ARMASWEB

Si no es con votos será con balas

Por: Emmanuel Rincón |  @emmarincon

Pongamos en contexto el título de este artículo: si no es con votos será con armas; repítanlo: si no es con votos será con armas; más lento: si no es con votos, será con armas. Las palabras de Nicolás Maduro brotaron en un momento en el que la estabilidad nacional es una morisqueta desconocida. Justo cuando los ojos del mundo reposan sobre sus hombros se atreve a dictar en televisión, frente a millones de personas, que de no alcanzar a sostener la revolución con votos lo haría con las armas. Si Pedro Carreño se atrevió a poner en entredicho la salud mental de la Fiscal Luisa Ortega por su actuar, ¿qué quedará para el timador de Miraflores quien se encuentra encendido en fuego y a consciencia empieza a rociarse con gasolina? Más que intimidar, lo que logró el presidente de la República fue desnudar su limitada capacidad de análisis político: en una coyuntura delicada, en la que mayor tacto debe tenerse debido a la asonada en los cuarteles, Nicolás sigue cavando su propia tumba llamando a las armas, cuando ha quedado claro que el pueblo lo que quiere es civilización.

El problema de concepción del chavismo es netamente ideológico y estructural. Resulta absurdo que tras 18 años en el poder sigan comportándose y hablando como guerrillas clandestinas de choque y no como jefes de Estado; se manifiestan como si fueran ellos los adversarios de una fuerza política y no el poder per se. Es por ello que constantemente eluden las culpas y tienden a ventilar conspiraciones que solo existen en sus cabezas. Resulta inaudito que tras casi dos décadas en el poder sigan con ese discurso selvático y revolucionario, con esa idea del poder por las armas, con ese temperamento de calentura y reacción, cuando el mundo lo que pide es relaciones civilizadas y formaciones políticas equilibradas sin extremismo.

Luego de que Nicolás Maduro anunciara que si no era con los votos sería con las armas, un batallón de la Guardia Nacional Bolivariana invadió el Palacio Legislativo, ese recinto sagrado en el cual se han aprobado todas las leyes que rigen nuestros destinos como nación —para bien o para mal—. Ese momento en el que un grupo de hombres armados intenta asaltar las competencias de otro grupo de hombres civilizados dispuestos a la ley, simboliza el rompimiento total no solo de las vías democráticas, sino de la cordura estatal; los miembros del gobierno llaman a la barbarie, se comportan como simios cuyo únicos argumentos para sostener el poder es la fuerza y no las ideas, y lo más triste es que no hay quien los saque del camino de la estupidez. El oficialismo pareciera no darse cuenta de que Venezuela está harta de la violencia, de las armas, del terror; que lo que el país necesita es paz —verdadera paz, no la que quiere imponer el gobierno a la fuerza—, acuerdos, coherencia, valores, democracia, elecciones, libertad, una economía sana; quizás son términos muy difíciles de procesar para una masa que tras 18 años de mandato solo han sabido invertir todo el dinero de un Estado en armas, drogas, y regalos; es por eso es que el país está como está, no hay forma en que el hijo vaya por la senda del bien cuando su padre se comporta como un despropósito; los secuaces del presidente de la República no se han terminado de percatar que los años 60’s quedaron atrás, esa época de revoluciones armadas y conspiraciones que llevaban a los hombres a perderse entre las junglas por años, para luego aparecer en calles y edificios dictando catedra de igualdad provocando muertes innecesarias.

Lo que ocurre en Venezuela hoy día ya no es asunto de ideologías políticas o cuestiones materiales, va mucho más allá: es la lucha de la razón contra el salvajismo, de los valores contra la corrupción, de quienes propagan la vida contra quienes llaman la muerte. El oficialismo ya ha dejado claro cuál será la vía que tomarán en caso de que los votos no los acompañen, y está muy claro que en efecto, los votos no los van a acompañar; la única alternativa que le quedan son las armas, el chantaje, la fuerza, la intimidación. La pregunta que hay que hacerse ahora es, ¿cómo va a reaccionar el lado opositor?, ¿seguirán poniéndole el pecho a las balas o buscarán vías alternas para detener la masacre anunciada?

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El crimen sí paga

Hay noticias que retratan con precisión una época. Y la designación de Benavides Torres como Jefe del Gobierno de Distrito Capital es una de ellas. Es también del tipo de noticias que se tienen que dar con la nariz tapada y conteniendo la náusea, pero ahí vamos. Tras ser destituido como Comandante General de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) luego de que por lo menos tres de sus subordinados fueran captados disparando armas de fuego de frente contra manifestantes, dejando un saldo de siete heridos y un menor de edad asesinado, el dictador en funciones lo premió con un nuevo cargo: Jefe del Gobierno de Distrito Capital. Es un carguito menor, nacido de la arbitrariedad (fue creado cuando Antonio Ledezma ganó la Alcaldía Mayor de Caracas y el chavismo, siempre respetuoso de la democracia, decidió entonces ponerles a los caraqueños otro jefe nombrado por el “dedo de Chávez”, que para ese entonces hasta propiedades curativas parece que tenía), pero en el que se maneja una partida más o menos importante de recursos (la Hacienda Pública de Distrito Capital, las multas y tasas por uso de bienes y servicios), se administran (¿con qué criterio?) bienes patrimoniales, se contratan (insértese aquí la palabra sobornos) obras públicas y se recaudan (léase aquí la palabra foco de corrupción) impuestos; es decir, que Benavides va a estar cómodo. Es la recompensa que recibe por convertir a la GNB en un cuerpo hamponil y criminal. Tras casi un año al frente (lo cumplía en julio) su gran legado son las imágenes de efectivos de la GNB atracando a civiles y disparando a mansalva contra adolescentes. En democracia, lo esperaría el banquillo de los acusados de algún tribunal. En revolución lo aguarda un carguito que resuelve. Porque el crimen, cuando es gobierno, sí paga. Y bien.

