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¿Buen o mal resultado?

La de Atlas cargando al mundo es una imagen que bien puede ilustrar lo que significó realizar la consulta de ayer: sin CNE, sin Plan República, sin los centros electorales de siempre, sin poder hablar de ella en los medios ni mucho menos hacer campaña y con apenas tres semanas para montarlo, el Plebiscito fue, en primer lugar, una prueba de fuego logística y operacional cuya magnitud solo pueden valorar, en su justa dimensión, quienes participaron de ella. Sobran testimonios de jornadas de trabajo diarias de 18 y 20 horas, de reuniones hasta el amanecer, llamadas interminables y mil tareas por hacer. No faltan, tampoco, las historias desesperadas de aquellos que abrumados por el peso de todos los pendientes que había hasta el sábado en la tarde estuvieron a punto de tirar la toalla. Nada de eso se vio pero todo sucedió. Y además con recursos justos y apelando al empeño voluntarioso y desinteresado quienes lo organizaron, que trabajaron mucho y cobraron poco (o nada). Ya sólo por allí, que la consulta se haya llevado a cabo del modo impecable en el que se llevó, bastaría para sentirse satisfechos. Ahora bien: el resultado. 7.186.170 fue la cifra que dieron los rectores, con 95% de las actas escrutadas. Fue conocerla y decepcionarse muchos. ¿Por qué? Por la cantidad de humo que se dejaron vender: la gente (cadenas de WhatsApp y opinadores y políticos irresponsables mediante) esperaba un número industrial (11 millones) hecho a base de producción artesanal. Y eso, por más entusiasmo y voluntad que haya, es imposible. Bastaría apenas insertar, dentro del contexto ya explicado, un solo dato para entenderlo: el del número de mesas. Ayer había 14 mil mesas, cuando en cada elección lo usual son 45 mil. A partir de allí, extrapolando e intrapolando, es que se puede hacer alguna remota comparación con los procesos electorales. A partir de allí tiene sentido preguntarse: ¿si en un plebiscito improvisado se sacaron 7,2 millones, cuántos (más) no podrían obtenerse en una elección normal? He allí el detalle.

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El chavismo contra el voto

Por: Juan Sanoja | @juansanoja

La llamada V República había sido, para bien o para mal, un régimen obsesionado con el ámbito electoral. Hasta hace no mucho, el chavismo se jactaba de gobernar bajo una máxima marketera: el cliente –es decir, el pueblo– siempre, siempre, tiene la razón. Ante cualquier duda, inconveniente o capricho, la tolda roja no titubeaba al declarar que la mejor (y única) solución era consultarle al pueblo para ver qué pensaba, puesto que en él residía la soberanía y su sapiencia, construida a lo largo de los años, era imprescindible para aprobar o rechazar las propuestas de la revolución. La memoria histórica del venezolano, argumentaba el de Sabaneta, estaba curada en salud para no repetir los errores del pasado, esos que habían llevado al país al sacudón de 1989.

Así lo hizo saber desde el principio, cuando en el primero de sus interminables soliloquios citó a Bolívar –“Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando convoca la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta” – para iniciar una explicación, en su discurso de investidura de 1999, que convenciera a la audiencia sobre el despertar de un pueblo que por su propia acción, por sus propios dolores, por sus propios amores, había recuperado la conciencia de sí mismo y clamaba por un cambio, por una revolución.

“No hay individualidades todopoderosas que puedan torcer el rumbo de la historia: absolutamente falso ese concepto. No hay caudillos beneméritos y plenipotenciarios que puedan señalar y conducir y hacer el camino de los pueblos; mentira. Se trata de una verdadera revolución y de un pueblo que la galopa”, dijo Chávez meses más tarde en la primera sesión de, ironías de la vida, una «soberanísima» Asamblea Nacional Constituyente que había pasado, pedido expreso del presidente, por un referéndum aprobatorio.

El pueblo siempre tuvo la razón y no hubo objeción alguna hasta que empezaron a torcerse las cosas. La terca insistencia por aprobar leyes que en 2007 el soberano ya había rechazado fue el presagio para algunos y la confirmación para otros de que aquello, más que un convencimiento insoslayable, era una pieza más de la labia revolucionaria, esa que a tanto venezolano había convencido, tantas elecciones había ganado y tan necesaria sería en la última campaña de Hugo Rafael Chávez Frías: “Alguna gente pudiera estar inconforme por fallas de nuestro gobierno: que no arreglaron la calle, que se fue la luz, que no llegó el agua, que no conseguí empleo, que no me han dado mi casa (…) de todos modos lo que está en juego el 7 de octubre no es si asfaltaron o no la calle, lo que está en juego no es si me han dado la casa o no me la han dado, lo que está en juego no es si yo estoy bravo con los dirigente regionales… ¡No! Lo que está en juego es mucho más que eso, camaradas. ¡Nos estamos jugando la vida de la patria el 7 de octubre!”.

Hasta las Parlamentarias 2015, la hegemonía electoral de chavismo era apabullante: 18 votaciones ganadas y sólo una derrota en 17 años de revolución. La ‘victoria pírrica’ conseguida por la generación 2007, ese grupo de muchachos que despertó tras el cierre de RCTV y logró lo que hasta ese momento parecía imposible, era la única alegría azul hasta entonces. Pero había matices.

