comparación con los procesos electorales. A partir de allí tiene sentido preguntarse: ¿si en un plebiscito improvisado se sacaron 7,2 millones, cuántos (más) no podrían obtenerse en una elección normal? He allí el detalle.

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Seamos parte de esta historia

Ya no lo enseñan en los colegios, ni mucho menos aparece en los libros bolivarianos de historia, pero el 01 de diciembre de 1963 nuestros abuelos fueron protagonistas de una de las más bellas y edificantes jornadas cívicas que se han vivido nunca en el continente. Fue la segunda elección presidencial posterior a la dictadura, y tuvo lugar en una Venezuela convulsa. Con financiamiento se Cuba y de la Unión Soviética, que la proveían de entrenamiento, logística y armas, se había formado una guerrilla izquierdista que azotaba los campos y ciudades del país. Levantamientos, asonadas y ataques armados se volvieron cotidianos, y nada garantizaba que la incipiente democracia, nacida apenas un lustro antes, pudiera sobrevivir. Es en ese contexto de inestabilidad y violencia en el que se llega a aquella jornada electoral. Abstención militante es la propuesta y plan de los insurrectos: “Se trataba de derrotar el acto electoral (…) apelando a las unidades armadas del PCV y del MIR para impedir a la fuerza presencia de la gente en las mesas de votación”, recuerda en sus memorias Américo Martín, uno de los líderes de aquella insurrección. Las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) lanzan un mensaje claro: al que vaya a votar, se le dispara. Y ante ello, los venezolanos lanzan un mensaje más claro todavía: salir en masa y desde temprano. Las cifras del Consejo Supremo Electoral lo confirmaron a los días: el 92,28% de la población votó (una de las cifras más altas de participación que ha habido en elección alguna). Del coraje, tesón y valentía de los venezolanos, que votaron entre tiros y disturbios, se habló en todo el mundo. Esa fue la gesta de nuestros abuelos. La historia que dejaron escrita para nosotros. Hoy, en tiempos de dictadura, nos toca escribir nuestra propia página y honrar su memoria: desafiemos a los enemigos de la democracia y démosle un mensaje claro al mundo. ¡VOTEMOS!

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¿Cómo votar en la consulta popular?

La del domingo, por muchas razones, no será una votación cualquiera. No habrá CNE y, por lo tanto, tampoco Smartmatic. El monstruo multinacional especializado en soluciones electorales estará ausente. La empresa que desde el 2004 tiene el monopolio comicial en el país, para bien o para mal, no será de la partida y la MUD, con una logística coherente y verosímil, deberá darle al proceso la mayor legitimidad posible. Mientras que para Jimmy Carter aquello de las máquinas y el voto electrónico era el mejor y más confiable sistema electoral del mundo, los venezolanos han asociado sufragio con madrugonazos y resultados tardíos. Ni pensar siquiera en cifras en tiempo real. Sin ahondar en polémicas fraudulentas, lo cierto es que el 16J habrá una hoja en lugar de una pantalla. Para acceder a ella, el elector deberá presentar su cédula laminada o pasaporte (vigentes o vencidos) para demostrar que tiene +18 años (esté o no inscrito en el Registro Electotal). Papeleta en mano, cada ciudadano responderá Sí/No a tres preguntas: 


1. ¿Rechaza y desconoce la realización de una constituyente propuesta por Nicolás Maduro sin la aprobación previa del pueblo de Venezuela?
2. ¿Demanda a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público obedecer y defender la Constitución del año 1999 y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional?
3. ¿Aprueba que se proceda a la renovación de los Poderes Públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución y a la realización de elecciones libres y transparentes, así como la conformación de un gobierno de unión nacional para restituir el orden constitucional?


Mientras ejerce su derecho, otro miembro de mesa transcribirá nombre, apellido y cédula del elector para que éste, tras tomar su decisión, estampe su huella y firme en el renglón correspondiente, momento en el que le será devuelta su documento de identidad.

