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Una conversación moderada

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuando le pregunto por Carlitos y si lo ha visitado después de que lo cosieran a perdigones en Bello Campo, Julio hace una mueca. “Sí, man, ayer fui. Y casi nos caemos a coñazos”, me dice. “¿Por política?”, le pregunto. “¿Por qué más, bro? Lo mismo de siempre. A ese carajo la resistencia lo ha puesto peor”. “Pero ha estado echándole bolas pess. Todo el tiempo me lo encuentro adelante. No es cuento”. “Pero está loco, man. Loco, loco”. “Él muy cuerdo nunca ha sido, ¿pero por qué pelearon?”. “Porque ese carajo no entiende que tenemos que ir a las regionales?”. Ojos como dos platos. “¿Tenemos que ir a las regionales?”. “Coño, Abdalita, no me digas que tú también?”. “¿Que yo también qué?”. “Que tú también estás en contra de ir a las regionales”. “Pues muy de acuerdo no estoy, si te soy sincero”. “No vale”. “Es que de verdad no le veo el sentido”. “¿No le ves el sentido, bro? ¿Cómo no le ves el sentido?”. “Pues no viéndoselo”. “Si está de anteojito”. “Serio yo no lo veo”. “Marico, el mapa de Venezuela”. “Ajá, el mapa de Venezuela”. “¿Lo estás viendo, no?”. “Sí, lo veo”. “Ahora imagínatelo pintado todo de azul”. “Ok”. “¿No te parece ya suficiente motivo? El mapa todo de azul porque arrasamos con todas las gobernaciones”. “Tampoco serán todas”. “Bueno, quita Delta Amacuro, Portuguesa y Cojedes, que no tienen remedio”. “Ok”. “¿Y no lo ves? Azul. Bro: es precioso”. “Ya. Sí. Lo que no veo es cómo vamos a pintarlo de azul con este CNE que hasta Smartmatic confirma que hace trampa”. “Bueno, eso es otro tema”. “Coño, yo creo que es EL TEMA”. “Si supieras que no tanto”. “¿No tanto?”. “No, bro”. “Ya va, ¿tú me estás diciendo que vas a ir a elecciones con este CNE?”. “No. Momento. Lo ideal sería ir a elecciones con otro CNE”. “¿Lo ideal? ¡Lo fundamental, hermano!”. “No. Lo ideal. Y eso se va a buscar y se está negociando ya: que haya un cambio en el CNE. Pero si no lo hay, todavía sería posible…”. “Loco, no”. “Sí, bro”. “Marico, ¿tú escuchaste la denuncia de ayer de Smarmatic?, ¿los números de Reuters? ¡En hora y media sacaron de la chistera 4 millones y tanto de votos!”. “Exactamente. Lo de Smartmatic. ¿Qué dijo ese pana?”. “Que los números estaban inflados”. “Ajá, pero no te quedes con el titular: que por falta de supervisión y de auditoría los números los inflaron”. “¿Y?”. “Fácil, bro: que ellos pueden hacer el fraude siempre que nosotros se lo permitamos. Pero si estamos pilas y hacemos todo lo que tenemos que hacer, con testigos y observadores en cada mesa, no hay forma de que nos roben. Y esa maquinaria la tenemos, porque con ella ganamos la Asamblea”. “Sí, bueno, eso es verdad”. “¿Ves?”. “Pero igual queda muy mal ir con ese CNE. Es casi inmoral”. “Yo sé, bro. Eso no te lo discuto. Y se va a trabajar para cambiarlo. Pero tampoco vas a perder la oportunidad de tener prácticamente el control del país por una cosa de quedar bien o mal, por un escrúpulo moral. Así visto es accesorio”. “No sé”. “Claro, por tu peo católico y la moral y la vaina y  todo eso. Yo sé. Pero es  eso o el mapa pintado todo de rojo”. “Mierda”. “To-do ro-jo: en Miranda, en todos lados, rojo”. “Da cague y todo”. “Además, bro, vamos a tener policías, recursos, control, margen de maniobra, capacidad de hacer cosas”. “Ajá, y entonces viene la Constituyente y dice que no, que se acabaron las gobernaciones, que el Estado pasa a ser comunal y chao”. “¿Quién te garantiza que eso va a ser así?”. “¿Quién te garantiza a ti que no?”