En 2010, cuando esperaba demoler, el PSUV tuvo que conformarse con una amarga mayoría simple en la Asamblea Nacional. Había sacado sólo 100.000 votos más que la MUD y la coalición opositora aprovechó el momentum para, sumándose los electores del PPT, comenzar a enunciar un slogan que, sin ser del todo veraz, tenía mucho de verosímil: “Somos Mayoría”. Ramón Guillermo Aveledo, por ese entonces secretario del bloque antigobierno, tenía la esperanza de que, con esa base electoral, la Mesa de la Unidad Democrática pudiese vencer en las presidenciales que se harían dos años más tarde.

La esperanza no se volvió realidad, pero los números no fueron malos. Del 63% vs. 37% que había sido el Chávez contra Rosales, la oposición llevó su porcentaje al 44% y sumó más de dos millones de votos en seis años. El líder de la revolución llamó a Capriles para reconocerle que había tenido que hacer un esfuerzo físico extra para realizar más actos de campaña, puesto que la candidatura del gobernador de Miranda estaba pisando muy fuerte.

A partir de esa votación, lo que ocurrió en el país en materia electoral fue todo un rara avis: en 2013 Capriles recortaría casi millón y medio de votos en apenas un mes de campaña frente a Nicolás Maduro y a punto estuvo de tomar la presidencia. Sin embargo, a finales de ese año, en lo que tenía que haber sido un plebiscito, la MUD obtuvo sólo el 39% de los sufragios en las elecciones municipales. El Dakazo fue un salvavidas político para el primer mandatario, quien construyó una narrativa en torno a la guerra económica y a la culpabilidad de usureros y especuladores en los males que aquejaban al país.

Así, como un boxeador de varios K.O. y una única derrota, llegaba el chavismo a las elecciones Parlamentarias de 2015. Siempre soberbio, siempre imprudente, el PSUV estaba convencido de que le metería ‘medio ñame’ a la oligarquía traidora. El 6 de diciembre, no obstante, la revolución bolivariana cayó por primera vez a la lona y desde entonces ha estado aturdida. El ring electoral, antaño lugar predilecto del oficialismo, empezó a causarles pavor a los hijos de Chávez.

Su arma principal, su escudo de mil batallas, ya no les servía. El pueblo había dejado de tener la razón y había que encaminarlo, razón por la cual un referéndum revocatorio, una pelea electoral en el ring, no iba a ser posible bajo ninguna circunstancia. “Nosotros no estamos obligados a hacer ningún referéndum en este país”, dijo Maduro. “Aquí no va a haber referéndum”, confirmó a gritos Diosdado.

No, no y no. Olvídense de eso, señores de la derecha. No tenemos por qué contarnos. Antes nos gustaba muchísimo, pero ya no tanto. Ese Parlamento está en desacato y nos importa un carajo que haya sido elegido a punta de votos, a punta de gente. La solución para este país es una Asamblea Nacional Constituyente que garantizará la paz. Es tan obvio que ni se lo tenemos que preguntar al pueblo.

Un pueblo al que, por cierto, ya habían ignorado con las sentencias 155 y 156 del TSJ y que pasarían por alto otra vez al plantear una reforma al Estado sin preguntarle a él si estaba dispuesto o no, si consideraba que esa, y no otra, era la panacea contra la escasez de alimentos, la falta de medicinas, el aumento acelerado de los precios y la inseguridad asfixiante.

Y de tanto olvido y tanto desdeño, la misma gente que tantas batallas les había permitido ganar, empezó a darles la espalda. Según Datanálisis, que pese a la cólera de la oposición más radical siempre dio ganador a Chávez, la propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente sólo es considerada una solución por el 17,8% de los venezolanos, casi el mismo porcentaje de personas que hoy en día se definen como chavistas.

Como el gobierno no permitió otra salida a la crisis, la oposición, que había llamado a protestar tras la ruptura del hilo constitucional por allá en abril, continúo en la calle tras la convocatoria a una ANC sin referéndum previo. En marchas, trancazos, asambleas y plantones se le fueron 100 días hasta que, en busca de llevar la presión a un siguiente nivel, decidió hacer eso que el gobierno trató de evitar a toda costa: una consulta popular.

Decíamos hace dos semanas que era el último cartucho para frenar la propuesta chavista en un país en el que la institucionalidad se había ido al garete. Como no se podía contar con el Consejo Nacional Electoral –poder que aplicó la operación tortuga con el revocatorio y que, cara lavada, montó una Constituyente en una sentada y dos carpetazos– la MUD tenía que armar su propia elección, con los pros y los contras que eso acarrearía.

El principal hándicap era que, al no tener un árbitro imparcial, el resultado que de la votación deviniese no tendría efecto alguno en el organigrama político del país. Para más inri, como la Unidad pagaría y se daría el vuelto, había que buscar que el proceso fuese lo más legítimo posible, que las cifras que arrojase fuesen coherentes y creíbles. Por tal razón, la oposición acudió a la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA) para darle cierta credibilidad a los comicios. La palabra de los expresidentes Laura Chinchilla (Costa Rica), Vicente Fox (México), Andrés Pastrana (Colombia), Jorge Tuto Quiroga (Bolivia) y Miguel Ángel Rodríguez (Costa Rica) serán la garantía de que los números que dé la MUD estén acordes con la decisión de los venezolanos.

