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El disfraz del año: José Luis Rodríguez Zapatero

Último día del Carnaval. La fiesta se acaba, los disfraces se agotan y las máscaras se caen. Toca elegir al rey de la fiesta. Al que nos engañó mejor. Al más falso de todos. Candidatos no faltan. Pero hay uno en particular que durante el año hizo y acumuló méritos de sobra para entrar en la categoría de ganador indiscutible. Se llama José Luis, se apellida Rodríguez Zapatero, fue durante dos legislaturas presidente de España y actualmente es uno de los integrantes de la mesa de negociación del gobierno. Mentira. Ése es el disfraz: el de un ex–presidente demócrata, socialista, moderado, razonable y simpático, que, generoso él, viene a Venezuela a tratar de mediar entre el gobierno y la oposición. Siempre sonriente, hablando bajito y despacio, con la frase prudente a flor de labios, tratando de escuchar a las dos partes, de ser ecuánime y justo en sus apreciaciones, así se muestra. La realidad es muy distinta. Cuando las cámaras no graban y las reuniones son privadas, allí, entonces, aparece como realmente es: un operador político de la dictadura. Es él quien se encarga de las propuestas indecentes. Fue él quien le propuso a Leopoldo su libertad a cambio del Revocatorio; y es él también quien recientemente llegó proponiéndole a la oposición un pacto: Maduro hasta 2019 a cambio de las elecciones regionales. Ése es el trabajo que hace. Por eso es el disfraz del año.

ARTUROWEB (1)

Arturo Peraza: “vivimos una tiranía del pranato”

Para él hace rato dejó de ser democracia pero todavía no es dictadura sino “tiranía del pranato”. Así intenta definir lo que vive Venezuela el ex provincial de los jesuitas, Arturo Peraza. Hombre escéptico por naturaleza y muy crítico con el gobierno y la oposición, el sábado pasado participó en un foro de Espacio Público en el que luego de dar el diagnóstico de lo que padecemos, examinó cuáles podrían ser los escenarios políticos por venir, para concluir que el más probable de todos es que esto devenga “en una dictadura leninista” con la Asamblea y los partidos disueltos, y los diputados presos. Según Peraza, el gobierno se encontró en la encrucijada de evaluar qué era más costoso: ir a unas elecciones con el riesgo de perderlas o instaurar de facto una dictadura. “Los dos tienen costos. El problema es cuál es el mayor costo en la psiquis del gobierno, y creo que el mayor costo es que la oposición gane algunos espacios más”. ¿Por qué Peraza cree eso? Para él, la respuesta hay que buscarla en octubre, con el asesinato judicial del Revocatorio: al haberlo logrado sin ningún costo político, el gobierno entendió que podía no contarse “y se atrincheró en una especie de castillo medieval”. El encarcelamiento de Gilbert Caro, diputado de la AN, sin ningún costo político, fue otro de los factores que lo convenció. “¿Reacción política interna? ¿Reacción política internacional? Nada. ¿Cuál es el freno entonces?”. De allí que, “representada por gente del Frente Francisco de Miranda, que ha pasado a gobernar con Maduro, siendo su mejor expresión el vicepresidente Tareck El Aissami”, Peraza vea indicios del proceso de instauración de la dictadura. ¿Alguna alternativa viable? Descartada la salida militar (con poca posibilidad de éxito para él), podría, quizás, quedar otra: “un [nuevo] gobierno pactado con el sector empresarial en la búsqueda de una reactivación del aparato productivo bajo el acuerdo de impunidad para la corrupción, sobre todo con respecto a la Fuerza Armada, que sería lo que le daría sostenibilidad a ese proceso intrachavista”. ¿Quién lo encabezaría? Diosdado Cabello.