. “Por eso. Nadie nos garantiza a los dos nada: estamos especulando, y renunciar a ganar unas gobernaciones por una especulación, por algo que puede ser o no, eso no tiene lógica”. “Ok. Pero esto no es especulación, esto es algo que está pasando: te destituyen vía TSJ”. “Bro, es igual: especular”. “Marico, no: está pasando”. “Pero es otro sinsentido: ¿te vas a privar del chance de ganar algo por el miedo a que te lo quiten después?”. “Pero es que esto no es un miedo hipotético: es algo que está pasando y va a pasar”. “Supongamos que sí”. “Dile supongamos a los merideños que les acaban de quitar al alcalde”. “Ok, quitemos el supongamos. Esto pasa, las ganas y te destituyen: al menos los haces pasar por el mal rato y el descrédito de tener que sacarte del juego”. “¿Cómo así?”. “No es lo mismo regalarles en bandeja de plata la Gobernación de Miranda, por ejemplo, a que tú la ganes y tengan luego que echarle bolas para sacarte”. “Pero al final el resultado es el mismo”. “Pero el proceso no”. “¿Entonces el juego es hacerles pasar trabajo?”. “Desgastar al adversario, hermano. Obligarlo a hacer vainas. No ponérsela tan fácil”. “Ya. Pero al final el mapa rojo igual”. “Y ni se sabe”. “No lo sabrás tú, yo sí”. “Porque eres adivino”. “¡Porque ya lo vivimos con la Asamblea, hermano! Campaña, elecciones, esfuerzo descomunal, arrasamos, mayoría calificada y al final no sirvió de nada”. “No seas injusto tampoco”. “Bro. No sirvió de nada. La Asamblea, al final, no hizo nada”. “No pudo hacer”. “¡Exacto! No pudo hacer. No la dejaron hacer. Ahí me das toda la razón: haces el esfuerzo descomunal, les ganas las elecciones y luego no puedes gobernar. El mapa se pinta de azul, como se pintó de azul la Asamblea, y no te dejan hacer nada: no te pasan los recursos, te intervienen la policía y te terminan destituyendo”. “Y ahí se arma el peo en las regiones”. “¿Ah?”. “Piensa, Abdalita: ¿se hubiera podido armar un peo como este si nos hubiéramos abstenido de participar en las parlamentarias? ¿Hubiera habido una rebelión así? ¡No! Participamos, ganamos el parlamento, los obligamos a que lo cerraran, quedaron desnudos ante el mundo y la calle se activó”. “¡Loco, esto no tiene sentido!”. “¿Qué?”. “Marico, eso de lo que me hablas. Ganar cosas para que te las quiten”. “Ya te lo expliqué: los desgasta. Cada vez salen más débiles. Y además, hablamos ahora de regiones. Piensa en esto: que se prenda el peo en cada región. La gente del interior va a defender lo suyo, lo que le duele”. “No veo que lo hayan hecho con sus diputados”. “Coño, es diferente. Ellos sesionan en Caracas, no hay ese contacto directo y diario que puedes tener con un gobernador”. “Ya. ¿Pero no es mejor, en vez de andar pensando sólo en desgastarlos de a poquito, buscar sacarlos de una y luego, sí, pintas tu mapa todo lo azul que quieras y gobiernas todo lo que quieras?”. “Volvemos al principio: lo ideal contra lo que es”. “¿Y qué es lo que es?”. “Que no hay manera de sacarlos de una”. “¿Asimismo?”. “Asimismo, hermano. Llevamos ciento y pico de días de calle, y pueden llegar a trescientos. Los muertos se pueden multiplicar por tres, y vamos a seguir en esto”. “Entonces el 350, la desobediencia, la rebelión y todo eso, ¿qué fue?”. “Idealismo”. “¿Jugaron con nosotros?”. “No deliberadamente”. “No entiendo”. “Esa fue una apuesta honesta y sincera, pero luego los hechos demostraron que no basta la gente para sacar a una dictadura”. “¿No?”. “No, bro. La gente, al final, es casi accesoria. Y esa es la gran lección de esto: militares y dinero, papá. Ahí se resuelve todo, y mientras no lo tengamos, no nos queda sino intentar erosionar y erosionar a ver si lo logramos”. En ese momento, derrotado, le doy la mano y nos despedimos.