Conviene no engañarse y saber que lo de mañana no es otra cosa que una acción de calle más, una marcha electoral que devolverá a la gente la ilusión de votar y una oportunidad de hacer un sondeo que, si se vende bien, servirá para dos cosas: subir la moral opositora (“¡Somos 10 millones!”) y aumentar la presión hacia el chavismo, cuya única vía de escape, ante la fuerza de los hechos, será apelar a los vacíos procesales de la elección: ¿Cómo verificar que una persona no votó dos veces? ¿Cómo comprobar que las cifras son ciertas si no habrá cuadernos de votación con los que cotejar, ni testigos de mesa oficialistas a los que preguntar? ¿Por qué incluir a los mayores de 18 años que no están inscritos en el Registro Electoral? Estas y otras cuestiones serán exprimidas por la maquinaria propagandística roja, que minimizará el 16J a más no poder.

En cuanto a proyecciones, Capriles comentó que Datanálisis espera que sean 11 millones de venezolanos los que acudan a los puntos soberanos para manifestar su postura. Según el zorro de la fuente electoral, Eugenio Martínez (@Puzkas), Datincorp sostiene que más de 8 millones de personas están decididas a votar mañana. Cualquiera de las dos cifras sería positiva, si se toma en consideración que para revocar a Nicolás Maduro se hubiesen necesitado al menos 7.587.780 votos y que en las Parlamentarias la oposición obtuvo 7.707.422 sufragios. No obstante, un número contundente, aplastante, definitivo y necesario para empezar la hora cero con una fuerza descomunal, tendría que estar un poco por arriba de los 8.191.132 electores que en 2012 confiaron en Hugo Chávez para un cuarto mandato presidencial. Habrá que esperar.

SOLDIERWEB

Revolución armada pero pacífica

“La burguesía no respeta nada, ni el imperialismo respeta nada. Ni Constitución, ni leyes, ni paz, ni nada. Arremeten con la violencia del que se siente dueño del mundo, como se sienten dueños del mundo los burgueses venezolanos y todo su poder construido a lo largo de 100 años de corrupción, de asesinato, de violencia contra un pueblo. Por eso la revolución nuestra, hay que recordarlo, es pacífica, pero armada. No se equivoquen, burgueses”. Hugo Chávez se cansó derepetir el oxímoron en concentraciones, consejos de ministros y cualquier acto de gobierno que le permitiera estar en su lugar favorito: frente a una cámara de televisión. Su revolución era pacífica, claro que sí, pero también armada. “A veces a un pueblo no le queda más recurso que la violencia para abrir el camino hacia la razón y hacia la verdad”, predicó con esa pretendida superioridad moral que caracteriza a un sector de la izquierda, ese que se cansó de empuñar armas, secuestrar civiles y atentar contra instituciones durante décadas y que ahora tacha de terroristas a muchachos con piedras y cohetones. Con ese pensamiento chavista, convencidos de que su violencia era la justa, buena y correcta, nacieron los colectivos: paramilitares dispuesto a defender la revolución a sangre y fuego. Con ese pensamiento chavista, y con la impunidad como principal escudo, el Frente de los Círculos Bolivarianos, el movimiento Resistencia Revolucionaria y la Fuerza Motorizada arremetieron contra la Asamblea Nacional el pasado 5 de julio. “Contamos con 12.000 hombres dispuestos a dar la vida por la revolución”, le dijo Ramón Chávez, coordinador del FCB, a Hernán Lugo, periodista de El Nacional. Según el juicio de los colectivos, la Asamblea perdió su legitimidad al tomar malas decisiones y querer llenar de odio al pueblo. Y así, sin respetar nada, ni Constitución, ni leyes, ni paz, ni nada, así, sintiéndose dueños de la verdad y del mundo, un grupo paramilitar asaltó un Poder Público elegido a punta de votos. “Para que este gobierno caiga tiene que haber una guerra. Si la hay, estamos preparados”, advirtió un colectivo a BBC Mundo. De usar la violencia, recuerden, será en busca de la razón y la verdad.

Plebiscito

No vinculante, pero legítimo e influyente

Por: Edwins Borges | @edwinsborges

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) realizo un llamado a plebiscito el domingo 16 de julio, 14 días antes que las elecciones programadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para escoger a los diputados a la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente. Un acto que sin duda alguna podría dar una demostración del descontento de los ciudadanos frente a la crisis que atraviesa el país.

Ante esto presento el artículo 71 de nuestra constitución, que establece:

Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral.

También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia parroquial, municipal y estadal. La iniciativa le corresponde a la Junta Parroquial, al Concejo Municipal o al Consejo Legislativo, por acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; al Alcalde o Alcaldesa, o al Gobernador o Gobernadora de Estado, o a un número no menor del diez por ciento del total de inscritos en la circunscripción correspondiente, que lo soliciten.

