BELLOWEB

“No hay salida democrática”

En Venezuela no hay salida democrática. Ese es el crudo diagnóstico de Ramón Muchacho, uno de los alcaldes que padeció en carne propia los zarpazos de la dictadura y que, ante su inminente detención, decidió escapar del país para seguir haciendo política fuera de las rejas. Le habían quitado su pasaporte meses atrás –cuando regresó de su gira por Chile y Perú– y no estaba dispuesto a que le quitasen también su libertad. Con contactos, dentro y fuera del país, logró escapar hacia Estados Unidos, donde le concedió una entrevista al showman y periodista estrella Fernando del Rincón. “El problema de Venezuela es mucho más grave (que las regionales). El problema real es que Venezuela es un país donde hay una dictadura y donde no hay salida democrática”, soltó convencido. Para Ramón, las posibilidades de una resolución institucional y consensuada de la crisis se fueron reduciendo en el tiempo a medida que el gobierno avanzaba con su plan dictatorial. La ANC fue el límite, la gota que rebasó el vaso, y a partir de ese momento, afirma Muchacho, la esperanza se esfumó. “Es mejor que reconozcamos la realidad y con base en eso empecemos a hacer propuestas, en vez de que nos sigamos engañando. Si todavía seguimos pensando que hay forma de sentar al gobierno para que por cualquier forma no violenta, con su participación activa y con su voluntad, entregue el poder, es porque todavía no entendemos quiénes están gobernando en Venezuela”. Entonces, ¿estaría de acuerdo Muchacho con una intervención militar?: “Cuando Trump lanza esa advertencia lo que le está poniendo es una papa caliente en la mano a los gobiernos de la región para que éstos digan: ‘Intervención militar no. La opción es esta’. Cuando encuentras que no hay opción, llegas a la conclusión de que la alternativa militar, digamos lo que digamos, condenémosla o aplaudámosla, puede terminar siendo inevitable para los Estados Unidos. Porque si tú ves las opiniones que emite la CIA, el departamento de Estado, ¿qué dicen? Que Irán está allí, Rusia está allí, Hezbollah está allí, el terrorismo está allí, allí en Venezuela”.

CHAVISMOWEB

El chavismo 13 años después

Dice el comediante Ricardo del Búfalo que Venezuela tiene cuatro estaciones: campaña, elecciones, depresión y protesta. Visto lo visto, tras dos décadas de Revolución Bolivariana, resulta imposible llevarle la contraria. La era chavista, desde este lado de la acera, no ha sido otra cosa que campaña, elecciones, depresión y protesta. Hemos vivido el período de los jingles pegajosos, la veintena de comicios, la melancolía omnipresente y las marchas interminables. El país es un círculo vicioso, un cuento que no deja de morderse la cola para volver a empezar. Una y otra vez. Duele decirlo, pero ‘La Salida’ comenzó en 2002 y hasta ahora no ha tenido éxito, aunque sí matices. Hoy se cumplen 13 años del día favorito del gobierno: 15 de agosto de 2004. Fue en esa fecha, luego de vencer en el referéndum revocatorio, cuando más se sintieron indestructibles. Con la victoria del máximo líder, ponían fin a unas protestas que iniciaron en 2001, tuvieron su clímax en el trágico 11 de abril del año siguiente, pasaron por el paro petrolero, siguieron durante todo el 2003 y, ante el fracaso de diálogos estériles, terminaron, cómo no, con campaña, elecciones y depresión. Una depresión que duró tanto que por un tiempo no hubo ni protesta, sólo resignación: la oposición se saltó las estaciones del año siguiente (2005) y volvió a vivirlas con el insípido Manuel Rosales. Otra vez: campaña, elecciones y depresión. Con RCTV vendría la protesta y, por primera vez, una falla en la Matrix. La oposición conocería la quinta estación: euforia (2007). La misma que sentiría ocho años después (Parlamentarias), pero que inevitablemente desembocaría en los períodos ya conocidos. En 2017, más que nunca, Venezuela se ha encontrado con su primavera-verano-otoño-invierno particular. Ante tanta protesta, el chavismo aplicó su fórmula favorita. Aunque, a diferencia de 2004, esta vez no tenía los votos suficientes para ganar. Ni siquiera el apoyo necesario para meter la coba. Por ello, inventaron una elección extrañísima y unos números inverosímiles. Si en 2004 les creyó hasta Bush y la OEA, ahora Smartmatic los ha dejado mal frente al mundo. No obstante, la oposición sigue escuchando el Vivaldi más ácido. Las cuatro estaciones siguen su curso y el país está a la espera de que por fin, de una buena vez por todas, mejore el tiempo y cambie la melodía.