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Una conversación radical (y III)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

[Puedes leer la parte II aquí]

“Vamos a suponer que te creo, y que los líderes de la MUD no son unos vendidos”, sigue Carlitos. “Ok”, le respondo. “Entonces tendrás que reconocer que son una cuerda de inútiles”. “Allí creo que podríamos coincidir”. “¡Aleluya!”, exclama. “Pero con algunos matices”, le digo. Pone cara de aburrimiento. “¿Cuáles?”. “Pues mira, que tanto como cuerda de inútiles tampoco. Ciertamente hay gente que deja muchísimo que desear”. “Ya vas a empezar a defenderlos”. “No. Pero es que hay de todo. A lo largo del tiempo la oposición ha cometido errores fatales, ha tenido gente inexplicable en sus filas”. “Vámonos pa’l presente que el pasado está muy lejos”. “Bueno, el presente es que Capriles, Leopoldo o a Ramos Allup, cualquiera de ellos, podría ser un buen presidente”. “Porque María Corina no”. Me río. “A mí con ella me pasa una cosa rara”, le confieso. “¿Qué?”. “Que así como me entusiasma me desencanta. Todo a partes iguales. A veces le tengo fe y a veces se la pierdo toda”. “Como yo con Capriles, mira”, me lanza la punta. “Ya va, ¿acabas de reconocer que le has tenido fe a Capriles?”, y exagero para fastidiarlo. “De una semana para acá, cuando se puso los pantalones. No vayas tampoco a emocionarte, que yo sé que tú eres un capri-believer”. “jajaja, ese es el nuevo insulto con el que todos me vienen, ahora que lo que escribo se manda por cadenas de Whatsaap”. “Pero es que tu sudas caprilismo”. “Nada que ver. Me parece que le ha echado bolas, que tuvo el valor de irse por el camino más impopular de todos, y que ha tenido la coherencia que otros no”. “¿Y qué camino era ese?”. “El electoral”. “¿Y pa’qué quiere elecciones si después de ganarlas no las cobra?”. “Pregúntaselo a él”. “A ti que trabajaste con él en esas elecciones”. “En su comando, no con él”. “Y las ganaron y se las dejaron quitar, porque el tiempo de Dios era perfecto y después vendría el chance de hacer otras elecciones para dejárselas quitar otra vez”. “No sé. A ver. Yo salí del comando convencido de que habíamos ganado las elecciones pero sin tener como probarlo”. “Marico, ya. Para. No me digas eso que me das más arrechera”. “¿Por qué pess?”. “Porque de pana son unos inútiles”. “Bueno. Allí hubo gente que estuvo dos semanas contando actas hasta las 3 de la mañana. No fue flojera tampoco”. “Inutilidad, que es otra cosa”. “Igual, es solo una sensación. Nunca tuve información real de que ganáramos o cosas así”. “No. De bolas. Es más fácil pensar que perdieron a que por inútiles se la dejaron robar”. “Bueno, bro, usted lo dijo: vamos pa’l presente que el pasado está muy lejos”. “Claro, pero si en el pasado se hubiera hecho lo que era, el presente sería muy distinto”. “¿Vas a seguir con eso?”. “Es que es muy fácil cambiar de tema cuando no se tiene la razón”. “Y más fácil es criticarlo todo y no comprometerse con nada”. “No lo dirás por mí”. “Pues yo en 2014 estaba trabajando en un Comando de Campaña, no sé qué hacías tú”. “Votar”. “Ah, votar”. “¿Y qué más iba a hacer?”. “Hubieras podido ser testigo, movilizador, voluntario, podías haberte ofrecido para contar actas. Trabajo no faltaba”. “Pa’que luego saliera Capriles mandando a bailar salsa en lugar de mandarnos pa’la calle”. “Capaz si nosotros los inútiles hubiésemos contado con personas útiles como tú, y hubiésemos conseguido las pruebas, habríamos salido a la calle. Pero si los que son útiles no colaboran, solo quedamos los inútiles para hacer lo que podemos”. “Ya te picaste”. “No, pero no me vengas con esa. De pana es muy fácil hablar y no hacer nada”. “Exacto, como la MUD con el diálogo: hablar pa’no hacer nada”. “¿En qué momento volvimos a esto?”. “Te estoy lanzando un salvavidas pa’que no te enfrasques en una discusión que tienes perdida”. “¿Porque la del diálogo la tengo ganada?”. “Esa la tienes más perdida que en la otra”. “Pues te digo una vaina: cruza los dedos para que el diálogo funcione y termine en elecciones, porque si no lo que viene es duro”. Entonces me da la mano. “Sigue soñando, genio. Esto se acabó cuando se sentaron. De aquí hasta 2019, y mosca y gana de nuevo”. “¿Entonces si hay marcha a Miraflores no vas?”. “Yo sé que no la va a haber, pero igual no iría. Que pase lo que tenga que pasar. Ya no me importa. A mí me perdieron para siempre”. “Menos mal que tú no eres el país”. Y allí nos despedimos.