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La desgracia de tener una cámara en vez de un violín

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

De seguro muchos ni se han enterado que en Caracas un fotógrafo llamado Leonardo Guzman está detenido “por tener el perfil”. Su historia es otra más de las que invaden a Venezuela día tras día y pasan sin pena ni gloria. A diferencia de Wuilly Arteaga, quien luego de sufrir los embates de la Guardia Nacional y ver su violín quebrado recibiera la solidaridad de millones de personas, incluidas Shakira, Marc Anthony, Alejandro Sanz y varios congresistas de los Estados Unidos, el atropello a los Derechos Humanos de Leonardo Guzman ha pasado totalmente desapercibidos para la sociedad venezolana, y es allí donde debemos preguntarnos, ¿por qué estamos como estamos?

A Leonardo Guzman la Guardia Nacional no solo lo reprimió como hizo con Wuilly, sino que también lo detuvo, y hoy se encuentra recluido sin saber qué va a depararle el futuro: podría ser liberado en cuestión de horas o podría pasar tras las rejas el tiempo que le queda al gobierno en el poder; todo esto es impredecible en una nación donde el debido proceso no es respetado.

Lo que sabemos de Leonardo Guzman es que se encontraba en su casa cuando se produjeron allanamientos ilegales en las residencias Las Torres de Montaña Alta, en San Antonio de los Altos; lo que no sabemos es porqué se lo llevaron: no se encontraba trabajando, no se encontraba protestando, sencillamente estaba en casa cuando unos Guardias Nacional tumbaron la puerta y se lo llevaron. Personas cercanas a Leonardo Guzman han ventilado que las razones que les han dado es que “tenía el perfil”, y eso ha sido suficiente para estar tras las rejas; quizás el hecho de usar la barba larga, o tener una cámara fotográfica (un elemento terrorista para las pretensiones de la dictadura) hayan motivado su aprehensión.

Este artículo no es solo una crítica contra el sistema procesal del país o contra la arbitrariedad de las Fuerzas Armadas, es más que todo un llamado de atención a esas personas que dicen preocuparse por la situación del país pero que tan solo se movilizan o publican lo que la prensa les vende, porque es más fácil sensibilizarse con un joven al que le rompen el violín, que con otro que ha arriesgado su vida para retratar las arbitrariedades del régimen bajo el cual vivimos. La injusticia aquí viene siendo aplicada también por todos los venezolanos, pues mientras que a algunos “héroes” los reconocen y apoyan en cualquier circunstancia, a otros los ignoran y les voltean los ojos para que el gobierno los ejecute a discreción. Pasa con los que tienen cámaras en vez de violines, y pasa con los muertos que no aparecen en video.

La vida de los fotógrafos es muy trágica en este país: siempre están en primera fila, tragando gas, a merced de los colectivos y de los guardias, recibiendo perdigones, empujones y golpes. Todo ello para mostrarle al país y al mundo lo que ocurre en Venezuela; pero a diferencia de los aventajados violinistas, quienes en caso de ver su instrumento deteriorado por los atropellos tienen de inmediato mil solicitudes para recomponérselo, a los fotógrafos nadie les presta atención, y si caen en desgracia, ya será culpa de su propio “descuido”.

A una amiga, a la cual seguro muchos conocen en Caracas, llamada Andrea Daniela Sandoval, quien ha estado registrando a través de su cuenta todo lo que ocurre en la capital desde hace tres meses, le robaron su cámara con un par de lentes hace varios días; la prensa no se solidarizó y la sociedad civil tampoco, salvo algunos de sus amigos en Facebook. No ha recibido una cámara, no ha recibido una invitación de Marc Anthony, tampoco la han llevado a visitar Nueva York y a hablar con los congresistas. Su historia pasó desapercibida, al igual que pasa la de Leonardo Guzman y la de cientos de fotógrafos que a diario exponen sus vidas para que la gente pueda enterarse y compartir lo que ocurre en el país.