wpid-wp-image-1899441602.jpg

Van en serio

Mike Pence citó hasta a Bolívar. Como el niño que hace bien la tarea y quiere agregarle valor a su exposición, el vicepresidente de Estados Unidos apeló al Libertador para transmitirle a Venezuela, al continente y al mundo, que su preocupación por la situación del país suramericano es pura y genuina, que está empapado en el tema y que, de verdad verdad, trabajará por buscarle una solución a la crisis. Las declaraciones de Pence aparecen en el contexto de la gira que inició en Colombia y pasará por Argentina, Chile y Panamá. Con Santos al lado –presidente vecino y uno de los principales enemigos de Maduro– Mike se encargó de enmendar la frase incendiaria que Trump había dicho el pasado viernes (“Tenemos muchas opciones respecto a Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesaria”) y que había convertido la irrisoria retórica chavista en una coartada perfecta para vender la idea de que los males del país son culpa del Imperio. Aquellas declaraciones no sólo fueron rechazadas por las voces más destacadas del PSUV, sino también por la Mesa de la Unidad, países como Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y México, el secretario Almagro y hasta el propio Pentágono. La comunidad internacional, que quede claro, no ve con buenos ojos una solución armada para resolver el conflicto. El último precedente en la región es Panamá, hace ya 28 años (caso Noriega: 1989), por lo que una intervención militar luce obsoleta en estos tiempos. Conocedor del entorno, el vicepresidente yanqui descartó la idea, pero sin perder contundencia en su alocución: “No aceptaremos que surja una dictadura en nuestro hemisferio, el pueblo merece algo mejor. El venezolano, que fue libre, ahora tiene que soportar la brutalidad del régimen de Maduro”. La tierra de Bolívar sigue en los primeros puestos de la agenda norteamericana, junto a Corea del Norte y Medio Oriente. Trump ya había adelantado en Miami el año pasado que, de ganar la presidencia, su gobierno sería un martillo contra Cuba y Venezuela. Y hasta ahora, tras la reunión con su gabinete de seguridad el pasado jueves y la incipiente gira de Pence, parece que será coherente con su discurso. Los gringos van en serio.

tarekweb

El máximo responsable

Apenas su firma, solo eso, habría bastado para ahorrarnos todo este problema y sobre todo estos muertos. Si cuando el pran Maikel y su tren de magistrados delincuentes disolvieron la Asamblea, el Defensor, como jefe del Consejo Moral Republicano, hubiera apoyado la declaración de falta grave hecha por la Fiscal, entonces los magistrados golpistas hubieran sido destituidos y la AN reestablecida con todos sus poderes. Se lo pidieron los diputados, la gente que salió por millones a la calle, la comunidad internacional, e incluso su propio hijo. Pero él siempre dijo que no. Esa fue su respuesta invariable: no, no y no. Y de aquellos polvos estos lodos: esa terquedad suya, ese empecinamiento, lo que trajo fueron muertos, heridos y detenidos a granel. Él se limitó, altivo y soberbio como ha sido toda la vida, a bloquear gente en twitter y a condenar, siempre por la red social, algunos de los casos más graves de violaciones de DDHH, todo el tiempo con la coletilla argumental de que la violencia era de lado y lado, y como si no hubiera un patrón sistemático de violación de DDHH por parte del Estado como lo acaba de comprobar la ONU. Tanta fidelidad terminó dando frutos: cuando la ANC destituyó a Luisa Ortega Díaz como Fiscal General, le dieron el cargo a él… el cual aceptó. Ello, a pesar de que anteriormente lo había despreciado y rechazado por no tener “tripas” para eso: “No estoy para estar imputando ni encarcelando. No estoy en contra de quienes son fiscales, pero lo mío es la defensa y la protección de los DDHH. Cada quien a lo suyo”, le confesó a Pedro Penzini López el 27 de junio. Pero las tripas se le acomodaron en poco más de un mes: el cargo lo asumió rápidamente y con todas las de la ley. El mismo lunes despachó desde Parque Carabobo y hasta rueda de prensa dio, explicando que la condena de su antecesora fue atreverse (vaya osadía) a tocar al TSJ: “LOD propició su definitivo desenlace porque presentó una serie de denuncias a los miembros del TSJ”, dijo, y allí quedó retratado: él jamás lo hizo (ni lo hará) y por no hacerlo (volvemos al inicio) es que estamos aquí.