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Una conversación radical (II)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

[Puedes leer la parte I aquí]

“Porque la oposición se entregó, bro. Sólo por eso”, me sigue diciendo Carlitos. “¿Se entregó a quién?”, le pregunto. “Al gobierno”. “¿Seguro?”. “No, bueno. No se entregó: siempre fue suya”. Lo dejo seguir. “¿Tú sabes por qué esto ha durado tanto?”. “¿Porque es una dictadura bien montada que tuvo la bonanza más grande de la historia para comprarlo todo?”. “Exacto. Para comprar a la oposición”. “¿Comprar a la oposición?”. “Con una oposición seria y resteada hace años habríamos salido de esto”. “Oposición seria y resteada fue la de Carmona y mira lo que duró”. “¿Eso que tiene que ver?”. “El viejito fue a Miraflores, disolvió todos los poderes, no quiso negociar ni juramentarse en la Asamblea y duró horas”. “Repito, ¿qué tiene que ver?”. “Que hay que entender, y yo sé que esto es horrible, que Chávez tuvo un apoyo popular enorme. Peor aún: que enamoró y conquistó a una parte importante del país, que se le entregó y lo idolatró…”. “No, bro”. “Escucha, porque fue así: conquistó a un tercio del país y tuvo dinero suficiente como para atraer y mantener contento a otro tercio”. “No, bro”. “Y quedamos, o estuvimos desde siempre, ese otro tercio que se le opuso desde el principio”. “Entonces somos minoría, y tal”. “Ahorita no: pero lo fuimos un montón de tiempo”. “¿O sea que nunca nos robaron ninguna elección?”. Se ríe irónico. “Lo cierto es que nunca lo pudimos probar”. “Ah, buenísimo. Ahora, además, el chavismo ha sido puro ‘fair play’”. “Nada que ver”. “Lo más decente del mundo, claro”. “No. A ver. Hemos tenido un árbitro parcializado y hemos ido siempre a elecciones en unas condiciones lamentables y con un ventajismo horrible; eso es indiscutible. Pero pendiente, porque para ti la explicación de los últimos años se resume en que elecciones ganadas a punta de fraude y comprando a la oposición. Y no necesariamente ha sido así”. “¿Pero cómo que no? Si me lo acabas de decir”. “Te acabo de hablar de ventajismo e irregularidades, pero no de número volteados y tal”. “Es lo mismo”. “No lo es. Pero ese no es el punto”. “¿Cuál es?”. “Que esto ha durado no por tener a una oposición vendida, sino por tener gente y dinero. Por eso nada más. Se le acabó el dinero y se comenzaron a quedar sin gente”. “¿Pero por qué te empeñas en defender a la oposición?”. “No es que me empeño, no se trata de eso”. “¿Entonces?”. “Pero es evidente que el único que gana dividiendo a la oposición es el gobierno. Y cuando tú dices que son unos vendidos lo ayudas”. “¿Entonces me voy a callar para no dividirla? Eso es chantaje”. “Entonces va a ser serio y no vas a estar hablando sin tener pruebas”. “¿Sin tener pruebas?”. “¿Tienes alguna acaso?”. “Mira como han actuado. Siempre han salvado al gobierno, siempre. Los hechos hablan”. “Lo que está hablando allí es tú interpretación de los hechos”. “Ah, sí, está bien”. “¿Has visto cheques, sabes de reuniones, de cosas, de algo? ¿Tienes pruebas de ese tipo?”. “Pero es que no hacen falta. Solo hay que verlo”. “Bro, lo que tú ves y entiendes es sólo lo que tú ves y entiendes. Es una interpretación. No es una prueba”. “¿Vas a seguir con eso?”. “Sí, porque hay mucha gente que se la ha jugado en la oposición, que le está echando bolas de verdad, como para que vengas a decir que son unos vendidos”. “Pero lo son”. “¿Entonces yo defiendo vendidos? ¿Es eso lo que dices?”. “No, bueno”. “Y si soy un defensor de vendidos, yo seré vendido también. ¿Es eso lo que piensas?”. “No, bro. Pero es que tú no te das cuenta”. “Ah, ya. Es que soy muy tonto como para darme cuenta”. “Para ahí, bro, pero por algo los dirigentes de la MUD no están presos ni exiliados”. “¿Eso que tiene que ver?”. “Que no molestarán tanto al gobierno cuando no se ha deshecho de ellos. ¿No te has puesto a pensar en eso? ¿Por qué hay una oposición tolerada y otra que no? ¿No será porque hay una que le conviene al chavismo y esa es a la que deja libre porque no significa ningún peligro?”. Me deja pensando. “Ah, ¿qué pasó, inteligente? ¿Te hice dudar?”. “Sí, pero ve, cuando Pérez Jiménez, algunos estaban en el exilio, otros en la clandestinidad, y otros en la vida pública. Y todos de alguna manera contribuyeron a su caída. Eso que dices, sí, tiene lógica y podría suceder, es verdad, pero dejar que sea el gobierno quien te dicte quién es la verdadera oposición y quién no, o a quién escuchar o no, eso tampoco parece un acierto”. “Es que no es el gobierno quien me lo dicta”. “En el fondo sí, pero a la inversa: razonas pensando que la verdadera oposición, la que merece ser seguida, es solo la que el gobierno mete presa; puedes tener razón, pero al final la defines por el criterio del gobierno”. Ahora es él quien se queda pensando.