Ante esto surge una pregunta: sin el uso del CNE como órgano regulador de los procesos electorales, ¿podría ser vinculante este plebiscito? Veamos cuáles atribuciones tienen el CNE y la Asamblea Nacional según lo establecido por la Constitución en materia de consultas electorales:

Por parte del CNE:

Artículo 293 El Poder Electoral tienen por funciones:

  1. Reglamentar las leyes electorales y resolver las dudas y vacíos que éstas susciten o contengan.

  2. Declarar la nulidad total o parcial de las elecciones.

  3. La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos.

  4. Organizar las elecciones de sindicatos, gremios profesionales y organizaciones con fines políticos en los términos que señale la ley. Así mismo, podrán organizar procesos electorales de otras organizaciones de la sociedad civil a solicitud de éstas, o por orden de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia. Las corporaciones, entidades y organizaciones aquí referidas cubrirán los costos de sus procesos eleccionarios.

En cambio, por parte de la Asamblea Nacional:

Artículo 187 Corresponde a la Asamblea Nacional:

4.Organizar y promover la participación ciudadana en los asuntos de su competencia.

16.Velar por los intereses y autonomía de los Estados.

24.Todo lo demás que le señalen esta Constitución y la ley.

En este contexto, cualquier persona podría decir que el CNE es quien debe realizar el proceso, sin embargo vemos como en el numeral 6 del artículo 293 se establece que las organizaciones deben pedirle al CNE la participación; es decir, que no hay obligatoriedad para que el plebiscito sea realizado por el CNE. También entra el hecho de que al ser una consulta, no tiene una acción vinculante en el Estado, aunque su legitimidad no está condicionada por esto, ya que la Asamblea Nacional puede hacer una consulta por lo establecido en el artículo 71 y los numerales 4 y 16 del artículo 187.

El plebiscito, pese a que su resultado no posee un carácter vinculante, posee una legitimidad que a nivel político puede marcar una diferencia si su resultado favorece al sector opositor, ya que a nivel internacional quedaría en evidencia, no solo por las encuestas, sino por valores probados a nivel nacional e internacional, que los ciudadanos venezolanos quieren un cambio. Que el gobierno tome este plebiscito como algo que no lo perjudicaría sería un error, que a nivel internacional podría pagar muy caro, ya sumándose a que no tiene muy buena imagen en la comunidad internacional. Hacer caso omiso al plebiscito puede desenmascarar un gobierno totalitario y que hace “lo que sea necesario” por mantener el poder.

COWEB

La coherencia de la Fiscal

Es pésima oradora. No pronuncia bien las palabras. Parece que se queda sin aire. La voz se le vuelve un hilito. Tiene constantemente que hacer pausas. Bebe agua a largos sorbos. Pierde los papeles. Y a veces da la impresión de que tiembla. Luisa Ortega Díaz luce como cualquier cosa menos como una gran líder. Y sin embargo es quien ha tomado la cabecera de la rebelión institucional contra la dictadura. Para bien o para mal, esta historia no se va a poder contar sin ella. Pero que nadie se llame a engaños: la doctora Ortega es chavista, cree en el legado y siempre tiene a flor de labios una cita del Comandante. Su corazón es rojo-rojito y late por la izquierda. Eso hay que tenerlo claro. Pero no es lo importante ahorita. La cosa es que Doña Luisa, en lo institucional, está a la cabeza. Y lo consiguió a punta de comunicados mal leídos pero coherentes. Ese es el punto: la coherencia de Luisa Ortega. Puede que no con su pasado de Fiscal-ficha-del-gobierno, pero sí con su denuncia de la ruptura del orden constitucional. Desde el momento de su primer pronunciamiento, la Fiscal se ha mantenido, erre-que-te-erre, sobre lo mismo: no hay estado de derecho y los magistrados del TSJ son ilegítimos. Opiniones más, opiniones menos, eso es lo que dice siempre. “Quienes son ilegítimos son los magistrados del TSJ, que no aguantan una auditoría”, “Continuamos en la presencia de la ruptura del orden constitucional, se sigue violando la Constitución y desmantelando el Estado”, fueron dos perlas de la rueda de prensa de ayer en la que desconoció las sentencias del TSJ que le quitan potestades al MP. Lo resaltamos porque, desafortunadamente, no vemos lo mismo, a nivel discursivo, en los legisladores: ¿o acaso queda alguno que en sus declaraciones se acuerde, así sea de pasada, de seguir exigiendo la destitución del “pran” Maikel y del “tren” de magistrados-golpistas que disolvieron la AN, que fue lo que dio inicio a todo? Y no digamos ya de la olvidadísima declaración de abandono de cargo del presidente en enero pasado. He allí el detalle.