AGUSTINWEB

Lo de Venezuela se llama dictadura y no sale con elecciones

Historiador, escritor, profesor universitario y actual director de la Cátedra Pío Tamayo y del Centro de Estudios de Historia Actual, Agustín Blanco Muñoz lo tiene claro: lo de Venezuela se llama dictadura. “No una dictadura del proletariado sino de los militares, del partido militar, de sus policías, unidos al poder narco-delincuencial, que tiene estructuras políticas civiles que le sirven de vidrieras [para mostrar una] supuesta democracia de voto en ficción, de libertad y respeto a los derechos humanos”. Así lo dijo en una entrevista con el semanario ‘La Razón’. Para él, no es cierto tampoco que se trate de una dictadura antimperialista: “Los micrófonos difunden cualquier mensaje pero la realidad habla por sí sola. Estados Unidos (EEUU) es nuestro primer socio comercial y primer propietario del petróleo desde las primeras décadas del Siglo XX y, para complemento, han puesto en sus manos buena parte de las riquezas mineras del sur. El Arco Minero es la mejor muestra de lo que es el reparto al capital financiero encabezado por EEUU, Canadá, China y Rusia”. Siguiendo esa misma línea de análisis, Blanco Muñoz no ve clara una salida electoral: “Aquí no tendrá resultado el ‘¡Maduro vete ya!’ ni aquello de ‘¡elecciones ya!’. Una dictadura militar-policial-narco-delincuencial-civil ni se va ni se cuenta objetivamente. Y las oposiciones carecen de una política para enfrentar esta situación que tiene rasgos nuevos (…) esas oposiciones tienen que fajarse a comprender qué pasa hoy aquí. Porque si lo supieran no estarían pidiendo elecciones ya, ni nada parecido. Estarían plenamente ligadas al colectivo-pueblo para establecer el qué y el cómo se hará, en el entendido de que esta situación requiere de la participación colectiva para lograr su superación”. Ahí lo dejamos.

TRUMPWEB (2)

¿Sacará Trump a Maduro?

#Análisis: Es uno de los pocos hombres que previó, cuando todos los medios y analistas sugerían lo contrario, la victoria de Trump en Estados Unidos. Del nuevo mandatario gringo maneja información de primera mano, por lo que su opinión resulta interesante. César Vidal se llama, es español, abogado y escritor, y en días recientes estuvo en el programa de Patricia Poleo en Miami. Consultado por lo que podría hacer el nuevo presidente de EE.UU con Venezuela, esto fue lo que dijo: “Yo creo que es absurdo esperar que EEUU va a llevar a cabo los cambios de régimen que no han llevado a cabo los nacionales del país (…) Esta administración tiene como punto de arranque ocuparse exclusivamente, de manera casi total,  de los problemas domésticos. Y la información que yo tengo, de personas que han hablado directamente con Trump, es que él tiene estudiado hasta el último detalle cuáles van a ser las nuevas autopistas, los nuevos ferrocarriles, los nuevo aeropuertos, cómo piensa crear empleo, cómo va a cortar una serie de subvenciones para emplearlas en acuíferos; todo eso lo tiene absolutamente bien estudiado, y lo que sale de las fronteras de EEUU le importa muy poco. Incluso, su política de llegar a algún tipo de distensión con Rusia es por el hecho de que así no se tiene que ocupar de lo que pasa en Oriente Medio ni de lo que haga Putin desde Moscú, sino de su país. Si eso va a cambiar ya lo iremos viendo. Pero la voluntad es ocuparse fundamentalmente de EEUU. Y si alguien espera que la situación en Venezuela vaya a cambiar por una intervención norteamericana tiene una esperanza absolutamente vana e ilusoria. Con otro problema adicional: en el pasado, cabía la posibilidad de que EEUU respaldara un golpe de estado, como sucedió en Chile en 1973. Eso es imposible a día de hoy. Y la gente que sueña con un golpe de estado militar en Venezuela que allane el camino hacia la normalidad constitucional, de nuevo está soñando”. Ahí lo dejamos.

OJOCONELWEB

Este es el hombre que podría unir a Maduro y Trump

Igor Sechin es su nombre. Preside la petrolera rusa Rosneft, es íntimo de Vladimir Putin y podría ser el hombre clave en las relaciones entre la Venezuela de Maduro y los Estados Unidos de Trump. Así, al menos, lo sugiere la agencia estadounidense Bloomberg, en un informe fechado hace dos días. “Analistas e inversionistas tratan de evaluar qué actitud adoptará el gobierno de Trump hacia Venezuela (…) Rex Tillerson, el elegido de Trump para secretario de Estado, encabezó un enfrentamiento con Venezuela cuando era jefe de Exxon Mobil y Chávez nacionalizó los activos de la empresa en el país. Pero Tillerson también tiene una relación de larga data con Igor Sechin, presidente del directorio de Rosneft PJSC, el gigante petrolero ruso, y un viejo aliado de Chávez y Maduro que viaja con frecuencia a Venezuela”. Según una vieja nota de Runrunes, Sechin es, casi, el emisario de Putin en Venezuela: “El presidente de Rosneft ha visitado mucho Caracas y muy especialmente el Palacio de Miraflores y Fuerte Tiuna, como hombre de confianza plena de Putin y Medvedev y artífice de los arreglos mil millonarios que con respecto a la venta de aviones, armas, viviendas y extracción pagada de petróleo en nuestro territorio que ha hecho Rusia con el gobierno rojo rojito”. ‘The Economist’ lo describe como “uno de los hombres más temidos de Rusia e instrumento esencial de poder de Putin”. Entre él y Rex Tillerson, el nuevo Secretario de Estado (canciller) de USA, existe una relación “larga” (The Washington Post), “cercana y personal” (The Economist). “Mr. Sechin -escribió la publicación británica- está ahora preparado para convertirse en un intermediario entre Moscú y Washington”. Y muy probablemente, también, en el poderoso intercesor de Caracas ante Washington. Ahí se lo dejamos.