Continuará…

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Una conversación radical (I)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Carlitos está indignado con la MUD y la paga conmigo. “Háblame, genio, ¿ya liberaron a Leopoldo?”, me dice a modo de saludo. “¿Qué?”, le pregunto dudando de si era una pregunta o una afirmación. “Que si ya tu MUD con su diálogo logró la liberación de todos los presos políticos incluyendo a Leopoldo”. Capto la ironía y le respondo con otra: que no he abierto el twitter todavía para saber. “Qué bolas, de pana. Una dictadura que usa a los presos como rehenes, como barajitas de intercambio, y ustedes apoyando eso”. “¿Ustedes quiénes? ¿Avalando qué?”, le cuestiono. “Tú y tu MUD. Sentándose con ellos, legitimándolos, haciéndolos ver ante el mundo como si fueran demócratas”. “Primero, la MUD no es mía; segundo…”. “Pero la apoyas”. “Sí”. “Por ahí vi una vaina tuya en OJO, llamando a la gente a calmarse en vez de rebelarse”. “Pues no la entendiste”. “Es que no la leí”. “Ah”. “Estaba muy larga, bro, ¿a quién se le ocurre escribir tanto?”. “Sí, bueno, pero se viralizó”. “Sería que lo confundieron con un meme”. “Capaz”. “De pana parecía”. “Ok”. “Tas claro que lo mejor de tus textos son las imágenes”. “Ajá”. “Y que todo el mundo comparte cosas que nunca lee”. Cara de emoticon chino. Se ríe. “¿A ti es imposible hacerte arrechar, verdad?”. “Hay que ponerle un poquito más, pess”. “Pero de pana ustedes se pasaron, bro. Eso no se hace”. “¿Nos pasamos quiénes y en qué?”. “Tú y tu MUD”. “Que no es mía”. “Tú y la MUD, entonces. Se pasaron. Estaba caído, caído; lo que quedaba era el golpe final, y le dieron ese plazo para que se recuperara. Son un chiste, de pana”. “¿Estaba caído cómo? A ver”. “Bro, caído, como caen los gobiernos”. “Los gobiernos caen por un golpe”. “O por una rebelión de la gente. Y a eso íbamos en Miraflores”. “A que nos mataran”. “Con la Iglesia aquí no nos iban a matar, se iban a cuidar”. “Ajá, seguro, ¿y en Miraflores qué íbamos a hacer? Llegábamos ¿y qué?”. Abre los ojos como dos platos. “A Miraflores llegábamos y se iba”. Ahora soy yo el que los abre. “¿Se iba?”. “De bolas, bro”. “Porque tú llegabas a la puerta, decías un, dos, tres, libre por toda Venezuela y ya, ¿no? Como en el escondite”. “El 11 de abril llegamos y se fue”. “Mentira”. “¿Ah, no?”. “Bro, se fue porque hubo unos militares que a media noche le pidieron la renuncia. Por más nada. La marcha había sido en la tarde y no lo tumbó”. “Pero ayudó”. “Claro”. “¿Entonces?”. “Entonces hay que entender que las marchas son un medio de protesta para manifestar descontento y hacer presión, pero no tumban gobierno, es muy raro que lo hagan; y que por no entender eso e ir a cada marcha creyendo que iban a tumbar el gobierno es que hay un montón de gente frustrada”. “Porque sí lo tumba una mesita de diálogo, ¿no? Eso sí, ¿verdad?”. Respiro. “Yo no he dicho eso”. “¿Entonces por qué apoyas esa mierda?”