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Pompeyo Márquez | Santos Yorme

Cuenta la leyenda que fue una de las grandes obsesiones (y frustraciones) de Pedro Estrada, aquel policía elegante y cruel, implacable y frío, cuyo nombre estremecía de miedo a Venezuela. Dicen que hasta el último día que estuvo al frente de la Seguridad Nacional, Estrada se devanó los sesos intentando dar con aquel misterioso personaje que apodaban Santos Yorme, responsable de que se siguieran editando, publicando y repartiendo los órganos informativos del Partido Comunista. Y aunque Don Pedro decomisó imprentas y multígrafos, infiltró agentes en reuniones, allanó ‘conchas’, repartió sobornos, ofreció recompensas, y secuestró y torturó a compañeros suyos, aunque hizo todo lo que tuvo a su alcance para capturarlo, nunca pudo dar con él. Siempre, en alguna esquina, en alguna plaza del centro, en cualquier lugar de Caracas, aparecía, para su desgracia, algún ejemplar de ‘Tribuna Popular’ que le recordaba que por ahí había un hombre obstinado, que no se arredraba, y que en las condiciones más precarias escribía y publicaba contra la dictadura. Ese hombre, que en realidad se llamaba Pompeyo Márquez, murió en la madrugada de hoy a los 95 años. Y lo hizo, tal y como vivió siempre: con las botas puestas. Primero comunista, después guerrillero, luego socialista y finalmente socialdemócrata, fue, por encima de todo, un hombre que se jugó la vida por sus ideas, y eso es siempre digno de admirar. Fue, también, un tenaz articulista, que se valió de la palabra escrita para exponer sus días. “La lucha unida –escribió en su última columna, publicada hace tres días en ‘Tal Cual’– dirigida por un valiente equipo fogueado en la lucha es lo único que puede poner fin a la dictadura militar. El pueblo venezolano ha dado pruebas de su coraje y de su amor a la libertad, y estos dos valores servirán de escudo para derrocar a la minúscula cúpula que hoy asesina, tortura y desprecia el voto, en una hora tan menguada como nos ha tocado vivir. Hay que insuflar confianza en la fuerza de un pueblo unido para conquistar la democracia y la libertad”. Y así será, guerrero. Descansa en paz.

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La guerra de las 9mm contra pechos y cráneos

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Casi un centenar de muertos, ¿cuál es la cifra que indica el cambio de estrategia? La frustración es agobiante y va llegando el momento de decir: ¡ya basta! Y no de violencia o de represión, pues está claro que eso el gobierno no va a escucharlo: si no le han dolido las docenas de menores de edad asesinados con disparos al pecho, la cabeza y el rostro, no creo que vayan a dolerle otros cien u otros mil más.

Lo del lunes en Caracas fue superlativo en nivel de crueldad y de oscurantismo. Ya las almas opresoras no se esconden bajo los falsos escudos de “armas de dispersión”: apuntan 9mm a las cabezas y a los pechos de manifestantes cuyas únicas defensas son sus propios huesos y órganos. ¡Ya basta!, ¡ya basta! No es cuestión de gritárselo al gobierno, sino a nuestros propios dirigentes: ¡ya basta! ¿Hasta cuándo seguiremos yendo a una guerra contra asesinos endemoniados, armados con escudos de lata y piedras? ¿Ya no es suficiente sangre?, ¿o cuánta sangre pasa a considerarse necesaria para evaluar un cambio de rumbo? No funcionó. Hay que decirlo. No funcionó. A los megalomaníacos del Ejército no les ha conmovido en lo absoluto esta lucha desigual. Es incoherente, terco, y tonto, seguir poniendo la cara ante esbirros que sin contemplación disparan balas de muerte.

No es que no se ha conseguido nada, sí se ha conseguido, y bastante: son cada vez más los venezolanos que repudian al régimen, son cada vez más los organismos del Estado que apoyan la libertad, y son cada vez más los países que secundan nuestra causa; nada ha sido perdido, el esfuerzo no ha sido en vano, pero ha llegado la hora de decir ¡basta! ¿Cuál dirección vamos a tomar?, ¿cuáles medidas concretas vamos a ejecutar?, ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que delincuentes comunes salgan a dispararle a gente inocente, a menores de edad, a padres, hijos, esposos, primos, maestros, cuñados, obreros, médicos, estudiantes, ingenieros, hermanos, agricultores, periodistas, personas, (sí, personas, gente, ¡seres humanos!)?, ¿hasta cuándo?

Hay artículos que se escriben desde la razón, de allí emanan la mayoría de ellos, pero este se escribe desde otra parte que no voy a mencionar. ¡Ya basta!, no sigamos yendo a una guerra donde la matanza es la única respuesta que recibimos. ¿Qué podía hacer un Fabián Urbina de 17 años contra asesinos enmascarados llenos de armas y escudos?, ¿qué podía hacer?

Va llegando la hora de un cambio de discurso, de un cambio de actitud: la naturaleza de la Revolución Bolivariana del siglo XXI es la represión y la muerte, las alcantarillas del despropósito son su campo de acción, ¿vamos a seguir esperando que rectifique un grupo de personas con cientos de acusaciones de terrorismo y narcotráfico encima?