AVISARONWEB

Aristóbulo y Freddy avisaron

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Los videos hielan la sangre. Las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro no llevaban ni una semana cuando Freddy Bernal y Aristóbulo Istúriz salieron a decir barbaridades en una concentración oficialista en el centro de Caracas. Con ademanes de chivo que más mea, de macho alfa cuatriboleado, dos hijos de Chávez, arropados por el poder, lanzaron sendas advertencias. “Nosotros estamos apegados a la Constitución, pero si llegara el momento de que cada hombre y cada mujer de este país tuviera que agarrar una kalashnikov para defender la patria de Bolívar estoy seguro de que estaríamos dispuestos a hacerlo”, dijo Bernal desgañitándose, sin advertir cuánta contradicción albergaba su discurso. El profesor Istúriz no pudo ser menos imprudente y, cual hermano mayor malcriado, lanzó otra amenaza en pleno arrebato: “Después que no chillen, que no estén diciendo ‘Derechos Humanos’. Se están convirtiendo en unos provocadores de crímenes. Lo que están buscando en la calle es un muerto, un muerto que justifique la injerencia en Venezuela”. Castigo del cuerpo, la lengua de Aristóbulo predijo no sólo lo que ocurriría ese día –Jairo Ortiz sería el primer fallecido en protestas–, sino la estampa lúgubre que tendrían las venideras manifestaciones. “Vamos a hacer todo el esfuerzo necesario para no caer en provocaciones, pero eso no quiere decir que no caigamos, podemos caer en provocaciones también. No debemos caer, pero llega un momento en el que o caes o eres pendejo”, sentenció Istúriz hacia el final de su colérica intervención. Casi tres meses y un centenar de muertos después, vaya usted a saber en qué provocación cayó el chavismo, pero lo cierto es que han cambiado el gas del bueno por el plomo parejo. Al asesinato de Fabián Urbina se le suma hoy el de David Vallenilla (22 años), un homicidio a quemarropa.

 

ENCAMPANAWEB

¿En campaña?

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

 “La señora Ortega Díaz pretende convertir al Ministerio Público en un nuevo partido de la cosa esa llamada MUD”, escribió el domingo Tareck El Aissami en Twitter y puede que haya tenido razón. Aunque sólo parcialmente: Luisa sigue siendo chavista. Incluso, en una declaración controversial, le dijo a Vladimir Villegas hace semanas que no, que ella no era una adversaria política de Maduro, que su intención, pura y cristalina, era defender la Constitución, en otro intento por mantener su narrativa intacta: «Únicamente hago lo correcto. Mi motivación es hacer cumplir la ley». Con ese mismo hilo argumental –“Yo no tengo otra pretensión sino el respeto a la Constitución”–, y vestida de Carta Magna, se presentó ayer en el Ministerio Público para repetir algunas consignas (“Tenemos que ser consultados” / “Estaré trabajando para garantizar sus derechos”) y plantear nuevas discusiones (“¿Por qué no hay alimentos ni medicinas? Es importante que los fiscales contra la corrupción indaguen. Hay que dar respuesta” / “¿De dónde sale el dinero para las costosas marchas?”), en el clímax de un acto en el que trabajadores del MP de diversos estados del país apoyaron la gestión de la Fiscal General. El evento contó con personalidades como Nicmer Evans (“La mayoría de los que estamos aquí somos chavistas y estamos defendiendo la Constitución”) y la ex Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez. Si Tareck El Aissami tuviese razón, el de ayer sería el discurso fundacional, la presentación de la candidatura, de la máxima representante de un nuevo partido político. Uno que agrupase a tanto chavista suelto y que rompiese con la bipolaridad de la política venezolana. Dijo Diosdado Cabello que a Ortega Díaz alguien le había metido en la cabeza que ella lideraría una transición, y aunque la Fiscal haya negado la teoría, en la Venezuela de los mil escenarios posibles la hoy aclamada abogada pudiese terminar inscribiéndose en el Consejo Nacional Electoral. El PSUV se ha movido rápido: ante la petición de Pedro Carreño, hoy el TSJ admitió la solicitud de antejuicio de mérito en contra de Luisa.

Cruz Roja

¿Debe intervenir la cruz roja en Venezuela?

Por: Edwins Borges | @EdwinsBorges

En Venezuela, los sucesos y protestas de los últimos 60 días han dejado un saldo de más de 60 muertos y 3000 heridos según cifras oficiales. En estas protestas han surgido varios grupos asistenciales, como los Cruz Verdes y los Cruz Azules, lo que ha llevado a muchos a preguntarse si la Cruz Roja debería o no intervenir. A continuación, daremos respuesta a estas interrogantes.

En el mundo existe el Movimiento Internacional de la Cruz Roja. que esta compuesto por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), La Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja de 190 países. Veamos, citando la información que publica en el sitio web oficial del Movimiento, su propia explicación sobre su misión:

Cometido y misión del CICR

La acción del CICR se funda en los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales, así como en los Estatutos de la Institución –y los del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja– y las resoluciones de la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El CICR es una organización independiente y neutral que se esfuerza por prestar protección y asistencia humanitarias a las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones de violencia. Toma medidas para responder a las emergencias y promueve, al mismo tiempo, el respeto del derecho internacional humanitario y su aplicación en la legislación nacional.