Heinz-Dieterich

Dieterich: Estamos en las puertas de una dictadura militar

#Análisis: Fue, hasta 2007, uno de los asesores e ideólogos de la revolución bolivariana. Alemán de nacimiento y sociólogo de profesión, Heinz Dieterich trabajó cerca de Hugo Chávez y le dio bases teóricas al “socialismo del siglo XXI”. De allí que sus análisis tengan cierto prestigio. Y lo que dice en el último es interesante. En su opinión, “la constitución del ‘Comando Nacional Antigolpe’ y el nombramiento de Tareck El Aissami como su coordinador y nuevo Vicepresidente Ejecutivo colocan a Venezuela en la antesala de la dictadura militar abierta. Es el último dispositivo disponible de un Estado y modelo en agonía, previo a la instalación de un régimen militar abierto. Significa la amenaza con la fuerza brutal”. Para Dieterich un cambio de rumbo en la situación del país sólo puede provenir de 3 fuentes, a saber: “a) una mayor intervención de Washington; b) un levantamiento popular y/o de clase media; c) un cambio en la correlación de fuerzas dentro del aparato militar”. ¿Y la oposición, y la Asamblea? A ninguna le arrienda la ganancia: “la camarilla en el poder no entregará el Estado bajo ninguna de las modalidades institucionales que la oposición promueve en sus simulaciones y ‘reality shows’ parlamentarios. El diálogo con la Internacional Socialista y el Vaticano, por ejemplo, es un foro mediático y nada más. La modificación real del status quo sólo vendrá por uno de los tres escenarios mencionados anteriormente. Lo demás son memes propagandísticos y deseos filantrópicos que desconocen la realidad darwinista de las sociedades de clase y el papel de la violencia en ella”. En su cierre, Dieterich deja en el aire una pregunta: “El nombramiento de El Aissami y la formación del Comando Antigolpe representan la política madurista de siempre: improvisaciones tácticas, carentes de estrategia y perspectiva. Mientras tanto, el país sufre las consecuencias de este circo político, en el cual entretienen los gladiadores y payasos de dos camarillas de la clase dominante. A diferencia del circo romano, el pueblo está ausente. ¿Hasta cuándo?

banescoweb

La profecía de Merton y Banesco

La teoría la creó, expuso y explicó el sociólogo estadounidense Thomas Merton: “La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición ‘falsa’ de la situación, que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva ‘verdadera’”. Suena a trabalenguas pero es más sencilla de lo que parece. Y para entenderla nada mejor que una novela, ‘Traficantes de dinero’, de Arthur Hailei, en la que un grupo de personas pelean por tomar el control de un banco. Pero se trata de una institución sólida, solvente y bien administrada, que difícilmente pueda venirse abajo. Es entonces cuando deciden lanzar a la calle un rumor: que el banco está quebrado. Son persistentes en propagarlo, y logran que permee en los clientes, quienes, alarmados, comienzan a sacar su dinero en masa. La retirada masiva de dinero descapitaliza el banco y logra finalmente que se vaya a quiebra. La profecía falsa termina entonces haciéndose realidad por los mecanismos explicados por Merton. Todo ello viene a colación por lo sucedido en los últimos días con Banesco, banco que ha sido víctima de una sospechosa campaña de desprestigio ejecutada desde las más altas esferas de poder. “Banesco es Banco Nacional Socialista y Comunista de Venezuela”, dijo el viernes, así como de pasada, Maduro en una alocución desde Miraflores transmitida por VTV. Ayer, además, fue hecha pública una sentencia del TSJ sobre un juicio de hace varios años que el banco perdió, y fue propagada (y magnificada) como un intento de embargo o cosa semejante. Todo, de una forma bastante sospechosa que hace recordar a Merton y su profecía. De parte de la ciudadanía queda no convertirse en los tontos útiles que hagan que ésta se cumpla.