Los invito a reflexionar, a cada uno en privado, en sus casas, con sus familias y amigos, y a los políticos también, ¿es útil, es necesario, seguir enviando gente indefensa contra bestias totalitarias y armadas? Es indudable que la lucha debe seguir, hoy más que nunca, hoy más que siempre, o vamos hasta el final, o el final llega hasta nosotros, la pregunta ahora es, ¿de qué forma vamos a llegar hasta él?

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¡ASESINOS!

Lo de hoy ha sido tan impactante que a Néstor Reverol –ministro de Interior, Justicia y Paz– no le ha quedado de otra que poner en práctica el deber ser de todo funcionario del Gobierno: decir la verdad. Ha sido a medias –“En la avenida Sur de Altamira a la altura del distribuidor se produjo un hecho irregular que está bajo investigación”– y maquillado con demasiados matices –“[En] la hipótesis principal dentro de la investigación iniciada se presume el uso indebido y desproporcionado de la fuerza”–, pero, como decimos, no le ha quedado de otra que admitir que en la manifestación de la ‘derecha violenta y vendepatria’ los cuerpos de seguridad del Estado, destinados a defender a cada uno de los venezolanos, le han disparado a su pueblo. Y no le ha quedado de otra porque hay tanta evidencia (foto y video) rodando por las redes y dándole la vuelta al planeta que la retórica (ya de por sí oxidada) del chavismo no ha encontrado falacia que usar: a Fabián Urbina (17 años) lo mató un balazo de la Guardia Nacional Bolivariana. Este lunes en Altamira hubo disparos a mansalva por parte de aquellos que se ufanan de propiciar la paz y el diálogo en nuestro país. Disparos que mataron a Fabián y que hirieron a (por lo menos) cuatro venezolanos más. A Reverol se le unieron Benavides Torres –comandante de la GNB que había declarado ayer que en Venezuela nunca más se sacaría la fuerza armada a la calle con armas de guerra para contener manifestaciones– y el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, para hacer lo que nunca hacen: condenar las desgracias ocasionadas por el Gobierno. Tuvieron que hacerlo porque, arriesgando su vida, había un grupo de fotógrafos y periodistas que estaba decidido a contar la verdad: que la GNB mata a balazos.

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El peso de las muertes que no aparecen en video

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

No podemos convertirnos en esclavos de la morbosidad y del sensacionalismo. No podemos permitir que algunos asesinatos transmuten en lo intranscendente por no haber registro visual. No debemos permitirle al gobierno que nos convierta en seres abominables, acostumbrados a la banalidad de una muerte cuya sombra ya no nos sorprenda.

Una estadística es un conjunto de números; una muerte tiene nombre, historia, querencias, costumbres, sueños, valores y un conjunto de lazos rotos dejados atrás. Por ello no podemos permitir que ese acto tan lúgubre se convierta en estadística. A veces resulta pesado tener que ser quién se pronuncie contra el clamor popular, pero no podemos dejar que los políticos y los medios de comunicación, sean del lado que sean, nos manipulen y nos lleven a pensar que algunas muertes valen más que otras.

Paola Ramírez, Juan Pablo Pernalete, Miguel Castillo Bracho, Paúl Moreno, Neomar Lander. Los registros visuales al momento de producirse sus desgracias han llevado sus nombres a ocupar portadas en diarios y revistas, y ha hecho que, inclusive, uno que otro político oportunista les otorgue a túneles y avenidas sus nombres para aumentar su registro de popularidad. Con esto no quiero decir que los Neomar, Juan Pablo, Miguel, Paúl, Paola o Armando Cañizalez no deban ser debidamente glorificados y sufridos, ¿pero es que acaso los otros muertos no merece  el mismo homenaje?

Hace un par de días un Guardia Nacional Bolivariano en El Paraíso le disparó en el ojo a un perro llamado Cross, que horas después tuvo que ser sacrificado. Ese perro ocupó un espacio en la opinión pública nacional impensado para cualquier animal: los muros de Facebook, cuentas de Twitter e Instagram de un millar de venezolanos se plagaron de mensajes de solidaridad con el can; aparecieron ilustraciones, dibujos, y una infinidad de cadenas para honrar su muerte, y mientras tanto, en ese momento, varias madres venezolanas seguían llorando la pérdida de hijos que no recibieron la merecida atención por parte de sus comunidades, ni de la prensa, ni mucho menos de los políticos, porque (y esa es la verdad) aquellas muertes no producían beneficios políticos ni comerciales. La muerte de Cross se explotó mediáticamente de tal manera, que inclusive hubo personas que se atrevieron a comparar al gobierno actual con el nazismo, sí, ¡con el nazismo!, con ese movimiento político comandado por Adolf Hitler que provocó la Segunda Guerra Mundial y propició la muerte de más de 60 millones de seres humanos; es decir: del doble de la población venezolana actual.

El jueves 15 de junio asesinaron en el Estado Táchira de un disparo en el rostro a José Gregorio Pérez Pérez; en Maracaibo también murió Luis Vera arrollado por una camioneta mientras protestaba. ¿A algunos les suenan? Seguramente a muchos no. En el pasado también han quedado más de una treintena de nombres que hoy nadie recuerda, a los que nadie les rindió tributos ni lagrimas; sé que a algunos les resultará incomodo, pero si tu llanto únicamente se han vertido tras enterarte de la muerte del perro, entonces te has dejado contaminar por la media, o simplemente actúas y transmites lo que piensas que los demás esperan de ti: compadecerte de la muerte del perro.

Quiero y debo aclarar, porque sé que algunas afirmaciones emitidas van a herir susceptibilidades y generar malentendidos: no es que Neomar y Paúl no merezcan los honores que les han brindado, no es que el asesinato despiadado de un perro no me interese, pero sencillamente no podemos permitir que unas muertes pesen más que otras, porque mientras estás leyendo esto, seguramente otro venezolano está siendo asesinado, y la realidad es mucho más amplia e intensa de lo que nos muestran los periódicos y los políticos.