El Movimiento, que cuenta con unos 97 millones de voluntarios, colaboradores y personal empleado en 190 países, está compuesto por:

  • el Comité Internacional de la Cruz Roja,

  • la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y

  • las 190 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Tomando en cuenta la información expuesta anteriormente, podemos comprender en primer lugar que tanto el CICR como la Cruz Roja Venezolana (Sociedad Nacional) por sus principios de imparcialidad no pueden tomar ninguna reacción frente a los sucesos de los últimos días. Además, al no ser un conflicto armado, sino una serie de manifestaciones en contra del gobierno, no esta dentro del campo de acción en el que el CICR interviene. Sin embargo, la Cruz Roja Venezolana a través de declaraciones de su Presidente, el Dr. Mario Villarroel ha dejado claro que ha atendido distintos heridos en las manifestaciones.

En relación al campo de acción del CICR:

“En situaciones de conflicto armado, el CICR se ocupa de dirigir y coordinar las actividades internacionales de socorro del Movimiento. Además, promueve la difusión del derecho internacional humanitario y de los principios humanitarios universales. Al ser garante de los Convenios de Ginebra, el derecho internacional confiere al CICR el mandato permanente de visitar prisiones, organizar operaciones de socorro, reunir a familias separadas y emprender otras actividades humanitarias durante los conflictos armados.

El CICR también trabaja para cubrir las necesidades de desplazados internos, sensibilizar a la opinión pública sobre el peligro de las minas terrestres y los residuos explosivos de guerra, y de buscar a personas desaparecidas en conflictos armados”.

Siguiendo esta idea, en Venezuela no existe el escenario para que el CICR pueda ejercer su autoridad como garante del Derecho Internacional Humanitario, porque, a pesar de que sí existe una situación de tensión, este no ha escalado a niveles de conflicto armado y se ha mantenido en un nivel de manifestaciones y represión.

Ahora veamos el plano de acción de Federacion Internacional de la Cruz Roja:

La Federación Internacional es una organización humanitaria mundial que coordina y dirige la asistencia internacional en casos de desastre natural o causado por el ser humano en situaciones ajenas a conflictos armados. Su misión es mejorar la vida de las personas vulnerables movilizando el poder de la humanidad.

La Federación Internacional colabora con las Sociedades Nacionales para intervenir en caso de catástrofes en cualquier parte del mundo. Sus operaciones de socorro se combinan con actividades de desarrollo que abarcan programas de preparación para desastres, actividades de salud y asistencia, así como la promoción de valores humanitarios.

La Federación Internacional apoya programas de reducción del riesgo y lucha contra la propagación de enfermedades como el VIH/SIDA, la tuberculosis, la gripe aviar y la malaria. Además, actúa por combatir la discriminación y la violencia, y promueve la defensa de los derechos humanos y la asistencia a los migrantes.

Todas estas actividades forman parte de Agenda Global de la Federación Internacional cuyos objetivos son:

  • Reducir el número de muertes, heridas y daños causados por los desastres.
  • Reducir el número de muertes, dolencias y perjuicios relacionados con enfermedades y emergencias de salud pública.
  • Aumentar la capacidad de las comunidades locales, la sociedad civil y la Cruz Roja y la Media Luna Roja para abordar las situaciones de vulnerabilidad más urgentes.
  • Promover el respeto a la diversidad y la dignidad humana y reducir la intolerancia, la discriminación y la exclusión social.

Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja encarnan la labor y los principios del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en 190 países. Las Sociedades Nacionales actúan como auxiliares de los poderes públicos de sus propios países en el campo humanitario y ofrecen una serie de servicios, entre los que se incluyen el socorro en casos de desastre y los programas sanitarios y sociales. En tiempos de guerra, las Sociedades Nacionales ayudan a la población civil afectada y brindan apoyo a los servicios médicos del ejército cuando la situación lo requiere.

En este caso, las criticas y denuncias que ha recibido por distintos medios  la Cruz Roja Venezolana a través de redes sociales no tienen ningún fundamento ni base, debido a que esta no estipula en su acción que debe tomar parte en la situación del país. No podemos emitir juicio contra un organismo que no puede ejercer acción alguna dentro de la situación de tensión. Es cierto que la situación del país requiere de apoyo, sin embargo, debe venir de los organismos que tienen el deber de hacerlo.

FUTBOLISTAWEB

“Quiero ser futbolista”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Puede que el fútbol nos haya gustado desde siempre, para qué vamos a mentir. No hubo álbum de Mundial que no comprásemos ni final de Champions en la que no estuviésemos sentados frente al televisor. Hasta goles de Brasil gritamos con la verde-amarela tatuada en la piel. Nos gustaba, nos divertía e incluso era motivo de celebración. Lo que realmente nos inflaba el pecho, no obstante, era una jugada de Aparicio o un jonrón de Andrés Galarraga. El orgullo patrio, ese sentimiento que en el deporte cobra un plus especial, tenía forma de batazo o atrapada. En fútbol, Venezuela era una película de Disney. Una Cenicienta en busca del zapato que le ayudara a hacer más goles que el rival, un anhelo con pinta de utopía. En la memoria colectiva, la Vinotinto estaba emparentada con la vergüenza, la derrota y el olvido. La historia fue así hasta que a un médico traumatólogo le dieron la oportunidad de expresar, como entrenador de la selección nacional, una convicción inmarcesible: ‘Miren, muchachos, tengo la certeza de que nosotros tenemos el talento necesario para ganar’. Costó, sí, pero de la convicción vinieron los hechos (cuatro victorias seguidas rumbo a Corea – Japón 2002) y los hechos desataron un fenómeno social: el famoso Boom Vinotinto. Fue tras esa seguidilla de victorias que Venezuela se casó con su equipo, se compró su camiseta y empezó a desgañitarse en cada uno de sus goles. Los niños que vivieron aquella algarabía crecieron con la esperanza de ser futbolistas. Sus padres, que ya eran fanáticos del balompié (no es casualidad que la selección tenga tres jugadores de nombre Ronaldo), confiaron en ellos y los llevaron a la cancha. Tres lustros después, agradecen haber tomado esa decisión: sus hijos jugarán el domingo la final de una Copa del Mundo (sub-20) frente a Inglaterra.