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Sin militares no habrá salida

Lo dice Luis Ugalde, sacerdote jesuita, historiador y ex rector de la UCAB, quien el sábado pasado, en un foro hecho por Espacio Abierto, hizo un análisis acerca de la situación política del país cuya conclusión final no fue otra sino que sin apoyo militar no habrá manera de salir de esta dictadura en la que estamos. Ugalde se remontó al 23 de enero de 1958, una jornada cuyo éxito estuvo en que se trató de una alianza cívico-militar que dio al traste con la dictadura de Pérez Jiménez, y en la que un militar, Wolfgan Larrazábal, fue quien tomó el poder y encabezó la transición. Para el ex rector de la UCAB es imprescindible que en la actualidad surja un actor de ese tipo: “en las circunstancias de una dictadura militar, que es la que tenemos, si no hay resquebrajamiento en el mundo militar y voluntad decidida de restablecer la democracia [va] a ser muy difícil lograr una solución a los problemas del país”, dijo, según recoge la reseña de Enrique Meléndez en NoticieroDigital. Aunque para Ugalde la persona que encabece la transición no tiene necesariamente que ser un militar, sí es imprescindible que cuente con el apoyo de ellos; de lo contrario duraría al mando, como mucho, unos tres meses dada la magnitud de las medidas que debería tomar. ¿Y cuáles serían éstas? Elecciones con un nuevo CNE para finales de 2017; libertad de los presos políticos; apertura de un canal humanitario; reactivación del aparato productivo; reconocimiento de la AN; refinanciación de la deuda; unificación cambiaria; recuperación del sector educativo; activación de políticas sociales;  recuperación del control de armas y garantía de la seguridad ciudadana. Escenario en el que, si no hay militares demócratas de por medio, “no habrá nada que hacer”. ¿Existirán militares empeñados en restablecer la democracia y encabezar este proceso? He allí el detalle.

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¿Y ahora qué?

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Olvidémonos del documento con los acuerdos alcanzados el sábado entre gobierno y oposición, y centrémonos en un largo texto colgado ayer a las 9 de la mañana en la página web de la UNIDAD. Es él el que verdaderamente voltea las cartas y permite responder todas las preguntas que hay a esa hora sobre a qué juega la MUD y con qué.

¿Cómo entiende la MUD la situación actual de Venezuela?

Como un secuestro:

“El secuestrador está armado, y tiene rehenes. La Venezuela democrática es mayoría, una mayoría desarmada.  Esa mayoría desarmada está enfrentada a una cúpula que es minoritaria, pero esta armada hasta los dientes.”

Es una lectura que puede compartir la mayoría, si no la totalidad, de la oposición: esto es una dictadura criminal que tiene secuestrado el derecho al voto de los venezolanos. Hasta ahí todos de acuerdo; es decir, que a partir de aquí comienzan las discrepancias:

¿Cómo pretende salir la MUD de esto?

De la manera menos traumática, más legal, constitucional y pacífica posible.

¿Tiene un plan para ello?

Sí, y jura haberlo comenzado a poner en marcha el pasado sábado.

¿En qué consiste?

Amazonas + AN + CNE = Elecciones o RR

¿Cuál es la lógica de eso?

Una vez solucionado el problema de los diputados de Amazonas (repitiendo las elecciones, probablemente), entonces el TSJ ya no podrá alegar desacato y una Asamblea facultada y reconocida hasta por el chavimo podrá nombrar sin que le puedan poner pero alguno a los dos nuevos rectores del CNE cuyo plazo vence en diciembre, y con ello se podrán hacer unas elecciones mejores

¿Qué es lo que no cuadra en este camino?

Los tres primeros puntos aparecen en el acuerdo y el gobierno está públicamente comprometido a lograrlo. El tema es con qué plazos. La MUD jura que el “perentorio” que aparece en el comunicado se refiere a antes del 4 de diciembre, cuando vence el período de las rectoras. Habrá que ver.