Traté de recopilar los nombres de los fallecidos en protestas desde lo que va de año, y estos son:

1- Jairo Johan Ortiz Bustamante (19 años) 

2- Daniel Alejandro Queliz Araca (19 años)

3- Miguel Ángel Colmenares Milano (36 años)

4- Brayan David Principal Giménez (14 años)

5- Gruseny Antonio Canelón Scirpatempo (32 años)

6- Carlos José Moreno Barón (17 años) 

7- Paola Andreína Ramírez Gómez (23 años)

8- Niumar José San Clemente Barrios (28 años)

9 – Mervins Fernando Guitian Díaz (26 años)

10- Albert Alejandro Rodríguez Ponte (16 años) 

11- Ramón Ernesto Martínez Cegarra (28 años)

12- Francisco Javier González Núñez (34 años)

13- Kevin Steveen León Garzón (19 años)

14-Almelina Carrillo Virgüez (48 años)

15- Renzo Jesús Rodríguez Roda (54 años) 

16- Jesús Leonardo Sulbarán (41 años)

17- Johan Medina (23 años)

18- Luis Alberto Márquez (52 años)

19- Christian Humberto Ochoa Soriano (22 años)

20- Juan Pablo Pernalete Llovera (20 años)

21- Eyker Daniel Rojas Gil (20 años) 

22- Carlos Eduardo Aranguren Salcedo (30 años) 

23- Yonathan Quintero (21 años)

24- Ángel Enrique Moreira González (28 años)

25- María de los Ángeles Guanipa Barrientos (36 años)

 26- Ana Victoria Colmenares de Hernández (43 años)

27- Armando Cañizales Carrillo (18 años)

28- Gerardo Barrera (38 años)

29- Hecder Lugo Pérez (20 años)

30- Miguel Joseph Medina Romero (20 años)

31- Anderson Enrique Dugarte (32 años)

32- Miguel Fernando Castillo Bracho (27 años)

33- Luis José Alviárez Chacón (18 años)

34- Diego Armando Hernández Baron (33 años) 

35- Yeison Nathanael Mora Castillo (17 años)

36- Diego Fernando Arellano (31 años)

37- José Francisco Guerrero (15 años)

38- Manuel Felipe Castellanos (46 años) 

 39- Paul Moreno (24 años)

40- Daniel Rodríguez (16 años)

41-Jorge Escandón (37 años)

42- Edy Alejandro Terán Aguilar (23 años)

43- Yorman Alí Bervecia Cabeza (19 años)

44- Jhon Alberto Quintero (21 años)

 45- Luis Lucena (20 años)

46- Alfredo Carrizales (22 años)

 47- Elvis Adonis Montilla Pérez (22 años)

48- Miguel Bravo (25 años)

49- Ynigo Jesús Leiva (66 años)

50- Freiber Pérez (21 años)

51- Erick Antonio Molina Contreras (35 años)

 52- Juan Antonio Sánchez Suárez (21 años)

 53- Adrián José Duque Bravo (24 años)

54- Augusto Sergio Pugas Velásquez (22 años)

55- Manuel Sosa (30 años)

56- Danny José Subero (34 años)

57- Cesar David Pereira Villegas (21 años)

58- Nelson Antonio Moncada Gómez (37 años)

59- María Estefanía Rodríguez (46 años)

60- Luis Miguel Gutiérrez Molina (20 años)

 61- Yoiner Javier Peña Hernández (28 años)

62- Orlando Figuera (21 años)

 63- Edward José Paredes (25 años)

64- Neomar Lander (17 años)

 65- Elio Manuel Pacheco Pérez (20 años) 

66- Jairo Ramírez (47 años)

67- Robert Joel Centeno Briceño (29 años)

68- William Heriberto Marrero Rebolledo (33 años) 

 69- Jonathan Meneses (27 años)

70- Stivenson Zamora (21 años)

71- Kenyer Alexander Aranguren Pérez (20 años)

72- Yorgeiber Rafael Barrena Bolívar (15 años)

73- Sócrates Salgado (49 años)

74- Douglas Acevedo (41 años)

75- Cross (edad desconocida)

76- Luis Enrique Vera (20 años)

77- José Gregorio Pérez Pérez (21 años)

78- Iván Bastidas (edad desconocida)

Y en efecto, en lo que tardaba en escribir este artículo apareció una víctima más del odio sembrado en el país:

  1. Nelson Daniel Arévalo (23 años)

De antemano pido disculpas si se me ha escapado alguno. Que todos descansen en paz, y a que todos les rindan los honores que merecen.

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Dos caras

Por: Emmanuel Rincón |  @emmarincon

No hará como Django: no saldrá a dispararles a todos los chavistas aristócratas en busca de justicia como en el western de Texas. Sus armas son otras. Su realidad es distinta. Pero Luisa Ortega está desencadenada. “El día que repartieron el miedo, yo no llegué”, dijo sin sobresalto, sin titubeos, sin preocupación, y no solo lo dice, también lo demuestra. Siguiendo el guion cinematográfico, algunos la acusan de ser la Severus Snape dentro de la revolución, y quizás su película no tenga tantos disparos y tanta sangre como cualquier film de Tarantino, ni la magia de cualquier entrega de Harry Potter; pero la Fiscal General de la República es la protagonista de un epílogo revolucionario para no perder de vista.