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¿Va a intervenir la ONU en Venezuela?

Por: Edwins Borges | @edwinsborges

La situación de Venezuela fue llevada a una reunión informal del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por solicitud de la Representante Permanente de los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), embajadora Nikki Haley. Para muchos, una victoria  de la oposición Venezolana; para otros, un acto mas de injerencia por parte de EE.UU. Ante esto pueden surgir interrogantes tales como ¿qué hace realmente el Consejo de Seguridad? ¿Puede significar una intervención militar en el futuro? ¿Es un acto de injerencia por parte de EE.UU.?

Analicemos el caso desde el documento fundacional, la Carta de las Naciones Unidas.

En primer lugar, veamos las funciones y poderes del Consejo de Seguridad, según lo establecido en los artículos 24, 25 y 26  del Capitulo V de la Carta de las Naciones Unidas:

Artículo 24

1 A fin de asegurar acción rápida y eficaz por parte de las Naciones Unidas, sus Miembros confieren al Consejo de Seguridad la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales, y reconocen que el Consejo de Seguridad actúa a nombre de ellos al desempeñar las funciones que le impone aquella responsabilidad.

2 En el desempeño de estas funciones, el Consejo de Seguridad procederá de acuerdo con los Propósitos y Principios de las Naciones Unidas. Los poderes otorgados al Consejo de Seguridad para el desempeño de dichas funciones quedan definidos en los Capítulos VI, VII, VIII y XII.

3 El Consejo de Seguridad presentará a la Asamblea General para su consideración informes anuales y, cuando fuere necesario, informes especiales.

Artículo 25

Los Miembros de las Naciones Unidas convienen en aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad de acuerdo con esta Carta.

Artículo 26

A fin de pel establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos, el Consejo de Seguridad tendrá a su cargo, con la ayuda del Comité de Estado Mayor a que se refiere e1 Artículo 47, la elaboración de planes que se someterán a los Miembros de las Naciones Unidas para el establecimiento de un sistema de regulación de los armamentos.

Tomando como base estos artículos, la función del Consejo de seguridad es mantener la paz y la seguridad internacional. Dentro de la ONU, es el único órgano cuyas resoluciones tienen carácter vinculante. Es decir, que deben ser cumplidas por sus Estados miembros. Dichas acciones pueden ir desde embargos económicos hasta movimientos militares, que dependerán de cómo sea escalado el tema y de la dificultad de la solución del conflicto. Siendo así, no es descabellado que la situación de Venezuela haya llegado hasta allí.

El gobierno venezolano, a través de su representante permanente en la organización, Rafael Ramírez, y tambien por declaraciones de la Canciller Delcy Rodriguez, ha establecido como un acto injerencista la solicitud de EE.UU. de llevar la situación a la agenda del Consejo. Veamos en los artículos 33 al 38 del capitulo VI referentes al arreglo pacífico de las controversias, si estas afirmaciones son correctas.

Artículo 33

1 Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.

2 El Consejo de Seguridad, si lo estimare necesario, instará a las partes a que arreglen sus controversias por dichos medios.

Artículo 34

El Consejo de Seguridad podrá investigar toda controversia, o toda situación susceptible de conducir a fricción internacional o dar origen a una controversia, a fin de determinar si la prolongación de tal controversia o situación puede poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Artículo 35

1Todo Miembro de las Naciones Unidas podrá llevar cualquiera controversia, o cualquiera situación de la naturaleza expresada en el Artículo 34, a la atención del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General.

2 Un Estado que no es Miembro de las Naciones Unidas podrá llevar a la atención del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General toda controversia en que sea parte, si acepta de antemano, en lo relativo a la controversia, las obligaciones de arreglo pacífico establecidas en esta Carta.

3 El procedimiento que siga la Asamblea General con respecto a asuntos que le sean presentados de acuerdo con este Artículo quedará sujeto a las disposiciones de los Artículos 11 y 12.

Artículo 36

1 El Consejo de Seguridad podrá, en cualquier estado en que se encuentre una controversia de la naturaleza de que trata el Artículo 33 o una situación de indole semejante, recomendar los procedimientos o métodos de ajuste que sean apropiados.

2 El Consejo de Seguridad deberá tomar en consideración todo procedimiento que las partes hayan adoptado para el arreglo de la controversia.