TRAGEDIWEB

La tragedia de estar unidos

Venezuela pasó del Pacto de Punto Fijo al conflicto ‘escuálido’-chavista.  De votar por un oligopolio político a sufragar a favor o en contra de un proceso: la Revolución Bolivariana. Del blanco y verde adecocopeyano al azul y rojo ‘pitiyanqui’-antimperialista. El país tiene años, décadas, sin poder elegir. Hugo Chávez rompió con el binomio de la IV para instalar la recalcitrante polarización de la V. O estabas con él o eras un traidor vendepatria. Los grises desaparecieron y la gama de colores se mantuvo estrecha. La oposición se dio cuenta de que, para competir contra aquel fenómeno electoral, debía agruparse. Si picaba la torta estadística, los números no le darían para vencer. Las fuerzas, en cualquier campo de batalla político, debían estar unidas. Por eso, la Coordinadora Democrática emergió en 2002 para dictar el precedente y la Mesa de la Unidad recogió el testigo. Nacieron como organizaciones de composición diversa pero de propósito compartido. El fin les obligaría a acoplar sus medios. Cientos de cerebros, miles de ideas, un único objetivo: cambiar el gobierno. La primera sucumbió ante las discrepancias y la segunda vive su peor crisis. La pluralidad de pensamiento empieza a pasar factura. Todos los partidos coinciden en que Venezuela necesita un cambio, pero no se ponen de acuerdo en cómo llegar a él. De la indecisión ha venido la falta de contundencia y de ella surgió la escasa o nula coherencia. Compuesta por gente de derechas y de izquierdas, por adecos y “lechuguinos”, marxistas y liberales, socialdemócratas y exchavistas, a la MUD le ha costado elegir con qué guion enfrentar al PSUV. Pública fue la riña entre Allup y Guevara y público ha sido el deslinde entre Vente Venezuela y la Unidad. Voluntad Popular, partido que había compartido hasta ahora la línea de María Corina Machado, fue arrastrado por la corriente y decidió no tomar los riesgos de quedar fuera del tablero político que representan unas insólitas regionales. Cabe preguntarse: ¿algún partido opositor tiene la fuerza suficiente para arrastrar todo el descontento? ¿La MUD como organización política, como estructura, ha caducado? ¿Debe replantearse? ¿O es que acaso nunca ha sido viable? ¿Será, quizás, que en política, contrario a lo que pasa con la física, polos opuestos han nacido para repelerse siempre? No lo sabemos. Nuestra certeza es una sola: si de ponernos griegos y clásicos se tratara, esta tragedia no merecía otro nombre que la de estar unidos.

ANALISISWEB

Antidemocráticos y torturadores

Al chavismo siempre le interesó ponerse el traje democrático. Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Democracia participativa y protagónica. Liderazgo obrero. Políticas para las mayorías y decisiones adaptadas a sus necesidades. Con esa máscara llegó al poder, consiguió aliados y legitimó su accionar en clave internacional. Más allá de sus rencillas con Mr. Danger, Uribe y el ‘maldito pueblo de Israel’, el gobierno de Chávez procuró crear amigos por todo el globo terráqueo, unos a punta de chequera, otros con mera diplomacia. En América Latina coincidió (y propició) el auge de la izquierda de los Lula, Kirchner, Correa y Evo Morales y en el resto del mundo tuvo camaradas más polémicos como Fidel Castro, Al Assad y Gadafi. Hasta al viejo Carter se lo trajo para dar a entender que incluso con el Imperio se podía dialogar. Encantador de serpientes, el Comandante conocía la importancia de quedar bien frente a los ojos del planeta Tierra. Ojos que hoy, a casi un lustro de su muerte, coinciden en dos impresiones: en Venezuela impera una dictadura y hay violación sistemática de los derechos humanos. Los últimos en pronunciar la primera aseveración fueron los cancilleres y representantes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, quienes suscribieron la Declaración de Lima, un documento que aborda varias aristas de la crisis venezolana y cuyas resoluciones son las siguientes: desconocer a la ANC, apoyar al Parlamento y a la Fiscal General, desaprobar el gobierno de Maduro, apoyar la implementación de la Carta Democrática y la decisión del Mercosur y condenar las violaciones a los derechos humanos. Sobre este último punto, la ONU emitió ayer un comunicado contundente: los tratos crueles, inhumanos y degradantes no son aislados, sino sistemáticos. Los allanamientos violentos de viviendas, las bombas disparadas a corta distancia, el uso de metras, tuercas y tornillos para dispersar y las torturas a las personas detenidas en protestas son procedimientos rutinarios en los cuerpos de seguridad del Estado. El mundo ya está claro: son antidemocráticos y torturadores.