Pero, ¿quién es Luisa Ortega Díaz?, ¿de dónde salió?, ¿hacia quién son sus lealtades?, ¿cuáles designios la mueven? Las primeras interrogantes podemos responderlas escribiendo su nombre en el buscador, las últimas no.

Las primeras pistas sobre su deserción al chavismo las comenzamos a ver el último día de marzo del presente año, cuando declaró que las sentencias 155 y 156 del TSJ constituían una ruptura al orden constitucional, condenando la medida del máximo tribunal de la República con la cual el gobierno buscaba, vulgarmente hablando, disolver a la Asamblea Nacional electa por voto popular. Las protestas por el fallido impasse legal generaron una ola de manifestaciones que se ha extendido hasta nuestros días. Resulta trágico para el oficialismo concebir que toda la presión que se le ha venido encima ha sido producto de su propia imprudencia, pues de cierta forma despertaron la conciencia popular a base de muestras de autoritarismo totalmente inútiles para sus cometidos.

A principios de abril el cónclave político seguía estando cuadrado (no deforme como hoy en día), con los protagonistas principales y los actores de reparto sentados en ambos costados de la mesa, cada uno sabiendo cuál bando pertenecía, y la oposición especulando que las declaraciones de la Fiscal, siempre tan querida y adorada por el comandante Hugo Chávez, eran tan solo parte de un juego estratégico impuesto por el gobierno con el cual simulaban que en el país existía separación de poderes; luego de ello, entrado el mes de mayo, la Fiscal volvió a apoderarse de los focos condenando de manera categórica la violencia contra manifestantes, alegando que “no podemos exigir un comportamiento pacífico y legal de los ciudadanos si el Estado toma decisiones que no están de acuerdo con la ley”. Allí el mundo se vino abajo, al menos para algunas cabezas del partido oficialista, pues esta frase, que en un principio fue tomada por la mayoría del pueblo opositor como un simple saludo a la bandera, de pronto comenzó a cobrar no solo relevancia, sino también protagonismo… pero… vamos poco a poco.

Luisa Ortega Díaz, abogada de la República Bolivariana de Venezuela, especialista en Derecho Penal y en Derecho Procesal, sucedió a Isaías Rodríguez (ex vicepresidente de la República) en la Fiscalía General en el año 2007. Aquello, por supuesto, fue una designación no solo aprobada, sino también promovida por el mesías de Sabaneta, Hugo Rafael Chávez Frías, quien luego de apropiarse de todos los escaños de la Asamblea Nacional en el 2005, tras el desistimiento de la oposición para participar en las elecciones, empezó a nombrar a dedo, a través de sus representantes en el parlamento, a las cabezas de los distintos órganos superiores en Venezuela. Pero antes, mucho antes de ser una cabeza visible en los círculos revolucionarios, Luisa Ortega fue una abogada litigante que transitó por varios empleos, hasta acercarse a Hugo Chávez, primero fungiendo como consultora jurídica de VTV y luego adhiriéndose al Ministerio Público, en abril del 2002, tras el golpe de Estado en contra del Comandante, lo que viene a darnos una idea de cómo fue su relación con Miraflores durante los últimos 15 años. Como funcionaria, ejerció los cargos de Fiscal 7° del Área Metropolitana de Caracas, y Fiscal 6° Nacional con competencia plena; luego, el 18 de septiembre del 2006, fue designada Directora General de Actuación Procesal del Ministerio Público, hasta su escalada al estrellato de las cortes judiciales.

Desde diciembre del 2007, fecha en que nombran a la jurista como la Fiscal General de la República, hasta hace un par de meses, Luisa Ortega Díaz era uno de los personajes más repudiados por el pueblo opositor. No debe olvidarse que bajo su mandato se levantaron las controvertidas acusaciones contra Leopoldo López en el 2014, que culminaron con su arresto por “daños a la propiedad pública, instigación a delinquir y delitos de asociación para la delincuencia organizada”, lo que en el discurso del gobierno se traducía como terrorismo y haber propiciado los asesinatos de 43 venezolanos. Esta “olla judicial” se levantó desde el despacho de quien fuera durante años parte activa del brazo político del Estado para encarcelar opositores, favorecer juicios contra allegados al chavismo, disuadir las denuncias de corrupción, o esconder números que reflejaran los índices de impunidad en Venezuela. De hecho, en el sepelio del comandante Hugo Chávez, la Fiscal apareció en primera fila. Sin importarle las acusaciones de partidismo, allí estaba ella, despidiendo al Comandante, con un semblante irremediablemente conmovido; pero las piezas del rompecabezas no terminan allí: es un entramado más amplio y difícil de ordenar, pues cabe acotar que la Fiscal se encuentra unida sentimentalmente con el diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV, electo en el Estado Lara, Germán Ferrer, quien hoy día, por el simple hecho de haberse enamorado de la mujer de cabello y ojos claros, pasó a convertirse en enemigo de la revolución.

Mucho debe considerarse a la hora de tratar de determinar los móviles de actuación de la Fiscal, pues fue el propio Diosdado Cabello quien en su rol de Presidente de la Asamblea Nacional la ratificó en el cargo el 22 de diciembre del 2014, tras liderar la caza de los “terroristas opositores” unos meses atrás; de hecho, el 5 de mayo del mismo año, la Fiscal acudió al programa “Con el mazo dando” del número dos del chavismo, y sostuvo con él una amena charla de una hora en la cual acusaron de terroristas y violentos a “un pequeño grupito del país”.