Para culminar, quiero dejar por entendido que nada de esto es contra Wuilly Arteaga, sino contra las personas que “mueven sus corazones” por una causa que les vende la prensa y les hará ganar popularidad, y voltean la cara por otra causa que a nadie le importa. De Wuilly me alegra que haya podido recuperar su violín (de seguro ahora tiene una gran colección), y también todas las oportunidades que le han brindado; solo espero que lo mismo que hicieron con Wuilly lo hagan con cada fotógrafo pisoteado en resistencia, con cada paramédico, con cada articulista, y con todo aquel que sufre los embates de un gobierno autoritario y déspota.

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OJO con el 16J

El país estaba dormido y no era para menos. A la escasez de alimentos, la falta de medicinas, el aumento acelerado de los precios y la inseguridad imperante, se unió la frustración del fenecido referéndum revocatorio –Jorge Rodríguez dixit–. Había sido imposible, con ese CNE mañoso y arbitrario, montar un proceso electoral que tradujese en votos el clamor de un pueblo: Venezuela quería un nuevo presidente. Entre diálogos estériles y marchas anticlimáticas (“¡Queremos ir a Miraflores!”) llegó el 2017 sin atisbo que indicase que este, por fin, podía ser el año. Era lógico pensar que vendrían 365 días de paciencia y de eso que llaman resiliencia, sin tener ni idea de que el futuro deparaba lucha y un movimiento autodenominado resistencia. Fue el propio chavismo el encargado de alborotar el avispero. Las sentencias con las que el TSJ pretendía pulverizar a la Asamblea no pasaron por debajo de la mesa y despertaron a Venezuela de su letargo: en el país estaba pasando algo grave y había que actuar. Un centenar de días después, julio se presenta como un mes de carácter inédito y decisivo. La oposición está a cuatro días de concretar lo que, en palabras de Freddy Guevara, puede llegar a ser el acto de desobediencia civil más grande de la humanidad. Los hechos juzgarán si la definición fue un disparate o un derroche de lucidez. Lo cierto es que para el domingo se espera un despliegue de casi 2.000 puntos soberanos (centros de votación) y 50.000 voluntarios responsables de velar por el desarrollo del proceso. A priori, la consulta popular parece una espada de doble filo: o la participación es masiva y contundente (ya hablaremos de números más adelante) o quedará en evidencia que la MUD no tuvo el timing adecuado para plantear esta consulta. El país se pronunciará y aquí estaremos para contarlo. A partir de hoy entramos en modo #OJOConEl16J: una cobertura especial para un acontecimiento histórico.

LEOWEB (3)

Esposado trasladaron al fotógrafo Leonardo Guzmán

Ese hombre de sweater oscuro, jean, zapatos deportivos y barba, no es ningún delincuente, aunque las esposas que lo atan pudieran sugerir otra cosa. Se trata en realidad de un fotógrafo de la Alcaldía Metropolitana, que fue secuestrado por los cuerpos de seguridad el lunes pasado. Ese 10 de julio, Leonardo Guzmán estaba en su apartamento, ubicado en los marrones de Montaña Alta, cuando el CICPC y la GNB comenzaron a allanar el edificio. “Ahorita estamos callados porque los bichos se metieron en las torres (…) están pateando puerta por puerta a ver quién les abre. Entran gritando: ‘abran las puertas, porque el CICPC va a entrar a revisar todo’. Estamos aquí calladitos sin hacer ruido, pero todo está bien. La puerta de nosotros ya la patearon pero no pudieron abrirla”. Así se le escuchó decir en un voice enviado a las 6:57 PM a sus amigos. Fueron, en rigor, las últimas palabras que tuvieron de él. Luego de ello, lo que se supo es que Leo ya no estaba: había sido secuestrado (no mediaba orden de captura alguna) por alguno de los cuerpos policiales que ejecutaba el allanamiento. ¿La causa? “Tener el perfil”. Esa fue la única explicación que dieron. Pasaron largos, tensos y angustiantes minutos hasta que su familia pudo dar con su paradero: un destacamento de la GNB. A las 2:30 de la madrugada del 11 de julio, lo movieron a otro destacamento, el de puerta Morocha. Pasadas más de 24 horas de su secuestro (llamarlo detención es hacerle un flaco favor a la verdad) ha sido hace minutos presentado a tribunales, cuál si fuera delincuente como se ve en la gráfica. En su defensa lo asiste el Foro Penal y lo acompaña el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. En cuestión de minutos (o quizás de horas) se decidirá su futuro. No esperamos otra cosa sino libertad plena para él. Eso exigimos: ¡LIBEREN A LEO!