3 Al hacer recomendaciones de acuerdo con este Artículo, el Consejo de Seguridad deberá tomar tambien en consideración que las controversias de orden jurídico, por regla general, deben ser sometidas por las partes a la Corte Internacional de Justicia, de conformidad con las disposiciones del Estatuto de la Corte.

Artículo 37

1Si las partes en una controversia de la naturaleza definida en el Artículo 33 no lograren arreglarla por los medios indicados en dicho Artículo, la someterán al Consejo de Seguridad.

2 Si el Consejo de Seguridad estimare que la continuación de la controversia es realmente susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, el Consejo decidirá si ha de proceder de conformidad con el Artículo 36 o si ha de recomendar los términos de arreglo que considere apropiados.

Artículo 38

Sin perjuicio de lo dispuesto en los Artículos 33 a 37, el Consejo de Seguridad podrá, si así lo solicitan todas las partes en una controversia, hacerles recomendaciones a efecto de que se llegue a un arreglo pacífico.

La situación venezolana, pese a que no ha llegado a un conflicto bélico, ha ido aumentando en cuanto a tensión, producto de las acciones de ambos actores (gobierno y oposición). En este contexto, las declaraciones de los representantes diplomáticos venezolanos, de considerar una injerencia por parte de EE.UU.  la discusión carecen de sentido. La razón de mi afirmación recae en el hecho de que el Consejo de Seguridad puede investigar cualquier controversia, y de que cualquier Estado miembro de la ONU puede llevar cualquier controversia al Consejo, para prevenir que aumente la tensión y, por consiguiente, la gravedad del conflicto. No es defendible que un gobierno denuncie una supuesta injerencia cuando la propia Carta de las Naciones Unidas, que ha sido firmada y ratificada,  establece en sus artículos cómo debe escalarse la situación. Esto se establece en el capítulo VII referente a la Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión, en sus artículos 39, 40, 41 y 42.

Artículo 39

El Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá que medidas serán tomadas de conformidad con los Artículos 41 y 42 para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.

Artículo 40

A fin de evitar que la situación se agrave, el Consejo de Seguridad, antes de hacer las recomendaciones o decidir las medidas de que trata el Artículo 39, podrá instar a las partes interesadas a que cumplan con las medidas provisionales que juzgue necesarias o aconsejables. Dichas medidas provisionales no perjudicarán los derechos, las reclamaciones o la posición de las partes interesadas. El Consejo de Seguridad tomará debida nota del incumplimiento de dichas medidas provisionales.

Artículo 41

El Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, y podrá instar a los Miembros de las Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de relaciones diplomáticas.

Artículo 42

Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas. “

En este sentido, podemos observar que el conflicto al ser llevado al Consejo de Seguridad no constituye un acto de injerencia y al ser un país miembro se esta en la obligación de acatar las decisiones que surjan del mismo.

Dentro del Consejo, el gobierno Venezolano cuenta con 2 aliados: Bolivia y Uruguay. Este último tiene la presidencia del Consejo que se rota mensualmente. Ambos representantes de los países nombrados establecieron que el conflicto venezolano debía resolverse en los organismos regionales, de acuerdo a lo establecido en el ártico 52 de la Carta que citamos:

Artículo 52

1 Ninguna disposición de esta Carta se opone a la existencia de acuerdos u organismos regionales cuyo fin sea entender en los asuntos relativos al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y susceptibles de acción regional, siempre que dichos acuerdos u organismos, y sus actividades, sean compatibles con los Propósitos y Principios de las Naciones Unidas.

2 Los Miembros de las Naciones Unidas que sean partes en dichos acuerdos o que constituyan dichos organismos, harán todos los esfuerzos posibles para lograr el arreglo pacífico de las controversias de carácter local por medio de tales acuerdos u organismos regionales antes de someterlas al Consejo de Seguridad.

3 El Consejo de Seguridad promoverá el desarrollo del arreglo pacífico de las controversias de carácter local por medio de dichos acuerdos u organismos regionales, procediendo, bien a iniciativa de los Estados interesados, bien a instancia del Consejo de Seguridad.

4 Este Artículo no afecta en manera a1guna la aplicación de los Artículos 34 y 35.

Sin embargo, no podemos dejar pasar el articulo 54 , que establece:

Se deberá mantener en todo tiempo al Consejo de Seguridad plenamente informado de las actividades emprendidas o proyectadas de conformidad con acuerdos regionales o por organismos regionales con el propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales.

En conclusión, tomando en cuenta la denuncia del Gobierno venezolano de la Carta Democrática (Organización de Estados Americanos) y el deseo del mismo de que solo sea tratado el tema en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y  en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), en la cual tiene aliados que viciarían el resultado,  es natural que el tema haya llegado al Consejo de Seguridad.

De continuar la tensión, e incrementar su nivel de violencia, no debe sorprendernos que en un futuro cercano vuelva a tocarse el tema en el Consejo. De ser así, el Gobierno venezolano cuenta con dos aliados que vetarían cualquier resolución que sea contundente contra Venezuela, aunque podríamos esperar un cambio en la política internacional, si las acciones del gobierno continúan en vía al establecimiento de un Estado que no respete la Ley.