“Una de las cosas que en los últimos años nos enseñó el Presidente Chávez fue a asumir la responsabilidad, aceptar cuando se ha cometido un error, y reconocerlo ante el país. Entonces yo creo que allí ha habido verdaderamente un deseo de destruir no solamente la vida de los venezolanos amantes de la paz, sino también de destruir todas las infraestructuras e incendiar al país”, declaró la Fiscal en alusión a los actos de protesta promovidos por Leopoldo López y una parte de la MUD. De hecho, al cierre de la entrevista, Diosdado Cabello le anunció que la sesión de la Asamblea Nacional del día posterior a dicha plática se concentraría en debatir el encontronazo que había sostenido recientemente Luisa Ortega Díaz con el entrevistador de CNN, Ismael Cala, acusando a la cadena internacional de terrorista, ofreciéndole todo su apoyo, y abriéndole las puertas de su espacio, para todas las veces que quisiera dirigirse al pueblo venezolano –¿Será que el diputado dejaría hoy día a la Fiscal sentarse en la silla de ‘Con el mazo dando’? –.     

En todo este panorama tan confuso y abyecto, no puede dejar de destacarse que la oposición llamó negligente y corrupta en un centenar de ocasiones a la Fiscal, no solo por enjuiciar a los contrincantes al gobierno, sino por no investigar ninguna de las acusaciones que caían sobre las cabezas del chavismo, como el caso del propio Diosdado Cabello, quien al año siguiente fuera acusado de narcotraficante por Leamsy Salazar, Capitán de Corbeta miembro del primer anillo de seguridad de Hugo Chávez hasta su muerte, y que luego pasara al mando del diputado tras su defunción.

Ahora volvamos al presente, ese en el que Luisa Ortega está desencadenada, como Django, tirando acusaciones a diestra y siniestra, encarando a magistrados, levantando recursos, promoviendo actos de protesta en contra del quebrantamiento del orden jurídico, convirtiéndose en la ficha de poder más importante de la oposición. ¿Qué es lo que pasa allí?, o, mejor dicho, ¿qué fue lo que pasó?

Hay quienes insisten con la teoría de que la actuación de Luisa Ortega viene dada bajo las directrices del gobierno para “distraer”. ¿Distraer de qué? –me pregunto–, si ya todo lo ha ventilado, no solo al pueblo venezolano, sino al mundo. Si hay algo peor que el chavista enceguecido, es el opositor paranoico que cree que todos, inclusive su propia madre, conspiran para que el gobierno siga en el poder. Esa teoría se va de la tangente por los propios hechos. Luego hay quienes dicen que la Fiscal solo intenta salvar su pellejo ante la inminente caída del gobierno (esto puede ser); y también están quienes creen que la jurista, en un acto de piedad, compasión y misericordia, recapacitó, abrió los ojos y se dio cuenta de que el gobierno era el malo de la película (esto no me lo creo); una última vertiente, no muy popular por cierto, corresponde a lo que yo llamaría “los demonios del egocentrismo”, esta es por cierto una vertiente en la que, según el lenguaje corporal de la Fiscal, sus declaraciones y sus actuaciones, surgen como respuesta de una lucha interna de poderes: la han acusado bajo cuerda de no apoyar al proceso revolucionario, la han amenazado, y ella se ha hartado, los mandó a todos a Neptuno y ahora quiere demostrar quién puede más. No en vano, ya Iris Varela, Ministra para Asuntos Penitenciarios, salió a acusarla de estar inmiscuida en el escándalo de los Panamá Papers, junto a su esposo, el diputado Germán Ferrer; y Diosdado Cabello la tildó de traidora; en fin, quisieron intimidarla, le declararon la guerra, le tocaron el ego, y ahora Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, quiere demostrarle al chavismo que así como mandó a encarcelar a Leopoldo, y así como disuadió investigaciones en contra de los suyos, ahora puede hacer justo lo contrario e iniciar un movimiento que los mande a todos al calabozo, y a ella al estrellato.

Pero… porque entre tantos peros siempre hay unos más valiosos que otros, ¿qué fue lo que la llevó a distanciarse del proceso revolucionario?, ¿por qué iniciaron estos conflictos internos? Allí sobresale una circunstancia que nadie parece haber percatado: el secuestro de su hijastra María Ferrer (hecho que hoy día sigue sin ser esclarecido y del que poco se habló). Por coincidencia o no, el secuestro se llevó a cabo el mismo día que la Fiscal viajó a Brasil para solicitar información sobre los sobornos a venezolanos en el caso Odebrecht, el jueves 16 de febrero del presente año; con todas las fichas sobre la mesa, vale preguntarse, ¿quién secuestró a la hijastra de la Fiscal?, ¿bajo cuáles acuerdos fue liberada?, ¿hubo amenazas?, ¿hubo disputas?, ¿hubo intimidación?, ¿hubo negociaciones?, ¿dónde están los culpables?, ¿cuáles fueron los móviles del secuestro? Esa información la población la desconoce. Seguro los archivos están depositados en un gabinete ultra secreto de Miraflores, con copia en el despacho de la Fiscal, pero lo cierto es que la bomba estalló y no sabremos precisar por cuál costado, pero reventó.

Ahora Luisa Ortega Díaz está desencadenada disparando contra la nueva burguesía del país (el chavismo), al igual que lo hacía Django contra los blancos opresores latifundistas, y lo más importante de todo: tiene con qué hacerlo, pues de seguro, antes de salir a ventilar “sus graves preocupaciones sobre la alteración del orden constitucional”, tenía bajo la manga una serie de pruebas para mandar tras las rejas a todas las cabezas del chavismo. El final de esta historia seguro será espeluznante: desde ya empezamos a contactar a Hollywood para ir armando el libreto.