Ahora bien, el cuarto punto de esta ruta, el de las elecciones o el RR (que habría que ver con qué plazos, porque ni en el más optimista parecería dar), no aparece por ninguna parte en el acuerdo.

¿Cómo explica esto la MUD?

“Todo aquel que ha participado en una discusión de contrato colectivo lo sabe: las cláusulas importantes son las que se resuelven al final de todo proceso de intercambio, diálogo o negociación. Y en eso, precisamente, estamos”

La dictadura en boca de Maduro ha dicho que no: que ni elecciones ni revocatorio. Diosdado ha insistido en lo mismo. Y de allí para abajo todos. Es lo lógico y vale de poco. La pregunta: ¿tendrá la MUD la fuerza suficiente para alcanzar todo ello? Eso queda en interrogante. Lo cierto es que este camino requerirá no solo calmarse sino tomarse un lexotanil con un whisky doble: la suya es una partida larga, que va a tomar su tiempo, no será inmediata y puede durar hasta quién sabe cuándo.

¿Pero es la única vía?

No. Desde que se hizo público el comunicado de la MUD comenzaron a aparecer una serie de voces críticas a plantear alternativas. Y voces serias. Comenzando por la de Leopoldo López, quien desde la cárcel de Ramo Verde, vía twitter, ha planteado un camino de calle, presión y protesta:

“Ratifico mi compromiso con la Unidad, pero ese compromiso no es mayor al que tengo con el pueblo de Venezuela! (…) Debemos retomar lo que en Unidad y desde la AN se asumió como un compromiso ante el pueblo de Venezuela (…) No caigamos en la falacia de pensar que si no hay diálogo entonces habrá violencia. La lucha y el ejercicio de los derechos es el camino (…) Debemos ejercer y demostrar la mayoría en los dos espacios de lucha que nos ha dado el pueblo: la AN y las calles de Venezuela (…) Un Gran Movimiento de Defensa de la Constitución para que la AN declare el abandono del cargo de Nicolás Maduro (…) Debemos retomar la agenda de protesta cívica y constitucional. Ese derecho es irrenunciable! (…) Solo la presión popular de calle organizada, generará las condiciones necesarias para conquistar el cambio que Venezuela clama”

Henrique Capriles Radonski, el otro líder de la oposición, también ha llamado a la calle:

“Tenemos que retomar de inmediato agenda de movilización popular en todo el país. Es una tarea de todos. La crisis cada día es peor: Pongamos nuestro centro de atención y acción en lo que queremos los venezolanos, no en lo que digan los voceros del Gobierno”

Y lo mismo María Corina Machado:

“El dolor es inmenso. La urgencia es real. Y crecen cada día. Éticamente es inconcebible pretender que esperemos más mientras destruyen lo que queda. Está claro: el horizonte electoral de este  diálogo es, si acaso, en 2018. Cada uno de nosotros, venezolanos, tiene que tomar su decisión. No nos rendimos, ni renunciamos a nuestros derechos. Tenemos la fuerza, la razón y la Constitución. Es la hora de actuar y de avanzar. Es ahora. Los venezolanos no claudicamos. Nadie tiene derecho a negociar nuestros derechos. Es la hora de la lucha ciudadana por la salida de la dictadura ya.

¿En qué consistiría esta vía? 

De momento, no resulta fácil saberlo, pero la fórmula que han dejado ver podría ser la misma que se paralizó cuando inició el diálogo

Calle + AN = Salida de Maduro

¿En qué consistiría exactamente la calle?

Eso está por verse. Y lo está por quiénes convocarían, a qué convocarían y a dónde convocarían. El Movimiento Estudiantil, María Corina y una parte de VP no han logrado en los dos últimos jueves llenar más de tres cuadras. Pero la situación es distinta y el apoyo de Capriles suma bastante.

¿En qué consistiría exactamente la AN?

Dos vías hay: la declaración de responsabilidad política (juicio político, lo llama María Corina) que consiste en una sanción moral del Poder Legislativo al Presidente que termina dejando en manos del TSJ la posibilidad de destituirlo; o la declaración de abandono del cargo del presidente, que podría terminar en elecciones en 30 días. ¿Su obstáculo? La interpretación: ¿es abandono de cargo que el presidente ejerza mal el poder, que sea un pésimo presidente? Si la respuesta es sí, entonces podría proceder. Pero si no, no. ¿Y quién podría interpretar esto? La Sala Constitucional…del TSJ.