FOTOGRAFOSWEB

OJO con los fotógrafos

Parece de Perogrullo, pero no está de más detenerse en ello: detrás de cada una de esas fantásticas fotografías que durante estos cien días han copado medios y redes hay un hombre que la toma. Siendo más exactos: un hombre que arriesga su integridad física y a veces incluso su vida para tomarla. No se trata de canonizarlos ni de aumentar sus méritos y virtudes, pero en tiempos en los que incluso los periodistas (con sus honrosísimas excepciones, por supuesto) decidieron ver para otro lado, han sido ellos los que han evitado que el ‘blackout’ y el silencio sean totales, y gracias a quienes (casi) todo se ha visto. Las armas de fuego detonadas en las manifestaciones, las escopetas de lacrimógenas siendo accionadas de frente, la brutalidad en la represión, lo desmedido de ésta, las escandalosas violaciones de los Derechos Humanos, todo ello ha sido captado por sus lentes. También el coraje de la mujer de la tanqueta, la nobleza del joven desnudo, las lágrimas del violinista que no quiso ser como Dudamel, el ingenio de los escuderos, la valentía de los paramédicos, el arrojo de los manifestantes han quedado inmortalizados por su trabajo. Gracias a ellos hemos podido ver lo mejor y lo peor de Venezuela. Han sido y se han convertido en los ojos de un país. Por ello, les hemos puesto el nuestro encima. Durante varias semanas nos lanzamos a la ardua tarea de robarles algunas horas de sus apretadísimas (y complicaría unas) agendas para conversar con ellos. El resultado ha sido un ciclo de entrevistas que empezaremos a publicar con frecuencia diaria. Es la forma que encontramos para reconocer (y dar a conocer más, si se puede) a unos profesionales excepcionales que están dejando la vida en la calle por informar a Venezuela. A partir de mañana, ya lo saben: #OjoConLosFotógrafos.

SOLDIERWEB

Revolución armada pero pacífica

“La burguesía no respeta nada, ni el imperialismo respeta nada. Ni Constitución, ni leyes, ni paz, ni nada. Arremeten con la violencia del que se siente dueño del mundo, como se sienten dueños del mundo los burgueses venezolanos y todo su poder construido a lo largo de 100 años de corrupción, de asesinato, de violencia contra un pueblo. Por eso la revolución nuestra, hay que recordarlo, es pacífica, pero armada. No se equivoquen, burgueses”. Hugo Chávez se cansó derepetir el oxímoron en concentraciones, consejos de ministros y cualquier acto de gobierno que le permitiera estar en su lugar favorito: frente a una cámara de televisión. Su revolución era pacífica, claro que sí, pero también armada. “A veces a un pueblo no le queda más recurso que la violencia para abrir el camino hacia la razón y hacia la verdad”, predicó con esa pretendida superioridad moral que caracteriza a un sector de la izquierda, ese que se cansó de empuñar armas, secuestrar civiles y atentar contra instituciones durante décadas y que ahora tacha de terroristas a muchachos con piedras y cohetones. Con ese pensamiento chavista, convencidos de que su violencia era la justa, buena y correcta, nacieron los colectivos: paramilitares dispuesto a defender la revolución a sangre y fuego. Con ese pensamiento chavista, y con la impunidad como principal escudo, el Frente de los Círculos Bolivarianos, el movimiento Resistencia Revolucionaria y la Fuerza Motorizada arremetieron contra la Asamblea Nacional el pasado 5 de julio. “Contamos con 12.000 hombres dispuestos a dar la vida por la revolución”, le dijo Ramón Chávez, coordinador del FCB, a Hernán Lugo, periodista de El Nacional. Según el juicio de los colectivos, la Asamblea perdió su legitimidad al tomar malas decisiones y querer llenar de odio al pueblo. Y así, sin respetar nada, ni Constitución, ni leyes, ni paz, ni nada, así, sintiéndose dueños de la verdad y del mundo, un grupo paramilitar asaltó un Poder Público elegido a punta de votos. “Para que este gobierno caiga tiene que haber una guerra. Si la hay, estamos preparados”, advirtió un colectivo a BBC Mundo. De usar la violencia, recuerden, será en busca de la razón y la verdad.