machado_ledezma_lopz

Las piedras en el zapato de la dictadura

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Sabía lo que le esperaba. Preso desde febrero de 2015, había perdido espacio en la opinión pública nacional. Su liderazgo, desde la distancia, estaba mermado. En popularidad, sufría los embates del olvido. A Antonio Ledezma la insignificancia le carcomía y decidió disparar un último cartucho desde la cárcel que dos años atrás le habían asignado: su hogar. No era el primer mensaje que colgaría en YouTube –el día del plebiscito y el pasado 26 de julio subió comunicados–, pero sí el más contundente.

Con temple y voz profunda, Ledezma señaló, desde la autocrítica, el camino que debía tomar la oposición venezolana. Preciso, puntual y certero, enumeró cada uno de los errores de la Mesa de la Unidad Democrática. “Asumidos todos los riesgos, he decidido mandar este mensaje”, dijo al empezar su alocución, para luego pasar a la lista de fallos: permitir que el chavismo echara del hemiciclo a los diputados de Amazonas, dejar que Maduro gobernara por decreto ante un supuesto desacato y dialogar a escondidas.

“No se pueden ganar batallas, cuando nos derrotamos nosotros mismos”, sentenció el sexagenario Antonio, como abuelo que reparte lecciones a sus nietos. No tendrá en la maleta los mil refranes de Allup, pero irradia la sapiencia de los zorros más viejos de la política.

Según Ledezma, el secretismo generó rumores. Aunado a ello, la oposición pecó al elegir a los dirigentes menos indicados para conversar con el gobierno, esos que velaron por libertades personales y no por la liberación de todo el pueblo de Venezuela. Allí, en República Dominicana, la mesa de negociación enterró el revocatorio. “A veces la gente no entiende nuestras propias contradicciones, cuando ve que nos metemos autogoles y que nosotros mismos diluimos nuestros triunfos, porque a veces priva la vanidad. A veces los egos se convierten en demonios tormentosos”.

Unas contradicciones que, por cierto, no pocas veces han confundido a quienes día a día patean calle: “marche mañana, no marche mañana, pare mañana, no pare mañana, marche a las 12, no marche a las 12. Esos son pequeños detalles que a veces conspiran contra nuestros esfuerzos”. Pequeñísimos detalles como, por ejemplo, ir a unas regionales con este Consejo Nacional Electoral, propuesta defendida por Acción Democrática y Henry Ramos Allup.

“Ahora vienen a plantearnos elecciones regionales. Yo no me imagino a nadie que sea leal a la lucha que ha dado el pueblo inscribiéndose, haciendo una fila india para inscribirse en ese Consejo Nacional Electoral (CNE). Bastante que le aguantamos a este CNE, que protagonizó este domingo una de las estafas más burdas”, opinaba Ledezma antes de que el plan de AD fuese anunciado al país.

Antonio, junto a Leopoldo López y María Corina Machado, era de los que opinaba en 2014 que la salida del gobierno era urgente y que, llegado el 2015, lucía impostergable. El fundador de Alianza Bravo Pueblo perteneció en sus inicios a Acción Democrática e incluso fue una figura cercana a Carlos Andrés Pérez, pero hoy, con 62 años, sus ideas para salir de la crisis están más cerca de Voluntad Popular y Vente Venezuela que del histórico partido blanco de Rómulo Betancourt.