¿Bastarían solo esas dos cosas para cambiar de gobierno?

Ciertamente hace falta tener más claridad en las propuestas para poder evaluar claramente la posibilidad de éxito que tengan. Pero de momento, pareciera que haría falta que a ese binomio se sume algún otro actor de peso para lograr la salida de Maduro.

¿Se podrían engranar ambos caminos, el de la MUD y el de la calle?

Si la MUD no se rompe, si consigue una solución perfecta que armonice mesa de diálogo con calle y haga viables ambas propuestas, estaríamos, quizás, ante un milagro mucho mayor que el que el Nuncio pedía para el diálogo.

De momento, ello es lo primero que está por verse.

Luego, vendrá lo otro.

Pero, salvo alguna eventualidad, todo parece indicar que el camino será largo.

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¿Son los gringos unos dementes populistas?

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Un montón de blancos ignorantes, retrógrados y fanatizados, seducidos por un caudillo populista. Ese es, con sus matices, el relato que una parte importante de la opinión pública está haciendo de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Desde la madrugada, las redes sociales y unos cuantos medios se han visto inundados de mensajes entre apocalípticos y fatalistas en los que se señala y acusa a una legión de necios norteamericanos, resentidos y sin educación, que, idiotas ellos, se dejaron llevar a la ruina por un monstruo mitológico ante el que el propio Hitler palidecería. Pero puede que la realidad sea un poco diferente y que los norteamericanos lejos de ser masa embrutecida y enloquecida que hoy tantos pintan, sean incluso una gente que razonablemente eligió de acuerdo con sus intereses, que no necesariamente son los nuestros. A continuación, algunos puntos a considerar.

MÁS QUE UN PERSONAJE

Lo primero a considerar es que, aunque parezca increible e incluso imposible, Donald Trump era mucho más que el personaje altisonante que aparecía vociferando en los mítines, y que fuera de las consignas tenía una serie de propuestas. Evidentemente lo mediático, lo que se resaltaba y lo que nos llegaba eran sus exabruptos, insolencias y frases polémicas, pero decía y proponía muchas más cosas, de las que no solíamos estar ni ligeramente bien enterados.

DICE LO QUE PIENSA

Políticamente incorrecto, grosero, altanero, maleducado, descortés, insolente, tosco, irreverente, vulgar, ‘bully’. Sobran los adjetivos para describir al Trump de los mítines, y casi todos son negativos. Pero mientras desde afuera lo escuchábamos escandalizados, el votante norteamericano veía otra cosa: autenticidad. “Voté por Donald Trump. No sé mucho, no soy muy educado. Pero él dice lo que se le pasa por la cabeza. No le da miedo opinar cosas que pueden irritar a los demás”, le dijo AP un joven y dio con la clave: Mientras en la otra acera estaba una política de carrera, experta en caer de pie tras mil batallas, maestra del disimulo, que calibraba cada palabra, mesuraba todas sus frases y decía solo lo justo; en esta acera aparecía un hombre que no disimulaba, decía lo que le salía del forro, y con el que al menos se podía tener la certeza de saber con exactitud lo que pensaba. ¿Era eso populismo? Ojo a la diferencia porque vale y sirve para responder:  una cosa es decir lo que la gente quiere oír, lo que la gente quiere que se le diga, y otra decir lo que a uno le de la gana. Lo primero es manipulación, lo segundo es autenticidad, y a Trump, allá, se le percibía auténtico. A Hillary, no.

PRO-VIDA

Después de las nada pudibundas conversaciones que se revelaron durante la campaña y de sus menos castas opiniones sobre las mujeres, puede que Donald Trump no fuera ese modelo de virtud que atrajera al hombre religioso estadounidense (que existe, vota y tiene su peso, aunque todavía haya quien piense que EEUU es un país de ateos). Pero nuevamente tenía en frente una Hillary Clinton que lo hacía parecer un chico bueno: ella se identificó de lleno y de frente con los grupos abortistas, a los que incluso les ofreció fondos públicos de llegar a ganar. Y allí el votante religioso lo tuvo claro: no es que votaría a favor de Trump (quien se mostró pro-vida en los debates, aunque esto bien podría ser una impostura) sino en contra de que llegara a la Casa Blanca una señora que iba a financiar con el dinero de sus impuestos lo que para ellos era no sólo un pecado sino también un crimen.