. “Porque estamos metidos en un peo tan arrecho, pero tan arrecho, que cualquier alternativa para salir de él del modo menos traumático posible hay que probarla”. “Y mientras tú pruebas tu metodito de diálogo, que no va a funcionar, y tú en el fondo sabes que no, el gobierno gana tiempo y se oxigena”. “¿Gana tiempo para qué? El gobierno está limpio, no tiene real, no puede llenar los anaqueles, de vaina y puede montar un Mercal cada dos semanas, es imposible que contente a nadie, que gane nada”. “Pero mientras tanto siguen los asesinatos, siguen los secuestros, siguen las colas, sigue el hambre. Ve y dile a alguien a quien no le alcanzan los reales y se acuesta sin comer, que no, que ya va, que se aguante porque ustedes tienen que probar su diálogo primero”. Pienso unos segundos. “Eso es manipulación”. “Ah, manipulación”. “El hambre, las colas y los asesinatos son culpa del gobierno, que no sirve para nada, no de la oposición”. “Claro, pero mientras ustedes más demoren el cambio de gobierno, más se van a prolongar esos problemas”. “No siempre lo inmediato es lo mejor”. “Ah, plomo, entonces esperemos a 2019 y hagamos las elecciones ese año porque lo inmediato no es lo mejor”. “¿Pero quién está hablando de 2019?”. “Estoy siguiendo tu razonamiento”. “Para deformarlo”. “Ajá, genio”. “Yo no estoy hablando de años, yo estoy hablando de un plazo breve”. “¡En el que va a seguir muriendo gente, coño! El hambre no conoce de plazos breves, el hampa no conoce de plazos breves, las enfermedades para las que no hay medicamentos no conocen de plazos breves, los presos políticos no conocen de plazos breves”. “Pero es que tú hablas como si la salida del gobierno hubiera estado en nuestras manos y por mero capricho la hubiésemos demorado”. “Exacto”. “Y eso no es así, bro. Primero porque no está todavía en nuestra manos. Entiende eso. Somos mayoría, sí. Pero desgraciadamente el mundo no es así de perfecto y eso no basta para sacar a un gobierno. Aquí hay militares, hay dinero, hay intereses, hay hasta narcotráfico, hay más factores de poder que solo el pueblo”. “Ah, cool, entonces pa’nuestras casas porque no hay nada que hacer”. “No es eso”. “A sentarnos a dialogar juntos como hermanos mientras la gente se muere”. “Pero déjame hablar”. “Ajá, ¿qué?”. “A buscar la salida menos traumática, ya te lo dije. De nuevo, bro, es el mundo, es la vida, es la política, no hay solución perfecta; a veces, casi siempre, hay que escoger entre lo malo y lo peor: y entre irnos a matar o darle chance a una alternativa que se abre como la del diálogo se puede escoger la segunda”. “Bro, eso lo entiendo. Razonamiento perfecto. Veinte puntos. Pero el problema es que el diálogo es una falsa alternativa. Eso no va a funcionar”. “¿Cómo lo sabes?”. “Marico, es obvio. Se los están caribeando demasiado a todos”. “Ah, claro, porque todos en la MUD son imbéciles, todos en el gobierno son genios, y todos los mediadores son ciegos”. “Algo así”. “No, bro”. “¿O sea que tú de pana crees que el diálogo va a funcionar?”. “Yo qué sé, pero creo que no es lo mismo ir a Miraflores con El Vaticano diciendo ‘esta gente nos hizo venir, llegamos, y ahora no nos reciben y se están matando por allí’, que ir con El Vaticano diciendo ‘hicimos todo lo que pudimos, este gobierno no cumplió, y les tocó rebelarse’”. “Hmmm”. “De pana busca el artículo y léelo, porque siento que me estoy repitiendo”. “Pase lo que pase el Papa no va a decir nada de eso”. “A mí no me culpes”. “Claro que te culpo, si eres el único católico que conozco”. “Con más razón. Este Papa les gusta más a los ateos que a los católicos”. “Si hablas paja. Igual, la marcha a Miraflores ya no va a ir nunca”. “Ellos se comprometieron a que si no funcionaba”. “Y tú les creíste”. “¿Por qué no?”.

Continuará…