GOLWEB

La corta distancia entre recibir una bomba y marcar un gol

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

El día en que a Neomar Lander le estrellaron una bomba en el pecho tenía 17 años, la misma edad que Samuel Sosa al momento de disparar en Corea el tiro libre que nos llevará a disputar la final de un Mundial de fútbol contra Inglaterra. Como hecho curioso, la distancia entre estos dos acontecimientos no supera las 24 horas. Las emociones causadas por la bomba que estalló en el pecho del primero pueden equipararse a las del gol de Samuel en el minuto 91; aunque, claro está, únicamente en grado de intensidad, porque en cuanto al sentimiento y a la conmoción, naturalmente, hay un contraste enorme.

Minutos después de que Venezuela se supiera finalista de un Mundial de fútbol, una proeza soñada pero inimaginable hasta por el más fanático, el propio técnico de la selección, Rafael Dudamel, lanzó un mensaje: “Por favor, paren ya las armas. Hoy la alegría nos la ha dado un chico de 17 años, y ayer murió otro de 17. Presidente, paremos ya las armas que esos chicos que salen a las calles lo único que quieren es una Venezuela mejor”.

Parece impresionante que las ilusiones de todo un país estén sobre los hombros de niños de 17 años, y digo niños, porque sus cuerpos alargados y delgados todavía muestran esa falta de desarrollo; tanto el de Neomar Lander, que fácilmente pudo haber estado en Corea disputando las semifinales de un mundial, como el de Samuel Sosa, que fácilmente pudo haber estado en las calles de San Cristóbal o de Caracas protestando para pedir un país mejor.

Lo cierto es que en Venezuela del cielo al infierno hay un solo paso. Resulta sumamente difícil no celebrar, no sentirse alegre, agradecido, de que finalmente un grupo de muchachos nos representen a nivel mundial en el deporte rey; que hayan llegado a lo más alto sin perder un solo partido, que demuestren un nivel de intensidad, cooperación, táctica, estrategia y destreza nunca antes visto en otra selección nacional de fútbol; pero del otro lado el infierno arde, y es imposible no sentirse triste y desesperanzado: no por el gobierno que tenemos, porque el gobierno de un momento a otro va a cambiar, sino por la gente que habita nuestra tierra, por los “conciudadanos” con los que debemos compartir, aquellos que llevan las armas, aquellos que no tienen valores, aquellos que le disparan a un Neomar Lander y que fácilmente podrían dispararle a un Samuel Sosa.

Sentirse feliz estando triste, o sentirse triste manejando un estado de euforia se ha convertido en el día a día de los venezolanos, porque inclusive en la guerra, en la tiranía y en la desesperación, tiene que haber espacio para el gozo, porque la sanidad mental es la primera lucha que debe ganarse antes de pasar al campo de batalla: si ella se pierde, no hay forma de hacerle frente al enemigo. El gol de Sosa en Corea, y la bomba puesta en el pecho de Neomar requieren de una enorme precisión y de una gran puntería. La diferencia radica en que mientras el primero ejecutó para brindarle una alegría a treinta millones de personas; el segundo ejecutó para dañar, oscurecer, y ensombrecer la luz de toda una nación.

Que los niños, jóvenes y adolescentes de Venezuela pongan el pecho, la frente, y los pasos para sacar adelante a la nación genera esperanza, y demasiada; pero por favor, no hay que dejarlos solos, no puede dejárseles solos. Así como Peñaranda necesitó de los gritos de un Dudamel en la raya para permitirle a Sosa patear, Neomar, o algún compañero suyo, necesitaba de los gritos de un Capriles o de un Guevara que le indicaran cuáles eran los límites del juego.

Las cientos o miles de veces que vean el video de Samuel pegándole al balón como un Dios, poniéndolo en la escuadra del arco en Daejeon para llevarnos a la final del Mundial, piensen que en su lugar pudo haber estado Neomar; o, peor aún, que en el lugar de Neomar pudo haber estado Samuel.

Cruz Roja

¿Debe intervenir la cruz roja en Venezuela?

Por: Edwins Borges | @EdwinsBorges

En Venezuela, los sucesos y protestas de los últimos 60 días han dejado un saldo de más de 60 muertos y 3000 heridos según cifras oficiales. En estas protestas han surgido varios grupos asistenciales, como los Cruz Verdes y los Cruz Azules, lo que ha llevado a muchos a preguntarse si la Cruz Roja debería o no intervenir. A continuación, daremos respuesta a estas interrogantes.

En el mundo existe el Movimiento Internacional de la Cruz Roja. que esta compuesto por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), La Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja de 190 países. Veamos, citando la información que publica en el sitio web oficial del Movimiento, su propia explicación sobre su misión:

Cometido y misión del CICR

La acción del CICR se funda en los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales, así como en los Estatutos de la Institución –y los del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja– y las resoluciones de la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El CICR es una organización independiente y neutral que se esfuerza por prestar protección y asistencia humanitarias a las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones de violencia. Toma medidas para responder a las emergencias y promueve, al mismo tiempo, el respeto del derecho internacional humanitario y su aplicación en la legislación nacional.

El Movimiento, que cuenta con unos 97 millones de voluntarios, colaboradores y personal empleado en 190 países, está compuesto por:

  • el Comité Internacional de la Cruz Roja,

  • la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y

  • las 190 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Tomando en cuenta la información expuesta anteriormente, podemos comprender en primer lugar que tanto el CICR como la Cruz Roja Venezolana (Sociedad Nacional) por sus principios de imparcialidad no pueden tomar ninguna reacción frente a los sucesos de los últimos días. Además, al no ser un conflicto armado, sino una serie de manifestaciones en contra del gobierno, no esta dentro del campo de acción en el que el CICR interviene. Sin embargo, la Cruz Roja Venezolana a través de declaraciones de su Presidente, el Dr. Mario Villarroel ha dejado claro que ha atendido distintos heridos en las manifestaciones.