A su lado, y en la misma lucha, tiene al enemigo número uno del PSUV (inhabilitado por el gobierno desde el 2008 por temor a su potencial) y a la mujer que se atrevió a hablarle de frente al expresidente Chávez en la Asamblea Nacional. Con el primero remará desde la cárcel, mientras que la segunda será la voz fuera de ella. Por sus posturas incorruptibles, se han convertido en las piedras en el zapato de la dictadura.

LETRASWEB

Las 9 letras de la fiscal

“Fiscal / traidora / ya te llegó la hora”. La consigna se cantó en la Plaza Bolívar la madrugada del lunes y se escuchó en cadena nacional en toda Venezuela. La decían como respuesta a las palabras que Maduro pronunciaba contra el Ministerio Público, al que ya el sábado había calificado como el primer objetivo de la Constituyente. No habían transcurrido 24 horas cuando ya la Fiscal respondía. Lo hacía desde la sede del Ministerio Público (MP), rodeada de su plana mayor y con un discurso netamente institucional a flor de labios: me atacan como cabeza del MP porque estamos investigando la corrupción, explicaba, y pasaba de inmediato a la faena: el caso Oderbrecht. “Nueve letras nada más”, dijo la Fiscal, haciendo uso magistral de la intriga, para comenzar a soltar números: “30 mil millones de dólares es el monto que el estado venezolano le pagó a Odebrecht en 11 obras de infraestructura que están inconclusas”. Este caso, asomó, “ha puesto a tambalear a los grupos del poder”, para luego agregar que el MP había “corroborado que hay muchos  funcionarios activos que aparecen involucrados en esas irregularidades”. Entre ellos, y aunque no lo dijo, el presidente Maduro. $11 millones en efectivo no declarados le dio Nicolás en 2012 a la publicista brasileña Mônica Moura para que trabajara en la campaña para la reelección de Chávez, según declaró su esposo. “El entonces canciller Nicolás Maduro exigió que Mônica Moura recibiese casi todos los valores pagados (…) en negro, a través de pagos hechos por las empresas Oderbrecht y Andrade Gutierrez”, se lee un documento hecho público en mayo por la justicia brasilera, con la que Ortega Díaz ha tenido contacto –“el Fiscal General de Brasil ha sido muy colaborador y respetuoso y ha atendido nuestras solicitudes”, dijo en entrevista con ‘O Estado de Sao Paulo’–. Nueve letras tiene la Fiscal, “nueve letras nada más”, con las que puede remecer al poder.

MAZOWEB

¿Con el mazo gobernando?

“Vamos a continuar la obra de Chávez. Así nos cueste la vida, lo vamos a hacer. Yo les digo, señores de la oposición, ustedes tenían que haber rezado mucho para que Chávez siguiera vivo, porque Chávez era el muro de contención de muchas ideas locas de esas que se nos ocurren a nosotros”, amenazó Diosdado Cabello el 23 de marzo de 2013. El líder de la Revolución Bolivariana no llevaba ni un mes de muerto y al oriundo de Monagas ya se le caía la baba de sólo pensar en todo el poder que ahora atesoraría. Pero había un problema: él no era el elegido. Chávez había preferido al guardaespaldas que le cuidó recién salido de Yare y no a su compañero de armas del 4F. Su opinión firme, plena, como la luna llena, era que, en unas hipotéticas elecciones, sus seguidores apoyasen a Nicolás. ¿Por qué Maduro y no Cabello? Los rumores no tardaron en salir e incluso Capriles Radonski insinuó que el por ese entonces presidente de la AN no acataría la orden del jefe supremo y se impondría al otrora chofer de autobús. Aquello no ocurrió y fue negado por Diosdado en varias oportunidades: “No. Yo no tengo nada que ver (risas). Yo ya fui presidente en el 2002 gracias a la derecha. Cuando estaba en la Asamblea, mientras el comandante Chávez estaba enfermo, me decían: ‘Te queremos, Diosdado’. Querían que yo fuera presidente, que asumiera yo. No vale, yo soy un soldado de esta revolución. He cumplido las misiones que me han dado sin ver para atrás, sólo pensando en la revolución bolivariana”, le dijo a un periodista de Globovisión el 18 de octubre de 2016. Sin embargo, la percepción de que el militar quiere agarrar el coroto ha estado rondando el ambiente desde hace tiempo. Incisivo en el verbo y con la inmunidad de los más poderosos, Diosdado se sienta todos los miércoles, desde la trinchera televisiva del Estado, a repartir insultos y amenazas por doquier a ‘María Asesina’, ‘El Monstruo de Ramo Verde’ y los demás dirigentes opositores. Con una Asamblea Constituyente omnipotente, puede que el PSUV haga un enroque y que la elocuencia soez de Cabello llegue a la presidencia. Ya avisaron que no creerían en nadie. Instalada la ANC, empezarán a gobernar con el mazo dando.