Plebiscito

No vinculante, pero legítimo e influyente

Por: Edwins Borges | @edwinsborges

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) realizo un llamado a plebiscito el domingo 16 de julio, 14 días antes que las elecciones programadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para escoger a los diputados a la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente. Un acto que sin duda alguna podría dar una demostración del descontento de los ciudadanos frente a la crisis que atraviesa el país.

Ante esto presento el artículo 71 de nuestra constitución, que establece:

Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral.

También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia parroquial, municipal y estadal. La iniciativa le corresponde a la Junta Parroquial, al Concejo Municipal o al Consejo Legislativo, por acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; al Alcalde o Alcaldesa, o al Gobernador o Gobernadora de Estado, o a un número no menor del diez por ciento del total de inscritos en la circunscripción correspondiente, que lo soliciten.

Ante esto surge una pregunta: sin el uso del CNE como órgano regulador de los procesos electorales, ¿podría ser vinculante este plebiscito? Veamos cuáles atribuciones tienen el CNE y la Asamblea Nacional según lo establecido por la Constitución en materia de consultas electorales:

Por parte del CNE:

Artículo 293 El Poder Electoral tienen por funciones:

  1. Reglamentar las leyes electorales y resolver las dudas y vacíos que éstas susciten o contengan.

  2. Declarar la nulidad total o parcial de las elecciones.

  3. La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos.

  4. Organizar las elecciones de sindicatos, gremios profesionales y organizaciones con fines políticos en los términos que señale la ley. Así mismo, podrán organizar procesos electorales de otras organizaciones de la sociedad civil a solicitud de éstas, o por orden de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia. Las corporaciones, entidades y organizaciones aquí referidas cubrirán los costos de sus procesos eleccionarios.

En cambio, por parte de la Asamblea Nacional:

Artículo 187 Corresponde a la Asamblea Nacional:

4.Organizar y promover la participación ciudadana en los asuntos de su competencia.

16.Velar por los intereses y autonomía de los Estados.

24.Todo lo demás que le señalen esta Constitución y la ley.

En este contexto, cualquier persona podría decir que el CNE es quien debe realizar el proceso, sin embargo vemos como en el numeral 6 del artículo 293 se establece que las organizaciones deben pedirle al CNE la participación; es decir, que no hay obligatoriedad para que el plebiscito sea realizado por el CNE. También entra el hecho de que al ser una consulta, no tiene una acción vinculante en el Estado, aunque su legitimidad no está condicionada por esto, ya que la Asamblea Nacional puede hacer una consulta por lo establecido en el artículo 71 y los numerales 4 y 16 del artículo 187.

El plebiscito, pese a que su resultado no posee un carácter vinculante, posee una legitimidad que a nivel político puede marcar una diferencia si su resultado favorece al sector opositor, ya que a nivel internacional quedaría en evidencia, no solo por las encuestas, sino por valores probados a nivel nacional e internacional, que los ciudadanos venezolanos quieren un cambio. Que el gobierno tome este plebiscito como algo que no lo perjudicaría sería un error, que a nivel internacional podría pagar muy caro, ya sumándose a que no tiene muy buena imagen en la comunidad internacional. Hacer caso omiso al plebiscito puede desenmascarar un gobierno totalitario y que hace “lo que sea necesario” por mantener el poder.