En relación al campo de acción del CICR:

“En situaciones de conflicto armado, el CICR se ocupa de dirigir y coordinar las actividades internacionales de socorro del Movimiento. Además, promueve la difusión del derecho internacional humanitario y de los principios humanitarios universales. Al ser garante de los Convenios de Ginebra, el derecho internacional confiere al CICR el mandato permanente de visitar prisiones, organizar operaciones de socorro, reunir a familias separadas y emprender otras actividades humanitarias durante los conflictos armados.

El CICR también trabaja para cubrir las necesidades de desplazados internos, sensibilizar a la opinión pública sobre el peligro de las minas terrestres y los residuos explosivos de guerra, y de buscar a personas desaparecidas en conflictos armados”.

Siguiendo esta idea, en Venezuela no existe el escenario para que el CICR pueda ejercer su autoridad como garante del Derecho Internacional Humanitario, porque, a pesar de que sí existe una situación de tensión, este no ha escalado a niveles de conflicto armado y se ha mantenido en un nivel de manifestaciones y represión.

Ahora veamos el plano de acción de Federacion Internacional de la Cruz Roja:

La Federación Internacional es una organización humanitaria mundial que coordina y dirige la asistencia internacional en casos de desastre natural o causado por el ser humano en situaciones ajenas a conflictos armados. Su misión es mejorar la vida de las personas vulnerables movilizando el poder de la humanidad.

La Federación Internacional colabora con las Sociedades Nacionales para intervenir en caso de catástrofes en cualquier parte del mundo. Sus operaciones de socorro se combinan con actividades de desarrollo que abarcan programas de preparación para desastres, actividades de salud y asistencia, así como la promoción de valores humanitarios.

La Federación Internacional apoya programas de reducción del riesgo y lucha contra la propagación de enfermedades como el VIH/SIDA, la tuberculosis, la gripe aviar y la malaria. Además, actúa por combatir la discriminación y la violencia, y promueve la defensa de los derechos humanos y la asistencia a los migrantes.

Todas estas actividades forman parte de Agenda Global de la Federación Internacional cuyos objetivos son:

  • Reducir el número de muertes, heridas y daños causados por los desastres.
  • Reducir el número de muertes, dolencias y perjuicios relacionados con enfermedades y emergencias de salud pública.
  • Aumentar la capacidad de las comunidades locales, la sociedad civil y la Cruz Roja y la Media Luna Roja para abordar las situaciones de vulnerabilidad más urgentes.
  • Promover el respeto a la diversidad y la dignidad humana y reducir la intolerancia, la discriminación y la exclusión social.

Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja encarnan la labor y los principios del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en 190 países. Las Sociedades Nacionales actúan como auxiliares de los poderes públicos de sus propios países en el campo humanitario y ofrecen una serie de servicios, entre los que se incluyen el socorro en casos de desastre y los programas sanitarios y sociales. En tiempos de guerra, las Sociedades Nacionales ayudan a la población civil afectada y brindan apoyo a los servicios médicos del ejército cuando la situación lo requiere.

En este caso, las criticas y denuncias que ha recibido por distintos medios  la Cruz Roja Venezolana a través de redes sociales no tienen ningún fundamento ni base, debido a que esta no estipula en su acción que debe tomar parte en la situación del país. No podemos emitir juicio contra un organismo que no puede ejercer acción alguna dentro de la situación de tensión. Es cierto que la situación del país requiere de apoyo, sin embargo, debe venir de los organismos que tienen el deber de hacerlo.

HAMPAWEB

Hampa con uniforme

En la Fiscalía Octogésima Primera del Ministerio Público del Área Metropolitana de Caracas cursa desde hace dos semanas una denuncia en contra de la PNB, cuyos funcionarios golpearon e intentaron robar a nuestro editor mientras cubría la protesta que tenía lugar el sábado 20 de mayo en Chacaito. No es, desgraciadamente, una denuncia aislada: desde que comenzaron las manifestaciones han sido cientos, y puede que miles, los casos de ciudadanos y periodistas robados por funcionarios policiales y militares. No hablamos ya del uso indiscriminado de la fuerza, esa tentación siempre latente en gente con poder y armas; tampoco del soborno o del chantaje, esas formas elegantes del robo, sino del más bajo y rastrero bandidaje. Teléfonos celulares, cámaras, relojes, billeteras e incluso zapatos han sido robados por estos ladrones uniformados que actúan con una desvergüenza e impudicia alarmantes. La vileza de estos delincuentes es aún mayor que la del hampa común, que por lo menos se juega la vida y se expone en cada atraco; ellos ni eso: son intocables, actúan en grupo, investidos de autoridad, y, por si fuera poco, roban a los ciudadanos con las motos y las armas que esos mismos ciudadanos, impuestos mediante, les proveen. Es tan repulsivo, tan indigno y sobre todo tan injusto todo esto, que sólo se puede remediar con un castigo ejemplar: la detención y la expulsión de por vida de estos delincuentes de los cuerpos policiales y militares. No bastan comunicados ni ambiguas declaraciones insulsas, exigimos acciones categóricas. Mientras no las haya, y mientras todo haga pensar que no se trata de actuaciones aisladas sino más bien sistemáticas, en esta revista usaremos el adjetivo ‘delincuentes’ para referirnos a los miembros de estos cuerpos de seguridad. Y no será animosidad, tirria ni nada semejante, sino el ejercicio riguroso y cabal del oficio que ejercemos, que nos exige llamar las cosas por su nombre. Y el suyo es ese.