OPOSICIONWEB

El laberinto de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

La oposición vivió durante mucho tiempo bajo la cobija de una gran mentira: ‘somos más, somos mayoría’. El engaño era comprensible y tenía sus raíces en las entrañas de la política (nadie apuesta a caballo perdedor), pero carecía de un analgésico que paliase el dolor tras cada derrota electoral. La pastillita del fraude algo calmaba, aunque tenía severos efectos secundarios. Uno de ellos, quizá el más importante, era la desmovilización. ‘Si me van a robar mi voto, ¿para qué ir a sufragar?’, fue un pensamiento que años después costó cielo y tierra remover de millones de cerebros venezolanos.

Tuvieron que salir voceros, candidatos y analistas a decir que aquello de la trampa electrónica no era cierto, que la triquiñuela tenía que ver más con el sufragio inducido y los centros remotos, que lo importante, a ciencia cierta, era tener los testigos de mesa suficientes, pero de que había que votar, había que votar. Aquel limbo electoral costó caro, carísimo (2005: prohibido olvidar), e hizo que la oposición perdiera gobernaciones, alcaldías y diputados a mediados de la década pasada. Como el estudiante que sólo se prepara para los finales, el antichavismo centró sus esfuerzos en las presidenciales del 2006, pero ya era demasiado tarde. Tarde para ganar esas elecciones y tarde para recoger la semilla mental que habían sembrado. El fantasma de la desconfianza estaría allí para siempre.

Única en el mundo, la política venezolana es tan peculiar que te permite estar equivocado y tener la razón al mismo tiempo. Jugar a la abstención y a la pataleta del fraude contra un chavismo que no aguantaba dos pedidas para contarse hizo perder tanto terreno a la oposición que hasta tuvo que empezar de cero. El problema llegó cuando, después de alcanzar la tan anhelada mayoría, su rival, la Revolución Bolivariana, perdió el gusto por las urnas electorales. Tras las Parlamentarias 2015, el chavismo decidió que la gula no volvería (20 elecciones en 17 años) y que ahora tendría un apetito moderado y de platos excéntricos.

Esquivar votaciones, a partir de ese momento, pasaría a ser política de Estado. Con Tibisay al mando, sería imposible competir en una batalla comicial. Teniendo al TSJ revolucionario en contra, la AN serviría de poco o nada.

Ningún camino lleva a Roma

 “Ofrecimos que en un lapso de seis meses contados a partir de la instalación de la Asamblea Nacional propondríamos un método, un sistema, para cambiar el gobierno por vía constitucional”, recordaba Henry Ramos Allup tras ser electo presidente del Parlamento. Era 5 de enero de 2016 y la oposición confirmaba una promesa de campaña: ‘En junio les diremos cómo sacar a Maduro’. Dos años atrás Leopoldo lo había intentado con la certeza de que la calle era la salida y aquello había terminado con el líder preso y las avenidas vacías.

El triunfo del 6-D, no obstante, permitía ser optimista: por primera vez en diecisiete años de Revolución Bolivariana la oposición daba paliza en una elección. Era apenas su segunda victoria en veinte comicios, pero los 7.7 millones de votos y los 112 diputados le permitirían debutar como cabecilla de un Poder Público. Algo de azul entre tanta institución roja rojita. Controlarían el Legislativo, que a diferencia del Electoral, el Ciudadano y el Judicial, es un poder elegido por votos y no por las manos negras del nepotismo y la corrupción, esas que, paradójicamente, habían dominado la AN en los últimos tres lustros con un solo objetivo: pintar un Estado unicolor.

La Asamblea Nacional, ya se sabe, es un súper poder: con ella a su merced, Diosdado Cabello armó un TSJ revolucionario, mantuvo a la eterna Tibisay como jefa del CNE y conformó el trinomio del Consejo Moral Republicano: Tarek William Saab (Defensor), Luisa Ortega –“Pido disculpas por haber permitido que fuese Fiscal General”– y Manuel Galindo (Contralor). Por tal razón, las sorpresivas dos terceras partes obtenidas por la oposición invitaban a soñar. Cambiar al gobierno dejaría de ser una utopía y la MUD tendría con qué ir equilibrando la correlación de fuerzas con el chavismo, corporación aglutinadora por excelencia.