MENOS IMPUESTOS – MÁS PROTECCIONISMO

Ha sido una de sus grandes promesas electorales y de las que más seducen al americano: la reducción impositiva. Aunque el plan de Trump beneficiaba de manera clara a los más ricos, también implicaba una considerable reducción para los ingresos medios. Luego está el tema del proteccionismo: defender lo hecho en casa, darles prioridad a los productos norteamericanos, gravar lo importado. En los últimos años no han sido pocas las empresas norteamericanas que se han sido de EEUU para otros países donde las condiciones son más favorables, y que generan puestos de trabajo y empleo en otras naciones. Una reducción de impuestos y la promesa de proteger lo hecho en casa hace que el retorno luzca viable, incentiva el crecimiento de las empresas que ya están e implica un aumento en la producción de los ‘made in USA’. Y para el americano ello es más que deseable porque significa más empleo. Así de sencillo.

AISLACIONISMO

“Estados Unidos ante todo”. Esa frase resume la que podría ser la línea maestra de la política internacional de Trump, quien durante la campaña se mostró reacio a seguir participando en guerras que no le supongan ningún beneficio a EEUU; y esto, para el americano promedio, que suele ser aislacionista, es algo más que tentador: las guerras se financian con sus impuestos y los soldados que las libran son sus hijos, por lo que tienen poco o ningún interés en continuar siendo parte de conflictos en los que no tienen arte ni parte, que suceden en países que ni siquiera pueden ubicar en el mapa. Frente a ello, aparecía en la otra acera una Hillary Clinton que como Secretaria de Estado fue agresivamente intervencionista, sobre todo en los países árabes, donde sus incursiones terminaron siendo un desastre (en vidas y dinero) que fortalecieron a un Estado Islámico que ahora es toda una amenaza.

INMIGRACIÓN

Sus palabras contra los inmigrantes fueron duras y sus propuestas peores. Sobre todo al inicio, ya que luego las fue suavizando. Pero el punto es que hay casi 11 millones de inmigrantes ilegales en EE.UU y eso es un problema que tienen que resolver, y al que incluso Obama, tan querido, le ha puesto manos a la obra: su administración ha sido la que más inmigrantes ha deportado. El Trump radical le dio al americano la esperanza de arreglarlo con prontitud y además la seguridad (y esto es importante) de que allá no va a pasar lo de Francia, país al que una política de frontera abierta terminó por convertir en caldo de cultivo para reclutar y formar terroristas que han terminado cometiendo atentados allí. Eso los aterra y allí la mano dura de Trump parece más que deseable.

ANTI-PODER

Se le ha tildado de anti-sistema, pero sería más preciso hablar de un hombre anti-poder. No iba contra el sistema americano como tal, sino contra los grupos de poder que lo han manejado. Y la diferencia es importante: al americano le gusta su sistema y su democracia, y hasta se enorgullece de ella, pero cada vez más siente que se encuentra tomada por una serie de grupos de poder o lobbys, a los cuales Hillary Clinton representaba muy bien. Olvidemos su carrera política (ex primera dama, ex senadora, ex Secretaria de Estado) y centrémonos en sus apoyos: Wall Street (aunque parezca sorprendente Trump quiere aumentarles los impuestos a los gestores de fondo de la bolsa), Hollywood, la casi totalidad de los medios de comunicación, el lobby sionista (los multmillonarios judíos aportaron $154 millones a su campaña, siendo sus principales financistas), los lobbys feminista y gay, entre otros. Ante ello, votar a Trump significaba, por paradójico que suene siendo él lo que es, darles una patada a esos grupos de poder, decirles que ese país fundado por la gente (we the people) sigue siendo de la gente y que será la gente, la voluntad de la gente, la que lo gobierne, y no la opinión ni el gusto ni los intereses de unos grupos que tienen mucho dinero, poder e incluso influencia pero que no representan ni al 10% de la población. Nuevamente: no era un voto anti-sistema, sino un voto anti stablishment, anti grupos de poder. Y eso, para un país con tanta épica ciudadana, es siempre tentador.

Son apenas algunos aspectos poco conocidos de la campaña, de los que casi nadie habla (es más fácil explicarlo todo desde los prejuicios y reducir el resultado a la simple victoria del odio, el racismo, etc) tras los cuales se puede evaluar con más base si los gringos son entonces esa masa embrutecida y loca seducida por un demagogo populista que pintan hoy tantos, o una gente que votó razonablemente por lo que parecía que les convenía.