Tres eran los métodos que estaban sobre la mesa para sacar a Nicolás Maduro de la presidencia. Eran propuestas de diferentes partidos: enmienda constitucional para eliminar la reelección indefinida y recortar el período presidencial a cuatro años (Causa R), una Asamblea Nacional Constituyente para renovar los Poderes Públicos (Voluntad Popular) y un referéndum revocatorio (AD y PJ). Al final, Henrique y Henry se impusieron: tocaba entonces empezar a recoger las firmas.

El Consejo Nacional Electoral, otro poder militante, aplicó la operación morrocoy e hizo de la recaudación de rubricas un proceso aún más largo y engorroso: firmar, validar, cotejar, contrastar, retirar, comprobar, verificar y un sinfín de pasos más que alargarían hasta 2017 los comicios, para tranquilidad del Partido Socialista Unido de Venezuela. Eso sin contar que las recolecciones serían proporcionales por Estado y no de ámbito nacional.

“Yo tengo una fórmula. Es 10 de enero y el referendo se hace, suponte, en marzo. Sacan a Nicolás. Bueno, el que sea vicepresidente asume la presidencia, ¿verdad? Nombra a Nicolás de vicepresidente y a la semana renuncia. Todo dentro de la Constitución. A la semana renuncia y el artículo 233 dice que recibe la presidencia el vicepresidente. ¿Qué van a hacer? ¿Otro referendo?”, dijo por ese entonces Diosdado Cabello, tan campante como siempre.

La fórmula, sin embargo, ni siquiera tuvo que implementarse: tribunales penales, junto al CNE, anularon el proceso y la oposición quedó a la deriva. En la conmoción convocaron la Toma de Venezuela y anunciaron un juicio político contra Maduro. Después vino el diálogo y se enfrió todo: la oposición empezó a dejar de creer en sus dirigentes, esos  que tantas veces habían prometido que la caída del régimen estaba cerca y quienes a principio de año aseguraban que en tan sólo seis meses le dirían al país la receta mágica para sacar a Nicolás de Miraflores. Muchas promesas, pocos resultados. Sentarse con el enemigo, en esas circunstancias, desplomó el empuje que el 6-D había significado. El país seguiría igual, con el chavismo atornillado en el poder.

No hay vuelta atrás

“Si nos quitan la oportunidad de decidir puede pasar cualquier cosa y no queremos un estallido social”. Faltaban casi seis meses para que las sentencias 155 y 156 desataran la locura en el país, pero Capriles, en octubre de 2016, ya hablaba con preocupación sobre una posible eclosión en Venezuela. Las salidas constitucionales a la crisis habían sido bloqueadas y el descontento, en algún momento, iba a reventar.

Por oscuro e infructuoso, aquel diálogo fue caldo de cultivo para que, en la actualidad, optar por esa alternativa genere repulsión en gran parte de la oposición venezolana. ¿Sentarse a conversar con quienes bloquearon descaradamente el RR con una política sucia e inconsciente? ¿Buscar soluciones junto a las personas que convirtieron la Asamblea Nacional, que tanto sudor había costado y que en el papel tanto poder tenía, en una institución anodina e ignorada? ¿Discutir con dirigentes que propusieron una ANC adulterada como supuesto mecanismo para garantizar la paz? Aunque Rodríguez Zapatero haya llegado a última hora, todo indica que el choque de trenes es inevitable.

La Unidad, que ha pecado siempre de desmovilizadora, carece de otra puerta de salida: al saberse mayoría, no puede aceptar un diálogo en el que sea otro quien imponga las condiciones. Agotadas las vías legislativas y electorales, irá hasta el final con la presión de calle. Una calle que en el pasado no ha dado resultados pero que, a día de hoy y por ahora, es la única respuesta al conflicto. Ya son casi dos décadas de chavismo y la oposición, cuando juró haber encontrado el camino indicado, chocó contra el muro de la perversión. Deberá desviar su camino y volver a pasar por rutas que antes descartó, pero que en la actualidad parecen ser el único escape que tiene el laberinto.